Capítulo 41.
Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.
NdelA: Después de unas buenas vacaciones, estamos de regreso. No fueron verdaderas vacaciones, tuvimos algunas situaciones familiares que nos tuvieron muy lejos de la escritura. Sé que parece que abandonamos la historia, pero creanme que lo tenemos presente todo el tiempo. Gracias por seguir leyéndonos y gracias a los que se preocupan por nosotras y nos enviaron mensajitos para darnos ánimos, siempre se aprecian esas muestras de afecto.
Mag Max Kuv Bigotes: Ah… no vean lo feo de que ha tardado mucho la actualización, mejor disfruten del capítulo. Quedó un poco largo y la Cosita y yo decidimos partirlo en dos para que no se les hiciera cansado leerlo. Así que tendremos algo de calma antes de la tempestad y vaya que va a caer una tormenta. Algunas parejas felices y otras… pues… no tanto… #pray4Maru #pray4Ruby #pray4Mari
Espero que el rush me ayude a escribir y actualizar mis otras historias, además de algunos oneshots que quiero llevar a cabo.
Darle un empujón a su novia era más fácil pensarlo que hacerlo. Desde que Riko había escuchado aquella plática entre You y Mari, la idea seguía dando vueltas en su cabeza pero no sabía cómo llevarla a cabo. En primera porque conociendo a You, debía ser muy sutil para que la chica no se diera cuenta de su "trampa", ya que de hacerlo, seguramente se iba a negar a que las cosas avanzaran entre ellas, más por miedo que porque realmente no tuviera ganas y aunque Riko entendía el porqué no quería seguir esperando cuando las dos querían eso tanto.
En segunda, tenía que pensar en algún lugar para que eso sucediera, para que tuviera un poco de intimidad, y es que lo único que llegaba a su mente era su habitación, pero estando sus padres en casa se complicaba todo. Se quedaba sin muchas opciones de entre las diversas que podía manejar, o eso pensó.
—¿Papá también trabajó hasta tarde hoy? —preguntó Riko cuando su madre le informó que cenarían solas esa noche.
—Está preparando una presentación importante porque su compañía está por ganar una licitación y lo necesitarán en Tokio toda la siguiente semana —explicó con pocos ánimos apenas tocando la comida de su plato.
—¿Pero? —preguntó Riko al ver el nulo entusiasmo de su madre y tratando de hacer plática para saber qué estaba pasando.
—No hay peros Riko-chan —respondió la madre de Riko, acomodándose en su silla.
—¡Oh vamos mamá! Te conozco, tu mirada triste debe ser por algo. ¿Qué sucede? —Riko tomó su mano comprensivamente, animandola a hablar.
—Es sólo que tu padre tendrá una cena de gala a mitad de semana y me había pedido que lo acompañara pero no puedo, tengo que estar aquí para ti hija —le apretó su mano—, apenas vas saliendo de ese terrible accidente y ninguno de los dos se siente cómodo dejándote sola en estos momentos.
—¿Sola? Mamá no tengo 10 años, ya estoy bastante grandecita para cuidarme incluso si no están aquí —reclamó Riko indignada—, además, la otra semana iniciará la escuela y con las prácticas de natación tan intensas que tendremos, apenas y estaré en casa, no veo razón por la cual no puedas ir.
La verdad era que Riko había visto en esa salida, la oportunidad que tanto estaba esperando con You, no habría nadie en casa y estaba justo a tiempo para lo que planeaba, lo único que tenía que hacer ahora era convencer a su madre de que lo mejor para ella sería que acompañara a su padre y no quitó el dedo del renglón hasta que lo logró días después.
—¿Estás segura que estarás bien Riko-Chan? —preguntó su madre preocupada mientras su padre cargaba las maletas en el auto.
—Si mamá, ya se los dije, todo estará bien, mi hombro está bien y yo estoy bien, es sólo una semana, ¿es que acaso no confían en mí? —soltó Riko de una manera casi cínica por lo que estaba pensando hacer con su novia.
—No es que no confiemos en ti hija —fue su padre el que respondió—, es que nos preocupa dejarte sola, la última vez que te dejamos ir sola a algún lugar tuviste el accidente con tu hombro, no nos gustaría llevarnos una sorpresa así de nuevo.
—Lo sé padre, pero en serio, todo estará bien —aseguró Riko tratando de calmar a sus nerviosos padres y quiso bromear diciendo que no iba a quedar embarazada de su novia o algo parecido, así que realmente por eso no tendrían que preocuparse de que algo sucediera, pero era demasiado para decir.
—No lo sé… —a pesar de todos los argumentos de Riko, su madre no parecía muy convencida y tuvo la chica tuvo que hacer uso de todos sus recursos de buena hija para dejarlos tranquilos.
—Mamá, papá —Riko los tomó de las manos—, yo sé que ustedes me han cuidado como si fuera la cosa más frágil del mundo que puede romperse con cualquier viento —les dijo mirándolos a los ojos—, pero aunque les cueste creerlo, todas estas cosas que me ha tocado vivir, me han hecho más fuerte y dentro de poco tiempo, tendré que ir a la universidad en donde no podrán seguir cuidandome de la misma forma. Creo que es hora de que empiecen a tomar tiempo para ustedes y confíen un poco en mí, para que la separación más adelante no sea tan dolorosa para todos. ¿Pueden entender eso? —concluyó Riko apostándole a lo único que sabía que sus padres no podían negar, su madurez.
—Si lo pones así… —los ojos de su madre se habían llenado de lagrimas—, esta bien, si si, estaremos bien y todo estará bien —abrazó a Riko con fuerza depositando un beso en su frente antes de soltarla.
—Supongo que eso es un sí entonces —dijo el padre de Riko emocionado por las palabras de su hija—. Ya te dimos todas las recomendaciones Riko-chan, volveremos la próxima semana —le dió un rápido abrazo antes de acompañar a su esposa a subir al auto.
Riko los despidió con una gran sonrisa y con su mente trabajando rápidamente porque si quería que todo estuviera listo para cuando You llegara por ella para ir al Matsuri, aún tenía cosas que hacer.
Riko siempre pensó que You sería quien iniciara todo para que pudieran tener algo más, y así había sido en los pequeños escarceos que tenían, el problema era que no llegaban más allá de sólo besos y abrazos. Por lo que tendría que ser ella quien tomara la iniciativa esta vez de ir hasta el final, así que esa cuestión poco le preocupaba. Pensaba que cuando ese momento llegara, las cosas se irían dando entre ellas, pero ahora se sentía como You cuando le preguntó a Mari cómo es que se llegaba a eso, aunque ella no tenía a quien recurrir con ese tipo de dudas, supuso que su experiencia con los mangas sería suficiente para hacer que las cosas pasaran como debían pasar.
"Sólo necesito una chispa" pensó Riko, o al menos eso era lo que decían las protagonistas de sus historias. Tener un ambiente romántico, hacer algunos movimientos seductores y como por arte de magia, una cosa llevaba a la otra y todo terminaba entre sábanas revueltas y una buena charla. "¿Será tan fácil como eso?" Se cuestionó antes de llamar a You, fuera como fuera tenía que arriesgarse.
—¡Hola You-chan! —saludó Riko emocionada a su novia cuando respondió el teléfono, se notaban sus nervios y debía de calmarse—. ¿Vendrás por mí a las seis?
—Hola Riko-chan, ¿a las seis? —preguntó You extrañada desde el otro lado del auricular—. Pensé que habíamos quedado más tarde.
—No You-chan, mejor a las 6, es que emm… —los intentos por tranquilizarse no estaban siendo muy efectivos—, qui… quiero que tengamos tiempo de ver todos los puestos con tranquilidad.
—¿Si? Bueno, supongo que está bien —a You la voz de su novia le pareció bastante ansiosa y no entendía de dónde venía esto—. ¿Pasa algo Riko-chan? Te noto un poco rara —la cuestionó.
