DISCLAIMER: Yuri on Ice no me pertenece.
Aún oculto en el callejón, Yuri Plisetsky ideaba su próxima acción. Su plan para vengarse iniciaba con un sencillo paso: encontrar a Viktor Nikiforov y unirse a su tripulación de piratas. El problema, era que no consideró lo increíblemente difícil que sería dar con él. De hecho, lo estuvo buscando durante meses sin éxito alguno.
"Bueno, pero esta vez será diferente" reflexionó, determinado "Porque ahora tengo una pista".
Recordó que más temprano ese mismo día, escuchó a los otros chicos que trabajaban en la pescadería conversar al respecto. Si el rumor era cierto, al menos tenía un sitio dónde empezar, que era muchísimo más de lo que dispuso con anterioridad.
No sin cierto recelo, se atrevió a dejar el callejón y constató que no parecían haber marinos a la vista, experimentando una punzaba de sorpresa porque fuera seguro salir. En el fondo, asumió que si el tal Otabek lo ayudó, fue para tenderle una trampa, sin embargo tuvo que reconsiderarlo.
─Da igual─ expresó en voz baja, sacudiendo la cabeza─ No cambia que sea uno de los perros de la marina.
Se obligó a dejar los pensamientos relacionados con los motivos del inusual marino de lado, e inundó su mente con toda la información que conocía de Nikiforov, organizándola para sacarle el mayor provecho, justo como su abuelo le enseñó.
La historia de Viktor era trágica. Pertenecía a una familia de reconocidos navegantes. Algunos de sus antepasados incluso llegaron a ser miembros de la marina, antes de que la organización se echara a perder. Todo cambió un día en que una inspección de rutina en el barco comerciante que dirigía su padre, Alexander Nikiforov, salió terriblemente mal. Cegado por la ambición, Alexander se convirtió en contrabandista y cuando la marina lo descubrió, no vaciló para sacrificar a su tripulación en un ataque que no pudieron ganar. Hasta su familia se vio perjudicada, con su esposa falleciendo en medio del fuego cruzado y su hijo, en aquel entonces un joven de tan sólo dieciocho años, siendo dado por muerto tras caer en el mar, reapareciendo tiempo después convertido en pirata. Para muchos, ese hecho fue la confirmación definitiva de que la familia Nikiforov se había corrompido. Sin embargo, Yuri no se lo creía. Así como la marina había traicionado a su abuelo, intuía que algo similar pudo ocurrir con los Nikiforov, de modo que justificaba y comprendía a la perfección la decisión de Viktor. Después de todo, los piratas eran los enemigos de la marina, si bien dadas las circunstancias actuales, la gran mayoría los tomaba como el menor de sus males y preferían lidiar con ellos antes que con los marinos y sus asociados.
A partir de ese punto, la línea entre lo real y lo fantástico sobre Viktor Nikiforov se desdibujaba hasta el punto de crear una intrincada red de misterios y enigmas que le conferían una suerte de estatus sobrenatural y de leyenda viviente.
Se decía que poseía el poder de controlar al mar y al océano, rumores reforzados por sus numerosos escapes milagrosos de barcos más rápidos comandados por capitanes con más experiencia que él. En una ocasión, el barco de Viktor fue acorralado por toda una flota de buques de la marina e inexplicablemente, se las arregló para escabullirse justo frente a sus narices sin que ninguno pudiera alcanzarlo.
También sucedió, a plena luz del día y presenciado por numerosos testigos, que Viktor estuvo a punto de ser aprehendido. Acorralado en el puerto de una ciudad con decenas, incluso cientos de oficiales apuntándole con sus armas, Viktor se arrojó al mar en un escape desesperado. Los marinos aguardaron, listos para disparar apenas saliera a tomar aire… sin que eso llegara a pasar. La suposición inicial, fue que las feroces olas y la intensa marea lo ahogaron, hasta que lo vieron aparecer en un pueblo vecino tan tranquilo y fresco como si no hubiera tenido que nadar varios kilómetros para llegar ahí.
Y la lista de dichos y rumores seguía y seguía, con algunos jurando que Viktor era mitad sirena, o bien que tenía a una como amante y que, conforme señalaban las antiguas leyendas de los marineros, se apoderó de su corazón con lo que obtuvo la habilidad para controlar al mar. Otros incluso aseveraban que se había alimentado con el corazón y la carne de una de esas criaturas y ahora era inmortal.
