Capítulo 42.
Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.
NdelA: Celos de tus ojos cuando miras a otra chica, tengo celos, celos ~...
No sé por qué siento que van a terminar con la misma canción en mente cuando terminen de leer.
Disfruten el capítulo.
Mag Max Kuv Bigotes: Perdón por la tardanza pero es difícil luchar contra mis pocas ganas de escribir.
Lo que parecía un bonito paseo de domingo por la noche se había transformado en una auténtica pesadilla de la que sentía que no iba a salir a corto plazo. Tan pronto como los guardaespaldas de Aris soltaron a Mari, está corrió a auxiliar a Kanan que yacía en el suelo en un estado bastante deplorable. La rubia aún podía escuchar las risas de Aris y temblaba de impotencia por las amenazas de este.
Se arrodilló con urgencia tratando de ayudar y tuvo que aguantar un grito al ver el rostro de Kanan, sintió que la fuerza la abandonaba, pero no podía flaquear. Del labio de Kanan brotaba sangre copiosa y brillante, tenía su párpado bastante inflamado desfigurando su rostro y moretones donde los golpes no habían roto la carne pero si dejado la huella de su paso. La mujer estaba doblada, respirando con dificultad tratando de recuperar el aliento que le había sido robado a punta de puñetazos.
—¡Kanan! ¡Kanan! —hablaba Mari con desesperación, aún no podía serenarse, seguía temblando—. Please, talk to me.
—Estoy bi… bien, estoy bien Mari —dijo Kanan con bastante dificultad, aunque eso era una mentira que desesperaba más a la rubia.
—Iré por ayuda… solo aguanta un poco —Mari estaba demasiado asustada y no sabía cómo proceder. Justo antes de que saliera corriendo, Kanan la detuvo tomándola de la mano impidiéndole irse.
—No, espera por favor… no te vayas —pidió Kanan sentándose con dificultad y agarrándose el tórax—. No quiero que te alejes de aquí, ese hombre… podría estar... esperando… —su respiración seguía agitada.
—No iré lejos, solo necesito que alguien nos ayude, tenemos que ir al hospital —Mari intentó soltarse suplicándole pero Kanan aún así no se lo permitió.
—Mari… mírame por favor, yo estoy bien, no es nada, sólo un poco de sangre, es todo. He tenido peores días —realmente Kanan estaba haciendo un gran esfuerzo para disimular el dolor que los golpes le estaban causando pero estaba más preocupada por el estado de shock que Mari podría estar presentado, se le veía muy asustada, con los ojos desorbitados, Kanan nunca la había visto así, ni siquiera cuando tuvo su accidente en el que casi muere ahogada en la piscina.
—Kanan… entiende, tengo que hacer algo… tengo que ayudarte, no puedes estar así... déjame ir por favor —dijo esto último con la voz quebrada y las lágrimas saliendo de sus ojos.
Haciendo acopio de su fuerza, la poca que le quedaba, Kanan jaló a Mari a su pecho para ayudar a reconfortarla, aunque ese gesto le provocó un gran dolor que tuvo que disimular. Si bien Kanan había recibido los golpes, Mari había recibido algo mucho peor, ese hombre estuvo a punto de ultrajarla y ella no pudo hacer nada para evitarlo.
Mari no se relajó con el abrazo de Kanan pero al menos se tranquilizó lo suficiente para no querer salir corriendo.
—Tenemos que volver a casa —dijo Kanan al darse cuenta que Mari ya estaba menos alterada—. Es peligroso que sigamos aquí, si a esos tipos de les ocurre regresar.
—El hospital… —insistió Mari—, tenemos que ir al hospital.
—No —dijo tajante—, necesitamos llegar a casa. Ven Mari, ayúdame a ponerme de pie, vayamos a casa que todo estará bien —aún sin estar muy convencida, Mari ayudó a Kanan a incorporarse, lo primero era moverse.
Los golpes que recibió habían sido en el rostro y el tórax, eso hacia que al menos pudiera caminar sin tanta molestia, salvo cuando respiraba que era cuando una punzada cruzaba su cuerpo haciendo que esto fuera difícil.
Afortunada o desafortunadamente para ellas, no encontraron a nadie conocido en el camino, que tomó algo de tiempo. Al llegar a casa, Mari pudo apreciar por completo el daño que había recibido Kanan. Se veía escandaloso por la sangre derramada pero tampoco era algo simple.
La herida que había sangrado era un corte que tenía en el labio, probablemente cuando Aris le dió aquella bofetada, terminó rompiendo el labio con su propio diente. La herida no era muy grande, pero aún continuaba manando sangre de ella y la ropa que traía ya estaba bastante manchada.
El párpado del lado derecho, se había inflamado y dentro del ojo se podía ver una pequeña hemorragia que daba un aspecto mucho más aparatoso y siniestro.
Lo peor vino cuando Kanan se descubrió el torso al quitarse la camisa manchada de sangre, pudieron apreciar el daño que le habían infligido los golpes a sus costillas. Tenía grandes marcas moradas que abarcando gran parte de sus costado, aunque uno de ellos se veía más maltratado que el otro. Tan solo de verlo era doloroso, Mari no quería imaginar lo que había sido recibir todos esos golpes.
—¿Ves Mari? Todo está bien, solo son golpes —Kanan trató de fingir una pose despreocupada pero el dolor al moverse le disparó nuevamente la molestia haciendo que se doblara.
—En verdad te voy a llevar al hospital Kanan, no puedes quedarte así, ¿qué pasaría si te hubieran roto algo? No puedo quedarme tranquila —Mari se acercó y con un dedo tocó uno de los moretones en su costado, el más horrible, a lo que Kanan se retiró al instante impidiéndole que la agarrara.
—No Mari, ha sido demasiado por esta noche. Mañana tenemos que volver a la escuela y no quiero que esto se haga más grande —ella tampoco estaba tan segura que todo estaba bien con su cuerpo pero le preocupaba más la seguridad de Mari que la suya, así que no había discusión —. ¿Crees que me puedas ayudar? Necesito curarme esta herida del labio para que deje de sangrar —desvió su atención para que de ese modo olvidará en algo la idea de hospital.
—Quiero que vayamos al hospital Kanan~, I'm serious —exclamó Mari acercándose hasta donde estaba Kanan sin morder el anzuelo del todo.
—Yo tambien lo digo en serio, no vamos a ir a ningún lado porque no tengo nada, mira —Kanan tomó el rostro de Mari entre sus manos e intentó besarla pero la chica no se lo permitió.
—¡Tienes sangre! —se quejó Mari apartando a Kanan con cierto asco—. Déjame ir por el botiquín para ayudarte con eso —sacó la lengua enojada.
La reacción de Mari hizo reír a Kanan quien se terminó doblando a causa del malestar que eso generaba, mover el pecho era bastante doloroso. Tuvo que volver a retomar la compostura pues Mari volvió unos minutos después cargando el botiquín de primeros auxilios que Kanan guardaba en la cocina por motivos de seguridad implementados para cualquier eventualidad causada por Mari más que nada.
La chica lavó y desinfectó las heridas antes de cubrirlas. Afortunadamente la herida del labio no era muy grande, que necesitara puntos, ni profunda, aunque sí lo suficiente para todo el desastre de sangre que había provocado, y con un pequeño vendolete fue más que suficiente para detener el sangrado. Para la inflamación en el párpado Mari consiguió algunas compresas frías del congelador, Kanan las usaba para relajar los músculos luego de las prácticas, y ayudó a Kanan a colocarlas sobre su ojo adolorido. Y en cuanto a los golpes en las costillas, sólo pudo colocar hielo y darle algunos desinflamatorios, nada tópico porque Kanan no le permitió tocarla. Por el momento se sentía tranquila al ver que pudieron contener los daños aunque al día siguiente estaba más que decidida a llevar a Kanan al hospital para una revisión si no mejoraba.
Después de toda la curación, Mari ayudó a Kanan a recostarse para que pudiera dormir, anduvieron hasta el dormitorio paso a paso. Aunque para la rubia realmente no iba a ser tan fácil conciliar el sueño luego de lo que había pasado, pues todavía podía sentir la adrenalina corriendo por su cuerpo.
—¿No puedes dormir? —preguntó Kanan al notar que Mari no se quedaba quieta en la cama, aunque realmente no podía dormir tampoco por el dolor presente aún.
—Lo siento, ¿te desperté? —preguntó Mari preocupada incorporándose para ver a Kanan.
—No, aún sigo despierta también —Kanan tomó la mano de Mari que respingo al sentir que entrelazaba sus dedos, la rubia podía sentir el temblor ligero que acompañaba ese apretón.
