Capítulo 41.

Segunda parte.

Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.


Como el espectáculo había terminado, el lugar estaba ya mucho más desahogado, así que pudieron caminar con tranquilidad por la orilla del lago. Ambas chicas iban nerviosas, aunque por razones diferentes. Yoshiko sabía que tenía que confesar sus sentimientos, era la última parada de sus vacaciones, al día siguiente regresarían a la escuela y las cosas probablemente se complicarían si dejaba pasar la oportunidad, era ahora o nunca. Maru por otro lado sentía una mezcla de ansiedad y nerviosismo, siendo honesta consigo misma, el hecho de saber que Yoshiko tenía sentimientos por ella la había hecho feliz, sin embargo, su corazón aún se sentía muy lastimado para poder dejar entrar a otra persona en él. Estaba confundida y no quería lastimar a alguien a quien quería mucho.

—Sabes Zuramaru… —se aventuró a decir Yoshiko cuando ya se encontraban más alejadas del ruido del festival—, la razón por la que quise venir a pasar el verano contigo fue para ayudarte a salir de esa horrible… ruptura... por así llamarlo —se apresuró a añadir—. Sin embargo, con el paso de los días, me fui dando cuenta de que lejos de ayudarte, tú eres la que me ha ido cambiando a mí. No sé qué pasó o cómo pasó. ¡Por qué rayos! Yo nunca había sentido algo así, ni siquiera sé bien lo que siento, pero cuando estoy contigo, cuando te siento cerca de mí... yo sólo... me siento feliz... Soy feliz cuando estamos juntas y no sé qué hacer al respecto, yo sólo me siento bien a tu lado… no… me siento más que bien, ¿tiene algo de sentido lo que estoy diciendo?

Maru la había escuchado atentamente. Ese era el momento que más había estado temiendo porque no sabía qué es lo que podría responderle o cómo se iba a sentir si escuchaba algo así. Ante todo no deseaba lastimarla dándole falsas esperanzas sobre algo que no sentía, sin embargo, tal y como Yoshiko lo estaba diciendo, ella también sentía algo especial, no podía decir si era amor o algo parecido pero en definitiva iba mucho más allá del cariño que se siente por una amiga, se sentía tanto identificada como desconcertada por ese sentimiento que se abría paso en su interior. Sin embargo no sabía si estaba bien, la sombra de Dia aún la perseguía aunque debía reconocer que estando al lado de Yoshiko era cada vez menos.

—Creo que lo tiene Yo-chan… de alguna manera, entiendo lo que estás diciendo —dijo finalmente Maru cuando el silencio se hizo muy extenso y Yoshiko la miraba esperando una respuesta—. Quiero dejar en claro que yo aun no me siento lista para ningún tipo de relación, si algo tengo en este momento es miedo de que me lastimen y también tengo miedo de lastimarte por mis inseguridades zura~. Aún así hay algo que no puedo negar, y es que cuando estoy contigo me siento en paz, me siento bien, me siento segura —oír eso le dió esperanzas a Yoshiko—. Con el paso de los días también he sentido esa especie de conexión que se fue formando entre nosotras, pero no estoy segura de poder corresponder a tus sentimientos Yo-chan… yo tengo mucho miedo —concluyó Maru casi en un hilo de voz y las esperanzas formadas por el corazón de Yoshiko parecieron sucumbir.

—Yo sé que es así Maru-chan, yo sé que tienes miedo… ¡Yo también tengo miedo! —confesó la chica atragantándose con sus palabras—. Nunca me había sentido así por nadie, pero si algo me queda claro, es que quiero cuidarte, quiero devolver el brillo a tu mirada, quiero hacerte sonreir, quiero hacerte compañía y que tú me la hagas a mí. Yo sé que una relación no se puede basar en eso solamente... ni siquiera sé bien lo que implica tener una relación, ya que yo… —paso saliva para sacar esa confesión—, bueno, nunca la he tenido con nadie…

—Pero tú habías dicho que… —interrumpió Maru estupefacta, tanto ella como Ruby sabían de las aventuras amorosas del Ángel caído y su séquito de pequeños demonios.

—¡Sé lo que dije! —alzó la voz avergonzada—. Yo sólo… les mentí —confesó cabizbaja—. No quería ser la única que no tenía a nadie como tú o Ruby, no quería quedarme atrás de ustedes y es por eso que inventé todas esas cosas.

—¿Ninguna de tus novias fue real zura~? —preguntó Maru intrigada y aún asombrada.

—Umm… no, ninguna lo fue —Yoshiko estaba completamente roja hasta las orejas, pero no quería mentirle a Hanamaru, no ahora, este era el momento de ser valiente.

—Vaya… eso si que no lo vi venir zura~ —expresó Maru con sorpresa—. No tenías por qué mentirnos.

—Yo sé que no, pero no quería ser solo una perdedora, no ante tus ojos —Yoshiko comenzó a caminar nuevamente para tratar de aliviar la tensión que estaba creciendo en su garganta—. No quería sólo ver que mis amigas se enamoraban y tenían novia o lo que sea y experimentaban y yo solo era una virgen patética sin pretendientes.

—Eso no zura~ —Maru negó rotundamente—. Nunca has sido una perdedora, yo siempre te he admirado y no precisamente por tu talento con las chicas, aunque siempre fuiste algo rarita, pero asi te quiero —completó Maru juguetona, alcanzando a Yoshiko que ya iba unos pasos adelante.

—Tú… ¿me quieres? —las palabras de Maru habían hecho que le diera un vuelco al corazón, tal vez si había esperanzas para ellas después de todo.

Maru lo había dicho sin pensarlo, al menos no de la forma en que la chica delante suyo esperaba, pero ahora Yoshiko la había tomado de las manos y la miraba con intensidad y sabía que no tenía escapatoria.

—¿Me quieres? —repitió la pregunta mirándola a los ojos con intensidad, sus manos temblaban y Maru se dió cuenta de lo crucial que era responder aquello.

La chica empezó a sentir que su cara estaba ardiendo, se había puesto roja hasta las orejas y sentía que no podía sostener la mirada de su amiga que seguía con el corazón en vilo esperando su respuesta.

—Yo… te quiero zura~ —sostuvo la mirada de Yoshiko—, pero…

—¿Pero? —un atisbo de tristeza se dibujó en los ojos carmín de Yoshiko.

—No es de la misma forma en que tú me quieres a mí —el corazón de Yoshiko se estrujó a tal grado que sus ojos se hicieron agua—. Yo… no sé si eso sea suficiente para ti —Maru sostuvo sus mejillas limpiando un par de lágrimas que habían escapado—. No quiero lastimarte, no quiero que ninguna de las dos salga herida —confesó Maru en un hilo de voz.

Yoshiko acunó las manos de Maru con las suyas y besó una de ellas para apartarlas.

—Yo lo sé, sé que tu corazón aún es un lío y no quiero forzarte a nada, entiendo eso. Yo sólo quiero hacerte feliz y ayudarte a sanar, mi mayor deseo es que tú estés bien —Yoshiko se aventuró a devolver la caricia sosteniendo las mejillas de Maru, quien se sorprendió por el movimiento pero no se retiró—. Quiero hacerte feliz Maru-chan —le dijo viéndola a los ojos y esperando que en esta ocasión no desviara su mirada—. No me importa nada más.

—Yo-chan… tengo miedo zura~ —una lágrima salió de los ojos de Maru y Yoshiko no le permitió terminar su recorrido pues la detuvo antes de que arruinara el bello rostro de su hasta entonces amiga.

—No puedo prometerte que todo estará bien, porque eso no lo sé, pero te prometo que haré todo cuanto sea posible para hacerte feliz, quiero estar contigo mi Zuramaru. Quiero… —suspiró profundo—, quiero ser egoísta con la vida porque aunque quiero que seas feliz, quiero ser el motivo de tu felicidad, permíteme intentarlo, permíteme ayudar a sanar este corazón herido —tomó la mano de Maru y depositó un beso sobre ella, para después llevarla a su pecho—. No te fallaré, puedes estar segura de ello.

