¡Hola de nuevo!
Hemos llegado a la segunda parte y final de este two shots, espero que lo disfruten. Agradezco a todos mis lectores que dedicaron unos minutos de su tiempo en leer mi historia, además también agradezco por aquellos que dejaron sus coquetos reviews, favoritos y follows.
Me disculpo de antemano si en la primera parte habían errores ortográficos, por más que lo revisé antes de subirlo se me escaparon algunos detalles u.u, espero que en esta segunda parte no sea el caso, ya que fui más meticulosa.
Marishka16, en cuanto a tu pregunta, Hinata representa a Hestia (es la diosa de la cocina, la arquitectura y el hogar) es una diosa pacífica, por eso sentí que Hinata sería la mejor opción para representarla. Artemisa (diosa de la caza, los bosques y los animales) es representado por Temari. Espero haber aclarado tu duda :)
*Ojalá y, como recomendación, saber lo que dice el mito entre Hades y Perséfone para entender un poco más la historia.
Esta vez no adelantaré nada así qué me retiro.
Por ahora... ¡A leer! :D
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Un impulso hacia el éxtasis
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Parte II
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Muy cerca de los terrenos del señor del Inframundo, se encontraban Sasori y Deidara, ambos guerreros valientes cuyas hazañas se han llenado de admiración y elogios. Amigos casi inseparables en cada propósito de nuevas aventuras, motivo por el cual ahora yacían en las profundidades de la tierra en busca de su siguiente peripecia.
Ambos guerreros, después de haber hecho incontables proezas, se habían arriesgado en hacer algo aún más audaz, queriendo superar por mucho a las heroicas batallas anteriores.
El objetivo de ambos guerreros era nada más ni nada menos que casarse con una de las hijas de Madara. Deidara eligió a Helena, ambos raptaron a la chica cuando aún era una niña, ahora resultaba el turno de Sasori que haría lo mismo con Sakura.
- Esto ha resultado bastante fácil - murmuró Deidara - Y así decían que no podríamos hacerlo - rió.
- Cuida tu espalda, El Señor del Inframundo no es un Dios que descanse - pronunció Sasori con cautela.
- Es una hazaña increíble lo que han hecho ustedes dos, Deidara y Sasori - la voz de Sasuke se escuchaba de forma tenebrosa por los pasillos - Incluso hasta evadieron las trampas de mis dominios - su voz lúgubre podía escucharse claramente.
- Tan solo venimos a saludar y darte nuestro más humilde servicio, mi señor.
- Hmph, creen que necesito servicio, ¿yo?, ¿un Dios? - su risa se sintió retumbar por los muros de piedra oscura, la poca luz que había lentamente se desvanecía hasta convertirse en obscuridad total - Me parece justo conocer a los guerreros que se atrevieron valientemente a entrar en mis tierras.
- Mi señor, es usted un Dios piadoso - dijo Sasori con voz de alivio.
- Esto no me gusta, Sasori, sabemos lo que se dice de él - murmuró Deidara.
- Adelante, si pueden - la luz iluminó los pasillos una vez más y ambos guerreros apresuraron su paso.
Desde su trono, Sasuke yacía inquieto, una sonrisa maliciosa se apoderaba de su boca cada vez que sentía que los intrusos estaban cerca, sabía que las intensiones de ambos eran secuestrar a Sakura, pero no lo permitiría.
[Sakura]
Esto es increíble, primero me secuestra, me dice que soy su reina y Diosa del Inframundo para gobernar a su lado, ¿y ahora me niega y ni si quiera me dirige la palabra? ¿Por qué me molesta esto?
Lancé los almohadones con toda mi fuerza, no podía soportar la idea de que ahora me tratase como una cualquiera, pero lo que más me molestaba era el hecho de que esto me importara.
- ¡Demonios! - grité.
Todo esto sería más fácil si Sasuke luciera tal y como lo había escuchado, un ser grotesco, feo y sin sentimientos que solo le interesaba el poder y ser intimidante para otros.
Pero nada resultó así, era un Dios justo, apuesto... maldición su rostro es lo que más odio. Sus facciones son tan bellas que incluso superaría al elfo más apuesto de la superficie.
Sus ojos son hipnóticos y llenos de un basto poso oscuro de misterios; cuando me observa es como si viera a través de mi y eso me irrita. Quiero odiarlo por lo que me hizo, pero no puedo hacerlo debido a que nada malo ha hecho en contra de mi persona. Me dio un hogar e incluso un dominio propio el cual me recuerda a mi tierra.
Debo odiarme por mis estúpidas cavilaciones, es ilógico encontrar correcto lo que hizo. Pero mi cuerpo reacciona de forma diferente a lo que piensa mi cabeza.
¿Qué se supone que debo hacer? ¿Deberé encontrar un equilibrio en todo esto y adaptarme? ¿O pedir una última vez a los Dioses por mi rescate?, los cuales me han abandonado y fallado.
Creo que el sentir el rechazo de mi propia familia es lo que más duele y me impide querer regresar, mi madre me ha dado la espalda, los Dioses ignoraron mis plegarias... al menos Sasuke pareciera ser diferente a ellos cuando lo desea.
Ahora me pregunto qué estará haciendo que no puedo salir de mi habitación, incluso su bestia merodea mi pasillo de forma inquieta.
...
- Ah, helos aquí, famosos guerreros entre los muertos - Sasuke exclamó con una voz llena de recibimiento, sorprendiendo a ambos héroes.
Sasuke yacía con su armadura y cetro, se había puesto su casco para así impedir que vieran su rostro y lucir más imponente.
