DISCLAIMER: Yuri on Ice no me pertenece.
Yuri gruñó sin dignarse a abrir los ojos cuando los rayos del sol le calaron de lleno en el rostro.
Esperando continuar durmiendo, giró sobre su costado y enterró la cara en la almohada. Estuvo despierto hasta entrada la noche leyendo los diarios de Nikiforov, como evidenciaban los cuadernos y hojas esparcidos en la cama y el suelo. De modo que pretendía quedarse en cama y probablemente lo hubiera hecho, de no ser porque alguien tenía otros planes.
─ ¡Buenos días, dormilón! Ya es casi mediodía y hay mucho trabajo que hacer.
El rubio reconoció la molesta voz del intruso y jaló las sábanas para cubrirse e ignorarlo. Por mala suerte para él, Nikiforov no era de los que se rendían fácilmente. Como el joven no reaccionó, Viktor quiso sacarlo de la cama de una vez, sin embargo se detuvo al pisar una de varias bolas de papel. Comprendiendo que estuvieron husmeando en sus archivos personales, se agacho para recogerla y al instante dejó escapar una exclamación de indignación.
─ ¡Arruinaste la carta de amor que le hice a Yuuri!─se quejó, recogiendo las otras hojas arrugadas─ De todas las que le he escrito, esta era su favorita…
Yuri abrió un ojo, irritado al recordar las múltiples variaciones de "mi amor" incluidas en lo que catalogaba como un desperdicio de papel y tinta con un exceso de poesía barata y metáforas sin sentido. Y es que, ¿quién en su sano juicio escribía una carta de amor de cinco páginas?
─Debiste guardar mejor tus papeles si no querías que alguien los viera─le echó en cara de mala gana─Así que la culpa es tuya.
Viktor concedió que tenía algo de razón. En otras ocasiones Chris, Hiroko y Yuuko le advirtieron que fuera más cuidadoso con sus diarios. Puesto que normalmente tenía demasiadas cosas de las que ocuparse, solía olvidarlo y dejarlo pasar. No que pensara mencionárselo a Yuri, claro.
─De acuerdo. Me imagino que debes tener hambre…─quiso cambiar de enfoque y dejar el tema por la paz, viendo que el otro se disponía a volver a tumbarse─ Hiroko preparó el desayuno y es una extraordinaria cocinera. No creo que quieras ofenderla rechazando su comida.
Ni bien lo pronunció, Yuri echó a correr fuera de la habitación en dirección a la cocina. Sobre la mesa, Hiroko Katsuki le había dejado un plato con avena, pan, mermelada, fruta y té; y no perdió tiempo en llenarse la boca con aquellos manjares, casi atragantándose y requiriendo beber directamente de la tetera y darse unos golpecitos en el pecho para pasarse la comida. Le fue imposible no emocionarse. La única fruta que podía obtener, era la que sacaba de los basureros, o la que robaba de los puestos del mercado. Y la mermelada, ¡hacía años que no la probaba!
Viktor luchaba por no reír ante el entusiasmo del menor. No podía evitar proyectarse en ese chiquillo malhumorado.
─Cuando termines, tendrás que decidir tus labores en la isla, y sería bueno que tomaras algunas clases─dijo Viktor, obteniendo una mirada de extrañeza por parte del rubio─¿Qué creías que ibas a estar aquí sin hacer nada? No, señor. Todos tenemos la obligación de ayudar en lo que podamos.
─No me da miedo el trabajo. Pero, ¿clases? ¿En serio?
Hacía años que Yuri no pisaba una escuela y no tenía intenciones de volver a hacerlo. Aquello se le antojaba inútil, de modo que le desconcertó que Nikiforov lo mencionara. ¿Con qué propósito?
─Que ahora seas un pirata no implica que debas ser un vago sin educación. Dije que me haría cargo de ti en honor a tu abuelo y tengo la impresión de que a Nikolai Plisetsky le hubiera gustado que siguieras con tus estudios.
