Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y son utilizados por mí para crear esta historia.

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La música a su alrededor hace mucho había dejado de escucharla, su único pensamiento era acabarse otra botella más. Quería recordar porque estaba ahí sentado pero su cerebro adormecido por el alcohol bloqueaba cualquier pensamiento que no tuviera que ver con la botella que tenía en su mano. Sintió una voz cerca de él pero no distinguió de donde ni quién era. Una mano acaricio suavemente su brazo tratando de llamar su atención.

-Edward... Ed... ven... ya es hora de ir a casa. -lo llamó esa voz que triste le hablaba al oído. -Vamos por favor. -le suplico.

Volteo para saber quién lloraba a su derecha, sus ojos captaron a una castaña con unos ojos chocolates impresionantes. La mujer era un mar de lágrimas, llevaba a penas una chaqueta encima por lo que supuso que debía tener frio y por eso lloraba. Observó su cuerpo deteniéndose en un detalle.

-Estas... muy gorda. -le crítico con voz torpe.

Ella le sonrió triste y tal vez dolida por sus palabras. -Estoy embarazada.

-Ah... -su cerebro estaba muy lento. -El papá... tiene que hacerse cargo...

-Lo hará. -le aseguró sonriendo de la misma manera que antes. Abrazo su cintura para ayudarlo a pararse.

-¿Adónde vamos? -preguntó confundido pero no detuvo su camino. Algo tambaleante camino hacia la puerta, sentía miradas sobre ellos, su mirada se encontró con la de un tipo que miró descaradamente el trasero de ella, sintió una rabia interna invadirlo al verlo.

-A casa. -le aseguró ella guiándolo hacia el auto.

Caminó torpemente por la pista sintiendo que sus pies estaban torcidos o tal vez sus zapatos eran muy grandes. Bella soportaba su peso hasta que llegaron a la puerta del auto.

-Este no es mi auto.

-Si lo es. -le aseguró Bella ayudándolo a sentarse en el asiento.

-Yo tengo... un Volvo plateado.

Bella aparto la mirada y se concentró en colocarle el cinturón de seguridad.

-Lo vendiste. -fue su respuesta mientras cerraba su puerta y se dirigía al asiento del piloto.

-¿Por qué lo vendí? -preguntó confundido por el alcohol y porque no quería que ella dejara de hablar.

-Porque necesitábamos el dinero para remodelar el apartamento. -le contó encendiendo el auto.

-¿Mi apartamento? -preguntó aún más confundido.

-Si. -ella suspiró. -Necesitábamos cosas para el bebé, arreglaste la habitación, solo falta pintarla. Es perfecta... -susurró sollozante.

-¿Si te gustó por qué lloras? -quería que ella siguiera hablando, por algún motivo su voz lo aliviaba.

-Porque me hiciste muy feliz. -le contestó sinceramente.

La observó a la luz de luna notando como su perfil era perfecto. Según había dicho la hizo feliz al vender su auto "venderé mi alma entonces, con tal de verte feliz" pensó ido. Durante todo el trayecto cerró los ojos porque el movimiento del auto lo estaba mareando, cuando se detuvo al fin abrió los ojos lentamente encontrándose con los de ella que lo veía ¿preocupada? Sí, eso parecía aunque tal vez era su mente confundida.

-¿Quién eres? -pregunto sin pensarlo mucho.

Ella le sonrió suavemente acariciando su vientre, se bajó del auto dejándolo sin entender nada.

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Despertar fue difícil como siempre que se excedía en tragos. Su cuerpo estaba agarrotado y como todas las mañanas su miembro buscaba atención. Bella estaba acostada de costado con él pegado a su espalda, ajustando sus curvas a la perfección y en una posición demasiado cercana a su miembro. Trató de alejarse pero el movimiento hizo que ella se deslizara por su pecho y que su centro chocara con su miembro provocándole un gruñido. Bella se removió despertando por el sonido, fingió estar dormido para evitar enfrentarla. Se quedó quieta, cosa rara ya que siempre despertaba para correr a vomitar a primera hora. Luego de un rato se levantó alejándose de él, puso una pastilla con agua en la mesita y se metió al baño. Edward tomo la pastilla de inmediato y el sueño no tardo en apoderarse de él.

