Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y son utilizados por mí para crear esta historia.
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-Ya cariño, deja de llorar. -le pedía en suaves susurros a su pequeño que no podía dormir. Su pequeña manito se perdió en su pecho con una mirada a su madre. -Lo siento cariño, ya no tengo leche. -su susurro salió quebrado.
El llanto siguió.
Con desesperación observó la hora y se preocupó, Ethan no dormía tan tarde.
Llevaban viviendo solos casi una semana, sus cosas estaban ya instaladas en los muebles que solía usar en su niñez. Ethan tenía espacio para jugar en la sala más no en las habitaciones ya que ambas tenían una gran cama en el centro. Dormían juntos ya que el niño no estaba acostumbrado a su entorno y dormir solo no le era fácil.
El primer día fue difícil, llegaron con pocas cosas de Ethan por lo que le costo entretenerlo mientras ella ordenaba. Cuando todo estuvo listo se dio cuenta que era hora de comer, y fue el momento en el que el llanto la invadió al darse cuenta que no tenia nada para comer y todo fue peor aún cuando Ethan no pudo tomar su alimento de ella, se le había acabado la leche. La desesperación la invadió. Buscó entre sus cosas dinero pero lo que encontró no era suficiente, con pena observó las pocas joyas que tenía y llena de resignación tomó a su hijo y fue a empeñarlas. Con ese dinero compró pañales, leche en polvo y algunas latas de comida. Ese día cuando llegó la noche su martirio siguió, Ethan no paraba de llorar pero se negaba a tomar el biberón y aunque ella realmente intentaba alimentarlo pero él gritaba como si le hiciera daño, y esa noche se repitió cada día...
-Ethan por favor... -le suplicaba desesperada.
El niño se acurrucó de nuevo contra su pecho y con rabia la mordió al desesperarse porque su alimento no salía.
-¡Ethan! -no pudo evitar gritar llena de dolor y el niño lloró aún más.
Sintiéndose desamparada se quedó llorando junto a su hijo hasta que ambos se quedaron dormidos por el agotamiento.
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Había buscado un empleo temporal hasta que pudiera obtener una plaza en la escuela otra vez, gracias a Dios encontró uno como mesera en la cafetería del centro del pueblo. El gran problema era que no tenía con quién dejar al niño. Agotada llamó a la última niñera de la guía telefónica y como era de esperarse se negó por el horario. Nadie quería cuidar un niño durante la noche.
Un suave golpe en la puerta provocó que se tensara. Con cautela se acercó a la puerta. Sospechando quién era, respiró hondo antes de abrirla.
Edward traía una camiseta roja algo ajustada y unos jeans azul oscuro. Parecía más joven de lo que normalmente lucía, recordó que ambos lo eran y habían vivido muchas cosas en solo tres años. Su rostro estaba pálido y tenía las manos en los bolsillos dándole un aire de nerviosismo a su apariencia.
-Hola. -saludó en voz baja.
-Hola. -respondió respirando hondo.
Mentiría si dijera que no sabía que iría esa mañana. Llevaba una semana sin verlo pero Jared le aviso que eso no seguiría igual, Edward extrañaba como loco a Ethan y el tiempo de tranquilidad había acabado.
-Ethan esta en la sala. Pasa. -Se hizo a un lado dejándolo entrar.
Edward entró algo reticente pero las ganas de ver a su hijo eran más grandes.
-¡Papá! -gritó el pequeño cobrizo caminando lo más rápido que sus cortas piernas lo dejaban.
-Hola campeón. -lo saludó mientras lo atrapaba entre sus brazos.-Te extrañe tanto...
El niño se aferró a su cuello riendo contento. Bella los observó con una sonrisa triste.
Ethan señaló sus juguetes para que lo bajara. Se acomodó en el suelo con el niño para dedicarle toda su mañana.
Bella trato de darles todo el espacio posible pero era difícil si Ethan llamaba su atención cada cierto tiempo.
-¡Mami! -gritó el cobrizo molesto cuando ella trató de alejarse de la sala.
-Preparare la comida cariño. -le explicó cariñosamente.
El pequeño fruncio el ceño ofuscado.
-¿Cómo se a portado estos días? -Edward lucía tenso mientras le hablaba.
-Bien, ha estado adaptándose. -respondió con simplicidad, evitando su mirada.
-¿Hasta cuándo durará esto? -Edward no aguanto las ganas de preguntar.
-¿Hasta cuándo?
-Si Bella. Te di una semana entera.
