Capítulo 40.

Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.

Nota de autor: Lamento la espera. Han sido días duros, llenos de trabajo y estrés, espero pronto las cosas se normalicen y todo regrese a su curso.

Quiero dar un agradecimiento especial a AniKamia, mi hija postiza, por su hermoso fragmento de audiofic de esta historia, en serio me emocionó hasta las lágrimas. Y si no lo han escuchado se los recomiendo, no sé cómo dejar enlaces aquí pero la pueden buscar en Youtube como: Anahi Kamia P.

Mag Max Kuv Bigotes: Lamento la espera, al inicio fue porque tenía mucho trabajo que requería mi atención. Sin embargo después me dió por andar azul, hasta la fecha, con lo que ahora estoy en una pequeña crisis de fandom. El estúpido sensual BanG Dream está seduciendome y Roselia está haciéndose mi favorita. ¿Podré tener ambas franquicias en mi corazón? Espero que sí, aunque mi cartera no soportaría eso.


Las manos de Chika temblaban mientras leía el contenido de la carta. Tuvo que leerlo un par de veces para asegurarse que era real y no producto de una mala pasada de su mente. En el primer sobre encontró la carta de renuncia de Ruby como presidenta del consejo estudiantil, dirigida a la directora, mientras que en la segunda, una exposición de los motivos por los cuales había decidido abandonar el consejo.

Estaba perfectamente redactada, con una hermosa caligrafía reflejando el orgullo de la menor de las Kurosawa y realmente, con lo que ahí decía, nadie podría reprocharle nada por abandonar su puesto antes de tiempo, dejaba bastante claro para todos sus motivos, menos para ella que se sentía confundida con eso. ¿Por qué Ruby renunciaría a aquello que tanto había deseado?

Ella misma se había encargado de motivar a Ruby para fuera su sucesora cuando dejara el puesto vacante de presidente del consejo, estuvieron juntas en cada paso del camino. Fue testigo de lo ilusionada que Ruby estaba cuando logró vencer sus inseguridades y se postuló logrando obtener el puesto al igual que su hermana en su tiempo de estudiante, todos los alumnos confiaban en ella, después de todo su apellido la respaldaba y no había nada que hiciera a la pequeña más feliz.

Sin embargo, ahora era su culpa que Ruby decidiera abandonarlas, seguramente no quería seguir por evitar toparse con ella. "Pero ahí es donde Ruby está mal" pensó Chika, "en tan sólo unos meses, yo habré terminado la preparatoria, y ella no tiene porqué abandonar esto que tanto le gusta", concluyó para sí misma.

Las cartas estaban firmadas y selladas, pero Chika no le dejaría entregarlas hasta que hablara con ella y le hiciera ver su error. Era cierto que la había lastimado, pero no permitiría que su exnovia siguiera perdiendo cosas que ama, por su culpa. No lo iba a tolerar en ésta ocasión.

Con eso en mente, acomodó todo nuevamente en su lugar, sin regresar las cartas. Sabía que Ruby podría redactar otras en cualquier momento, pero de ésta manera al menos sentía que estaba haciendo algo para evitar que la chica renunciara antes de que hablaran, era su única esperanza.

Pasó la tarde tratando de comunicarse con Ruby, pero, como era de esperarse, jamás le contestó al telefono ni le respondió ninguno de los mensajes que le había enviado. Parte de su corazón sintió alivio de que la chica no contestara, quería hablar con ella sí, pero también tenía miedo, Ruby tenía todo el derecho de irse y sabía que la culpa iba a ser algo que la podía consumir si no lograba detenerla.

Después de muchos mensajes y muchas llamadas sin respuesta, Chika entendió que por el momento no había nada que hacer, tendría que esperar a que terminaran las vacaciones de verano antes de poder hablar con Ruby y para eso sólo faltaba una semana, tiempo suficiente para pensar bien las palabras que iba a decirle. Si algo quería hacer bien Chika, era ésto y no estaba dispuesto a arruinarlo, estaba convencida que podría hacer que Ruby cambiara de parecer.


Mari y You habían dejado todo listo para iniciar las prácticas al día siguiente. Habían planeado hacer todo el calentamiento y el acondicionamiento fuera de la escuela para que no perdieran el tiempo limitado que tendrían para usar las instalaciones. You se encargaría de avisar al resto del equipo o por lo menos a las que eran requeridas para la competencia.

Mari alcanzó a Kanan en el hospital; con la mejoría relativa de su padre, las cosas poco a poco estaban regresando a la normalidad, aún tenía algunas transfusiones por delante antes de que estuviera restablecido, pero los donadores ya no eran problema gracias al apoyo que le habían brindado los familiares de las chicas del equipo.

Deliberadamente Mari dejó afuera el tema de la directora hasta que estuvieran en casa, ya que esperaba que Kanan se alterara en cuanto se lo contara y prefería que eso sucediera cuando estuvieran en privado y la mujer pudiera externar su molestia sin tener miradas indiscretas sobre ellas.

—¡Ah… esa mujer! —golpeó Kanan con fuerza la pared de la sala cuando escuchó las novedades—. Ya me esperaba que tu padre hiciera presión pero no pensé que la misma directora se prestaría para ello hasta ese punto.

—Es lo que él hace —suspiró Mari tomando la mano de Kanan que había sufrido el daño contra la vieja pared entre las suyas—. Seguramente le ha dado una buena cantidad de dinero para seguir arrinconandonos —gruñó en esa última parte.

Kanan la atrajo en un abrazo y se puso a sopesar la situación por algunos segundos disfrutando de la calidez que Mari le proporcionaba.

—No te preocupes Mari, tu padre cree que el dinero lo es todo, pero no es así y se lo vamos a demostrar —expresó decidida depositando un beso en la frente de la rubia antes de soltarla y dirigirse a su habitación—. Tengo algunos amigos que nos podrán ayudar, lo que necesitamos es un lugar para entrenar y lo encontraré sin duda —habló en voz alta mientras caminaba con Mari un poco atrás.

Kanan sacó una vieja caja que estaba bajo su cama para rebuscar entre su contenido.

—What are you looking for? —preguntó Mari intrigada al ver todo el ajetreo que tenía Kanan en su cuarto.

—Tu padre piensa que está compitiendo contra principiantes… —tomó un pedazo de papel que se veía bastante maltratado pero parecía que era lo que buscaba pues se incorporó de inmediato—, pero ha olvidado que llevo prácticamente toda la vida inmersa en el mundo de la natación y he hecho algunos buenos amigos en el camino. Al paso al que vamos, seguramente ya nos ha quitado el patrocinio del equipo y hasta es probable que haga que la directora nos quite los fondos que la escuela ya ha destinado para que no tengamos dinero para poder viajar a la competencia. Sin embargo siempre existe la posibilidad de buscar nuevos patrocinios en otros horizontes y es lo que vamos a hacer ahora —terminó de explicar ante la mirada atónita de Mari y una sonrisa de confianza en la cara de Kanan.

—Ciertamente —respondió Mari con preocupación, tenía el ceño fruncido analizando las palabras de Kanan—. No lo había pensado detenidamente pero creo que tienes razón, si él nos va a arrinconar para dejarnos sin opciones, más bien para dejarme sin opciones, se valdrá de cualquier método para hacerlo. Lastimosamente, incluso de mala manera.

Mari se alejó y se paró frente a la ventana con los brazos cruzados y un gesto de disgusto en el rostro. Le dolía pensar en su padre siendo tan despiadado con ella, su propia hija, actuando de esa forma para… destruirla… eso era demasiado para asimilar. No creyó que fuera a hacerle algo como eso.

—No te preocupes Mari, todo va a salir bien —dijo Kanan al ver la preocupación en el rostro de su amada—. Escucha, sé que he estado un poco ausente como entrenadora del equipo —se acercó a ella y la abrazó por la espalda—, pero no olvido lo que tenemos que hacer y no dudes que haré todo por ganar esa competencia —Mari se recargo en ella—. Es solo que han pasado tantas cosas que a veces siento que todo se sale de control y me rebasa… —suspiró—, pero ahora que papá está mejor, entrenaremos como nunca para ganar las nacionales.