Para Yuri Plisetsky, todo aquello era un gran disparate. Si podía sortear con facilidad a los barcos de la marina, era porque Viktor debía ser un espléndido navegante; si pudo escapar en esa ocasión de los oficiales, fue porque era un notable nadador y quizás pudo ocultar un bote en una zona cercana; y sobre si era o no una sirena… eso era lo más ridículo. Esas criaturas ni siquiera existían, eran cuentos que los marineros inventaban para justificar sus descuidos , puesto que era más fácil decir que una sirena los sedujo y por eso se salieron de su curso, a admitir que bebieron más de la cuenta y esa fue la causa original de su error.
"O podría tener un fetiche con los peces" pensó Plisetsky, sin disimular su desagrado. A fin de cuentas, era bien sabido que luego de pasar tanto tiempo en altamar, algunos hombres tendían a… adoptar ciertas preferencias inusuales.
De cualquier forma, los gustos de Nikiforov no cambiaban que odiara a la marina, automáticamente convirtiéndolo en una persona de interés y aliado potencial para Yuri, reforzando el que tenía que encontrarlo a toda costa.
El mercado de la ciudad rebosaba de actividad como en cualquier otro día, con comerciantes atendiendo sus puestos y promocionando sus productos, y gente yendo de aquí para allá. Sin embargo, en medio de la normalidad superficial, Yuri se percató de detalles inusuales en la forma de un considerable número de oficiales de la marina que lo único que hacían era pasear. O al menos, eso pensaría la gente común. Gracias a su abuelo, Yuri estaba familiarizado con algunas de las tácticas que empleaban y basándose en sus posiciones y la manera discreta en que revisaban sus alrededores, comprendió sus intenciones. Claramente, buscaban a alguien y aunque quería pensar que les había causado suficientes problemas como para que le dedicaran tantos esfuerzos para atraparlo a él, reconocía que iban detrás de un objetivo más importante.
"Si fuera Viktor Nikiforov… ¿dónde estaría?" se preguntó, intentando ponerse en el lugar del pirata, para localizarlo.
Aunque era un pirata, Viktor se distinguía del resto por nunca atacar a personas inocentes. En lugar de asaltar poblados o ciudades, se centraba exclusivamente en las bases navales; ignoraba a los barcos comerciantes o de pasajeros, siendo su blanco principal los de marina, en algunas ocasiones llegando a destrozarlos por completo. Otra cosa que lo hacía diferente, era que mientras que muchos piratas no se tocaban el corazón para asesinar, él se rehusaba a tomar una vida. Inclusive perdonaba a los marinos, sus enemigos. La única represalia que cometía en contra de ellos, era dejarles una herida en el rostro y hasta en esto podría considerarse como justo, ya que sólo se ensañaba con aquellos cuyos crímenes y actos de corrupción eran conocidos y podían demostrarse.
Por todas esas razones, Nikiforov y su tripulación se ganaron el aprecio y la admiración de la gente. Era bien sabido que a pesar de que se ofrecía una cuantiosa recompensa por él y sus allegados, nadie nunca los había denunciado y en algunas ocasiones hasta llegaban a protegerlos.
Yuri se movió con cautela, deteniéndose al pasar frente a un gran almacén en el que identificó el símbolo de la marina y supo que ahí debía esperar. Si fuera Nikiforov, sin duda se pasaría por ahí, ya fuera para asaltar o destruir el lugar y así dejar a los marinos sin suministros.
Aprovechándose de que por su apariencia fácilmente pasaba como un mendigo, Yuri aguardó a la espera de que algo sospechoso, cualquier cosa, le indicara que Viktor estaba cerca, sin que nada fuera de lo común llamara su atención. Lo más destacable, era una joven vendedora de flores. Largos bucles rubios escapaban de la desgastada pañoleta blanca que cubría su cabello y usaba un largo vestido azul celeste. Sostenía una canasta repleta de rosas, y pregonaba tímidamente.
Cada cierto tiempo, algún marino atrevido se le acercaba a dedicarle un piropo y hacerle una propuesta indecorosa que ella se apresuraba a rechazar, en algunos casos teniendo que huir a toda prisa, aunque eso sí, procurando no alejarse mucho de la zona cercana al almacén.
Probablemente, si Yuri Plisetsky no hubiera estado ocupado buscando señales de un reconocido pirata, se habría percatado de que la forma despectiva en que la menuda jovencita observaba a los marinos, así como que ella rebuscaba en su canasta para extraer una serie de objetos redondos y blancos con una mecha de varios centímetros que encendió discretamente uno tras otro, y que dejó caer al suelo con sigilo.
