¡Hola! Esta es la primera nota que le agrego a la historia, y es para informarles de unos detalles de esta y también contarles de un problema que estoy teniendo con la página. En fin, aquí vamos:
-Primero, la historia intenta seguir la línea temporal del anime/manga, no obstante, esto es solo en parte, ya que tengo una noción general de los hechos y algunos episodios, pero no sigo la historia, por lo que puede que encuentren algunos acontecimientos un tanto desordenados y tal¿? y por supuesto, una gran cantidad de ellos siendo inventados, u otorgándoseles otro contexto.
-Segundo, puede que omita a algunos personajes y/o agregue a otros que no aparecen en Boruto pero sí a Naruto. Uno fijo y que les cuento desde ya será Neji, que lo quiero bien vivo e influyente en la familia, y yo sé que ustedes también lo quieren.
-Y ahora, el problema: pasa que, al igual que a varios usuarios, no me aparecen en la historia los reviews que esta recibe, mas sí en los correos. Y yo quiero responderles todo lo que me comentan, así que al final de cada capítulo voy a encargarme de hacerlo, para que sigan comentando y si quieren también podemos hablar por inbox y tal. Eso, gracias 3.
Y ahora sí, el capítulo.
Él era distinto, lo veía y sentía.
Además de Shikadai, podía decir que Inojin uno de los chicos que conocía más. El chico de la florería. Cada cierto tiempo acompañaba a su mamá a visitar a la tía Ino y mientras ellas se entretenían en una trivial conversación la peliazul se distraía con la cantidad de flores que poseía el lugar, estando a veces en compañía del chico, el cual le entregaba información de ellas o armaba algún tema o juego divertido para ambos. Siempre siendo amable y amistoso, tanto en la florería como cuando la visitaba en casa (en realidad no la visitaba a ella, sino que acompañaba a su mamá o papá a reunirse con sus padres, pero shh). Y lo más distintivo de Inojin era la flor que le llevaba cuando visitaba su hogar (y sí, a Himawari, ni a Hinata ni Boruto, menos al Hokage), tratándose siempre de un girasol, tal cual su nombre.
Mira Hima-chan, un girasol para otro girasol.
Y no había nada de raro ni vergonzoso en esas palabras, ni en su mirada, ni su sonrisa, y sobretodo esa amabilidad tan encantadora. Claro, hasta que empezó a fijarse en los chicos.
Y así fue como el pálido rubio se volvió un tema dentro de su cabecita, y por supuesto, en su diario. La primera vez que le dedicó prosa fue para describir lo bonitos que sus ojos eran, y prosiguieron más partes de él, como su sonrisa, su rostro, su cabello y tal. Y más pronto que tarde terminó dándose cuenta que el chico era, francamente, muy bonito. Pero el haberse conscientizado de ello no era nada bueno, porque significaba que cuando él estuviese cerca su rostro se iba a poner como un tomatito sin explicación alguna (sí hay una, pero shh) y todo lo extrovertido en su personalidad iba a desaparecer hasta dejar a una niña avergonzada y nerviosa, lo cual es precisamente el material que Boruto busca para poder molestarla en todo su esplendor. Y a pesar de esto, existía una gran curiosidad respecto al Yamanaka y solo había una persona que podía ayudarla con ello sin recibir burlas o reprimendas de vuelta. Y así ese día se encargó de todo lo que albergaba en su cabecita.
—¿Mami?—llamó dulcemente a su progenitora, la cual momentáneamente le estaba dando la espalda al estar trabajando en la cocina. La adversa se volteó, sonriéndole con la calidez y amor que le caracterizaba.
—¿Si, mi niña?—respondió, en un tono suave, expectante a lo que su hija tuviese que decirle. Y de repente toda determinación puesta en la pequeña Uzumaki se esfumó, dejando a una pobre niña que ni siquiera sabía cómo elaborar una oración. Se quedó en blanco, y Hinata lo notó inmediatamente, ampliando su sonrisa debido a la ternura proveniente de su retoño.—Puedes decirme lo que quieras, ¿lo sabes, no?
La más joven asintió, pareciendo menos agobiada que antes, pero aún buscando las palabras exactas que decirle a su mamá. Duró unos cuantos segundos en un estado de aparente concentración, en el cual hasta su carita demostraba en hallarse inmersa en un pensamiento, hasta que aparentemente se iluminó y su rostro cambió a una expresión radiante, la cual acompañaba a la de ojos azul la mayoría del tiempo, y bajo la cual era conocida.
—Inojin es lindo, ¿verdad?—la primera parte la dijo con comodidad, reflejando así la confianza y seguridad que existía en su relación madre-hija, mas la pregunta se sintió como si buscase la aprobación de la mayor. Miró con ternura a su hija, asintiendo inmediatamente y respaldando sus ideas. Desde el momento en que supo que tendría una hija se había puesto a pensar cómo serían las cosas y qué tipo de madre quería ser, proponiéndose después el ser una que siempre apoyase a su hija, pasase lo que pasase. Y respecto al ámbito romántico, sabía que Naruto iba a reaccionar de manera posesiva y selectiva, intentando llegar a la mejor opción de su pequeña, mientras que ella solo deseaba hacerle confiar en sus decisiones, tal cual ella. Quería ser el ejemplo para su hija de que a base de esfuerzos todo se podía, y que por ende, no había limitaciones, solamente se necesitaba el querer. Y esto se podía llevar al amor, obviamente. Quería que amara sin restricciones y que fuese feliz por un sentimiento tan bonito y puro.