- Mi señor Sasuke - dijeron al unísono.
- Por favor, acepten la acogida que les brindo por tal intrépida osadía - sonrió.
Ambos se sentaron frente a una mesa llena de comida, pero Deidara dudó si sacar un bocadillo.
- No es veneno si eso piensas, Deidara - musitó Sasuke con sorna.
- No, por supuesto que no, mi señor - comentó algo asustado.
- Mi señor Sasuke, nuestra visita será breve - comentó Sasori algo nervioso.
- Lo sé - Sasuke se apoyó en el respaldo de su silla, acomodándose.
- ¿Lo sabe? - preguntó Sasori con gran nerviosismo.
- Muchachos - sonrió, apoyando sus codos en la mesa, mirándolos fijamente. Su expresión cambió a una llena de hostilidad y su voz se agravó - ¿De verdad piensan que su atrevimiento sería prudente?
Ambos decidieron sacar sus espadas debido a lo tenebroso que se volvió la cena, pero unas serpientes emergieron desde abajo logrando atraparlos para que se mantuvieran en sus asientos.
- ¡Mi señor, está equivocado! - masculló Deidara.
- ¡Cállate, tonto, él sabe de nuestras intenciones! - respondió Sasori - ¡Sakura debe ser mía! - manifestó - ¡Ella será feliz conmigo al ver que logré sacarla de este maldito lugar!
- Colmas mi paciencia, Sasori, no es de sabios enfrentarse con un Dios y mucho menos conmigo - Sasuke se levantó y caminó hacia Sasori con pasos firmes y fuertes.
- ¡Demonios, Sasori, cállate y solo trata de soltarte! - chilló Deidara cortando a las serpientes con una de sus dagas.
- Hmph, Sasori - musitó Sasuke deleitándose en verlo con tal desesperación por zafarse de las serpientes - Tu atrevimiento será tu perdición - masculló con seriedad.
Sus ojos cambiaron a unos de color rojo carmesí y sin dudarlo llamó a las Furias, estas emergieron lentamente de la oscuridad, eran mujeres pero no del todo. Su rostro y cuerpo eran opacos, con notorias deformaciones en la piel y sus ojos eran dos luces rojas que sonreían de forma siniestra.
Al acercarse aún más se notaron sus alas negras como de grandes murciélagos y en sus manos poseían largos látigos de cuero, listos para desgarrar la piel de quienes eran sus convictos.
- ¡No! ¡No! ¡Alejen esas cosas de mi! - gritó Sasori con desesperación.
- ¡Castiguen a este! - apuntó Sasuke a Sasori - Háganlo pagar por su imprudencia de entrar al Inframundo, al otro me da igual si escapa, al menos así divulgaría un mensaje a aquellos que osan querer entrar a mis dominios - sentenció con voz tosca y enérgica.
Las furias asintieron y sin dudarlo se llevaron a ambos a sus guaridas para atormentarlos por el crimen que cometieron.
Al ver que ambos dejaron el salón se deshizo de su casco y tomó asiento.
Sasuke se restregó la sien debido al agotamiento, no era común hacer uso de las furias para hacer pagar a aquellos que se atrevían a entrar al Inframundo, le resultaba agotador y de cierta forma molesto escuchar los gritos de aquellos que eran torturados, pero las reglas eran las reglas y debían aprender de tal atrevimiento frente a un Dios.
- Veo que algo te perturba - Sakura apareció en el trono, tomando a Sasuke desprevenido.
- Y yo veo que Cerbero te dejó salir - su voz sonaba apagada, claramente había quedado sin energías.
- Le ordené que vigilara la entrada al Inframundo, después de todo esa es su obligación, no vigilar a una reina.
- Hmph - sonrió Sasuke con deleite, aquello lo llenó de regocijo.
- Pero al parecer no soy una después de todo - masculló Sakura claramente molesta - ¿Debo limpiar su trono o tal vez brindarle unos masajes, mi señor?
Sasuke lanzó una carcajada ante lo bueno que sonaba aquello, pero entendió a lo que sus palabras reflejaban en realidad.
- Sakura, puedo notar lo molesta que te encuentras - se saboreó los labios y la miró fijamente - Lo que no entiendo es el por qué.
- ¿El por qué? - lo imitó, colocando sus manos en sus caderas.
- Es exactamente lo que dije, ¿ya no puedes oírme? - se burló, provocando que ella apretara más sus dientes.
- Me dices que me necesitas, que soy tu reina, que domino parte del Inframundo junto a ti como una Diosa para luego denigrarme con... ¿con un espíritu?
- Pensé que no te importaba tu rol aquí - manifestó Sasuke, sus ojos no dejaban de mirar sus labios o sus ojos al verla con tal fuego.
- Hmp. Pues no me importa, por lo que saldré de aquí.
- Sabes que nadie puede hacerlo - su voz comenzaba a ser más ronca, aquello debilitó a Sakura debido a lo irresistible que ahora le parecía.
- Un mortal no, pero un Dios, sí. Y resulta que estoy casada con uno, así que si no te importa, me largo - Sakura quedó algo sorprendida ante la risa del Dios del Inframundo, por lo que nuevamente se dio vuelta para enfrentarlo, pero este había desaparecido.
- Es interesante - su voz se escuchó como eco en medio del salón real.
- ¿Qué? - preguntó ella algo inquieta al no poder saber donde estaba.
- Tú, la forma en que me enfrentas, la manera en que deseas gobernar - hubo una pausa y las demás antorchas comenzaban a extinguirse - En como deseas hacer lo que quieres - Sakura observaba atenta cada rincón - Pero lo que más me cautiva y a la vez me intriga son tus reacciones ante mi.
