Lanzó con violencia su mochila sin importarle donde esta caía para luego cerrar la puerta de su habitación. Encerrado al fin se aferró a su almohada para dar un grito lleno de ira y puñetazos en la cama.
- Soy un idiota. - admitió con rabia.
¿Por qué a él? ¿Por qué demonios tenía que ser la vida así con él?
Se levantó de su cama para dar vueltas en círculos tratando de tranquilizarse pero su teléfono sonó. El sonido característico le indicó quién era la persona que llamaba.
Quiso contestar, por supuesto que si. Moría por escuchar su voz y eso lo hacía aún más patético. Las llamadas se repitieron hasta que con rabia y poco control contestó.
- ¿Si?
- Hey... - la voz nerviosa se sorprendió. - ¿Vendrás a ver una película hoy, verdad?
- No creo que pueda. Mamá me castigó. - mintió pero sonó muy creíble. Eso si era nuevo en él.
- Oh, puedo llamarla y decirle. - ofreció de inmediato. Sabía de su poder y no era la primera vez que lograba convencerla. Después de todo era prácticamente su tía.
- No lo hagas Emma. - su voz fue seria dejándola impresionada por un segundo. Él siempre cedía cuando se trataba de ella.
- Noah...
- Me esta llamando mamá, hablamos mañana. - mintió otra vez.
Colgó y luego lanzó el teléfono lejos de él.
Nunca imagino que tener el corazón roto era un dolor tan desesperante.
Con un suspiro recogió el estupido oso de peluche que había estado dentro de su mochila antes de que la lanzara. Lo había comprado para ella, sabía que ella lo amaría cuando lo viera y secretamente deseó que lo ayudará cuando confesara sus sentimientos. Claro que esto no fue así.
- Estupido oso. No ayudaste en nada. - con rabia lo lanzó detrás de él sin darle importancia a donde caía.
Miro por la ventana. Ahí estaba el culpable de su desgracia.
Ethan sonreía mientras le contaba algo a su padre, ambos llevaban meses trabajando en la construcción de un auto. Ethan con sus dieciséis años recién cumplidos era el sueño de al menos la mitad de las chicas del pueblo, con sus cabellos cobrizos alborotados y ojos verdes intensos era catalogado como el más atractivo de la zona, además de tener un cuerpo atlético por el trabajo con su padre y ser el capitán del equipo de baloncesto, para variar todo un cliché pueblerino.
Noah desde su ventana observó el cuerpo musculoso de su hermano sintiendo rabia. Se quitó su polera y se observó en el espejo; era flaco y sin gracia. Lo único similar que tenían eran los ojos que habían heredado de su padre, luego nada más. Tenían rasgos muy distintos al igual que sus formas de ser. No parecían hermanos, en la escuela cuando escuchaban su apellido le preguntaban si era primo de Ethan al igual que Drake que iba en un año mayor que Noah, su primo empezaba a amasar otra importante cantidad de admiradoras con sus casi quince años. Noah observó en el espejo con detenimiento su cabello castaño que antes era su orgullo ya que su madre siempre alabó lo fácil que era de peinar pero en ese momento para él era aburrido y sin gracia. Los cabellos alborotados de los Masen tanto cobrizos como rubios no habían sido incluidos en su paquete genético.
- ¡Noah te estoy llamando! - su madre interrumpió en su habitación provocándole un grito.
El muchacho tomó su polera y se la colocó acelerado.
- ¡Mamá!
Bella levantó las manos aceptando la culpa.
- Perdón, ya sé que debo tocar pero te estoy llamando desde que lanzaste la puerta. - le reclamó.
- Ya bajaré mamá. - le aseguró molesto colocándose la polera de nuevo. - ¿Qué sucede?
Bella se acercó a su hijo para acariciar su mejilla.
- No crezcas más. - le pidió. Ya Noah se encontraba más alto que ella por un par de centímetros.
El corazón tormentoso del muchacho se apaciguó al sentir la caricia.
- Empezaré a hacer pesas para quedarme pequeño como tú. - le bromeó. Bella sonrió antes de abrazar a su hijo.
- Te amo cariño. - le aseguró. - Pero no vuelvas a lanzar puertas en mi casa.
Le advirtió separándose.
Noah hizo una mueca.
- Vamos a comer.