—¿Pasar algo? No no You-chan, todo está bien —respondió de inmediato casi mordiéndose la lengua para no seguir mostrando su nerviosismo—, tengo algunas cosas que hacer pero te veo por la tarde.
—Si Riko-chan, te veo en un rato más —You no se había creído mucho las palabras de su novia pero la vería en unas horas más y bien podría encontrar la causa del nerviosismo de la chica cuando la viera. Riko siempre era muy transparente para esas cosas y no le costaría trabajo dar con el clavo.
Escuchar la voz de You había puesto más nerviosa a Riko. Quería estar con ella, anhelaba tocar su cuerpo de maneras que antes no se habían permitido, dejar que las cosas fluyeran y llegar al final, pero nada de eso hacía que las cosas fueran más fáciles.
Después de dar muchas vueltas al asunto, llegó a la conclusión de que no quería hacer las cosas más raras de lo que ya eran, no pondría un "ambiente" como tal en su habitación, dejaría las cosas como siempre y trataría que todo fuera muy "natural", tan natural como el sexo debía ser.
Vistió su yukata favorita, una que llevaba sus colores preferidos, el rosa pálido que tanto amaba contrastando con el azul que le recordaba los ojos de su amada. You por otro lado también vestía su yukata aunque para sorpresa de Riko, en esta ocasión no parecía un apuesto jovencito como la mayoría de las veces. Había acomodado su cabello en pequeñas coletitas que la hacían ver terriblemente adorable y Riko casi se fue sobre ella cuando la vio parada en la puerta de su casa, estaba adorable, tanto que quería llenarla de besos en ese mismo lugar sin importarle el festival.
—You-chan, te ves… muy… hermosa —dijo Riko apenas recuperando el habla cuando soltó a You de su abrazo.
—¿Estás segura? Yo creo que me veo algo… ridícula —dijo You apenada desviando la mirada visiblemente sonrojada, sus manos jugaban nerviosas con la manga de su traje.
—No… te ves diferente, pero, diferente bien, muy guapa —aseguró Riko contemplandola con sus ojos llenos de la visión de ese ángel.
Tuvo que sacudir la cabeza para salir del hechizo o terminaría pidiéndole a You que entrarán en su casa y se olvidarán del festival. Así que se giró y cerró la puerta de la casa.
—Pues… gracias Riko-chan, yo quería verme bien para ti —lo último lo dijo en un hilo de voz avergonzada.
—¿Desde cuándo eres tan penosa You-chan? —Riko movió su mano para tomar el mentón de su novia y hacer que la mirara.
La chica estaba más que contenta de ver esta faceta de You que hasta ese momento no había podido disfrutar realmente.
—Yo... bueno… —aunque lo intentaba, You no podía mantener la mirada de Riko sobre ella, no se sentía mal, pero, ser el centro de atención estaba haciendo que se mareara.
Riko estaba disfrutando del sonrojo de You y quiso ver hasta dónde podía avanzar antes de que su novia sucumbiera. Se acercó poniendo sus labios sobre su boca y comenzó a besarla de manera lenta, quería disfrutar de los suaves y rosados labios de su novia, pero fue subiendo de intensidad hasta el punto en que sus lenguas se encontraron en un acalorado beso.
—¡Riko-chan! —reclamó You revolviéndose entre los brazos de Riko para separarse—. Tus papás… nos pueden ver.
—Oh… creo que olvidé decírtelo —respondió Riko divertida al ver lo apenada que estaba You pero sin liberar su apretado abrazo—, ellos no están, se fueron a Tokio —le dijo Riko al oído mordiendo suavemente el lóbulo de su oreja haciendo que You temblara.
Aprovechó ese titubeo y arrinconó a You contra la puerta de su casa.
—¿Eh? ¡¿Eh?! —si You había estado nerviosa hasta ese momento, ahora lo estaba probablemente el doble o el triple pero por razones diferentes, tenía a Riko sobre ella presionando su cuerpo contra la pared y una de sus manos junto a su cabeza recargándose en la puerta y con la otra sujetaba su rostro.
—Así que… será un festival muy interesante, ¿no lo crees? —la voz de Riko sonaba aterciopelada, seductora y con un toque de travesura que provocó que las piernas de You se tambalearan desde su base.
—Yo creo que… sí, será un interesante festival —atinó a decir You tragando pesado.
Intentaba liberarse pero estar entre los brazos de su amada era embriagante y a la vez alucinante, su cabeza no quería pensar con claridad y Riko estaba disfrutando el momento demasiado que no quería acabarlo. Volvió a besarla provocando que sus respiraciones se agitaran a tal grado que el calor empezó a hacerlas sudar, aún así You parecía querer más que sólo un beso.
Satisfecha con el efecto que había provocado, Riko la liberó depositando un rápido beso en su mejilla y con una gran sonrisa por haber jugado bien sus cartas.
—Es hora de irnos You-chan —dijo con un toque de malicia rompiendo el encanto bajo el cual ya tenía a You.
La cara de la chica había formado un poema épico, su mirada aún estaba perdida y parecía que le tomaba tiempo recuperar el control de su cuerpo abochornado y deseoso.
—¿You-chan? —Riko tuvo que llamarla nuevamente pues la chica seguía parada en el mismo lugar sin moverse.
—¡Va… vamos! —respondió finalmente saliendo de su estupefacción y recuperando el gobierno de su cuerpo.
La tarde sería mucho más que sólo interesante y aunque aún no sabían cómo hacer las cosas, ambas tenían la misma idea en mente. Esto era algo que ya no podían seguir postergando.
Un impulso es la tendencia que experimentamos los seres humanos al menos una vez en la vida, que implica actuar movido por alguna emoción sin dar oportunidad a la deliberación previa de la razón, y para Dia, actuar por impulso ya era algo más que una tendencia, se había convertido en su manera de hacer las cosas.
Ella que durante tanto tiempo había cuidado metódicamente todos sus movimientos, estaba consciente que hubo una primera vez que se dejó llevar por el impulso y ahora, todo se había salido de control y lo peor es que no tenía ni la menor idea de cómo recuperarlo.
Haber tomado a Hanamaru de la manera en que lo hizo, haberla lastimado de la forma tan cobarde como lo hizo, pelear con su mejor amiga, arremeter contra la exnovia de Ruby y después mentirle sobre ello, cambiar de trabajo y residencia sólo para huir de todo el caos que había formado en su vida. En algún punto de todo esto, Dia dejó de ser quien era para convertirse en un ser que no lograba reconocer.
Pensó que el tiempo en Tokio le ayudaría a aclarar su cabeza, a alejar esos sentimientos tan fuertes por su gran y prohibido amor. Sin embargo, no consiguió hacer nada de eso. Al contrario, en cada rincón de Tokio veía la sonrisa de Hanamaru, en cada lugar, no importaba a donde fuera, había algo que le recordaba a su pequeño sol, no había cómo esconderse; porque la amaba, la amaba como nunca había amado a nadie y ante esos fuertes sentimientos no existe forma de escapar, y ahora ella estaba pagando las consecuencias de tratar de huir de la fuerza imparable que era.
Fue por un mero impulso que llevaría a Ruby al festival con ella, porque detrás de todo, tenía la esperanza egoísta de ver a Hanamaru. Ese sentimiento sin sentido que le pedía al menos verla a la distancia y seguirla amando de la manera en que lo hacía. Porque ese amor no había cambiado dentro de ella, pero era todo a su alrededor lo que había cambiado por su culpa. Se había encargado de hacer pedazos el corazón de Hanamaru, lo hizo de la manera más cruel y despiadada. Aún sentía náuseas al recordar las terribles palabras que pronunció ese día. Aún podía ver el dolor reflejado en los ojos de Maru, el cuerpo derrotado de la chica tendido frente a ella y su corazón desgarrado. Desde ese día, no había noche que no soñara con esos ojos, con esa mirada, con esa voz diciéndole que no le creía todas sus palabras hirientes y ella, ella sólo arremetiendo con más ahínco contra la pequeña.