- No caeré en tu juego si eso quieres, Sasuke. No le tengo miedo a la oscuridad y sé como llegar a mi habitación sin necesidad de tener una luz que me guíe.
- No lo dudo, pero te inquieta no saber donde estoy, te aflige no saber donde apareceré - su voz comenzaba a escucharse aún más cerca y Sakura comenzaba a sobresaltarse.
La oscuridad era inminente, tan solo había una antorcha disponible, por lo que comenzó a caminar hacia ella.
- Es bastante estúpido de tu parte si quieres asustarme de esa forma - masculló con poca seguridad.
- ¿Tu crees? Yo presiento que logro intimidarte, de lo contrario... - su voz ahora se alejaba - ¿Por qué te diriges tan desesperada hacia el fuego?
Apenas ella tocó la antorcha, esta se apagó, dejándola en plena oscuridad, ni si quiera podía ver luz de los demás pasillos a lo lejos o aquellas que estaban en el segundo piso. Sasuke fue astuto y quitó todo rastro de luminiscencia. Ahora todo era nebulosidad y vacío.
- Dime, Sakura... ¿qué sientes ahora? - preguntó suavemente como si de un murmullo se tratase - ¿Piensas en lo que haré ahora?
- Basta, Sasuke - suspiró, sus piernas le temblaban y su respiración comenzaba a agitarse.
- ¿Te inquieta que mis manos logren tocarte, o tal vez temas desearlo? - aquel comentario hizo que le hirviera la sangre, el escenario era perfecto, no podía verlo, pero su cabeza ya había imaginado aquellos ojos mirarla con deseo - Como mencionaste anteriormente y cito "estás casada con un Dios", conmigo. Y no he tenido la oportunidad de hacerte mía, ¿no crees que este sería una buena ocasión?
- No... - dijo con un leve tono a pregunta.
- Puedo ver que tiemblas, Sakura - ella continuaba observando en vano por si lo veía, pero nada - Tragas saliva cada vez que escuchas mi voz...
- ¿Un extraño juega al escondite conmigo, no crees que esa es razón suficiente para lucir nerviosa? - masculló con firmeza.
- No soy un extraño, soy tu esposo - ella escuchó que sonreía y caminó hacia donde escuchaba su voz.
- Un esposo que no le ha dado anillo a su consorte - lo desafió, quería llegar hacia él.
- No lo necesitas.
- Pero lo quiero - argumentó, deseaba encontrarlo.
- Si das un paso más te quemarás - ahora su voz sonaba más cerca, por lo que ella se aproximó una vez más - Sakura... - dijo como una melodía tentadora.
- ¿Sí? - preguntó ella, imitando su tono.
- Tus oídos fallan - las luces se encendieron y Sasuke apareció detrás de ella, quien acarició su lóbulo izquierdo con su nariz, haciendo que la mujer sintiera escalofríos - Hueles bien.
Sakura se dio vuelta lentamente y pudo ver a un hombre sereno mirándola sin decirle nada como si con sus ojos le transmitiera lo que callaba.
- Sasuke... - pronunció ensimismada, él escucho latir su corazón, pero algo lo inquietó y se alejó de ella.
- No aún... - suspiró con reticencia - No hasta que me conozcas como soy en realidad.
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Con el pasar de los días Sakura comenzó a experimentar cierta curiosidad hacia él, empezó a darse cuenta de que no era el Dios perverso que todos decían que era. Tampoco eran cierto los rumores sobre el temperamento de Sasuke, muchos lo calificaban como huraño e irritante. Para ella era un Dios justo, altruista y pasivo, quien a menudo intentaba mantener un relativo equilibrio en todo.
Con el tiempo Sakura pudo sacar sus propias conclusiones respecto a él, y se iba sorprendiendo cada vez más, hasta aceptarlo.
De lejos podía ver como hacía su trabajo con las almas que entraban al Tártaro, el lugar más profundo del Inframundo, era el sitio en donde los recién llegados eran juzgados después de la muerte y donde los malvados eran castigados.
Comenzó a asimilar las tareas y el arduo trabajo que era encargarse de cada alma, al menos con eso su mente se ocupaba en otras cosas y no en las contantes súplicas que hace semanas dejó de hacerle a los Dioses.
Se sintió abandonada y traicionada por ellos, por lo que vio a Sasuke como alguien en quien confiar lentamente.
- Sakura, mira esta alma - Sasuke yacía vestido con su singular teñida negra. Cada vez que debía juzgar la esencia de lo que fue un humano, traía consigo aquel horrible casco, con el cual solo se veían sus ojos de fulgor rojo y su mandíbula.
- ¿Qué hay con ella? - preguntó intrigada.
- Veo que lo que lo trajo a mis dominios fue debido a que defendió a su esposa de un violador - dijo Sasuke de forma acertada - Al menos pudo salvar a la mujer del abuso.
- Eso quiere decir que esta alma murió como un héroe - dijo Sakura con seguridad.
- Así es... un héroe que asesinó a otra alma.
- ¿También es un asesino? - inquirió Sakura algo sorprendida.
- No del todo, él tomó una vida a cambio de otra, defendió el honor de su mujer al matar al agresor - Sasuke meditó sabiamente para destinar al ente a un lugar del Inframundo - Con lo que has visto, Sakura, y como la Reina de este lugar ¿Cuál sería su destino?
- El mío, puedo encargarme de darle la paz que tanto necesita.
- Hmph, ya no tienes más que aprender, Sakura. Ve, sabes el camino, yo me encargaré del violador - su voz fue algo más lúgubre y casi como si disfrutara lo que venía después.