—Es que sigo pensando que deberíamos…
—Ir al hospital, ya lo sé —interrumpió Kanan con una sonrisa trémula, ya más consciente de que debían hacerlo—. Mañana iremos, lo prometo, es sólo que por ahora necesitas estar tranquila tanto tú, como yo —acercó la mano de Mari a su boca y depositó un beso sobre ella.
—Es una promesa, mañana iremos —Mari apretó la mano de Kanan para hacer énfasis—. ¿Sabes? Creo que mi padre no fue el que mandó a espiarnos, ha sido ese canalla el que ha montado todo esto —Mari explicó lo que había andado revoloteando en su mente.
—Yo también lo creo, tu padre puede que juegue sucio, pero esto que ha hecho este… cabrón —espetó con rabia—, solo ha sido una muestra de lo miserable y poco hombre que es.
—Me preocupa lo que ha dicho, sobre lo del acuerdo con papá —confesó Mari angustiada—. ¿Y si al final no hay forma de librarme de él? —dijo lo último en un hilo de voz.
—La habrá Mari, y si ellos no cumplen su palabra, yo sí cumpliré la mía —respondió Kanan con firmeza, la mirada era intensa y Mari no podía desviar sus ojos de ella, amaba ese lado seguro y determinado que tenía su maestra—. Encontraré el modo y haré todo lo que tenga que hacer hasta librarte de ese compromiso, y no me importa el precio que tenga que pagar por hacerlo.
Las palabras sinceras de Kanan hicieron que Mari sintiera un vuelco en su estómago, aunque no supo en ese momento la razón de ello, aquella muestra de coraje y decisión le hacía sentir mal porque realmente no deseaba que Kanan tuviera que hacer un sacrificio demasiado extremo que la pusiera en peligro. Eso era lo que menos quería. Sentía culpa por cómo había tenido que sufrir Kanan los golpes de ese malnacido de Aris y sus esbirros.
Finalmente Mari abrazó a Kanan, tratando de disipar sus pensamientos, teniendo cuidado con su costado lastimado. Aunque el sueño siguió sin llegar para ella, en cambio, su mente no podía despejarse, pasó toda la noche pensando en lo que debería hacer ahora que la amenaza de Aris estaba en el aire.
En la mañana, cuando los primeros rayos de sol empezaban a colarse por su ventana, decidió que no podía esperar más para hablar con su padre, se sentía demasiado insegura sobre las palabras de Aris y necesitaba algo que le dijera que estaba haciendo lo correcto y por alguna razón, la persona que podía hacerlo era, precisamente, su no tan adorado padre. Al menos así podría saber si Aris mentía o no.
En cambio, la noche para Kanan fue bastante agitada. Su cuerpo estaba cansado, sin embargo mientras dormía, cada vez que se movía el dolor agudo se disparaba desde sus costillas y terminaba despertandola, lo que hizo que pasara muy mala noche. Ya rumbo al amanecer, el cansancio pudo más que ella y entró en un sueño profundo que fue interrumpido cuando escuchó la voz de Mari hablando o, más bien, casi gritando con alguien en la casa.
Se despertó agitada, tratando de incorporarse rápidamente, estaba alarmada por Mari haciéndose mil historias en la cabeza, sólo que al hacer el esfuerzo para levantarse, el dolor no la dejó hacerlo con facilidad y cayó de nuevo en el colchón.
—¿Mari? —la llamó desde la cama esperando alguna respuesta de la rubia que se escuchaba estaba en la sala de la casa, sin embargo no la obtuvo.
Luchando contra su dolor, se apretó con fuerza las costillas y se levantó casi sin vacilar avanzando hasta la puerta del cuarto donde se sostuvo en el marco. Lo único que le tranquilizaba es que la voz de Mari no se había vuelto a elevar y además no se escuchaba alguien más con ella, ninguna otra voz, debía ser una conversación telefónica.
—¡Te lo dije, entre nosotras no hay nada y no me importa lo que tú o ese malnacido crean, yo voy a cumplir con mi parte del trato y tú tienes que cumplir con la tuya, padre! —Kanan escuchó que Mari alzaba nuevamente la voz y con eso supo cuál era la causa de ello.
—¿Mari? —preguntó Kanan cuando escuchó que la rubia colgó el teléfono resoplando del coraje—. ¿Estas bien?
—¡Kanan! ¿Qué haces levantada? —se giró a verla, Kanan estaba entrando en la sala—. Aún es muy temprano, quería dejar que durmieras un poco más —dijo Mari tratando de esconder su frustración tras su preocupación, pero ya era muy tarde.
—¿Hablabas con tu padre? —preguntó a la rubia directamente sin dar rodeos al asunto.
—Si… —Mari se fue a desplomar en el asiento de la sala con algo de frustración contenida—. Necesitaba hablar con él, que me diera la cara por lo que pasó ayer.
—Y, ¿supongo que no fue nada bien la plática? —expresó Kanan sentándose a su lado con mucho más dificultad que ella, todavía llevaba el brazo sosteniendo el tórax.
—Pues no… él dice que no sabe nada de eso pero que no puedo culpar a Aris, que sólo está siendo un emm… ¿cómo dijo? —se llevó la mano a la barbilla para enfatizar su sarcasmo—. Es un prometido enamorado que se ha puesto celoso por mi cercanía contigo.
—Ay no… —Kanan se cubrió la boca para evitar decir lo que realmente pensaba—. ¿Es que qué clase de persona es ese hombre? Lo siento Mari, sé que es tu padre pero… ¡Agh! —bufó con molestia—. ¿Cómo puede justificar lo que hizo Aris de esa manera? Y no lo digo por los golpes, eso me da igual pero… ¡El hombre te acosa! ¡Pudo abusar de ti! Y él sólo dice eso… ¡Rayos!
—Los dos son una basura… cortados con la misma tijera… en verdad los odio —Mari estaba reprimiendo sus sentimientos porque su padre había dicho ciertas cosas que la dejaron inquieta, más bien asustada y que prefería no compartir con Kanan.
—De cualquier manera Mari, eso no cambia nada —como pudo a pesar del dolor, Kanan se acercó a Mari para abrazarla—. Yo te voy a proteger, no importa lo que tenga que hacer.
El corazón de Mari dió un vuelco pues esas palabras de Kanan eran justamente lo que le preocupaban. Ella estaba dispuesta a ponerse en peligro para ayudarla pero Kanan no sabía el tipo de peligro que estaba enfrentando, estando cerca de Mari, su vida era lo que podía perder y tal vez eso es lo que no entendía aún.
El rostro de Kanan amaneció mucho mejor que el día anterior pero todavía estaba bastante inflamado así que Mari tuvo que usar su talento con el maquillaje para ayudarle a cubrir un poco los golpes, no se veía bien que Kanan llegara de esa manera a la escuela y menos si en ese día tendría reunión con la directora para discutir el futuro del equipo, aunque eran evidentes los golpes que había sufrido.
Llegaron juntas a la escuela aunque manteniendo mucho más distancia de lo normal o eso trató de hacer Mari. Sin embargo unas pocas de las alumnas que solían llegar antes, al ver a Kanan se sorprendieron, realmente no lucía del todo bien.
Como era muy temprano cuando llegaron, Mari se quedó en el salón de clases esperando que todo diera inicio nuevamente, solo que, en su mente, las palabras de su padre seguían haciendo estragos.
"No tengo porque andar haciendo ese tipo de cosas Mari-chan, puedo intervenir de otras maneras pero sabes que ese tipo de métodos no son de mi gusto, sin embargo tu prometido está en todo su derecho de dejar en claro a quién le debes lealtad y si tuvo que hacer algo como eso, no lo culpo. Agradece que tu maestrita no ha cruzado la línea contigo por que de otra manera la historia hubiera sido muy diferente." Mari conocía el cinísmo de su padre, pero eso… eso que le había dicho, era una barbaridad, era vil misoginia y machismo. Le dió asco comprender que su padre era así.
Sin embargo, las palabras brutalmente honestas del hombre le habían dejado algo en claro, estaban siendo vigiladas, y muy de cerca, probablemente su corazonada sobre los vecinos era cierta. No creía que tuvieran cámaras en la casa porque los besos que se han dado ya hubieran sido descubiertos o tal vez eso no les interesaba.
"Esta es una lección que tienes que aprender Mari-chan, el mundo de los negocios es un mundo cruel y despiadado en donde una equivocación puede ser fatal. Sería muy lamentable que tu maestra terminara pagando por tus errores, ¿no lo crees?" Eso fue lo que hizo que Mari perdiera los estribos. Eso era una amenaza o tal vez el peligro siempre estuvo latente sin embargo ahora era mucho más tangible.