—Lo es, mi vida—finalmente habló, consiguiendo una sonrisa un tanto nerviosa por parte de la menor. Esperó que dijese algo más, pero no sucedió. De todas formas, sabía a donde iba esto.—¿Quieres que te hable de Inojin, cielo?
Y, tal cual sospechó, Himawari asintió.
—Bueno, en realidad no lo conozco tanto, no como Boruto, pero sé que es mejor hablar de esto conmigo. Inojin sacó los ojos y cabello de su mamá y la piel de su papá. Estaba destinado a ser un chico bonito. Por lo que he visto también es una mezcla de sus personalidades. Ino es una chica naturalmente amable y que sabe cómo tratar a la gente, mientras que Sai es alguien con bastante control, por lo que gran parte de sus acciones estaban hechas bajo ciertos parámetros y no son tan genuinas. Inojin está muy bien educado y sabe comportarse como generar agrado en la gente—se dio cuenta de lo que podían ocasionar sus palabras, por lo que antes de poder generar ciertas dudas en su niña, le comentó un detalle.—Pero, mi niña, he notado que cuando habla contigo lo hace con sinceridad, y créeme que sé diferenciar una sonrisa forzada a una natural—le guiñó el ojo y la peliazul se sonrojó ligeramente, pero lucía feliz con sus palabras.—Y a él le gusta dibujar, tal como a ti.
Estaba pensando qué más decirle cuando sonó el timbre de su casa, causando que dejase a su hija sola en la cocina para ir a atender la puerta. Al abrirla se encontró con un par de rubios, y no se trataban de su marido e hijo.
—¡Ino!—saludó a su amiga con alegría, luego otorgándole atención a Inojin, sonriéndole con la misma felicidad.—El rey de Roma.
—¿Y eso?—preguntó la madre del chico de manera relajada, sin haberle puesto demasiado interés a sus palabras.
—Oh, Boruto—se justificó un tanto torpe, pues era notorio que su primer hijo no se encontraba presente. E Ino justamente se dio cuenta, ampliando su sonrisa y guardando ese detalle después de haber divisado a la más pequeña del clan Uzumaki-Hyuuga.
—¡Hima-chan, hola!—le saludó con entusiasmo desde una distancia que se fue deshaciendo, pues la niña se terminó acercando a la entrada, posicionándose al lado de su mamá y haciendo señas con su mano. Mientras tanto, la rubia mayor tocó el hombro de su hijo para que hiciera algo.
—Hima-chan, te traje un girasol—el rubio sacó la flor que tenía aparentemente escondida para entregársela a la menor y causar un pequeño sonrojo en ella, también consiguiendo sus agradecimientos.
—Vayan a plantarlo al patio—sugirió Hinata a la par que invitaba a su amiga a pasar. Y así la de ojos azules estaba con sus instrumentos de jardinería hurgando ligeramente en la tierra mientras el rubio estaba a su lado, sonriente.
—Oye, Inojin-chan...—habló esta, un poco avergonzada, aunque de todas formas agradecía que su vergüenza no fuera tan grande como la otra vez con Shikadai.—Boruto onii-chan está en su habitación, por si quieres ir con él. Yo puedo plantarla sola.
Había dicho lo último mirando al piso, incapaz de verle a los ojos. Sin embargo tenía curiosidad, por lo que terminó levantando la vista para encontrarse al mayor con un ademán sorprendido. Luego le sonrió, y ella esperó que se tratase de una sonrisa genuina.
—Hima-chan, ¿sabes por qué siempre traigo girasoles?—la menor tenía una respuesta en mente, pero de todas formas negó.—Es por su significado. Tu nombre no significa que te traduzcas como girasol, sino que también eres como uno. Y el girasol es una flor brillante, un sol, que ilumina y llena con sus rayitos. Y eso eres tú, Hima-chan. Un solsito.
Estaba sonrojada, sí, definitivamente lo estaba. No obstante, no parecía querer ocultarse, es más, juraba que destellaba con sus palabras. Se sentía profundamente halagada y feliz con las palabras del rubio, por lo que, intentando demostrarlo, sonrió lo más grande posible.
—¡Muchas gracias, Inojin-chan!
—No agradezcas, Hima-chan. Además, tenemos algo que hacer. ¿O a caso ese girasol se va a plantar solo?
Gracias por llegar a este punto. 3
Ahora, los reviews. Bueno, los voy a citar y escribiré la respuesta al lado.
Guest(?): No te olvides de poner a Kawaki como uno de los chicos. Pues, lo único que diré es que él esta como una gran posibilidad, ah. /ojitos.
Catty712: Hermoso, continua ;) Muchas gracias, eso haré. /corazoncitos.
¡Eso es todo, nos leemos pronto!
