DISCLAIMER: Yuri on Ice no me pertenece.


─ ¡Oi! ¡Sal de donde quiera que estés! ¡Lamento mucho haberte asustado! ¡Te juro que no voy a hacerte daño!

Viktor ya llevaba un buen rato en la playa gritándole al mar, convencido de que su inesperado benefactor podía oírlo desde su escondite.

─ ¡Vamos, por favor, amigo! ¿O será una chica?─ se preguntó a sí mismo─ Da igual. ¡Tan sólo quiero hablar y darte las gracias por ayudarme!

Nadie le respondió. Viktor suspiró con desgano y se dejó caer en la arena. Ya había pasado una semana desde que descubrió la identidad de su salvador y desde entonces, éste lo estuvo evitando, acción que lo irritaba de sobremanera.

─ No entiendo porque me ayudaste tan sólo para ignorarme después ─refunfuñó, haciendo un puchero─ ¿Es porque te dije feo sin querer? ¡Pues me retracto!

Continuaba reviviendo el encuentro a su mente, recreando el rostro del otro una y otra vez, llegando a la conclusión de que a pesar de no ser un humano, poseía un considerable atractivo. Piel blanca en apariencia suave y tersa, grandes ojos expresivos enmarcados por largas pestañas y cabello negro lustroso… Definitivamente si se peinara, luciría mucho mejor.

Una ola lo salpicó, devolviéndolo a la realidad. Aún si estar ahí tumbado era muy agradable, tenía otros asuntos de los que ocuparse.

Emprendió la marcha hasta llegar a un bosquecillo en el centro de la isla. Viktor se colocó bajo un árbol alto y tiró de unas lianas, haciendo que bajara una especie de armazón a base de troncos. El satisfecho joven esbozó una sonrisa y puso manos a la obra.

Todavía no olvidaba que se encontraba varado a mitad de la nada, y que regresar a su hogar era una prioridad. Sin poder evitarlo, pensó en el asesino disfrazado de marino que le quitara la vida a sus padres y algo se retorció en su interior con auténtico odio.

Teniendo a la venganza como su objetivo, comenzó a trabajar. Por fortuna, logró improvisar algunas herramientas con la ayuda de rocas afiladas para así construir una balsa.

El proceso fue arduo y lento, y en varias ocasiones estuvo a punto de desistir. Sin embargo, le bastaba con recordar su pérdida para que su deseo de vengarse se renovara y así recuperar su determinación

Cada cierto tiempo, pausaba su labor e inspeccionaba sus alrededores, deseando ver al tritón de ojos color chocolate, sin que éste se mostrara. Viktor estaba confundido. Podía intuir que era de una naturaleza tímida, pero seguía sin comprender su manera de actuar. ¿Por qué habría decidido salvarlo? De hecho, entre más reflexionaba al respecto, concedía que era demasiada casualidad.

Tenía muy presentes los cuentos que hablaban de las sirenas, criaturas mitológicas que resultaron ser reales. ¿Qué otros aspectos de ellas también eran verdaderos? ¿Quizá era cierto que lloraban perlas? ¿O que de alimentarse con su carne y su sangre, obtendría la vida eterna? ¿Su voz era tan maravillosa como para seducir e hinoptizar a los navegantes más hábiles, al punto de hacerlos olvidarse de todo y que destruyeran sus embarcaciones?

"Aunque primero, tendría que escucharlo" pensó Viktor, rectificando segundos después "No, creo que sí lo escuché".

Durante su primer y último encuentro, él le había cantado. Fue un sonido diferente a cualquiera que Viktor experimentara antes, algo único y maravilloso que lo tranquilizó y llenó de paz, y le hizo desear oír más.

El de ojos azules se sorprendió tarareando parte de la canción de la criatura, y se recriminó por su actuar tan imprudente. Tal vez, de ser un poco más paciente, el tritón eventualmente se hubiera animado a presentarse abiertamente y hasta a interactuar con él. Sin embargo, eso aparentemente ya no podría ser puesto que debido a su curiosidad, acabó por ahuyentarlo.