Fue hasta ese momento que comprendió el verdadero peligro al que Kanan se estaba exponiendo con su determinación de ayudarla, no solo eso, también le hacía abrir los ojos a tantas otras cosas que habían sucedido en su pasado donde otras personas que a las que quiso y la quisieron a ella, simplemente se habían alejado sin explicación. Había sido ingenua al creer que, como su padre dijera en aquel momento, sólo estaban tras su dinero. Siempre pensó que el mayor riesgo que corrían era que no lograran detener su matrimonio y terminara casada con ese hombre, sin embargo, ahora tenía una preocupación mucho mayor. Por lo que el mismo Aris había dicho y lo que dijo su padre reafirmando las intenciones del primero, le quedaba más que claro, la vida de Kanan se encontraba en peligro y en sus manos estaba no arriesgarla más.
Una pesadez aplastó a Mari cuando cayó en cuenta de esto. Lo peor era que estando ya hasta donde estaban, no había forma de desistir, lo único que podía hacer era mantener su distancia con Kanan y evitar realizar alguna acción que pudiera ser malinterpretada y que desencadenara represalias en contra de ella.
Estando así, tan adentrada en sus pensamientos, no se dio cuenta cuando dos frías manos cubrieron su rostro con sigilo.
—¡Ma-ri-chan! —pudo reconocer una muy animada voz de su pequeño cachorrito que la llamaba.
—¡You-chan! —le respondió el saludó con efusividad aunque cuando You retiró sus manos, fue a Riko a quien vió parada frente a su pupitre con una amplia sonrisa. Algo bastante inusual para la Riko que conocía—. Y… ¡Riko!
—Buenos días Mari —la saludó Riko con su particular tono solemne pero cálido.
—¿Eh? Cuánta amabilidad señorita Sakurauchi —Mari volteó a ver a You tratando de comprender qué era lo que estaba pasando pero no le costó mucho trabajo deducirlo cuando pudo distinguir una pequeña pero significativa marquita en la base del cuello de Riko.
—¡Buenos días Mari-chan! —la saludó You acomodándose a un lado de Riko y tomando su mano—. Te estoy saludando desde hace rato y no me respondes Mari-chan, ¿te pasó algo? Estabas ausente.
—No —negó Mari—. Todo está bien —asomó una sonrisa pícara—. Pero… creo que ustedes dos están más que bien —picó a You en las costillas—. Creo mi querida marinera, que se te pasó la mano con el amor que le diste a Riko-chan ayer.
—¡¿Eh?! —Riko se puso nerviosa—. Nosotras no… bueno… qué cosas dices.
Mari soltó una carcajada, era inusual ver a Riko avergonzada, aunque You también se puso colorada de la cara.
—No tiene caso que lo nieguen —se colocó en medio de ellas dos, poniendo sus brazos sobre el cuello de ambas—. Creo que tuvieron un matsuri con final feliz —el color rojo de sus mejillas subió hasta las orejas de Riko y You.
—¡Mari! —se quejó You—. Nosotras no...
—¿Me vas a decir que no lo hicieron? —preguntó Mari divertida acercándose a You—. El cuello de Riko-chan dice lo contrario —señaló la prueba del delito—. Tal vez en la próxima ocasión se puedan moderar cuando se trate de marcar territorio, ¿no lo creen?
Mari estaba tan alegre con la reacción de ambas que poco le importó controlar su volumen de voz y probablemente para entonces todo el salón se enteró sobre las travesuras que había estado haciendo la pareja en la noche anterior, aunque a nadie le dolió tanto escucharlo como a Chika, que aún teniendo a Ruby en sus pensamientos, enterarse de ese tipo de cosas se le hacía doloroso.
Para fortuna de Chika, la plática fue interrumpida por Dia quien llegó a dar su clase de manera puntual, y aunque no era la persona a la que quería ver en ese momento, al menos logró que You y Riko no entraran en detalles sobre su "matsuri con final feliz".
Chika temía que su encuentro con Ruby el dia anterior tuviera repercusiones en la clase, ese tipo de represalias que su sensei le aplicaba con regularidad, sin embargo Dia parecía ausente. Prestaba poco interés a todas en realidad, lo que al menos dejó que Chika diera un respiro a sus tribulaciones.
Tal y como habían previsto, la directora había cortado los fondos al equipo de natación, no por completo, pero todo lo que tenían presupuestado para "las competencias" por el resto del año había cambiado de destinatario y ahora se iría para el equipo de atletismo de la escuela. Afortunadamente el horario de práctica del equipo no fue recortado, por lo que podrían seguir entrenando dentro de las instalaciones de la escuela. Probablemente el padre de Mari no pudo intervenir en eso o simplemente no consideraba que tuvieran lo que se necesitaba para ganar.
Kanan se sentía molesta aunque no lo suficiente como para reclamarle algo a la mujer. Sabía quién estaba detrás de todo así que los reclamos no iban a servir o arreglar nada. Para la mala suerte, la directora también mostró interés en el aspecto maltratado de la profesora, en un inicio pareció contrariada solo que recuperó la compostura pronto. Kanan se limitó a explicar de forma escueta que la habían asaltado el día anterior y que no había pasado a mayores. La directora no quiso saber mucho tampoco y el asunto quedó zanjado con un "trate de atenderse" y eso fue todo. La despidió de su oficina y se fue a atender sus clases.
Estaba esperando a que llegara la hora de la práctica con el equipo para informarles sobre la nueva situación. Ya tenía el plan de respaldo claro, pero sólo funcionaría si el resto del equipo estaba dispuesto a destinar un poco más de tiempo para el bienestar colectivo. Era consciente de que les pediría mucho más, pero era necesario si la meta que tenían estaba en ganar las nacionales.
Agobiada como estaba y con el dolor punzante y latente en cada paso, planeaba tomarse un descanso de las clases de la mañana ya que éstas no serían tan exigentes. Apenas tenía un par de grupos pasado el descanso y después la práctica por la tarde, así que podía permitírselo por ahora. Tenía el aula de profesores para ella sola y mientras tomaba su desayuno, Dia entró en la habitación disponiéndose a hacer lo mismo.
Inicialmente pensó que Dia la ignoraría como lo había estado haciendo últimamente, pero la mujer tomó su obento y se fue a sentar frente a ella para su sorpresa.
—Fui a visitar a papá —le dijo mientras desempacaba sus alimentos abriendo la conversación como si nada—. ¿Por qué no me avisaste que había estado mal? —aunque no por mucho tiempo, eso último salió como un reclamo.
—Porque no lo preguntaste —respondió Kanan con tranquilidad, no quería exaltarse—, pero me alegra que lo visitaras, se pone feliz cuando lo vas a ver.
Dia levantó la vista de su comida y entonces se dió cuenta de los golpes que mostraba Kanan en su rostro y de su aspecto general bastante maltratado.
—¡¿Qué rayos te paso?! —preguntó alarmada poniéndose de pie para revisarla más de cerca.
—Nada, nada —Kanan intentó retirarse pero Dia fue más rápida y cuando se quiso levantar de su silla, Dia ya estaba a su lado—. Tuve una situación ayer… es todo —trató de restarle importancia pero con Dia eso no servía de mucho.
—¿Qué fue lo que pasó? —dijo en tono severo y autoritario—. Y no te atrevas a mentirme —sentenció Dia cruzándose de brazos.
—No fue nada… ayer intentaron asaltarme. Sólo eso —explicó Kanan secamente queriendo que Dia dejara de escudriñarla.
—¿En el matsuri? —preguntó Dia frunciendo el ceño—. Eso es muy raro, no es común ese tipo de violencia en el pueblo. ¿Lo reportaste a las autoridades?
—Bueno… fue cuando iba de regreso a casa y… Espera, ¿cómo sabes que fui al Matsuri? —reaccionó de pronto.
—Porque te ví —respondió Dia con fría calma sin quitar el dedo del renglón, que la explicación de Kanan aún no la dejaba satisfecha—. Ibas con esa niña.
—¿Tú? ¿Fuiste al matsuri? ¿Kurosawa Dia? —picó Kanan tratando de distraer a su amiga.
—Ruby tenía ganas de ir y yo sólo la acompañé —se encogió de hombros—. Pero no intentes salirte por la tangente. ¿Qué fue lo que pasó?
Kanan intentó ponerse de pie pero Dia estaba al pendiente de sus movimientos y no pasó desapercibido el gesto de dolor que hizo su amiga al realizar el esfuerzo. Dia se acercó hasta ella y le tocó las costillas justo en donde más le dolía.
—¿Realmente te asaltaron o más bien te golpearon en un ajuste de cuentas Kanan? —dijo molesta al ver que su amiga se encogía a la presión con un rictus de dolor—. ¿Es por O'hara Mari? ¡Rayos Kanan! ¿En qué te has metido? ¿Desde cuándo participas en peleas callejeras?
—No… no fue así —negó Kanan con la cabeza—. No sé de donde sacas tus conclusiones pero no fue lo que pasó.