Una vez que su labor concluyó, la chica se alejó una prudente distancia y se retiró la pañoleta, con la fingió abanicarse el cabello y esperó…
Las fuertes explosiones sobresaltaron no sólo a los marinos, sino a Yuri.
Incapaces de ver de dónde provenía el ataque, los oficiales se mostraban vacilantes, precipitándose de un lado a otro, y si a eso le sumaban los gritos y los transeúntes huyendo del enemigo invisible, el caos estaba desatado en todo su esplendor.
El mismo Yuri estaba inseguro de qué hacer, hasta que divisó a la vendedora de flores correr hacia el almacén, ya sin vigilancia, y abrir la pesada puerta de madera con una patada. El rubio fue el único en verla empujar pesados barriles y cargar sacos sobre su hombro con extrema facilidad. Entonces fue que recordó, que los rumores apuntaban a que en la tripulación de Viktor se encontraba una mujer que poseía una increíble fuerza física.
─ ¡Mila!
Una carreta tirada por un caballo blanco se aproximó hasta detenerse frente al almacén. Además del chofer, que se ocultaba tras una capa negra, iba otro hombre, también medio escondido bajo una capucha.
─ ¿Por qué se tardaron tanto? ─ reclamó ella, cruzándose de brazos
─ Habríamos llegado más pronto si alguien no se hubiera detenido a comprar golosinas para ya sabes quién─ explicó de mala gana uno de ellos, fulminando al conductor con la mirada, quien simplemente dejó escapar una carcajada, sin molestarse por el regaño.
─ En mi defensa, yo no fui quien se entretuvo llorando cada vez que pasábamos junto a una chica, recordando a mi "amor perdido" ─ acotó el otro, ocasionando que su compañero se apoyara dramáticamente en la carreta y derramara unas cuantas lágrimas.
─A un lado, Georgi─ intervino Mila, exasperada, terminando de subir el resto de las cosas por su cuenta─ Viktor, por eso te dije que mejor trajéramos a Mari. Y más importante, ¿ya puedo quitarme esta cosa? ─ señaló sus rubios rizos.
Al escuchar ese nombre, Yuri comprendió que finalmente tenía a quien buscaba a su alcance. Antes de que pudiera acercarse, más gritos y una columna de humo alzándose en la lejanía lo pusieron en alerta.
─ Es Emil─ dijo Viktor, todavía oculto bajo la capa, tirando de las riendas─ Aseguren las provisiones y vámonos. El fuego no durará mucho. Ah, y Mila… no te quites la peluca. Chris se enfadará si vuelves a arruinar otra.
Con la plática entre los piratas aparentemente concluida, Yuri una vez más se percató de lo incompleto de su plan, dado que entre "Encontrar a Viktor Nikiforov" y "Unirse a su tripulación" yacía un hueco enorme. Sin embargo, no iba a dejar pasar la oportunidad cuando finalmente pudo llegar tan lejos.
Yuri echó a correr como si su vida dependiera de ello, y bien podría ser así, decidido a no perder de vista la carreta, que gracias al trote veloz del caballo ya estaba bastante aventajada. Afortunadamente, si algo distinguía a Plisesky, era la perseverancia, en su caso mejor conocida como "necedad".
─ ¡Alguien nos está siguiendo! ─ advirtió Georgi, todavía con rastros de lágrimas en sus mejillas─ Es un niño─ informó, luego de tallarse los ojos─ Y es bastante rápido.
─ ¿Estará perdido? ─cuestionó Mila, enternecida.
─Da igual. No podemos detenernos ─decretó Viktor, sin permitirse desviar la vista del camino.
El decidido jovencito de alguna forma se las arregló para impulsarse en medio de su carrera y saltar hacia la carreta, logrando aferrarse a penas de uno de los bordes. Sintiendo el impacto, Viktor tiró de las riendas y frenó bruscamente, ocasionando que uno de los barriles se cayera y terminara por estrellarse en el suelo y que sus acompañantes protestaran.
─ ¡Ay, no! ¡Las manzanas!
─ ¡Mila, no hay tiempo para eso! Y tú… ─Georgi se dirigió al recién llegado, quien aún trataba de recuperar el aliento─ ¡Bájate en este mismo instante! No somos una guardería.