—Yo-chan… —Maru estaba sin palabras, quería dar el paso, pero el miedo era más grande que ella.

Las palabras de Yoshiko habían logrado llegar muy adentro, en ese lugar en donde había reinado la oscuridad desde que Dia se había ido y ahora parecía que un rayito de luz lograba colarse, ¿debía aceptarla? Aún a sabiendas de que su amor por Dia no se había ido a ningún lado, ¿era eso correcto?

Maru no tuvo más tiempo de pensarlo, Yoshiko empezó a acercar su rostro lentamente, esperando tener alguna reacción de su parte y dándole el tiempo a retirarse o apartarla, pero dicha reacción no llegó. Maru solo cerró los ojos esperando el contacto y cuando llegó, fue dulce, muy dulce. Yoshiko estaba temblando tanto como ella, en general fue un beso torpe, atropellado, pero tierno y suave, muy diferente a los que había compartido con Dia, pero no por eso fue malo, la hizo sentir que su cabeza se nublaba y sin poder contenerse, terminó correspondiendo el beso dejando que fuera su necesidad de amor la que se hiciera cargo.

—Wow…

Dijeron ambas chicas al separarse.

—Eso fue… —dijo Yoshiko mirando lo sonrojada que estaba Hanamaru.

—Diferente zura~ —respondió Maru apenada ocultando su cara en el pecho de Yoshiko.

—¿Diferente? —la respuesta de Maru no fue lo que ella iba a decir, pero ahora quería saber a qué se refería—. ¿Cómo diferente?

—Pues… no lo sé, solo fue diferente —Maru se sentía abochornada y habló desde su escondite, no sabía cómo explicarle lo que había sentido.

Los besos que había compartido con Dia habían sido apasionados, arrebatados en algunas ocasiones y muy dulces en otras, pero la inexperiencia de Yoshiko combinada con su nerviosismo, habían hecho de esta una experiencia única y muy placentera.

—¿Diferente bien o diferente feo? ¡¿Cómo se supone que debo tomar eso?! —Yoshiko estaba exasperada, la cara de Maru seguía enterrada sin ni siquiera la mirarla a los ojos.

—Fue… diferente bien… se sintió bien —Maru abrazó a Yoshiko por la cintura tomándola por sorpresa antes de que la chica le correspondiera el abrazo.

—¿Zuramaru? ¿Estás bien? —el cuerpo de Maru temblaba y Yoshiko sintió pánico de haber hecho las cosas mal y haber presionado antes de tiempo.

—Estoy bien zura~ —Maru seguía escondiendo su rostro en el pecho de Yoshiko—. ¿Tú… estás bien? ¿Te gustó? —preguntó Maru con temor.

Fue el turno de Yohane de sonrojarse. No era la primera vez que se besaban. Tiempo atrás habían tenido "besos de práctica" como le llamaron en aquel entonces, que apenas y habían sido simples toques en los labios, pero fue en una situación diferente y no se podía comparar a lo que había sentido en esta ocasión. El cálido aliento de Maru, el toque suave de sus labios, el aroma irresistible, tener su cuerpo tan cerca de ella, todo había sido perfecto o al menos así le pareció.

—Si, estuvo bien… bastante bien —dijo tratando de sonar casual y que su enorme sonrisa no la traicionara.

—¿Sólo bien zura~? —preguntó Maru aprehensiva aún sin aflojar su abrazo.

—Ya bueno… fue más que bueno, fue perfecto —Yoshiko estaba tan sonrojada y se sentía tan cursi que le daban ganas de salir corriendo y echarse un balde con agua fría.

—Eres graciosa —Maru empezó a reír de las reacciones de su amiga y ambas se contagiaron y descargaron el nerviosismo con un ataque de risa.

Era una sensación nueva, cálida, que la llenaba de tranquilidad y alegría de un modo distinto. Quizás no era tan malo, quizás era la decisión correcta.

—Pero entonces Zuramaru, ¿esto en donde nos deja? —preguntó Yohane con temor aún limpiando las lágrimas nerviosas que la risa había sacado.

—No lo sé zura~, no sé qué es lo que se hace después —confesó Maru limpiando también su cara de los estragos de la risa.

—Tampoco es que tengamos prisa por averiguarlo, creo que podemos ir dejando que las cosas vayan fluyendo, me gustaría que hicieramos eso —explicó Yohane más tranquila ahora que los nervios habían pasado, al menos ahora se sentía más segura de que lo que tanto deseaba era una realidad.

—Es una buena idea, creo que es lo mejor zura~, sólo dejemos que las cosas sucedan y ya veremos a dónde nos llevan —Maru depositó un beso en la mejilla de Yoshiko antes de soltarla.

Los colores se acumularon en su cara y si era posible, humo empezó a salir de su cabeza casi literalmente. Maru la ponía a tope.

—Creo que es hora de volver, nuestro descanso ya casi termina —la chica se volvió a reír, le encantaba provocar a Yoshiko, podía acostumbrarse a eso.

Yoshiko tomó la mano de Maru y de esa manera volvieron a recoger sus cosas para poder dirigirse al templo, ajenas a todos a su alrededor. La felicidad que irradiaban las dos era palpable a distancia y poco les importaba el resto del mundo cuando las cosas estaban tan bien.


Dia se había quedado escondida detrás de un árbol que estaba muy cerca de ellas, desde donde pudo escuchar y ver todo lo que había sucedido. Su corazón latía a mil por hora, podía sentir como sus extremidades estaban hormigueando, quería correr, quería gritar, quería destrozarse, pero su boca estaba seca, ella estaba seca, no podía articular palabra o siquiera moverse o reaccionar ante lo que acababa de suceder.

¿Cómo fue que pasaron de las risas a los besos? ¿En qué momento pasó eso? Tan sólo había transcurrido un mes desde su ruptura con Hanamaru, ¿cómo es que su princesa la pudo olvidar tan rápido? Todo le parecía una mala broma. El monstruo de sus pesadillas estaba aquí, era real y estaba devorando sus entrañas. Los celos quemaban su corazón como una brasa ardiente y estaba muriendo en vida.

Dia las había seguido porque no le gustaba la familiaridad con que Yoshiko estaba tratando a su Maru, y siendo honesta consigo misma, los celos que siempre había sentido por la chica, aún estaban presentes sólo que ahora parecía que se habían multiplicado por millones, eran insoportables agujas lloviendo por todo su cuerpo.

Tan pronto como vió que Yoshiko iba a besar a Maru estuvo a punto de salir corriendo para separarlas, impedir lo que iba a suceder y llevársela lejos, la sangre le hervía en el cuerpo. Aún así, no se movió, en el fondo no esperaba que Maru correspondiera el beso y rechazara a la chica por el amor que decía tener hacia ella, sin embargo cuando no lo hizo, cuando correspondió, sintió que su alma la abandonaba. Fue como si de un sólo golpe la hubieran mandado al mismísimo infierno.

Por supuesto que ella quería que Maru fuera feliz, había hecho todo lo que hizo para asegurarse que así fuera, pero no esperaba que las cosas pasaran así, tan rápido y en su cara, no estaba lista aún. Tan sólo había pasado un mes, y a ella le seguía doliendo como si hubiera sido ayer. No sentía que había avanzado nada en todo ese tiempo. El amor que sentía por Maru estaba intacto, no se había ido a ningun lado, ni siquiera se había diluido un poco. Seguía recordando cada momento que vivió con la chica con la misma intensidad. ¿Cómo es que ella podía estar besando a otra persona con esa tranquilidad?

Se quedó parada, en la oscuridad, esperando a que aquella escena salida de sus pesadillas por fin terminara para que pudiera razonar consigo misma. Quería reclamar a Maru por hacerlo, por olvidarla, por traicionarla, por seguir adelante sin ella, pero ¿cómo hacer algo así cuando fue ella misma la que la orilló a hacerlo? No tenía ningún derecho, eso lo entendía, su lado racional lo tenía claro, sin embargo, el otro lado, el pasional, estaba fuera de control, tenía todo tipo de pensamientos que sin duda terminarían en una tremenda escena que dañaría tanto a Maru como a sí misma.