Despertó de nuevo horas después sintiendo el silencio del departamento aturdirlo, torpemente trato de levantarse pero termino deslizándose hacia el suelo.

La puerta volvió a sonar como era costumbre a esa hora. Se levantó como pudo del piso de su habitación y se acercó a abrir.

Elena estaba al otro lado de la puerta con la comida del día, lo observó preocupada por su estado como todos los días.

-¿Cómo amaneciste hoy hijo?

-Como siempre.

Elena suspiró al escucharlo y se encamino a hacer el ritual que habían instaurado. Le sirvió comida en la mesa y lo observó comer preocupada por su poco apetito.

-¿Cómo esta Elizabeth? -preguntó para desviar la atención de su madre, odiaba que lo mirara de esa manera.

-Beth está muy contenta en su nuevo dormitorio, me contó que le cambiaron de compañera de habitación porque la muchacha se retiró por estar embarazada. Te mandó saludos como siempre y dice que vendrá en vacaciones.

-¿A Forks? Pero si no tiene nada de interesante, debería ir con sus amigos a conocer nuevos lugares.

-Beth quiere estar con su familia.

Edward se quedó en silencio luego de esa afirmación y siguió comiendo.

Habían pasado tres meses desde que Elena se había mudado definitivamente a Forks y junto con Beth pasaron la navidad con él, Peter llegó de Londres pero la pasó con su papá en California.

-¿Donde esta...? -preguntó algo dudosa.

-Supongo que salió, no me fije. -mintió con facilidad.

-No debe tardar.

Edward bufo fingiendo estar poco interesado y siguió comiendo.

En ese momento se escucharon unas llaves abriendo la puerta. Bella entró a la cocina con la misma expresión de desolación de Edward, pero aun así sonrió a Elena fingiendo tranquilidad.

-Hola Elena, llegaste temprano.

-Sí, hoy salí un poco antes del hospital. ¿Cómo te sientes? -le preguntó interesada. Bella se veía radiante, mostraba una pequeña pancita de cuatro meses de embarazo.

-Hoy pude salir de la cama sin vomitar, es un gran avance. -sonrió triste.

-Lo es cariño, Edward me tuvo esclavizada al baño casi todo el embarazo. -ambas mujeres se sonrieron cómplices.

-¿A dónde fuiste? -la pregunta de Edward interrumpió la charla, fue ácida y ni siquiera le dirigió una mirada al hacerla.

-Fui a escoger un vestido para la boda de James.

-No veo que traigas alguno. -faltaban tres días para la boda y él tampoco tenía un esmoquin para la ocasión.

-Están arreglándolo, no era de mi talla...

-Seguro. -se burló, Bella tomó mal su comentario sintiendo sus inseguridades tomar fuerza.

-El bebe crece con rapidez.

Acarició su vientre suspirando triste al ver que no había forma de que le creyera. Elizabeth notó su expresión sintiendo el ambiente cargado de dolor.

-¿Cuándo será tu siguiente ecografía?

-En dos días.

-Quiero ir. -exigió Edward mirando a Bella que cambio de expresión de inmediato.

-Claro, es a las diez. -su voz se suavizó al hablarle. Su interés por el bebé era la única conexión entre ambos.

-Tal vez ya podamos ver que será. -anunció emocionada Elena, Bella le sonrió ilusionada por la idea. -¿Qué quieren que sea? -preguntó Elena sirviéndole un plato a Bella.

-Niño. -afirmó Edward sin durar.

Bella se sintió bastante dolida por su seguridad ¿y si era una niña? ¿No iba a quererla?