-¿Me diste? -chilló un poco.
Edward se levantó del suelo para acercarse a ella.
-¿Cuándo volverás a casa? -preguntó lo más suave posible.
-Edward yo no volveré. -lo miró confundida por su pregunta, acaso el pensaba que volvería cuando se le pase el enojo.
-Bella por favor... -susurró dolido.
-Mira llevemos esto lo mejor posible, somos padres y punto. Tenemos que llevar esto pensando en que es lo mejor para Ethan.
-Lo sé. Pero también estoy seguro que juntos lo hacemos mejor. Ethan nos necesita a ambos. -se acercó ligeramente a ella. -Tienes ojeras. -quiso acariciarlas pero Bella se alejó. -Estas cansada, dejame ayudarte.
-Lo estoy porque a Ethan le cuesta dormir. -le contó mirando a su niño que se acercaba con pasos torpes a su padre.
-¿Le cuesta? -preocupado bajo la mirada encontrándose con su hijo que buscaba trepar a sus brazos. Lo tomó entre ellos para abrazarlo.
-Ya no tengo leche. -le contó decaída. -El tiempo en el hospital y las medicinas influyeron.
-Lo siento. -susurró con culpabilidad.
Bella no dijo nada, ella lo culpaba.
-¿Trajiste la leche en polvo? Vi un tarro en el departamento. -Ethan se acomodó en su pecho mientras chupaba su pulgar.
-No, compre una. -se acercó al niño y le quitó el pulgar de la boca. -No hagas eso. -lo riñó preocupada.
-Comprare otras y las traeré, ¿qué más necesitas? -se encaminó a la cocina buscando la lista que normalmente ponía en la nevera.
-Solo pañales y algunas papillas que a él le gustan. -le aseguró siguiéndolo. Edward tomó la larga lista entre sus manos.
-Y muchas cosas más... -Bella le quitó la lista de las manos.
-Esta tiene cosas que yo necesito. -le aseguró regresandola a su sitio.
-¿Y? Puedo ir por ellas. -confundido quiso tomarla.
-Son cosas para mí. No tienes que pagarlas.
Edward entendió a dónde iban sus pensamientos.
-¿Qué? ¿Y cómo piensas comprarlas? -Bella lo observo fijamente. -No. No. No. No vas a trabajar.
-Esa no es tu decisión.
Edward respiró hondo, no quería alterarla.
-No. No lo es. -aceptó. -Pero no lo necesitas.
-Claro que sí. -peleo ella.
-Bella yo los voy a mantener así no vivan conmigo. -le aseguró ajustando a Ethan que comenzaba a adormecerse en su pecho.
-Mantendrás a Ethan solamente. Yo no te quitare tus deberes como padre, pero a mi no me metas en esto. No tienes ninguna responsabilidad sobre mí.
-Claro que sí. Eres mi mujer. -le rebatió acercándose.
-Para. -empujó su pecho.
-Yo soy el padre de tus hijos. -se acercó aún más.
-Basta. -susurró amenazante.
-No. Basta tú. -colocó su brazo contra la nevera encerrándola. -Eres mi mujer. Aceptalo y entiendolo. Tú eres mi responsabilidad desde que te embarazace y tuviste que dejar de trabajar, tú has llevado a mis hijos en tu vientre lo mínimo que puedo hacer es hacerme cargo de las consecuencias. -ella alejó la mirada cuando recordó su segundo embarazo. -No dejaré que me excluyas así cuando es por mi que no estas trabajando.
-Volveré a la escuela el proximo inicio de clases...
-Hasta esa fecha yo me haré cargo, ¿te parece? -suavizó sus palabras. -Ahora no puedes trabajar no sólo por Ethan sino por... -se calló porque era muy difícil hablar del tema.
Bella seguia sin mirarlo, el recuerdo de su bebé la tenía destruida.
-Bella. -susurró abrazándola con su brazo libre. -Lograremos superar esto. -besó su coronilla. -Somos una familia.
Ella no respondió al abrazo.
-Que fácil para ti decir que lo supere mientras tú tienes otro hijo que sustituirá al mío. -sus palabras ácidas lo lastimaron profundamente.
-Ningún niño sustituirá al nuestro. -le aseguró elevando su rostro para que lo mirara. -El hijo de Tanya no es mío, yo te juro que la única que tendrá a mis hijos serás tú.
Bella quitó su rostro bruscamente.