En sus sueños, en muchas ocasiones llegaba a tomar el lugar de esa Dia que estaba diciendo todas esas cosas tan terribles y trataba de sustituir su discurso. En lugar de eso, le confesaba a Hanamaru lo cobarde y ruin que había sido, las mentiras que había dicho en su estupidez y terminaba pidiendo el perdón arrodillada frente a ella. Aunque para su desgracia, nunca alcanzaba a escuchar la respuesta de la chica. Lo que con total seguridad era un castigo que su subconsciente le daba a cada oportunidad que tenía, sin embargo todo eso no era más que un sueño, o más bien una pesadilla que se repetía constantemente como una tortura a su alma.
Mientras estuvo en Tokio, su mente se mantuvo ocupada. Ruby fue de gran ayuda, pues no la dejaba ni a sol ni a sombra, lo cual fue benéfico a la hora de escapar de sus letales y agobiantes pensamientos. Lo otro que le sirvió de ayuda, fueron las entrevistas en su nueva editorial, porque ahora ya era prácticamente su nueva empleada, tan sólo esperarían al término del año escolar para que firmara el contrato en su nuevo puesto como editora en jefe.
Era uno de sus trabajos soñados, de esos que había deseado tener al terminar la universidad, pero aún así se sentía vacío. Sentía que lo había obtenido sin mérito alguno, porque claro, la razón por la cual voltearon la atención hacia ella, era precisamente por aquella historia de la cual no quería ni recordar cómo fue creada y el precio que le hizo pagar a Hanamaru por ella. Se sentía absolutamente miserable.
Llevaba una semana prácticamente encerrada en su habitación huyendo de todo recuerdo de Hanamaru, sin embargo, su mente era frágil y ahora se encontraba al borde de la completa locura. Quería verla, aunque fuera de lejos, quería oír su voz, aunque fuera en la distancia, quería… quería tantas cosas pero la principal era asegurarse de que la chica estaba bien, que había seguido con su vida y así hacerse ver que había hecho lo correcto con sus acciones, que ahora que Maru no estaba con ella, un abanico de posibilidades se abría ante la pequeña y entonces, no importaba el daño que le había causada, todo habría valido la pena por asegurar un futuro mejor para ella.
La semana fue intensa, emocionalmente, librando una batalla que terminó perdiendo cuando escuchó a uno de los sirvientes hablando sobre el festival del matsuri que se realizaría en el templo. No había forma de que Maru no estuviera en él, siendo una sacerdotisa del templo, y recordando las pláticas que habían tenido al respecto del tema, era seguro que estuviera allí. Sus ganas de verla terminaron rebasando su razón y fue entonces que maquinó la manera de ir. Se lamentó que nuevamente tuviera que usar a su hermana de excusa pero siempre había una buena justificación para ello y en esta ocasión era que Ruby estaba muy estresada y necesitaba distraerse antes de volver a la escuela. Viles excusas, lo sabía.
No pretendía hablar con Maru, ni siquiera acercarse a ella, le bastaba con observarla a la distancia sin que ella se percatara de su presencia, sólo quería asegurarse de que estaba bien, o eso se decía. Viles mentiras, se repetía.
El mejor lugar para acercarse a Hanamaru sin ser vista era en el Matsuri, en donde podría esconderse detrás de los muchos visitantes que se daban cita ese día y de esa manera no levantaría sospechas, incluso si se la topaba de frente.
Ya había considerado llevar a Ruby para que la chica también tuviera un rato de diversión. Naturalmente, cuando se lo dijo, Ruby se emocionó ante la perspectiva de una tarde divertida con su hermana antes de volver a la rutina escolar. Pero en su interior Dia se sentía sucia por utilizar a su pequeña hermana de esa forma. Realmente se había convertido en una persona despreciable para sí misma y probablemente si Ruby supiera todo lo que había hecho, se sentiría de la misma manera.
La mañana del Matsuri llegó y los nervios y la tensión la hicieron despertar desde muy temprano. Se encargó de preparar el yukata para ella y para Ruby. Estar ocupada hacía que el tiempo pasara mucho más rápido y de esa manera no se sintiera como una adolescente con el corazón desbocado, aunque fue en vano.
Conforme los minutos pasaban, la expectativa de ver nuevamente a Maru, después de casi un mes, hacía que su corazón latiera demasiado a prisa, tanto que se creyó mareada. El día no iba a ser tan fácil como lo había pensado pero no podía, no quería, renunciar a ver a Hanamaru aunque fuera de esa mañosa y sucia manera.
Ruby por su lado, estaba tranquila. Durante todo ese mes se dió a la tarea de asimilar lo que le había tocado vivir con Chika, los sucesos que habían desencadenado su ruptura y sobretodo, había reflexionado sobre su futuro. El saber que dentro de poco tiempo ya no sería parte de los estudiantes de Uchiura le hacía sentirse apartada y distante de los demás, pero no era un sentimiento incómodo, al contrario, le gustaba pensar que esa separación era lo que le ayudaría a sanar su corazón y eso de alguna manera era reconfortante dentro de todo ese mar de angustia.
Tenía ganas de volver a la escuela y ver a sus amigas nuevamente para poder despedirse de ellas, de renunciar al consejo estudiantil y, siendo egoísta por primera vez en su vida, dedicarse a ella y a lo que la haría feliz. Que ya no estaría en esa ciudad, estaría a muchos kilómetros de distancia y no podía seguir esperando a iniciar su nueva vida.
Durante su estancia en Tokio notó que su hermana evadía con astucia el tema de Hanamaru cada vez que quería hablar de algo relacionado con la chica. Ruby le quería ayudar, pero era muy complicado hacerlo si ni por un segundo Dia quiso compartirle algo de información respecto a lo que les había pasado. Se sentía mal con Kanan porque prometió ayudar a su hermana pero poco había podido hacer a pesar de todo el tiempo que pasaron juntas. Al menos esperaba que Maru estuviera mejor ahora que el tiempo había pasado y sus sentimientos se hubieran ordenado. Supo por los mensajes que se enviaron, que Yoshiko había pasado todo el verano con ella, cosa que prefirió no compartir con su hermana para evitar alterarla pues ya sabía que eso pasaría si se enteraba.
Se vistió con su yukata, uno que iba a juego con el de Dia, al fin y al cabo Kurosawas, y esperó con paciencia en su habitación a que su hermana estuviera lista y fuera a buscarla.
—¡Ruby-chan! —la llamó Dia al otro lado de la puerta, desde el pasillo—. Es hora de irnos.
—Estoy lista en un segundo onee-chan —Ruby fue hasta la puerta y salió de su habitación abrazando a Dia fuertemente por la cintura—. Estoy emocionada, tiene mucho tiempo que no me llevabas a un festival.
El gesto de Ruby tomó por sorpresa a Dia pero de inmediato correspondió a su abrazo y depositó un beso en la coronilla de la pequeña. Eran esos pequeños momentos los que apreciaba de su relación de hermanas.
—Yo también estoy emocionada —confesó Dia con serenidad, dándole a Ruby una sonrisa tranquila y feliz, tanto como el recuerdo de Hanamaru se lo permitía—. Será nuestro último festival de verano como residentes en Uchiura, así que será mejor que lo disfrutemos mucho y hagamos recuerdos hermosos antes de irnos.
—¡Vamos! —insistió Mari jalando a Kanan hacia la puerta aún en contra de su voluntad.
—No podemos ir Mari, tengo mucho trabajo rezagado, bueno mejor dicho, tenemos mucho trabajo rezagado —hizo la aclaración señalando las pilas de papeles que tenían sobre la mesa resistiéndose a la rubia.
—Trabajo que bien podemos hacer mañana, no se va a ir a ningún lado —respondió Mari ya algo molesta por la necedad de Kanan—. No es como que el dueño realmente lo vaya a necesitar todo hecho mañana —la picó.