-¿Y tú Bella?

-No me importa lo que sea, lo o la amaré igual.

Elena le sonrió compresiva y acarició su vientre con suavidad. No sabía qué hacer para mejorar la relación entre ambos, quería verlos juntos por el bien de su nieto pero a la vez no le parecía sano el trato que había entre ambos.

-Serás un bebé muy querido pequeño. -le habló con una sonrisa.

Elena se quedó con ellos un par de horas más, cuando se fue Bella volvió a sentirse sola y deprimida. Edward no se movió del sillón en toda la tarde ignorándola como era su costumbre y con una botella de cerveza en la mano. Se sentó en otro de los sillones colocando una almohada para su comodidad.

Cuando aceptó quedarse a vivir con él pensó que las cosas tal vez se arreglarían con el tiempo, desde el primer día lucho porque todo fuera como antes, pero su único gran logro fue que él durmiera con ella con la excusa de que algo podría pasarle durante la noche. Ya no la tocaba, en las mañanas podía sentir su dureza contra sus nalgas y no podía evitar arrimarse buscando ese contacto que extrañaba, las hormonas del embarazo la ponían así, más de una vez sintió estocadas suaves que él le daba entre sueños y ella las aprovechaba lo más que podía ,y cada vez lo sentía despertar más agitado.

Desde que el médico le dijo que podía salir de la cama trato de hacer su vida como antes, pero era muy difícil si Edward se ponía de mal humor cada vez que ella intentaba mover un dedo, si iba al despacho era porque él podía vigilarla mientras trabajaba.

Estaba segura que él no estaba con nadie ya que sabía todo lo que él hacía, estaba más celosa que nunca cuando lo veía atender a una clienta y si él era amable en exceso lo llamaba con alguna escusa sobre el bebé. Mientras los celos la consumían, observaba todo el taller desde el despacho y trataba de ayudar a Edward con el papeleo o recibiendo las llamadas. Los chicos en el taller al comienzo eran más cautelosos al tratarla, después de todo la habían visto desnuda, con el tiempo comenzaron a tratarla más y ya eran amigos todos, el único que era frío con ella era Edward cualquiera diría que eran un par de desconocidos.

Su teléfono sonó sobre la mesa, en la pantalla salía la foto de Rosalie así que no dudo en contestar.

-Hola Rose. -saludó.

-¡Bella! Hoy es la despedida de soltera de Vicky, olvide avisarte. Pasaré por ti a las nueve ¿está bien?

-Rose... que haré yo en esa fiesta... estoy embarazada.

-¡Tienes que ir! ¡Nadie fumará! Vamos Bells... te hará bien salir un rato.

-No irás. -la voz varonil a su costado logró que saltará de su asiento.

-Es la fiesta de Vicky... -trató de explicar aún ida porque él le hablaba.

-No irás. -afirmó molesto, su mirada estaba clavada en ella alternando con su vientre.

-Escuche lo que dijo. -la voz de Rosalie la trajo de nuevo al presente. -Si tú no vas entonces que él tampoco vaya a la de James, también es esta noche.

-Si yo no voy entonces tu tampoco iras a la de James. -contraatacó de inmediato.

-No puedes impedirme salir. -le recordó burlón.

-No puedes dejarme sola, ¿qué pasará si me siento mal? -le recordó.

Edward se quedó en silencio observándola, sabía que tenía razón.

-Bien. Nos quedamos. -aceptó alejándose con el rostro molesto.

-No iré Rose. -su voz estaba más animada que antes, realmente no quería que Edward pasará la noche en un club de striptease.

...

Edward estuvo más que molesto el resto de la tarde, desfogaba su energía pintando el cuarto del bebé.

-¿La pintaras azul? Aún no sabemos si es un niño. -le recordó observado el bote de pintura nuevo en el piso.

-Es un niño. -aseguró mientras preparaba la pintura.

-¿Cómo puedes estar tan seguro? -preguntó su rostro mostraba que le dolían sus afirmaciones.