Mari se apresuró a cerrar la cortina, sin que Kanan la soltará, antes de darse la vuelta y besar a la mujer mayor en un casto beso sobre sus labios.

—No tienes que sentirte culpable por estar ocupada cuidando a tu padre silly… —le dijo cuando terminaron el beso—. Yo sé lo preocupada que estás por esto y por eso mismo es que You-chan y yo hemos decidido tomar las riendas de las prácticas hasta que tu padre esté mejor, pero por ahora prefiero que estés enfocada en él y dejes que nosotras ayudemos. Somos un equipo y estoy aquí para apoyarte.

Kanan abrazó a Mari en un agarre aún más apretado sobre su cuerpo y recargo su cabeza sobre su hombro.

—No sé qué hice para merecer a alguien como tú —hundió su rostro en los rubios cabellos—, pero estoy muy agradecida porque estés a mi lado en estos momentos.

—Me siento de la misma forma —respondió Mari afianzando el abrazo y acariciando la espalda de Kanan.

—Vamos a lograrlo Mari, no dudes de ello —la besó nuevamente esta vez más profundo.

—I know —respondió sobre los labios de Kanan—. Por cierto, ¿ya hablaste con You-chan?

—Sí, hablé con ella por la tarde. Está mucho más tranquila y parece que arregló las cosas con Riko —explicó Kanan recordando que de eso quería hablar con Mari inicialmente—. You estará al pendiente está semana de la rehabilitación de Riko y para el viernes las acompañaré a la terapia para que tomemos una decisión, de cualquier manera espero que hayan citado a todo el equipo para la práctica de mañana, porque necesitamos al menos dos suplentes, ya tengo los nombres en mente pero me gustaría darle la oportunidad a todas.

—Entendido, y me alegra que las cosas estén mejor con You-chan, aunque me siento algo mal por no dejarla que tome la oportunidad que mi padre le ofrece… es una gran oferta —confesó Mari sentándose sobre la cama de Kanan un poco abatida.

—Es una oportunidad mal habida, ese tipo de cosas nunca salen bien para nadie y con el talento que tiene esa chica, estoy segura que le lloverán ese tipo de ofertas cuando llegue a la universidad —explicó Kanan sentándose a un lado de la rubia.

Mari iba a decir algo más pero su estómago se hizo presente, reclamando todas las horas pasadas sin alimento.

—Esa es la señal para que hagamos algo de cenar —dijo Kanan divertida—. Prepararé la cena mientras te das un baño, ¿esta bien?

—Esta bien —Kanan se estaba poniendo de pie pero Mari la abrazó nuevamente sorprendiéndola con lo que diría a continuación—. Te quiero…

Kanan se quedó estupefacta.

—Yo… yo también te quiero —respondió algo nerviosa, esa declaración la tomó desprevenida.

No es que no lo sintiera, simplemente no esperaba que Mari y ella se lo dijeran en esas circunstancias, al menos no aún. A pesar de eso trato de decirlo lo mejor posible.

—Iré a tomar mi baño —dijo al fin Mari sacando a Kanan de sus pensamientos.

La chica sólo asintió y dejó ir a Mari.

Durante el fin de semana Kanan logró ponerse en contacto con algunos amigos en Numazu y consiguió que les prestaran una alberca para que tuvieran sus entrenamientos por la tarde. Sería un poco complicado debido a los traslados, pero confiaba que lograría elaborar un horario que fuera cómodo para todas y asegurar su asistencia.

Mari y You por su lado iniciaron los entrenamientos en la escuela. La respuesta del equipo fue bastante favorable e incluso Riko, que aunque no podía entrenar con ellas, acudió al entrenamiento para dar su apoyo y sobretodo para estar inmersa en el movimiento del equipo, cosa que You agradeció ampliamente. Tener a Riko a su lado era la mejor cosa del mundo.

Para el lunes, Kanan le pidió a Mari que se quedara con su padre después del entrenamiento, pues ella tenía pendiente hablar con la directora y no quería esperar hasta el regreso a clases ya que aún estaba a una semana de distancia. Quería tomar el toro por los cuernos para saber a qué se enfrentaba con su principal apoyo, que seguramente dejaría de serlo por como iban las cosas.

Como el trabajo en el muelle estaba un tanto rezagado, Mari tuvo que ir a la oficina muy temprano para después cumplir con el horario de entramos y finalmente acudir al hospital tal como había acordado con Kanan. Fue una mañana ocupada, pero nada que Mari no pudiera llevar a cabo.

Se encontraba en la habitación del padre de Kanan, que había tenido una mejoría significativa durante el fin de semana debido a las múltiples transfusiones a las que fue sometido y, ahora, estaba prácticamente recuperado. Aunque ahora la prueba sería que se mantuviera estable mientras recibía sus tratamientos. Cosa que no estaba segura pero que sin duda pintaba a ir a mejor.

Por los parlantes del hospital pudieron escuchar que la hora de visita había iniciado, lo que no generaba un cambio para ellos pues no estaban esperando a nadie, por lo que siguieron platicando amenamente. Esto gracias a que tenían un pase permanente que les permitía estar con el paciente con un poco más de libertad.

Un toque en la puerta los interrumpió. Inicialmente Mari pensó que sería alguna enfermera, sin embargo, se sorprendió al ver a una mujer de cabellera oscura y ojos aguamarina parada en la puerta dedicándole una mirada bastante afilada y severa. Mari viró los ojos esperando ya el inminente ataque.

—Kurosawa sensei… buenas tardes —saludó Mari, aunque no quería sonar titubeante, no pudo evitar que su voz saliera así.

—¡Buenos días Matsuura-dono! —Dia hizo una profunda reverencia ignorando deliberadamente el saludo de la rubia que se cabreó con la actitud de Dia.

—¡Oh Dia-chan! —exclamó el hombre emocionado esquivando las hostilidades a su alrededor—. Estoy tan feliz de verte, Kanan me dijo que estabas de viaje y no pensé que te vería hasta el fin del verano.

Dia caminó hasta donde estaba el hombre y le dio un efusivo abrazo, Mari pudo ver que estaba genuinamente emocionada por ver al padre de Kanan. Al menos parecía que esa mujer amargada tenía algún tipo de sentimiento fuera de sus modales estrictos y el palo en el culo que parecía traer siempre.

—O'hara-san, te importaría esperar afuera… —dijo Dia sin dirigirle la mirada siquiera y así volvía a ser la de siempre.

—Oh… si claro, bueno, regresaré más tarde —exclamó Mari sacudiendo un poco su cabeza, no quería iniciar una pelea en presencia de su casi suegro.

Aún así, ver a Dia actuar de esa forma con el hombre enfermo era algo diferente, contrastaba demasiado con su habitual cara, incluso podría jurar que la vio temblar cuando abrazó al padre de Kanan.

Mari salió de la habitación para darles algo de privacidad. Difícilmente se dejaba intimidar por alguien, pero por la voz con la que Dia le habló, le dejó en claro que no debía permanecer ni cerca de la habitación o habría problemas. Mejor no crear más innecesarios. Tenía algo de sed así que prefirió salir del hospital y tomar algo mientras esperaba la salida de su profesora, no le informó a Kanan para no interrumpir su reunión con la directora, ya le contaría sobre la visita de Dia por la tarde cuando la viera.

Le llamó la atención encontrar a la presidenta del consejo estudiantil sentada en una de las bancas fuera del hospital, probablemente estaba en espera de su hermana. Rápidamente su mente ideó una treta. Iba a aplicar la técnica milenaria del profesor Snape y sacar su dosis de "Verita serum" para obtener respuestas de Ruby. Así que se dirigió a la máquina expendedora de refrescos y sacó dos, sabor mandarina, con algo de dobles intenciones. Pronunció su encanto muy al estilo de su libro favorito, respiró profundo y se dirigió hasta donde estaba la pelirroja.

—¡Buenos días Ruby-san! —saludó Mari con una gran sonrisa amigable.

Sin embargo, la voz de Mari sobresaltó a Ruby que se encontraba inmersa en su celular, olvidándose de su alrededor, y terminó emitiendo un sonido que para Mari sonó muy parecido a un "piggy" escandaloso que le obligó a retroceder levemente y casi tirar los refrescos en sus manos.

