Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y son utilizados por mí para crear esta historia.

Summary: Cuando encuentras a tu alma gemela es completamente inesperado y si no eres lo suficientemente maduro en ese momento es algo arriesgado,¿ qué harías para recuperar a tu otra mitad luego de arruinar hasta la última oportunidad?.

Despertó con dolor de espalda y cabeza, tomarse esa botella de whisky le estaba pasando factura, lentamente comenzó a analizar su entorno; se encontraba sentado en el suelo y su espalda estaba apoyada contra el sillón, tenía una botella casi vacía de whisky en la mano, movió el cuello y noto un dolor agudo en medio de este que hizo profiriera un gemido adolorido. Levanto lentamente sus brazos y noto una manta sobre él, simplemente evito pensar quien la puso ahí, se paró tambaleante y camino al baño. La ducha lo ayudo mucho a despejarse y a sus músculos a relajarse, salió con una toalla en la cadera y se dirigió a su habitación a buscar algo de ropa pero al pasar por el pasillo un sonido suave llamo su atención y logró hacerlo sonreír, abrió la puerta lentamente y miro el interior inmediatamente una mirada se trabo con la suya.

Una gran sonrisa apareció en su rostro al encontrarse con un par de ojos verdes que lo miraban alegres, se acercó rápidamente cuando un par de bracitos se movieron inquietos buscando tocarlo, tomo en brazos a ese pequeño cuerpecito que le iluminaba la vida. Su hijo.

Las risas no se hicieron esperar por algún motivo el pequeño veía emocionante ser cargado por su padre, y su padre amaba absolutamente todo lo que tenga que ver con su pequeño.

-Pa! – gritó lleno de júbilo el pequeño.

-Buenos días campeón ¿Dormiste bien? – le pregunto con una gran sonrisa.

El pequeño comenzó a balbucear como si le siguiera la conversación y parecía muy interesado en el estado de su barba sin afeitar.

-¿Te gusta mi barba? Pensaba afeitarme pero si te gusta me la dejare.

Recibió más balbuceos de respuesta y más caricias a su barba. El pequeño pronto reclamo por algún juguete así que Edward se lo dio y aprovecho para ir a cambiarse. Se detuvo en la puerta de la habitación que compartía con… ella, silenciosamente se aventuró dentro y noto un bulto en medio de la cama, con todo el cuidado posible para no despertarla comenzó a vestirse y estaba poniéndose el pantalón cuando escucho su voz llamarlo.

-Perdón, no quise despertarte.- se disculpó sin mirarla y siguió vistiéndose.

-No estaba dormida, ¿Y tú qué tal dormiste?- su voz era suave y había un toque de preocupación.

-Bien. –mintió secamente.

-No creo que el suelo sea muy cómodo…

-Me quede dormido, no era mi plan dormir en el suelo. –replico con amargura.

-Lo sé, trate de despertarte pero no lo logre… ¿te duele la espalda? –su voz seguía siendo suave pero la noto más cerca que antes. Estaba buscando una camisa entre su ropa pero la mano de ella se adelantó y le ofreció justamente la que estaba buscando.

-Si pero es un dolor soportable.-le respondió un poco sorprendido porque estaba seguro que la había buscado por todos los rincones del ropero.

Se puso la camisa rápidamente y se vio al espejo, no era la camisa más nueva que tenía pero había algo en ella que le gustaba mucho. Era una camisa a cuadros roja como cualquier otra pero había algo especial en ella, tal vez sea porque le recordaba mucho a su padre ya que este era fanático de las camisas a cuadros, la textura de esta camisa era suave aunque la tela fuera bastante resistente. Acomodo el polo blanco con cuello V que usaba debajo de la camisa y cuando estuvo listo dio un último recorrido a su cuerpo pero su vista se detuvo en la persona que lo observaba detenidamente.

Mirarla aunque sea a través de un espejo era algo muy intenso y difícil de describir, sus ojos lo hipnotizaban como lo hicieron la primera vez, pero cuando ella lo miraba así todo dejaba de existir; sentía que ella trataba de transmitirle algo, sentía como sus ojos le decían directamente y sin censura todo lo que sentía, ahora después de conocerla realmente en todas sus facetas lograba adivinar lo que sus ojos trataban de gritarle.