Bajaron juntos las escaleras para llegar al comedor. En el camino miles de fotos adornaban las paredes al pasar no pudo evitar tener una idea.
- ¿Mamá puedo ir a casa de la abuela Renne este verano? - preguntó observando una foto de su niñez en la playa de Miami. Sonreía en la orilla después de lograr pararse en la tabla de surf por primera vez.
Bella se sorprendió por su pedido.
- ¿Quieres ir con nosotros? ¿No irás al campamento de béisbol este año?
- No quiero. - le aseguró encogiéndose de hombros.
- Has ido desde que tienes ocho años.
- Extraño la playa. - le aseguró. - Además extraño a la abuela.
- Esta bien cariño, puedes venir si así lo deseas.
Los platos ya estaban en la mesa y una persona ya estaba ahí esperando para comer.
- Mamá sólo yo te hago caso a la primera. - esa vocecita de campanitas le provocó risas.
- Eres la enana de la casa, nos debes obediencia a todos. - se burló alborotando sus cabellos.
- ¡Noah! - se quejó molesta.
Su hermanita se alejó de su mano molesta.
Bella se acercó a la niña para acomodar sus colitas.
- No molestes a tu hermana Noah.
La niña se quedó con un puchero en los labios molesta por el comportamiento de su hermano.
- Perdón Mia. - Noah la besó rápidamente en la mejilla. - Despeinada también eres bonita.
Su semblante volvió a cambiar a uno risueño.
- Eres un niño tan dulce. - Bella lo alabó besando su mejilla. - Algún día tendrás una esposa con mucha suerte a tu lado.
Noah le dio una pequeña sonrisa mientras se acercaba a una silla para sentarse.
Pero un huracán entró.
- Quítate enano. - Ethan lo empujó provocando que termine en la siguiente silla.
- ¡Tarado! - Lo empujó molesto.
- Es mi silla. - se encogió de hombros muy seguro de si.
Noah iba a reclamar cuando su padre entró en la habitación robando la atención.
- ¡Papi! - su hermana saltó a sus brazos apenas apareció.
- Mi princesa. - la lanzó a los aires.
- Acabas de recogerla de la escuela, no entiendo tanto entusiasmo. - se burló Ethan.
- Lo extrañe. - se quejó la niña abrazando su cuello.
Ethan puso los ojos en blanco y golpeó con su codo a su hermano.
- Una bebé de papá, ¿no? - se burló queriendo reir con su hermano pero este sólo se alejó de su codo molesto. - ¿Qué te pasa enano?
- Nada.
- ¡No soy un bebé! - se quejó la niña al ser bajada por su padre.
- Es hora de comer. - Bella atrajo su atención. - No más gritos.
Edward se acercó a ella para darle un beso en la mejilla.
- A ti también te extrañe.
Su esposa sonrió.
- Sin besos. - rogó Noah desde su asiento.
- Oh no. Eso no me lo quitarás. - Edward le robó un beso malicioso a su mujer provocando sonidos de asco en sus hijos.
Sus padres se sentaron a comer entre risas.
Ethan empezó a hablar rápidamente llamando la atención de la mesa. Hablaba de su próximo partido y lo emocionado que estaba, también mencionó un tatuaje que le gustaría hacerse con su equipo cosa que fue prohibida automáticamente.
- ¡Oh vamos!
- Es un no. - concluyó su padre con simpleza. - Nada de tatuajes.
Noah a su lado sonrió ligeramente, era bueno cuando le negaban algo a la super estrella de la casa.
- De que te ríes enano. - su hermano lo empujó con torpeza. - Supe que te vieron con un oso de peluche en la escuela... - se burló mientras su hermano palidecía. - ¿Quién fue la desdichada?
La cara de Noah jamás se había visto en peor estado tanto que incluso su padre fue a su rescate.
- Ethan termina tu comida, necesitamos ver tu auto ya que mañana no podremos. - Lo apuró.
- Oh es verdad. ¡Mañana es la final! - recordó entusiasmado.
Noah dejó de respirar. No podía ser cierto. Era el tercer sábado de Junio, había esperado por ese día meses.
- ¿La final? - preguntó Bella. - Eso significa que mi hija y yo pasaremos el día con Rose.
- ¡Día de spa! - La niña estaba entusiasmada.