- ¿Aquel sujeto esta aquí?
- Ambos murieron casi al instante, y helo aquí - Sakura vio una sonrisa perversa emerger en sus labios - Vaya, asesinó a muchos... sin remordimientos, incluso niños - Sasuke podía ver todo con sus ojos.
A pesar de querer ver cual era el destino para aquella alma, Sakura sabía con certeza que su final sería un castigo eterno del cual vagaría hasta el fin de los días en tormento.
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Pasaron las semanas y la relación de ambos surgía positivamente, Sakura sabía todo lo que debía hacer para cumplir las reglas del Inframundo, cada trabajo y tarea que debía manejar como reina. Por lo que ya poco le interesaba si existía un rescate, ya nada le preocupaba más que cuidar almas que estaban a su cargo como si estas fueran sus propios hijos. Al menos aquello la distraía de lo que antes era su realidad, aceptando poco a poco la nueva.
- Ten - Sasuke apareció detrás de ella, en sus manos sostenía una prenda femenina.
- ¿Qué es?
- Descúbrelo por ti misma - sonrió.
Sakura lo hizo y vio que se trataba de un bello vestido color dorado, tan resplandeciente que incluso sobresalía ante la oscuridad, y el fulgor de los charcos de lava atenuaba aún más el brillo de la tela.
- Me gustaría que lo ocuparas ahora, iremos por una cabalgata.
- ¿Cabalgata? Pensé que este lugar no tenía vida - respondió extrañada.
- Así es, pero soy un Dios, y como tal merezco ciertos lujos - sus ojos la observaron de pies a cabeza haciéndola ruborizarse - Te veré en tus dominios, Sakura.
Sasuke había terminado de alistar a los caballos cuando una presencia muy conocida lo esperaba en el salón real. Como Dios sabía perfectamente cuando alguien deseaba entrar en sus dominios como también presentía la presencia de otro Dios.
Disgustado y molesto dejó la entrada a los Campos Elíseos para dirigirse al salón de su trono para enfrentar a su hermano, sus pisadas eran firmes, sus manos hechas puños y su quijada estaba tensa debido a que sabía el por qué de su visita.
- ¿Qué haces aquí? - su voz cambió a una tosca y dominante. No era que odiara a su hermano, simplemente poseía cierto resentimiento hacia él y a sus visitas imprevistas e inoportunas.
- Vengo a negociar por Sakura, es un caos en la superficie por tu culpa. Mebuki a provocado incontables muertes a causa de tu ambición.
- ¿Ambición? - preguntó en tono de burla - ¿Si quiera sabes de lo que hice en realidad, Madara? - reprochó con severidad.
- ¡Raptaste a una de mis hijas! - bramó disgustado.
- Ahora reclamas su paternidad, ¿dónde estabas cuando ella era solo una Ninfa del bosque? - lo enfrentó - ¿Acaso ella no merecía estar en el Olimpo como las demás?
- Sabes bien el por qué - Madara lucía rígido y enfadado, muy por el contrario a como lucía Sasuke, quien se paseo por el salón con tranquilidad.
- Iba a raptarla un guerrero, Sasori era su nombre - el rostro de Madara cambió a sorpresa, pero su ceño fruncido aún permanecía intacto. Sasuke prosiguió - Tenía un plan bastante ruidoso, era demasiado pretencioso en cuanto a sus hazañas, por lo que me hizo interesarme aún más en Sakura. Claramente no podía quedarme de brazos cruzados al saber sus intenciones - confesó. Madara se quedó quieto sin poder responder - No fue solo su belleza lo que me hizo secuestrarla, traté de salvarla de la ambición de Sasori por conseguir a una de las hijas del gran Dios del trueno - lo miró seriamente a los ojos - Quería presumirla como trofeo, Madara - Sasuke tomó unos sorbos de vino y prosiguió - Puedes imaginar que al no verla en los bosques supo que estaba aquí - Madara levantó una ceja, estaba intrigado - Me imagino que ya sabes cómo termino eso - Sasuke sonrió triunfante.
- ¿Me dices esto para que agradezca tu noble gesto? - protestó - Haces de mi hija tu esposa, sabiendo que es tu sobrina. Si bien la salvaste de un suplicio la has puesto en otro aún mayor.
- No la he tocado, y aún así no la considero como una de tus hijas, jamás la trataste como tal - Sasuke lo miró con desprecio.
- No juegues conmigo, hermano, mi paciencia es limitada - lo desafió Madara.
- También la mía y una vez más te recuerdo que el inquilino eres tú - dicho esto ambos quedaron mirándose fijamente, la tensión era evidente - Sakura se encuentra en perfectas condiciones, por ende... esto es innecesario.
- La tierra agoniza, Sasuke, sin Sakura... - suspiró, tratando de hacer razonar a su hermano - Mebuki dejará a la tierra estéril - confesó Madara con pesar.
- No quiero hacerlo - se negó, de cierta forma ya se había acostumbrado a la presencia de Sakura en sus dominios.
- Debes, por el bien de la humanidad.
- Tú y tu humanidad, siempre te ha importado que continúen idolatrándote como siempre lo han hecho - se mofó - ¿Temes que, si no logras convencerme, te conviertas en alguien como yo? Hmph - Sasuke se sentó nuevamente y suspiró.
- Sabes que es lo correcto de hacer, hermano - manifestó Madara, esperando una respuesta.
