DISCLAIMER: Yuri on Ice no me pertenece.


─ ¿Tabú?

La voz de Yuri se sobrepuso al sonido de las olas rompiendo contra la orilla y al canto de las gaviotas.

El sol había comenzado a ponerse en el horizonte, cubriéndolo todo con un tenue brillo naranja. Ya para ese punto, Nikiforov y el miembro más reciente de su tripulación llevaban en la playa un par de horas en las cuales el capitán compartió su historia con lujo de detalles e inesperadamente, Yuri apenas y lo interrumpió.

─ Es una prohibición, algo que por ningún motivo, razón o circunstancia debe hacerse.

─ ¡Sé lo que significa! ─exclamó Yuri─ Es decir, bajo ese contexto… ¿es lo mismo?

El semblante de Viktor se torno severo.

─ Ya lo había mencionado, pero en la antigüedad, las sirenas y tritones eran los amos del océano. Algunos eran poderosos guerreros o extraordinarios curanderos capaces de sanar cualquier padecimiento. Los talentos de otros les permitían comunicarse con los animales y las criaturas marinas, manipular el clima o controlar el mar, además de otras cosas. Y fueron esas habilidades y el resto de sus cualidades particulares lo que despertó la codicia en los humanos ─informó Viktor, entreteniéndose unos instantes en contemplar un punto a la distancia─ Aún si la convivencia entre ambos era bastante común, seguían habiendo muchos misterios en torno a las sirenas, de modo que fue cuestión de tiempo para que se aventuraran a descubrir cuáles eran ciertos, incluso si aquello implicaba cometer actos terribles.

Yuri guardó silencio, expectante. Toda su incredulidad y recelo fueron reemplazadas por auténtica curiosidad, algo que Viktor notó y agradecía, puesto que era importante que el menor escuchara su historia completa y comprendiera que proteger a Yuuri era prioritario.

─ Yuuri me dijo que todo inició con las lágrimas. Verás, la sociedad de las sirenas guardaba algunas similitudes con la nuestra ─comentó Viktor, trazando una serie de figuras en la arena─ Se agrupaban en clanes cuyo principal interés era el bienestar y la felicidad de sus miembros, por lo que podrás imaginarte, que una sirena triste era muy inusual. Y todavía era más extraño que lloraran. De hecho, mi Yuuri me contó que de pequeño era bastante llorón y muchos en su clan lo encontraban fascinante y solían observarlo un buen rato antes de consolarlo. Si hubiera sido yo, no habría esperado para abrazarlo hasta que se sintiera mejor. ¡Si como adulto es adorable, como un pequeño tritoncito debió ser tan tierno!

─ Nos estamos desviando del tema ─masculló Yuri, irritado.

─ ¡Oh, cierto! ─expresó inocentemente, cubriéndose la boca con la mano, si bien no tardó en retomar el aire solemnidad que lo que discutían ameritaba─ Algunas personas se las arreglaron para capturar sirenas y con tal de hacerlas llorar…─ sacudió la cabeza, sin necesidad de entrar en detalles. Yuri podía hacerse una idea de lo que aquellos seres debieron pasar─ Cuando comprobaron que eran capaces de producir perlas de sus lágrimas, quisieron verificar otras creencias. Específicamente, si de alimentarse con su carne, era posible adquirir la vida eterna.

El jovencito sintió un escalofrío y tragó grueso. Percatándose de que Nikiforov lo observaba, se encogió de hombros para aparentar que no se sentía incómodo.

─ Me supongo que ahí se equivocaron.

─ Sí y no ─expresó Viktor, reflexionando su respuesta─ No era vida eterna lo que… esa atrocidad otorgaba─ hizo una mueca de desagrado─ Las sirenas envejecen muchísimo más lento que los humanos. Llevo diez años de conocer a Yuuri, y su apariencia apenas y ha cambiado. Sigue igual de bello y encantador que el primer día que lo vi… ─el rubio le gruñó y Viktor carraspeó, retomando el hilo de la plática─ En fin, lo que los humanos obtenían, eran una notable longevidad y juventud prolongada… o bueno, habrían obtenido eso, de no ser porque desconocían un detalle fundamental. Las sirenas debían ofrecer voluntariamente su carne antes de que fuera consumida. ¿Y quién, en su sano juicio, haría una oferta tal a los mismos que las perseguían y torturaban?