- Tía Rose ya debe haber separado el día para ustedes. ¿Emma no te dijo nada? - la pregunta de Ethan provocó que Noah se estremeciera.
- Papá... mañana es la firma de autógrafos de Jason Maxwell. Me prometiste que me llevarías. - el susurró de Noah provocó que el silencio se instaurara en la mesa.
Hasta que Ethan intervino acelerado.
- No puedes papá, tio Jared dijo que haríamos una barbacoa y Drake traerá su pelota de baloncesto nueva. - le recordó. - ¡Es la final!
Edward observó a sus dos hijos que lo miraban expectantes.
- ¿A qué hora es la firma de autógrafos? - preguntó ocultando su preocupación.
- A las diez de la mañana.
- La final es a las doce, no habrá problema. - aseguró aliviado.
- Es en Seattle papá.
Silencio de nuevo.
Su mirada buscó la de su esposa que lo observaba expectante.
- No puedo llevarlo yo Edward, Rosalie ya debe haber separado cupos en el spa para nosotras. - ella respiró hondo. - Tú se lo prometiste.
Gran ayuda. Quiso gemir Edward.
- Papá. - Ethan presionó. - Siempre vemos la final juntos. Los tres. - agregó mirando a su hermano acusadoramente.
- No la veré. - agregó Noah rebelándose, no cedería como siempre lo hacía. - Papá me lo prometió.
El cobrizo se detuvo unos segundos a pensar.
- Podemos llegar algo tarde a la firma de...
- Sólo se quedará un par de horas. Y debemos estar ahí horas antes si quiero una fotografía también.
- ¡Maxwell no es tan bueno! - agregó Ethan acelerado.
- ¡Es el mejor!
Los hermanos discutieron en ese instante.
- ¡Papá! Stewart llegará en dos semanas a Seattle, llévalo en esa fecha. - le indicó Ethan. - Mañana veamos la final como siempre hemos hecho.
- ¡No quiero la de Stewart! - insistió Noah.
- Hijo Maxwell puede volver en otra fecha... Stewart tiene más trayectoria.
- ¡No! - gritó levantándose de su silla al ver las intenciones de su padre. - ¡Quiero la de Maxwell! ¡Lo prometiste!
- No grites. - la voz seria de su padre solía paralizarlo pero en ese momento no tuvo miedo. - Siéntate de nuevo y come. Iremos a la Stewart.
- Eres un mentiroso. - lo acusó. En otro momento cedería pero él lo había prometido.
- ¡Noah! - Edward estaba perdiendo la paciencia.
Ethan a su lado quiso retener a su hermano pero este empujó su brazo.
- ¡No me toques imbecil! - su insulto sonó potente.
- ¡Estas castigado! - Edward gritó ya molesto con su hijo. - ¡Ve a tu habitación ahora!
El castaño lleno de rabia salió del lugar y subió a su habitación.
Odiaba su vida.
Luego de volver a golpear con rabia sus almohadas observó el peluche que como burlándose de él lo observaba desde la esquina de habitación.
- Maldito oso. - gruñó. - Ethan volvió a ganar.
Su hermano era el favorito tanto en casa como fuera de ella. Emma se lo había demostrado horas antes cuando había rechazado sus sentimientos alegando sentirse atraída por Ethan.
La decepción y la pena que lo invadió provocó que se refugiara en la música, tenía una vieja guitarra que encontró mientras revisaba el almacén que había en el taller de mecánica. Drake y él buscaban cosas viejas de sus padres cuando la encontró, supusieron que era del abuelo Anthony así que el muchacho se la quedó. Desde entonces y gracias al curso de música de la escuela empezó a tocarla poco a poco, en ese momento ya podía escuchar canciones y detectar las notas para tocarlas después en su guitarra.
Se colocó sus audífonos y empezó a escribir las notas que escuchaba en su cuaderno. Estaba tan concentrado que no escucho que entraban a su habitación y que tomaban algo del piso.
- ¿Así que era Emma eh? - la voz burlona de su hermano entró directamente a sus oídos gracias a que tiró bruscamente de sus audífonos.
- ¡Dame eso! - gritó ofuscado Ethan había tomado la carta de amor que había escrito para Emma. Esta había caído cuando lanzó su mochila esa tarde.