─ No lo regañes, Georgi─ pidió Mila, ayudándolo a subir y pasándole un brazo por los hombros en actitud protectora─ Pobrecito, ¿te perdiste?
─ ¡Quítame las manos de encima! ─ le ladró el rubio, zafándose con rudeza─ Y no soy un niño. Tú eres Nikiforov, ¿cierto? ─preguntó al encapuchado, a pesar de que ya sabía la respuesta─ Quiero unirme a tu tripulación.
Georgi y Mila contemplaron a su líder con cautela, quien continuaba luchando por calmar al caballo para poder reanudar su huida.
─ ¿Qué no me oíste? ─ gruñó Plisetsky─ ¡Dije que quiero unirme a tu tripulación!
─Te escuché la primera vez, sólo que no quise responder─ dijo de mala gana, sin siquiera volverse para contemplarlo, lo que irritó a Yuri─ Y Georgi tiene razón. Si quieres jugar a los piratas, hazlo en otro sitio. Nosotros no…
El fuerte chirriar proveniente de un silbato interrumpió a Viktor. Un marino, habiendo encontrado sospechoso al grupo, dio la señal de alarma y se precipitó a llamar a sus compañeros. Dejando escapar un suspiro de resignación, Viktor se quitó la capa y por primera vez, Yuri pudo observarlo con atención. Cabello plateado corto, brillantes ojos azules, y una caracola dorada colgando de su cuello… sin duda era el legendario pirata.
─ Mila, ¿podrías ser tan gentil de ayudarlo a bajar? Tenemos algo de prisa.
Yuri gritó cuando la chica lo alzó como si no pesara más que una pluma. Aterrado de perder la oportunidad que por tanto tiempo añoró, forcejeó con desesperación para liberarse, pateando a Georgi en el proceso y arrancándole la peluca a Mila, dejando su cabello rojo al descubierto.
Viktor divisó que algunos oficiales marchaban hacia ellos. Esa distaría por mucho de ser la primera vez que tendrían que hacer un escape milagroso, y de hecho, ya estaba más que acostumbrado a realizarlos, considerándolos casi como su firma personal. Pero en esa ocasión se sentía particularmente enfadado, ya que la que tendría que haber sido una simple labor de robo y reabastecimiento, acabó por complicarse gracias a un chiquillo malcriado. Impaciente de que ni Georgi ni Mila fueran capaces de someterlo, optó por intervenir. El problema sobrevino al intentar sujetar al rubio. Como si de un felino acorralado se tratara, éste se defendió, arrojándole un golpe que logró esquivar a duras penas… al menos en apariencia.
Un violento tirón en su cuello y ver el caracol dorado entre las manos del rubio desconocido de inmediato convirtieron su enojo en pánico. Hasta los otros dos dejaron de batallar, inseguros de que hacer, al percatarse que el jovencito se apoderó de la que bien podría considerarse como la posesión más valiosa de su capitán.
─ Devuélveme eso, ahora─ ordenó en tono firme
─Si lo quieres…─Yuri saltó fuera de la carreta, sosteniendo en alto su botín, más que satisfecho por conseguir que al fin lo tomaran en serio─ ¡Ven por él! ─exclamó, para después echar a correr.
Viktor gruñó y maldijo en voz alta, recriminándose por haberse confiado.
─Georgi, toma las riendas y busquen a Emil─ indicó, antes de precipitarse a perseguir al ladronzuelo─ Vayan al punto de reunión, díganle a Chris que leve anclas y partan de inmediato. No me esperen, ya los alcanzaré luego.
─ ¡Pero, Viktor…!─ empezó Mila sin conseguir terminar la frase, puesto que Georgi arrancó a toda velocidad, obedeciendo a su capitán sin vacilar. Mila lo observó desaparecer entre unos edificios, en busca del pequeño rubio, con algunos marinos detrás de su rastro, en tanto que otros los seguían a ella y a Georgi, aunque esa era la menor de sus preocupaciones─ ¿No deberíamos ayudarlo?
─Sabes que a Viktor le encanta llamar la atención─ repuso Georgi, sin darle mucha importancia, ocupado en conducir─ Estará bien y tendrá otra huida fantástica de la que podrá presumir.
─No me refería a él. Hablo del niño─ aclaró la chica, tomando de la parte trasera de la carreta más de sus pequeños explosivos, lista para usarlos por si sus enemigos se acercaban más de lo debido─ Le robó el corazón de Yuuri, apuesto a que Viktor va a estar muy enojado.