—Mañana inician las clases y con todas las cosas que tenemos que hacer con el equipo apenas y nos daremos abasto —explicó Kanan sin ceder ante el berrinche de Mari ni sus palabras. Se sacó su agarre y puso distancia entre ellas.
—Pero Kanan, precisamente por eso debemos ir —Mari cambió la estrategia y se acercó de nuevo hasta donde estaba Kanan poniéndose a sus espaldas y usando sus encantos para sonsacarla—. Con todas las cosas que han pasado, creo que necesitas relajarte, mira nada más cómo estás de tensa —empezó a masajear sus hombros con lascivia.
La reticencia de Kanan comenzó a flaquear con la sensación de los dedos de Mari sobre su cuerpo. Era algo demasiado agradable como para ignorar, se repitió que aún así no podía ceder, no debía…
—No me vas a convencer con esa treta sucia —susurró Kanan tratando de sonar severa pero su voz delataba su poca voluntad a sus palabras. Un ligero gemido terminó por traicionarla y salir a último minuto debido al buen trabajo que Mari estaba realizando derribando su falsa fortaleza.
—¿Segura que no? —le dijo sugerente la rubia en tono suave, directamente sobre su oído, finalizando con una mordida en su lóbulo dejando que sus dientes se arrastrasen ligeramente por la piel sensible y enrojecida—. Yo pienso que necesitas relajarte, lo puedo sentir justo… aquí —concluyó deslizando sus manos con astucia y velocidad desde sus hombros hasta la espalda y masajeando sus pechos antes de que Kanan pudiera impedírselo.
—¡Ma… Ma… Mari! ¡¿Qué haces?! ¡Suelta suelta! —intentó liberarse desesperada pero Mari la abrazaba con la suficiente fuerza para no permitírselo.
—Lo haré hasta que me lleves al festival —amenazó la rubia con total severidad aún forcejeando sin dejar que Kanan se escapase.
—No… ya… ya te dije que tenemos cosas que hacer —Kanan se revolvía entre los brazos de Mari pero no podía evitar que las reacciones de su cuerpo la traicionaran, realmente no estaba haciendo mucho para quitarse a la rubia de encima.
—Veo que alguien está emocionada con su masaje —dijo Mari divertida al notar ciertas protuberancias que se estaban irguiendo bajo su tacto—. Tal vez tienes razón y sólo deberíamos quedarnos en casa —apretó los pezones—, podrías hacer otras cosas más interesantes...
—¡Ya… basta! —pidió Kanan prácticamente como una súplica casi sin fuerzas.
—Si nos quedamos en casa, prometo hacer esto mucho más placentero —Mari dió un fuerte apretón a sus senos que hizo que Kanan chillara de una mezcla de dolor y placer.
—¡Está bien! —gritó a todo pulmón—. Vamos al festival —se rindió Kanan.
Mari aflojó su agarre con una sonrisa triunfante y depositó un beso en la mejilla de Kanan, que tenía una cara de enfado, antes de soltarla por completo.
—Eres muy fácil de convencer darling~ —dijo Mari ante una frustrada Kanan que gruñó mientras se acomodaba la ropa y la dignidad mancillada.
—Y tu juegas muy sucio —reclamó airada, podía percibir la molesta sensación de su zona íntima y su ropa interior, aunque esto no podía decírselo a la rubia porque sería demasiado vergonzoso.
—Entonces… ¿ya nos podemos ir? —Mari le guiño un ojo inocente, ya estaba más que lista para salir, aquel gesto hizo sentir a Kanan que la rubia la sabía manipular demasiado bien.
—Algún día… algún día me vengaré de esto —dijo Kanan antes de ser arrastrada hasta la puerta por Mari apenas dándole tiempo a coger las llaves.
—La venganza no nos lleva a ningún lado sensei, es mejor hacer el amor que la guerra, ¿no lo cree? —dijo esto último de manera tan sensual, que poco pudo rebatir Kanan con su cara enrojecida.
—Hacer el amor dices —Kanan bufó queriendo sonar sarcástica pero salió más como un suspiro—. Eso…
Mari lo había dicho sin doble intención realmente pero cuando lograron procesarlo, terminaron sonrojándose ambas y evitaron hacer algún comentario extra que se pudiera malinterpretar.
Hablar de amor entre ellas era complicado y preferían evitarlo lo más que pudieran. No porque no lo sintieran, era más bien por todas las implicaciones que éste sentimiento tenía en una situación tan delicada como la que se encontraban.
—¿Nos vamos? —fue el turno de Kanan de insistir pues ahora era Mari la que se había quedado sin palabras.
—Yes! —exclamó Mari saliendo de su pequeño lapsus—. Vamos —concluyó tratando de dejar el asunto de lado.
Era mejor ignorarlo a ahondar en esos terrenos inestables donde no podían pisar sin el peligro de salir lastimadas aunque ninguna de las dos lo quisiera.
—¡Chika, si no te vas ahora, cuando llegues ya no habrá a quien repartir volantes! — se escuchó el grito de Mito desde la recepción del ryokan.
—¡Ya te dije que ya voy! —respondió una voz de mala gana con otro grito desde el pasilla que daba a las escaleras para subir al primer piso.
Chika bajó las escaleras casi siendo arrastrada por su hermana, si había algo que odiaba del verano, era tener que trabajar en el ryokan, aunque eso no se comparaba a cuando le tocaba entregar publicidad a los visitantes en lugar de estar disfrutando el bonito festival.
—No sé porqué siempre me toca hacer esto a mí, deberías de hacerlo tú de vez en cuando —replicó Chika molesta a su hermana de quién tomó los panfletos arrebatándolos de las manos con un gesto agresivo y los acomodó en su bolso.
—Ya te lo dije Chika, Shima es la gerente general, ella se encarga de las provisiones, yo soy la ejecutiva en jefe del ryokan y tú eres la jefa de publicidad, entonces tu trabajo es… —se calló para hacer que Chika respondiera completando su oración.
—Traer más gente al Ryokan —replicó en tono monótono—. Esos puestos ni siquiera son reales —se quejó mirándola con desprecio—. Para el próximo festival, tú irás a entregar publicidad y yo me quedaré a cuidar el ryokan.
—Suerte con eso —dijo Mito divertida de molestar a su hermana con grandes carcajadas—. Ya deja de pelear y haz tu trabajo, anda…
—Ya voy, ya voy… —bufó Chika siendo empujada por Mito hacia la salida.
Cada año, el ryokan aprovechaba el flujo de visitantes, en su mayoría provenientes de las ciudades vecinas, que se daban cita para asistir el matsuri, pues era entonces cuando se registraba el mayor número de huéspedes en el modesto ryokan, lo que nunca estaba de más en el negocio y que servía para desahogar algunos gastos con esa entrada de efectivo.
Chika era la responsable de entregar la publicidad y promocionar entre los asistentes a los eventos, pero en su estado de ánimo actual, pocas ganas tenía de estar rodeada de muchas personas y mucho menos de estar fingiendo una sonrisa para atraer clientes y hablarles. Aún así tenía que hacerlo, al menos no iba sola.
Su compañera de trabajo siempre era su leal amiga Shiitake. Al ser una perrita tan grande y adorable, se le hacía más fácil llamar la atención de la gente y de esa manera engancharlos con la información del ryokan, que además de todo era pet friendly, esa estrategia nunca fallaba.
Al llegar al festival se encontró que todo estaba lleno de gente, personas que pasaban de un lado al otro, comiendo y disfrutando de todos los puestos que estaban distribuidos a lo largo de la amplia plazoleta. Tan atiborrado que no podía andar con libertad por ningún lado, era casi imposible abrirse paso.
—No lo repetiré Shiitake, pero creo que en esta ocasión Mito-nee tenía la razón, debí haber venido más temprano y así ya hubiera terminado este trabajo —se lamentó molesta por su propia tardanza, aunque al final pensó que no sería tan malo, quizás podría terminar pronto con tanta gente allí.