—¡O… O'hara-senpai! ¡Buenos días, no te ví llegar! —Ruby guardó su celular para prestar atención a la rubia ocultando lo que hacía.

—Estaba con Matsuura-dono cuando Kurosawa-sensei llegó —explicó Mari teniendo cuidado de hablar con respeto sobre su hermana.

Le ofreció la bebida de mandarinas que había sacado para Ruby y que la chica aceptó de buena gana para no ser descortés cayendo en la trampa de Mari.

—Gracias por la bebida —había algo de calor a esa hora del día por lo que agradeció la atención y abrió la lata para darle un sorbo.

La rubia sonrió ampliamente pero tuvo que disimular su felicidad. Ahora era tiempo de obtener las respuestas que estaba buscando.

—¿Por qué no entraste a verlo? —retomó la conversación—. Supongo que estas esperando a que tu hermana haga su visita a Matsuura-dono.

—Pues, mi hermana es la que es realmente cercana con Matsuura-dono, yo realmente lo conozco poco y supuse que onee-chan quería un tiempo a solas con él —dió de nuevo un sorbo a su bebida, el hechizo o más bien ilusión, estaban dando resultado—. Se asustó mucho cuando se enteró que había estado enfermo.

—Ya veo. Creí que estaban en Tokio —dijo Mari tratando de sonar casual, llevando la conversación.

—Lo estábamos, pero You-chan me llamó para preguntar sobre el papel que necesitaban entregar y ahí fue cuando me contó lo que había pasado con Matsuura-dono, en cuanto se lo dije a onee-chan, arregló las cosas de inmediato para que volvieramos hoy. El plan era quedarnos hasta el fin del verano —concluyó Ruby dando la información que necesitaba Mari.

—Si si, lo entiendo —la rubia había olvidado que You se había hecho cercana a Ruby gracias al castigo que la misma Kurosawa-sensei le había puesto—. Gracias por ayudarnos con eso Ruby-san.

—Hubiera querido hacerlo yo misma… pero bueno, supongo que Chika-chan hizo un buen trabajo —dijo eso último con pesar. Mari pudo notar como se nublaba su mirada en cuanto habló sobre su exnovia.

—Si, ella lo hizo... bien… —estuvo de acuerdo Mari para no entrar en detalles—. ¿Cómo lo llevas? —se aventuró a preguntar a sabiendas que Ruby podría incomodarse pero tenía curiosidad y hasta ahora su suerte estaba brillando.

—Lo llevo… supongo —Ruby no había querido responder realmente pero fue casi por inercia que lo hizo. Durante todas sus vacaciones había evitado hablar del tema con Dia y luchaba por fingir que estaba bien, pero ya se sentía agotada de eso. Emitió un sonoro suspiro antes de continuar—. Me es dificil hablar de ella pero en parte tambien extraño escuchar su voz… es algo un tanto masoquista si me preguntas, pero aún no descubro cómo evitar sentir dolor.

Mari puso su mano en el hombro de Ruby para mostrarle su apoyo.

—Sé que no somos amigas ni nada Ruby-san, y mi trato con Takami-san ha sido más que desafortunado por decir lo menos, sin embargo me queda claro que eres una buena chica y mereces algo mucho mejor que ella, you can talk to me —cambió su idioma para relajar un poco el ambiente tenso entre ellas y Ruby sacudió la cabeza con las lágrimas comenzando a formarse en sus ojos—. No te voy a juzgar por lo que digas y mucho menos divulgarlo. Veo tu mirada llena de pesar y creo, sin temor a equivocarme, que es por estar guardando tus sentimientos. No lo hagas más, ya que la única forma en que podrás seguir adelante es dejando de cargar el equipaje viejo, creo que es hora de comprar new baggage. Además —añadió guiñando un ojo—, soy buena con las compras.

—Gra… gracias por eso Mari-san —respondió Ruby con sinceridad y una pequeña sonrisa por esa última parte—. No sé qué tanto sabes de lo que paso pero imagino por quien lo sabes, así que, gracias por tus palabras.

—Eres la presidenta del consejo Ruby-san, el chisme corre bastante rápido cuando son personas interesantes —se acercó a ella para hablarle más bajo—. Eres una celebridad entre las chicas aunque no lo creas y además admiro el hecho de que hayas podido estar con la cabezota mandarina, eso es mucho decir… —interrumpió su charla de forma abrupta—. Y creo que mejor será que dejemos esta conversación para después porque presiento que a Kurosawa-sensei no le gustará verme por aquí —Mari señaló hacia las puertas del hospital en donde se podía ver, a lo lejos, que Dia iba saliendo y estaba buscando a alguien.

—Onee-chan no es mala, es sólo que está pasando un momento difícil —la defendió Ruby aunque entendía a la rubia—. Pero sólo por si las dudas, mejor lo dejamos para después —terminó dándole la razón a Mari.

Durante toda el tiempo que estuvieron en Tokio, Dia no paró de decir lo mal que Kanan estaba al tener a Mari viviendo bajo su techo. Claro, Ruby sabía que lo decía porque era ella y le tenía confianza y no había posibilidades que lo que fuera a decir saliera de los labios de Ruby y fuera a ser contado en otro lado, pero aun así no dejaba de estar mal la actitud hostil que su hermana había tomado hacía su mejor amiga.

—Fue bueno hablar contigo —se despidió Mari rápidamente—. Nos veremos en otra ocasión. ¡Ciao! —le guiñó el ojo descaradamente ante la mirada atónita de Dia que ya se encontraba bastante cerca y pudo ver toda la acción de la despedida.

Mari alcanzó a escuchar algún tipo de reclamo que Dia le hacía a Ruby, ya que había elevado la voz bastante aunque era evidente que la pequeña sabía manejar bastante bien a su hermana. Tan sólo enunció algunas palabras y logró que Dia moderara el volumen de su voz, en definitiva Ruby era una experta controlando la "furia Kurosawa" o al menos eso pensó Mari.

De regreso a la habitación del padre de Kanan, esperaba que le hiciera algún comentario sobre la corta visita de Dia, pero el hombre no dijo nada al respecto y Mari prefirió no sacar el tema a colación aunque se moría por saber. Matsuura-dono no le dió la oportunidad tampoco.

Kanan llegó al hospital un par de horas después, se encontró con Mari en la cafetería pues habían llevado a su padre a realizar algunos estudios y se sentó con ella pidiendo un té frío en el mostrador.

—¿Cómo te fue? —preguntó Mari preocupada al ver el rostro tenso de la mujer.

—Espera, deja que al menos tomé algo para poder hablar —le dió un sorbo a su vaso mojando su garganta, no traía el mejor semblante.

Con la convivencia diaria, ambas mujeres habían empezado a entender el lenguaje corporal de la otra. Mari sabía cuando Kanan estaba estresada con tan sólo ver la pose que tomaba la mujer. Ceño fruncido y quijada apretada significaba problemas, enojo o frustración; por el contrario, brazos doblados sobre la nuca y pierna cruzada significaba relajación. Y así mismo Kanan entendía a Mari tan sólo por la forma de hablar, si ella utilizaba muchas palabras extranjeras significaba que estaba en un estado tranquilo o feliz, pero si empezaba a hablar muy formal implicaba enojo o tristeza.

Kanan dejó la taza casi vacía sobre la mesa con algo de enojo y de inmediato cruzó los brazos y frunció el ceño mostrando aún más su discordia.

—Pues bien, si por bien podemos decir que no pasó absolutamente nada —resopló molesta—. Me hizo esperarla por más de una hora afuera de su oficina, para después hacerme pasar y ni siquiera prestarme atención —Mari le ofreció su taza de té para que las hierbas ayudaran a calmarla en vista de que el que había tomado no había sido suficiente—. Cuando le dije que quería hablar sobre el equipo, no me dejó decir más, me detuvo ahí mismo diciendo que no era momento de hablar de eso, que cualquier cosa que estuviera pasando se discutiría hasta que regresaramos de vacaciones, que ella únicamente estaba en esos momentos para casos de "urgencia" y lo nuestro no calificaba como tal, ¿puedes creerlo? —Kanan dió un gran sorbo a la taza que le había ofrecido Mari, la cual estaba más caliente que el suyo.

