Durante algún momento de su vida, Yuri Plisetsky se sintió fascinado por el mar y soñó con convertirse en oficial de la marina, justo como su querido abuelo Nikolai.
A pesar de que en ese entonces no era sino un chiquillo, en esa época se centraban sus mejores recuerdos: la primera vez que su abuelo lo llevó en un viaje en barco, pasar las noches en el puesto de vigía del mástil más alto viendo las estrellas y jugando a identificar constelaciones, aprendiendo sobre distintas rutas marítimas, dibujando en mapas, caminando por la playa buscando caracolas y nadando en el mar... Definitivamente, aquellos habían sido tiempos felices que lamentablemente terminaron demasiado rápido, y de una manera demasiado trágica.
El sonido de una caja cayendo frente a él y el penetrante olor a pescado lo devolvieron a la cruel y triste realidad y recordó que aún tenía trabajo. Refunfuñando y para evitar que el capataz lo reprendiera y redujeran su ya de por sí mísera paga otra vez, metió sus manos a la caja para analizar y clasificar su contenido en otros contenedores más pequeños.
Luego de la muerte de su abuelo y al no otro lugar a donde ir ni conseguir que creyeran su versión de lo sucedido, Yuri pasó por una serie de orfanatos donde los continuos maltratos y la miseria forjaron su carácter, pulieron su instinto de supervivencia y reforzaron su deseo de venganza.
Harto de todo aquello, escapó definitivamente esos espantosos sitios y se dedicó a vagar por las calles, a veces ocultándose exitosamente en barcos para viajar como polizón con la esperanza de estar un paso más cerca de vengarse, sin éxito.
Así estuvo durante un año, hasta que su continuo ir y venir eventualmente lo condujo a una importante ciudad con uno de los puertos más grandes y frecuentados, cede de una de las principales oficinas de la marina. No decidido a rendirse, Yuri se estableció ahí y logró conseguir trabajo en una pescadería. La paga era escasa y las condiciones laborales y de vida eran peores, pero valdría la pena si...
─ ¿Escucharon? Vieron a Nikiforov en el mercado esta mañana.
Por suerte, las exclamaciones de sorpresa y "shhhs" de sus compañeros ayudaron a que nadie notara que Yuri dejó caer unos de los pescados, acción que le habría valido una reprimenda. En lugar de levantarlo y seguir con su labor, se acercó discretamente para no perder detalle de la plática.
─ Se supone que no debemos hablar de eso aquí... ─ les recordó un chico de cabello café y expresión inocente, mirando alarmado a su alrededor─ Si el jefe o uno de los marinos nos oye, nos meteremos en problemas.
─ Descuida, Guang ─lo calmó el joven que habló en primer lugar ─ El jefe está ocupado. Es mediodía así que debe de estar ebrio como de costumbre.
─ Pero, Leo...
Por lo general, Yuri se mantenía alejado y pocas veces se relacionaba o conversaba con sus compañeros, otros chicos huérfanos como él, si bien optó por hacer una excepción dado el tema que abordaban. Sin embargo, justo en el instante que Leo se disponía a continuar con la charla, la puerta de la bodega se abrió, seguido por el sonido de pasos firmes que les indicaron a los jóvenes que se trataba de una visita de "supervisión".
Gruñendo por lo bajo y sintiendo las miradas de advertencia de algunos chicos y de súplica por parte de otros para que por favor se comportara y no los metiera en problemas como solía hacer, Yuri se alineó junto con ellos en una fila, abriendo y cerrando los puños como si eso lo ayudara a controlar en algo su creciente enojo.
Dos hombres entraron. Uno de ellos era el dueño de la pescadería, jefe de Yuri, y el otro se trataba de un oficial naval a juzgar por su uniforme y de tan sólo verlo, el rubio sintió que la sangre de hervía de rabia.
Los dos mayores rieron y el oficial echó un vistazo a los jóvenes, catalogándolos rápidamente como insignificantes e indignos y procedió a colocar un saquito de cuero en una caja volteada que fungía como mesa. Uno a uno, los chicos avanzaron y depositaron una moneda, dedicándole al hombre una reverencia que estaba más motivada por el miedo que por el respeto. Cuando fue el turno de Yuri, requirió morderse el labio para reprimir un gruñido. De mala gana arrojó su "contribución", un soborno necesario para que las autoridades le permitieran a los jóvenes como él continuar trabajando ahí y no los llevaran a algún hospicio o peor, a la prisión.