─ Pero… ¿qué no se defendieron? ─inquirió Yuri, mucho más atraído por la historia de lo que quería admitir─ Si tenían tantos poderes como dices… ─hizo el ademán de golpear y estrangular algo─ Yo lo hubiera hecho. Se lo tenían más que merecido.

─ Al principio, no. Eran muy pacíficas y el consenso fue el de ocultarse y no relacionarse nunca con los humanos… hasta que éstos empezaron a amenazar a sus niños ─ Viktor utilizó una rama para borrar algunos de sus dibujos en la arena, dejando una única figura, la más pequeña─ Algún "genio" pensó que las perlas de las lágrimas de los jóvenes eran mucho más preciosas que las de los adultos, y que su carne era la que les proveería de la tan ansiada inmortalidad.

─ ¡Bastardos cobardes! ─ladró Yuri, sin poder evitarlo. Inevitablemente, terminó por proyectarse y las figuras sin rostro del relato de Vitkor, tomaron el de Raleigh y los traidores de la tripulación de su abuelo. Nikiforov le colocó una mano en el hombro y Yuri hundió los puños en la arena, requiriendo de un par de minutos para calmarse─ Entonces, pelearon y perdieron.

─ Sí, y gracias a ello, fue que las leyendas los describen como demonios marinos seductores. Y también…

Viktor no logró terminar la frase, aunque basándose en la expresión de Yuri, no hacía falta. Recordaba a la perfección los primeros esbozos sobre la historia de las sirenas: antes que caer como víctimas de los humanos, eligieron hacerlo por su propia mano. El adolescente dedujo que, analizado fríamente, era preferible a vivir presas del miedo y la angustia constantes.

─ Yuuri fue el último de su clan. Seguía siendo un niño, por suerte ya era capaz de valerse por sí mismo, pero de cualquier forma fue muy duro para él ─ expresó el de ojos azules, acariciando la caracola─ Es difícil de precisar, pero tuvo que pasar solo el equivalente a unos cien años humanos.

El rubio emitió un grito ahogado. De ninguna manera anticipó algo como eso. Ni siquiera se le ocurrió algún comentario mordaz ni una burla al respecto. Él comprendía bien lo que era perderlo todo y quedarse completamente solo, rodeado de enemigos. Y ciertamente, Nikiforov debía comprenderlo también.

─ Lo único que le quedó a mi Yuuri para rememorar y honrar a los suyos, fueron las canciones de su gente… y su tabúes.

La palabra atrajo poderosamente la atención del jovencito, quien expectante, contuvo la respiración.

─ Los tabúes son cinco reglas que crearon para protegerse… ─ comenzó a escribir rápidamente en la arena.

1.- Ocultar su existencia a los humanos.

2.- Nunca usar sus conocimientos ni dones en favor de los humanos.

3.- Nunca transmitir su lenguaje a los humanos.

4.- Nunca ofrecer su carne a los humanos.

Viktor aguardó a que Yuri terminara de leer para hablarle.

─ Yuuri ha quebrantado prácticamente todas las normas por mí, y vaya que le causó mucho conflicto ─anunció lo que el otro ya había notado─ Salvo por la cuarta. Lo conversamos y decidimos que sin importar qué, jamás cruzaremos esa línea.

Medio aturdido, Yuri releyó la lista una y otra vez sin lograr asimilarlo. Los humanos eran enemigos de las sirenas, responsables de su extinción. ¿Por qué un tritón ayudaría a un contrario, hasta el punto de romper las reglas más fundamentales de su gente?

─ ¡Un momento! ─exclamó, percatándose de algo─ Dijiste que eran cinco, ¿cuál es la quinta regla?