-Yo sé que hice. -aseguró simplemente echando el primer brochazo contra la pared.

Bella se sorprendió por su respuesta y se acercó lentamente. -¿Sabes que hiciste un niño? ¿Cómo puedes saber eso? -se colocó detrás de él provocándole un escalofrío y estaba seguro que ella notó como su voz lo había alterado al sonar tan cerca de él.

-Lo sé, recuerdo esa noche. -afirmó. Bella se acercó aún más hasta que su espalda pudo sentir su respiración y aliento.

-¿Sabes en que momento me embarazaste? -preguntó con voz sedosa. Edward cerró los ojos apretando los puños y la brocha.

-Creo saberlo. -afirmó respirando hondo, sintió su esencia y se alteró aún más.

-¿Así? -le hablo suave, ella sabía el efecto que tenía en él y sabía cómo usarlo. -Me recuerdas cómo lo hiciste...

-¿Cómo te lo hice? -preguntó más que tenso.

-Si... -tocó suavemente su espalda recorriéndola con una uña. Observó cómo se estremecía y se acercó a besar su hombro levemente.

-Te cogí duro. -admitió. -Ese día me la mamaste cuando no pudiste aguantarme más.

-Siempre me has cogido duro. -le recordó bajo sus manos acariciando su abdomen. -¿Qué tuvo de especial esa vez que me hiciste un niño?

-Yo... -tembló cuando comenzó a desabrochar su pantalón. -Yo me aseguré de correrme cuando estuve lo más adentro posible, mi leche te lleno con fuerza. -había bajado su cierre acariciando su falo con su otra mano dentro de su bóxer. -Te lo hice con fuerza, sin compasión luego no podías caminar... -le recordó, abrió los ojos cuando la sintió moverse poniéndose frente a él. Bella se arrodilló frente a él tomando su verga entre sus dedos.

Su pene erecto vibraba mientras ella acercaba su boca cada vez más cerca...

Un sonido hizo que despertara de su sueño desorientado, rodo en la cama cayendo sobre su verga adolorida, miró hacia abajo para ver el gran problema que tenía entre las piernas.

-Ed... -susurró Bella dormida a su costado, habían dormido apegados otra vez así que su miembro estuvo más que cómodo. La vibración de su teléfono le recordó el porqué estaba despierto y no había terminado su sueño.

-¿Hola? -contesto con voz ronca.

-¿Dónde demonios estas? -le reclamo Jared alterado al otro lado del teléfono.

-En mi cama... -respondió desorientado.

-¡Ven ahora mismo! ¡Ya estamos en Port Ángeles! -le ordenó y pudo notar que ya estaba algo alcoholizado.

-Tengo que quedarme con Bella, no puedo dejarla sola en su estado. -le avisó paseando su mirada por el cuerpo que lo acompañaba en la cama, estaba con un camisón que dejaba sus piernas al descubierto, sus bragas estaban a la vista ya que siempre tenía calor y se quitaba las sábanas mientras dormía... más de una vez estuvo a nada de acercarse, hacer sus bragas a un lado y...

-Puede ayudarte a despejarte un rato Ed, ella ya debe estar dormida, ven una hora y regresas. -la voz de Jared lo regreso a la realidad. -Estas demasiado tenso, todo el tiempo te la pasas trabajando y si no es así te encierras en el departamento con Bella. No puede ser sano lo que ambos están haciéndose.

Edward suspiró sabiendo que tenía razón. No existía una excusa que pudiera justificar que pasara todo el día con ella, aunque en ningún momento se comunicaban más que dos frases seguidas no podía imaginar que haría sin que ella estuviera a metros de él. Se volvía loco cada vez que Rosalie la llevaba a algún sitio y no estaba tranquilo hasta que ella estaba a su vista, no era normal lo obsesionado que estaba con su compañía mientras a la vez no podía evitar lastimarse cada vez que miraba sus ojos.