"Bueno, supongo que eso es todo" se lamentó mentalmente y por alguna extraña razón, de pronto se sintió muy triste "Al menos, tendré una historia muy interesante que contar cuando logre salir de aquí".


Demoró tres días en construir y preparar la balsa, y otros dos en reunir los suministros necesarios.

Tejió cestos con fibras vegetales para transportar frutas, e improvisó contenedores con cocos vacíos para guardar agua dulce. Si tenía suerte, las provisiones deberían ser suficientes para durar unas dos semanas, tiempo en el cual o bien llegaría a tierra firme o sería encontrado por alguna embarcación. Por suerte contaba con la brújula de su padre y los conocimientos que le inculcó sobre navegación.

Sin poder evitarlo, Viktor rememoró aquellas épocas felices al lado de su familia y una vez más, tuvo que enfrentarse a la realidad de que su vida nunca más sería la misma y su tristeza fue tan grande, que de hecho sufrió una intensa ola de malestar. Su garganta se cerró, lo que sumado a la fuerte opresión en su pecho le llevó a creer que estaba a punto de ahogarse. De alguna forma se las ingenio para normalizar su agitada respiración y tragar saliva, emitiendo un sonido que le hizo pensar en un animal herido. Aturdido, requirió sentarse en la arena hasta que sus alrededores dejaran de girar y el mareo disminuyera. De ninguna manera podía derrumbarse, no cuando el asesino continuaba libre.

Su propósito era simple: dirigirse a un sitio poblado desde donde podría moverse a su ciudad natal y una vez ahí, contar la verdad sobre la muerte de sus padres. El apellido Nikiforov era bien conocido y provisto de importantes contactos, algunos de los cuales ocupaban cargos importantes dentro de la misma marina. Seguramente alguno de ellos, de mayor rango que el responsable del crimen, lo escucharía y le daría su apoyo, encargándose de darle a Viktor la justicia que tanto anhelaba.

Afortunadamente, el mar estaba en calma. Viktor logró arrastrar su balsa a la playa, donde cuidó de revisar en qué dirección soplaba el viento y utilizó su brújula para orientarse.

Antes de partir, Viktor acarició la cubierta del último regalo de su padre y se permitió un breve momento de debilidad.

─ Tengo miedo, lo admito ─expresó, acercando la brújula a sus labios─ Esta será la primera vez que navegue solo y ni tú ni mi madre estarán a mi lado para guiarme. Pero aún si tengo todo en contra, ¡tengo que hacerlo!

Ya que permanecer ahí implicaba dejar que aquel vil y ruin hombre que le arrebató todo se saliera con la suya, y eso Viktor no iba a consentirlo.

Aquel pensamiento le brindó la motivación faltante y sin mostrar el menor atisbo de temor o dudas, se adentró en el mar, surcando las olas y esquivando alguna que otra roca con ayuda de un rudimentario remo.

Una ola especialmente alta lo sorprendió al caerle encima, empapándolo por completo, a pesar de lo cual Viktor se mantuvo firme.

─ Está bien, está bien… ─dijo en voz alta, para convencerse─ Lo tengo todo bajo control.

Al irse alejando de tierra firme, las aguas se tornaban más embravecidas y los pedruscos más frecuentes. Viktor sintió un escalofrío. Considerando lo hostil del escenario, que llegara a la isla en una pieza fue un auténtico milagro.

La intensa marea golpeó la balsa, desviándola de su curso y por más que Viktor se esforzó por retomarlo le fue imposible. El oleaje era tan fuerte, que el joven de cabellos plateados temió llegaría a volcarlo, sobre todo después de pasar por encima de una serie de rocas.