─ Sí que eres observador─ halagó complacido Viktor─ El tabú final, tiene que ver con su corazón, y el hecho de que nunca debía de entregarlo a un humano, porque con todo lo que les hemos hecho, somos indignos de ese honor.

─ ¿Con esa… cosa? ─indicó la caracola dorada.

─ En efecto─ asintió el capitán, mostrándose inconforme por el término empleado para la que bien podría considerarse su posesión más valiosa ─Esto, además de permitirme emplear ciertos de sus dones, quiere decir que un futuro, podré acompañar a mi Yuuri como uno más de su raza.

─ ¡E-espera! ─interrumpió el rubio, sacudiendo la cabeza, incrédulo─ ¿Es eso posible?

─ Oh, sí ─respondió Viktor sin inmutarse─ Me imagino que dadas las circunstancias por las que pasaban, el clan de Yuuri consideraba esa información innecesaria, así que nunca le dijeron que un humano podía convertirse. Afortunadamente, conocimos a alguien que creyó conveniente proporcionarnos esos datos hace algunos años.

Yuri se limitó a contemplar al pirata con los ojos y la boca bien abiertos, debatiéndose si estaba hechizado o se había vuelto loco. Viktor esbozó una gran sonrisa, para después rozar la caracola con sus labios.

─ Así que, algún día y una vez que haya concluido con todos mis asuntos, le entregaré mi último aliento al mar y Yuuri me guiará durante esa travesía. Entonces, estaremos juntos para siempre.

Aún si las palabras de Viktor le resultaban impensables y mucho menos podía ponerse en su lugar, en el fondo le impresionaban su absoluta convicción y la lealtad del tritón. Por supuesto, jamás iba a admitirlo en voz alta.

─ Honestamente, estoy muy impresionado. Te lo has tomado demasiado bien ─reconoció el pirata, examinándolo atentamente─ Chris no se mostró muy conforme cuando le conté y Georgi no dejó de llorar en un buen rato. Aunque…─ hizo una pausa, llevándose una mano a la barbilla, meditabundo─ Resta un punto a tratar.

─ ¿Qué? ¿Ahora me vas a decir que el kraken es real? ─cuestionó con sorna, y el mayor simplemente se echó a reír.

─ ¡No, No! Todos saben que esas criaturas se extinguieron hace siglos. Yuuri hasta me llevo a ver los restos de una ─contó divertido, y el rubio se dio una fuerte palmada en la frente─ Me refería a otra cosa. ¿No quieres saber cómo es que las sirenas transmiten su lenguaje a los humanos?

Le hizo un además y a regañadientes, Yuri se acercó. Nikiforov le susurró al oído y al instante, el rostro del joven se pintó de un intenso tono rojo.

─ ¡Absolutamente no!


─ ¡No, no y no! ¡Me rehúso a dejar que él me bese!

Partieron de la playa hacia el centro de la isla. En un inicio, a Yuri le desconcertó ver las casas, pequeñas aunque bien elaboradas construcciones que parecían fundirse con el paisaje en lugar de destruirlo o atentar contra éste. Inclusive se contaba con algunas decoraciones, como arbustos bien podados, esculturas talladas, flores en jardineras, y postes con linternas que encendían para iluminar el camino durante la noche. Según el capitán, Yuuri le permitió llevar más humanos a su refugio, a cambio de que se comprometieran a alterar el ambiente lo menos posible; algo que pudo cumplirse gracias a los Nekola, granjeros con amplios conocimientos acerca de la tierra, y los Katsuki y los Nishigori, magníficos carpinteros y constructores.

─ No comprendo el escándalo por un simple beso─ opinó Mila. El resto de la tripulación se hallaba igualmente presente en lo que podría considerarse como la plaza de la isla, una zona amplia con plantas y palmeras, algunas bancas de madera y hasta una fuente con agua potable─ Considéralo como tu ritual de iniciación. Todos pasamos por eso.

─ ¿Es en serio? ─el rubio los observó incrédulo y todos asintieron.