-Sólo una hora. -le advirtió moviéndose con cuidado, tenía una pierna enredada con la de Bella, como era costumbre siempre terminaban tocándose de alguna manera.

-Te esperamos. -colgo luego de eso.

-Ed... -Bella lo llamó entre sueños cuando se alejó por completo de ella. Rodó su cuerpo buscándolo con los ojos cerrados, Edward puso su almohada cerca a ella y automáticamente ella se aferró relajando su expresión. La observó unos segundos fijamente para luego tomar fuerza y alejarse de la habitación.

Tomó una ducha en el baño del pasillo y se vistió ahí mismo. Sólo le dio una mirada a su apariencia, se había dejado la barba y su cabello estaba muy largo, decidió que no le importaba. Se puso algo de perfume y salió.

El camino a Port Ángeles fue largo. Cuando al fin llego al local que habían alquilado para James estuvo a punto de dar media vuelta, un sentimiento de culpabilidad lo recorría por completo. Respiró hondo tomando fuerza y entró al local.

Las luces y la música indicaban que ahí se realizaba una despedida de soltero, un par de chicas con ropa diminuta le ofrecieron comida y alcohol, que gustoso tomo. Jared y sus amigos estaban sentados alrededor de escenario observando el show que hacían chicas con disfraces sugerentes. James estaba sentado justo al frente y cada chica se acercaba a darle un baile en el regazo.

Era un club de striptease pero ofrecía otra clase de servicios a los que estaban dispuestos a pagarlos. Quil parecía ser uno de ellos ya que estaba entre las piernas de una bailarina que gustosa reía mientras él la tocaba sin pudor sin dejar de ver el espectáculo de las demás chicas.

Encontró un asiento vacío a lado de Embry y también se puso a ver el espectáculo. Las chicas se acercaban más a los que ponían billetes en sus cuerpos. Notó que había una castaña vestida de policía que bailaba sugerente en el tubo que estaba cerca de él. La observó sin quitar la vista de ella en ningún momento, ni siquiera para ver como sus amigos ahora más animados por el alcohol hacían competencias, James y Jared parecían contenerse de caer en la tentación de también beber de los ombligos de las chicas.

La castaña siguió bailando para él, ignorando el hecho de que sus compañeras ya habían dejado de hacerlo y estaban en los regazos de los chicos que estaban dispuestos a pagar por un rato con ellas.

Edward estaba hipnotizado por sus movimientos, la veía y no la veía a la vez, en su mente su rostro había ido distorsionándose hasta que ya no eran ojos azules sino unos marrones que lo miraban con lujuria. La muchacha lo recorrió con la mirada deteniéndose en su entrepierna y se mordió el labio mandándole una indirecta. Edward siguió bebiendo la botella de ron que tenía en la mano hasta acabarla, cuando lo hizo notó que la castaña se bajaba del escenario acercándose a él. Se subió a su regazo, se quitó el brasier y sensualmente bailo encima rozando al propósito su verga que comenzaba a despertarse, la observó fijamente y lentamente subió sus manos desde su cintura hasta atrapar sus tetas para llevárselas a la boca. Los pezones rosados no tenían ese sabor que estaba buscando y las tetas que en ese momento amasaba no se ajustaban a sus manos a la perfección, los labios de la castaña no lo besaban como quería. No pudo evitar imaginar que la mujer que tenía encima era la misma que estaba en su cama a kilómetros de distancia con su hijo en el vientre. Su hijo... debería estar con ella y... sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Jared más fuerte que la música del lugar.

-Es Bella. -le informó con el teléfono en la mano. Su rostro era severo. -Es hora que vayas a casa.

Observó el teléfono que Jared sostenía y se lo pidió.

-¿Hola? -su voz salió ronca por el alcohol.

-Edward... me dijiste que no irías... vuelve ya. -le pidió desesperada.