"Sólo cobran y luego se van, sólo cobran y luego se van..." repetía con insistencia el enojado rubio en su mente "Y no tendré que ver su asquerosa cara de cerdo marino y corrupto hasta el próximo mes..."
─ ¡Guang!
Yuri alzó la vista a tiempo para contemplar a su compañero en el suelo. Había tropezado con el pescado que el rubio soltara momentos atrás y resbaló, con tan mala suerte que la advertencia de Leo llegó demasiado tarde y Guang aterrizó justo sobre la improvisada mesa, ocasionando que el saco con las monedas se volcara y su contenido se desperdigara.
─ ¿Qué tenemos aquí? ─ habló el oficial, avanzando hasta quedar justo frente al asustado muchacho, con la punta de sus botas a milímetros de aplastar los temblorosos dedos de Guang─ ¿Un alborotador, quizás?
─ ¡F-fue un a-accidente! ─ balbuceo angustiado ─Tropecé y...
─ O pudo ser una táctica para robarme─ interrumpió el hombre, llevándose una mano a la barbilla y por su expresión, era evidente que disfrutaba con el miedo del joven─ Que casualidad que cayeras justo derribando mi dinero...
─ ¡No!─ gritó Leo, corriendo hacia Guang, ayudándolo a ponerse de pie para después interponerse entre él y el oficial-Por favor, señor... Fue un accidente. Si le falta dinero, yo lo cubriré y...
─ ¿Te atreves a hablarme sin permiso? ─cuestionó alzando la voz, a la vez que le daba una fuerte bofetada que casi lo derriba ─No te olvides de cuál es tu sitio, mocoso. Si yo quiero, puedo hacer que te cuelguen y nada ni nadie lo impedirá.
Yuri sentía la ira hirviendo en su interior a punto de desbordarse. Si el almirante Nikolai Plisetsky siguiera con vida, eso jamás hubiera sucedido. Los chicos no tendrían que preocuparse porque les robaran su escaso salario de una manera tan descarada, además de que velaría por mejorar sus condiciones de trabajo. Aquel espantoso hombre como mínimo habría sido suspendido, si no despedido y encarcelado por corrupto y abusar de su poder. Al contrario de muchos de los oficiales y marinos actuales, su abuelo siempre se distinguió por ser justo, honrado y proteger a los débiles e intentó inculcarle esos valores a su nieto...
"Hasta que esos malditos lo traicionaron..."
Para ese punto, el oficial sujetaba a Leo, quien tenía el labio roto y sangrando, por el cuello de la camisa y empujó a Guang cuando quiso interceder para que soltara a su amigo. El resto de los compañeros de trabajo de Yuri permanecían con la vista clavada en el suelo o bien con los ojos cerrados, temerosos de involucrarse. Ni siquiera su jefe les prestaba atención, ¿para qué iba a molestarse? Todos ellos eran reemplazarse. Si quería otro trabajador, simplemente debía presentarse en las zonas pobres del puerto o en los callejones de la ciudad y tendría a sus pies a una decena de chicos desesperados rogando por ser contratados.
─ ¡Leo! ¡Leo!
El hombre arrojo bruscamente al joven y le dio una fuerte patada que le sacó todo el aire. Su sonrisa sádica hizo que Yuri reviviera su peor pesadilla y le dio el aplomo necesario para intervenir.
─ ¡Oi, bastardo! ¿Que no los oíste? Te dijeron que fue un accidente. ¿Acaso tu cerebro de marino es tan pequeño y podrido que no comprende?
Su táctica tuvo éxito. El hombre se olvidó de Leo y de Guang y se dirigió a él. Los otros chicos retrocedieron, no deseando que los asociaran con Yuri.
─ ¿Qué acabas de decir, malcriado?
─Vaya, así que no estás sordo después de todo─ respondió con sorna ─Me disculparía, pero ni eso justifica que seas un sádico de mier...
El marino lo interrumpió con un puñetazo. Pese a la fuerza del golpe, Yuri no se quejó y se obligó a mantenerse firme, pasándose una mano por la boca para limpiarse los restos de sangre como si no fuera la gran cosa, cuidando de verlo directamente a los ojos para dejarle bien en claro que no le tenía miedo ni pensaba dejarse intimidar.