Pisoteó su guitarra y audífonos mientras se acercaba a su hermano mayor con violencia.
- ¡Hey! - aprovechó su altura para apartar el papel de su hermano.
- ¡Dámelo! - gritó Noah molesto, con rabia empujó a su hermano provocando que este se golpee contra la puerta y por rebote termine dándole un codazo en la boca.
- ¡Demonios! - Ethan asustado vio la sangre la boca de Noah.
- ¡¿Qué esta sucediendo?! - la voz autoritaria de su madre puso tenso al mayor. - ¡Noah!
El muchacho quiso alejarse de las manos de su madre y camino al baño solo para limpiarse.
- ¡¿Qué sucedió?! - exigió ella gritándole a su hijo mayor.
- Ehm yo... - nervioso como estaba no sabía que decir, jamás había lastimado a su hermano menor.
Edward llegó en ese momento.
- ¿Ethan? ¿Qué pasó? - su hijo boqueó.
- Fue un accidente. - le aseguró.
Edward observó el entorno. La mochila de Noah estaba tirada y su contenido también, se acercó a recoger la guitarra que había sido perforada por el peso de Noah y los audífonos que habían sido arrancados por Ethan.
- ¿Pelearon? - jamás había visto a sus hijos pelear y la sensación de saber que era una probabilidad lo lastimaba.
- No. - aseguró nervioso Ethan.
Bella estaba ya en el baño con Noah, tratando de curar su labio pero el muchacho quería hacerlo solo.
- Noah. - llamó Edward entrando. - ¿Qué pasó?
Noah escupió sangre en el lava manos con rabia.
- Nada. - contestó.
- ¿Tu hermano te golpeó?
Silencio.
- Noah. - insistió molesto.
- ¿Crees que tu hijo me golpearía?
Edward lo miró tenso. No, no creía que Ethan fuera capaz de golpear a Noah.
- Eso creí. - escupió de nuevo mirando a su padre a través del espejo.
- Edward era la habitación de Noah. Ethan no tenía porque estar ahí sin ser invitado. - reclamó Bella con voz seria.
- Si pelearon es culpa de ambos. - le recordó.
Noah lleno de rabia al ver que también seria culpado salió del baño.
- Noah...
Su habitación ya estaba vacía. Ethan no estaba. Cerró su habitación y colocó el seguro para no ser molestado. Ocultó su cabeza entre las almohadas mientras escuchaba los murmullos de la discusión que sus padres estaban teniendo en el pasillo.
Quiso olvidarse de su entorno y lo miserable que se sentía pero aún así perturbaban su tranquilidad. Debía irse lejos de esa casa si quería algo de tranquilidad, fue en ese momento que lo decidió.
Tomó su mochila y la llenó con su bate y guante de béisbol, puso dinero que tenía ahorrado en uno de los bolsillos y se colocó su chaqueta.
Lo haría. Estaba cansado de depender de las decisiones de sus padres y sobre todo de tener que soportar su preferencia por Ethan. Él podía lograr lo que quería solo, ya no era un niño.
Un suave toque en su puerta se escuchó minutos más tarde.
- Cariño. - era su madre. - Emma me llamó. - claro que ella llamaría, no sabía aceptar un no como respuesta. - Ella me dijo sobre la película que querían ver en su casa. Puedes ir cariño, he hablado con tu papá y tu castigo empieza mañana.
Noah no contestó.
- Hey... no quiero verte así. Diviértete con Emma y hablaremos después.
El muchacho ajustó su mochila en su espalda y amarró sus zapatillas favoritas. Necesito unos minutos en su teléfono para encontrar los horarios de autobus que lo llevarían a Seattle esa noche.
Reunió valor mirando su reflejo en el espejo antes de salir, ya no era un niño.
Sus padres estaban en la sala conversando entre murmullos.
- Es lo correcto. - susurraba su madre besando el cuello de su esposo. - Esta creciendo.
- Lo sé. - su padre suspiró cansado.
Cuando apareció en el campo de visión de su padre quiso fingir no verlo.
- Hey... - Lo llamó. - ¿A dónde vas?
- Oh. - Bella se alejó del cuerpo de su esposo. - Irá a ver a Emma, te lo dije hace unos minutos.
- Oh si. - recordó empezando a levantarse. - Te llevaré.
- No es necesario, puedo caminar unas cuadras.