Una oleada de éxtasis lo inundó cuando escuchó su voz a través del teléfono mientras la castaña se movía con más fuerza sobre su verga.

Un gruñido salió de su pecho. -Estoy demasiado ebrio como para conducir, pasaré la noche aquí. -la castaña sobre él pareció contenta ya que comenzó a meter la mano dentro de su bóxer. -Mañana nos vemos.

Colgó mientras escuchaba los sollozos de ella al otro lado de la línea. Devolvió el teléfono a un Jared más que molesto.

-Ya nos vamos. Sácatela de encima. -le exigió irritado.

-Me quedaré con ella. -le aseguró. -Regresaré con Quil. -le indico con la mirada a su amigo que seguía con una rubia entretenido.

-Quil no tiene una mujer y un hijo esperándolo. -le recordó ácido y tocó la fibra sensible dentro de él.

-¡Tu querías que venga a distraerme! -le reclamó.

-¡A distraerte, no a follarte a una puta!

La castaña lo miró molesta pero no dijo nada.

Edward comenzó a sentirse atormentado por el llanto de Isabella en el teléfono y los gritos de Jared recordándole que su hijo lo necesitaba. Con un suspiro frustrado separó a la castaña de su regazo y le colocó un billete en las bragas.

-Lo siento, será para otra vez. -le dedicó una sonrisa torcida y la castaña quedó satisfecha con su promesa, y con el billete sobre todo, era de cien.

-Vamos idiota, tú conduces. -le indicó a Jared que satisfecho lo llevo a la salida.

Regresaron a Forks en dos autos de los tres que llevaron. Jared fue solo con Edward en su auto seguido por un par de chicos en la camioneta de Jacob, dejó el auto estacionado y se despidió.

-Trátala bien, paso un mal rato. -le advirtió Jared mientras se alejaba para subir a la camioneta.

Edward subió las escaleras sintiendo una opresión en el pecho. Una parte de él renegaba por esa culpabilidad que sentía ya que él podía seguir con su vida, era soltero después de todo... pero la otra parte le decía que su padre jamás lo abandonó cuando estaba enfermo por ir a tomar unos tragos y menos para follarse alguna puta, su bebé no estaba enfermo pero si su madre estaba mal él también estaba mal...

Sintiéndose pésimo entró al departamento las luces estaban apagadas, camino indeciso a su habitación, en el medio de la cama estaba ella... hecha un ovillo aferrada a su almohada y con manchas húmedas sobre ella. Se quitó la ropa quedándose en bóxer luego recordó que esa castaña se había restregado sobre él y se sintió sucio, se quitó el bóxer y se acostó en la cama.

-Volviste. -la voz de Bella lo sorprendió.

-Sí... -le contestó incómodo. La culpa lo invadía.

-Tienes manchas de labial por todo el cuello. -su voz estaba apagada, soltó la almohada y se acomodó alejándose de él.

Edward no sabía que responder sólo se tocó el cuello tratando de quitarlas. La culpa lo acechaba. -¿Necesitas algo? -pregunto sin poder evitarlo. Bella sólo negó con la cabeza tapándose hasta el cuello con las sábanas.

Pasaron los minutos y no podía dormir, Bella le daba la espalda en el lugar más alejado de la cama. Suspiró levantándose, entró a la ducha quitando todo resto de labial y perfume barato. Volvió a la habitación sólo con una toalla, se la quitó para volver a la cama, Bella se movió alejándose cuando lo sintió cerca. Edward cerró los ojos tratando de dormir pero era imposible, pasaron las horas y podía notar la incomodidad de Bella a su lado, se levantó sosteniendo su vientre.

-¿Pasa algo? ¿Te duele? -preguntó preocupado.

-No. Sólo tengo... hambre. -le aseguró saliendo de la habitación.