─ De hecho, el mismo Yuuri lo propuso ─le contó Sara─ Es como una medida de seguridad, para que estemos comunicados en caso de emergencia. Si vas a viajar regularmente con nosotros, es indispensable.

─ Tan sólo quiero hacer notar que nada de eso cambia que yo fui quien tuvo su primer beso, y el que le ha dado los mejores.

─ Yo no estaría tan seguro─ intervino Christophe tocándose los labios, para contrariedad del capitán.

─ ¡Un simple roce era más que suficiente! ¿Tenías que intentar meter tu lengua en su boca?

─ Como si tú y él no lo hubieran hecho…

─ ¡Agh! ¡Ya está bien! ─ gritaron Mickey y Yuri al unísono y cubriéndose los oídos en perfecta sincronía, decidiendo que no necesitaban de la imagen mental, aunque ya era demasiado tarde.

─ ¡Oh! Acaba de ocurrírseme algo… ─interrumpió Emil, avanzando hacia Yuri para después colocarle ambas manos en los hombros y fruncir el ceño, en una actitud inusualmente seria─ ¿No será que te niegas a besar a Yuuri porque te da pena? ─el rubio abrió la boca, pero fue incapaz de emitir sonido alguno─ ¡Sí! Es justo como pensé. Te avergüenzas porque este sería tu primer beso.

Las miradas de los presentes se clavaron en el consternado jovencito, quien deseó con todas sus fuerzas que la tierra se abriera y lo tragara, lo que desafortunadamente no pasó. Mila resopló para reprimir una carcajada sin mucho éxito y Georgi suspiró, conmovido.

─ Te comprendo totalmente ─apostilló el joven─ Quieres reservarlo para cuando encuentres a ese alguien especial…

─ ¿De qué mierda estás hablando? ─inquirió, con el rostro entero pintado de rojo, sin que el otro le hiciera caso.

─ A mí también me resultó muy duro besar a alguien que no amaba ─prosiguió, y tras él, Mickey murmuró un "aquí vamos otra vez" ─ Pero comprendí que era de vital importancia, además ayuda el que lo minimices a un simple intercambio de lenguaje.

─ No me interesa ─bufó Yuri, enfadado─ ¡Y no pueden obligarme a besar a nadie!

Y luego del grito indignado, se marchó refunfuñando y sin mirar atrás.

─ Admito que salió mucho mejor de lo que creí ─expresó Viktor, pasándose una mano por el cabello.

─ Yo también. Estaba seguro de que te golpearía apenas le insinuaste que debía ser besado por un tritón ─bromeó Christophe, para después centrar su atención en un muy sonriente Emil─ Y sí, perdí la apuesta. Te ayudaré con los platos sucios por dos semanas.

─ Pues su actitud me parece muy infantil y grosera ─criticó Michelle, cruzándose de brazos─ Ni siquiera se trata de algo tan difícil de hacer.

─ ¿Oh? Creí que tú habías dicho algo parecido ─recordó de pronto Emil, y fue el turno de Mickey para sonrojarse.

─ Cierto, le gritaste a Viktor que era un inmoral, impúdico, libertino y degenerado ─enumeró Sara en tono casual, pasando por alto el bochorno de su hermano, o más bien, por eso justamente lo hacía─ Y le aseguraste que ni tú ni yo nos prestaríamos a esos actos impuros.

─ Hasta que Sara te dijo que ella ya había besado a Yuuri ─continuó alegremente Mila.

─ Y entonces lloraste y lloraste ─concluyó Georgi, dándole unas palmaditas en la espalda para consolarlo─ Y dijiste que era el fin de tu inocencia.

─ ¡Ya está bien! ─ladró Michelle─ ¿Qué tienen que molestarme cuando el niño no está?

─ Oh, sí. Requerimos buscar otras formas más inocentes de pasar el rato que no sean torturar prisioneros, ni hacer baños de sangre u orgías en la cubierta del Hasetsu ─argumentó Mila con desinterés, referenciando los prejuicios que Michelle tenía de los piratas cuando recién se unió a ellos, lo que no hizo sino avergonzarlo más─ Así que tu elijes.