El corazón le latió con fuerza, comprendiendo que navegar por ahí en sus precarias condiciones equivalía a un suicidio. Y honestamente, inclusive un capitán experimentado en un barco bien condicionado tendría problemas para sortear los obstáculos y sobrellevar el oleaje. Para un galeón u otra nave de gran tamaño, transitar por ahí le sería imposible sin sufrir daños debido a las numerosas rocas y salientes en el mar, en tanto que un barco pequeño se expondría a ser volcado por las poderosas y altas olas.

Una potente sacudida le hizo perder el remo. Viktor ni siquiera se molestó en intentar recuperarlo, ya para ese punto simplemente se limitaba a aferrarse como podía a su pequeña embarcación. No bien lo golpeaba una ola cuando otra se estaba formando y se estrellaba sobre él.

Viktor dejó escapar un grito al divisar una saliente rocosa de gran tamaño al frente. Dejándose llevar por el instinto de supervivencia, se arrojó al mar a tan sólo segundos de que la balsa chocara con aquella formación y se destrozara. Sin embargo, Viktor sabía que distaba mucho de encontrarse a salvo. Apenas y conseguía nadar a la superficie para tomar aire, las violentas corrientes volvían a sumergirlo. Sería cuestión de tiempo para que se agotara y acabara por ahogarse. Aún así, pataleó y manoteó desesperadamente, no dispuesto a darse por vencido. Si tan sólo pudiera resistir lo suficiente como para regresar a la isla…

Uno de los troncos de la ahora deshecha balsa, arrastrado por la marea, lo golpeó en la cabeza y lo empujó hacia las rocas. Aturdido por el impacto, Viktor dejó de moverse y vagamente registró que algo se acercaba a toda velocidad desde las profundidades. Ese "algo" lo sujeto por la cintura con una mano, mientras que con la otra hizo un rápido ademán que al instante apaciguó las agitadas aguas.

"Eres tú" quiso decirle Viktor, reconociendo al tritón que le salvara la vida antes, pero un ataque de tos se lo impidió.

La criatura lo contempló con evidente preocupación y con todo el cuidado que era capaz, lo transportó de vuelta a la playa de la isla, donde Viktor se desplomó respirando agitadamente, tratando de recuperar todo el aire perdido. El cuerpo entero le dolía, aunque el malestar era especialmente intenso en la nuca y en el codo izquierdo. Ni siquiera podía extender completamente el brazo.

El tritón se mantuvo a su lado, lo que Viktor agradeció dedicándole una débil pero genuina sonrisa. El otro finalmente se animó y queriendo confortarlo, le acarició la cabeza, frunciendo el ceño al ver rastros de sangre entre sus dedos.

─ Confía en mí, pudo irme mucho peor ─intentó bromear, sin convencer a su inesperado salvador.

Luego de unos minutos en los que la criatura pareció debatirse consigo misma, abrió la boca y comenzó a cantar. Viktor contuvo la respiración, maravillado. Era una melodía diferente a la que escuchó esa vez en la cueva, pero igualmente hermosa. Y pronto constató que era mucho más que una simple canción. Poco a poco, el dolor provocado por sus heridas fue disminuyendo hasta no ser más que una leve incomodidad.

El tritón concluyó su canto y le sonrió al confundido humano, pronunciando algo que por el movimiento de sus labios quería decir "no te preocupes" y después desapareció lanzándose en una ola.

─ ¡Espera! ¡No te va…!

Viktor se interrumpió y se encogió sobre sí mismo. Aún si el dolor ya no era tan intenso, continuaba lastimado y claramente, tardaría bastante en sanar. A pesar de eso, le calaba más su orgullo destrozado. Empequeñecido y derrotado, rompió en llanto, percatándose que abandonar esa isla le sería imposible. De construir otra balsa, era más que probable que volviera a naufragar. Aún si acaso se las ingeniaba para crear alguna señal y que un barco la viera, ¿qué capitán en su sano juicio expondría a su nave y a su tripulación a esas aguas tan traicioneras?