—Pues si me contaras que fue lo que pasó entonces no tendría que sacar conclusiones apresuradas —espetó Dia con molestia—. ¿Qué está sucediendo?
—¡Ya te lo dije! Intentaron asaltarnos y no lo permití, es todo —cuando Dia llevaba a Kanan contra las cuerdas, ésta terminaba sacando su actitud más borde para tratar de alejarla.
Dia se acercó más a ella hasta quedar a un palmo de su nariz tratando de usar toda su figura imponente para amedrentarla y hacerla hablar.
—Tú a mí no me engañas, lo puedo ver en tu mirada. Lo que sea que haya pasado tiene que ver con esa rubia. ¡Ella tiene la culpa! Y no trates de negarlo —bufó Dia casi con rabia—. Desde que apareció sólo has tenido cosas malas tras cosas malas por querer hacerte el príncipe azul y mírate ahora —señaló lo obvio—. Pero está bien, no me digas más si no quieres —se alejó de Kanan que estaba prácticamente recargada contra la pared después de ese arrebato—. Sólo escúchame bien Matsuura Kanan, esa chica te trae problemas...
—¡No más problemas de los que tú tienes en la tuya! —molesta como estaba, Kanan respondió sin pensarlo—. ¡Qué no olvido el desastre que has estado haciendo en las últimas semanas! Así que será mejor que te abstengas de darme consejos sobre como debo o no llevar mi vida, porque antes de fijarte en la vida de los demás deberías componer la tuya. Que el camino que estás tomando va a terminar dañando a la persona que más quieres sino es que ya lo has hecho.
—¿Cómo te atreves a hablarme así? Lo único que estoy haciendo es preocuparme por ti —dijo con total indignación.
—¡Déjame en paz Dia! —le pidió de mala manera—. Puedes meterte tu preocupación por donde más te apetezca.
Kanan empujó a Dia para quitarla de su camino dejándola estupefacta con su respuesta. Dia había llegado en son de paz para tratar de hacer las paces con Kanan, aunque jamás se imaginó que las cosas saldrían de ese modo y ahora tenía ganas de responderle, pero poco podría decir sabiendo que su amiga tenía toda la razón.
—Y ni se te ocurra tomar represalias contra Mari, porque eso si que no te lo voy a permitir —espetó Kanan antes de abandonar el lugar poniendo una última advertencia a Dia—. Tienes que dejar de ser tan inmadura, aún cuando tratas de actuar como una honorable Kurosawa terminas comportandote como una adolescente molesta, es hora de cambiar Dia, ya no somos niñas, ni tú quieres ser como tus padres.
Las palabras de Kanan fueron bastante duras, pero justamente describían el comportamiento de su amiga y aunque había evitado decirlo tan crudo en las últimas ocasiones en que se habían visto, su enojo terminó hablando por sí mismo.
Molesta como estaba por su plática con Dia y luego de darle bastantes vueltas a la escuela para intentar calmarse, Kanan llegó a la práctica del equipo en donde tenía que explicar la nueva situación a la que tenían que enfrentarse con los fondos reducidos.
Para su fortuna, Mari ya la estaba esperando en su oficina. Necesitaba un momento con ella para terminar de tranquilizarse y mentalizarse para enfrentar al equipo y darle las malas noticias y lo que harían con ellas.
—Darling, ¿cómo te fue con la directora? —preguntó Mari cuando Kanan entró a la oficina y si desplomó en la primera silla que encontró.
—Pues… justo como pensamos que sería —se cubrió el rostro denotando frustración—. Nos quitaron todos los fondos para el viaje, ya no tenemos nada, apenas y dejó suficiente para que podamos seguir dando el mantenimiento a la piscina por el resto del año y es todo.
—Entonces podremos seguir practicando aquí —dijo Mari animada, de lo que esperaba que sucediera al menos no les quitaron eso.
—Pues si, eso no lo tocó al menos, aún conservamos nuestro horario de práctica entero, no nos limitó el tiempo —explicó Kanan asintiendo—. Pero aún así necesitamos conseguir los patrocinios para solventar el resto de los gastos. Ahora le iré a explicar al equipo qué es lo que pasa y ver si podemos seguir adelante.
—Sabes qué dirán que si al final, ellas están comprometidas con la meta, espero; y después de eso, iremos al hospital —Mari se acercó hasta donde estaba Kanan para revisar la herida de su labio.
—No tengo nada Mari, en serio, si tuviera algo, ya para estas horas hubiera muerto o algo así —dijo Kanan tratando de soltar una broma que no fue muy bien recibida por Mari.
—No es gracioso Kanan, tú lo prometiste y vamor a ir, that's all —concluyó la rubia.
—Iremos más tarde —Mari se estaba levantando cuando sintió que los brazos de Kanan la rodeaban por la espalda antes de que se retirara—. Déjame estar así, necesito… un respiro nada más —solicitó Kanan casi suplicante hundiendo su rostro en el cabello de Mari.
Con los temores nuevos comiendo su cabeza, Mari no sabía cómo manejar la situación con Kanan. Tenía miedo de estar cerca de ella y era mucho peor que se tocaran, las pequeñas demostraciones de afecto tenían que terminar, no importaba si estaban en la escuela o en un lugar que consideraran privado o donde fuera, todo le parecía demasiado arriesgado ya que podrían estar observandolas sin que lo supieran a ciencia cierta.
El timbre sonó anunciando que las clases habían terminado y por ende, la práctica estaba a punto de iniciar, por lo que Kanan rompió el contacto y se fue a preparar al igual que Mari quien prefirió no hacer mayores comentarios al respecto, ya tendrían que hablarlo después, o tal vez simplemente se lo guardaría y esperaría que Kanan lo entendiera de la misma forma.
Mari se encargó de sacar el equipo para entrenar mientras que Kanan terminaba de juntar la información que le daría al equipo. Unos minutos después, el equipo completo se encontraba escuchando lo que su entrenadora tenía que decirles.
You y Riko se habían encargado de juntar al equipo para que escucharan a Kanan. En cuanto la vieron, fue más que evidente que algo le había pasado a su entrenadora, pero no hubo tiempo de preguntas pues se colocó en el centro del círculo, mientras Mari se integraba con You y Riko.
—Estamos en la recta final de cara a la competencia nacional —anunció Kanan con su voz firme—. Falta muy poco tiempo, un poco más de un mes es lo que nos queda para prepararnos, y aunque estamos dejando una huella sin precedentes en esta escuela, tengo que informarles que nuestro equipo está atravesando dificultades que hacen peligrar nuestra participación en la competencia.
Inicio su discurso Kanan, solo que en un rincón, donde Mari se había unido a You y Riko, ésta última llamó la atención de la rubia
—Pst… Mari —se acercó Riko a hablarle en voz baja—. ¿Qué le pasó a Kanan-sensei?
—¿Qué le pasó de qué? —respondió Mari sin despegar la vista de Kanan que seguía hablando al grupo.
—¡Sht! —las calló You para parar su plática que empezaba a molestar a las demás.
Riko tuvo que guardar su curiosidad para más tarde pero no lo dejaría pasar.
—Durante las vacaciones se tuvieron algunos problemas con el presupuesto del equipo, por causas ajenas a nosotros claro está, y esencialmente nos quedamos sin dinero para poder realizar el viaje a la competencia nacional —informó finalmente Kanan, desatando el descontento de las chicas que lucieron asombradas.
—Pero si somos el primer equipo en la escuela en llegar tan lejos, ¿cómo es posible que nos dejaran sin presupuesto? —expresó Fumie molesta.
—Si Sensei, además, teníamos el apoyo de O'hara Corp. Mari-chan, ¿podrías hablar con tu padre para que le dé más dinero al equipo? —preguntó una de las chicas que no entendía qué pasaba.
Mari se sintió con la obligación de explicar que ella era la causa de todo, no se le hacía justo que Kanan cargara el problema a cuestas.
—Escuchen chicas, tengo que ser honesta con ustedes —Mari tomó la palabra y aunque Kanan quiso detenerla, ella continuó hablando—. La razón por la que estamos teniendo este tipo de problemas, soy yo. Mi padre ha tornado este asunto personal y terminó afectando a todo el equipo. Así que si hay alguien a quien deben culpar por esto, es a mí. Kanan-sensei ha hecho todo lo posible por defendernos pero hasta ésto es a donde han llegado las cosas.
—¿Y qué vamos a hacer entonces? —preguntaron molestas y contrariadas—. Si no hay presupuesto y no hay patrocinadores, ¿ya no participaremos en la competencia nacional? ¿Todo nuestro esfuerzo se fue a la basura?
—Es cierto sensei, si la escuela no nos está apoyando entonces qué se le puede hacer, si ellos no quieren tener campeones nacionales pues es una pena en verdad —dijo Fumie y compañía, el desconcierto estaba abriéndose paso.