─ ¡Todos ustedes son iguales! ─ladró el rubio, permitiéndose dar rienda suelta a su enojo de una vez por todas─ Basura corrupta y miserable. No son mejores que los piratas que capturan. Y de hecho, prefiero a los piratas.
─ ¡Cuida tus palabras! ─advirtió, enrollando sus dedos en torno al cuello del chico ─Si no quieres que te arranque la lengua…
Guang y Leo hicieron el ademán de acercarse y Yuri les indicó con una rápida mirada que se mantuvieran al margen. Conforme la presión que el oficial ejercía aumentaba, Yuri iba sintiendo que el aire le faltaba y su vista se nublaba. En un esfuerzo por poder respirar, intentó echar la cabeza hacia atrás para inhalar una bocanada de aire... y aprovechó para escupirle al hombre directamente a la cara, logrando que efectivamente lo soltara.
Un coro de exclamaciones ahogadas por parte de los otros chicos evidenciaron que Yuri acababa de cometer un grave error. Y él lo sabía bien y no podría importarle menos. Hacía mucho que tenía ganas de hacer eso.
─ ¡Cuánto lo siento, señor! ─habló el jefe y dueño de la pescadería al fin, acercándose al oficial, quien utilizaba un pañuelo para limpiarse el rostro sin ocultar su desagrado-─ No es más que un chiquillo impertinente, por más que he tratado de educarlo y enseñarle a obedecer, me ha sido imposible.
"Y por más que nosotros quisiéramos que dejaras de ser un borracho asqueroso, no has cambiado en nada" rebatió desde sus pensamientos, tomando una gran bocanada de aire para reponer el que perdió cuando el oficial intentó ahorcarlo.
─¡Leroy! ¡Altin!
Ante el llamado del oficial, dos jóvenes marinos de bajo rango entraron precipitadamente. Yuri ni se molestó en prestarles atención, catalogándolos como escoria sin importancia, no mejores que su jefe.
─ ¡Arréstenlo de inmediato! ─les ordenó, señalando al rubio y los murmullos y gritos ahogados no se hicieron esperar─ Perturbar la paz, intento de robo, incitar al desorden colectivo y agredir a un oficial... Estarás en la cárcel por un buen rato─ sonrió complacido y Yuri ni se inmutó, lo que contrarió al oficial─ Ya veremos cuánto te dura lo rebelde. Apuesto a que a los otros prisioneros les encantará que los acompañes.
Los dos marinos se le acercaron con cierta vacilación y Yuri adivinó que lo estaban evaluando, seguramente catalogándolo como un pobre niño desvalido en base a su apariencia y preguntándose cómo pudo hacer enojar tanto al oficial.
─Pórtate bien y quizás no te vaya tan mal ─le susurró uno de los marinos y apenas lo escuchó, Yuuri decidió que le desagradaba y le respondió con un bufido, a lo que el marino rodó los ojos─ Allá tú. No digas que no te lo advertí.
Su compañero en cambio, se limitó a esposarlo en silencio. Yuri lo observó de reojo. Daba la impresión de tratarse de un tipo serio que apenas hablaba, de esos que cumplían con las órdenes de sus jefes sin cuestionarlos.
"El típico perro de los marinos" pensó con desprecio "Apuesto a que si le dicen que se arroje por la ventana, preguntaría que desde cual".
El aludido se giró para observarlo como si le hubiera leído la mente y sus miradas se cruzaron. Yuri cuido de sostenérsela y no parpadear, ansioso por emplear cualquier acción por más pequeña que fuera, para desafiar a las personas que más odiaba en todo el mundo.
─ Otabek... ¿Qué estás haciendo? ─ lo llamó el otro, interrumpiendo el improvisado duelo ─Hay que sacarlo de aquí y encerrarlo. El capitán está bastante molesto, si no queremos que se desquite con nosotros, será mejor que lo saquemos de su vista cuanto antes.