—¡Esto está caliente! —se quejó cuando pudo pasar el líquido por la garganta, a veces olvidaba que Mari prefería las bebidas calientes y ella las frías.

—Se supone que así debe ser —se rió Mari quitándole la taza de las manos y terminando con lo que quedaba—. Entonces supongo que mi padre ha movido sus influencias también con ella, ¿o siempre ha sido daughter of a bitch?

—¡Mari! —la reprendió Kanan, Mari sólo sacó la lengua en disculpa y luego pasó sus dedos por sus labios haciendo la mímica de cerrar la boca—. Pues, sus modos siempre han sido algo toscos conmigo, pero las cosas empeoraron desde que tu padre habló con ella, cuando me amenazó y eso.

—Si, eso suele pasar cuando mi padre mezcla su dinero con las personas, no es la primera vez que pasa —dijo la rubia con pesar contemplando su taza como si fuera lo único interesante en ese momento.

—Ahora estoy más que convencida que nos van a dejar sin fondos, es por eso que no lo quiso discutir conmigo ahora y seguramente se tomará su tiempo para "darme la noticia" —agregó con bastante sarcasmo—. De esa manera nos quedaremos sin tiempo para conseguir alguna alternativa.

—¿Podremos hacerlo? ¿Cuánto dinero necesitamos? —preguntó Mari agobiada apartando sus ojos de la taza y mirando a Kanan en su lugar.

—Estoy en eso —dijo Kanan con suficiencia, sacó su teléfono celular y le mostró todas las llamadas que había estado haciendo en el día—. Tengo bastante trabajo para esta semana. He contactado a unos cuantos chicos que tienen empresas propias para buscar refuerzos y ahora es cuando tengo que ir a vender lo talentoso que es nuestro equipo —Kanan le guiñó el ojo a Mari—. No te preocupes, tengo esto controlado, por lo menos dos de ellos estoy segura que nos ayudarán. Aún estoy sacando cuentas de todas las cosas que necesitaremos, sin embargo todo va a depender de que tanto apoyo nos será cortado de la escuela.

—Es bueno que tengamos a una entrenadora tan calificada como usted —Mari se recargó en su silla y cambió el tono de seriedad con el que le estaba hablando a Kanan a uno bastante seductor que de inmediato hizo que la piel de la profesora se erizara en respuesta.

—Es aún mejor que tengamos tanto talento en el equipo, ¿no lo crees O'hara-san? —alzó las cejas de manera galante devolviéndole el cumplido.

Aún cuando Mari lograba poner nerviosa a Kanan, habían ocasiones en las que prefería seguirle el juego y relajarse un poco. Ese tipo de interacciones se habían vuelto bastante divertidas para ambas y cada vez las buscaban más, así que tontearon otro poco más hasta que Mari recordó lo que quería hablar con Kanan.

—I forgot to tell you some… olvidé decirte algo —se corrigió al ver que Kanan levantaba la ceja con duda—. Dia-sensei vino al hospital.

—¿Dia? Como en... ¿Kurosawa Dia? —cuestionó Kanan extrañada, eso sí era algo que no esperaba oír.

—En serio… a veces siento que tu cerebro se desconecta un poco silly —replicó Mari entre risas—. ¡Sí! ¿Qué otra Dia-sensei conoces?

—Bueno, si lo pones asi… —Kanan rectificó su postura al darse cuenta lo tonta que se había escuchado—. En fin, ¿ella vino? ¿Hoy?

—Sí, vino a ver a tu padre. Ella no estaba muy contenta de verme en la habitación y tampoco es que se haya quedado mucho tiempo —agregó con algo de desdén recordando las maneras ásperas de la Kurosawa—. Los dejé a solas para que pudieran platicar así que no tengo la más mínima idea de lo que han hablado.

—Bueno, conociendo a Dia, seguro le habrá metido alguna idea loca a mi padre —Kanan dobló los brazos sobre su nuca de manera despreocupada, si Dia había estado allí, quizás no todo estaba perdido con ella—. Aún así me alegro que haya venido, independientemente de lo desubicada que pueda estar en estos momentos, ella sabe cuales son las prioridades.

—¿Hablarás con ella? —cuestionó Mari extrañada de la actitud de Kanan.

—No es tiempo aún. Sí, lo tengo que hacer, pero cuando se muestre un poco más receptiva. Por la manera en que se dirigió a tí, puedo saber que sigue tan cerrada como el día en que discutimos —explicó con tranquilidad y eso desconcertó aún más a Mari.

—No logro entender el tipo de relación que tienen, pero supongo que se conocen bien —concluyó para cerrar ese tema.

—Es simple Mari, somos amigas de toda la vida, éstas cosas… éste tipo de desacuerdos los hemos tenido antes, pero no importa lo disgustadas que estemos, sabemos que debemos estar ahí cuando la otra nos necesite —dijo con vehemencia y Mari no tuvo objeción—. Es por eso que ella vino a ver a papá, es su manera de decirme que está al tanto de la situación.

—Es una manera complicada de hacerlo —replicó la rubia cruzando los brazos.

—Es la manera Kurosawa de hacerlo —dijo Kanan entre risas.

—Me gusta más la pequeña Kurosawa, es más agradable —comentó Mari recordando la plática que había tenido con Ruby.

—¿Así es? —preguntó Kanan divertida—. Bueno, supongo que lo tuyo son más las pequeñas kouhais, ¿no es así?

—A decir verdad, prefiero la experiencia de las senpais —rebatió Mari en el mismo tono juguetón de Kanan—. Me gusta el trato rudo que pueden darme —le guiñó el ojo con descaro.

—No recuerdo haber sido ruda contigo —Kanan se hizo hacia adelante.

—Eso es porque no te lo he permitido… aún —lanzó un beso al aire.

Kanan iba a replicar pero se dió cuenta que se había quedado sin palabras y al final terminaron las dos con sonoras risas que acabaron llamando la atención de todos en la cafetería.


—¿Me puedes explicar otra vez por qué tenemos que estar haciendo esto? —preguntó Yoshiko exasperada, estaba a punto de abandonar la tarea tediosa.

—Porque somos las sacerdotisas del templo zura~, y tenemos que estar listas para el Matsuri, es el último del verano y es cuando más visitantes tenemos en el templo —respondió Maru pacientemente, la chica estaba colocando una fila de amuletos en el estante de la tienda del edificio principal.

Ambas chicas habían estado trabajando en preparar todo en el templo para el festival del verano. Como cada año, el templo tenía que estar más que reluciente para recibir a los muchos visitantes que se daban cita en el festival, que después del año nuevo, era el evento más importante. Necesitaban tener listos no solo la parte estética, además tenían que checar que los amuletos estuvieran disponibles en suficiente variedad para satisfacer la demanda que seguramente tendrían.

En ese día en particular era precisamente esa actividad la más delicada, por lo que Maru tenía que poner doble atención puesto que Yoshiko ya había intentado lanzar algunos hechizos sobre ellos, lo cual era inaceptable, pero lo único que terminó causando fue que se llenaran de cera derretida y tuvieran que gastar el doble de tiempo limpiandolos.

—Si tan sólo me dejaras utilizar mi magia, podríamos volver éste aburrido trabajo en algo mucho… mucho… ¡Mucho! —se levantó haciendo la pose de un ángel en ascenso—, más interesante.

Maru no levantó la vista de su actividad y se limitó a jalarla de la ropa para que regresara a la su tarea. Así no iban a terminar pronto.

—Ya dije que no Yoshiko-chan, y si no te apuras me comeré tu cena de nuevo zura~ —amenazó Maru ante la mirada atónita del ahora literal "ángel caído" que se enfurruñó.

—¿Otra vez? —se quejó la chica cruzándose de brazos—. Pero ya van tres noches que me dejas sin cenar Zuramaru. ¡Eso es injusto!

—Eso es porque te la pasas jugando. Te lo advertí, si no te apuras a terminar e ir a cenar con el resto al mismo tiempo, entonces me comeré tu cena —respondió Maru divertida de poner en jaque a su amiga que ahora hacía su labor enojada.