Desde el punto de vista de Yuri, aquel era el día más feliz y emocionante que tuvo en mucho tiempo.
De cuando en cuando, se giraba para revisar que Nikiforov fuera tras él, sonriendo satisfecho al comprobarlo. Honestamente, le resultaba extraño que se tomara tantas molestias para recuperar ese caracol. Cabía perfectamente en la palma de su mano y su color dorado brillante era especialmente hermoso, pero para Yuri no dejaba de ser una simple baratija. Aunque si Viktor se lanzó en una carrera frenética para recuperarla, debía representar algo muy valioso para él. Tal vez incluso lo suficiente como para permitir que Yuri lo acompañara a cambio de que se la regresara.
Yuri finalmente se detuvo, cuidando de exhibir su botín frente a Viktor. Eso sí, siempre alerta y en ningún momento aflojando su agarre en la caracola.
─ ¡Devuélvelo… ya! ─jadeó pesadamente, luchando por recuperar el aliento─ O si no…
Yuri rió, no dispuesto a dejarse intimidar.
─ ¿No me digas que te cansaste sólo con eso? ─inquirió burlón, sin retroceder ni un solo paso─ Quién lo diría, el temerario capitán pirata no más que un anciano agotado.
─ ¿Qué demonios quieres?
─Ya te lo dije, quiero unirme a tu tripulación.
─Y ya te dije que no es posible─ rebatió Viktor, pasándose una mano por el cabello, empapado en sudor─ Si lo que quieres es convertirte en marinero, busca algún barco mercante, o entra a la escuela naval…
─ ¡No!
Ante la sola insinuación de que ingresara a la escuela encargada de instruir a los futuros marinos, la sangre de Yuri hirvió de pura rabia. Viktor igualmente se percató del cambio en su actitud. El rostro de aquel chiquillo engreído e impertinente, pasó a reflejar una emoción con la que él estaba más que familiarizado.
─ ¡Me rehúso a tener nada que ver con esos malditos! ─le soltó, apretando los puños con fuerza, y Viktor temió que en medio de su arranque, pudiera dañar la caracola. Sin embargo, el rubio logró calmarse lo suficiente para verlo directo a los ojos y a pesar de todo, al mayor le impresionó su aplomo─ Los odio… ¡Odio a la marina y a sus integrantes! Todos son iguales, escoria criminal y corrupta.
Esas eran palabras muy duras como para ser pronunciadas por un niño. Sin embargo, Viktor recordó que él llegó a decir algo similar cuando apenas era unos cuantos años mayor que el rubio. ¿Por qué tipo de tragedias pasó ese chiquillo para que su odio hacia la marina fuera tan fuerte?
─ ¡Ahí está!
En cuestión de segundos, se vieron rodeados por un tropel de marinos que si bien claramente los superaban en número, vacilaban en acercarse y Yuri intuyó se debía a la reputación del de ojos azules.
─ ¡V-Viktor Nikiforov! ─ se atrevió a decir uno de los uniformados, intentando asumir el liderazgo al percatarse de que ninguno de sus compañeros parecía muy dispuesto─ ¡Estás bajo arresto! Se… se te acusa de hurto, daño a propiedad privada y…
─Secuestro, agresión, portar armas sin licencia, etcétera, etcétera─ interrumpió el aludido, esbozando una sonrisa engreída ante el evidente nerviosismo del marino─ Supongo que lo siguiente es que "intenten" arrestarme─ sugirió sarcástico, acercando discretamente su mano hacia su cinturón para buscar una de sus armas y después, dirigirse a al rubio a su lado─ Niño, si de verdad quieres unirte a mi tripulación, esta será tu primera prueba…
Yuri asintió, expectante y más determinado que nunca.
─No dejes que te atrapen.
Con un rápido movimiento, Viktor tomó su arma y ejecutó tres disparos certeros a los marinos que tenía más cerca, derribándolos instantáneamente. Uno de sus compañeros maldijo en voz alta y venciendo su miedo, apunto al confiado pirata, esperando vengar a sus amigos caídos.
─¡Están vivos! ─ alertó otro que se había inclinado sobre los heridos para revisarlos, antes de que su compañero pudiera apretar el gatillo─ No sangran y aún tienen pulso. Sólo están inconscientes.
