Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y son utilizados por mí para crear esta historia.

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Desesperación. Miedo. Ansiedad. Era un cóctel de sentimientos los que lo invadían. Sentía todo al límite y para colmo el tiempo pasaba lento, parecían horas las que pasaban dentro del auto camino al hospital. Elena manejaba mientras Beth estaba de copiloto, Bella no dejó que él manejara porque se aferró a su camiseta firmemente.

-No me dejes... sola. -le pedía mientras se apretaba contra su cuerpo en cada contracción.

-No te dejaré. -prometió acariciando su espalda. -¿Cuánto falta? -preguntó ansioso a Elena.

-Dos cuadras hijo. Ya llame a su médico, estarán esperándola.

-Ed... ward. -jadeo Bella en su cuello.

-Shh, shh tranquila. -nervioso puso un mechón tras su oreja. -Ya casi llegamos.

Cada contracción significaba un apretón contra su pecho. Desesperado acariciaba su espalda.

Apenas estacionaron la puerta se abrió por un par de enfermeros que pusieron a Bella en una silla de ruedas. Todo pasó muy rápido y ella desapareció dentro del hospital.

-Le harán unos exámenes y podrás estar con ella. -le aseguró Elena.

-¿quieres que traiga algo de tu casa? -la pregunta de Beth le recordó que tenían una maleta con ropa para ambos.

-Sí... sí... en el armario del be... de Ethan hay una maleta azul, tráela por favor. -nervioso le dio las llaves de su casa.

-Ya regreso. -Beth subió al auto de inmediato.

-Esto no debería estar pasando aún. -recordó atormentado. Elena y él caminaron dentro del hospital a toda velocidad.

-Es su primer hijo, es normal que se adelante un poco. -lo tranquilizó acariciando su cabello.

-Familiares de Isabella Swan. -llamó el médico, una sensación de dejavu lo invadió.

-Soy yo. -afirmó parándose como un resorte.

-¿Usted es el padre?

-Sí, soy yo.

-Ella quiere que esté presente en el parto, venga conmigo.

Lo acompañó a una sala donde se vistió con ropa esterilizada y al fin pudo ver a Bella en una camilla con su médico dándole indicaciones. Lo observó con lágrimas en los ojos.

-Edward... -sollozó.

-Shh, shh tranquila. -se acercó a ella acariciando sus cabellos. -Todo estará bien.

-No debería nacer aún. -su voz jadeante sonaba asustada.

-Elena me dijo que es normal cariño, es tu primer hijo y eso suele pasar. -le aseguró tranquilizandola.

-Bueno. -la voz del médico atrajo su atención. -Es hora de comenzar. -acompaño sus palabras con el sonido de sus guantes al colocarselos.

-Cuando te diga pujaras. Esto puede tardar, es un niño grande. -le sonrió tranquilizador.

Edward sujeto su mano. -Estoy contigo.

Bella asintió mirándolo asustada aún.

Después de que la cuenta terminara empezaba de nuevo a pujar aferrándose a la mano derecha de Edward.

-Respira. -le ordenó el doctor luego de pujar con todas sus fuerzas.

Habían pasado casi dos horas y aún seguía en labor de parto.

-No puedo, no puedo. -sollozó Bella llena de frustración.

-Si puedes cariño. Vamos. Ethan te necesita. -le rogó acariciando su mejilla.

-Puja.

-Por favor. -le pidió en un susurró cerca de su rostro.

Bella exhausta y llena de sudor lo miró fijamente.

-Te amo. -susurró antes de volver a pujar con todas sus fuerzas.

-Ya veo la cabeza. -Edward levantó el rostro para mirar.-Vuelve a hacerlo, tú puedes. Puja.

Todo dentro de ella se esforzó una vez más y volvió a pujar gritando agitada, su rostro enrojecido y lleno de sudor era la prueba del gran esfuerzo que estaba haciendo.

Un llanto inundó la sala.

-Es un niño. -la voz del doctor activo el cuerpo paralizado de Edward. Se levantó de inmediato a observar de cerca.

-Aquí tienes papá. Tu hijo. -el doctor repitió las mismas palabras que más de una vez había dicho a diferentes hombres. Para Edward fueron las palabras más importantes que había escuchado en su vida.

Con cuidado le colocaron al bebé previamente envuelto en los brazos, el niño estaba completamente enrojecido tenía una expresión de incomodidad en el rostro y agitaba los brazos haciendo énfasis de eso.

-Hola hijo. -le susurró y por unos segundos pareció que el bebé detenía sus movimientos para escucharlo pero rápidamente volvió a su estado original lanzando berridos.

Embelesado camino con ese pedacito de carne hacia su madre que lo esperaba exhausta en la camilla. Con cuidado lo acomodó en sus brazos.