Tan distraída como era y con tanto ajetreo por el lugar donde se encontraba, empezó a caminar entre el río de personas hablando con todo aquel que se cruzara en su camino para invitarlo a hospedarse en el ryokan. Sin darse real cuenta, aflojó el agarre que tenía en la correa y la terminó soltando cuando su fiel amiga se echó a correr entre el montón de gente.
—¡Shiii-ta-ke! —corrió tras ella tratando de alcanzarla sin perder la pista y aunque la llamó, el animal no le hizo caso. La perra era tan grande que iba quitando a todo el mundo del paso y eso la dejaba pasar entre los demás con cierta libertad. Chika se iba disculpando con los desplazados por Shiitake pero no era fácil al ver todo el relajo que su amiga había armado.
Más de una comida había caído al suelo, algunas chicas habían gritado por la sorpresa del enorme perro corriendo sin dueño e incluso algunos ancianos le regañaron por su descuido. Las disculpas no eran suficientes para hacerse cargo de todo. Al final, luego de la persecución, pudo ver qué Shiikate se había detenido. La perra estaba prácticamente sobre un pequeño cuerpo y un sudor frío le recorrió la espalda pensando en cómo saldría de esta y si la persona accidentada estaría bien. Al acercarse se dió cuenta de quién se trataba por la cabellera que reconoció de inmediato.
—¡Shiitake-chan, a mi también me da gusto verte! —chillaba la chica bajo el inmenso animal tratando de contener los lengüetazos sobre su rostro.
—¡Ruby-chan, quítalo de encima! ¡Estamos haciendo una escena! —reclamó una mujer de cabellera oscura que trataba de ayudar a la pequeña y que Chika también reconoció para su desfortuna, eran las hermanas Kurosawa.
—Es una perrita juguetona, onee-chan, no le hace daño a nadie, pero espera que estoy tratando de calmarla para poder quitarmela de encima —justificó Ruby la conducta del animal que comenzó a ladrar contento de haberla encontrado.
—¡¿Quién puede ser tan tonta para traer a un animal tan enorme a un festival?! ¡Esto es inaudito! —se quejó la Kurosawa mayor queriendo do jalar a Shiitake pero la perra no le permitió acercarse pues le ladró y Dia tuvo que retroceder.
De todas las personas a las que Shiitake pudo importunar, Chika no podía creer que eso le estaba pasando. Ahí frente a ella estaba su exnovia y para empeorar la situación, no estaba sola, su horrible y abusadora hermana mayor estaba con ella, quien dicho sea de paso, era también su profesora más odiada en la preparatoria. Definitivamente no era su día de suerte y no podía solo quedarse viendo en la distancia.
—¡Shiitake! Deja a Ruby en paz —Chika se acercó al lugar tratando de jalar a la perra que estaba sobre la pequeña Kurosawa aún lamiendola.
—¡¿Es tu perro Takami-san?! —preguntó Dia indignada y alterada—. ¡¿Que esperas?! ¡Quita a ese monstruo de encima de mi hermana!
La exigencia autoritaria de Dia ya estaba siendo atendida por Chika, pero era complicado controlar a Shiitake siendo tan grande.
—Shii-ta-ke… sueltala… —peleaba Chika con el animal tratando de jalarlo, pero este se resistía con fuerza hasta que Ruby poco a poco le ayudó a controlarlo, más que nada porque Ruby le acarició las orejas haciéndola dócil.
Chika logró apartar finalmente a Shiitake y le colocó nuevamente la correa de la que había logrado zafarse mientras Dia ayudaba a Ruby a incorporarse del suelo y limpiarse de los pelos y la suciedad.
—Ruby-chan, lo siento mucho, no sé cómo fue que se soltó Shiitake de mí agarre, cuando me di cuenta ya se había lanzado lejos corriendo, aunque supongo que debió percibir tu presencia y se emocionó tanto que por eso fue a buscarte. En verdad, lo siento mucho —Chika hizo una reverencia profunda, que si bien era para que Dia no se ensañara demasiado con ella, también era porque realmente lamentaba que Ruby tuviera que verla después de todo lo que paso, podía sentir la herida pulsando de dolor ahora que miraba a su exnovia.
—Eres una inconsciente Takami-san, ¡Pudiste haber causada un accidente con ese animal tan… tan desobediente y atrabancado que tienes! ¡Es justo igual a ti! —Dia se había puesto delante de Ruby y sin dilación empezó a atacar a Chika sin darle un respiro. Ya se esperaba algo así pero era bastante humillante que lo hiciera delante de Ruby.
—Lo siento mucho Kurosawa-sensei, nosotras estábamos trabajando y Shiitake se emocionó tanto por querer ver a Ruby-chan que salió corriendo sin control, ella realmente es muy dócil y tranquila todo el tiempo —mantuvo la mirada en el suelo sin levantar la cabeza, pues sabía que merecía el reproche aunque no quisiera oírlo.
—Es verdad Onee-chan, Shiitake-chan es una perrita muy linda todo el tiempo y está encariñada conmigo —Ruby dijo tratando de callar a su hermana y justificar al animalito que no tenía culpa de nada. La chica se acercó a acariciar la cabeza de la perra que meneó la cola gustosa al recibir el contacto.
—Aún así… los animales son peligrosos y no deberían estar en un festival tan grande donde fácilmente se pueden poner nerviosos y lastimar a alguien si se asustan —rebatió Dia visiblemente molesta aunque ya con menos intensidad por tratarse de su hermana.
—Lo siento mucho Kurosawa-sensei —Chika se inclinó nuevamente disculpándose para que no riñera a Ruby pues no era su culpa—. No volverá a pasar.
—Eso espero Takami-san, no quisiera presenciar una escena así nuevamente —la miró con desaprobación.
—No lo hará —aseguró Chika apenada—. Tendré más cuidado.
Dia evaluó por unos segundos si seguir arremetiendo o no contra la chica pero estando su hermana allí, no quería que tuviera una impresión equivocada. Simplemente lo mantendría como que era muy severa por la falta que acababa de cometer Chika.
—Bien, es hora de irnos —Dia jaló a Ruby discretamente del brazo para guiar el camino e irse ya—. Procura mantener a tu perro bajo control —agregó antes de comenzar a caminar.
—¡Espere! —gritó en un impulso que no supo definir, aunque realmente no tenía tiempo para reflexionar sobre ello cuando ya había pronunciado la palabra.
Las dos Kurosawas se voltearon a verla extrañadas y la timidez y la vergüenza se apoderaron de Chika, un nudo en la garganta le impidió hablar de inicio, pero se obligó a hacerlo. Recordó las cartas que encontró en el salón del consejo estudiantil y con eso obtuvo lo que necesitaba para que las palabras comenzarán a fluir.
—Ru… Ruby-chan… podría… ¿Podrías concederme un momento? Necesito hablar contigo de algo… —pronunció haciendo uso de todo su valor, Chika no quiso perder la oportunidad que tanto había estado esperando para hablar con Ruby y poder aclarar de una vez lo que estaba pasando con su posible renuncia al consejo estudiantil.
—No es el momento Takami-san —se apresuró a responder Dia interponiéndose entre las dos—. Después de la terrible escena que acabas de montar, ¿todavía quieres importunar más a Ruby? ¿Es qué no has aprendido nada sobre el respeto a las demás personas? —espetó molesta y queriendo con urgencia ahuyentar a la chica que no dió un paso atrás.
—Lo siento Kurosawa-sensei, sé que no es el mejor momento pero necesito hablar con Ruby de algo importante —recalcó Chika plantandole cara, aunque su cuerpo temblaba no iba a ceder.
Su último enfrentamiento con Dia le dió el valor para sostener sus palabras, aún si sus piernas apenas la pudieran sostener, sus manos sudaran en extremo y su voz sonara entrecortada, ella no iba a dar un paso atrás.