Respiró profundo, trató de calmar el temblor de su cuerpo, intentando apartar de su mente todos esos pensamientos que le gritaran que fuera a reclamar lo suyo, porque Hanamaru era suya y de nadie más. Tuvo que sentarse un momento en el suelo ya que sus piernas parecían perder la fuerza para sostenerla, se estaba volviendo loca, la razón escapaba de su mente. Golpeó el árbol más próximo con todas sus fuerzas tratando de desquitar algo de su frustración, pero nada parecía funcionar, algo se había salido de control en su interior y no encontraba la forma de calmarlo. Tanto era su despecho que por un instante no quiso calmarlo, quería dejarlo libre y que hiciera lo que quería hacer.

Las lágrimas empezaron a salir de sus ojos y fueron empapando todo. Poco le importaba que alguien pudiera verla o escucharla, el dolor que sentía era insoportable y llorar parecía ser la única manera en que podía mitigarlo. Lloró por mucho tiempo, entre sollozos y temblores hasta que su cuerpo no fue capaz de producir más lágrimas y el nudo en su garganta se había aflojado lo suficiente para poder hablar.

Se había encargado de hacer un desastre con su vida y ahora tenía que encontrar la manera de seguir adelante con el dolor a cuestas. Por el momento no podía darse el lujo de romperse, aún tenía que ir en busca de su hermana y regresar a casa. Cuando volvieran a su hogar, podría desmoronarse tanto como quisiera, pero por ahora sólo tenía que aguantar un poco más, interpretar su papel de hermana y luego dejar que la oscuridad se apropiara de ella.

Para cuando se alejó del lago, la fiesta que prevalecía en el festival se había diluido un poco, al menos había menos gente cerrando su paso en el camino. No recordaba en donde es que había quedado de encontrarse con Ruby, así que sólo caminó sin rumbo hasta que se la pudiera topar.

Después de mucho andar, terminó hallándola donde menos quería estar, pero sus pies traicioneros la llevaron. Ruby estaba sentada al pie de las escaleras del templo y su semblante tampoco parecía muy alegre, su hermana estaba apesadumbrada, había una sombra bajo sus ojos que indicaba que algo había sucedido.

—¿Ruby-chan? —preguntó Dia acercándose hasta donde estaba ella y colocó una mano en su hombro.

—Onee-chan, no te pude encontrar antes, lo siento —se disculpó la pequeña mientras se ponía de pie, sus ojos se veían rojos e hinchados de llorar—. ¿Podemos irnos ya? —preguntó esperanzada, no quería estar más allí.

—¿Ya? Pero… aún no hemos comido, ¿quieres algo de cenar? —Ruby no le sostenía la mirada, quería evitar que su hermana viera el estado de su cara, y eso terminó preocupando más a Dia que ya se había dado cuenta de su estado.

—No, sólo llévame a casa por favor —Ruby se recargó en el hombro de Dia buscando algo de consuelo.

—¿Pasó algo? ¡¿Se atrevió a lastimarte de nuevo esa… Takami?! —Dia levantó su barbilla para encontrar sus ojos vidriosos a lo que Ruby sólo la abrazó por la cintura, Dia no estaba en mejores condiciones que ella.

—No —negó con la cabeza—, ella no hizo nada, es sólo que no quiero estar más aquí —dijo Ruby casi en un hilo de voz.

—Oh… eso… bueno, si, está bien, vayamos a casa —Dia pasó su brazo por los hombros de Ruby guiando el camino—. ¿Qué hacías en el templo?

—Como no te encontraba, fui a ver si podía encontrarme con Maru-chan —Ruby lo dijo tranquilamente pero se dió cuenta que había cometido un error cuando sintió que el cuerpo de su hermana se había puesto rígido—, sólo que no la encontré —agregó rápidamente tratando de cambiar el tema.

—No, ella no está en el templo… ella estaba ocupada —expresó Dia con un dolor amargo que alertó a Ruby.

—¿Onee-chan? —preguntó asustada al ver que unas lágrimas empezaban a bajar por las mejillas de Dia.

—Estoy bien Ruby, vayamos a casa —Dia estaba luchando contra sí misma para no quebrarse en ese momento, no podía hacerlo, no frente a su hermana, no en ese lugar.

Ruby percibió todo el dolor y la agonía de Dia y la abrazó con fuerza. Usó sus brazos para arropar a su hermana lo más que pudo, con toda la fuerza que poseía para evitar que su querida hermana se rompiera, solo que la pequeña Kurosawa ignoraba qué Dia hacía mucho que estaba rota.

—Ya quiero que vivamos en Tokio Onee-chan, no quiero estar más aquí —expresó Ruby con pesar y a punto de llorar.

—Yo tambien Ruby —Dia correspondió su abrazo depositando un beso en su cabeza—, ya verás que el tiempo pasa rápido y podremos salir de este lugar. Sólo debemos aguantar un poco más.

Ruby sabía que algo había pasado con Dia y su querida amiga pero como siempre, poco podía preguntar al respecto porque no obtendría ninguna respuesta y Dia aún sintiendo el dolor que le había provocado el ver a Maru besando a Yoshiko, no podía dejar de sentir odio hacia Takami Chika por seguir lastimando a su pequeña hermana.


Durante el espectáculo de fuegos artificiales, You y Riko habían escogido un lugar bastante apartado del resto de los demás, ni siquiera era un lugar en donde se tuviera una buena vista, pero eso es lo que Riko había estaba buscando para poder tener un poco más de privacidad con su novia.

Los besos y las caricias no se hicieron esperar y ambas estaban dejándose llevar, aunque llegó el momento en el que todo estaba demasiado subido de tono, los besos eran rotundos y prolongados y las ganas de ir a más eran palpables y You tuvo que detener a Riko en sus avances antes de que cruzaran el límite en un lugar público.

—Riko-chan, espera... —dijo You tratando de arreglar su ropa que ya estaba escandalosamente desarreglada e intentando apartar a su novia.

—No quiero esperar —respondió Riko sin detener sus avances, se pegó al cuello de You succionando la suave piel de esa zona y You tuvo que reprimir un gemido.

—Este… no es lugar para hacer esto —explicó You tratando de calmarse un poco, sus manos empujaron a Riko de los hombros para que dejara de provocarla, estaba acalorada y húmeda en los lugares más incómodos.

—Entonces vamos a mi casa —propuso Riko sin detenerse del todo—. Allí podemos...

—¿Ahora? —You tragó pesado y con pánico.

—Ahora —Riko la besó con pasión para que You no pusiera más excusas y aceptara su propuesta, pero el nerviosismo a causa de su pánico estaban haciéndose cargo.

—Pero no pedí permiso a mamá —explicó You cuando se separaron a lo que Riko respondió con otro beso.

—Podemos llamarle, no creo que se niegue —dijo Riko guiñandole un ojo seductoramente.

—Pero no traje ropa —expuso You casi con las piernas temblando por la adrenalina, parecía un perrito asustado.

Riko sonrío coquetamente, como de quién sabe que a su presa se le agotan las opciones, y se acercó a su oreja para decir con una voz que a You le pareció la cosa más sensual del mundo.

—No la necesitarás —decir que se en ese instante se derritió, era quedarse corto, You podía sentir claramente que ciertas partes de su cuerpo se habían literalmente hecho agua y toda ella era una masa caliente, húmeda y excitada.

Riko se puso de pie y prácticamente jaló a You para no siguiera negándose, no iba a esperar un día más sin pasar la noche con su novia, no quería esperar más y You estaba lista para ser tomada por ella. Sus fantasías más insanas producto de todos esos doujin que amaba consumir estaban por ser llevadas a la vida real.