A Yuri le fue imposible rebatirlo. Su abuelo siempre le insistió en la importancia de la educación. ¿Cómo se sentiría si supiera que en lugar de historia, literatura o geografía, su nieto aprendió a abrir cerraduras, a robar y a pelear? Por primera vez en mucho tiempo, estaba avergonzado de en lo que se había convertido.
─Es algo con lo que todos lidiamos, pero tratamos de hacer lo mejor con lo que tenemos─intervino el capitán. Casi era como si le hubiera leído la mente─El tipo de vida que llevamos es temporal. Ninguno planea dedicarse a la piratería por siempre, ni siquiera yo─expresó, y acarició la caracola que colgaba de su cuello para enfatizar sus palabras.
El rubio se detuvo a considerarlo. De pequeño, su más grande meta era ser marino y tener su propia tripulación. Quería atrapar criminales y proteger a los inocentes. Deseaba que su abuelo estuviera orgulloso de él. Sin embargo, sus sueños le fueron arrancados de la manera más cruel, dejando únicamente amargura y una inmensa sed de venganza en su lugar. Más allá de obtener justicia y ver pagar a Raleigh, no se le ocurría otro plan para el futuro. Y ya que lo reflexionaba, eso era muy deprimente. Con la muerte de su abuelo, su vida y sus oportunidades se terminaron.
─Yuuko les enseña a sus hijas y a Tommy Nekola. Mi Yuuri gusta de escucharlos en ocasiones. Puedes unirte a sus clases mientras estemos en la isla. Cuando nos encontremos viajando… ya veremos qué hacer. Seguro que una tripulación de fieros piratas podemos hacer que entre algún conocimiento en esa cabeza tan dura que tienes.
─ ¡No me digas así! ─le gruñó el jovencito, arrojándole al mayor primero una manzana y después un trozo de pan que Nikiforov atrapó al vuelo sin problemas.
Viktor se tomó unos instantes para celebrar, muy satisfecho consigo mismo. Al menos pudo hacerle olvidar al miembro más reciente de su equipo lo incierto de su futuro.
A Yuri le sorprendió enterarse de la cantidad de cosas por hacer en una isla: efectuar arreglos en las casas, trabajar los campos y los huertos, cuidar del ganado, elaborar medicinas y otros suministros indispensables, pescar, recolectar… y un largo etcétera sin contar el mantenimiento del Hatsetu. Aquello no era solamente un campamento de refugiados, como inicialmente creyó. Se trataba de una sociedad perfectamente funcional y productiva.
─Este será tu último día de descanso. A partir de mañana tendrás que colaborar en algo─indicó el pirata─Sobre tu alojamiento, lo mejor será que te quedes con los Katsuki.
─ ¿Qué no se supone que yo debo decidir eso? ─se quejó el rubio.
─Si lo quieres así…─asintió Viktor, disimulando una sonrisa ladina─Con los Crispino hay espacio de sobra, aunque compartirás cuarto con Mickey. O con Georgi y Mila. A Mila le encanta organizar reuniones nocturnas para conversar y arreglarse el cabello. También están los Nekola y los Nishigori, me imagino que a sus niños les encantará tener un compañero de juegos. ¡Ya sé! ¿Por qué no Chris y sus hermanas? Son tres chicas muy agradables que…
─ ¡Ya entendí! Me quedaré donde estoy…─refunfuñó, y a Viktor le recordó a un gatito enojado. Sin embargo, el último comentario hizo que Yuri recordara algo─ ¿Por qué no lo has arrojado al mar?
─ ¿A quién?
─ ¡A Giacometti! ¿Por qué nombraste a alguien como él tu segundo al mando?─le gritó Yuri, y Viktor demoró unos instantes en comprender lo sucedido.
─Exactamente, ¿qué tanto leíste de mis diarios?
─ Lo suficiente como para saber que no es de fiar─pronunció con desprecio.
¡El muy hipócrita! Toda esa charla sobre guardar secretos y la lealtad… ¡Y el maldito era amante de un estúpido marino! Peor todavía, los diarios mencionaban que Giacometti estuvo enamorado por años del capitán y que llegó a traicionarlos a él y al manatí en una ocasión. Por qué Nikiforov lo mantenía en su equipo, lo ignoraba. Si Yuri fuera el capitán, se habría desecho de él hacía mucho.