—Ruby está muy ocupada ahora para hablar contigo Takami-san —sin embargo Dia tampoco iba a ceder.
—Onee-chan… —la interrumpió Ruby viendo el enfrentamiento entre las dos—. Creo que... me gustaría hablar con Chika.
—¿Qué tu qué? —Dia toda estupefacta dirigió su atención a su hermana dejando a Chika de la misma forma, Ruby había aceptado hablar con ella.
—Que me gustaría hablar con Chika-chan —recalcó Ruby ganando seguridad, miró directamente a los ojos de su hermana Dia para hacerle entender que ese era su deseo y no deseaba una discusión en ese momento.
—Pero Ruby… —aún así Dia no lo iba a permitir.
—Por favor Onee-chan —insistió—. Estaré bien, todo estará bien, solo escucharé lo que tenga que decir y volveré contigo.
Ambas Kurosawa se vieron a los ojos dejando que fuera la intensidad de su mirada la que dijera todo. Chika estaba impresionada con ese diálogo silencioso, más bien batalla sin palabras, en la que Ruby luchaba por su petición.
—Bien —dijo Día finalmente después de tomarse un momento para considerarlo y rompiendo el contacto visual—. Si eso es lo que quieres, está bien —frunció el ceño mirando a Chika con odio por encima del hombro.
—Y no se vale espiarnos —agregó Ruby al ver la actitud hosca de su hermana y el hecho de que seguramente haría algo así—. Estaremos bien, solo tomara unos minutos.
Dia viró los ojos en desacuerdo, pero no sé seguiría oponiendo si Ruby se mostraba tan firme.
—Iré a buscar un lugar para ver los fuegos artificiales —informó molesta y además agregó—. No es como si pensara quedarme alrededor para escucharlas o algo así —concluyó de mala gana indignada.
Irritada como estaba y a regañadientes por la petición de su hermana, a Dia no le quedó más remedio que abandonar el lugar para darles la privacidad que Ruby le solicitó. Este tipo de cosas eran las que le recordaban a Dia lo que todo el mundo le había dicho con anterioridad, Ruby había madurado mucho y tenía que empezar a aceptarlo aunque no le gustara.
La vieron marchar y Chika y Ruby se quedaron a solas con Shiitake, relativamente a solas, porque aún estaban las personas que habían asistido al festival alrededor de ellas. Ruby caminó hacia un costado donde había menos personas y Shiitake la siguió llevando a remolque a Chika que aún no podía reaccionar. Cuando al fin lo hizo, luego del pequeño silencio entre las dos, tosió levemente para llamar su atención.
—Es bueno verte —dijo Chika acercándose donde Ruby acariciaba las orejas de la perra—. Shiitake también está contenta de verte.
La perra estaba tan feliz de ver a Ruby que no dejaba de pasearse frente a ella para ganarse esas caricias que la chica le daba gustosa. Chika se sintió un poco celosa.
—Y… ¿de qué querías hablar? —preguntó Ruby finalmente al ver que Chika no decía más y de nuevo el silencio se había hecho presente.
Ver a su exnovia no estaba dentro de los planes de la pequeña Kurosawa y mucho menos lo era hablar con ella. Hubiera preferido no tener que hacerlo más o por lo menos hacerlo lo menos posible. Cuando la escuchaba, sentía un dolor en su pecho que se acrecentaba sin querer menguar a pesar del tiempo que había pasado sin verla. Era mucho más fácil evadir esos sentimientos que tener que enfrentarlos.
—Ah sí… —dudó Chika sintiendo sus dedos pegajosos contra la correa de Shiitake—. Supe que fuiste a Tokio —se rascó la cabeza para apartar esa sensación en una de sus manos, no sabía cómo romper el hielo con Ruby.
La situación se sentía muy tensa, incómoda. Los ojos verdes de Ruby parecían inquietos y a punto de llorar mientras la trataba de ignorar. La culpa de hizo presente en el pecho de Chika.
—Si, fui con onee-chan —explicó Ruby escuetamente sin despegar su atención del can que parecía estar disfrutando mucho más que ella el fortuito encuentro.
De nuevo el silencio se hizo presente y la tensión estaba en un punto rígido que estaba lastimando, así que tuvo que ser ella quien animara a Chika a ir al meollo del asunto.
—Y bien… ¿de qué querías que hablaramos? —preguntó Ruby dirigiendo su atención a Chika, quien ahora desvío la mirada incapaz de sostener en sus ojos los de Ruby.
—Oh… sí, eso —rió nerviosa mordiéndose la mejilla por dentro de la boca—. Quería preguntarte algo —cambió su tono de voz nervioso a uno más seguro para denotar su preocupación y el que iba en serio con sus palabras, dejó que el escozor de la herida por las cartas se hiciera cargo—. El día que fui a atender el asunto del equipo de natación, mientras buscaba los formatos en el cajón de tu escritorio encontré unas cartas… bueno, ya se que no debí verlas, pero… lo siento, la curiosidad pudo más que yo y terminé leyendolas —bajó la cabeza como disculpa pero se mantuvo firme—. Y, esas cartas, son… son tu renuncia al consejo. Yo quería saber si… —su voluntad titubeó un poco al ver que los ojos verdes de Ruby la fulminaba con la mirada—. ¡¿Realmente vas a renunciar al consejo estudiantil?! —escupió eso último con enojo.
—Sí, lo haré —respondió Ruby con tranquilidad, recobrando la compostura, no había un atisbo de molestia en su cara o alguna emoción, se había puesto una máscara de hielo al más puro estilo Kurosawa.
—Pero Ruby-chan, ¿por qué harás algo así? —Chika reaccionó casi queriendo arrancarse los cabellos—. Tú amas el consejo, querías ser presidenta del consejo estudiantil para aportar algo a la escuela, para cambiar las cosas y lo estás haciendo, lo has hecho muy bien, no tienes porque dejar el consejo ahora —exclamó apasionada, siendo el opuesto a lo que Ruby estaba interpretando—. Si esto es por lo que pasó entre nosotras, yo soy la que debe abandonar el consejo, no tú —argumentó finalmente tratando de hacer entrar a Ruby en razón.
—No renuncio al consejo estudiantil porque no quiera estar contigo ahí, la razón por la que lo hago es porque me voy a transferir de escuela al término del ciclo escolar —la cara de Chika no pudo evitar mostrar la sorpresa que la información le causaba, además del dolor por la estocada que se estaba enterrando en su corazón.
—Pero… ¿de qué estás hablando Ruby? ¿Te irás de Uranohoshi? Pero… ¿por qué lo harás? ¡Yo estoy a punto de terminar la preparatoria! Sé que te hice mucho daño pero no tienes que irte, en unos meses más no tendrás que verme de nuevo, podrás estar tranquila en la escuela haciendo lo que más te gusta —aquello sonó desesperado pero Chika no podía comprender las razones de Ruby—. Yo no estaré y tú podrás estar bien.
—No has cambiado mucho —respondió Ruby con amargura, sus ojos decidieron ver más allá de Chika, su corazón se sentía desgarrado pero lo ocultaba lo mejor que podía—. Esto no es por ti Chika-chan, no eres el centro de mi vida ni de nada. Me iré a Tokio con mi hermana, iré a la preparatoria de mis sueños y después de eso dudo mucho volver a poner un pie en Uchiura, y no es por ti que lo hago —aclaro con la voz serena y fría que heló la sangre de Chika—. Esto lo hago por mí, lo hago porque quiero ser feliz y aquí no puedo serlo, así que, puedes estar con la conciencia tranquila, me voy para estar mejor pero no me voy por alejarme de ti.
—No puedo aceptar eso y mucho menos creer que hablas en serio —Chika negó con la cabeza incrédula por lo que estaba escuchando.
—Puedes o no aceptarlo, o creerlo, no me importa —el desdén en su voz fue un golpe muy profundo del que no se pudo reponer—. Me iré y no hay nada que me detenga de hacerlo. Adiós Takami-san.
