Podría decirse que fue el primer chico cercano a su edad no perteneciente a su grupo familiar que conoció. No es como si no le hubiese prestado atención en ese momento, o más bien, no ese tipo de atención. Era el hijo del tío Shikamaru, el cual era (y es) la mano derecha de su papá, por lo que podía verlo más seguido que al resto de los hijos de los amigos de sus padres y por lo tanto poseía cierto tipo de individualidad comparado a los otros. Mas, eso no le quitaba la visión que antes tenía de él. Es decir, era muy pequeña, prácticamente creció llamándole Shikadai onii-chan hasta que descubrió que en realidad no estaban tan enlazados como parecía (y que los otros tíos no eran en realidad familiares, sino amigos y ya).
Pero de repente, Shikadai onii-chan pasó a ser solo Shikadai, y a pesar de que le sonriera y tratase con la misma amabilidad había algo distinto. Y no entendía bien de qué se trataba, pero algo la retenía a contemplarle con un rostro de enamorada del cual ni siquiera era consciente cada vez que se aparecía a casa con Boruto después de la Academia o cuando tenían que reunirse para hacer trabajos juntos. Y ahí se encontrada frente a él al momento de la cena, descubriendo y admirando cada pequeño detalle que conformaba al chico y lo hacía ser Shikadai, pues pese a que todos dijesen que el chico era idéntico a su padre, ella podría decir al menos cinco diferencias entre él y el tío Shikamaru (y había dedicado una página de su diario a ello, pero shh); en la ventana, sintiéndose como una espía al momento en que el par de chicos se aproximaba a su hogar y sin causarlo a propósito, la llenaban de emoción. Y el más ridículo y vergonzoso de todos, cuando está en el patio, jugando con sus propios peluches o encargándose de las flores pero termina con otra entretención (¡chicos!).
Pero claro, algo le hacía intuir que iban a haber más momentos vergonzosos en donde solo querría ocultarse tras las piernas de su mamá y desear que un agujero negro la tragase, como ese día. Tuvo un mal presentimiento al verlos llegar y hacer contacto visual con su hermano, quien le entregó una expresión juguetona de las cuales solo se podía esperar lo peor.
Los saludó con el mismo entusiasmo que tenía siempre y estaba lista para ignorar triunfalmente las señales que le daba su hermano e irse donde su mamá cuando el rubio habló y arruinó su casi triunfo.
—Hey, Hima, acompáñanos—Boruto mantenía el mismo rostro malicioso y la vista todo ese tiempo sobre su hermanita, mas luego se giró, concentrándose en su amigo.—¿Te gustaría que nos acompañe, Shika?
El mencionado le miró con su vista entrecerrada, intentando hacerle captar que lo estaba juzgando. Sabía exactamente lo que el rubio buscaba, y no era nada más que avergonzar a su hermanita y sacar información de ello, mas también veía como le divertía el causar eso. Como el chico maduro que creía hacer actuó de la forma más sensata posible, que era no darle a su amigo en el gusto, mas tampoco llegar a herir o hacer sentir mal a la menor, pues al igual que el Uzumaki mayor desconocía era él la persona que le gustaba. Y a decir verdad, sin tratar de alardear ni nada por el estilo, lo veía posible. Él ya había estado presente en la vida de la niña y frente al resto ella lo reconocía más que a los otros compañeros de Boruto. Sin embargo, no había pensado cómo manejar la situación exactamente y el contarle a su padre o madre sería algo demasiado problemático. Solo tenía claro que ella pasaba por una edad y etapa bastante especial y él no quería arruinarle eso al hacerla sentir mal. Y para qué negarlo, encontraba bastante lindo el gustarle a una pequeña tan tierna como Himawari.
—Sí, Boruto, Hima-chan puede venir—le miró ahora un tanto enojado, reprendiéndolo implícitamente por todo lo que intentaba. Buscó ahora a la más pequeña, no obstante, no supo exactamente qué hacer o qué decirle, por lo que terminó realizando una sonrisa un tanto torpe.
—¿Escuchaste, Hima? Shikadai te quiere cerca—el rubio se acercó a su hermana, planeando decir la frase como un susurro al tomar cercanía, pero de todas formas pronunciándolo alto para que el aludido le escuchara. El de cabellos largos y recogidos en una cola de caballo rodó los ojos, ligeramente indignado con la actitud del hijo del Hokage. Se percató que la chica estaba hecha un tomate, y aunque era linda (muy linda) sabía que en realidad no la estaba pasando bien. Por lo cual, sacó toda la delicadeza que podía tener un chico de su edad (sin olvidar el "maduro") y se acercó a la chica para hablarle, agachándose para quedar a su altura.
—Tranquila, Hima, no te pongas así, a mí en realidad me gustaría que estés con nosotros, eres una chica muy agradable y linda y tu presencia alegra el lugar—sabía de antemano que el restante en ese lugar estaba listo para contraatacar con algo, así que prefirió adelantarse y proceder a molestarle de la misma manera.—Aparte, contigo cerca es más fácil soportar al tonto de tu hermano.
A pesar de estar avergonzado a más no poder con tantas declaraciones que normalmente no diría, pues no es precisamente la persona más expresiva y que decía cosas de más (o sea, que fastidio) pudo contemplar como la niña estaba aún avergonzada pero notablemente feliz. Como cuando te dicen un halago.
—¿Tonto?—cuestionó Boruto, aparentemente ofendido.—Primero le coqueteas a mi hermanita y luego me insultas. Que agallas, Shikadai.
—Oh, jódete Boruto.
—¿Dijiste "jódete"?—y el chico de pelos largos no pudo creerlo, pero esa era la voz de su padre. Se volteó para encontrarle ingresando al hogar Hyuuga-Uzumaki, y luciendo bastante sorprendido de sus palabras. Lo había pillado con las manos en la masa.
Que fastidio.