—Esperen esperen —You levantó la voz pues no podía creer la postura que sus compañeras estaban tomando—. ¿Están diciendo que si la escuela no nos apoya entonces tiraran todo el esfuerzo que hemos hecho para llegar hasta donde estamos por la borda?¿Es eso lo que quieren? —hizo la pregunta bastante irritada—. Las que hemos estado en el equipo desde el principio hemos visto los grandes avances que hemos tenido y no me da pena decir que el mérito de todo esto es de nuestra sensei, sin la guía de ella no habríamos podido ganar ni la primera competencia y también tienen que aceptar que gracias a Mari-chan logramos balancear el equipo, además del empeño y trabajo que cada una de nosotras ha puesto. Así que no podemos rendirnos ahora.
—Es cierto You-chan —intervino Riko quien también estaba molesta por la actitud del equipo—. Yo no estuve desde el primer año como muchas de ustedes, sin embargo he sido testigo de lo mucho que han y hemos crecido como equipo gracias a la adición de estos dos miembros —señaló a Kanan y a Mari—. He tenido mis diferencias con Mari, no lo niego —agregó dedicándole una mirada de sinceridad—, pero eso ha quedado atrás y no se me hace justo que cuando nuestra entrenadora nos está pidiendo el apoyo, sea el momento en el que decidamos darles la espalda —Riko tomó la mano de You quien entendió lo que su novia quería hacer y tomó la mano de Mari que también lo hizo con la de Kanan.
—Este es el momento de estar unidas —agregó You dando un paso al frente levantando la mano de Riko y la de Mari unida con las suyas—. Es el momento de demostrar porqué razón es que somos el mejor equipo que Uranohoshi ha tenido en la historia, ¿van a dejar que una pequeña tormenta haga aguas nuestro barco y todo lo que hemos hecho no valga nada? ¿Es eso lo que quieren? —preguntó al aire intentando infundir un poco de vergüenza a sus compañeras—. Yo no lo haré —se dirigió a Kanan para demostrarle su apoyo—. Estoy dispuesta a ayudar sensei, no me daré por vencida en este gran sueño que es ganar la competencia nacional —se giró a ver al resto—. ¿Qué dicen? ¿Están dispuestas a entregar el corazón a su equipo y demostrar su valía?
Kanan estaba impresionada por las palabras de You y Riko, pero más impresionada estuvo por la reacción de las demás al término del discurso de su capitana.
—Tienen razón —respondió Fumie y las demás chicas al unísono le dieron la razón—. No vamos a dejar que unos cuantos obstáculos malogren todo lo que hemos hecho.
—¿Sensei, puede decirnos si tiene algún plan para que podamos conseguir el dinero? —preguntó Riko emocionada al ver el cambio a positivo del resto del equipo.
Hacer deportes por equipo era muy diferente a sus solitarias competencias de piano, de alguna manera la carga se repartía y se sentía cobijada por las demás, era un sentimiento diferente a lo que estaba acostumbrada.
—He estado platicando con algunos amigos, compañeros con los que competí en algún momento y conocidos que están muy inmiscuidos en el mundo de la natación —comenzó a explicar Kanan—. Podemos conseguir patrocinios a cambio de pequeños favores con los comercios que nos darían el dinero, como organizar algún tipo de festival y darles promoción, utilizar sus marcas en los uniformes por lo que habría que modificar un poco los que ya tenemos, ese tipo de cosas que más que nada implican tiempo extra de su parte —concluyó Kanan.
—No es muy difícil —dijo You contenta para animar a las chicas—. Será algo maratónico porque tendremos que dedicar tiempo extra al tiempo extra después de los entrenamientos, pero creo que vale la pena completamente.
—¿La directora está de acuerdo con que hagamos eso? —preguntó Riko preocupada pues aún tenían que enfrentarse a eso—. ¿No violamos alguna regla?
—Es legal, podemos conseguir cuantos patrocinios necesitemos siempre y cuando no interfieran con los horarios escolares, mantengan sus calificaciones, no reprueben materias… ¡Oh! Y no pongamos dinero de nuestra bolsa, todo lo que puede financiar al equipo son patrocinios —concluyó Kanan.
—No es difícil entonces —expresó Riko.
—Y, ¿cuando empezamos? —preguntaron las chicas de primero emocionadas.
—Probablemente organicemos algo para el fin de semana —respondió Kanan—. Dejaré a You y a Mari encargadas de informarles todos los avances que tengamos con eso y probablemente tengamos que hacer que sus padres firmen algunos permisos…
Después de afinar detalles con las chicas sobre las actividades extraescolares y los horarios que tendrían para entrenar, por fin pudieron tener una práctica completa y enriquecedora para todas.
Al término del entrenamiento, Kanan y Mari, más bien Mari porque Kanan aún tenía dificultades para moverse, estaban recogiendo las boyas de la alberca cuando Riko se acercó hasta ellas seguida por You.
—Sensei, ¿está usted bien? —preguntó Riko ante la mirada atónita de Kanan que no entendía a qué venía la pregunta—. Es por su rostro —aclaró Riko—, el día de ayer se veía normal y ahora… bueno… algo pasó —concluyó algo apenada pues le dió la impresión que no debió preguntar nada.
—Oh… esto —Kanan se tocó el labio herido, que eso y su ojo eran lo más visible—. No es nada, el día de ayer tuvimos un pequeño… desafortunado encuentro —no pasó desapercibido para Riko que Mari se había puesto estresada ante la explicación de Kanan, era como si su rostro perdiera el color por un segundo aunque trató de disimular la molestia—. Cuando íbamos de camino a casa trataron de asaltarnos y bueno, esto fue lo que pasó.
—¡Oh por Dios! —Riko expresó con sorpresa llevándose las manos a la boca.
—Pero, ¿está bien sensei? —fue You la que preguntó también alarmada por el terrible suceso—. Esos golpes que trae en la cara se ven bastante feos.
—Todo esta bien chicas, pero gracias por preocuparse —las tranquilizó Kanan—, justo estoy por ir a que me revisen en la clínica, nada grave, sólo para estar seguras —agregó ante la sorpresa de las dos chicas y las plegarias de Mari.
—Yo me encargaré de llevarla —habló la rubia terminando su actividad—. No se preocupen por ello.
—Esta bien Mari-chan, cualquier cosa que necesiten, avisen por favor —solicitó You mostrando su disponibilidad.
Tanto Kanan como Mari agradecieron su preocupación y les aseguraron que si llegaban a requerir algo o sucedía alguna cosa, serían las primeras en saber. No muy convencidas de ello, You y Riko las dejaron para ir cada una por su rumbo. Mari se quedó con Kanan, quien ya no podía seguir huyendo de ir al hospital y You acompañó a Riko de regreso a casa. Sólo que el tema del asalto no abandonaba la cabeza de Riko.
—Es feo lo que le pasó a Kanan-sensei —expresó Riko haciéndole la plática a su novia.
—Es muy feo Riko-chan, pero me alegra que no pasara a mayores —You la abrazó por la cintura y depositó un beso en su mejilla.
—Pero es raro ¿no? —Riko correspondió el beso de You—. Quiero decir, ¿cuándo fue la última vez que asaltaron a alguien por aquí? Y más en un asalto violento.
—No es común que suceda pero no es que sea imposible, esas cosas pasan —You no entendía a donde quería llegar Riko con eso pero usualmente eso le pasaba con el tren de pensamiento de su novia que iba mucho más rápido que el suyo.
—No es por que sea imposible, es sólo que… ¿te diste cuenta lo que dijo Mari al respecto? —Riko miró a You que se rascó la cabeza por que no recordaba qué había dicho su amiga.
—Pues… no sé, no me acuerdo.
—¡Exacto! No dijo nada You-chan, ella no hizo comentarios —explicó Riko para la confusión de You—. ¿Notaste lo rara que estuvo hoy? Desde la mañana que la vimos estaba como ida y esa misma expresión fue la que hizo cuando Kanan-sensei nos contaba lo que les había pasado, ¿no se te hace raro?
—Emm… pues… no lo sé… es que no me di cuenta de nada de eso —confesó You apenada riendo nerviosa.
—Eres un poco lentita You-chan —Riko la tomó del rostro y depositó un beso sobre sus labios—, pero así me gustas.
—Y yo así te amo —respondió You con otro beso sobre los labios de su amada mucho más profundo y menos inocente—. Un poco loca y todo —dijo cuando se separaron ganándose una buena reprimenda de Riko la que concluyó en más besos y risas.
Aunque Riko en definitiva estaba sospechando que algo raro había pasado, no tenía más pistas sobre ello, aún así no dejaría ir el tema hasta averiguar qué misterio escondían esas dos.