-Hola pequeño... -susurro ella en medio de un llanto de incredulidad.

El niño dejo atrás los berridos y muecas para poner una expresión de paz al escucharla. Bella sollozó acariciando su rostro.

-Es perfecto. -con una sonrisa enorme delineo su pequeña mano perfecta.

-Es más que perfecto, es... increíble. Gracias Bella, nunca pensé que recibiría un regalo tan grande. -él también estaba llorando y se aferró a ella enterrando su rostro en su cuello.

Una enfermera se acercó demasiado pronto a recoger al niño. -Tenemos que hacer exámenes de rutina, fue prematuro y es lo que corresponde. -les indicó con una sonrisa amable y luego tomó al bebé que de inmediato comenzó a llorar al no sentir a su madre.

-Descansa. Ya todo está bien. -le prometió Edward besando su frente.

El cansancio la venció y rápidamente se quedó dormida.

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-Ten un poco de cuidado. -reconoció esa voz tensa, era la misma que escuchaba en sus sueños. -Es un bebé no una maldita pelota de fútbol.

-Lo estoy sosteniendo bien, ¿no es cierto EJ? -la otra voz habló con una voz ridículo. -Sí, tío Jared tú eres el mejor tío del mundo. -imitó la voz de un niño y una risa colectiva se escuchó.

-Creo que está despertando. -distinguió la voz de Rosalie a su izquierda.

-Bella... ¿me escuchas? -Edward sonaba algo ansioso a su derecha, una corriente eléctrica la recorrió por completo cuando él sostuvo su mano.

-Sí... -susurró con voz ronca. Abrió los ojos lentamente encontrándose con un par de ojos verdes que lucían más vivos que nunca. -¿Donde esta Ethan?

Una sonrisa torcida fue su respuesta. -Aquí mami. -Jared levantó el pequeño bracito del bebé tratando de llamar su atención. Todos volvieron a reír. Con cuidado volvió a los brazos de su padre.

Bella no quito sus ojos de encima del bebé envuelto en una frazada azul. Edward algo tembloroso colocó al niño en su pecho otra vez y este se acomodó contra ella.

-Hola Ethan, soy tu mamá. -susurró llena de emoción, el enrojecimiento de su pequeño cuerpo había ocultado sus pequeños pelos cobrizos que ahora se levantaban en un peinado mohicano. Con cuidado acomodó su peinado. -Jared no peines a mi hijo de nuevo. -pidió divertida.

-¡Fue Edward! -mintió levantando sus manos.

Todos sonrieron de nuevo por sus palabras.

-Tiene tu cabello. -susurró Bella peinando los risos cobrizos de su hijo.

-Sí. -luego rio suavemente. -Sufrirás para peinarlo.

-¿Viste el color de sus ojos? -preguntó embelesada por cada una de sus facciones.

-No, ha tenido los ojos cerrados todo el tiempo. -la sonrisa orgullosa en su rostro no se iba.

Examino su rostro acariciando su mejilla, luego su dedo sin querer rozó sus labios y estos trataron de atraparlo pero lo alejo a tiempo, en protesta frunció su ceño listo para llorar. -No cariño, no llores. -su ceño se relajó y lentamente abrió los ojos encontrándose con los suyos. Una sensación de pertenencia la recorrió, ese par de ojos verdes sabía de donde habían salido. -También tiene tus ojos.

-Es idéntico a ti hijo. -la voz de Elena le recordó que no estaban solos.

Edward se acercó a mirar y coloco su dedo en su pequeño puño.

-No espere que fuera a sentirme así.

Bella le dio toda la razón.

Una enfermera entro a la habitación con una carpeta en las manos.

-Es hora de que coma, ¿Lo amamantaras? -le preguntó a Bella que algo sonrojada asintió.

Todos comenzaron a salir de la habitación; Rose, Jared, Beth y Elena caminaron fuera de la sala con una sonrisa prometiéndole volver.

-¿Quieres que salga un rato? -pregunto Edward aún embelesado con su hijo.

-No, no es necesario. -aceptó, después de todo no iba a ver nada que no hubiera visto antes.

Abrió su bata liberando uno de sus pechos y lo acercó a la boca de Ethan, al principio tanteo su pezón con la nariz para luego por instinto aferrarse a este con fiereza.

Bella soltó un gemido de dolor por las succiones constantes del niño.

-Es normal que te duela al comienzo. -la enfermera le aseguro. -Debió ayudarla con la preparación de los pezones. -le reprochó a un Edward que no quitaba los ojos de su hijo alimentándose. -Cuando termine no olvide sacarle los gases. -luego de eso salió de la habitación.

-¿Por qué no me dijiste que necesitabas que te ayudara con eso? -le preguntó cuando la vio volver a contraer su rostro por dolor.