You se había quedado sin excusas y francamente no sabía si quería seguir poniendolas. Su voluntad estaba doblegada a los deseos e instintos más primarios y dejo que Riko la guiara.

Iban caminando tomadas de la mano, Riko iba señalando el camino y You solo caminaba con ella a su lado. Cada una luchando contra sus inseguridades pero siendo el deseo por el otro lo que predominaba.

Casi a la salida del festival, se aglomeró la gente y tuvieron que caminar entre el mar de personas incluso a contracorriente, sin embargo, como era obvio, chocaron con algunas para poder abrirse paso. Sólo que por una casualidad de la vida, en una de esas chocaron nada más y nada menos que con su entrenadora. Riko se la topó de frente y por el impacto casi cayó al suelo, sólo que You alcanzó a reaccionar y la detuvo en su caída.

—Lo siento mucho —se disculpó Kanan cuando se dió cuenta, llevaba un delfín de peluche gigante en los brazos que le había impedido ver quién estaba delante.

—¡Sensei! —dijo Riko cuando reconoció con quien había chocado—. Lo siento, yo no la ví —hizo una ligera reverencia a modo de disculpa.

—No pasa nada, yo venía distraída de cualquier manera —informó Kanan con una amplia sonrisa al ver a dos de sus alumnas—. Que bueno encontrarlas divirtiéndose.

—¡You-chan~! —una voz cantarina las saludó también y la rubia se tiró a los brazos de You—. Riko-chan is so shiny! ¿Qué le has estado haciendo?— Mari picó las costillas de You cuyas orejas ya estaban en un tono escarlata—. O más bien, ¿qué te ha estado haciendo Riko-chan? —la miró con picardía al ver que su cuello tenía un gran chupetón que rápidamente You ocultó con su mano.

—Que… que cosas dices Mari —You se talló el cuello tratando de disimular su vergüenza pero ya era muy tarde.

—Naughty girls! —la rubia siguió picando a su amiga.

—Por cierto Riko-chan —Kanan desvió la atención para alivio de las otras dos chicas menores—, es bueno que te encuentre, quería hablar algo contigo respecto a tu entrenamiento, ¿me la permites un momento You-chan? —preguntó Kanan pidiendo el permiso de You.

—Ah si si sensei, está bien —asintió aunque eso la dejaba a merced de las bromas de Mari.

Kanan empezó a platicar con Riko sobre algunas cosas que necesitaría llevar extra al entrenamiento y algunos permisos que sus padres tenían que firmar.

—Veo que no has estado perdiendo el tiempo mi pequeño cachorrito —Mari alborotó el cabello de You para burlarse aún más.

—¡No me molestes! —se quejó You apenada, su cara se había puesto roja—. ¿Có… cómo lo sabes? —todavía estaba ocultando el chupetón en su cuello.

—Esta pequeña marquita te delata —respondió Mari divertida señalando el moretón que You se empeñaba en tapar.

—¿Qué? Ay no… —si ya estaba nerviosa ahora no sabía cómo acomodarse para que no se viera la horrible marca, todos la verían al día siguiente en la escuela.

—So funny —rió Mari a sus costillas.

—Mari-chan… ¡Ayuda! —You trató de jalar disimuladamente a Mari para que se alejaran un poco de Kanan y Riko y así poder hablar con ella sobre su gran problema—. Riko-chan me quiere llevar a su casa… ahorita… —le dijo en voz baja—. Ella quiere… hacerlo...

—¡Oh! ¡Sexy time! —Mari saltó casi gritando a lo que You la pisó con fuerza para que se callara, no quería llamar la atención.

—¡Ca-lla-te! —le dijo molesta llevándola más lejos todavía—. Mari… eso va a pasar.. hoy… —la mirada de You era una mezcla entre súplica y ansiedad.

—¿Y eso no es bueno? —preguntó Mari entre intrigada y divertida.

—¡No estoy lista! —se quejó You al borde del llanto—. ¿Y si lo hago todo mal y Riko me termina dejando porque soy terrible?

—Tranquila —Mari rascó sus orejas—. No es la gran cosa, ya verás que todo sale bien, la señorita Sakurauchi estará más que complacida con tus servicios —le picó las costillas—. ¿Estudiaste todo lo que te enseñe?

—No juegues conmigo Mari, esos sólo eran videos porno y doujin R-18 —la miró enojada—, eso no me ayudó en nada y ahora solo pienso en si Riko quiere hacerme todo eso y es peor todavía

—No es juego You-chan, aunque no niego que es divertido —pasó su brazo por los hombros de You en actitud relajada—. Sólo tienes que relajarte, en serio, estás muy tensa —Mari se colocó detrás de ella y empezó a masajear sus hombros—. Todo saldrá bien, tienes que tener confianza en ti y en tu pareja. Y claro que te sirvió de algo lo que te pase, al menos ya sabes dónde meter la mano y los dedos —terminó con una gran carcajada que sólo alteró a You aún más.

You inhaló profundo tratando de calmar sus nervios o Mari la terminaría matando.

—Creo que tienes razón, yo… es que… ¿Y si Riko-chan lo odia? ¿Si hago algo que no le gusta o que es demasiado pervertido o que simplemente no funciona?

—No lo hará, créeme, no lo hará —le sacudió los cabellos grises—. Aunque si es su primera vez quizás sea torpe al inicio, pero eventualmente se hará mejor porque tienen algo que lo hará espectacular, ustedes se aman y ante eso, todo el sexo se hace mejor —la alentó y después de todo lo que había dicho antes eso fue lo único que sí tenía sentido para You.

Riko estaba terminando de hablar con Kanan y se giró a buscarlas encontrandolas en un extremo del camino hablando muy entretenidas. Kanan y Riko caminaron hacia ellas y Mari las saludo con una sonrisa en la cara y You con las mejillas arreboladas.

—Sensei~ será mejor que nos vayamos, Riko-chan y You-chan tienen una noche interesante por delante —les guiñó el ojo para terminar de molestar no solo a You sino a Riko también—. Solo espero que mañana no estén muy desgastadas para entrenar —concluyó con sus burlas al ver el sonrojo en la cara de sus dos amigas.

—¡Mari-chan! —chillaron las dos al mismo tiempo.

—Esta bien Mari-chan, de cualquier manera, también tenemos cosas que hacer —replicó Kanan entre risas al ver la reacción de sus alumnas y aliviada de no tener que ser ella el objeto de las burlas para variar—. Las veré mañana y… usen protección —bromeó la profesora uniéndose al bullying haciendo que Mari empezara a reír de forma desmedida.

—Esas dos… —se quejó You todavía apenada cuando se quedaron a solas por fin.

—Es un poco raro, ¿no crees? —preguntó Riko pensativa y You no supo a qué se refería—. La relación de ellas dos quiero decir —le aclaró al ver su cara de confusión.

—¿Raro? No entiendo, yo siempre las veo bien, desde que Mari-chan vive con Kanan-sensei la veo más contenta que antes —aún con la aclaración siguió sin entender.

—¡Ja! Exactamente mi punto You-chan, y ¿has notado que nuestra sensei ahora es mucho más bromista que antes? Hace un par de meses apenas y le conocíamos la sonrisa y ahora mirala, haciendo bromas sobre… bueno… —carraspeó avergonzada, no quería repetir la insinuación que habían hecho—, haciendo bromas en general.

—Pero eso es porque están en confianza —explicó You—. Kanan sensei siempre ha sido bromista —You la conocía desde pequeña y eso le parecía normal.

—Si si, pero ahora lo es más, es como… no sé, me da un aire extraño —Riko llevó la mano a su barbilla—. Hace rato, ¿no viste que justo antes de que chocaramos, Kanan había ganado un premio para Mari y ella casi se colgó de su cuello emocionada?

—¿Eh? ¿Eso cuando pasó? —preguntó You rascando la cabeza—. Yo no ví nada.

—Eso fue justo antes de que chocara con ella —explicó Riko.

