- Es una noticia maravillosa. - Elena abrazaba contenta a Bella. - Estoy tan feliz por ustedes.
Luego fue el turno de Edward que se dejó abrazar por su madre.
- Me alegra tanto verte así de contento hijo. - acarició su mejilla con suavidad.
Edward sonrió un poco ajustado su mano en la cadera de Bella, ella reaccionó acariciándola para tranquilizarlo.
Habían ido a recoger a Ethan que en ese momento los observaba curioso mientras bebía su jugo de uva.
- Ven a saludar cariño. - Bella lo llamó cariñosamente.
El niño bajó del sofá y corrió hacía su madre estirando los brazos para que lo cargue. Edward reaccionó rápido tomándolo antes que ella. Ethan lo observó confundido.
- Mamá no puede cargarte, ella ya esta cargando a tu hermanito.
Aún más confundido dirigió su mirada a su madre que le besaba la mejilla en ese momento.
- Hay un bebé aquí. - Edward señaló el vientre plano de Bella. - Es tu hermano.
- ¿Bebé? - alejó su jugo de uva para poder hablar. - ¿Dake?
- No es Drake, pero también es un bebé.
Ethan no terminaba de comprender ese concepto, giró su rostro cómicamente.
- ¿ Por qué siguen en la puerta? - Beth preguntó curiosa al pasar por ahí.
- Bella esta embarazada cariño. - le contó Elena a su hija.
La muchacha abrió los ojos impresionada, ella no era ajena a la mala relación de ambos.
- ¡Vaya! ¡Felicidades! - los abrazó a ambos.
- Gracias. - ambos le sonrieron honestamente.
- Bebé. - Ethan señaló a su madre buscando a su primo por algún lado.
- Es tu hermano cariño. - Bella besó su mejilla regordeta generando una risita en el pequeño.
.
.
- Se quedó dormido. - Edward entró en su habitación en ese momento. - Creo que podemos acostumbrarlo a este horario, ya esta grande.
Bella suspiró al escucharlo. Dormir a Ethan era un reto todos los días y no quería ni imaginar como sería cuando el bebé llegara.
- Hey, ¿en qué piensas? - Edward se recostó junto a ella en la cama.
- En como me las arreglaré para cuidar dos niños, si Ethan no es exactamente un niño tranquilo. - acarició su vientre distraída.
- Te ayudaré. - le recordó. - Sabes que así sea de madrugada vendré a verte.
Bella sonrió al escucharlo.
- Lo sé. - besó sus labios suavemente. - Cuando tenga antojos tú te encargarás.
Edward cambio de gesto a uno asustado provocando las risas de ella.
- Hey, te vuelves gozila cuando te antojas de algo. - la abrazó ajustándola contra su cuerpo.
- Eso no es cierto. - se quejó.
- Si lo es cariño. - repartió pequeños besos por su rostro.
- Nunca te envié a buscar comida para mi cuando estuve embarazada de Ethan.
- Porque me encargaba de tener esos pasteles que te gustaban siempre en la alacena. - le contó. - Y el jugo de uva, ese también se acababa demasiado rápido.
- ¿Cumplias mis antojos en silencio? Edward le sonrió y besó sus labios, Bella le respondió gustosa.
Los besos como siempre habían sido el comienzo de algo más pero en ese momento sólo fueron gestos de cariño que se daban libremente.
- Debo irme. - Edward suspiró apretándola entre sus brazos.
Ella estuvo a punto de ofrecer su casa pero domir juntos por más ridículo que pareciera considerando que ya estaba embarazada, le parecía ir demasiado rápido.
- Ve con cuidado. - se besaron de nuevo como despedida.
.
.
- ¿No lo tiene en azul? - le preguntó a la dependienta.
- Sólo nos queda en color verde. - le respondió disculpándose.
Ella suspiró, le hubiera gustado comprar esa casaca en azul para que resalte los ojos azules de su pequeño.
Un gorgoteo llamó su atención, el niño ya tenía hambre.
- Sh, sh aca esta mamá. - lo tomó en brazos lo que de alguna manera emocionó al niño porque este comenzó a patalear y sonreir. - Mi bebé hermoso.