Sasuke pensó en sus posibilidades y al hacerlo notó la presencia de Sakura en una de las esquinas del salón, debido a su rostro pudo saber que había escuchado cada parte de la conversación, su semblante lucía pálido y a la vez lleno de asombro. No la culpaba debido a que jamás pensó que su padre sería el Dios del trueno. Un Dios que, a pesar de saber de su existencia, la había abandonado en la tierra.
- Bien - masculló - Lo haré, mañana a primera hora. Puedes decirle a Kiba que venga por ella.
- Sabía que eras un Dios sabio, hermano - Madara tocó el hombro de Sasuke para luego desaparecer, dirigiéndose hacia el Olimpo.
- Siento que te hayas enterado de esta forma - comentó Sasuke - Puedes salir de tu escondite, Sakura, sé que estás aquí.
- No quise hacerlo, vine a buscarte cuando de pronto escuché mi nombre en la conversación - sus ojos verdes lucían acongojados como si las lágrimas estuvieran próximas a salir.
- Si tienes dudas, puedes preguntarme lo que sea - pero al ver su rostro lleno de tristeza e incertidumbre cambió de opinión - O si gustas, puedes volver a tu habitación. Mañana deberás regresar a tu vida, como siempre quisiste.
- No, no quiero posponer esto, vamos - ella le brindó una cálida sonrisa mientras que Sasuke suspiró no tan convencido ante su actitud - Necesito despejarme... - su voz se escuchó casi como súplica a lo que Sasuke asintió y la acompañó hacia los caballos.
Sabía que esto solo le sería aún más difícil decir adiós, pero a pesar de lo que quería debía pensar en lo que era bueno para ella y también en lo que era justo para la humanidad.
Ambos partieron rumbo a los Campos Elíseos para recorrer los bastos paisajes que las almas puras podían disfrutar en su estadía al paraíso.
Sakura estaba segura de que el lugar era eterno, pues no sabía cuando podría terminar. Los Campos Elíseos poseían una cantidad de variedad en paisajes, habían campos floreados, bosques, ríos, cascadas, prácticamente cualquier panorama que irradiaba paz y tranquilidad.
- Es hermoso - musitó fascinada.
- Que bueno que sea de tu agrado - Sakura lo miraba de reojo, era imposible no verlo de vez en cuando si lucía tan diferente ahora en cuanto a carácter.
El Dios malvado que pensó que era se había transformado de un segundo a otro en algo totalmente diferente, sabía que lo había enjuiciado injustamente antes, pero con tal noticia había cambiado más de parecer.
En medio del campo, Sasuke se distinguía aún más en aquel corcel negro, parecía más imponente y más formidable. Sus ojos miraban al frente sin gesto alguno como si estuviera perdido en sus pensamientos.
La capa oscura del Dios del Inframundo ondeaba ligeramente a medida que avanzaban por las sendas del bosque.
- No sabría si agradecerte o no, debido a que tampoco quisiste decirme la verdad - Sakura lucía insegura en si continuar - Pero tampoco puedo quejarme, a pesar de todo no me has tratado como esclava... y aunque suene estúpido... - Sasuke la miró de reojo con intriga - ... disfrutaba debatir contigo - sonrió.
- Nunca es malo tener controversias en ciertos temas, Sakura - sonrió - Detente aquí.
Sakura obedeció y ambos se bajaron de sus caballos. Sasuke avanzó unos pasos delante de ella para guiarla a uno de los arroyos más bellos del lugar.
- Jamás pensé que esto fuera tan... hermoso - exclamó encantada.
- Siempre se habla de lo malo del Inframundo, pero todo tiene dos caras, dos realidades diferentes. Los ignorantes solo se quedan con lo malo y dejan lo bueno a un lado a causa de la poca falta de credulidad - Sasuke suspiró y se sentó, apoyándose justo en un árbol.
- ¿Es extraño que ahora no desee irme cuando tengo la posibilidad de hacerlo? - aquello extrañó a Sasuke, más aún cuando vio que Sakura se sentaba a su lado - Me siento casi como en casa.
- Debes irte - su voz se escuchó poco convencida.
- Lo sé - musitó ella - Creo que ahora puedo entenderte un poco más, has caído en prejuicios como un Dios malvado y horrible cuando la verdad... - Sakura lo miró a los ojos y ambos se observaron - ¿Qué significará esto que siento por ti, Sasuke?
- No sé a lo que te refieres - tragó saliva y miró el arroyo, de pronto se sentía nervioso.
- No debería sentir atracción por ti, pero lo hago - confesó - He visto lo peor de ti y lo mejor. He presenciado momentos en los que eres cruel, pero también he visto tu parte más humana...
- No creo que hayas visto con claridad - musitó, mirándola de reojo mientras ella se acercaba más.
- Podré ser obstinada algunas veces, pero no soy ingenua, he visto a través de ti, como tú de mi.
- Hmph.
- ¿Eso es todo lo que dirás? - sonrió - ¿Ahora quién se encuentra inquieto debido a mis palabras? - su voz sonaba como un desafío cautivador - Sé que sabes a lo que me refiero, Sasuke, sabes lo que pienso, ¿por qué negar lo que sientes tu también?
- Sakura... - musitó, sentía que él no merecía tantos halagos y menos su atención, a pesar de quererla se resistía por el solo hecho de que si probaba de ella no podría dejarla ir.
Ella se abalanzó hacia él, colocándose sobre su cuerpo como si de una montura se tratase. Sasuke la observaba perplejo admirando su rostro y tocando suavemente sus caderas. No sabía si continuar, pero al verla tan dispuesta se acercó a sus labios para probar su dulce sabor.