─ Se acabó, se acabó ─musitó, golpeando con el puño la arena─ Estoy solo. Ya no puedo hacer nada…

Agotado e incapaz para hacer otra cosa que no fuera llorar y lamentarse, fue quedándose dormido.


Viktor abrió lentamente los ojos, encandilado por la luz del atardecer.

Su primer instinto fue levantarse, lo que no consiguió debido al dolor. Hizo una mueca. Los efectos de la canción del tritón debieron haber pasado.

El joven se quejó al experimentar un fuerte ardor en su espalda y se arqueó bruscamente, paralizándose al sentir una mano sobre su hombro.

Alzó la vista para descubrir al tritón junto a él. Éste sostenía la mitad de una concha con una especie de ungüento que aplicaba sobre sus heridas. Viktor guardó silencio, permitiéndole trabajar y notó que al ardor le seguía un adormecimiento que desaparecía su malestar, con lo que finalmente pudo incorporarse, sentándose en la arena.

─ Tú…. ¿Cómo? Es decir… ─balbuceó, apenado porque las primeras palabras hacia su salvador fueran una serie de incoherencias. Por suerte el tritón no pareció tomárselo a mal, puesto que contemplaba al atolondrado humano enternecido. Si bien su expresión se transformó, frunciendo el ceño mientras palpaba el codo de Viktor. La articulación estaba considerablemente inflamada y el joven soltó un respingo y se apartó bruscamente.

En lugar de enfadarse, el tritón le acercó la otra mitad de la concha y se la ofreció, aparentemente olvidando que el otro no podía escucharlo, porque renunció a mover los labios para gesticular, esperando darse a entender.

─ ¿Quieres que lo beba? ─preguntó Viktor, y el de cabellos obscuros asintió enérgicamente.

Procedió a examinar el contenido del improvisado recipiente. Se trataba de una sospechosa sustancia espesa cuyo color era de un café rojizo. Un olor penetrante inundo las fosas nasales del humano e invariablemente recordó cuando era un niño y su madre lo correteaba por toda la mansión para hacerle tomar un horrible jarabe a base de hígado de bacalao. Tuvo un escalofrío.

─ No, gracias ─lo rechazó tajantemente, devolviéndole lo que suponía era una medicina, una asquerosa y repugnante medicina─ Aprecio tus buenas intenciones, pero… no es necesario.

El tritón arqueó una ceja y movió los labios, formando una sola palabra que Viktor adivinó a la perfección: "cobarde".

─ ¡No soy un cobarde! ─se defendió, haciendo un puchero─ Soy prudente, es algo muy distinto.

La siguiente frase también pudo intuirla sin problemas "te hará bien".

─ Es lo que los adultos siempre dicen para convencerte de probar cosas desagradables ─replicó cruzándose de brazos, lo que salió contraproducente, puesto que el codo volvió a dolerle por el repentino movimiento. El tritón arqueó las cejas, alarmado ─De verdad, no pasa nada. Únicamente requiero de un par de días de reposo y estaré como nuevo ─se obligó a sonreír─ Los humanos sanamos rápido.

El incrédulo tritón procedió a ofrecerle la medicina de nueva cuenta, articulando un mudo "por favor" lo que en combinación con su semblante suplicante, ocasionó que Viktor, por alguna misteriosa razón se sonrojara.

Suspirando, el joven cedió, entreteniéndose en observar la medicina para después acercarla a sus labios con vacilación. Viktor cerró los ojos, contuvo la respiración para no tener que olerla… y la bebió de un solo sorbo. En efecto, el sabor era horrible; aceitoso, amargo e intenso, como si fuera pescado podrido. Tuvo que emplear un gran esfuerzo para tragarla y reprimir las arcadas.

─ ¿Qué demonios fue eso? ─se quejó cuando al fin pudo sobreponerse al gusto espantoso que el remedio le dejó. Comer pescado podrido habría sido mejor.

La criatura le dedicó una sonrisa apologética que significaba "no quieres saberlo". Dejando ese asunto por la paz, el de cabellos obscuros recuperó el ungüento y lo aplicó en el codo herido de Viktor, vendándolo con ayuda de algunas algas y hierbas.