Maru pasó a la siguiente caja para empezar a seleccionar y acomodar los amuletos por colores, quedándome menos por hacer.

—Pero… pensé que estabas bromeando, no pensé que lo fueras a hacer de verdad —jaló también la siguiente caja para ponerse a la par con Maru.

—Esto es en serio zura~, con tanto trabajo, no hay tiempo de jugar —exclamó seria y Yoshiko tragó saliva.

—Pero es tan injusto, yo quería ir al festival y si estamos trabajando, no tendremos tiempo de nada… —siguió quejándose.

—Umm… creo que nunca me ha tocado ir al festival… —Maru trató de hacer memoria de algún festival en el que no hubiera trabajado pero nada se le vino a la mente—. No, en definitiva creo que siempre me ha tocado estar trabajando y no he muerto aún por no asistir, así que a ti no te pasará nada si no asistes.

—¡Pero Zuramaru! —hizo cara de derrota.

—Aunque, debo confesar que mi parte favorita del festival es cuando se ven los fuegos artificiales, es como… si por un segundo el mundo se detuviera y todos nos conectaramos con la calidez que transmiten esas hermosas luces, o así lo siento al menos —se encogió de hombros para seguir con su tarea—. Esa es la única cosa del festival que he podido ver ya que es en el cielo y desde el templo puedo apreciarlo.

—Vaya… bueno, si creo que… si lo pones así… es lindo y triste, lindo por los fuegos artificiales y triste porque debemos estar trabajando —Yoshiko pensó imaginó lo bonito que sería poder disfrutar con Maru ese momento y sacarla de su rutina del templo.

—Si zura~, así que si te esfuerzas lo suficiente ese día, quizás podamos estar libres cuando empiecen los fuegos artificiales —exclamó Maru decidida sin percatarse del pronunciado bochorno que su amiga estaba sintiendo por la propuesta.

Por más que pensaba en la manera de escaparse al festival con Maru, Yoshiko no encontraba la forma de hacerlo, al menos no con el consentimiento de su amiga y dejando el trabajo tirado. Sin embargo vió su oportunidad un par de días después cuando el padre de Maru empezó a asignar los horarios para todos en el día del festival, era su oportunidad de obtener aunque fuera un mínimo de esperanza.

Antes de que dijeran el de ellas, Yoshiko se acercó a hablar directamente con el papá de Maru que estaba revisando sus anotaciones en una hoja y no se percató de su presencia hasta estar cerca de él.

—Disculpe señor —dijo tímidamente la chica, tratando de utilizar esa voz de seriedad que tenía reservada para ocasiones especiales, y ésta era una de ellas—. ¿Existirá la posibilidad de que nos asigne nuestro descanso a Maru y a mí en el último turno?

El hombre la ignoró aunque la había escuchado. Aún así Yoshiko no se amedrentó y continuó, después de todo no le dijo que se callara.

—Es que nunca me han dejado asistir al festival y he escuchado que es muy bello, en verdad me gustaría poder asistir aunque sea poco tiempo y se que Zu… Maru le encantaría poder asistir de primera mano a verlos —expuso con todas las ganas de obtener un si que no parecía llegar.

El papá de Maru se tomó algunos segundos haciendo anotaciones y tachones en el horario que ya tenía arreglado, considerando las petición que la amiga de su hija le había hecho, pero antes de dar el visto final, levantó la vista y mirando a Yoshiko habló por fin.

—Tomando en cuenta que has desobedecido casi todas las reglas del templo, has lanzado maldiciones e insistes en oír esa música horrible, no debería siquiera prestar atención a tu petición —su voz severa hizo flaquear la voluntad de Yoshiko—. Aunque, considerando que el humor de mi hija a mejorado mucho desde que estás aquí y parece que eso la hace feliz, les colocaré el descanso en el último turno —le mostró dónde había puesto sus nombres y Yoshiko casi brinco de la alegría.

—¡Muchas gracias señor Kunikida! —dijo regocijada.

Maru que se había acercado hasta donde estaban, pues se le hizo extraño que su amiga fuera con su padre sin una razón aparente, miraba atónita a Yoshiko y su petición. No sabía que tenía tantas ganas de asistir al festival, ya que si se lo hubiera dicho antes, ella misma le hubiera pedido a su padre que acomodara el horario de diferente manera. Sin embargo se le hizo un gesto muy lindo de parte de Yoshiko el considerarla también.

Al final con el horario acomodado de tal manera que ellas dos fueran las últimas en tomar su descanso, tendrían casi tres horas para explorar el lugar y disfrutar del cierre del festival con el espectáculo de luces artificiales como plato principal.

Esa noche, cuando Maru estaba casi apunto yo de quedar dormida, escuchó que la otra chica se revolvía en el su futón incapaz de conciliar el sueño. Le dió curiosidad y se levantó para verificar el estado de su amiga, quizás estaba teniendo una pesadilla o alguna otra cosa.

—¿No puedes dormir zura~? —preguntó Maru encuclillada a su lado.

—Emm… no, lo siento, ¿te desperté? —preguntó Yoshiko apenada mirándola en la oscuridad de la noche.

—No zura~, aún estaba quedándome dormida. Pensé que estarías teniendo una pesadilla —la vio con preocupación.

—Umm… no, solo… solo tengo algunas cosas en la cabeza que no me dejan en paz —confesó la chica incorporándose para sentarse—. ¿Podríamos dar un paseo?

—¿Ahora zura~? —dijo extrañada—. ¿Es porque quieres hacer uno de esos conjuros raros de medianoche? —preguntó Maru con los ojos entrecerrados y recordando la última vez que su amiga le pidió que la acompañara a medianoche, ese día terminaron haciendo una especie de ritual extraño que fue descubierto por su padre y les hizo ganar una fuerte reprimenda.

—No —negó con la cabeza—. Solo necesito algo de aire fresco. Prometo que no es nada malo.

—Siendo así, está bien zura~, pero no podemos hacer mucho ruido, ya sabes que papá se enojará si nos descubre —advirtió Maru poniéndose de pie para buscar un par de abrigos ligeros.

Caminaron un rato en silencio por el patio y el jardín del templo, acompañadas con el sonido de la noche, algunos grillos a la distancia, el aire que mecía las ramas de los árboles cercanos y la luz de la luna que daba una mística iluminación al edificio del templo y los árboles alrededor, haciendo que se viera muy diferente a lo que estaban acostumbradas con la luz del día.

—Me tomó por sorpresa que pidieras el cambio de horario zura~, no sabía que tenías tantas ganas de ir al festival —confesó Maru rompiendo el silencio.

—Yo no las tenía —respondió Yoshiko algo nerviosa—. No soy muy afecta a estar rodeada de personas… lo sabes bien.

—Lo sé, por eso se me hizo extraño, pero ¿entonces? —inquirió Maru deteniendo su paso para permitir a su amiga que la alcanzara pues ya se había quedado atrás.

—Pues yo… —sintió que se le hacía un nudo en la garganta. Estaba nerviosa, tenía que admitirlo, tenía tiempo que no se sentía tan llena de adrenalina como en ese momento, ni siquiera alguno de sus más locos hechizos la habían puesto tan nerviosa, pero ya estaba ahí y no quería acobardarse—. Yo quiero ir al festival porque tú estarás conmigo, solo quiero… veresosfuegosartificialesatulado —dijo es último tan rápido que a Maru le costó trabajo entender la última parte pero lo hizo.

—¡Claro Yoshiko-chan! —Maru se colgó del brazo de su amiga sin entender porqué estaba tan nerviosa—. Si así lo quieres, veremos los fuegos artificiales, comeremos muchas cosas deliciosas y tendremos montones de diversión, ¡Será un gran día! —exclamó la chica emocionada.

—¡Yohane! … —la corrigió exasperada casi tartamudeando—. No, creo que no me estás entendiendo… —dió un hondo suspiro antes de continuar—. Lo que quiero decir es que… —Maru la miraba expectante con un gran signo de interrogación en la cara—, lo que quiero decir es que… —hizo un silencio dramático y lo soltó—. ¡¿Te gustaría tener una cita conmigo en el Matsuri?! —con la voz temblando rumbo al final de la pregunta y el corazón latiendo muy rápido, Yohane encontró la determinación para decir las palabras que tanto le habían estado perturbando.