Sasuke acarició sus mejillas mientras la besaba, un inocente beso que comenzaba a transformarse en lujuria. Él abrió sus ojos al sentir que no podría detenerse si las cosas continuaban de esta forma, por lo que dejó de besarla y se levantó rápidamente, tratando de serenarse. Pero los dulces labios de la mujer continuaban en su boca tan febrilmente que no podría olvidarlo incluso aunque quisiera.
Sakura lo observó, añorando caer una vez más en sus brazos. Su cuerpo le exigía sentir aquellas manos recorrer su piel, por lo que lentamente caminó hacia él y acarició su hombro para reconfortarlo. Sabía que debía estar en medio de un dilema, de lo contrario no se hubiera comportado de esa manera al rechazarla tan repentinamente.
Comenzó a tocar su espalda y luego sus brazos, tratando de que él se diera vuelta y volviera a mirarla, y así lo hizo. Sus ojos lucían inquietos por lo que ella puso una mano en su mentón, acariciándolo suavemente hasta llegar a su mejilla.
- Temo lastimarte - confesó algo agitado, en ese momento sus ojos cambiaron abruptamente a un color rojo - Te deseo, pero mi fuerza... no sé si podré controlarme.
- Confío en ti. Tus ojos... - Sasuke apretó los dientes, pensando en que tal vez su aspecto la había asustado - Tus ojos lucen aún más atractivos... - aquello lo tomó por sorpresa y poco a poco se acercó pasar besarlo.
Sus labios se tocaron por unos instantes, Sasuke volvió a acariciarla con delicadeza, recorriendo sus mejillas hasta bajar lentamente a su cuello. Ambos se detuvieron para observarse y supieron en ese momento que ya no habría vuelta atrás.
Dejaron los Campos Elíseos y caminaron hacia las escaleras del castillo, sus pasos eran lentos como si ambos disfrutaran el recorrido. Subieron los escalones dirigiéndose miradas fugaces llenas de picardía.
Pero Sasuke no pudo evitar devorarla una vez que llegaron al último peldaño. Atrapó su rostro con necesidad y sin esfuerzo alguno la levantó del suelo para que ella se aferrara a su cuerpo.
Ambos llegaron a la habitación, sin decirse ninguna palabra Sasuke la soltó lentamente hasta que sus pies volvieron al piso. Él comenzó a despojarse de su armadura, tirándola con fuerza lejos de ambos. Luego retiró su camisa dejando ver su torso desnudo.
Sakura suspiró al verlo y tocó sus pectorales con la punta de los dedos, acariciando con cuidado cada parte de su piel, la cual ardía con ímpetu.
Recorriendo su pecho con curiosidad decidió apoyar la palma de su mano justo donde latía su corazón, se encontraba alterado y aquello le gustaba, jamás lo había visto o sentido tan indómito.
Sasuke le permitió observar su torso, mientras él se preocupaba de acariciar su sedosa cabellera rosada. Sus ansias aumentaban a medida que sentía que ella lo tocaba con más urgencia.
Sin poder evitarlo le quitó el vestido, haciendo contacto visual con sus ojos, no deseaba perderse ni un segundo de su aspecto cuando él la tocaba.
La besó una vez más, acercándola a su cuerpo hasta caer juntos sobre la cama. Sakura acarició su espalda, deleitándose de lo suave que era su piel.
Los besos de Sasuke iban de su boca hasta su cuello, embriagándola hasta que perdiera la cordura. Era tanto el deseo que sentía por él que ella alzó sus brazos, dejándose llevar por el momento y él aprovechó de entrelazar una de sus manos con la de ella, estrechándola con suavidad.
Sasuke dejó de besarla y observó sus ojos como si no pudiera creer que esto estuviera pasando, ella se mordió el labio inferior lentamente y luego lo besó, incitándolo a que no se detuviera.
Y así el Dios oscuro había sucumbido a los encantos de una Ninfa para convertirse en el esclavo eterno de su belleza y bondad.
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El día había llegado Sasuke esperó con impaciencia la llegaba de Kiba, se sentía con angustia y notoriamente mal humorado. No tenía el descaro de pedirle a Sakura que se quedara, eso significaría el fin de la raza humana y no era tan tacaño como para dejarla aquí sabiendo que sin ella la humanidad perecería.
Sin decir palabra alguna caminaba de un lado a otro en el salón real, sabía que Kiba yacía más cerca de sus dominios y eso lo hacía perderse más y más en la locura ¿Qué sería de él sin Sakura? ¿Volverían sus demonios a consumirlo por completo como era antes?
El tiempo pasaba cuando se distrajo con un pequeño ratón que merodeaba uno de los árboles frutales que habían dentro del salón real. Sasuke lo observó en silencio, caminó hacia él y notó aquel detalle que antes había omitido en el roedor anterior.
El pequeño lo observó con recelo y temor, sus ojos eran igual de expresivos como cualquier otro animal. A medida que Sasuke se acercaba la postura del ratón se hizo aún más pequeña y se escondió en un orificio del mármol.
Sasuke suspiró y tomó una de las frutas que, ya maduras, se podía desprender su corteza con más facilidad. Tomó la granada y con sus dedos sacó un grano rojo y jugoso para entregárselo al ratón.
Con desconfianza el roedor olfateó el pedazo de fruta, miró a Sasuke con timidez y salió lentamente de su escondite.
- Veo que ahora te agradan más - la voz de Sakura hizo que este se levantara rápidamente. Su belleza no tenía comparación, su pelo suelto y frondoso le llegaba hasta la cintura. Sin mencionar aquel ceñido vestido dorado que dejaba ver uno de sus muslos debido al corte atrevido de la vestimenta - Es curioso, jamás había visto un tipo de fruta similar.