—¡¿Eh?! ¿Cómo pudiste ver todo eso y terminaste chocando con ella? —la mayoría de las veces You no lograba entender las habilidades de su novia que en algunas ocasiones le parecían hasta sobrenaturales.

—Es obvio You-chan, ¿a poco no te has dado cuenta que hay algo más entre esas dos? —Riko lo dijo en voz baja pues sabía lo delicado del tema y no podía dejar que nadie escuchará algo así.

—No… no, eso no es de esa manera Riko-chan, ellas llevan una buena relación de amistad, nada más —explicó como si fuera lo más lógico del mundo, le parecía inconcebible que Kanan hiciera algo como eso.

—Ya veremos You-chan, ya lo veremos —Riko no quiso seguir discutiendo porque necesitaba pruebas que pudieran sostener su punto, pero la idea ya se había metido en su cabeza y ahora no podría dejar el tema en paz hasta que tuviera respuestas.

El camino de regreso a la casa de Riko fue como un paseo extremo en una montaña rusa, cuando vas subiendo lentamente hasta el punto más alta desde donde te lanzarán al vacío. You sentía un nudo en el estómago al pensar en lo que iba a suceder.

Descendieron del autobús y anduvieron hasta llegar al frente de la casa. Era el instante antes de que todo en su relación cambiará. El paso previo a una relación íntima, a conocerse de una manera nueva, a explorar el cuerpo de la otra sin que existieran de por medio las barreras físicas de la ropa… y eso la tenía aterrada.

Riko que sentía su temor, la había tomado de la mano durante todo el camino y no la había soltado. Tenía su mano sudorosa y pegajosa y ni aún así Riko la había dejado. "Eso era una buena señal, ¿cierto?" Pensó con algo de esperanza. Quizá sí dejaba su miedo atrás y se relajaba las cosas serían mejor.

—Tomaré un baño —Riko la sacó de sus pensamientos—. Buscaré una pijama para ti, aunque por mí puedes dormir desnuda —guiñó un ojo y You casi se desmaya en el piso del recibidor.

Una risita salió de los labios de Riko antes de besarla en un pequeño toque que incluyó el arrastre de sus dientes por su labio inferior.

—Si quieres acompañarme te espero en la ducha.

You asintió apenas por impulso y empezó a mover sus pies detrás de Riko como los ratones embobados tras la flauta de Hamelin.

Solo el sonido de la puerta de la habitación de Riko la sacó de su hechizo. Se vio en el espejo de la cómoda y se asustó de lo blanca que estaba. Riko buscaba en su armario algo de ropa y al girarse a verla entorno los ojos con algo de ternura.

—No tienes porque estar así —se acercó a ella acariciando una de sus mejillas—. Ten, no es de tu talla pero creo que podrás usarla por esta noche —You tomó la muda de ropa—. Lo lamento si estoy siendo demasiado osada, no quiero presionarte y aunque por me muera de ganas no quiero hacerte nada que tú no quieras.

Los ojos azules de You se desviaron apenados, esta vez no era la vergüenza normal que había estado sintiendo.

—Iré a tomar mi baño en el cuarto de mis papás, tú puedes hacerlo aquí —el silencio fue la única respuesta—. No tienes porqué preocuparte.

Riko se dió la vuelta y You pudo sentir que su novia estaba triste, solo que antes de que pudiera reaccionar la chica ya había salido de la habitación.

El agua fría de la regadera le ayudó a pensar más claramente. Al menos tanto como podía. Se dió un duchazo rápido queriendo estar lista antes de que Riko regresará. Aún tenía miedo pero tenía que dejarse ya de tonterías o de lo contrario sentía que perdería a Riko y esta vez iba a ser completamente su culpa.

Entendía a su novia, ella también tenía unas ganas inmensas de entregarse al deseo que sentía, pero todavía debía destruir un par de barreras antes de hacerlo. Aunque siendo honestos, la principal ya había caído, y esa era su obstinada reticencia por lo sucedido con Chika cuando comenzaron a andar. Esa barrera ya no existía y las otras eran demasiado endebles para ser realmente consideradas una barrera.

Estaba completamente segura del amor de Riko, de su deseo mutuo y de la paciencia que había tenido hasta ahora. Si no habían informado antes había sido solo por ella, así que no podía seguirse negando, no cuando también tenía el mismo deseo y las mismas ganas por hacer todo eso. La timidez y la vergüenza estaban haciendo todo complicado cuando no había porqué hacerlo así.

Se sentó en la cama de Riko vestida con la pijama que le diera su novia, era una camisa enorme que le llegaba a los muslos y un calzoncillo que alguna vez dejara allí por casualidad. Los minutos pasaron y Riko no volvía y eso la comenzaba a desesperar. No sabía si ir a buscarla o esperarla en la habitación. Para su fortuna no tuvo que decidirse, pues escuchó pasos y luego, la puerta abrirse.

Su débil determinación se transmutó al ver lo que tenía delante.

Riko entró vistiendo nada más que una fina y pequeña toalla que apenas le cubría la parte frontal de su cuerpo. Su piel desnuda aún tenía gotas de agua corriendo hacía sus pies y su cabello mojado le daba un aspecto salvajemente sexy. La mente de You hizo cortocircuito.

—Lo siento —se disculpó con el rubor presente en su rostro—, salí a la carrera y olvidé llevar mi pijama.

You sólo balbuceó algo ininteligible y Riko sólo se pasó un mechón de cabello húmedo hacia atrás de la oreja. You permaneció inmóvil llenándose la pupila con la imagen de su novia. Riko dió algunos pasos hasta su armario intentando sostener la pequeña toalla con una mano y buscando su ropa con la otra.

Sin embargo antes de que pudiera encontrarla, un par de brazos la rodearon por la espalda y su toalla cayó al suelo sobre sus pies. Las manos de You estaban sobre su estómago, se sentían calientes y pesadas. Un aliento entrecortado le sopló en el oído y un beso se posó en su hombro seguido de un lenguetazo.

—No quiero esperar más, te necesito…

Un sonido ronco y lleno de deseo, en eso se había convertido la voz asustada de You. En fuerte escalofrío recorrió la espalda de Riko reflejó de la intensidad que de pronto estaba proyectando You.

Los dedos se aferraron a la piel de su estómago y cuando las deslizó hacia las caderas, Riko no pudo evitar gemir en respuesta. La boca de You arremetió de nuevo chupando su hombro y hacia la nuca donde Riko había apartado su cabello para darle vía libre.

—Me tienes loca por ti…

La lengua de You subió hasta su oreja y con sus dientes mordió el lóbulo de la misma. Su pequeño gatito asustadizo de pronto se había convertido en un tigre queriendo devorar a su presa. Sonrió por encima de las caricias con satisfacción, amaba esta nueva faceta de su novia y quería más todavía de ella.

You empujó a Riko contra el armario y la giró para que quedaran de frente, sin perder tiempo se hizo con pasión de los labios de su novia, un ligero sollozo emergió de la boca de Riko y arremetió con más ímpetu. Sus bocas estaban llenas de necesidad, de urgencia por desfogar todas esas ganas reprimidas.

Las manos de Riko se aferraban al cuello de la camiseta estorbosa de You y entre besos quiso deshacerse de ella. La prenda le impedía poder sentir la piel de su novia y disfrutar de la firmeza de sus músculos que, en secreto, le encantaban y la volvían una maldita cosa gay sedienta de ellos. Frustrada por no poder quitarla, bufó molesta o al menos lo intentó. Su respiración estaba tan agitada que incluso para bufar no tenía suficiente aire.

Viendo su molestia You sujetó sus muñecas y la echó hacia la puerta del armario haciendo que la espalda de Riko pegará contra la madera. You la soltó y posicionó sus manos a cada lado de la cabeza de la chica jadeante y enfurruñada, y se quedaron así unos segundos recuperando el aliento.

—No es justo si sólo yo soy la única desnuda en esta habitación —fue la queja cuando al fin pudo hablar.