Salió de la tienda de niños desilusionada por no encontrar lo que buscaba.
Caminó por las calles de Forks empujando el cochecito de bebé donde tenía todo lo que necesitaba. Colocó al niño en él a pesar de sus protestas, la llovizna había comenzado y tenía que llegar a casa pronto.
Aceleró su paso por las calles vacías mientras su bebé lloraba desconsolado, en esos momentos se sentía la peor madre al no contar con un coche para transportar a su hijo con más seguridad.
- Tranquilo cariño, ya casi llegamos. - le hablaba al pequeño de dos meses de nacido.
Su concentración en el camino hizo que no se fijara en el auto azul oscuro que se estaba deteniendo junto a ella. No notó nada ni a nadie hasta que escuchó como la llamaban, su cuerpo entero se congeló. No se atrevió a voltear, sólo escucho las pisadas
en el piso mojado.
- Sube al auto, te llevaré. - dijo una voz que por casi un año no había escuchado.
Ella no volteó, no sabía que hacer ni como reaccionar. Las pisadas se acercaron aun más.
- Sube... - insistió la voz y carraspeo. - El niño ya debe tener frío.
Esas palabras la hicieron reaccionar y preocupada observó el coche impermeable. El bebé lloraba dentro y parecía incómodo.
- Vamos. - el hombre tomó el cochecito y empezó a empujarlo hacia su auto.
Ella aún en shock subió luego de tomar a su pequeño en brazos. Escuchó como el hombre luchaba para meter en la maletera el cochecito.
- Sh... no llores cariño. - le ofreció uno de sus pechos y este se aferró con fiereza.
Pasaron unos minutos antes que el hombre subiera al auto. El silencio ocupó todo. Ninguno dijo nada hasta que el pequeño satisfecho soltó el pecho de su madre.
- Tiene tus rizos. - susurró el hombre mirando fijamente el rostro del pequeño que en ese momento le devolvía la mirada inexpresivo.
- Si pero ese tono de rubio no es como el mío. - ella acomodó el cabello del niño con suavidad.
- Tal vez se oscurezca con el tiempo y tenga tonos rojizos como el tuyo.
- Tal vez.
Silencio de nuevo. El bebé bostezó.
- Te llevaré a tu casa. - algo nervioso prendió el auto y manejo las pocas cuadras que quedaban hasta la casa de un piso que ella había heredado de sus padres.
Bajaron del auto a la vez. Él sacó el cochecito de la maletera y la acompañó a la puerta de su casa. Entraron ya que la llovizna cada vez se ponía más fuerte.
- Tranquilo cariño. - el bebé quería volver a llorar.
El hombre observó su entorno algo desorientado, había pasado mucho tiempo desde que había pisado esa casa y el último recuerdo había sido el peor.
- Gracias por traernos. - volteó al escucharla.
- No fue nada. - no recordaba haberse sentido nervioso delante de esa mujer nunca antes en su vida.
Ella lo observaba con una mirada que nunca antes había sido para él.
- ¿Qué es lo que haces aquí Garrett? - los rodeos acabaron.
Al principio no supo que decir porque él en realidad tampoco sabía lo que estaba haciendo. Al verla por las calles sola con un niño en medio de la lluvia le recordó tanto a su propia madre que no pudo evitar parar.
- Yo... - respiró hondo y retomó esa pose altanera que lo caracterizaba. - Quiero saber si es mi hijo.
Tanya lo observó sin alterar su rostro, aunque por dentro estaba completamente fuera de sí.
- No es necesario. - respondió luego de unos segundos en completo silencio. - Mi hijo no tiene papá.
- Yo pase una noche contigo, no me cuide y sé que pudieron haber consecuencias.
- ¿Pasaste la noche conmigo? - se burló. - Me forzaste Garrett, me tomaste en tu departamento hasta que tu cuerpo no pudo más,no quería que pasara nada entre nosotros pero tú no aceptaste ese no como respuesta.
Él bajó la mirada al sentir el remordimiento atacarlo, lo que ella decía era cierto.