Otro día más de espaldas sudorosas y músculos agarrotados después de un día agotador y lleno de trabajo, todo parecía normal y común. Sabía que pasaría en las siguientes horas tomaría un cerveza con los chicos en el bar y se encontraría con Tanya para distraerse unas horas como últimamente tenía acostumbrado, era un día más de cielo nublado y autopistas mojadas.

Eso pensó hasta que una bella morena entrara a su taller completamente mojada y con la expresión que debería ser de irritación pero más parecía la de un gatito enojado. Parecía analizar el taller buscando con quien descargar su ira hasta que sus ojos se toparon con los suyos, mentiría si decía que esa mirada chocolate no lo hipnotizo y que esa corriente eléctrica no lo recorrió por completo. Se le seco la boca y sintió sus músculos, si es que esto era posible, mucho más tensos.

Como si fuera una reacción de la naturaleza a tremenda conexión se sintió el estruendo de un trueno que los hizo saltar y luego reaccionar.

- ¿Quién es el encargado aquí? - preguntó ella con voz decidida.

- Depende quien lo busque - dijo con su mejor sonrisa y con voz seductora, sus compañeros lanzaron risas cómplices y algunos silbidos.

- Mi auto se quedó estancado en la carretera por culpa de la lluvia necesito ayuda para sacarlo - su voz no parecía afectada por sus intentos de seducción.

En ese momento Edward tomo la decisión que marcaría el final de su vida como la conocía.

- Bueno entonces... Hey Jacob! Acompaña a la señorita a mi despacho y ofrécele algún abrigo, tengo trabajo que hacer. - dijo con voz de mando.

Tomo las llaves del remolque y partió listo para continuar con su día que se suponía solo sería un día más...

Ese recuerdo le invadió la mente y bajo la mirada a su camisa, era la que uso el día que la conoció y su mente volvió a recrear el momento exacto en el que esa conexión apareció por primera vez. Levanto la mirada y se encontró de nuevo con esos ojos chocolates y supo que ella recordó lo mismo que él. Nunca se le hubiera pasado por la mente que esa mujer que entro empapada un día cualquiera sería tan importante en su vida, tardo mucho tiempo en darse cuenta que ella había llegado para quedarse y también está seguro que ella tampoco pensó que una batería malograda en medio de la lluvia sería el comienzo de una historia que parecía inevitable.

-Estabas muy guapo ese día.-comento ella con voz nostálgica.- Creo que me enamore de ti desde ese momento.

-Debí quedarme ese día y enviar a otro a recoger tu auto, todo hubiera sido muy diferente…

-Estoy segura que si te hubieras quedado me habría tirado a tus brazos en el momento que entrábamos a tu despacho.- le dijo con voz jocosa, ella en el fondo sabía hacia donde iban sus pensamientos y no quería escucharlo en voz alta. El noto su esfuerzo pero lo dejo pasar ya tenía suficiente con la pelea de anoche.

-Pero si me costó bastante que te tiraras a mis brazos, tuve que romperme una pierna para que lo hicieras si mal no recuerdo.- le respondió con un pequeño bufido pero más de diversión que de fastidio.

-Tenía que hacerme la difícil, no quería que me tomaras como una más. -el tono de su voz había cambiado a uno más cadencioso y dulce.

-Imposible que hubieras sido una más.

Dicho esto se paró un poco aturdido por lo que dijo y salió de la habitación rápidamente.

Su espalda lo estaba matando. Llevaba toda la mañana trabajando en el taller y sentía que en cualquier momento saldría un grito de dolor de sus labios. Se apoyó contra el auto que estaba revisando y tomo un poco de agua de su botella. Estaba flexionando su espalda cuando sintió un par de fuertes palmadas en ella que lograron arrancarle una maldición desde lo más profundo de su ser.

-¿Qué tal hermano? ¿El problema es el carburador no? Yo le dije a ese sabelotodo de James que era…- el hombre que le provoco tal dolor y parecía inconsciente del hecho era su mejor amigo, Jared.

-¡Imbécil! Me acabas de terminar de destruir la espalda- Edward lo interrumpió con enfado. Se apoyó en sus rodillas y respiro hondo pero el dolor era mucho, apoyo una mano en el suelo pero su cuerpo lo venció y cayó al suelo, comenzó a rodar en el suelo con una mueca de dolor en el rostro.

-¡No seas marica no te pegue tan fuerte! Oh vamos levántate echándote al suelo solo haces más drama.