Dicho eso último y dejando a Chika sin palabras ni cara para responder, Ruby dio un abrazo a Shiitake antes de retirarse e ir en busca de su hermana. Evitó por todos los medios ver hacia atrás o llorar mientras Chika estuviera cerca, se sentía rota y destrozada por dentro, pero aún así no podía dar marcha atrás.
Chika, por su lado, se quedó allí, inmóvil, aún procesando en su cabeza lo que acababa de suceder. La chica sintió un escalofrío recorriendo desde la nuca hasta su espalda, y fue entonces que las palabras de Riko la golpearon con fuerza, como un puñetazo de realidad. Ella había perdido a Ruby, no la tendría más, ni siquiera tendría la oportunidad de hacer algo, de luchar por ella, aunque aún no sabía si eso era lo que quería realmente. Su cabeza dolía, su corazón también y no entendía nada, solo que la pequeña Kurosawa había decidido seguir su camino y por supuesto, ella no estaba en sus planes. Ni siquiera las cachetadas que le dió Riko cuando trató de besarla, ni sus duras palabras, le dolieron más que lo que Ruby le había dicho, ella se iba, se iba para ser feliz, cosa que Chika nunca pudo darle.
Dia dejó a Ruby y a Chika a solas, aun iba molesta por lo que había dicho su hermana, pero su molestia fue rápidamente reemplazada por ansiedad y algo de miedo cuando llegó a los pies de las escaleras del templo en donde seguramente podría encontrar a Hanamaru. Sin darse cuenta, o quizás sí pero decidió ignorarlo, había llegado hasta allí.
Se decidió a subir las escaleras más guiada por el impulso imperante de ver a la protagonista de sus sueños que por otra cosa. Pronto se dió cuenta de que era un error en cuanto escuchó, por sobre todas las voces de las personas a su alrededor, esa risa que amaba con todo su corazón, era la risa de Hanamaru que podría reconocer en cualquier lugar. Se escuchaba feliz, como lo recordaba.
Sintió verdadero pánico recorrer su cuerpo cuando fue consciente de las cosas, pues aunque no quería encontrarsela de frente tampoco es que hubieran muchos lugares para esconderse. Afortunadamente para ella, un numeroso grupo de personas iba subiendo las escaleras a la par, y pudo esconderse o al menos tratar de hacerlo, entre ellas. El sonido de la risa de su princesa se escuchaba como el canto de una sirena e irremediablemente estaba yendo hacia ella.
Hanamaru pasó muy cerca de donde estaba, y cielos, ella se veía hermosa. El corazón de Dia saltó de emoción al ver a la chica vestida con su traje de sacerdotisa. Iba con su cabello amarrado en una trenza alta y llevaba puestos sus lentes, seguramente más por descuido que por otra cosa. Dia se sentía tan feliz de verla, como si estuviera caminando hacia la entrada del paraíso, que sintió que su alma caía sin remedio en el inframundo cuando vió que el motivo de la risa alegre de Hanamaru iba caminando a su lado. Tsushima Yoshiko, vestida de la misma forma que Hanamaru estaba con ella, las dos juntas en complicidad. Tsushima parecía contarle algo que era demasiado gracioso y provocaba que Hanamaru se riera, pero de una forma que no había visto antes, de un modo diferente a cuando se reía con ella. Dia incluso se preguntó si realmente Hanamaru se había sentido así cuando estuvieron juntas. Un dolor aguijoneante se clavó en su pecho haciéndolo sangrar.
En ese momento, decidió que no quería irse sin saber qué es lo que estaba pasando entre ellas, porque era obvio que algo estaba pasando y, aunque sabía que no tenía derecho alguno a sentir celos por la vida de Hanamaru, no podía dejarlo pasar. Al verla tan… sonriente, su corazón herido le exigía saber cuál era la causa de la felicidad de la chica. No es que esperara verla sufrir, pero era un golpe verla así, como si lo suyo jamás hubiera sucedido.
—¡Tengo hambre zura~! —se quejó Maru al escuchar el ruido de su estómago.
—¿Hambre? Pero si comimos hace un par de horas Zuramaru —replicó Yoshiko entre molesta y asombrada de la capacidad de comer de la chica—. Tenemos que ir a que encontremos un lugar cerca del lago antes de que todo esté lleno. Quiero que tengamos la mejor vista del espectáculo y no hay tiempo que perder, pues ya vamos tarde.
—¡Pero yo quiero comer zura~! —hizo un puchero en su berrinche—. Ver a tanta gente comiendo cosas deliciosas ya me abrió el apetito —replicó Maru jalando a Yoshiko hacia los puestos de comida, del lado contrario del lago.
—¿Es qué acaso no tienes llenadera? —alzó las cejas sabiendo la respuesta—. El Hades es apenas un pequeño agujerito del demonio comparado con tu apetito.
—¡Eres una tonta Yoshiko-chan! —la risa no se hizo esperar, así como un pequeño golpe sobre el brazo escuálido de Yoshiko—. Soy una adolescente que está en crecimiento zura~, debo alimentarme bien.
—¡Yo-ha-ne! —le corrigió con voz chillante.
Tanto Yoshiko como Hanamaru iban tan entretenidas en su discusión, que ninguna de las dos notó que Dia iba tras ellas a cierta distancia, escondida como si de un ninja se tratara, aunque no podía escuchar con claridad su conversación.
—Bien Zuramaru, dime, ¿qué es lo que quieres comer? De esa manera sólo vamos a ese puesto y no perdemos tiempo y podemos ir al lago —propuso Yoshiko tratando de no sonrojarse pues Maru la había tomado de la mano entrelazando sus dedos y la llevaba a remolque sin soltarla desde que salieron del templo.
—¡No zura~, no me limites! —se detuvo de golpe volteando a verla con su carita enojada y Yoshiko se murió de ternura—. He visto muchas cosas deliciosas y quiero comer de todo. ¡Esto es parte de la experiencia del matsuri! —se emocionó— . Nunca puedo comer estas delicias y ahora es el momento de hacerlo —emprendió el camino nuevamente sin soltar a Yoshiko de la mano—. Además, si es una cita, entonces la comida es obligatoria —soltó ese último comentario sin pensarlo pero el efecto en Yoshiko fue instantáneo, empezó a caminar a su lado sin rechistar como si hubiera sido la palabra mágica para quitar su reticencia.
—Si… si lo pones así… creo que… tienes algo de razón —balbuceó tomando la delantera para ser ella la que llevara a Hanamaru ahora, eso hizo reír a la chica, le gustaba ese modo lerdo de Yoshiko.
Juntas, tomadas de la mano, recorrieron cada puesto de comida que encontraron. Para Yoshiko, la comida no era particularmente importante, pero cuando estaba con Maru, aún las cosas más simples, tenían un sabor mucho más delicioso.
Compraron yakisoba, yakitoris, pan de noppo en cantidades industriales, tanto que Maru había sacado una bolsa de algún lugar para llenarla de pan. También compraron dulces de muchos sabores, menos de mikan porque era el único que no toleraba y aún así, estaba segura que si Maru se lo ofrecía, no podría negarse a comerlo.
—¡Estuvo delicioso! —una emocionada y contenta Maru exclamó aún con la boca manchada de helado.
Habían caminado hasta sentarse en una de las bancas que encontraron desocupadas para poder descansar un poco. Los zapatos de su traje de sacerdotisa podían ser muy cansados después de un rato.
—Si, muy delicioso —estuvo de acuerdo Yoshiko sentándose junto a ella.
Al ver a Maru notó que la chica se había manchado la nariz con el helado sin darse cuenta y no pudo evitar acercarse a limpiarla. Lo hizo sin pensarlo pero se dió cuenta que fue un error cuando vio los ojos de Maru tan cerca de los suyos. Su cara se pintó de rosa con la cercanía pero intento disimularlo.