El tal Otabek asintió sin pronunciar palabra y tiró de la cadena de las esposas para indicarle a su prisionero que se moviera, lo que sorprendió a Yuri, puesto que se esperaba un empujón o un golpe, aunque no le dio mucha importancia. En su camino de salida, noto que Leo y Guang lo contemplaban con la preocupación bien escrita en sus rostros, conscientes de que probablemente no volverían a verlo. De todos los chicos que trabajan en la pescadería, eran los únicos que hicieron el intento por relacionarse con él, aunque Yuri siempre los apartaba. De cualquier manera, les dedicó un movimiento de cabeza a manera de despedida, descubriendo que quizás, si llegó a guardarles un cierto aprecio.
Yuri se encontró a bordo de un carruaje con barrotes cuya finalidad era transportar a los prisioneros, siendo obligado a lidiar con, como apodó a sus custodios: la cotorra y sonrisitas.
─Vamos, ¿cuántas veces quieres que te lo repita?─dijo la cotorra en tono condescendiente, como si el cautivo fuera tonto e incapaz de comprender─ Será mejor para ti si cooperas.
Yuri permaneció callado, deseando poder hacerle cerrar la boca y arrancarle la lengua. Nada de lo que dijera le importaba y su continuo parloteo comenzaba a aturdirlo, pero el orgulloso jovencito había decidido que por ningún motivo les dirigiría la palabra y pensaba cumplirlo aún si era lo último que iba a hacer.
─Mira, yo no creo que seas una mala persona─ prosiguió la maldita cotorra─ Pero hiciste enojar al capitán Litaro y no te lo perdonará así como así...
"Wow, ¿no me digas? Me lo imaginé cuando me pegó el puñetazo" respondió Yuri sarcástico en su mente.
─Por otro lado, eres bastante lindo. Seguro que si te disculpas y sueltas unas cuantas lágrimas...
Aún sin abrir la boca, Yuri le indicó al otro que se acercara y éste obedeció, pensando satisfecho que logró hacerlo recapacitar... hasta que el rubio se las arregló para pasar su mano por entre los barrotes y cerrarla en torno a la corbata del marino, tirando con fuerza para que se golpeara la cabeza contra la jaula, sonriendo complacido al escucharlo quejarse. Tras él, sonrisitas carraspeo, como intentando disimular la risa.
─Se supone que estás de mi lado─ reprendió la cotorra, sobándose la frente.
─Jean, es obvio que no quiere tu ayuda─ dijo sonrisitas, sorprendiendo a Yuri de que no fuera mudo-Mejor déjalo en paz.
"Sí, cierra el pico y déjame en paz" estuvo de acuerdo Yuri.
Jean se disponía a responder, pero la llegada de su jefe los interrumpió. Como Jean se apresuró a saludar y abrirle la puerta del carruaje, Yuri lo degradó de cotorra a gusano lame-botas. Al menos sonrisitas tuvo la decencia no verse tan ansioso por quedar bien.
─A la oficina central, ahora─ ordenó el hombre a sonrisitas, quien fungía como chofer, para después girarse y contemplar a Yuri con una sonrisa triunfal ─Ya me encargaré en enseñarte a respetar a tus superiores, mocoso.
Yuri se abrazó a sí mismo, lo que los marinos interpretaron como una demostración de su miedo. El oficial jefe se mostró satisfecho, mientras que el chico bajó la cabeza, no queriendo sacarlo de su error y discretamente rebuscó en sus bolsillos hasta que consiguió extraer un delgado gancho de alambre. Yuri aparentó llorar y alzó las manos para limpiar sus inexistentes lágrimas y colocar la ganzúa entre sus labios, encorvándose en un intento por pasar desapercibido y que los otros no notaran lo que estaba por hacer.
Al haber pasado tanto tiempo en las calles, aprendió ciertas destrezas para sobrevivir y una de ellas fue ser capaz de abrir prácticamente cualquier cerradura con únicamente un trozo de alambre. Por fortuna, ya tenía bastante experiencia con las esposas que utilizaba la marina, de modo que liberarse no representó un problema. Para disimular, cuidó de mantener las manos inmóviles, como si siguiera cautivo y se obligó a reprimir las ganas de pegarle un bien merecido golpe al gusano lame-botas, quien insistía en entablar conversación y seguirle la corriente a su jefe, exasperando a Yuri.
Conforme se acercaban al edificio de las oficinas de la marina, Yuri se apresuró a revisar sus alrededores, trazando mentalmente una ruta de escape y varias alternas, reconociendo un par de callejones en los que ya se ocultado con anterioridad y que con suerte lo ayudarían de nuevo.