El silencio que reinaba en el departamento acabo mientras escuchaba a Bella abrir y cerrar gabinetes buscando algo. Se dio cuenta que no iba a poder dormir, se le levantó en busca de unos bóxer y un pantalón de deporte. Entró a la cocina encontrándose con una mujer abatida apoyada en la encimera. Se quedó en silencio con la culpa a flor de piel.

-Sabes que puedo hacer lo que quiera, no estamos juntos. -le recordó pero sonó a disculpa.

Bella levantó la mirada con el rostro en blanco. -Y yo puedo irme cuando quiera.

Se tensó al escucharla. -No te llevarás a mi hijo. -la amenazó con voz grave.

-Es mi vida y soy yo quien lleva al bebé, yo decidiré donde quiero pasar mi embarazo. -su voz era seria y segura.

-También es mi hijo, tú lo llevas porque yo lo puse ahí, no tienes más derechos que yo. -cada vez se alteraba más.

-No voy a vivir un infierno por nueve meses. -siseo.

-¡No te iras! -gritó sin poder contenerse.

-¡Mírame! -se levantó iracunda empujándolo cuando trato de atraparla. Se movió lo más rápido que pudo recogiendo algo de ropa y su cartera, Edward le quito las llaves de su auto. -¡Dámelas!

-¡No te vas! -le gritó tomándola en brazos torpemente. -¡Carajo Bella te puedes caer! -la llevó a la cama y la deposito aguantando sus golpes y arañazos. Bella se sentó al borde de la cama tratando de levantarse pero Edward la empujaba de regreso.

-¡Suéltame! -sus gritos se habían combinado con su llanto. -¡Suéltame! -golpeó su pecho sin parar de llorar.

Edward preocupado paro de luchar dejando que lo golpeara. Tenía arañazos en su pecho que le ardían pero no hizo nada más que mantenerla en la cama.

-Bella tranquilízate, el bebé. -le recordaba sin parar tratando de hacerla entrar en razón. -Por favor, le harás daño.

-¡¿Yo?! -gritó escandalizada. -¡Yo no hago más que cuidarme encerrada en este departamento mientras tú sigues tu vida! -le reprochó alejándose de él. - ¡Yo no me voy a fiestas con amigos, ni a tirarme alguna puta! ¡No puedo ni salir a comprarme un vestido sin que me tortures con acusaciones silenciosas! ¡Es un infierno!

Edward se tomó el cabello aún mojado sin saber que decir. Bella se quedó en silencio acariciando su vientre buscando tranquilizarse. Pasaron los segundos sin que ninguno hablara.

-Quédate. Por favor. -susurró derrotado, sentía dolor en el pecho al verla llorar en silencio. Al ver que no le devolvía la mirada se acercó nervioso e indeciso colocó una mano sobre su vientre. -Te prometo que todo será mejor. -le devolvió la mirada en el momento que sentían un pequeño golpe contra su palma. Bella abrió los ojos impresionada.

-Es él... -susurró con lágrimas de emoción. Acarició su vientre y recibió otro golpe contra su mano, Edward se quedó embelesado con los golpecitos insistentes que su hijo hacía por él.

-Hola pequeño... soy tu papá. -le hablo emocionado recibiendo más movimientos.

Bella se acomodó en la cama y él se sentó a su lado. Todos los gritos y acusaciones quedaron de lado, en ese momento sólo existía la emoción de saber que el bebé los escuchaba y se comunicaba con ellos.

-Aún no sabemos lo que eres pero estoy seguro que serás un niño. -Bella suspiro a su costado. -Cuando salgas iremos a los partidos, te enseñaré a montar bicicleta, iremos a pescar, haremos de todo hijo, todo lo que tú quieras.

-Si es una niña todos tus planes se cancelaran. -le advirtió Bella también acariciando su vientre.

-Si lo es, tendré que hacer otros planes. -aseguró. -Lo amaré sea lo que sea.

Bella se quedó más tranquila con su promesa. Siguieron en silencio hasta que el sueño la venció, pero él siguió hablando y soñando con su hijo.

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