-No niegues a tu hijo, ya lo hiciste con el mío y mira lo que paso. -Edward quiso llorar al escucharla. -Tú lo mataste, desde el momento que supiste que él podía existir quisiste que no fuera así.
-No. Yo fui un patán pero... -desesperado trató de explicar.
-Mi hijo murió por tu culpa. -no lo empujaba como quería porque Ethan estaba dormido en su pecho.
-Los doctores dicen...
-No me importa lo que digan. -sus ojos rojos por el llanto lo miraban con ira. -Tome anticonceptivos por ti, lastime por casi dos meses a mi hijo por tu culpa, tú y tu aberración a los condones... Eres un idiota machista, yo tenía toda la responsabilidad de cuidarnos mientras tú me follabas sin control.
-Lo siento. -susurró quebrado.
-Algo esta mal en ti. -Edward siguió escuchándola. -Te fui infiel lo acepto, pero pagué por mi error cada día a tu lado, sufrí un calvario con las amenazas de él y por otro lado con tus insultos e inseguridades. Mientras tú... -limpió las lágrimas de sus ojos con rabia. -¿Crees que no leía lo que Tanya te escribía? ¿Crees que tú eras el único inseguro de la relación? -Edward la miró sorprendido. -Yo te veía coquetear con clientas mientras yo esperaba embarazada en tu despacho.
Edward comenzó a negar.
-Yo no coqueteaba. -le aseguró.
-Ellas eran muy amigables y tú no las parabas, si no las detienes ellas continúan.
-Yo no les daba importancia... -le contó sincero. -Yo sólo pensaba en ti y el bebé.
Bella bufo, no le creía.
-Fue todo muy doloroso pero ya no será así. -le aseguró él. -Ya no voy a permitir esos tratos con ellas, ya no seré un patán contigo, mi vida estara enfocada en ambos. -volvió a tocar su rostro húmedo. -Haré las cosas bien esta vez.
-Que fácil es pedir otra oportunidad. -se burló de sus palabras. -Yo te rogué más de una vez por una, ¿recuedas?
Edward respiro hondo tratando de soportar la angustia.
-Sí. Fui un idiota. -con pena vio como sus palabras no tenían ningún efecto en ella. -Supongo que es mi turno de rogar.
Con una sonrisa rota limpió las lágrimas de ella.
-No me voy a rendir. -le aseguró. -Ustedes son mi vida. No dejaré ir a mis dos razones de vivir.
Bella se alejó de su toque al escucharlo.
-Lo mismo pensé yo una vez. -subió su mirada vacía hacia él. -No es rendirse Edward, es aceptar que debes seguir adelante.
Él se la observó en silencio, lo último que le había dicho le caló hondo.
-Pues considerame estancado. - con decisión se acercó a sus labios.
Bella se quedó estática en el primer toque rudo de sus labios pero luego reaccionó tratando de empujarlo. Una de sus manos se topó con el cuerpo de Ethan por lo que su escape se hizo dificultoso. Edward aprovechó que su hijo impedía que ella empujara y la besó como más ganas. Bella golpeaba y mordía pero no le importó. Las mordidas comenzaron a lastimarlo por lo que se alejó sólo cuando sintió sangre. Bella aprovechó para voltearle la cara con una cachetada.
-No vuelvas a hacer eso. -amenazó con lagrimas de rabia en el rostro.
-No me voy a rendir. -le aseguró. -Cada día te lo demostraré. Yo...
-Dejame tranquila. Se acabó, entiende. -sollozante y rabiosa luchaba por salir de su cárcel.
-Recién empezamos. -la dejó alejarse de él y que le arrebatara a Ethan de los brazos.
-No vuelvas a mi casa solo. -empujó su pecho con una mano. -No te dejare entrar si es así.
-Bella...
-¡Basta! -siseó. -Por una maldita vez respetame, deja de creer que puedes tomar lo que quieras de mí.
Edward trato de acercarse.
-Alejate. Ya no soy tu puta privada. Se acabó. Ahora largate de mi casa.
-Te respeto...
-¡Largo!
Ethan se exaltó en sus brazos.
Con la poca fuerza que le quedaba salió de la casa sintiendo como el vacío atacaba su pecho.
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Aquí les traigo lo nuevo! Debo confesar que la demora se debe a que tengo otra historia rondandome la cabeza y no me dejaba concentrarme. Lo del grupo de Facebook esta en proceso, será uno secreto asi que cuando este listo si estan interesad s pueden dejarme sus correos y los agregare con mucho gusto :).