—¡Zura~! —Maru emitió un sonido de asombro aún procesando lo que acaba de oír de su amiga—. ¿U… una... cita zura~? Como… ¿una cita de amigas? —preguntó con temor y con ganas de no oír la respuesta.

—Yo… no… eso no... bueno, sí, somos amigas pero —Yohane se encontraba escasa de palabras tratando de explicarse y ya no sabía si rascarse la nuca o agarrarse el brazo o el dobladillo de su pijama—, a lo que yo me refiero es que... me gustaría tener una cita contigo como algo más que amigas —casi se oyó suplicante esa última parte y los ojos de Yoshiko miraron a Maru con esperanza.

—Pero… Yoshi… Yohane-chan —se corrigió al ver la mirada de su hasta entonces amiga—. Yo no sé si estoy lista para algo como eso, aún no sé cómo me siento con todo lo que ha pasado.

—No tiene que pasar nada entre nosotras —la tomó de la mano—, solo quiero hacerte feliz un día y poder olvidarnos de todo lo demás. Al menos permíteme intentarlo.

—No lo sé zura~ —dudó Maru—. Después de lo que pasó con Dia, yo no estoy lista para experimentar de nuevo, yo no te quiero dar esperanzas de nada y mucho menos lastimarte, no mereces que haga algo así.

—Yo sé, yo sé todo eso, estoy consiente que tu sigues enamorada de esa mujer y que probablemente no me puedas corresponder. Tampoco estoy segura de mis sentimientos, es algo nuevo para mí todo esto que estoy sintiendo, pero… me gustaría intentarlo, me gustaria que me dieras una oportunidad —insistió pero Maru aún se resistió.

—No quiero lastimarte Yohane-chan, no sé qué es lo que vaya a pasar si acepto algo así zura~... —intentó zafarse del agarre en su mano pero Yoshiko no se lo permitió

—No tienes que responder ahora mismo Zuramaru —Yoshiko le dió un beso en la mejilla y soltó su mano al fin—. Puedes pensarlo y después me das tu respuesta —concluyó con una sonrisa aunque su mirada decía algo diferente.

La petición de Yohane tomó a Maru completamente por sorpresa. No sabía si se sentía bien o mal, lo único que tenía claro es que ante todo, no quería lastimar a su amiga y esa última mirada que le dedicó fue lo suficientemente intensa para estremecer su lastimado corazón y considerar sus palabras.

Yoshiko iba de regreso a la habitación de Maru y había avanzado algunos pasos cuando sintió los brazos de su amiga rodearla por la espalda.

—Lo haré zura~ —exclamó un poco más alto de lo que había estado hablando con su rostro enterrado en la espalda de Yoshiko.

El ángel caído se detuvo sintiendo que su estómago estaba listo para voltearse o que, quizás había ido demasiado rápido al cielo y caído de nuevo sin remedio. ¿Había escuchado bien o era producto de su imaginación?

—¿Zu… Zuramaru? —se giró para mirarla.

—Tenemos una cita para el matsuri… —le dió un rápido beso en la mejilla antes de soltarla y salir corriendo—. Ahora vayamos a dormir o mañana te quedaras sin desayunar zura~.

—Eso no Zuramaru, otro día sin comida no lo permitiré. ¡Mi little demon tramposo! —exclamó con voz profunda y una gran sonrisa que no podía desaparecer de su rostro, ¡tenía una oportunidad!

De regreso en la habitación no pasó mucho tiempo para que Maru escuchara la respiración acompasada de su amiga anunciando que había entrado en el mundo de los sueños feliz de tener una esperanza, sin embargo, ahora era ella a quien le resultaba la tarea de conciliar el sueño prácticamente imposible.

Su cabeza era un mar de sentimientos y emociones que no lograba entender. Se sentía confundida. Aún estaba dolida por lo que había pasado con Dia y esos sentimientos ahí estaban, convertidos en parte de su día a día, sin embargo, ese cosquilleo que sintió cuando su amiga le pidió una cita, fue algo que no pensó volviera a sentir y mucho menos tan pronto. "¿Que está mal conmigo?" Se preguntó tratando de comprender de dónde habían salido esas nuevas sensaciones que no deberían existir.

Yoshiko era su amiga, la quería mucho, era, aparte de Ruby, la persona en quien más confiaba y en los últimos días, se había convertido en un gran faro que había evitado que perdiera el rumbo. Lo que la estaba haciendo sentir era mucho más que simple agradecimiento, lo entendía, aún si no podía ponerle un nombre, al menos no todavía.

Poco a poco su tormenta empezó a menguar y el sueño la fue reclamando hasta que no tuvo control sobre sus pensamientos. Tenía algunos días por delante antes de que llegara la cita y confiaba que las cosas se fueran aclarando poco a poco ayudándose con el transcurrir del tiempo.


Todas las integrantes del equipo de natación respondieron al llamado de sus capitanes y acudieron a las prácticas a pesar de encontrarse de vacaciones. Aunque Kanan no acudió a todos los entrenamientos, se las había arreglado para dejar un régimen bastante estricto que tanto You como Mari se encargaron de hacer cumplir al pie de la letra. Era un entrenamiento intenso.

Antes de poder nadar en la escuela, iban a correr en distancias variables. Habían iniciado corriendo 5 kilómetros que se habían ido incrementando con los días. Para el jueves corrían 9 kilómetros, aunque la meta de Kanan era correr 15 kilómetros diarios, lo cual era bastante exigente para alumnas de preparatoria, pero se le hacía poco para el nivel de resistencia que tenían que manejar en la competencia.

Después de correr, seguía una serie de ejercicios de flexibilidad y fuerza, los cuales realizaban en un parque que se encontraba cerca de la escuela, y para finalizar, tenían múltiples ejercicios de nado ya en las instalaciones de la escuela.

Para la siguiente semana Kanan ya había conseguido instalaciones en Numazu para poder entrenar en la alberca por las tardes, ya que estaba más que segura que no le darían acceso fuera del horario escolar normal una vez regresarán a clases. En cuanto a los patrocinios aun no lo había resuelto del todo pero las cosas iban viento en popa, probablemente tendrían que hacer algunas actividades extra para conseguirlos, pero eso no les iba a quitar mucho tiempo. Estaba determinada a arreglarlo y lo haría sin duda alguna.

Al término de cada entrenamiento, You, Riko y Mari se quedaban hasta el final para guardar todo y dejar las cosas en orden, sin embargo, al verlas el resto de las integrantes también se quedaron a ayudar. Todos estaban poniendo de su parte para conseguir la meta.

Ese día, Riko se adelantó a las regaderas con las otras chicas, pero se tardó un poco para esperar a You y Mari que todavía estaban terminando de guardar el equipo que se había utilizado.

Cuando Riko iba llegando al vestidor, se dió cuenta que había olvidado jalar su toalla del área de la alberca por lo que se tuvo que regresar a buscarla. Cuando iba entrando de nuevo a la zona de la piscina, la voz de You platicando con Mari dentro de la bodega donde guardaban los utensilios llamó su atención.

Se debatía entre quedarse a escuchar la conversación o retirarse y darle a su novia su espacio. Le tomaba mucho trabajo controlar sus celos, aunque iba paso a paso existían días en que eran más difíciles que otros, y éste parecía ser uno de ellos.

—¡You-chan! ¡Pero que traviesa andas hoy! —escuchó la voz de Mari hablando bastante fuerte y lo que dijo prendió sus alarmas y no pudo irse, tenía que escuchar.

—¡Shhhh! Mari… callate, alguien nos va a oír y moriría de vergüenza si es Riko —ahora era You la que hablaba.

No hubo más debate interno para Riko, por ese día, había perdido la lucha contra sus celos y tenía que escuchar la conversación sí o sí.

Se acomodó en un ángulo en el que pudiera ver aunque sea un poco y escuchar mejor lo que pasaba en la bodega pero cuidando que ni You ni Mari la vieran. Estaba bastante consciente que cualquiera que pasará y la mirara desde el otro lado se moriría de la risa por la pose tan ridícula que tenía en ese momento, pero le daba igual, la curiosidad era más grande que la vergüenza.