- Es tarde cariño. - Bella refutó preocupada.
- Tengo casi catorce mamá, puedo caminar solo por cinco minutos.
Edward dudo mirando a su mujer.
- No soy un niño. - insistió empezando a molestarse.
- Bien, ve. - gruñó Edward sentándose. - Si eres tan grande espero que calcules tu tiempo fuera y vuelvas a tiempo solo.
- ¡Edward! - Bella se quejó. Ambos hombres eran sulfurosos.
- Lo haré. - aseguró pero mentía.
Salió de la casa antes que cambien de idea. Caminó solo por las calles de Forks con un objetivo en mente, iba a ver a Maxwell al día siguiente y nadie iba a impedírselo.
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- Cariño. - susurró Edward tomando el hombro de su mujer. - No estes molesta.
- Ve la hora que es. Sabes que Noah pierde la noción del tiempo con facilidad, tal vez Jared este dormido y no pueda traerlo a casa. Miles de cosas pueden pasar a esta hora.
- Quiere demostrar que creció, confiemos que volverá solo y a tiempo.
- Ya se pasó de la hora. - se quejo. - No dormiré si mi hijo no esta aquí.
- Es media noche y es viernes, es normal en ellos. - Edward revisó su teléfono y luego la mala cara de su esposa. - Esta bien. Llamaré a Jared para que apure a Noah o sino iré por él.
Ethan y Mia estaban ya dormidos en sus habitaciones, habían sido extremadamente silenciosos esa noche.
- ¿Qué sucede idiota? ¿Viste la hora que es? - bromeó su amigo al contestar, su voz somnolienta lo alerto.
- ¿Estabas dormido? - se levantó de inmediato a buscar su pantalón.
- ¡Claro! Es media noche.
- Iré por Noah entonces.
- ¿Noah?
- Noah fue a ver una película con Emma. - afirmó lentamente.
- ¿Qué? - confundido escuchó como su amigo se movía. - No ha venido. Emma esta dormida en su habitación Rosalie acaba de comprobarlo.
- Oh Demonios.
- ¿Edward? - Bella empezó a preguntar.
- ¿Estas seguro? Quizás se escondió o algo.
Jared le pidió que espere mientras caminaba por la casa para llegar a la habitación de Emma.
Escuchó la voz de Jared hablarle a su hija en susurros, ella negó que Noah hubiera pasado la tarde y la noche ahí.
- No estuvo aquí hermano. - le aseguró con pena.
- Iré a buscarlo.
Asustado terminó vestirse.
- ¿Qué pasa Edward? - asustada Bella ya estaba llorando.
- Nunca llegó a casa de Jared. No sé dónde esta Noah.
El caos empezó.
Ethan y Edward recorrieron a pie toda la cuadra, visitaron el taller y algunos amigos de Noah. No había rastro del niño. Jared junto a Emma fueron a la escuela y recorrieron algunas partes del bosque. La niña estaba devastada.
Bella también reviso cada rincón de la casa desesperada, creyendo que quizás en el ático o en el sótano encontraría a su hijo.
Fue la peor noche de sus vidas.
Noah por su parte no estaba pasando un buen momento, creyó que podría rentar una habitación en un hotel pero el ser menor de edad le jugó una mala pasada así que paseaba por las tiendas del centro comercial hasta que a media noche se escondió en la zona de recreación donde tenían sofás masajeadores. Espero que la gente de seguridad cerrara el lugar para subir a uno e intentar dormir, era difícil ya que el remordimiento lo atormentaba. Estaba seguro que a esa hora ya habrían notado su desaparición y posiblemente su madre estaba buscándolo. Tomó su teléfono viendo como la batería había acabado, su decisión fue tan repentina que no lo había hecho cargar antes de salir. Al día siguiente intentaría llamar a sus padres pero sabía que irían por él y todo el esfuerzo que hizo sería en vano, se prometió hacerlo apenas tuviera el autógrafo.
- Edward tienes que encontrar a mi hijo. - sollozaba Bella al teléfono.
- Eso intento cariño. No sé dónde más buscar. - admitió desesperado.
- Es un niño. - lloró ella.
Ya estaba amaneciendo. No había dormido nada. Nadie en la familia lo había hecho. Ethan caminaba como sonámbulo las calles de Forks mientras Jared acompañaba a Emma por la ribera del río buscando alguna pista.