El regreso a la rutina normal hizo que Ruby sintiera un poco de malestar. Su próximo cambio de escuela la hacía sentir como que ya no encajaba del todo con sus compañeras, como si fuera una extraña que nada más estaba de espectadora viendo como todas desarrollaban sus vidas y ella no tenía derecho a hacerlo, o al menos no se sentía con las ganas de hacerlo.
Al principio se sentía apenada por haber dejado a Maru en un momento en el que la necesitaba, pero pronto se dió cuenta que en su ausencia, su amiga recibió todo el apoyo y tal vez algo más por parte de Yoshiko. Era notorio que se habían vuelto muy cercanas durante las vacaciones, de ese tipo de cercano que tenían las parejas. Aunque trataban de actuar discreto, Yoshiko estaba más feliz de lo normal para su estilo oscuro y demoníaco.
Estaban actuando extraño entre ellas, pero al menos, esa aura de tristeza que había estado rodeando a Maru antes de que se fuera, había desaparecido. Incluso en las clases de su hermana, Maru ya no estaba tan apesadumbrada. Aunque una cosa es lo que veía y otra lo que su amiga realmente sintiera. Con Yoshiko haciéndose cargo de la situación parecía que las cosas iban bien. Cada que notaba un cambio de humor en Maru, de algún lado conseguía algo de comer y se lo daba a su amiga o hacía alguna tontería muy a su estilo que la hiciera reír, sin importarle si hacía el ridículo frente a otras personas.
Era gracioso ver como de la nada con algún truco de magia, Yoshiko conseguía algún dulce y lo ponía en la boca de Maru quien lo recibía gustosa. Pero no nada más Yoshiko era la que tenía detalles con Maru, Maru también se esmeraba en sus atenciones con ella y eso era bueno. Ciertamente tenían sus desacuerdos regulares sobre el "Satanismo" de Yohane pero era más que nada por diversión, realmente se les notaba cómodas juntas.
—Entonces… ¿qué está pasando entre ustedes? —se animó a preguntar Ruby en el almuerzo después de ser testigo de cómo Maru le entregaba un obento a Yoshiko, quien lo recibió bastante apenada pero feliz.
—¿Pasando de qué zura~? —Maru comía felizmente sin entender a qué se refería Ruby.
—Pues… entre ustedes claro… que algo está pasando y no son muy buenas ocultandolo —le guiñó el ojo a Yoshiko—. Últimamente las veo un poco… raras, por así decirlo, más bien muy "cercanas".
—¿Raras? ¿Cercanas? No no Ruby-chan, aquí la única rara es Yoshiko-chan pero eso no es nuevo zura~, ella es rara todo el tiempo —respondió Maru entre risas—. Y cercanas pues siempre lo hemos sido.
—¡Oye! no soy rara —reaccionó indignada—. Soy un ángel caído, hay una diferencia —Yohane hizo su pose característica y terminó picando las costillas de Maru para hacerla reír, lo que terminó en una guerra de cosquillas entre ellas.
—¿Ven? Están raras —expresó Ruby cuando ambas pararon de reír.
—No es nada zura~ —respondió Maru un poco apenada por su comportamiento y con un cierto rubor en el rostro que se había contagiado a Yoshiko.
Lo que pasaba es que últimamente tanto ella como Yoshiko se sentían nerviosas en la compañía de la otra y las risas les ayudaban a relajarse, aunque no fuera lo único que hicieran cuando estaban juntas, también estaban esas otras cosas que implicaban un contacto físico, como tomarse de las manos, darse besos en las mejillas, en los labios y hasta ahí pues aún no sabían qué clase de relación tenían y sólo lo estaban dejando fluir las cosas.
—¿Ya nos vas a contar cómo estuvo Tokio? —cambio el tema Yoshiko para evitar explicar y Maru la consecuento.
Ruby deliberadamente no había hablado mucho sobre su viaje, precisamente porque sabía lo sensible que era el tema para Maru, pero en vista de que las cosas habían cambiado en su ausencia, se sentía más cómoda para hablar del tema.
—El viaje fue genial —expresó Ruby con una gran sonrisa—. Conocí muchos lugares nuevos y además… tengo algo que decirles.
—¿Encontraste ya alguien mejor que la perdedora de Chika? —preguntó Yoshiko de manera ruda pero con buenas intenciones.
—¡Yoshiko-chan no seas grosera zura~! —Maru le dió un golpecito en la cabeza que la chica exagero como si la hubiera golpeado con todo y Maru la atrajo para sobarla y que no se quejara.
—No.. no fue eso —dijo Ruby entre risas por su pequeña escena—. La verdad es que voy a transferirme a Otonoki el próximo ciclo escolar.
—Otonoki… Otonoki… eso me suena zura~ —se llevó una mano al mentón, el nombre era conocido para Maru pero no lograba recordar de dónde.
—Por supuesto que te suena Zuramaru, es de Otonokizaka… Ruby ha hablado de esa escuela hasta el cansancio. ¿Cómo es que no te acuerdas? —habían terminado de comer y Yoshiko empezó a acariciar la espalda de Maru sin darse cuenta.
—¡Ah! Es verdad… la escuela de School Idols que te gusta tanto Ruby-chan —por fin Maru pudo recordar el lugar pero también cayó en cuenta de algo—. Pero eso es en Tokio Ruby-chan, ¿te vas a ir? —dijo con tristeza.
—Umm, si Maru-chan, saben que Onee-chan se irá pronto y quiero irme con ella —expresó Ruby con algo de temor porque ya sabía el efecto que tenía el tema de Dia cuando lo mencionaba con sus amigas.
Maru se había quedado sin palabras. Era triste saber que Dia se iría pero el que Ruby tambíen lo hiciera era aún más doloroso, aunque era algo de esperar después de todo.
—Supongo entonces que tendremos que aprovechar el tiempo que nos queda con mi little demon número cuatro —Yoshiko se puso de pie y abrazó a Ruby para mostrarle su apoyo—. Yo creo que te irá muy bien en Tokio y… —bajó la voz para que sólo ella la pudiera escuchar—, no te preocupes por Maru-chan, yo me encargare de cuidarla.
Ruby agradeció el gesto de su amiga y correspondió el abrazo al que se unió Maru unos segundos después.
—Me alegro mucho por ti zura~, sé lo mucho que te gusta esa escuela y es parte de tu sueño poder asistir ahí y al fin lo vas a hacer —trato de sonar emocionada pero aún su voz se notaba poco feliz.
—Gracias Maru, gracias Yoshiko-chan y claro aún no me voy —dijo sonriente de sentir que sus amigas tenían buenos deseos—, tenemos mucho tiempo que llenar antes de despedirnos.
—Por supuesto que sí —Yoshiko le pellizco un cachete y Maru el otro.
—¡Eso duele! —las agarro pasando sus brazos por sus hombros para apretar su cuello aunque no con mucha fuerza—. Hagamos muchos recuerdos bonitos.
Continuaron platicando amenamente hasta que llamaron a Ruby informando que una senpai la buscaba en la puerta del salón a lo que acudió sin dilación sin saber de quién se trataba. Cuando llegó, se encontró a Chika parada en la puerta.
—Ruby-chan… ¿puedo hablar contigo? —preguntó Chika con algo de temor al verla fruncir el ceño con disgusto.
—Ya casi termina el descanso —era una excusa por que Ruby no tenía muchos deseos de hablar con ella, pero ante la mirada insistente y casi suplicante de Chika, terminó cediendo—. Esta bien… dime…
—¿Puedes acompañarme un momento? —la joven la tomó de la mano para sorpresa de Ruby y comenzó a caminar sin esperar la respuesta aunque tampoco es que se negara a ello.
Chika la llevó al aula del consejo estudiantil y cerró la puerta tras ellas quedándose a solas.
—¿Qué hacemos aquí Chika-chan? —preguntó Ruby cruzándose de brazos para mostrar firmeza.
—Ruby-chan, sé que no quieres verme, y estas en todo tu derecho, también sé que te irás el próximo ciclo escolar y no puedo hacer nada para cambiar tu decisión, pero si hay algo que estoy empeñada en lograr, es evitar que renuncies al consejo estudiantil, por lo menos en lo que termina el ciclo escolar —Chika se recargó en una de las mesas frente a Ruby—. Yo sé cuánto te gusta este lugar, todo lo que has hecho por la escuela y el empeño que pones cuando trabajas aquí, es por eso que no puedo permitir que renuncies.
—No es decisión tuya si yo elijo hacerlo o no, es algo que haré aunque no te guste —respondió Ruby con el ceño fruncido. La actitud de Chika la descolocaba, no espera ésta reacción por parte de su exnovia y mucho menos que fuera tan insistente con eso.