-¡No puedo imbécil! …Espera, espera no me levantes tan rápido- le grito desde el suelo mientras Jared lo jalaba de un brazo. Pero fue en vano su mejor amigo lo jalo con fuerza tanta que su cuerpo estrello contra el suyo y casi caen de nuevo al suelo.

-Eh tranquilo, sé que estas necesitado porque entre Bella y tú no… -comenzó Jared a lo que Edward lo callo empujándolo lejos de él.

-¡Cállate estúpido!- le gruño mientras se apoyaba contra la pared. Jared noto la expresión de dolor de su rostro y recién se preocupó por su mejor amigo.

-¿Qué te sucede?- Se acercó lentamente a su amigo.

-Mi espalda me está matando desde que desperté esta mañana- le respondió mientras flexionaba los hombros.

-Te dije que no cargaras esas cajas de repuestos solo ayer pero te juro que eres la persona más cabezota que conozco.- le recrimino poniendo los ojos en blanco y le lanzo un paquete de hielo que tenían en la nevera donde guardaban cervezas. Poner ese paquete de hielo sobre todo en sus hombros lo alivio muchísimo.

-Apenas se me pase el dolor me pondré a trabajar.

-¿Qué? No, no ahora mismo te regresas a tu departamento con tu mujer y tu hijo, te quiero completamente recuperado para esta noche –Edward comenzó a reclamar- y no me digas que no iras porque ya son muchas las veces que nos has fallado y esta es una fecha especial así que ve a tu departamento duerme un rato o pídele un masaje a Bella, que estoy seguro que está deseando dártelo, y te quiero listo a las 10 que pasare por ti para ir al bar.

Camino resignado a la puerta trasera del taller cuando Jared estaba decidido a algo no había quien lo parara así que lo mejor era que descansara para la noche que le esperaba. Salió del taller y camino por el estacionamiento mirando los autos aparcados ahí pero solo había 2 que le llamaban la atención; uno era color rojo que conocía muy bien y el otro era negro pero no tenía idea quien era el dueño.

Siguió su camino hasta llegar a las escaleras que lo llevaban directamente a la puerta de su departamento, este fue construido por su padre para vivir cerca del taller donde trabajo toda su vida. Su padre construyo taller y el departamento donde ellos vivieron, su madre los abandono cuando Edward solo tenía 2 años y desde entonces su padre se encargó de ser padre y madre para él, siempre le estará agradecido por ello y mucho más ahora que él también es padre y sabe en carne propia lo sacrificado que es criar a un hijo.

Estaba pensando en su padre cuando abrió la puerta del departamento pero al mirar dentro solo encontró la sala vacía y la televisión prendida, camino hacia la cocina esperando encontrarse con Isabella cocinando pero la encontró vacía pero con algún tipo de sopa cociéndose en la estufa, tomo una cerveza del refrigerador y camino a su habitación. Paso por la habitación que tenía escrito Ethan con letras azules en la puerta y al ver dentro encontró a su hijo completamente dormido abrazado a su león de peluche. Siguió su camino hasta que llego a su habitación pero se detuvo cuando escucho sonidos dentro de ella.

-Vete antes que Edward llegue.- era la voz de Isabella pero sonaba amortiguada.

-No me interesa que él llegue, ¿acaso me hará algo? No te engañes Bella sabes tan bien como yo que él te odia.- la otra voz sonaba burlona y sabía exactamente a quien pertenecía. Mentiría si dijera que no sintió un profundo sentimiento de decepción y asco, ella estaba con él en la habitación que compartían y lo peor de todo era que su hijo estaba en la otra habitación. Sintió una fuerte corriente de ira recorrerlo y se decidió a abrir la puerta.

La imagen que encontró no fue la que esperaba; la habitación estaba hecha un desastre había ropa tirada por todos lados y sabía a quién le pertenecía, la cama estaba revuelta y sobre ella estaba Isabella semidesnuda y jadeante, sobre ella estaba él sujetándole las manos sobre la cabeza mientras se presionaba contra su cadera pero aun con el bóxer de por medio y los pantalones en las rodillas.