Al parecer nadie tenía una idea de dónde podría haber ido porque siempre fue un niño sereno y nunca daba problemas. Lo doloroso era saber que nadie lo conocía lo suficiente para saber que sería capaz de escaparse. El mayor dolor de la familia era pensar que quizás alguien más lo tenía.
- ¿Escapaste verdad? - sollozó Edward tomando la foto de su hijo. - ¿Dónde estas? ¿A dónde irías?
En la foto aparecía Noah sonriendo triunfante luego de haber participado en un juego de béisbol representando a su escuela. Una corazonada se apoderó de él.
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Noah había dormido mal por la preocupación de que el guardian lo notara. Cuando los primeros rayos del sol aparecieron supo que debía esconderse en otro lugar. Cansado camino por los pasillos hasta encontrar un rincón cerca a los baños para poder descansar unos minutos más antes de empezar a formar la cola para conseguir el autógrafo y si tenía suerte también una fotografía.
Tenía hambre, deseaba con desesperación un poco de comida pero era peligroso caminar por los pasillos podía ser visto. Las horas pasaron, los empleados del lugar empezaban a llegar y esconderse no estaba siendo tan fácil. El local abría a las nueve así que tenía que esconderse dos horas más.
Se escondió cerca al lugar donde Maxwell daría autógrafos así desde su posición observaba como armaban la decoración para recibirlo. Un hombre estaba ahí vigilando todo el trabajo y dando órdenes sin parar. Había algo en él que le resultaba familiar.
- Señor Masen tiene dos fechas programadas. - un hombre también de traje se acercó a hablarle.
Escuchar su apellido hizo que los ojos de Noah se abrieran impresionados. Pero claro que sabía quién era.
Edward llego al centro comercial donde Maxwell se presentaría y se le cortó la respiración al verlo cerrado aún. Su corazón y cabeza iba a estallar de dolor.
Era su culpa. No debió discutir con hijo, amaba a Noah y lastimarlo por su deseo egoísta de ver un partido había sido lo peor que había hecho en su vida. Si Noah no aparecía...
Su lamento se unió a sus lágrimas.
El centro comercial abrió sus puertas una hora después así que tomó valor para enfrentarse a la realidad. Si Noah no estaba ahí iba a enloquecer. No fue el primer cliente en entrar ya que había una fila de niños y jóvenes listos para entrar también. Los siguió por los pasillos hasta que a lo lejos divisó decoraciones deportivas y la gigantografia de Maxwell. No pudo evitar correr para ser el primero en llegar.
Sus pasos lo acercaban al sitio aún vacío sin la presencia del deportista pero con empleados del evento terminando de arreglar todo.
Algo extraño llamó su atención. Un niño subía los peldaños para sentarse donde Maxwell dentro de unos minutos estaría. Su respiración se cortó al ver quién era.
- ¡Noah! - gritó alterando a todos.
Noah salto en su sitio asustado pero una mano lo retuvo ahí. Edward subio la mirada para encontrar una azul que llevaba muchos años sin ver.
Caminó los metros que los separaban alterado.
- Papá. - el muchacho asustado se encogió en su lugar al parecer esperaba un golpe apesar de jamás haber sido golpeado antes.
Pero Edward lo tomó en brazos con facilidad y lo abrazó ignorando su asombro.
- Hijo. ¿Dónde has estado? - no pudo evitar sollozar asustado al tenerlo entre sus brazos.
Noah se tensó al escucharlo.
- Yo vine solo a Seattle. - confesó impresionado. - Quería la firma de Maxwell.
Edward lo separó de su cuerpo para mirarlo a los ojos. Con el susto pasando la molestia empezaba a crecer, iba a darle el sermón de su vida.
- Edward, tienes que hacer la cola. - la voz gruesa junto a él hizo que levante la mirada.
Su hijo lo observaba espectante.
- Nos vamos a casa ahora.
- ¡No! - se negó asustado. - Papá por favor. Maxwelll llegará en cualquier momento.
- Tu madre esta destrozada y toda la familia asustada por ti. ¡No te premiaré por lo que hiciste!
- Papá por favor. - lloró.
- No Noah. Te excediste. Nunca estuve más decepcionado de ti.
