Dicen que cada bebé es diferente, ahora Edward era plenamente conciente de la diferencia que existía entre sus hijos.
- Ya pequeño. - susurraba con cariño Bella mientras colocaba su pezon en la boca de Noah.
Había despertado por tercera vez en la noche, y era probable que volviera a despertar una vez más.
Edward se apegó a su mujer para abrazarla. Estaba cansado pero quería tener un minuto con ella.
- ¿Fue buena idea colocar la cuna junto a nuestra cama? - le preguntó suspirando en su oído.
- Sino fuera así tendríamos que levantarnos todas las noches y traerlo.
- Ethan despertaba menos veces en la noche.
- Era un bebé más tranquilo. - recién ahora lo notaba.
Noah los observaba con mucha curiosidad mientras hablaban.
- Tiene tus ojos.
- Es lo único que heredó de mí. - comentó besando su hombro. - Se parece mucho a ti.
- Es muy pequeño para decir algo así.
- Quizás. Pero yo lo veo como un mini tú.
Ambos sonrieron al pequeño cuando estiró una manito y Edward colocó su dedo para que sea apretado.
- No me perdonaré no verlo nacer.
Ella no respondió.
Unas pequeñas pisadas hicieron eco en la oscuridad del pasillo.
- Mierda... no tendré sexo. - se quejó el cobrizo embistiendo en el trasero de Bella para que sienta su necesidad.
- Cuarentena. - ella respondió con simpleza.
Edward odiaba esa palabra.
Un pequeño cobrizo entró con su leon bajo el brazo.
- Mami. - sollozó con pena.
- Ven aquí cariño.
El niño pequeño se metió bajo las sábanas hasta llegar a ella pero encontró la barrera que significaba su hermano.
- Noah. - el niño se quejó al verlo pegado a su madre.
Bella cambio de postura logrando acomodar a sus dos hijos contra su pecho. Edward quedó excluido en el borde la cama.
- Creo que el nuevo bebé tendrá que esperar, no hay espacio suficiente en esta cama.
Bella lo fulminó con la mirada.
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- No sabía sobre las malditas cuarentenas. - le gruñó a Jared. - Es el infierno. Lo peor de todo es que luego volveré a los condones y los detesto.
- Ahora lo pensarás dos veces antes de ir embarazando a Bella. - se burló. - Yo no tendré más hijos.
- ¿Por el sexo?
- No todo es sexo idiota. Realmente creo que con dos niños es suficiente.
- Yo quiero una niña. - Edward le confesó. - Tenía la ilusión de que sería una niña esta vez, ya había soñado con tutus y muñecas.
- Que sueños tan extraños. - se burló Jared.
- Amo a mis hijos pero me quitan a Bella, los Masen somos territoriales. - comentó preocupado.
- Eso no lo dudo.
Lo último lo contestó Tanya que entraba en el taller con un Drake emocionado. El niño estiraba sus brazos para que Edward lo tomara.
Drake ya lucia sus dos primeros dientes y parecía que su sonrisa era de orgullo por ese logro. Se abrazó al cuello de su tío y le balbuceó.
- Pequeño bribón, ¿cómo amaneciste?- Drake rió divertido.
- La niñera llegará en unos minutos. - Tanya estaba usando un vestido despampanante para una sesión de fotos que tenía en Seattle.
- No te preocupes, haremos cosas de hombres mientras ella llega.
- Grandioso. Gracias Edward.
Tanya besó su mejilla y se despidió de Jared antes de irse.
- Hombre... debes decirle a Bella que tienes a Tanya viviendo aquí. - Jared le susurró con preocupación.
- Es temporal...
- El departamento fue donde criaron a Ethan cuando era un bebé, creo que Bella se sentirá incómoda al saber que tu ex novia tiene a su hijo ahí.
- No lo va a entender.
- Por supuesto que no.
- Tanya no va a tardar mucho en estabilizarse, le va bien con el modelaje.
- Dile a Bella antes que se desate un guerra.
El cobrizo le hizo cosquillas al pequeño Drake que feliz soltó carcajadas.
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- Al fin llegas. - se quejó Bella, se le veía alterada y seguía en pijama. - Necesito una maldita ducha.
Ethan apareció de pronto para tirarse a sus brazos.
- Papi juguemos. - su cabello era un desastre y su playera tenía manchas marrones.
- Claro pero primero te dare un baño.
Un llanto se escuchó en la sala.
- Noah tambien lo necesita. - agotada se acerco a su hijo menor.
Edward desvistió a Ethan en la lavandería para colocar de una vez toda la ropa sucia a lavar, era muchísima.
- Noah necesita pañales grandes. - Ethan exagero la palabra grandes teatralmente.
- ¿Ayudaste a mamá?
Ethan alejó la mirada.
- ¿Ethan?
- Yo no sé cuidal bebés.
- Es tu hermanito, tu sabes jugar con Drake.
- Pelo Drake ya juega.
- Noah jugará pronto contigo.