—No es justo si sólo yo soy la única que se sonroja con las burlas —devolvió en venganza por la manera en que Riko había estado provocándola toda esa tarde noche.

Se acercó a ella de nuevo haciéndose de la piel de su cuello para devolverle el favor que anteriormente Riko le había dado. Succionó con avidez, no escatimando en la fuerza, para dejar una marca roja sobre la blanca piel. Riko se mordió los labios para no gemir, pues aunque era una sensación dolorosa, le encantó sentirla.

Viendo que You no iba a dejarla tomar las riendas y volver a su yo tímido y avergonzado, decidió ser más atrevida. Quería su premio e iba a conseguir dejar desnuda también a su novia.

Sujetó los cabellos cenizos tirando de ellos para retirar la cabeza de You del hueco de su cuello. La chica protestó aunque antes de poder decir algo, Riko la empujó echándola hacia atrás hasta topar con el borde de la cama. Aún así You quiso jugar otro poco y levantandola por la cintura la tiró sobre la cama sentándose a horcajadas encima.

—¿Quién eres tú y qué hiciste con mi You-chan? —la molesto Riko tratando de apenarla.

You se rió por su comentario.

—Antes de seguir adelante, sólo… sólo quiero decirte lo mucho que te amo y lo increíblemente feliz que estoy de tenerte conmigo —se echó hacia adelante poniendo sus brazos a los lados de la cabeza de Riko y depositando un beso suave llenó de amor—. Esta es mi primera vez y soy muy feliz de que sea con la persona que amo. No voy a negar que tengo miedo pero si es contigo yo quiero ir hasta el final Riko-chan.

—También es mi primera vez y estoy inmensamente feliz de que sea con mi amada You-chan —correspondió con otro beso—. Mi corazón late con fuerza de saber que al fin vamos a dar este paso y que nuestro amor será uno de aquí en adelante. Por favor You-chan, quiero ser tuya y que tú seas mía.

You se incorporó sentándose en sus talones para subir la camiseta que llevaba y alzando sus brazos la levantó para deshacerse de ella. Riko también se sentó para ayudarla a quitársela. Al fin estaban las dos desnudas, bueno casi, la ropa interior de You aún estaba en ella pero no por mucho tiempo.

Volvieron a besarse con el hambre del deseo atenuada con la ternura de las palabras que acababan de profesarse, aún así la calidez de sus cuerpos mantuvo el fuego ardiendo con suficiente fuerza para que el calor les exigiera tener lo mejor de la otra. Los besos, las caricias, los susurros de placer se sentían tan bien, pero el deseo que se construía en el interior de cada una necesitaba ser saciado con algo más.

Los dedos de Riko se extasiaron tocando los músculos de los brazos de You, delineando el bien trabajado abdomen y enterrando sus uñas en la espalda para poner a prueba su firmeza. Había soñado tantas veces poder hacer eso, que ahora quería besar cada uno de esos músculos que la habían hecho fantasear tantas veces.

—Dejame probarte You-chan… por favor —suplicó mendigando el contacto con tal vehemencia que su amante no pudo negarse.

Riko se posó encima de You besando sus pechos, eran generosos y aunque ya había tenido ocasión de tocarlos antes, jamás lo había hecho de esta manera. Eran suaves, con el tono justo entre la blandura del seno y la dureza de sus pezones erguidos por la excitación. Se apoderó de uno con su boca chupando y lamiendo con su lengua, primero uno y luego el otro. You gimió sensible por las atenciones, su rostro estaba arrebolado con la sangre agolpándose en ciertas zonas de su cuerpo pidiendo su parte del placer.

—Riko-chan…

Soltó su nombre como una súplica y sus manos se enredaron en el rojizo cabello de Riko. La joven interpretó aquello como la urgencia pidiendo a gritos ser saciada.

Dibujo con su lengua los surcos de su vientre mientras éste se estremecía con cada paso. Sus manos tiraron de la tela del calzoncillo y su boca beso la frontera entre la zona íntima de You y sus deliciosos abs. La mata de pelo cenizo le dió la bienvenida y, por lo que podía observar, estaba brillante por la humedad que habían provocado sus burlas.

Se pasó la lengua por los labios en anticipación del plato que estaba por degustar.

Unió sus labios a los labios rosados introduciendo su lengua entre ellos para probar el dulce sabor del néctar del núcleo de You. Jugó con los pliegues pasando por ellos una y otra vez hasta llegar al preciado premio, el bulto hinchado que parecía hacerse más y más grande con el paso de su lengua.

—Eso se siente bien…

Los pies de You se enterraron en las sábanas haciendo que sus caderas se levantarán levemente para luego volver a caer. Se sentó abriendo sus piernas para dejar que Riko siguiera trabajando en su intimidad, pero tenía tantas ganas de grabarse la imagen de su novia entre sus piernas que al observarla allí la excitó tanto que un nuevo flujo bajo a los labios de Riko.

No pudo aguantar mucho y volvió a echar la espalda en la cama. Repitió el nombre de Riko con vehemencia sin poder resistir más tiempo. Su orgasmo estaba cerca, la lengua de Riko golpeaba su clítoris empujándola más y más al borde.

—No pares… no pares… Riko…

La venida de You cayó en la boca de Riko bañando su rostro con sus fluidos liberando todo su clímax. La chica lamió queriendo tener todo de You y se mantuvo allí hasta que el temblor de las caderas y piernas de su novia cesaron hasta ser una ligera agitación.

—Eso… eso fue… muy bueno —habló entrecortada con la respiración aún alterada.

—Ya lo creo que sí —Riko se sentó lamiéndose los labios como un gato después de comer y vaya que lo había hecho.

—Si es así de bueno, voy a querer hacer esto todo el tiempo —dijo entusiasmada ya casi recuperada—. ¡Ahora entiendo lo que decía Mari!

Riko sonrió riéndose con satisfacción de eso. No sé quejaría si You quisiera hacerlo con frecuencia.

—¿Riko-chan puedo hacerte lo mismo? —sus ojos azules brillaron y se podría decir que casi rebotaba de la emoción.

Parecía un cachorro juguetón y ansioso y no dejo que Riko le respondiera. Se levantó de un brinco jalando a la chica llevándola hasta la banca de su piano, la miró como un perrito que estaba pidiendo algo.

—Hay algo que siempre he querido hacer…

—¡¿Eh?!

You sentó a Riko en la banca frente al piano, no sin dejar un pequeño espacio entre ésta y el instrumento.

—¡Quiero que toques para mí! —exclamó con fervor.

—¡¿Qué?! —abrió los ojos sorprendida pero se recuperó rápido—. ¿Y qué estarás haciendo tú mientras yo toco? —levantó una ceja.

—Algo que leí —explicó escueta y con las mejillas rojas.

—Espera… ¿algo que leíste? —se tapó la boca incrédula y asombrada—. ¿Leíste el doujin de Yamada-sensei?

Ambas se pusieron rojas hasta las orejas.

—¡Mari me lo presto! —se excusó.

—¡Yo se lo preste a Mari! —gritó Riko.

—¡¿Qué?! —dijeron las dos al unísono para romper a reír por la trampa que la rubia les había puesto.

—¡Oh cielos! ¿Vamos a hacer eso? —ahora fueron los ojos de Riko los que brillaron con la expectativa—. Pero después haremos otra escena que yo quiero —el fuego ardió en sus pupilas y con determinación abrió la tapa de su piano y se colocó en posición.

—¡Yousoro! —hizo su saludo marinero y se ubicó debajo del piano entre las piernas de Riko.

—¿Alguna canción en especial? —preguntó Riko mirando a You a sus pies.

La chica lo pensó un poco.

—¿Qué tal esa canción de aquella película que te gustó mucho, la de los dos enamorados separados por el tiempo?

Riko lo sopesó y dió su visto bueno.

Una primer nota sonó cuando presionó una de las teclas del piano. You hizo lo mismo presionando uno de sus dedos contra la intimidad de Riko. La chica respingón pero no se apartó del toque. Aquello le emocionaba y You se dió cuenta de cuánto por lo mojada que estaba. Sus vellos rojizos estaban húmedos y su dedo se deslizaba con facilidad.