—Well darling, that is true… —Mari bajó la voz y se sentó en una de las cajas que había por allí—. Pero entonces, pregunta… ¿Qué quieres saber?

Riko pudo ver aún a la distancia que You estaba sonrojada de las orejas, aunque estando de espaldas a ella, no podía ver su rostro, pero su voz era bastante expresiva y audible, por lo que supone que estaba así.

—Pues yo quiero saber… cómo… bueno, ¿cómo es que se llega a eso? Ya sabes... ¿Hay algún tipo de umm… movimiento que daba hacer para saber si ella quiere hacerlo conmigo? —dijo nerviosa.

—Eres tan adorable cuando haces esas cosas —dijo Mari entre risas burlonas—. Creo entender lo que estas preguntando —se llevó las manos a la barbilla meditando como si fuera algo profundo pero sólo le tomaba el pelo a You—. Pues no, no existe un lenguaje secreto para saber si ella lo quiere o no, la verdad es que esas cosas sólo se dan, pasan cuando tienen que pasar y si no sabes, preguntas.

—¡Pero Mari, debe haber alguna forma de saberlo! —espetó You un poco molesta por la respuesta—. Una señal, algo… no es sólo así.

—Tienes que conocer a tu pareja a fondo You-chan, y adivina cual es la mejor manera de hacerlo… —alzó las cejas sugerentemente.

—Pero es que… —hizo un mohín.

—No pongas más excusas, si quieres tener una noche inolvidable con tu querida pianista entonces tienes que ser atrevida y dejar tus miedos atrás —Mari hablaba como una verdadera profesional. Riko se preguntó qué tanta experiencia tenía la rubia para poder hablar de esa manera tan suelta.

Los celos que había sentido inicialmente se habían disipado por completo, sin embargo, la plática era mucho más interesante de lo que había previsto en un inicio.

—Bueno, digamos que me atrevo a hacerlo —Riko quería abrazar a su novia, se le veía tan linda cuando estaba apenada que la hacía morir de ternura—. ¿En dónde lo podemos hacer?

—¿Lugares? Esos hay muchos, en una mesa, en la cocina, el baño de un bar, el baño de un avión umm… ah sí claro, el clásico en la cama que nunca falla, es el más co... —You no la dejó terminar.

—¡No me refiero a eso! Quiero decir, bueno… yo quiero que sea especial, ¡Es nuestra primera vez! No la voy a llevar al ryokan de Chika, ¿verdad? —dijo con sarcasmo.

Mari empezó a reír con sonoras carcajadas. Molestar a You por esos temas era bastante divertido.

—Eso… eso estuvo muy bueno —dijo apenas controlando la risa—. Me encantaría ver la cara de Chika cuando llegue a hacer el servicio al cuarto.

—¡Estoy hablando en serio Mari! —habló con enojada desesperación—. No puedo hacer eso… —se quejó You recargándose en la pared—. ¡No sé qué hacer!

Riko tuvo que modificar su escondite porque desde ese ángulo You podría verla si se daba la vuelta.

—¿No te gustaría que tu primera vez fuera en una habitación de lujo del hotel O'hara? —sugirió Mari mirando sus uñas, sin dar mucha importancia a lo que decía.

—Eso… ¡eso es Mari! Ese es el lugar perfecto, me encanta la idea —You casi saltó de la emoción—. ¿Tú puedes hacer que me den una habitación?

—Puedo reservarte una… eso no es problema, pero hay que pagarla por supuesto —Riko pudo ver cómo la emoción de You se había diluido.

—¿Cómo cuánto cuesta una noche? —preguntó temiendo la respuesta que sabía sería una locura.

—Umm… una sencilla está en 30 mil yenes sweetheart —informó Mari casi sin inmutarse—. La de lujo...

—No ya no me digas —la interrumpió—.Pero no puedes… ya sabes, usar tus influencias para conseguirme esa habitación sin pagar —dijo You temerosa, sabía que era abusar mucho pero tenía que intentarlo.

—Of course! —respondió Mari nuevamente elevando la voz, tanto You como Riko se sobresaltaron por su respuesta aunque por causas diferentes—. Déjame hablar con papá para pedirle el favor… —hizo la mímica de buscar su celular.

—¿Es una broma verdad? —preguntó You de mala gana.

—Yes! No esperaras que le hable a papá para romper el acuerdo que tenemos y acepte casarme con ese desgraciado, ¿verdad? —dijo y You se jaló los cabellos.

—No yo no… lo siento —agachó su cabeza abatida—. No sé en qué estaba pensando —Mari acarició la cabeza de You rascando su oreja.

—Creo que lo mejor es que dejes que las cosas sucedan, el lugar no es lo que hace ese momento especial —You levantó la cabeza para ver a Mari con su ojitos de cachorro—. Es la persona con la que lo compartes lo que hace ese momento inolvidable You-chan.

—Si… bueno... tienes razón en eso —You se recargó en la pared con sus esperanzas aún en el suelo—. Creo que lo mejor será que lo deje hasta después de la competencia, Riko-chan aún no está bien de su brazo y no quiero arriesgarla en su recuperación.

—Deberían hacerlo y terminar con todo el misterio de una vez. Después de todo, una vez lo hagan estoy segura que no podrán parar y andarán como conejos por todos lados —Mari le guiñó el ojo y se levantó de la silla—. Aunque por ahora será mejor que alcancemos a tu novia o pensará que te estoy haciendo algo raro y es mejor evitar malentendidos.

—Cierto… ya demoramos bastante… —dijo You y se apresuró a terminar de guardar.

Riko al ver que ya estaban moviéndose para salir de la bodega, se apuró a regresar a las duchas. Por estar distraída en lo que estaba escuchado, olvidó que esa conversación era algo que no debió haber oído, aunque se alegraba de haberlo hecho. Ahora sabía que You si quería llevar su relación a otro nivel, pero su novia no sabía cómo hacerlo.

Mientras se bañaba fingiendo que ya llevaba un buen rato en el baño, una idea empezaba a formarse en su mente. Tal vez lo único que You necesitaba era un empujón y ella era la única que podía ayudarla con ello.


El día acordado había llegado. El viernes por la mañana, después del entrenamiento, You y Kanan acompañaron a Riko a su terapia de rehabilitación. Era una clínica sencilla pero bastante moderna, si consideramos que se encontraba en un pueblo como Uchiura, o eso pensó Kanan. En los tiempos en los que ella nadaba, se encontró visitando ese tipo de lugares en algunas ocasiones, por lo que tenía parámetros para comparar.

Dejaron que Riko tomara su terapia de la manera usual, ambas guardando silencio y poniendo atención a cada movimiento que la chica realizaba.

Como en los días anteriores, lo que más llamaba la atención de You eran las caras de dolor que su novia podía hacer durante la terapia. Ciertamente habían ido disminuyendo sustancialmente, sólo que aún estaban presentes. En particular cuando realizaba algún movimiento que requiriera de más fuerza de la usual.

Kanan por otro lado tenía un ojo clínico mucho más experimentado, y ella poco valor le daba al dolor que los movimientos causaran; para ella lo que más importaba era el rango de movimiento que la chica había recuperado. Conocía el mecanismo de la lesión y sabía lo limitante que podía llegar a ser si no se ejercitaba como era debido.

A su juicio, la recuperación de Riko iba bastante mejor de lo que había considerado, sin embargo, si quería estar lista para la competencia, se tendría que esforzar el doble que las demás para poder estar a su nivel.

Al término de los ejercicios, Kanan se acercó a hablar con el rehabilitador, dejando que You se quedara con Riko. La chica acompañó a Riko para que cambiara su ropa mientras esperaban a que su entrenadora acabará de platicar con el terapeuta y evaluaran la recuperación de la lesión.

Los minutos les parecieron eternos a ambas chicas, inicialmente habían estado conversando, pero los nervios terminaron con la charla, dejando que el sonido del reloj fuera lo único que pudieran escuchar. Era una espera agonizante que iba a determinar si Riko podría o no continuar en el equipo para la competencia.

Kanan volvió esbozando una gran sonrisa y al menos eso eran buenas noticias.