Sasuke temió en ofrecérsela, no sabría como negarle esto si decidiera probarla. Si lo hacía...
- No son frutas... son... granadas - Sasuke maldijo al no ser más creativo.
- ¿Qué son? Si no es fruta puedo ver que es comestible, se la diste al ratón - continuó ella, mirando la forma singular de aquel fruto rojo.
- No puedes comerla, Sakura.
- ¿Por qué no? - Sakura lo miró fijamente con cierta diversión al ver que nuevamente continuaban discutiendo.
- Hmph, sigues siendo obstinada, he dicho que no puedes y no lo harás - sentenció Sasuke, desapareciendo la fruta al momento en que cerró su puño.
Sakura lo miró con gracia y se acercó a él para besarlo, pero él la detuvo. Sasuke solo la observaba con atención como queriendo memorizar cada rasgo de su rostro, acarició sus mejillas y tomó su mentón para besarla, pero maldijo a sus adentros al saber de la presencia de Kiba.
- Mi Lady - la voz de Kiba hizo un eco ensordecedor en medio del salón - Su carruaje la espera - el mensajero de los Dioses había llegado con un inusual carruaje blanco compuesto por cinco pegasos del mismo tono.
- Adiós, Sasuke - ella le brindó una sonrisa - ¿Nos volveremos a ver? - susurró.
Sasuke no supo como responderle ante aquella pregunta, por lo que solo atinó a despedirse.
- Adiós, Sakura - y de inmediato le dio la espalda para desaparecer en medio del salón.
La joven Ninfa se entristeció ante su actuar y miró el lugar como si buscara algo con desesperación. Cuando lo hizo sus ojos se iluminaron.
- Señorita Sakura, debemos partir ahora - la apresuró.
- Enseguida - exclamó.
Su rostro lucía como si algo tramase y subió al carruaje de inmediato, colocándose cómoda en los suaves y acolchonados asientos. Kiba partió de inmediato, dejando el Inframundo lo más rápido que podía.
Sakura abrió su puño y en el se encontraban cinco granos de granada, el color carmesí de cada uno de ellos lucían jugosos y apetitosos. Sin dilatar más la espera por su curioso sabor acercó su mano a la boca y probó el gusto de la fruta. La sensación que dejó en su paladar era dulce como la sepa de la uva más madura.
- ¿De casualidad no probó ninguna fruta estando en el Inframundo o sí? - preguntó Kiba, dejando los dominios de Sasuke.
- ¿No? - Sakura se extrañó ante la pregunta - ¿La granada cuenta como fruta?
- La granada es la única fruta que crece en el Inframundo, por lo tanto sí - Kiba quedó en silencio y comenzó a pensar - Si usted consumió aunque sea un grano no podrá volver al Olimpo, las leyes del infierno son muy claras para todos aquellos que hubiesen probado algún alimento en el reino de los muertos.
- Ya veo... - Sakura sin embargo no lucía abatida, por el contrario estaba tranquila.
La noche anterior divagó por horas lo mucho que deseaba quedarse en el Inframundo, aunque por otro lado no podía no extrañar a su madre y el aire fresco de la Tierra.
Al llegar al Olimpo la primera en acercarse fue su madre, quien la abrazó con fuerza y sus lágrimas empaparon su vestido dorado.
- ¿Te hizo algo ese demonio? - preguntó Mebuki con preocupación - Cielo, luces pálida. Ven.
- ¡Alto! - rugió Madara, observando a Sakura detenidamente - Mebuki, suelta a Sakura por un momento.
- ¿¡Por qué!? - vociferó inquieta.
- Sakura - la voz de Madara se escuchaba como un rugido - Temo que no puedes volver al Olimpo o a la Tierra nunca más.
- ¿¡Pero qué dices, Madara!? - chilló Mebuki, tomando a su hija de la mano - Sasuke la liberó, tú mismo dijiste que lo haría, ¿y me dices que no es bienvenida?
- Pregúntale por qué, ella lo sabe - Madara suspiró y se dirigió a Naruto - Llama a Sasuke, de inmediato - pronunció con voz seria.
- Sakura, querida, ¿qué está pasando? - su madre la tomó de su rostro, estaba preocupada, sus ojeras ahora eran pronunciadas y sus ojos lucían rojos por cada lágrima derramada.
- Comí unos granos de granada... - esta vez su voz sonaba triste, pero no debido a su destino, sino por el daño que esto causaría en su madre.
- No, no... - Mebuki comenzó a llorar una vez más y abrazó a su hija con desesperación - No permitiré que vuelvas ahí.
- No tienes poder para demandar algo así - la voz de Sasuke hizo que Mebuki apretara los dientes con fuerza - No eres rival para un Dios fundador - el rostro de Sasuke lucía con una leve sonrisa, su postura yacía relajada y llena de confianza - Tan solo vengo a reclamar lo que me pertenece.
- ¡Eres un...! - exclamó Mebuki, pero Hera intervino para contenerla.
- ¡Suficiente! - rugió Madara - Los quiero a todos fuera de aquí a excepción de ustedes dos - dijo esto mirando a Mebuki y a Sakura - Y a ti hermano - Sasuke asintió.
Cuando todos se habían ido Mebuki se aferró a su hija mientras que Sasuke no paraba de tener una sonrisa casi perversa en sus labios debido al inesperado giro que tomó el destino.
- Sasuke... sabes que no tendremos paz si Sakura no vuelve a la Tierra - comentó Madara evidentemente cansado del tema - Sin embargo no puedo contradecir tus leyes como Señor del Inframundo.
- ¿¡Qué!? - gritó Mebuki.