El carruaje finalmente se detuvo y Yuri contuvo la respiración y se agazapó, como un gato a punto de atacar a un insospechado ratón, obligándose a emplear una virtud que pocas veces practicaba, la paciencia, para aguantarse las ganas de abrir su celda de una patada y arremeter contra el trío de ineptos y corruptos que tenía por carceleros. Pese a su prudencia, sus labios se curvaron en una sonrisa malvada al percatarse que el encargado de conducirlo a la prisión sería ni más ni menos que la cotorra aduladora. Contando mentalmente, esperó el momento preciso…
─ Este será mi último consejo─ expresó Jean en un susurro, colocando la llave en la cerradura de la improvisada jaula─ Si no quieres que te vaya mal, pórtate bien y agacha la cabeza.
El rechinido de la puerta de la celda al abrirse le señaló a Yuri que debía actuar.
─ ¿Y si mejor te callas de una maldita vez?
La cotorra se sorprendió de que de hecho estuviera hablando, aunque su expresión se transformó en el instante en que el puño del rubio se estrelló contra su nariz. No conforme, Yuri lo empujó con todas sus fuerzas, saliendo del carruaje con un ágil salto, disfrutando enormemente al escuchar la exclamación de dolor de la cotorra combinada con el grito indignado del oficial titular al darse cuenta que su prisionero estaba libre.
─Ustedes en la marina, además de estúpidos son unos tacaños─ se permitió burlarse, sosteniendo las esposas bien en alto ─ Siguen usando éstos mismos juguetes de pésima calidad─ las arrojó al suelo, despectivo─ Hasta un niño pequeño podría abrirlas sin problemas…
─ ¿Qué demonios esperan? ¡Vayan por él y arréstenlo! ─ ladró el oficial a los otros dos, si bien sonrisitas fue el único que respondió, puesto que la cotorra seguía aturdido por el ataque.
Yuri echó a correr, decidido a no perder más tiempo. Por estar tan cerca del nido de víboras que era la oficina central, más marinos no tardarían en sumarse a la persecución en cuanto se diera la voz de alarma. Necesitaba poner tanta distancia de por medio y ocultarse desesperadamente.
A su favor, era una hora del día ocupada, por lo que un buen número de personas rondaban por las calles, cumpliendo con sus distintas actividades y deberes. Confió en ser capaz de escabullirse entre ellos si lograba hacer que sonrisitas dejara de seguirlo, aunque honestamente comenzaba a creer que no se lo dejaría tan fácil. Yuri era rápido, pero el otro también era relativamente veloz y tenía la ventaja de ser una figura de autoridad, de modo que se podía inferir que el rubio era un criminal, por lo que cabía el riesgo de que algún "buen samaritano" quisiera intervenir esperando ganar puntos extras con la marina. Y de hecho, a Yuri le sorprendía que el otro no hubiera pedido ayuda a la población civil aún.
"Apuesto a que quiere el crédito por atraparme exclusivamente para él" reflexionó, ignorando al hombre que le reclamaba por empujarlo "Para eso, tendrá que alcanzarme primero".
Haciendo gala de su agilidad natural, saltó hacia una pila de barriles, usándolos como plataforma para impulsarse y volver a brincar justo antes de que éstos se derrumbaran, aterrizando sobre el techo de un carruaje. Yuri divisó a sonrisitas esquivando los obstáculos imprevistos y contó mentalmente cinco segundos para ubicarse, reconociendo uno de los callejones en los que se había refugiado antes.
─¡Otabek! ¡Ya vamos!
Reconoció la voz del tal Jean, la cotorra, y comprobó que junto a él iban más jóvenes portando el característico uniforme de la marina, y Yuri adivinó que los refuerzos habían llegado.
El joven se arrojó al suelo, casi siendo atropellado por otro carruaje en movimiento, y se apresuró a reanudar su carrera, destruyendo un par de puestos de comerciantes a su paso y ganando más quejas de los transeúntes a quienes empujaba o esquivaba según le fuera posible, hasta que pudo ocultarse entre unas bolsas de basura justo a la entrada del callejón, permaneciendo bien quieto al escuchar que los marinos estaban cerca.
─ Ustedes vayan por allá, Otabek y yo seguiremos revisando aquí─ indicó la cotorra, dirigiéndose a sus compañeros─ No pudo ir muy lejos, después de todo es tan sólo un niño.