El resto de los miembros de la tripulación y su capitán echaron a reír. Todos estaban relajados y felices ante la perspectiva de pasar un tiempo en la isla. Sin embargo, restaban algunos asuntos pendientes.

─ ¿Cuánto tiempo nos quedaremos? ─quiso saber Emil─ Es que… le prometí a Tommy que le ayudaría a terminar su casa del árbol.

─ Una semana como mínimo ─contestó Viktor, tras una pausa para reflexionar─ Toshiya quiere revisar el Hasetsu y se avecina un viaje largo, así que voy a tomarle la palabra.

─ Te olvidas de otro detalle. ¿Está bien que lo dejaras marcharse así? A Yuri ─agregó Mila, señalando el sitio por el que se retiró el enojado jovencito─ Ya está anocheciendo. ¿Y si se pierde?

─ No llegará muy lejos ─replicó Chris─ La isla no es tan grande, y no hay animales peligrosos. Ni siquiera las serpientes son venenosas y a menos que le asusten, y no creo que sea el caso, no tendrá muchos problemas. Sería bueno dejarlo explorar un poco, para se familiarice con el lugar.

─ Si no regresa a la hora de la cena, yo personalmente lo iré a buscar ─intervino Viktor, observando el desasosiego del resto de su tripulación ─Pero sí, estoy de acuerdo con Chris. Han sido demasiadas revelaciones en muy poco tiempo… ─por su tono, fue claro que no se refería únicamente a la existencia de las sirenas─ Es mejor darle su espacio.

─ Va a necesitar un sitio para dormir ─recordó Sara ─Le conté de él a mi madre y me pidió que te dijera que tenemos una cama libre en nuestra casa ─ la expresión de Michelle delató que no necesariamente estaba de acuerdo con la oferta, por lo que Sara le dio un codazo.

─ ¡O puede quedarse con Georgi y conmigo! ─exclamó alegremente Mila, obligando a su compañero a alzar la mano junto con la suya─ Tenemos espacio de sobra.

─ Lo mismo en mi casa ─mencionó Emil, imitando a Mila y levantando la mano─ Hace mucho que no tenemos visitas, y Tommy se pondrá muy feliz. Como no hay muchos niños por aquí…

─ El pequeño necesita de un hogar cálido y confortable, además de mucho cariño ─ indicó Christophe─ Y Ada, Blanche y Callie estarán más que complacidas de…

─ ¡No! ─gritaron Mickey y Georgi, con el rostro completamente rojo.

Christophe hizo ademán de limpiarse una lágrima y Viktor echó a reír.

─ Lo lamento, pero tienes que admitir que a veces tus hermanas suelen ser muy… afectuosas─ corrigió la palabra que pensaba usar a último momento─ Y ya que tocan el tema, iba a pedírselo a Hiroko. Creo que los Katsuki son los indicados para lidiar con la fierecilla ─puntualizó con una gran sonrisa─ De momento eso es todo. Váyanse y descansen, lo tienen más que merecido.

Se despidieron sin preguntarle a su capitán a dónde iría, ya que no hacía falta. Era de dominio público que Viktor gustaba de pasar sus estadías en la isla acompañado de su adorado tritón tanto como fuera posible y que de preferencia, como pudo comprobar Michelle Crispino de primera mano, convenía no espiarlo.


Ajeno a los planes de los mayores, Yuri Plisetsky avanzaba entre la frondosa vegetación, con su mente hecha un caos.

Viktor Nikiforov resultó ser todo lo que esperaba y mucho más… a la vez que todo lo contrario. Repasaba las conversaciones que había tenido con el pirata en el corto tiempo que llevaba de conocerlo, y descubría consternado que no estaba seguro de qué pensar de él.