—¿Y bien sensei? —preguntaron You y Riko al mismo tiempo impacientes.

—Vamos afuera y hablemos —les dijo Kanan guiando el camino haciendo más larga la agonía.

Apenas se encontraron fuera del centro de rehabilitación cuando ambas chicas abordaron a Kanan nuevamente reflejando la ansiedad en la voz. No podían esperar más, Kanan les sonrió y fue directo al grano.

—Puedes regresar al entrenamiento Riko-san —ni bien terminó de decir eso cuando Riko se fue sobre You abrazándola emocionada, ambas agradecieron que no les diera más rodeos—. Pero… —interrumpió su felicidad—, aquí viene la mala noticia —suspiró Kanan odiando ser la que rompiera el momento de la pareja—. Vas a retomar el entrenamiento, sí, pero tengo que advertirte que será muy duro. Ahora que tu brazo está mejor, tenemos que regresar la fuerza que tenía antes de la lesión y superarla, y eso será más doloroso que la primera vez, requerirá mucho esfuerzo y tiempo de tu parte.

—Eso no me importa sensei, quiero hacerlo, quiero ser un eslabón fuerte para el equipo y no débil como lo fui… —bajó la cabeza avergonzada al recordar su error en las regionales.

—Necesito que dejemos ese incidente en el pasado, sólo hace que ambas sientan culpa y con eso no vamos a llegar a ningún lado —intervino Kanan para que las chicas no bajaron las animos—. Será un largo camino hasta que estemos listas para esa competencia, tengo que trabajar extra contigo —se dirigió a Riko—, y lo tendremos que hacer por las mañanas para estirar bien los músculos y que puedan resistir el entrenamiento, y al final del día probablemente el dolor sea más intenso que al inicio de todo ésto, ¿crees estar lista para eso?

—Lo estoy sensei —respondió Riko de inmediato con determinación—. No tengo miedo al dolor y estoy dispuesta a poner todo de mi parte.

Kanan asintió en respuesta satisfecha con su joven alumna, con esa actitud podrían lograr los objetivos.

—¿Y tú You? ¿Estas bien con esto? —se dirigió a la otra chica.

—No les voy a negar que siento temor con todo esto, aún me da miedo, pero escuchar a Riko-chan con tal pasión sólo me hace querer apoyarla, así que, está bien por mí —You tomó la mano de Riko y depositó un beso sobre ella que hizo sonrojar a ambas chicas—. Te voy a apoyar en esto y en todo.

—Bien, no quiero más reproches sobre este tema —sentenció Kanan colocando su mano sobre el hombro de Riko—. Por mi parte estén seguras que daré lo mejor de mí para que lleguemos en el mejor estado a esa competencia.

—Gracias sensei —respondieron las chicas al unísono.

—Disfruten su fin de semana, por ahí escuché que hay un festival el domingo, así que tienen mi permiso para divertirse y hacer travesuras —les guiñó el ojo pícaramente—. Las veré el lunes.

—Sí sensei —un leve sonrojo apareció en las mejillas de las dos chicas.

Kanan emprendió su camino dejando a You y Riko algo confundidas.

—¿Soy yo o como que a Kanan-sensei se le está pegando la forma de hablar de Mari-chan? —preguntó You contrariada.

—No, no eres tú nada más —negó Riko enérgicamente con la cabeza—, a mi también me lo pareció.

—Supongo que pasar tiempo juntas les está afectado —You encogió los hombros justificando la actitud de Kanan.

—Si… si, eso debe ser… —concluyó Riko guardando esa idea loca que le había llegado resultado de esa respuesta de su sensei.


Hablar con Mari hizo que los pensamientos de Ruby regresaran a su exnovia. Seguramente en su ausencia se había regado el rumor de lo que había pasado con ella y su fracaso amoroso. Ruby no era del tipo que disfrutara de la atención extra que eso podría traerle, al contrario, había logrado controlar su timidez pero casi siempre con la ayuda de Chika y ahora que se veía sola en su vida escolar, la carga empezaba a resultar más pesada de lo que había imaginado. Sus viejos temores estaban acechandola.

Las cosas en Tokio marcharon bastante bien para las dos hermanas. Dia había tenido su proceso de entrevistas y demás para su nuevo trabajo y aunque no le quedó claro a Ruby cuando es que su hermana debía volver a Tokio, sabía que todo había salido muy bien y el puesto estaba prácticamente asegurado.

Ella por otro lado había asistido a Otonokizaka y fue, en una frase, un sueño hecho realidad. No hubo algo que no le gustara de la escuela. Fueron muy amables con ella y le mostraron todo lo que quiso ver. Las cosas estaban prácticamente listas para que al término del ciclo escolar, hiciera su transferencia.

Los días de vacaciones les dieron un respiro de los problemas en Uchiura, pero ahora que estaban de regreso, era muy notorio que su ánimo había decaído. Llevaban casi una semana en la ciudad, y salvo de la visita que hicieron al hospital, habían optado por no salir a ningun otro lado. Dia se encerraba en su habitación casi todo el día y Ruby hacía lo mismo. Sólo se veían para tomar sus alimentos que ni siquiera se estaban molestando en cocinarlos, en esos momentos prefirieron aislarse del mundo en espera del regreso a clases.

El domingo por la mañana, Dia llamó a Ruby para que desayunaran juntas. Ya que el personal de la casa estaba de descanso, se vieron obligadas a cocinar algo sencillo e interactuar un poco más de lo que lo habían estado haciendo en la semana.

—¿Y cómo van las cosas Ruby-chan? —preguntó Dia cuando acabaron de comer.

—Pues… bien onee-chan, normal supongo —se encogió de hombros sin saber que decir.

—¿Ya estás lista para mañana? —Dia sirvió el té para ambas y puso una humeante taza frente a Ruby.

—Gracias —Ruby dió un sorbo al té. Nadie era tan buena preparando el té como su hermana—. Tan lista como se puede estar... supongo —su voz tenía una nota de tristeza que no pasó desapercibida para Dia.

—Escuché que hoy es el festival de verano… ¿tienes planes de ir? —cuestionó Dia tratando de sonar casual.

—Umm no onee-chan, no tengo mucho animo de salir, además de que Maru-chan estará ocupada trabajando en el templo y no tengo con quien ir —explicó Ruby sin notar la mirada de Dia cuando mencionó a su amiga.

—Te acompañaré —dijo Dia decidida dejando su taza de té en la mesa—. Nos hace falta salir, tomar algo de aire y hoy es un buen día para hacerlo.

—¿De verdad quieres ir al festival onee-chan? —preguntó Ruby dudosa, no es que no le gustará la idea pero no pensó que su hermana quisiera hacer algo como eso—. Tiene muchos años que no vamos juntas a uno. Desde que te fuiste a Tokio de hecho —no era un reclamo pero Dia lo tomo como tal.

—Claro Ruby, el día está despejado y los fuegos artificiales del festival serán un gran espectáculo. Realmente me gustaría compartir el último día del verano con mi hermana favorita —Dia extendió su mano hasta sujetar la de Ruby y le dió una ligera sonrisa esperanzadora para convencerla.

—Soy la única hermana que tienes —espetó Ruby fingiendo molestia al tiempo que apretaba la mano de Dia—. ¿Usarás tu yukata?

—¡Por supuesto! Es el mejor día para hacerlo —dijo Dia sonriente, ya tenía el sí en la bolsa—, y espero tú también planees usarlo.

—¡Que emocionante! —Ruby se puso de pie y abrazó a Dia con efusividad—. Será un gran día onee-chan. Ahora debo ir a buscar mi yukata.

—Claro Ruby —la vio correr a su habitación no sin antes levantar sus platos vacíos y dejarlos en el fregadero donde Dia se dispuso a limpiarlos.

En verdad, Dia esperaba que este festival fuera una distracción y un aliciente para los días posteriores. Sería duro regresar a la vida que llevaba antes, ver a Hanamaru y fingir como lo venía haciendo. Al menos si podía mantenerse alejada del templo esa tarde, entonces estaría bien, aunque secretamente no había nada que deseara con más fuerza que ver a Hanamaru, aunque sólo fuera por un segundo y a la distancia. Se sentía perdida como nunca antes en su vida.

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