—Sé que no lo es, es tuya, pero te he traído aquí para recordarte lo mucho que amas este lugar, los buenos momentos que vivimos en él y sobretodo que quiero asegurarme que si te vas el próximo año, no te vayas con remordimientos —dijo esto ultimo sintiendo toda la culpa del mundo, ella era la que había orillado a Ruby a hacerlo y no había nada ni nadie que le pudiera quitar ese pensamiento de la cabeza, era su culpa.
—Ya te dije que me voy porque así lo quiero y yo lo he decidido, no es culpa tuya ni de nadie —respondió Ruby con decisión, no quería que Chika interviniera en esto.
Se aproximó a su escritorio y sacó las cartas que había vuelto a escribir con su renuncia, pues Chika se había quedado con las primeras que había hecho. En esta ocasión las firmaría y las sellaría ante la mirada atónita de su exnovia.
—No tengo más que pensar, mi decisión está tomada y…
—Espera Ruby-chan —Chika se acercó hasta ella y tomó sus manos entre las suyas para evitar que usará el lapicero en aquellos papeles—. Por favor no lo hagas, yo sé que amas este lugar y sé lo mucho que te duele dejarlo, sólo faltan unos meses hasta que se termine el ciclo escolar y no es justo que tengas que dejarlo desde ahora. Yo ya he renunciado al consejo, no estaré más aquí para molestarte, me alejaré de ti para hacer las cosas más fáciles, pero por favor… no lo dejes, sólo termina el ciclo escolar y ayuda a las chicas del Consejo a que la transición sea más fácil. Si tú no estás, ¿quién las va a guiar?
El acercamiento de Chika la tomó desprevenida, sentía que había pasado mucho tiempo desde la última vez que la tenía tan cerca de ella, no recordaba lo bien que se sentía tocarla, el olor de su perfume, la calidez de su cercanía, se sentía abochornada pero al mismo tiempo le molestaba no poder controlar sus reacciones, sabía que sus orejas ya la habían delatado y seguramente estaban tan rojas que no iban a pasar desapercibidas para Chika. Era detestable que sus sentimientos la traicionada así.
—No… yo... tengo que hacerlo Chika-chan, no quiero estar más aquí —dijo Ruby casi en un hilo de voz que se quebró por momentos.
—Tú no quieres hacerlo —Chika depositó un beso en sus manos y tomó de ellas las cartas que aún sostenía Ruby—. Sólo no te precipites, ¿puedes por lo menos pensar en lo que he dicho? Si lo haces y aún así decides que quieres abandonar el consejo, entonces yo misma te acompañaré a entregar estas cartas.
—No es justo Chika-chan… sólo quiero hacer esto… no puedes interferir… —las lágrimas amenazaban con salir de los ojos de Ruby pero ésta se negaba a dejarlas caer.
—Por favor Ruby-chan, sólo te estoy pidiendo que lo pienses un poco más, sólo eso —Chika levantó el rostro de Ruby por la barbilla y depositó un beso en su frente.
—No hagas eso… no por favor —la voz de Ruby empezó a quebrarse con más fuerza, Chika estaba aprovechándose de sus sentimientos mientras besaba su rostro.
Su cuerpo temblaba en los brazos de la chica mandarina, se sentía tan agridulce el toque de sus suaves labios sobre su piel que no sabía si quitarla o no. Extrañaba tanto eso, extrañaba tanto a Chika, pero no podía rendirse no cometer un desliz que no debía permitir suceder. No importaba si el olor de Chika la tenía embriagada, no importaba si sus besos estaban yendo peligrosamente hacia su boca, no podía ceder y caer de nuevo en un callejón sin salida.
—Chika… no puedes... No puedes venir después de todo este tiempo a decirme… —un beso en la comisura de sus labios le robó el aliento—, y luego… —otro beso en el otro lado de su sus labios—, no puedes… no es justo —sintió el aliento de Chika golpeado el suyo—. Me duele —concluyó Ruby alejándose de Chika y haciéndola retroceder con un suave empujón para evitar que culminará el beso en su boca.
—Ruby-chan… —dijo sorprendida, no por la acción de Ruby, sino por la suya, había estado a punto de hacer algo que no debía.
Su intención nunca fue hacer sentir mal a Ruby, pero ahora las palabras que le había dicho en su rompimiento, empezaban a resonar con fuerza en su mente. No sólo esas, también las de Riko. Quiso disculparse pero las palabras no podían salir de su boca, estaba asustada por lo que habría hecho si la chica no la hubiera detenido.
Ruby tomó aire por unos segundos en lo que recobró la compostura. Chika pudo ver cómo afloraba el duro carácter de una Kurosawa y la voz de la pequeña se transformó.
—Lo pensaré, pero no te aseguro nada —concluyó Ruby antes de retirarse sin que Chika la detuviera.
La petición de Chika y su intento de besarla la habían dejado con un nudo en la garganta y un cúmulo de sentimientos que querían desbordarse en lágrimas pero no podía hacerlo en la escuela. Ruby no sabía qué hacer y lo único que estaba en su control era sacar valor y continuar con su día, había prometido pensar la petición de Chika pero eso era algo que fuera realmente lo quisiera hacer.
Cuando Ruby volvió al salón, las clases ya habían comenzado y se llevó una reprimenda de su profesora que aceptó en silencio. Ni Maru ni Yoshiko se atrevieron a preguntar qué es lo que había pasado, pues por el semblante que llevaba, era evidente que había tenido una nueva pelea con Chika y no estaba con ánimos de hablarlo porque se aisló de inmediato.
Al final del día, Ruby se despidió de sus amigas y se fue directo a casa. No tenía ánimos de hablar con nadie, necesitaba estar sola y llorar para aclarar su confusión.
Habían pasado tres días desde el regreso a clases, Maru y Yoshiko habían faltado en los días anteriores al taller de literatura. No porque lo hubieran hablado, sino porque Yoshiko había insistido en que necesitaban hablar de algunas cosas y Maru no opuso resistencia. No habían hablado de nada relevante pero Yoshiko quería que Maru se fuera preparando para su encuentro con Dia. La habían visto en las clases habituales, pero no era lo mismo a hacerlo en el taller de literatura. Solo que no podían seguir evadiendo eso y en ese día no les quedó más remedio que ir, pues no podían tener más de tres faltas en una semana o se meterían en problemas.
Antes de entrar al salón Maru estaba bastante nerviosa, no fue hasta poco antes de la hora de la clase que todo se derramó encima de ella y el temor de ver a Dia otra vez en un ambiente más cerrado que las clases normales la tenía así. Yohane tomó las riendas de la situación y se encargó de distraer a Maru para que finalmente se relajara tanto como pudo. Ambas tenían sus propios temores que enfrentar, el de Yoshiko era básicamente que Maru quisiera dejar lo que estaban intentando.
Llegaron temprano, cuando apenas había algunas chicas dentro del aula y Dia no estaba todavía.
—¡Yohane ha llegado! —Yoshiko saltó dentro del aula haciendo su característica pose y ganándose la risa de las presentes que saludaron a las dos chicas.
—No empieces Yo-chan —se quejó Maru mientras andaban al interior del salón.
—¿Sabes Zuramaru? A veces siento que se te pegó lo aguafiestas de…
—¡Yo-chan! —se quejó Maru dedicándole una mirada asesina, ese tipo de bromas no podían hacerlas allí.
—¡De tu padre! —respondió Yoshiko para tranquilizar a su amiga.
—Ah… si si —Maru entendió que la estaba molestando nada mas—, de mi padre —la pellizco como castigo.
—¡Oye! —se sacaron la lengua mutuamente y rompieron a reír.
Eso ayudó a que las cosas fueran llevaderas, con Yoshiko, Maru sentía que podía superar el tema prohibido. Yoshiko fue a una de las bancas vacías y dejando su mochila llamó la atención de sus otras compañeras subiéndose al asiento.
—¡El día de hoy están de suerte! —hizo su pose datten hablando en voz grave—. En especial tú, mi querida Zuramaru —la señaló—, porque Yohane hoy, ¡va a leer tu fortuna!
—No es necesario zura~ —Maru empezó a reír junto con las demás chicas que estaban en el aula y otras más que se iban uniendo pues ya se acercaba la hora de iniciar el taller.
—¿Qué no es necesario? —chilló indignada—. ¡Ja! Es más que necesario —dio un salto desde el asiento al suelo y fue a su maleta—, es mandatorio saber lo que los astros te deparan —expresó Yoshiko mientras se colocaba una capa negra que traía en su mochila y sacaba también sus cartas de tarot.
—Ya va a empezar la clase zura~ —se quejó Maru cruzando los brazos.
—No, llegamos temprano. ¡Vamos Zuramaru! ¿O es que acaso tienes miedo de saber lo que las cartas tienen que decir? —la retó Yohane—. ¿Quién de ustedes cree que Zuramaru es miedosa de unas simples cartitas? —las otras niñas rieron.