-No creo que hubieras querido ayudarme. -aseguró apretando los dientes incómoda por la succión.

-Por supuesto que sí. -aseguro indignado.

-Tenías que chupar mis pezones. -le aclaro dejándolo callado. -¿Ves? -rio suavemente. -No podías hacerlo.

Edward se quedó en silencio. Él hubiera estado más que dispuesto a ayudarla y no exactamente con los mismos fines que ella.

Ethan levanto uno de sus bracitos tanteando su entorno, Edward coloco su mano comparándola con la del niño.

-Es tan pequeño. -susurró Bella embobada.

-De hecho es un niño grande, tiene un poco más de cuatro kilos de peso.

-¡Dios! -susurró asombrada. -Sufrí mucho para que salieras pequeño, pero valió la pena.

Ethan observaba curioso el rostro de su madre, poco a poco fue cerrando los ojos sin dejar de succionar.

Alejó su pecho de su boca lentamente pero no llego muy lejos ya que Ethan arrugo el rostro en señal de protesta. Desnudo su otro pecho y probó con ese, al comienzo Ethan no parecía cómodo pero apenas encontró el ritmo que le gustaba siguió bebiendo como antes.

Una nueva enfermera entró con una sonrisa en el rostro.

-¿Lista para aprender a sacar gases y cambiar pañales?

La voz alegre de la mujer hizo que no le pareciera algo tan malo como era.

-¿Ya termino de comer?

-Aun no. -sonrió disculpándose, y acarició la mejilla de su hijo.

-No hay problema lo esperaremos.

-¿seguirá en la incubadora? -la pregunta de Edward le recordó que su hijo era prematuro.

-No, esa fue una medida preventiva pero es un bebé completamente sano.

-¿Cuándo podremos llevarlo?

-El doctor Green aseguro que ambos están en perfectas condiciones y está dispuesto a firmar el alta.

Ethan odio el cambio de pañales pero el berrinche se le paso cuando volvió a los brazos de su madre. Con cuidado Edward llevo en la silla de ruedas a Bella camino a su auto, todos los demás ya estaban esperando en su departamento. Tardó un poco en instalar la sillita de bebé y a un Ethan dormido dentro de ella. Mientras ayudaba a Bella a sentarse unos pasos se acercaron a ellos.

-Lamento llegar tarde, nadie me aviso que ya estabas teniendo al niño.

Edward tenso su cuerpo por completo pero se mantuvo en silencio ajustando el cinturón de seguridad de ella.

-Por lo que veo, te harás cargo hermanito. -su voz burlona hizo que cerrara los ojos soportando.

-Ignóralo por favor.- la voz de Bella le susurró en el oído antes que alejara su cuerpo de ella.

Cerró la puerta de Bella y se dirigió a su puerta, pero una mano sostuvo su hombro evitando que siga su camino.

-¿Ya comprobaste que es tuyo? -la voz de Garret lo enveneno. -Acuerdate que las fechas indican que puede ser cualquiera de los dos. -apretó su agarre en su hombro con la intensión de lastimarlo. -Isabella puede haberte escogido para jugar a la casita pero si es mío no dejaré que ocupes mi lugar.

-Ethan es mi hijo. -la rabia hervía dentro de él pero queria controlarse por una vez en su vida.

-¿Es un niño? - rió amargamente -Veré cuando podremos hacer esa prueba de paternidad, no dejaré las cosas así. Tienes ya algo mío, no dejaré que tengas a mi hijo también.

Su amenaza hizo que se molestara aún más, empujo su brazo lejos de su hombro. -Él es mío.

-Eso no lo sabes.

-Largate Garret, sabes que no es tuyo. -la voz de Bella sonaba ansiosa y pronto se sostuvo del brazo de Edward ya que aún seguía muy débil.

-Bella... Bella... -Garrett le sonrió socarrón. -Puede que sea mío, te acostabas conmigo seguido.

Edward se tensó asqueado. -Lo hice porque estaba amenazada. -su voz cansada se dirigió a él. -Edward... vamos no vale la pena, quiere molestarte, llevemos a Ethan a casa por favor.

Edward respiró hondo al pensar que su hijo estaba en el auto completamente ajeno a todo, Bella exhausta y adolorida lo miraba suplicante.

Asintió a ella y la ayudo a subir de nuevo al auto.

-Esto no ha acabado. -Garrett los observo desde una postura tensa.

Había gente alrededor y si saltaba sobre Edward podrían acusarlo como agresor.

-Sé que no. -le contesto mientras subía al auto.

Se alejaron de él sabiendo que seguía ahí parado detrás de ellos, vigilando como siempre.