La primera parte de la melodía salió apenas de manera decente, You se movía dentro y fuera de Riko y eso complicaba que pudiera coordinar correctamente su cerebro, lleno de endorfinas placerosas, y sus manos apretando las teclas de cada nota.

Los susurros de sus labios se volvieron cada vez más sonoros cuando You agregó un segundo dedo a su labor y el piano se hizo difícil de seguir. El ritmo era lento, llevando el compás de la canción, sin embargo al llegar al coro la intensidad subía y sus piernas se acalambraron, siendo un reto continuar, pero no se detuvo.

Podía sentir los espasmos musculares y sus gemidos ya no eran simples sollozos para el final de la canción.

You se movió debajo del piano y no pudo seguir tocando cuando la boca de You se apropió de su clítoris succionando levemente acompañado del paso de la lengua y el vaivén de sus dedos dentro y fuera de Riko.

Las manos de Riko se asieron del teclado en un desesperado intento de aferrarse a algo porque sentía que iba a caer en cualquier momento. Su piel sudaba y sus extremidades se sacudían con cada arremetida. No iba a aguantar mucho más.

—You… You…

Repitió su nombre sujetando sus cabellos presionando para mayor contacto olvidándose por completo del piano. Lo único que se escuchaba era el ritmo de su respiración agitada y sus gemidos llenando la noche y su habitación.

Se rompió al fin en un profundo espasmo conteniendo el aliento, suspendiendose en la sensación de los dedos de You rozando su interior que se contraía con deseo. La lengua de su amante se movía con rapidez imitando los movimientos que había hecho en ella antes.

—¡Oh diablos! —exclamó en un balbuceo—. ¡Esto se siente… demasiado… You-chan… estoy… llegando!

Las uñas de Riko se clavaron en el cuero cabelludo de You y un gemido gutural vino desde lo más hondo de su pecho regándose como un orgasmo extasiado.

El vaivén de You se fue deteniendo hasta cesar por completo permitiendo que Riko recuperara poco a poco el control sobre sí misma. Aquella había sido una experiencia increíble. Le parecía impresionante la forma en que Riko había atrapado sus dedos y los había apretado tanto que pensó que iba a quedarse sin ellos. Estaba asombrada.

—¡Wow! ¿Podemos hacerlo de nuevo? —recargo su rostro en uno de los muslos de Riko y esta se estremeció con el contacto.

—Por supuesto que sí... pero tengo… que tomar aire… primero —su pecho aún subía y bajaba agitado.

—¡Oh! Creo que esto está bastante pegajoso —miró su mano, un líquido espeso y pegadizo bañaba sus dedos—, y… ¿esto es sangre? ¡Oh! —la sorprendió la información que su cerebro conectó al unir los cabos.

—¡Oh Dios mío! —Riko completamente roja se echó atrás avergonzada—. Debo ir a limpiarme.

—No sin mí —You la siguió levantandola del suelo para cargarla en estilo de novia—. Tienes una bañera, creo que podemos hacer más cosas allí —dijo con una gran sonrisa en la cara.

—En serio, ¿quién eres y qué hiciste con mi tímida novia? —Riko le pellizcó la mejilla.

—Calla y solo disfruta —hizo el intento por morder los dedos de Riko pero la chica retiró la mano antes.


—Deberíamos volver a casa —dijo Kanan sentándose a un lado de Mari.

Ambas estaban frente al lago, el espectáculo ya había terminado hacía una hora y sólo había algunas parejas aisladas por aquí y por allá, se podía decir que estaban prácticamente a solas. Una música se podía oír en el ambiente, gracias a los altoparlantes del lugar y eso daba una atmósfera más confortable.

—Sólo un poco más honey~, quiero estar aquí contigo y la tranquilidad de la noche —expresó la rubia jalando a Kanan para que ella pudiera recargarse en su hombro.

Habían caminado un buen rato mirando todos los puestos que pudieron en el festival, incluso Kanan había ganado un bonito delfín de peluche que le había regalado, estaba un tanto deforme, pero aún así lo había amado y ahora solo quería disfrutar una bella noche de verano a las orillas del lago, y era mejor en ese momento porque no había miradas indiscretas sobre ellas, sólo eran las dos y el lago calmo.

—Me divertí mucho hoy —confesó Kanan recargándose en la cabeza de Mari—. Tenía mucho tiempo que no pasaba un rato tan agradable. Debo reconocer que me alegra que me hayas sacado de casa.

—Yo tambíen me divertí mucho —Mari se revolvió feliz sujetando el brazo de Kanan—. Me gusta cuando estamos juntas, it's wonderful!

—Estoy de acuerdo con esto, a mi también me gusta mucho —Kanan tomó su mano y empezó a acariciarla en un gesto que se sentía tan natural y normal entre ellas.

—¿Podremos hacerlo? ¿Podremos ganar la competencia y detener mi matrimonio? —preguntó Mari volteando a mirarla con sus ojos gatunos esperanzados.

No había querido hacer esa pregunta antes porque era un signo de debilidad y ella en verdad quería ser fuerte, pero en presencia de Kanan y esa noche tan especial, sentía que podía permitirse ser vulnerable para que fuera su querida profesora la que la confortara.

—Lo haremos Mari, no tengas duda de eso, haré todo lo que esté en mis manos y aún lo que no para impedir ese matrimonio —depositó un beso en su mano—. No temas.

—Es agradable tener a alguien como tú, my princess charming —sonrió, no solo con los labios, sino con su corazón, Kanan era todo lo que alguna vez quiso para sí.

Estuvieron un rato más sentadas en esa posición hasta que el sueño empezó a invadir a Mari, era ya bastante tarde y después de un día entretenido, el cansancio empezaba a hacer mella. La rubia emitió un sonoro bostezo que atrajo todo lo que había en el aire a su alrededor.

—¡Iu! —se quejó Mari tosiendo sonoramente—. ¡Me tragué un mosquito!

Kanan empezó a reír pero al ver que Mari no dejaba de toser cómicamente, se preocupó, así que se levantó a conseguir una botella de agua para que pudiera deshacerse de esa sensación.

—Espera Mari, ya vengo —salió presurosa al puesto más cercano para conseguir el vital líquido y aliviar la molestia de la rubia.

Mari amaba los gestos principescos de Kanan. Siempre atenta a sus necesidades, simplemente no había nada que no amara de la mujer mayor. Era hermosa, fuerte en muchos sentidos, pero también vulnerable, no de mala manera, más bien era empática con las personas y podía fácilmente entender lo que los demás estaban pasando. Tenía una sonrisa cálida y unos brazos confortables y seguros que la hacían sentir protegida y amada. Había tantas cosas en Kanan que no podía describirla con pocas palabras y era afortunada de tenerla con ella.

Perdida en sus pensamientos como estaba, no se percató cuando alguien llegó tras ella y le cubrió los ojos. En un principio se sobresaltó pero pensó que quizás era una broma que le estaba jugando su príncipe encantado.

—¿Kanan~? —preguntó Mari en tono juguetón—. Pensé que te tardarías, silly.

—Es gracioso que me confundas con ella —escuchar esa voz tan cerca de su oído la hizo temblar de terror puro.

—¡Déjame en paz! —Mari empezó a forcejear para librarse de las manos de Aris que no estaba en la labor de dejarla ir—. ¿Qué rayos estás haciendo aquí?¡Suéltame!

—Esas no son formas de recibir a tu prometido Mari-chan, ya te lo he dicho, tienes que ser más cariñosa —el hombre liberó los ojos de Mari para sujetarla en un abrazo grosero—. Tanto que te he extrañado y es así como me recibes.

Mari estaba estupefacta de la situación en la que estaba y no podía hacer mucho para defenderse. El hombre la tomó del rostro y la besó como salvajidad, provocando que Mari se revolviera con todas sus fuerzas, aún si con ello se lastimada en el proceso, tratando de liberarse de él.