─ Es cierto ─recapituló el joven─ Es la segunda vez que me salvas la vida y no te he agradecido.

Sus palabras parecieron poner nervioso al tritón y Viktor intuyó sus intenciones de escapar, de modo que lo sujetó rápidamente por la muñeca.

─ No puedes simplemente ayudarme y luego abandonarme sin ninguna explicación ─el otro agachó la mirada y Viktor se arrepintió por lo cortante de su tono─ Lo que quiero decir es… después de lo que pasó, no quisiera estar solo. Al menos no esta noche. ¿Podrías acompañarme? Por favor, te prometo que no te haré daño.

Resultó evidente para Viktor que el tritón se encontraba teniendo una lucha interna, dudando entre marcharse o permanecer a su lado. ¿Por qué sería?

"Claro, apuesto a que deben de estar esperándolo" se planteó Viktor "No tiene porque estar en mi misma situación".

Al tiempo que decidió soltarlo, el otro llegó a su propia conclusión e inesperadamente, tomó la mano del humano, asintiendo tímidamente.

─ ¿En… serio? ─cuestionó sin ocultar su asombro, y el rubor en las mejillas del tritón es toda la respuesta que necesitaba.

Emocionado, no lo pensó dos veces para echársele encima y atraparlo en un fuerte abrazo. El tritón se paralizó por la repentina muestra de afecto y al instante, ambos se vieron cubiertos por una gigantesca ola que se creó prácticamente de la nada. Viktor lo contempló perplejo, tosiendo y escupiendo el agua marina que tragó por accidente.

─ ¿Pero qué acaba de pasar?

El tritón se encogió de hombros, fingiendo que aquello no fue a propósito.


Viktor regresó a la cueva que le sirviera de refugio con el tritón siguiéndolo desde el agua. Y no bien entró, se percató de algo que tanto él como su estómago pasaron por alto.

Un gruñido resonó fuerte y claro entre las paredes de la caverna, evidenciando su dilema.

─ Acabo de recordar, que no he comido nada en todo el día ─expresó apenado, ante la mirada confundida del tritón.

El joven suspiró con desgano. Todas sus provisiones se perdieron al destruirse la balsa, por lo que si quería alimentarse, debería salir a buscar comida y honestamente, se sentía demasiado cansado para ello. Casi como si pudiera leerle la mente, la criatura se apresuró a llamar su atención dándole unos leves golpecitos en la pierna, pronunciando algo que para variar, Viktor no pudo escuchar.

El tritón se zambulló a toda prisa, sin darle tiempo a Viktor de pedirle que no se fuera.

─ ¿Por qué siempre tiene que desaparecer así? ─se quejó en voz alta, un tanto fastidiado.

Afortunadamente, la criatura no demoró mucho en volver y lo hizo llevando consigo algunos pescados que de inmediato ofreció al hambriento humano.

─ ¡Wow! Tenía razón, eres un pescador muy hábil ─halagó, y el otro se sonrojó y sacudió la cabeza, arrancándole una carcajada al de ojos azules─ Y también, muy tierno.

El tritón comenzó a balbucear y a manotear torpemente y Viktor lo contempló, divertido. ¿Quién hubiera dicho que las sirenas eran reales y que tendría la oportunidad de conocer a uno de esos seres? El cual, por cierto, era bastante agradable. Invariablemente, visualizó a su madre. A Irina le encantaban los cuentos de sirenas, por lo que seguramente le habría gustado mucho convivir con…

Toda la alegría de Viktor se borró de golpe, siendo embargado por la tristeza. Lo que era peor, se percató de otro detalle fundamental que aumentó su pena.

─ Oh, no… no, no, no… ¡No pude haberla perdido! ─exclamó sobresaltando al tritón, mientras hurgaba entre sus ropas a pesar de que en el fondo, sabía que su temor era verdad─ La brújula… ¡No!