Yuri los observó con atención. Los hombres en el suelo tenían los ojos abiertos y sus labios temblaban, boqueando patéticamente como peces fuera del agua. El pecho de los desconocidos subía y baja de manera casi imperceptible y sus dedos se contraían sin que lograran cerrar los puños. Entonces, recordó otro de los rumores en torno a Nikiforov. Se decía que su puntería era excepcionalmente buena y que poseía unas municiones especiales que únicamente paralizaban a sus víctimas, pero que jamás las mataban.
─Éste es el plan─ habló Viktor, derribando a otros dos marinos, satisfecho de que algunos otros prefirieron huir, prefiriendo no arriesgarse a enfrentar al capitán pirata─ Cuida eso con tu vida y no me estorbes─ indicó rápidamente la caracola, para después tomar otra de sus armas y ejecutar otra serie de disparos perfectos.
Inconforme por la última orden, Yuri levantó una piedra y la arrojó con todas sus fuerzas, dándole a uno de los marinos justo entre los ojos, aturdiéndolo y evitando que atacara al pirata por la espalda.
─Tú no me estorbes a mí─ ladró Plisetsky, rasgando un trozo de su camisa para envolver la caracola y tenerla protegida─ Yo sé cuidarme solo.
A pesar de que algunos hombres habían huido, otros no tardaron en aparecer. Más aunque eran superados en número, Viktor sabía que tenía la ventaja por un simple motivo…
─Son simples novatos─ expresó el rubio en voz alta, luego de noquear a tres marinos por su cuenta sin mucha dificultad.
Para sorpresa de Viktor, el chiquillo enojón estaba demostrando su valía. Si bien acababan de conocerse, eran capaces de pelear como si fueran un equipo. El menor no se dejaba intimidar por los marinos, de mayor tamaño y con mayor entrenamiento, respondiendo a sus ataques sin vacilar y ni una sola vez requirió que Viktor lo ayudara.
─ Así que te diste cuenta, ¿eh? ─ alabó el mayor─ Probablemente sea culpa mía.
Dada su reputación, muchos de los oficiales con cargos importantes optaban por mantenerse al margen para no exponerse a que el pirata los marcara, empleando a sus subordinados como carne de cañón. Estos poco o nada podían hacer contra alguien tan experimentado como Viktor, quien no sólo era diestro en el manejo de distintos tipos de armas, sino que además era un hábil luchador, de modo que terminaban siendo derrotados.
Por mucho que Nikiforov quisiera seguir presumiendo sus destrezas, era consciente que no podía seguir así. Por el tiempo transcurrido, adivinaba que Mila, Georgi y Emil habrían regresado al barco con los suministros; y que Chris, su segundo al mando, habría cumplido sus órdenes y ya se encontrarían a una prudente distancia a mar abierto. Era hora de retirarse.
─ Déjalo y vámonos─ instruyó al rubio, quien seguía mordiendo el brazo de uno de los marinos que había derribado. Viktor reprimió una risita─ Si yo fuera tú, me apartaría…─ recomendó, guiñándole el ojo y procediendo a extraer unas pequeñas esferas, similares a perlas aunque de color negro.
Yuri obedeció a regañadientes y antes de que pudiera preguntarle qué pensaba hacer, Viktor arrojó las esferas y al instante un espeso humo negro invadió el lugar. Yuri se cubrió la nariz y la boca con las manos. La humareda le impedía ver nada y le calaba en la garganta. El nervioso joven sintió que alguien lo jalaba por el hombro e instintivamente le respondió con un golpe que no alcanzó a acertar, siendo víctima de un ataque de tos. Ese alguien se las ingenió para arrastrarlo hasta el otro extremo de la calle, lejos del humo.
─Olvidé recomendarte que te cubrieras.
"¡No! ¿En serio?" Fue la contestación sarcástica que la mente de Yuri ideó para Viktor, sobre todo al notar que un pañuelo envolvía la nariz y la boca del de cabellos plateados. Lástima que estaba demasiado ocupando entre toser y recuperar el aire perdido para reclamarle, así que se limitó a fulminarlo con la mirada, lo que lejos de incomodar a Viktor le arrancó una sonrisa.