Ethan frunció sus pequeños labios.
El llanto de Noah retumbó en el piso de arriba.
- ¿Pol que llora tanto? - gruñó Ethan parecía irritado.
- Porque su hermano no juega con él.
El niño abrió sus ojos preocupado. Edward empezaba a frustrarse por el sonido del llanto que no se calmaba. Apuró a Ethan y ya desnudo lo llevó hacía el baño. Bella ya se encontraba ahí con Noah que molesto lloraba por el toque del agua en su piel.
- Mamá. - Ethan se bajó de los brazos de Edward y se acercó.
- Un momento cariño.
Ethan decayó visiblemente.
- Entra a la bañera campeón. Es hora de tu baño.
Ethan entró al agua ya lista para él con un par de juguetes. Noah estaba en una bañera para bebés muy cerca a él. Edward se ocupó del niño que curioso observaba la incomodidad de su hermano menor que parecía ser torturado en vez de ser bañado con tanto cuidado como lo estaba siendo. El mismo reviso su bañera y notó que no tenía juguetes, por lo que sorprendiendo a todos se levantó para darle a su hermano menor su carrito.
- Juega Noah. - le índico al recien nacido que también se sorprendió por el repentino impacto del juguete.
Ethan a su corta edad fue algo torpe y pudo lastimar al bebé pero sus padres no mencionaron nada al ver el acto de desprendimiento del niño.
- Te amo cariño. - Bella besó su mejilla húmeda con emoción. - Eres el mejor hermano mayor.
Ethan sonrió orgulloso y algo sonrojado.
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Bella salió de la ducha agotada. Edward desvió su atención en la televisión hacia ella inmediatamente, Noah dormía tranquilo en la cuna.
- Aun no bajo los kilos del embarazo. - se quejó molesta acercándose al armario para colocarse su pijama.
- Para mi estas maravillosa. - Bella sonrió burlona.
- No habrá sexo esta noche. - Edward se apegó a ella apenas tocó las sábanas.
- Oh vamos... - besó su hombro. - El pequeño tirano esta dormido, dame algo de cariño.
- Ed... - su novio le bajó los pantalones antes de que pudiera llegar a protestar.
- Estoy cansada cariño. - acarició su mejilla.
- Déjamelo a mi. - apurado se bajó el bóxer sólo lo necesario para liberar su verga.
- No Edward. - se quejó cuando quiso tocarla íntimamente. - Aun no estoy lista.
- Bells... - enterró su rostro en su cuello.
- Solo es un mes. - insistió ella empujándolo suavemente.
Edward se alejó suspirando.
- ¿Qué tal estuvo tu día en el trabajo?
- Aburrido. - jugueteo distraído con el dobladillo de su pantalón cuando ella se lo subió.
- Extraño verte trabajando, era entretenido verte en acción. - besó su barbilla.
- Puedes visitarme. - de pronto recordó claramente que no debía haber dicho eso.
- Con Noah por el momento no será posible. - suspiró abrazando su pecho. - Hace demasiado frío en Forks.
Edward meditó cómo decirle que tenía a Tanya viviendo en el departamento del taller. Era muy difícil de confesar tremendo detalle.
- Mamá. - Ethan apareció sollozante.
Bella dejó su cuerpo para abrirle los brazos al pequeño.
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- Papá. - Drake agitó su sonaja para llamar su atención.
- Bonita sonaja nueva. - Lo alabó agitando sus cabellos rubios.
Balbuceos felices fueron la respuesta.
- Quiero otro. - Ethan pidió levantando paleta de helado.
- Es suficiente por ahora, debes comer en casa.
El cobrizo gruñó molesto a lo que Drake empezo a reir.
- Dos niños pequeños a tu cuidado y aún así puedes concentrarte en el motor de la señora Green. - Tanya lo alabó entrando al taller, vestía un traje carísimo que le entallaba perfectamente.
- Es un gran talento. - aceptó divertido.
Drake se emocionó al ver a su madre.
- ¿Cómo estas pequeño? - lo abrazo contra su pecho. - Hola Ethan. - saludó al pequeño que la miraba impresionado.
- ¿Eres una princesa? - preguntó con inocencia.
- Oh no cariño. - besó su mejilla. - Pero gracias.
Ethan se sonrojó y tiró de su camiseta en un gesto nervioso.
- Llevaré a este pequeño a comer, ¿quieres venir Ethan?
- Si. - contestó rápido apegándose a ella.
- Estaremos arriba Ed.
Edward le agradeció y volvió a su trabajo. Estuvo concentrado casi toda la mañana en ello cuando de pronto sintió unos brazos en su cintura.
- Te ves tan sexy cuando trabajas.
Edward sonrió de inmediato al escucharla.
- No tanto como tú cada mañana al hacer panqueques de desayuno.
Giró entre sus brazos.
- Eso no es sexy.
- Claro que si. Me encanta verte bailar mientras bates es casi un show de desnudos.
Bella rió al escucharlo y lo recompensó con un beso.