Bella lloraba en silencio a su lado. Y el sólo quería llegar a su departamento a terminar esa botella de vodka que tenía en su armario.

-Es tuyo, lo juro. -la voz de Bella rompió el silencio que había.

-Te acostabas con él seguido. -no pudo evitar ser brusco. Piso el acelerador en esos momentos.

-Contigo vivía Edward, tú me tocabas mucho más que él. -controlo su voz debajo del llanto. Siguió aumentando la velocidad por las calles mojadas de Forks. -Edward es tuyo estoy segura. -insistió y sujeto su brazo. -Detén el auto.

La ignoro.

-Vas muy rápido. -advirtió sujetándose de la puerta.

Siguió su camino.

-¡Ethan está con nosotros! -le gritó asustada.

El semblante de Edward cambio y disminuyó la velocidad hasta detener por completo el auto.

Se quedaron en silencio luego de eso.

Unos pequeños quejidos comenzaron a escucharse desde el asiento de atrás y pronto se convirtieron en llanto.

-¡Estás loco! -Bella gritó bajándose del auto, azotó la puerta y el llanto se hizo aún peor. Subió rápidamente al asiento de atrás y tomo a Ethan en brazos.

-Ya cariño. Todo está bien. -trato de calmar al niño aún nerviosa. Ethan siguió quejándose hasta que logró destapar uno de sus pechos y dárselo. Gustoso comenzó a succionar observando todo a su alrededor.

Edward sujeto su cabeza atormentado. Suspiró cuando el silencio invadió el auto. Ninguno dijo nada hasta que el bebé terminó de comer.

-¿Está bien? -preguntó mirándola desde el espejo retrovisor.

-Sí. -respondió quedamente acariciando la espalda de Ethan para sacarle los gases.

Edward manejo en silencio con los sentimientos encontrados. Escuchó como su hijo hacía pequeños sonidos que provocaban la sonrisa de Bella. Llegaron a casa encontrando a todos reunidos y felices esperándolos. Luke fue el primero en acercarse.

-¡Quiero verlo! -pidió pero justo antes de saltar sobre Bella Jared lo tomó en el aire.

-Tranquilo renacuajo que Ethan es del tamaño de mi zapato. -le advirtió.

-Estoy completamente seguro que tu pie es mucho más pequeño que mi hijo. -Edward se burló con una sonrisa socarrona.

Jared entrecerró los ojos entiendo el doble sentido.

-¿Me lo prestarás tía Bella? -preguntó Luke curioso.

-Cuando crezca un poco más. -le prometió.

-Yo también quiero el mío. -contó triste. -Papá me dijo que los bebés son difíciles de traer y que por eso entrena mucho.

Rosalie levantó una ceja a Jared.

-¿Que...? -se hizo el inocente.

Bella se sentó con cuidado en el sofá con Rose a su derecha y Edward a su izquierda. Luke logró bajar de los brazos de Jared y se acercó a ver.

-Hola Ethan. -saludó con una media sonrisa. -Este es mi Ironman, te lo prestare si no lo babeas. -sacudió su muñeco delante de su rostro pero sólo recibió un bostezo. -Quiere dormir.

-Si cariño, así son los bebés. -Rose lo tomó en su regazo consolando su decepción.

El resto de la tarde paso con tranquilidad y mimos para el nuevo bebé.

Al llegar la noche Edward con cuidado tomó a Ethan en brazos pero para su mala suerte devolvió parte de la leche manchando su camiseta azul marino.

-Mierda. -se quejó.

Bella busco dentro de la pañalera azul un paquete nuevo de paños húmedos. -Toma uno y límpiate.

Saco uno y limpió su camiseta todo lo que pudo. Bella hizo lo mismo con el rostro de Ethan y parte de su ropa.

-¿Saldrá esto? -preguntó asqueado.

-Yo supongo que sí... -respondió dudosa.

Ethan los observaba y a la vez no, parecía cómodo en los brazos de su papá por lo que fue cerrando los ojos poco a poco.

-Parece que sólo despertarás para comer y para que te cambien el pañal. -sospecho Edward mirándolo.

Lentamente lo acomodó en su cuna. Bella colocó el intercomunicador a su lado y su león en la esquina inferior de la cuna.

En silencio absoluto salieron de la habitación dejando a su hijo apartado de la tensión que existía entre ellos. Ninguno dijo nada cuando volvieron a acostarse juntos esa noche aunque ya no fuera necesario. La respiración tranquila de su hijo no les sirvió como relajante para dormir esa noche, los dos cerraron los ojos sintiendo que de alguna manera habían ganado un lazo indestructible entre ambos y por otro lado sentían el gran vacío de algo que no lograban descifrar.

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Al fin llego! Amo a los bebes *-* , asi que tendrá bastante protagonismo en esta historia.