─Eso no los distraerá para siempre, así que te lo preguntaré por última vez…─dijo, cuando el otro se repuso lo suficiente─ ¿De verdad quieres venir conmigo? No es una vida fácil y mucho menos segura. Si te unes a mi equipo, serás perseguido y odiado por muchos y si llegan a atraparte, tus enemigos se vengarán y te usarán como ejemplo para intimidar a otros. Una vez que terminen, rogarás que te ejecuten y recibirás a la muerte agradecido con los brazos abiertos… si es que no te los cortaron antes para exhibirlos ─ concluyó severo, un enorme contraste con su actitud despreocupada momentos atrás.
Yuri se limitó a guardar silencio y a entregarle la caracola, todavía envuelta en la tela, sin que su expresión solemne vacilara ni por un segundo.
─ Muy bien, queda decidido─ asintió Viktor, suspirando aliviado al verificar que su posesión más valiosa estaba intacta, acariciándola con cariño─ Ahora, tenemos que llegar al mar. Si lo logramos, estaremos a salvo.
Yuri se dispuso a echar a correr y Viktor lo detuvo, negando con la cabeza e indicándole el camino opuesto al que el rubio pensara tomar.
─Pero la playa no está por ahí.
─Es que no vamos a la playa.
─Lo único que hay hacia allá, es un acantilado.
El pirata le dedicó una enigmática sonrisa.
─Precisamente.
Yuri Plisetsky contempló horrorizado las olas rompiéndose contra las rocas justo debajo de la pendiente, a varios metros de altura.
─ ¡Estás completamente loco!
─ ¿Puedes pelear contra un escuadrón de marinos, pero realizar un saltito te asusta?
Originalmente, Yuri supuso que Viktor tendría su barco, o un bote en una zona cercana, no que iban a arrojarse al mar. En medio de su creciente pánico, Plisetsky no vio que Viktor sostenía la caracola cerca de sus labios y que le hablaba en voz baja. Un nudo se formó en su estómago y comenzó a temblar sin poder evitarlo, apretando los puños con tanta fuerza, que se enterró las uñas en las palmas de las manos.
─Tranquilo, da un poco de miedo la primera vez, pero no te pasará nada─ prometió en tono amable─ He pedido ayuda, todo irá bien.
Después, sin hacer ningún otro comentario, Viktor tomó impulso y se arrojó en un clavado perfecto. Únicamente cuando lo perdió de vista, fue que Yuri reaccionó, finalmente animándose a dar un vacilante paso al frente, retrocediendo de vuelta.
Aterrado, cayó de rodillas y se sujetó la cabeza con ambas manos, luchando por contener las lágrimas. Ya no era Yuri Plisetsky, jovencito de quince años decidido a convertirse en pirata y buscar venganza por la muerte de su abuelo; era Yuri Plisetsky, un niño de doce años que recién había visto a la tripulación de su abuelo volverse en su contra y asesinarlo a sangre fría, los mismos hombres que arrojaron al pequeño rubio al mar para eliminar al único testigo de su crimen.
El recuerdo de aquella fatídica noche le dio algo a qué aferrarse. Pensó en su querido abuelo, Nikolai, y en cómo éste siempre lo instaba a que fuera valiente y venciera sus temores. La imagen lo ayudó a ponerse de pie y cerrando los ojos, se arrojó por el acantilado.
Los brazos y las piernas de Yuri se paralizaron no bien tocó el agua y aunque en teoría el instinto de supervivencia debería haber sido más fuerte, el rubio fue incapaz de moverse para mantenerse a flote. Las olas se sentían como cuchillas contra su cuerpo y al abrir la boca para gritar, tan sólo consiguió tragar más agua.
Dejándose llevar por el miedo, Yuri se desmayó, por lo que no vio que alguien, de cabello obscuro, ojos cafés y una aleta de color azul, nadaba hacia él a toda velocidad. Con un movimiento de su aleta, la criatura calmó las fuertes olas; tras lo cual sujeto al inconsciente rubio, manteniendo su rostro fuera del alcance de las olas para que pudiera respirar, impidiendo que se ahogara.
NOTAS FINALES
Para evitarnos malos entendidos, creo que es preciso aclarar que esta historia es 100% Viktuuri y que tendrá Otayuri pero aún no sé en qué medida. También, una disculpa en actualizar, aunque ya tenía escrito el capítulo se me ocurrió leer el encuentro entre Yuri y Viktor y no me gustó para nada XD (en la primera versión Yuri se escondía en un barril de manzanas y así terminaba en el barco de Viktor) así que lo volví a escribir y acabé por modificar toda la mitad del capítulo. Espero que la escena haya valido la pena.
Si leyeron hasta aquí, muchas gracias!