- Extrañaba estar a solas contigo.
- No lo estamos. Tus ayudantes estan mirando hacia aquí.
Edward registró su entorno comprobando sus palabras.
- Vamos a mi oficina. - se limpió las manos con mucho ahínco mientras Bella subía las escaleras dándole una vista impresionante de su trasero.
- ¿Dónde esta Ethan?
Fue la primera pregunta que recibió cuando cerró la puerta. Se quitó el mameluco y lo colocó en el perchero antes de contestar.
- Esta en el departamento, Drake está aquí... - Bella cambió de gesto. - Tanya ya llegó de su trabajo así que se ofreció a cuidar a Ethan hasta que yo acabe.
Bella suspiró, estaba disconforme.
- Bueno al menos te devuelve el favor.
Edward sonrió al ver su rostro celoso.
- Que hermosa te pones cuando estas celosa. - se acercó peligrosamente hasta tenerla contra la pared.
- No me has preguntado por tu hijo.
- ¿Dónde dejaste al dictador?
- Es sólo un bebé, no le digas así. - se quejó con un puchero besando sus labios para evitar que estos bajaran a su cuello.
- Es un pequeño que sabe lo que quiere.
- Se parece a ti. - ella gimió cuando él la levantó para colocarse entre sus piernas. - La cuarentena aún continúa.
Edward la ignoró y se restregó contra ella.
- ¿Donde esta? - se burló por su des concentración.
- Beth llegó por el fin de semana. Elena y ella lo han raptado, pero parecía muy cómodo con ellas creo que estará bien.
- Es extraño. - Edward la llevó al sofá donde la recostó. - Ese pequeño sólo está cómodo contigo, a mi no me tolera mucho tiempo.
- Tiene una pocas semanas, para él todo es nuevo incluido su papá. - le recordó.
- Puede ser. - se desató el pantalón para liberarse de la prisión que era su bóxer.
- Ed... - Bella quiso alejarse en ese momento.
- Una vez. - le pidió tirando de sus pantalones dejándola parcialmente desnuda.
- Vine a pasar la mañana contigo cariño.- Tomó su verga cuando quiso ubicarla - No podemos.
Ed se hizo macilla en sus manos cuando lo tomó. Ambos observaron entre sus cuerpos, él no iba a durar ya que sus pelotas estaban pesadas y su verga demasiado inflamada.
- Demasiado tiempo... - susurró en gemidos embistiendo sus mano. - Sólo apretame. - insistió ahora besando su cuello. - Asi... no pares.
Edward se ubicó entre sus piernas logrando que su punta rozara su coño cuando terminaba de bombear su mano.
- Ed... - gimió cuando lo sintió la primera vez.
- Déjame venirme adentro. - le suplicó ahora ya besando sus pechos.
- No, no, no. - ella empezo a negarse cuando sus embestidas eran tan fuertes que su mano saldría lastimada.
- Por favor. - insistió acelerando. - Haré un desastre.
- No. - ella empezó a gemir por los roces.
- Sólo esta vez. - insistió con más ímpetu y ubicando su mano a la altura de su centro.
- No podemos. - insistió ella flaqueando al sentirlo.
- Te recompensaré. - en ese momento embistió tan fuerte que terminó liberándose de su mano y la penetro finalmente.
Al sentir su interior no pudo evitar gruñir extasiado y sólo necesito dos poderosas embestidas para venirse. Bella tenía el rostro contraído por el golpe que sintio al recibirlo luego todo ese tiempo, su corrida cayó en chorros pesados que ella pudo detectar por la sensibilidad de su interior. Las embestidas cortas que él siguió dándole sirvieron para terminar de empaparla de su calor.
- ¿Estas bien? - le preguntó preocupado pero aún enchufado a ella.
- Me quemas. - admitió mirando la union entre ellos.
- Dame un minuto. - le rogó su novio empezando a salir de ella. Al final la reviso notando las heridas que aún tenía por el parto. - Lo siento, soy un bruto.
Ella no pudo sentarse por el dolor.
- Me duele un poco. - admitió contrayendo el rostro.
- ¿Cómo te puedo ayudar? - caminó en busca del botiquín.
- Ya esta pasando. - se quedó con las piernas abiertas esperando el alivio necesitado.
- Perdón. No pude pensar con claridad. - admitió él tironeando sus cabellos.
- Tranquilo, yo sabía que venir a verte ponía en peligro mi cuarentena. - tiró de su mano. - Échate junto a mi.
Edward suspiró pero la obedeció. Desnudo aún la abrazó en el espacio reducido que era ese sofá.
- Te extrañaba demasiado. - insistió el llenándola de besos.
- Y yo a ti. - ella le correspondió y acarició sus mejillas con amor. - Ahora baja esa calentura. - apuntó a su verga que se empezaba a inflar. - Que quiero ir a ver como es Tanya de niñera.
Su verga se escondió de inmediato. Su vida nunca había estado en tanto peligro como en ese momento.
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