—Déjame limpiarte —le dijo desviando la mirada y queriendo sonar irritada—. Parece que comiste con la nariz —se quejó pasando la servilleta para quitar la pegajosa mancha.
—Gracias Yohane-sama —Maru sonrió divertida al ver el sonrojo en la cara de su amiga—. ¿Crees que aún estemos a tiempo de esos fuegos artificiales? —la miró de una forma que hizo que Yoshiko tragara saliva nerviosa.
—¡Por supuesto que lo estamos! —se puso de pie y con renovadas energías jaló a Maru para dirigirse al lugar prometido.
Era lindo para Hanamaru ver a Yoshiko comportarse así. Eso despertaba en ella un sentimiento extraño que le gustaba y que quería seguir disfrutando, aún a costa de la salud de Yoshiko que parecía al borde de un ataque cardíaco cada vez que hacía una de sus travesuras sobre la pobre chica.
Yoshiko ya había pensado a donde ir, de hecho, en días anteriores estuvo recorriendo la orilla del lago para poder encontrar el mejor asiento para presenciar los fuegos artificiales con la mejor vista. Confiaba que no estuviera muy lleno de gente aún, a pesar de que ya era algo tarde.
Para su suerte, encontraron un sitio libre que si bien no era donde originalmente quería, no estaba tan mal. Yoshiko acomodó una sábana en el suelo y ayudó a Maru a acomodar el resto de la comida que traía en las manos. Estaban a tiempo para disfrutar del espectáculo.
—¿No crees que es mucha comida la que traemos Zuramaru? —pregunto Yohane al ver que casi toda la superficie de la sábana estaba ocupada por los múltiples alimentos, todos ellos prácticamente alrededor de Hanamaru que ya estaba sentada en su lugar.
—Para nada zura~. Es necesario traer botana para este tipo de eventos —respondió la chica emocionada devorando un plato de takoyaki.
—Si, pero apenas y dejaste lugar para que nos sentemos —se quejó al ver el pequeño cuadrito en donde tendría que sentarse.
—Claro que no zura~ —Maru hizo a un lado su takoyaki y palmeo el sitio a su lado—. Mira, aquí hay suficiente espacio —no le dió tiempo de reaccionar cuando la chica jaló con fuerza la ropa de Yoshiko haciendo que ésta trastabillara y finalmente perdiera el equilibrio cayendo al suelo.
—¡Zuramaru! —gritó cerrando los ojos esperando el dolor causado por el golpe pero este nunca llego, al contrario, una superficie suave la recibió contra su cara.
Había caído justo sobre los pechos grandes de Hanamaru. Su cara se hizo un poema y el pervertido que llevaba dentro murió desangrado de la nariz.
—¡Zura! Ya van a empezar Yo-chan, acomódate bien —la chica ignoro todo lo que estaba pasando por la cabeza de Yoshiko y ésta trató de componerse lo mejor que pudo.
La música ambiental que se escuchaba en el fondo había cambiado a una más moderna, indicando que el espectáculo estaba próximo. Se sentía en el ambiente, pues otras personas parecían expectantes y el movimiento se volvió casi nulo en la espera del inicio.
Yohane aún luchaba contra su corazón acelerado y sus pensamientos impuros, pues su rostro estaba más rojo que un tomate y no sabía ni cómo disimularlo apropiadamente.
—Me tiraste Zuramaru —masculló escondiendo su rostro para disimular.
—Claro que no zura~, te estaba ayudando, mira ven, colócate aquí —Maru le ofreció su pecho para que se recargara y aunque al principio no quería, la apuración de su amiga hizo que cediera y se acomodara como ella quería.
Maru la rodeo con sus brazos y la cabeza de Yohane quedó cómodamente entre los suaves pechos de Maru. Pequeñas caricias de las manos de la chica jugaron con su cabello oscuro y Yoshiko estaba muriendo lentamente de una hemorragia nasal interna. Si aquello no era felicidad, no sabía lo que era. La suavidad era tal que pensó que cada vez que fuera a dormir sus almohadas le serían nada. Era como alcanzar el nirvana.
—¿Así está mejor zura~? —preguntó Maru cuando su amiga se dejó de mover.
—Creo… creo que sí —respondió embobada por la sensación.
Tal vez Maru no tenía ni idea cuantas cosas estaba causando dentro del cuerpo de Yoshiko con sus atenciones pero para la chica, está probablemente había sido la cita más bella que había tenido en toda su vida, y no por las cosas que potencialmente pudieran pasar, sino porque estaba viendo un lado de Maru más relajado y tranquilo y, al menos por unas horas había logrado que el aura de tristeza, que ya era parte de ella, la abandonara para dar paso a su calidez usual, era como un solecito que calentaba todo a su alrededor y ella disfrutaba estar bajo su luz. Aunque era consciente de que no debía acostumbrarse a ello, porque las cosas no estaban tan claras entre las dos.
—¡Ya está empezando! —anunció Yoshiko cuando las primeras detonaciones se escucharon.
Maru quiso retirar sus brazos pero Yoshiko no se lo permitió, sostuvo sus manos con las suyas y las aprisionó. No quería abandonar su privilegiada posición, al menos por ese instante quería tener ese pequeño pedazo de paraíso con ella.
Las luces empezaron a iluminar el cielo haciendo caprichosos patrones que no hacían más que maravillar a todo el que los viera. Había una perfecta coordinación entre la música de fondo y las detonaciones, todo parecía una armonizada danza de colores que ofrecía un espectáculo sin igual.
Estaban tan relajadas, que Yoshiko empezó a acariciar las manos de Maru sin darse cuenta y la chica lejos de sorprenderse, correspondió a su gesto. Poco se acordaban de la comida que tenían a su alrededor o de todas las personas que estaban, al igual que ellas, viendo el show. En ese momento, sólo existían ellas dos, disfrutando de un maravilloso espectáculo privado y nada más importaba en el mundo.
En un punto en que los fuegos artificiales explotaban en el firmamento, Yoshiko dirigió su vista hacia Hanamaru y se entretuvo viendo un espectáculo aún mejor. La expresión de la pequeña estaba llena de asombro y un gran "Mirai zura~" podía leerse en su rostro. Su objetivo se había cumplido, Hanamaru estaba feliz y no parecía existir ni un atisbo de tristeza o dolor. Aquello hacía que todo su esfuerzo valiera la pena. Hanamaru se dió cuenta de que Yoshiko la estaba mirando y le dió una pequeña sonrisa y un ligero apretón en las mejillas haciéndola que regresara sus ojos al firmamento.
—Vaya, es muy diferente verlos de cerca que estando en el templo —expresó Maru cuando se terminó el espectáculo y las luces dejaron de volar en el cielo.
—Si que lo es —Yoshiko se incorporó muy a su pesar pues era obvio que la magia había terminado y era tiempo de volver a la realidad—. No comiste nada Zuramaru, seguramente ya se enfrió toda tu comida.
Se lamentó al ver todo aquello.
—No pasa nada, estaba tan emocionada que ni recordé que teníamos comida zura~ —sacó la lengua y se dió un pequeño golpe en la cabeza.
Poco a poco el lugar empezaba a vaciarse y nuevamente se estaban quedando a solas.
—¿Quieres que compremos algo más de cenar? No creo que esto sepa muy bien —volvió a hablar Hanamaru inspeccionando los takoyakis que ya parecían una plasta horrible de mayonesa y salsa poco apetecible.
—No Zuramaru —Yoshiko se había levantado y quedado de espaldas a Maru tratando de encontrar algo de valor para dar un paso más con su amiga—. Puedes… ¿puedes venir? —le extendió su mano para ayudarla a incorporarse su rostro de pronto se había vuelto serio y eso preocupo a Maru—. Me gustaría caminar un momento.
—¿Pero y las cosas zura~? —preguntó contrariada, no le gustaba ver a Yoshiko así.
—No te preocupes, estarán aquí cuando volvamos —les restó importancia.
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