-¡Hijo de puta!- empujó el cuerpo de su peor enemigo con todas sus fuerzas lanzándolo hasta el otro lado de la habitación. Aturdido este se levantó y trato de acomodar su pantalón pero Edward le dio un rodillazo de lleno en el estómago dejándolo sin aire. Tomo su cabeza y comenzó a golpearla contra su rodilla pero el hombre supo cómo zafarse y con el rostro completamente ensangrentado comenzó a luchar contra él, tomo a Edward de la cintura y lo estampo contra la pared continua golpeando así su espalda ya adolorida. Su grito de dolor fue secundado por el grito de Isabella que corrió hacia ellos tratando de separarlos.

-¡Suéltalo! ¡Suéltalo!- gritaba llorando desconsolada empujándolo lejos de Edward pero sus esfuerzos fueron inútiles.

Desesperada corrió fuera de la habitación y partió rumbo al taller donde entro llamando a gritos a Jared desesperadamente. Este corrió a socorrerla igual de asustado y solo necesito que ella mencionara un nombre para que él partiera como loco rumbo al departamento del segundo piso. Ella corrió tras él y juntos encontraron a un Edward en el suelo siendo ahorcado.

Jared actuó lo más rápido posible y tomo al sujeto por la espalda dejando libre a su amigo, lo voltio inmediatamente y comenzó a golpear su ya destruido rostro. Isabella dejo de observar la pelea y se concentró en Edward que aún no reaccionaba.

-¡Edward! ¡Edward! ¡Levántate! ¡¿Qué te pasa?! – se acercó a acariciar su rostro pero rápidamente él la empujo lejos. –Ed… no es lo que piensas por favor tienes que creerme yo no tengo nada con él.

-Bella… vámonos entiende que él no te ama… carga a nuestro hijo y vámonos…- las palabras del maldito eran lentas y llenas de pausas era claro que le costaba respirar pero aun así se esforzó por hablar mientras recibía golpes en el estómago por parte de Jared.

-¡Cállate maldito! ¡Ethan no es tu hijo!- le grito completamente iracunda mientras trataba de ayudar a Edward a levantarse. Se abrazó fuertemente a su pecho y no se soltó cuando él trato de alejarla.

-¡Edward por favor tienes que creerme! ¡Yo no tengo nada con él! ¡Por favor!- le lloraba en el pecho completamente desesperada.

-Suéltame Isabella el show termino no es necesario que sigas mintiendo, solo lárgate – le hablo duramente y trato de alejar su cuerpo de él.

-Yo no hice nada malo, yo no tengo nada con él, yo… te juro que no sabía que él vendría, estaba cocinando después que Ethan se durmió y él toco la puerta, pensé que eras tú, comenzó a amenazarme y forcejeamos hasta la habitación… trató de forzarme hasta que entraste tú, te juro que esta vez no hice nada… ¡no me hagas esto! Créeme solo esta vez, por favor – Isabella se aferraba a él y hablaba desesperada entre sollozos incontrolables.

Edward sentía la ira consumiendo su cuerpo, pero al sentirla temblando contra su cuerpo rogándole en medio de su llanto algo dentro de él se ablando diciéndole que ella estaba siendo sincera y la apretó contra él tratando de consolarla. Ella al sentir sus brazos alrededor lanzo un llanto de alivio y se aferró más si era posible a él. Edward frotaba su espalda suavemente mientras le devolvía la mirada de odio a su enemigo que sangraba profusamente mientras Jared lo tomaba de las solapas y lo llevaba fuera del departamento. Trato de soltar a Isabella para ir tras él pero ella no lo quería soltar.

-¡No vuelvas más aquí! ¡Te juro que te matare la próxima vez que te acerques a ellos! ¡Te matare! –grito Edward desde el otro lado de la habitación y en respuesta recibió una sonrisa burlona.

-¡¿Por qué no le dices Bella?! ¡Dile que no estuvimos juntos solo esa vez, estoy seguro que le encantara ver las fotos que te prometí! –el sujeto grito burlón, aunque estaba ahogándose en su propia sangre, mientras salía del lugar empujado por Jared y James que acababa de llegar luego de escuchar los gritos.

-¡Ya cállate idiota! ¡Se acabó el show y tú te largas de aquí! –le grito Jared y lo empujo todo el camino a las escaleras con ayuda de James. Se escucharon algunos golpes pero ya fuera de la vista de Edward.

-¿De que hablaba Isabella?... ¿Es… cierto? –pregunto con voz contenida.

Ella solo se aferró y volvió a llorar pero por un motivo más profundo. Todo empeoro.