- Tú negaste a mi hijo desde que supiste de su existencia, no quiero que lo tengas luego de las barbaridades que dijiste sobre él.
La había insultado y había llamado bastardo más de una vez al niño, la echó de su departamento en medio de empujones y la amenazó con golpearla si volvía a aparecerse.
- Sé lo que dije. - aceptó. - Pero...
- No serás un buen papá. No sé que estupidez se te metió en la cabeza, pero mi hijo no será tu experimento. No quieras hacerte cargo de un niño sólo por capricho.
Garrett fijó su mirada en el bebé que en esos momentos ella sostenía sobre su pecho.
- ¿Puedo tomarlo? - preguntó antes de poder pensar. - Yo me iré luego, yo sólo... sé que no soy bueno para él. Prometo no volver, sólo quiero sostenerlo una vez.
Tanya se quedó de piedra al escucharlo. No podía creer en la sinceridad de sus palabras pero el toque de tristeza en su tono la tenía sorprendida.
Garrett avanzó un par de pasos dudoso.
Ella bajó la mirada a su hijo que la miraba somnoliento.
- Por favor. - él susurró justo frente a ella.
Con miedo acomodó a Drake en los brazos de su padre por primera vez. El niño se quejó por la incomodidad hasta que Garrett logro darle una pose comoda.
Sostenerlo fue como un corrientazo de recuerdos. De pronto recordó su infancia temprana cuando su papá lo visitaba a veces una vez por semana y para él era el cielo. Cuando lo llevaba al parque y compraba helados que luego terminaban embarrando su camiseta.
Recordó como un día comenzó a sentir la ausencia de su padre, el día en que no recordaba cuando había sido la última vez que lo había visto. El dolor que sintió al verlo en el parque con otro niño que tenía el cabello cobrizo como él y no rubio como
el suyo. Cuando su madre enfermó y nadie la ayudó, la vio morir porque él era sólo un chiquillo que nada podía hacer. Su padre lo dejó solo, nunca lo quiso eso nadie podía negarlo por más que insistiera en pensar en buenos recuerdos no los tenía,
su padre significaba rechazo y dolor, el fue un niño que una vez se preguntó el porqué su papá jamás le importó llevarlo al parque una vez más.
- Yo... no sé su nombre... - susurró ya que el niño estaba quedándose dormido.
- Drake. - Tanya con la voz afectada susurró. - Su nombre es Drake.
- Drake. - susurró observando el rostro somnoliento que lo miraba.
Muy pronto esos ojos se cerraron.
Con cuidado colocó de nuevo al bebé en los brazos de su madre.
- Cuidalo. - le pidió. - Y si alguna vez necesitas algo... lo que sea...
Tanya asintió limpiando las lágrimas que se comenzaban a escapar de sus ojos.
Garrett respiró hondo grabándose la imagen mental de ambos.
- Fuiste una de las dos únicas personas que me amaron alguna vez, ahora te regreso ese amor dejándote lo único bueno que puede salir de mi. - comenzó a retroceder hacia la puerta. - Jamás dejes que dude que yo estaré para él si alguna vez decide conocerme,
si le interesa alguna vez yo estare esperándolo.
Tanya observó irse al hombre que amó toda su adolescencia, y vio al hombre roto que se ocultaba debajo de esa carcasa llena de arrogancia y maldad. Por primera vez logró ver lo que su corazón le gritaba pero los hechos que había vivido refutaban; Garrett
si sabía amar pero nadie se había dado el tiempo de pasar todas sus barreras y vencerlas, ella lo intento y falló, pero su hijo había logrado eso y más con sólo una mirada.
.
.
Y aquí estoy en mis últimos minutos de veinteañera, decidí hacer lo que más me gusta en el mundo y dejarles este regalito, es un capítulo corto pero sustancioso xD . Gracias por leer cada cosa que sale de mi cabeza, no tienen idea de como me motiva que me digan un simple "me gusto". Hay días en los que me siento perdida y no sé a donde va mi vida ni cual es el sentido de esta, pero escribir es lo único que esta ahí esperándome para refugiarme. Bueno nos leemos pronto!
Perdón por los errores!