"Ser 'sólo un niño' no me impidió romperte la nariz" rebatió Yuri, mordiéndose el labio para no decirlo en voz alta y delatarse, irritado de que lo menospreciaran.
Cuando consideró sus perseguidores se habían marchado, procedió a arrastrarse al callejón con el mayor sigilo posible, admitiendo para sí no esperaba llegar tan lejos en su escape. Lo único que le restaba era aguardar a que se cansaran de buscarlo.
Visualizando un hueco entre escombros al fondo del callejón, pensó en utilizarlo como escondite. Sin embargo, al acercarse para explorar, descubrió que ya estaba ocupado por un perro.
─Largo, vete─ le ordenó en un siseo, pero el can no se movió─ ¡Que te vayas! Perro tonto…─insistió de mala gana, tratando de jalarlo por las patas delanteras, sin éxito─ Por eso los gatos son mejores.
Como si hubiera entendido el comentario, el perro gruñó y Yuri instintivamente le respondió con un bufido. El sonido de pasos firmes aproximándose lo sobresaltaron. Enojado, quiso entrar al hueco por la fuerza y el perro, tomándolo como una amenaza, le saltó encima, derribándolo y ocasionando que el enojado joven dejara escapar un grito.
Al final, Yuri consiguió ahuyentarlo y salir bien librado, con sólo una mordida superficial en su mano, pero el daño ya estaba hecho. Sintiéndose observado, se giró para contemplar a sus espaldas al tal Otabek, quien presenció toda la escena.
Acorralado y comprendiendo que no tenía a dónde huir, luchó por idear una estrategia que le permitiera no ser capturado, sin que nada se le antojara factible. Aunque Yuri no iba a rendirse sin pelear, reconocía que el otro tendría la ventaja dado su entrenamiento. Podría intentar esquivarlo, pero el otro no dudaría para llamar a sus amigos y eso sería todo. Aquellos brutos seguramente le darían una terrible paliza para desquitarse por los problemas que les ocasionó, antes de aprehenderlo y llevarlo a la prisión.
Apretando los puños con fuerza, la derrota embargó a Yuri, a duras penas reprimiendo las lágrimas de rabia e impotencia. No estaba listo para que lo detuvieran, ni siquiera había podido planear su venganza. Aún debía hacer pagar al responsable de la muerte de su abuelo, un asqueroso y repugnante oficial de la marina con una cicatriz en el rostro…
─ ¿Lo encontraste? ─ preguntó la cotorra, y aunque no pudo verlo, era evidente para Yuri que se encontraba muy cerca.
El tal Otabek se limitó a guardar silencio, como debatiendo consigo mismo, manteniendo su vista clavada en el rubio frente a él.
─No, no está aquí.
La expresión del rubio pasó a reflejar un desconcierto absoluto. ¿Acaso el otro acababa de mentirle a su compañero?
El marino lo contempló una última vez, antes de darle la espalda y alejarse sin mirar atrás para reencontrarse con Jean, sugiriéndole que continuaran con la búsqueda de su prisionero en otra zona.
Todavía con el corazón latiéndole con fuerza, Yuri reflexionó lo que acababa de pasar. Por algún motivo que no podía precisar, sonrisi… Otabek, un marino que originalmente debía atraparlo, decidió ayudarlo. Sacudiendo la cabeza enérgicamente para sobreponerse a la impresión, Yuri regresó a la realidad y volvió a enfocarse en su objetivo original: encontrar al enemigo número uno de la marina, el pirata Viktor Nikiforov.
NOTAS FINALES:
Primero, una disculpa si esperaban que continuara con la historia de Viktor, les prometo que eso se irá viendo un poco más adelante. Aquí tenemos la aparición estela de Yuri! … y de JJ y Otabek, los cuales igualmente participarán más adelante.
De momento me voy a arriesgar a echarme la soga al cuello y decir que serán actualizaciones semanales cada viernes, como tengo los siguientes capítulos ya escritos eso no será tanto problema… y no debería decir esto porque siempre que lo digo, pasan cosas malas y mis planes se desbaratan como mis sueños y esperanzas… ok no.
Muchísimas gracias a todos los que han decidido darle una oportunidad a esta historia, espero no decepcionarlos.
Si leyeron hasta aquí, muchas gracias!