Por un lado, era obvio que le guardaba un profundo rencor a la marina, que su sed de venganza seguía intacta aún con el paso de los años y que no le temía a correr riesgos; cualidades valiosas en un aliado. Sin embargo, también probó ser infantil, ilógico y algo tonto. ¿Cómo iba alguien así a ayudarlo a encontrar al asesino de su abuelo? Aunque si dejaba de lado sus dudas, tenía que admitir que hizo hecho grandes progresos gracias a Nikiforov, mucho más de lo que logró por su cuenta en años.

"Además, tengo cama y comida gratis" reflexionó, satisfecho, si bien soltó un bufido repleto de indignación "Pero no comprendo que le ve a ese… manatí".

En realidad, los asuntos concernientes a sentimentalismos y romances tenían al adolescente sin cuidado y los consideraba una pérdida de tiempo. A veces escuchaba a los otros chicos que trabajaban con él en la pescadería lamentarse: "¡Ojalá ella me mirara!" "¡La invitaré al próximo baile, espero que acepte!" "¡Usaré mi sueldo para comprarle algo, tal vez así pueda llamar su atención!" y lo consideraba un disparate. ¿Por qué gastar su dinero en alguien más, cuando podía comprar carne o pan para él mismo? Ir a bailes o fiestas se le antojaba innecesario; era mejor dormir, cubrir turnos para ganar dinero extra y comprar más comida o indagar sobre el asesino de su abuelo. Inclusive Guang y Leo, a quienes llegó a considerar como los menos molestos de sus compañeros de trabajo, tendían a comportarse de una manera especialmente ridícula y cursi cuando estaban juntos. Y ahora resultaba que Nikiforov nunca estuvo por encima de esas bobadas. Al final, el temerario pirata y leyenda viviente tenía una debilidad en la forma de su amante, quien ni siquiera era humano.

Visualizó el rostro de la criatura y sacudió la cabeza para borrar la imagen. Tal vez, sólo tal vez, encontraba al tritón un poquito más fascinante de lo que estaba dispuesto a admitir. Después de todo, no todos los días descubría que un ser mitológico existía en la vida real. E igualmente, le intrigaban sus razones para haberle salvado la vida a Nikiforov. Los humanos eran los enemigos de su raza, los que ocasionaron su destrucción. ¿Simplemente iba nadando por ahí, cuando un humano inconsciente le cayó encima, y decidió ayudarlo aún si implicaba quebrantar las leyes más sagradas de su gente? Yuri no terminaba de creérselo.

El jovencito pateó una roca que golpeó el tronco de un árbol. Una bandada de aves salió volando, rompiendo la quietud del ambiente y se percató que no tenía idea de dónde estaba.

─ Da igual ─se dijo el rubio, encogiéndose de hombros─ No creo que aquí sea más peligroso que la ciudad.

Allá, habían pandillas y ladrones listos para emboscarlo y robarle todo sin la menor consideración si acaso no le hacían algo peor. Aquí, suponía que a lo mucho se le cruzaría una bestia salvaje a la cual podría evitar trepando a un árbol, sitio en el que no le importaba dormir si no hallaba el camino de vuelta a la zona poblada.

Retrocedió sobre sus pasos para ubicarse. Por suerte el cielo era claro y la luna y las estrellas le proporcionaban la suficiente luz para ver por dónde iba. Yuri continuó con su camino y en lugar de rodear un montón de hojas frente a él, simplemente le pasó por encima… y al instante se arrepintió.

De pronto se encontró a varios metros del suelo, colgando una red con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho y dejando escapar un grito.


NOTAS FINALES:

Y con esto concluye el especial de 3 capítulos que les había prometido. Aprovecho para recordarles que habrá un mini hiatus ya que debo ponerme al corriente con mis demás historias y una vez les haya dado la atención que merecen y actualizado como es debido, retomaré esta sin falta.

¿Qué opinan de la historia de Yuuri y Viktor? Todavía restan más detalles acerca de las sirenas a explorar en capítulos posteriores. ¿Y qué creen que vaya a pasar con Yuri?

Si leyeron hasta aquí, muchas gracias!