Su padre lucía como si le estuviese dando un paro cardíaco, y aunque Boruto se encontrase casi igual de sorprendido no había podido contener la risa al ver a su progenitor en ese estado. Su madre fue la que reaccionó con mayor naturalidad, sonriéndole con la amabilidad que la caracterizaba y preguntando después si había algún chico que le gustara específicamente. Fue ahí cuando ella misma sintió vergüenza de su afirmación y se taimó, colocándose como tomate en el proceso.
No entendía bien cómo había pasado, pero sí cuándo. Desde que Boruto entró a la Academia se vio relacionada con muchas más personas, inclusive sin ir al establecimiento de su hermano mayor. Pronto en las cenas nuevos nombres fueron temas de conversación, y así como varios chicos pasaron a formar parte de la vida del rubio menor, de igual manera lo hicieron con Himawari. Era pequeña y su día a día se resumía a jugar, estar en casa y en ocasiones acompañar a su madre a lugares, y tal cual sus actividades, su círculo social no excedía su familia y otros conocidos de ellos, los cuales se asemejaban más a sus padres que a ella o su hermano. Por lo que, pronto se hizo oyente de las historias que relataba Boruto, y pasadas las primeras semanas, pudo conocer personalmente a los otros protagonistas de estas. Y así conoció a Mitsuki, Sarada, Chouchou, Shikadai, Inojin, Denki y Metal. Y se halló a sí misma sonriéndoles con entusiasmo y recibiendo la misma alegría de vuelta. Y a pesar de que todos le hayan tratado igual de bien, colocó más atención en unos que otros, o mejor dicho, otras. Como en la guapura de Inojin, la inteligencia de Shikadai, la paz que transmitía Mitsuki, la ternura de Denki y la perseverancia de Metal. Y de igual manera se sintió mal por de alguna manera ignorar a las chicas, pero había algo que estaba fuera de su control y le unía a los chicos. Y así estaba ahora, pensando sobre chicos.
Después de preguntas molestosas por parte de Boruto y un ataque de celos de Naruto todos regresaron a casa, tomando los típicos roles que les correspondían en el hogar. El Hokage aprovechaba esos momentos para relajarse y compartir con sus seres queridos (aunque estuviese haciendo más lo primero, recostado en el sofá y a punto de dormirse en él), Boruto se encargaba de sus tareas y trabajos provenientes de la Academia y Hinata preparaba la comida en compañía de su hija. Cuando el último par terminó con éxito su misión, la mayor mandó a Himawari a avisarle a los hombres de la casa que la cena estaba lista. La peliazul se encaminó primeramente a despertar a su papá de la manera más sútil posible, cosa que en un inicio fue un tanto difícil mas lo logró, procediendo así a buscar a su hermanito, encontrándole fácilmente en su habitación, concentrado en sus deberes. Tras decirle se sentó en su cama y se dedicó a esperar al chico, para así bajar juntos.
—Oye, Hima—le habló el rubio tras finalizar sus responsabilidades, mirándola de forma juguetona.—¿Me vas a decir quién te gusta?
La chica enrojeció notablemente para segundos después negar con su cabeza. Boruto frunció el ceño e hizo un gesto de cachorrito triste.
—Lo siento, onii-chan. Mamá me dijo que estos eran temas de chicas—contestó, olvidando un tanto su vergüenza y sonriéndole de lado.
—Pero soy tu hermano, tengo derecho a saber—se defendió firme, cruzando sus brazos y colocándose serio. No obstante, sus palabras no causaron cambio alguno en la adversa, por lo que prosiguió a intentar algo más.—Además, puedes confiar en mí, ¿lo sabes, no? Y puedo ayudarte a acercártele, no importa quién sea.
Se sonrojó un poco más, pero pareció analizarlo un poco.
—Mh...—miró a su hermano de reojo, tímida.—Lo pensaré. ¡Ahora a comer, onii-chan!
Y así culminó el primer fracaso de Boruto.
Con una mano sostenía el sandwich que era parte de su almuerzo mientras que con la otra la consola que usaba para jugar gran parte del tiempo con sus amigos, los cuales se detuvo a ver un momento en silencio para disponerse a hablar.
—Oigan, idiotas—no supo bien por qué utilizo esa palabra ni tampoco por qué se expresó con ese tono, pero no se arrepintió, pues todos le pusieron atención de inmediato. Tenía suerte de tener reunidos justamente a los aludidos, es decir, todo chico que sea lo suficientemente cercano a él.—A mi hermanita le gusta alguien, y estoy completamente seguro que es uno de ustedes.
Calló para contemplar los rostros de sus amigos y así poder ver cómo se lo tomaban. Mitsuki se mantuvo neutral, lo cual no le sorprendía. Shikadai e Inojin parecían ligeramente sorprendidos, incluso juraba ver un leve sonrojo en las mejillas del más pálido, Denki estaba abiertamente avergonzado y Metal emocionado, por alguna extraña razón.
—¿En serio? ¡Tu hermana es muy linda!
Golpeó a Metal sin siquiera dudarlo.
—¡Cállate, no digas que mi hermana es linda! ¡Solo yo puedo decir que es linda!—comentó, salido de sí pero sin llegar a ser realmente violento. Sabía que ese golpe en realidad no le había ocasionado daño alguno a Metal, mas fue lo suficientemente poderoso para detenerle en ese momento.—Esperen...—dejó su atención en el de cejas gruesas para pasar a mirar al resto del grupo, con una expresión de sospecha y seriedad.—Ustedes... ¿piensan que mi hermana es linda?
—¿Si contestamos nos vas a golpear?—preguntó Shikadai, obviamente fastidiado.—Pues, sinceramente, sí.
—Es tierna—le apoyó Inojin.
—¿Si?—dijo Mitsuki, dudoso.—No lo sé, Boruto, no me he dado el tiempo de pensar en tu hermana, no sé qué decir.
Y supo que Denki también había dicho algo, pero se había quedado inmerso en sus propios pensamientos, así separándose del espacio-tiempo en el cual se encontraba.
¿Quién será? Aunque si le gusta uno de estos perdedores... definitivamente Hima no tiene buen gusto.