- ¡Silencio! - Madara observó a la Diosa con evidente enfado en sus ojos y luego se dirigió a Sasuke - Te he convocado para llegar a un acuerdo.
- Te escucho - la postura de Sasuke estaba llena de seguridad, lucía más erguido de lo normal y con evidente diversión en su mirada.
- Sakura permanecerá seis meses en la Tierra y seis meses en el Infierno. Ambos sabemos que no podemos dejar la tierra estéril y Sakura contribuye en gran parte para hacer de la tierra un lugar apto para que esta sea fértil.
- Estoy al pendiente de eso - Sasuke levantó una ceja y le sonrió a Sakura, pero su mirada contenía una mezcla entre el placer y la perversión - Muy bien, es un trato.
- ¡Esto no puede ser! - Mebuki lucía claramente molesta ante lo que estaba pasando - Sakura debe estar conmigo, Madara. No puedes condescender tal capricho por el hecho de que él sea tu...
- ¡Basta, madre! - Sakura miró a Sasuke y este la observó algo sorprendido - Es lo justo, fue mi error cometer tal delito y debo cumplir las leyes que dicta el Inframundo - dicho esto Sasuke sonrió.
- Ahí lo tienes, Mebuki. Al menos Sakura es comprensiva - suspiró Madara - Bien, Sakura, dentro de seis meses volverás a la Tierra y Mebuki - hizo una pausa, mirándola fijamente - Comienza a enmendar el daño que has hecho, esta tortura hacia los humanos no puede continuar un día más.
- Sakura - Sasuke alzó su mano para que ella caminara hacia él, pero Mebuki se interpuso y la abrazó con fuerza una vez más.
- Pronto volveremos a estar juntas, hija - pronunció con voz desgastada de tanto sufrimiento.
- No te preocupes, Mebuki, tu hija está es buenas manos - sonrió Sasuke con voz sarcástica para llenarla de más cólera, como todos pensaban en que él era un Dios malvado no podía bajar la guardia.
- Sasuke, basta - le advirtió Madara sin gracia.
- Nos veremos de nuevo, hermano - Sasuke tomó la mano de Sakura y la acercó a su cuerpo para luego desaparecer al momento en que su cetro tocó el suelo.
Una vez más ambos yacían en las profundidades de la tierra, pero esta vez Sakura no lucía complacida a lo que Sasuke quiso saber el por qué.
- No, no digas nada - Sakura se alejó de él - ¿Por qué te comportaste como un verdadero cretino en frente de todos?
- Por mera diversión.
- Mi madre casi colapsa con una crisis nerviosa y eso te resulta divertido - bufó.
- Es muy difícil hacer cambiar de parecer a otros cuando solo conocen una parte de ti, Sakura, es mejor que crean que sufres en mis dominios y no que los disfrutas - Sasuke sonrió y ella se acercó para abofetearlo.
Sasuke impidió que lo tocara sin el mayor esfuerzo.
- Eres despreciable cuando te lo propones - dijo seriamente.
Sasuke la observó y miró sus labios haciendo que esta forcejeara para alejarse de él.
- Hmph, te rehúsas a besarme cuando antes lo deseabas - susurró.
- Antes no te comportabas como un cretino - continuó forcejeando pero nada podía hacer ante el fuerte agarre de Sasuke.
- Seré uno cuando deseo serlo, pero no puedo ante ti, jamás lo haría y lo sabes.
Sakura detuvo su forcejeó y lo miró a los ojos en busca de si lo que decía era verdad.
- No quieres que el mundo conozca tu verdadero ser, ¿me equivoco?
- No - respondió.
- Aún no sé si pueda pasar por alto la angustia que provocaste en mi madre, aunque ella también te trató de igual e incluso peor forma... - suspiró.
- Lo lamento - Sasuke acarició su mentón y ella sonrió - ¿Qué?
- Es curioso todo esto, pensarán que sufro en tu morada cuando la verdad... lo disfruto.
- Hay muchas cosas que son un misterio, Sakura, este es uno de ellos.
Sin poder dilatar más la espera de probar sus labios se acercó para besarla, y ella correspondió aquel beso donde ambos comenzaron a perderse en una pasión innegable y poco común entre luz y oscuridad.
Y así cada vez que ella regresaba al Inframundo la Tierra cambiaba a una estación fría, donde los árboles invernaban y los cielos se teñían de nubes sombrías que reflejaban una expresión de tristeza y luto, pero cuando ella retornaba a la Tierra, traía consigo el calor y la primavera y todo se llenaba de flores volviendo la vida a cada cosecha.
De esta forma cumpliría eternamente con su destino, dividida en dos mundos opuestos, consecuencia de un impulso que cambió el curso de la vida para ambos por siempre.
.
.~*~.
Fin.~*
¡Hola otra vez!
¿Qué les pareció la historia? ¿Cumplió con sus expectativas? :O
Espero que les haya encantado, o al menos que haya sido de su agrado. Agradezco a todas el tiempo que se dan por leer alguna de mis historias, me siento agradecida y feliz de que aprecien mis creaciones :) Recuerden que seguiré escribiendo y tengo algunas que subiré una vez las tenga más desarrolladas; y para aquellas que siguen Un camino a la Redención, tengan paciencia que la terminaré y continuaré una vez que la inspiración vuelva a mi.
* Por último agradezco a mi beta reader, Ivonne, quién, a pesar de estar ocupada, se da el tiempo de leer mis historias y en ayudarme con detalles e ideas :)
¡Nos leeremos pronto y gracias por pasar!
:D
_Kelly Anne Rose_