El muchacho paró su llanto. Limpio sus lágrimas y se sacudió de los brazos asfixiantes de su padre.
- Edward. - intervino por primera vez Garrett. - Podrás destruirlo en tu casa, aquí no es lugar. Deja que consiga su autógrafo, lucho por él.
- No te metas Garrett. - gruñó. - Tú no sabes lo que es criar un hijo.
Su hermano lo observó molesto, había sido un golpe bajo.
-No lo sé. - aceptó. - Pero sé como se siente que tu padre joda tus sueños. Deja que obtenga lo que quiere y luego verá si valió la pena, esa lección debe aprenderla solo.
Edward observo a su hijo que dolido no le devolvía la mirada. Recordó a su propio padre siempre discutiendo con Garret, siempre quitándole cosas o castigándolo. Su hermano siempre lleno de ira destruía todo a su alrededor luego de cada discusión. Fue ahí donde recordó la habitación de Noah, con su guitarra rota y audífonos destruidos, esos eran sus bienes más preciados y no dudo en hacerlos añicos. No quería que su hijo creciera como Garrett, odiando a su padre y alejándose de todos.
- Vamos Noah.
Se alejó del estrado tirando de Noah hacía la cola, eran los primeros. El muchacho suspiró aliviado.
Edward tomó su teléfono y se lo entregó.
- Llama a tu madre ahora.
Noah tecleó algo asustado.
- Hola mami... - su voz había decaído ya que era probable que estuviera afectado por el llanto de su madre. - Si, papá me encontró. Estoy en Seattle, vine por el autógrafo de Maxwell. - el muchacho se quedó en silencio seguramente escuchando la reprimenda de su madre. - Perdón... lo sé. No me ha dicho nada aún. Si comí, me encontré con mi tío Garrett y me llevó a desayunar. Me prometió que conoceré a Maxwell, ¡es genial!
Sintió como Noah lo observaba buscando una reacción de su parte.
- ¿Mamá? - preguntó al no escuchar una respuesta. - Eh si, esta bien. Te amo.
Edward recibio el teléfono sin darle una mirada al muchacho.
- Hola cariño. - saludó cansado.
- Ed... lo castigáremos hasta el fin de sus días. - ella seguía llorosa pero ya estaba más tranquila. - ¿Garrett está ahí?
- Si. - admitió con un suspiro.
- ¿Hablaron?
- No realmente.
- Oh. Cariño vuelvan pronto. Necesito verlos.
- Tendrá su autógrafo y regresaremos.
Colgó después de eso. En silencio esperó junto a su hijo en cola. Noah jugueteaba con los cordones de su chaqueta y pasaba constantemente una mano por su cabello, tic nervioso heredado, lucía ansioso mientras esperaba.
- Papá. - lo llamó. - ¿Todos saben que me fui?
- Así es. - aceptó aún molesto.
- ¿Incluso Emma? - preguntó nervioso.
- Si. Ayer recorrió el bosque con Jared buscándote. Le debes disculpas a mucha gente.
- Oh. - suspiró el muchacho. - ¿Puedo llamarla?
Edward le dio su teléfono.
- Gracias. - pero no le devolvió la mirada a su hijo. - Oh hola Emma.
Noah escuchó atento sus palabras, no interrumpió. Emma podía hablar sin parar horas y Noah escucharía atento cada segundo. Siempre había sido así.
- Estoy en Seattle. - le contó. - Con mi papá. - escuchó un largo rato de nuevo. - No Emma, eso no importa. No fue tu culpa.
Edward podia notar lo difícil que se le estaba haciendo hablar con su mejor amiga, eso era algo extraño. Noah nunca había sido muy sociable pero con Emma siempre era el mismo.
- Esta bien. No Em. - se quejó, estaba perdiendo la paciencia. - Ya no quiero eso. En serio ya no pienso así. No fue tu culpa, basta. - suspiró al escucharla. - No Emma, ya no.
No pasó mucho tiempo antes que Noah colgara y le entregara el teléfono.
- Toma.
- ¿Todo bien? - preguntó inevitablemente.
- Si. Emma siendo Emma trato de solucionar todo sacrificándose. Las mujeres son complicadas.
- Oh si lo son. - aseguró Edward. - Nunca las entenderás así que lo mejor es rendirte de una vez.