—¡Suéltame maldito! —gritaba Mari.

Apenas pudo escaparse o más bien Aris la soltó, como un gato que juega con su presa, pues volvió a tomarla cuando Mari se levantó de su asiento. La sujetó de sus costados quedando él detrás de ella aprisionando sus brazos y dejándola a merced de la fuerza bruta que poseía. Mari luchó por zafarse mientras el hombre empujaba con su cuerpo la pelvis de Mari frotando su inmundicia contra ella.

—Es tan divertido cada encuentro que tenemos Mari-chan que no puedo esperar a nuestra noche de bodas —el hombre empezó a tocar con lascivia los pechos de Mari y está no pudo soportarlo más, lo mordió con fuerza y le dió una patada en la entrepierna, que no dió de lleno ahí sino en el muslo, para poderse liberar. Pero aún así Aris apenas aflojó su agarre.

—¡Kanan! ¡Kanan! —gritaba Mari con toda la fuerza desesperada que sus pulmones le permitían mientras luchaba por quitarse el cuerpo del hombre de encima.

—Grita todo lo que quieras amor —Aris se burló de ella—. Nadie vendrá por ti.

Kanan no había ido lejos, había caminado hasta donde había una máquina expendedora, pero con las luces del festival, todo lo que estaba en la orilla del lago prácticamente no se podía ver. Fue hasta que escuchó la voz de Mari llamándola con desesperación que supo que algo no estaba bien con la rubia y corrió a toda prisa hasta su encuentro tirando las bebidas que llevaba en sus manos.

Conforme se acercaba pudo ver la silueta de un hombre forcejeando con Mari y una descarga de adrenalina se apoderó de su cuerpo haciéndola correr más rápido que nunca. Tenía miedo de que lastimaran a la chica.

—¡Mari! —gritó Kanan para hacerle saber que estaba allí.

Había corrido con tanta desesperación que en ningún momento se percató que el hombre no se encontraba solo, justo cuando estaba a punto de llegar hasta donde estaban, se llevó un fuerte golpe en el estómago que le sacó el aire y la dejó tirada en el piso apenas con el suficiente aire en su pecho.

Sintió confusión, quiso levantarse de inmediato pero unos brazos la sujetaron para ponerla de pie por la fuerza y con inusitada violencia. Su falta de oxígeno a causa del golpe, hacía que apenas pudiera ser consciente de su entorno.

—Vaya vaya… hasta que nos honra con su presencia mi querida sensei —Aris se regodeó de su ventajosa posición con Mari y veía con emoción como Kanan estaba aún desorientada debido al golpe que le había propiciado uno de sus guardaespaldas.

Un hombre, de los guardaespaldas, sostuvo a Mari para que esta no se fuera sobre Aris mientras esté iba a encarar a Kanan.

—¡Eres un maldito cerdo! —le gritó Mari tratando de liberarse del agarre del hombre.

—Eso ya lo sé querida, deberías decirme algo nuevo —respondió el hombre con cinismo—. Estar con esta mujer te está volviendo más tonta de lo normal.

Tan pronto como Kanan empezó a salir de la neblina y recuperó el ritmo de su respiración, trató de zafarse del agarre, pero era inútil, dos hombres bastante más grandes y altos que el mismo Aris se encontraban sujetándola, uno en cada brazo.

Kanan trató de patear a Aris cuando vio que se acercaba pero se llevó un nuevo golpe en el estómago que le sacó el aire otra vez y frustró sus intenciones, al menos esta vez no perdió la consciencia.

—No entiendo cuál es el afán de pelear conmigo —se burló Aris con descaro—. Yo solo quería hacerles una visita de cortesía y ambas se ponen francamente insoportables. ¿Es qué acaso debo enséñales cómo deben comportarse frente a un hombre?

—¡Cállate maldito imbécil! ¿Qué sabes tú de ser hombre? Sólo eres un cobarde que se escuda detrás de sus gorilas —la rubia no se rindió en enfrentarlo—. ¡Suéltala idiota!

—Veo que tienes a esta mujer en alta estima Mari-chan —Aris levantó el rostro de Kanan que lo miró con odio, poco podía hacer estando tan firmemente sujetada—. Es una lástima que dentro de poco, cuando seas mi esposa, no la verás más.

Kanan no podía creer que se encontraran en esa situación, era terrible que no hubiera nadie cerca que las pudiera ayudar alertando a la policía o algo, pero era su culpa por no haber previsto que algo así pudiera ocurrir. No había pensado en esto.

—¡Me das asco! —dijo Kanan cuando pudo hablar de nuevo—. ¡Eres un cerdo! —así como estaba, lo único que pudo hacer fue escupirle en la cara con todo su desprecio.

El hombre, molesto por la agresión, respondió con una cachetada que plantó en la cara de la mujer. El golpe realmente no le dolió demasiado, lo que si le dolía era la posición en la que estaba Mari.

—Te dije que ibas a pagar la humillación del otro día y yo cumplo todo lo que prometo —le espetó con rabia.

—¡Eres un maldito desgraciado! ¡No la toques! —Mari estaba desesperada y luchaba con todas sus fuerzas para librarse del hombre que la mantenía agarrada, era tanta su desesperación que un segundo guardaespaldas tuvo que ayudar para mantenerla en el lugar.

—¡Eres un cobarde! —contestó Kanan cuando se recuperó del golpe—. La única razón por la que puedes hacer esto es porque estás con estos gorilas, de otra forma ya te hubiera respondido como te mereces. ¡Eres un asco de persona!

—¿Asco? —el hombre soltó una risa cínica, realmente estaba disfrutando de aquello—. Asco me dan ustedes dos con sus desviaciones, pero eso está por terminar.

—El único desviado aquí eres tú —respondió Mari molesta—. Cuando me libre de esto, te juro que lo vas a pagar.

—Mi linda y poco inteligente Mari, ¿crees que es tan fácil? —Aris se giró para dar su atención a la rubia—. A mí no me importa cualquier estúpido trato que hayas hecho con tu padre —la señaló yendo hasta ella—. Tú eres mía desde el momento en el que sellamos el compromiso y yo no voy a perder eso. ¡Yo nunca pierdo! Y no voy a empezar a hacerlo con una insignificancia como tú —Aris tomó el rostro de Mari y le plantó un beso rudo y violento en su labios, Mari no pudo hacer nada se quedó helada cuando los dientes de Aris le mordieron el labio hasta hacerlo sangrar—. Ustedes dos están en mis manos y tomen esto como una advertencia, el viejo O'hara no sabe con quién está tratando y no dejaré que rompa nuestro trato por un capricho de su molesta hija —amenazó a ambas—. Yo te compre O'hara Mari, tú eres mi propiedad y que no se te olvide eso —sujetó sus mejillas con brusquedad y enterró sus dedos con tal fuerza que Mari creyó que su mandíbula se dislocaría—. Sólo yo puedo jugar contigo.

—Lo vas a pagar Aris, te lo juro que lo vas a pagar —fue Kanan la que hablaba ahora, estaba tensa con toda la furia contenida contra aquel tipo.

—No me preocupan las amenazas vacías de una don nadie como tú —el hombre se dió la vuelta e hizo una seña a los hombres que lo acompañaban—. Consideren esto una advertencia. No me hagas perder más mi tiempo Mari, déjate de estupideces o esto será lo mínimo que sucederá si sigues de necia con esta mujer.

A la señal de Aris los guardaespaldas que sujetaban a Kanan la soltaron para irse sobre ella. La golpearon sin piedad tanto en el abdomen como en la cara antes de dejarla caer en el suelo casi sin conciencia. Mari estaba en shock, la sangre estaba sobre el rostro de Kanan y apenas respiraba. Dejó de forcejear viendo cómo Aris se daba la vuelta para irse.

Cuando al fin la soltaron, Mari corrió a socorrer a Kanan hecha un mar de llanto.

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