Se dejó caer de rodillas y los ojos se le llenaron de lágrimas. El tritón se impulsó para salir del agua, acomodándose a su lado, mostrándose interesado aún si no comprendía lo que ocurría.

─ Fue el último regalo que me dio mi padre antes de…─ se mordió el labio para contener un sollozo. El tritón colocó su mano sobre las suyas, como para indicarle que continuara─ Es… un objeto redondo y dorado. Lo usamos para navegar y… tiene una letra "N" grabada, porque es una reliquia familiar… debí extraviarla cuando mi balsa se estrelló contra aquellas rocas.

La criatura inicialmente le permitió desahogarse, sin embargo, pronto decidió que no podía dejarlo tan alterado y procedió a entonar una de sus canciones. Ese suave y delicado murmullo fue relajando a Viktor, mitigando su dolor y sumergiéndolo en un profundo sueño.

El tritón lo acomodó con cuidado y le acarició el cabello, acercando su rostro al contrario para recapacitar y besar su frente en lugar de sus labios, como originalmente iba a hacer. Luego de echarle un rápido vistazo para corroborar que estuviera bien dormido, desapareció entre las aguas.


A la mañana siguiente, Viktor despertó sintiéndose descansado y recuperado. El codo aún le molestaba, pero la incomodidad era muchísimo menos intensa a comparación del día anterior.

El joven bostezó y se talló los ojos para desperezarse, notando dos diferencias fundamentales en la cueva. La primera, a su lado estaba el tritón todavía dormido. Éste se hallaba sumergido de la cintura para abajo en el agua marina y tenía la cabeza apoyada en una roca plana, como si fuera una almohada. Viktor le sonrió, aliviado de que cumpliera su promesa y lo acompañara. Al intentar levantarse, piso algo sin querer. La segunda diferencia, era el conjunto de objetos apilados junto a él. Espejos y trozos de cristal, piedras, caracoles, cadenas, relojes descompuestos, un jarrón roto y hasta un brazalete, todos tenían en común que se trataba de piezas redondas y que unas eran doradas.

El corazón del joven se derritió de pura ternura. Era obvio lo que la criatura quiso hacer.

─ ¿Por qué eres tan bueno conmigo? ─preguntó y aunque el otro se movió, no despertó. Fue fácil deducir que pasó la noche en vela, buscando─ No entiendo por qué…

Los rayos del sol se filtraron por la entrada de la cueva y se reflejaron en algunos de los objetos. Entonces, Viktor la vio.

Medio oculta entre unas piedrecillas de colores, estaba la herencia de los Nikiforov, la brújula de su padre.


NOTAS FINALES:

Primera parte de 3!

Sobre las sirenas: Aún si más adelante se hablará más al respecto, no me puedo resistir a aprovechar para hablar un poco de este punto en especial. Al ser criaturas que habitan en el océano, utilizan para sus remedios y medicinas lo que encuentran ahí. El ungüento que Yuuri utilizó estaría hecho a base de algas molidas y las capas internas de las conchas. La medicina por otro lado, tal y como sospecha Viktor, entre otros ingredientes fue hecha a partir de hígado y huesos de pez molidos principalmente.

En lo personal, a mi jamás me dieron aceite de hígado de bacalao (quizás por eso me quedé pequeña? XD). A alguno de ustedes sí? En verdad sabe tan mal?

Respuestas a sus reviews:

Kaorixra: Pero son lágrimas alegría! Cada comentario o fav suyo me pone muy feliz

Haru: Creo que la triste historia de Yuuri ya se veía venir. Aunque... ¿como fue que llegó a eso? Pronto se descubrirá! Y créeme que Viktor recorrió un largo camino para llegar a ser como es. Respecto a Yuri... es el típico adolescente que siente que lo sabe todo y que puede con todo... o con casi todo. Prometo que dentro de poco mostrará su lado tierno.

Sigan al pendiente si quieren leer más.