- Si, mejor es rendirte. - aceptó el niño concentrado en algo que su padre no entendía.
La siguiente hora esperaron en silencio. Noah estaba mucho más afectado para esa hora, miraba su reloj constantemente pero ya no había entusiasmo en su rostro.
Cuando Maxwell apareció Edward ayudó a su hijo a acomodar su ropa y sacar su bate de béisbol. Garrett se acercó en ese momento y se llevó a Noah donde Maxwell aún se acomodaba. Lo presento personalmente provocando que Noah casi temblara de la emoción. Edward observo todo desde la fila, tomó algunas fotos a lo lejos y se las envió a Bella. Un fotógrafo del evento se dedicó a capturar las instantáneas entre su hijo y Maxwell. El beisbolista le regaló no sólo su autógrafo sino también su camiseta y gorra. Noah estaba en el cielo y Edward no podía evitar sentirse feliz por su hijo.
Cuando bajó del estrado se acercó a su padre entusiasmado.
- ¡Lo autografió todo!
- Eso veo. - lo felicitó alborotando sus cabellos. - Vámonos.
- Esta bien sólo me despediré de mi tío Garrett. - aceptó el muchacho alegre.
Edward observó como su hijo pre adolescente corría a abrazar a su tío. Era verlo como un niño otra vez. Garrett se impresionó por la muestra de afecto pero no la rechazó, le dio pequeñas palmadas de aprecio a su sobrino.
Edward se acercó inevitablemente.
- Gracias. - le tendió la mano. - Nunca he visto tan feliz a mi hijo y fue gracias a ti.
- No hay problema. - aceptó dándole la mano.
- ¡Ven a Forks con nosotros! - pidió Noah entusiasmado. - ¡Hoy todos estan mirando el partido de baloncesto!
- Tengo que terminar de coordinar este evento. - se disculpó. - Maxwell debe grabar un anunció publicitario con la empresa de ropa deportiva que yo represento.
- ¿Puedes ir después? Estaremos haciendo una barbacoa y eso nos reune hasta que los niños caen dormidos. - lo invitó Edward
- Pero ya no somos niños y te esperaremos. Drake estara loco de entusiasmo.
El rostro de Garrett cambió al escuchar el nombre de su hijo.
- Será algo tarde... - su disculpa tenía un doble sentido.
- Nunca es demasiado tarde. - afirmó Edward alentándolo.
- Drake no dormirá si le dices que irás, te lo aseguro. - Noah estaba muy entusiasmado por la idea, su primo añoraba a su padre. Sabía que las llamadas por su cumpleaños y los costosos regalos que le llegaban cada vez que tenía buenas notas o era su cumpleaños jamás fueron suficiente. Drake ya cumpliría quince pero aún necesitaba a su padre.
- Bien. - aceptó Garrett con mucho esfuerzo. - Iré cuando termine todo aquí.
- Genial.
- Bueno te esperamos. - le tendió la mano. - No falles, sabes bien lo que se siente cuando tu padre jode tus sueños.
Garrett aguanto el golpe de sus palabras y asintió. Edward abrazó los hombros de su hijo mientras caminaban fuera del lugar. Dejando al hombre en un traje costoso echarle un vistaso a lo que la vida le había dado pero por miedo se había negado vivir.
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Aquí esta. La razón por la que comencé el fic. Yo escribí este episodio hace muchos años fue una historia que de pronto vino a mi mente como suelen llegar para adormecerme todas las noches y me gusto lo suficiente para escribirla. Estaba desde el punto de vista de Noah, siempre lo estuvo y siempre supe que él sería mi epílogo. Luego quise saber que paso antes de su nacimiento y sobre todo entender la relación entre su padre y tío. Así nació esta historia que espero les guste y siga gustando ya que es probable que suba capítulos esporádicos de como van en sus vidas ya que estos personajes de pronto me asaltan con nuevas aventuras.
Ya con la historia concluida lo único que les pido es un pensamiento positivo para mi ya que en unas horas me enfrentaré a un reto que me asusta bastante pero que es necesario para mi vida. Estoy muerta de miedo y sus buenas vibras serán de ayuda.
Sin más que decir que gracias infinitas por leerme por años y sobre todo demostrando su aprecio por mis historias con sus reviews. ¡Nos leemos pronto!