—¿Miedo? ¿Me hablas a mí zura~? —respondió Maru en una media sonrisa, no iba a dejar que Yoshiko la hiciera ver cómo gallina—. Vamos a ver quién tiene miedo cuando sus demonios se manifiesten.
Maru aceptó el reto de Yoshiko y apagó las luces del salón de clases. Era raro que ella se comportara de esa manera pero no quería cortar el juego de su amiga, ella sabía que lo hacía por animarla y extrañamente se sentía bien, era divertido dejarse llevar de vez en cuando en estas locuras.
Las demás chicas estaban muy interesadas en la extraña práctica de "brujería" de la que serían testigos y se sentaron a su alrededor después de cerrar las ventanas y ayudar a crear el ambiente de oscuridad mientras Yohane encendía una veladora que estaba colocada entre ella y Maru.
—Iniciemos entonces —dijo Yohane en voz profunda.
La chica empezó a hacer invocaciones o eso parecía, la verdad es que esa parte era innecesaria pues Maru conocía bien la rutina aunque a veces a Yohane le gustaba exagerar y está era una de esas ocasiones.
—¡Ángeles que han caído en desgracia, demonios de las profundidades del Averno, espíritus errantes en la tierra! ¡Vengan aquí y ayúdenme a descifrar las suertes del destino! ¡Denme su poder satánico para conocer lo que el futuro le depara a esta hermosa chica! —explicó Yohane ante la mirada atónita de las demás chicas que ya no reían, estaban expectantes de lo que iba a suceder.
Una brisa movió la llama de la veladora y algunas de las compañeras de Maru y Yoshiko se abrazaron con algo de miedo. La luz hacía que las sombras se proyectarán de maneras tenebrosas dándole mayor dramatismo al asunto.
—¡Yo, el ángel caído Yohane tengo su aprobación! —exclamó asustando a las otras chicas, Maru tenía cara de seriedad, aunque por dentro quería reírse sin parar—. Es tu turno Zuramaru, escoge tres cartas de este mazo maldito —le ofreció el juego de cartas.
—Bien bien… —respondió Maru tomándose su tiempo para elegir cuales tomaría.
Una vez que las obtuvo, Yohane se encargó de acomodarlas frente a ella una tras otra. Pasó su mano sobre ellas haciendo una pantomima para terminar volteando de golpe la primera, pero poniendo su mano sobre ella para que no la vieran aún.
—Zuramaru, Zuramaru… mira nada más lo que ha salido —expresó la chica con una sonrisa sardónica—. ¿Estás lista para saber?
—Ya zura~ —se quejó Maru exasperada, en el fondo sentía curiosidad—. Ya dime que salió.
—Muy bien, muy bien… la primera carta representa tu pasado y han salido… los enamorados invertidos… eso… bueno, claramente es el significado de un corazón roto a causa de las malas decisiones de ambas partes —explicó Yohane sin querer ahondar mucho en el tema que ya sabía era doloroso para la chica y no quería poner más sal a la herida.
—Eso… lo entiendo… ¿Qué dice después? —preguntó Maru descartando el dolor en su pecho y continuando con el juego.
—Tu presente es representado por la Luna… esta es la carta de la intuición, tienes un camino difícil por delante lleno de cambios, sin embargo tienes a los astros a tu favor para que puedas tener un mejor juicio en el rumbo que vas a tomar —explicó Yohane.
Maru frunció el ceño tratando de aplicar el consejo a su vida y no era necesario que se lo dijeran las cartas, ella sabía que el camino frente a ella era difícil y escarpado pero no se sentía sola para andarlo.
—¿Y el futuro zura~? ¿Que dice el futuro sobre mi?
—El futuro es… incierto —respondió Yohane de manera críptica.
—Eso ya lo sé zura~, pero ¿qué dicen las cartas? —dijo Maru irritada porque su amiga no le hablaba con claridad.
—Pensé que no creías en esto… —dijo Yohane entre risas que fueron respondidas por un ligero gruñido de Maru que francamente se le hizo adorable—. Ya, ya con calma, no hay que apresurar a las cartas. Dije que es incierto porque tu carta es la rueda de la fortuna invertida… —suspiró—, eso quiere decir que la transformación se llevará a cabo, sin embargo, será más difícil de lo que piensas, tienes aún cosas por aprender y vendrán nuevos guías para ayudarte en tu cambio…
Escucharon un fuerte golpe detrás de ellas producido por la puerta que se azotó al cerrarse seguido de un fuerte destello producido por las luces al encenderse.
—¡¿Qué rayos están haciendo?!
Todas gritaron del susto incluida Yohane que se fue encima de Maru por el sobresalto y tiró la veladora apagándose cuando se derramó la cera en el suelo.
Todas las chicas prácticamente corrieron como las cucarachas cuando enciendes la luz de la cocina, huyeron despavoridas hasta sus asientos. Fue una escena bastante cómica si no fuera por la cara de enojo de Dia que parecía ser capaz de fulminar a Yoshiko y Maru con la mirada.
—¡¿Qué estaban haciendo?! —preguntó Dia cuando todas habían vuelto a sus lugares menos las implicadas.
Ninguna se atrevió a responder y cuando Maru estuvo a punto de hacerlo, Yoshiko habló antes que ella.
—Estábamos haciendo una lectura de tarot sensei —respondió la chica con la respiración aún alterada por el susto que se había llevado.
—¿Tarot? ¡Oh no jovencita eso no va a pasar en este taller! —la voz de Dia estaba muchos decibeles por encima de lo que se consideraba "hablado" y rayaba en el borde de los "gritos".
—Estábamos en nuestro tiempo libre sensei y no hacíamos nada malo, tampoco es que esa práctica esté prohibida —argumentó Yoshiko con temeraria tranquilidad viendo como su profesora perdía rápidamente la paciencia.
—No está prohibida en eso tienes razón, pero no se puede realizar dentro de la escuela, eso ya lo debería saber alguien de segundo año —bufó Dia, la vena de su sien estaba saltando con fuerza—, en particular alguien como usted Tsushima-san que tiene predilección por… "las prácticas oscuras" —dijo eso último con cierto desdén.
—¡No es magia oscura zura~! —objetó Maru para sorpresa de todas. Yoshiko se sintió respaldada por Maru y Dia contrariada porque la enfrentara para defender a esa niña.
—Oscura o no —Dia evitó la mirada de Maru y dirigió su atención nuevamente hacia Yoshiko a quien hizo el blanco de su ira—. No está en posición de argumentar conmigo, en particular después de haber faltado dos días consecutivos sin justificación.
—Oh… eso… si tengo una justificación —Yoshiko no estaba dispuesta a ser silenciada por los malos modos de Dia pero sintió la mano de Maru que apretaba la suya y supo lo que la chica quería decir, que lo dejara pasar.
—Y bien… ¿Cuál es su justificación? —Dia levantó la ceja a modo de reto esperando una respuesta.
—Yo pues… tuve que… umm… cuidar a Zuramaru, ella estaba enferma… —balbuceó torpemente.
—¡Basta! Eso es una mentira —espetó Día molesta—, las he visto a ambas asistiendo a clases de manera normal, así que no toleraré una mentira para justificar su irresponsable comportamiento. No puedo interferir en la vida privada de mis alumnas, sin embargo, cuando su comportamiento afecta a las demás en la escuela, tengo todo el derecho a hacerlo y usted está más que afectado a mi clase. Una cosa son sus posturas extrañas y sus creencias religiosas, pero hacer una sesión espiritista en plena clase es pasarse de la raya Tsushima-san y no voy a permitir que su errático comportamiento afecte a estudiantes modelo como Kunikida-san —Dia habló tan rápido y tan molesta que tuvo que tomarse un respiro para poder continuar con su regaño—. Por favor tome sus cosas y acompáñeme a la dirección, es hora de hacer un ajuste a su comportamiento.
—Pero Dia sensei… —Maru iba a suplicar, pero Dia ya había salido del salón esperando que Yoshiko se le uniera.
—No te preocupes Zuramaru, volveré en un segundo, no es la primera vez que pasa —Yoshiko trato de calmar a la chica y depositó un beso en la mejilla de Maru ante la mirada atónita de Dia que en ese momento había tomado una coloración entre escarlata y púrpura debido al coraje y terminó adelantándose sin esperar a que Yoshiko saliera del salón, pero no fue lo suficientemente rápido como para que Maru no se diera cuenta de la acción.
"¿Qué fue eso?" Se preguntó Maru cuando su amiga salió del aula y acompañó a Dia a la dirección. Fue solo un segundo, pero no había forma en que no reconociera esa mirada, "Eso parecían…¿Celos?"
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