Inesperadamente, Viktor echó a reír y Yuri se preguntó por enésima vez si no estaba loco.
"O quizás, el loco soy yo por querer estar en su tripulación" se planteó el jovencito.
─Fue un malentendido que ya quedó arreglado─explicó sin darle importancia─Chris tenía una idea equivocada de las sirenas, mal influenciado por los cuentos y leyendas humanos. Creyó que yo estaba en peligro y que Yuuri me tenía hechizado. Pero ya ves que estoy en plenitud de facultades.
"Yo no estaría tan seguro" lo rebatió mentalmente, todavía sin poder comprender por qué aquel pirata legendario tendía a comportarse la mayor parte del tiempo como un tonto loco de amor.
─Admito que me enfadé mucho en aquella ocasión─rememoró Viktor─ Yuuri igual, ese incidente reforzó su idea de que los humanos no eran dignos de confianza.
─En caso de que lo hayas olvidado, tú también eres humano─le hizo notar─¿Por qué el tritón te salvó ? ¿Qué tienes tú que te vuelve diferente de los demás?
Por unos segundos, Yuri tuvo la impresión de que Nikiforov se había sonrojado.
─No importa mucho a estas alturas. Lo que cuenta es que de no haber sido por Yuuri, yo habría muerto. Y respecto a Chris… eres parte del equipo y debes confiar en nosotros, especialmente en él, que es mi mano derecha. Reconoció que cometió un error y se arrepintió. Hizo hasta lo imposible para compensarnos a Yuuri y a mí. Chris y yo conocemos lo peor del otro. Nos hemos herido y traicionado. No tenemos nada que ocultarnos, por eso creo en él.
─ ¿Aunque sea amante de un marino? ─increpó Yuri, no dispuesto a dejarlo pasar.
─Masumi es otro asunto muy diferente y te recomendaría que no hablaras mal de él en presencia de Chris. Su posición en la marina es privilegiada, se ofreció voluntariamente a ser nuestro espía y le estoy muy agradecido. ¿Tienes idea de lo que le harían si se descubriera que me apoya?
Eso Yuri no lo había considerado. En el mejor de los casos lo condenarían a muerte, en el peor lo torturían hasta que rogara porque lo mataran. A pesar de eso, seguía sin cuadrarle que un marino traicionara a su organización. ¿Qué le llevó a unirse al pirata más buscado? La mirada que le dirigió Nikiforov le indicó que no pensaba seguir hablando al respecto. De modo que Yuri se cruzó de brazos y pronunció un "Da igual" de mala gana.
─Con eso aclarado, nos resta un asunto pendiente.
─ ¿Qué cosa?
Al adolescente le irritó la sonrisa burlona del capitán. Por alguna extraña razón, intuía que lo que fuera que iba a pasar no le gustaría.
Viktor se tomó el tiempo de pasar por el Hatsetsu para revisar cómo marchaba el mantenimiento. Condicionar un barco requería de mucho trabajo. La madera podrida debía quitarse y cambiarse, había que limpiar el casco, reparar las velas, las cuerdas y las zonas interiores. Nikolai disponía de un equipo completo que se ocupaba de los arreglos y si bien el barco de Nikiforov no era tan grande, continuaba siendo demasiado trabajo, a pesar de lo cual ni Toshiya, Mari Katsuki, o Takeshi Nishigori lucían agobiados. Ellos eran asistidos por Mila y Emil y Yuri descubrió que el resto de la tripulación tomaba turnos para apoyar en las labores.
─Las chicas Giacometti se han ofrecido a coser las velas con Hiroko─informó Toshiya─Les tomará unos dos días, cuatro a lo mucho si no hay prisa. Los arreglos en cubierta demorarán un poco más, no tanto como en otras ocasiones. Se nota que has tenido cuidado con los cañones esta vez.
─Vaya, eso quiere decir que estoy perdiendo mi toque. Para la próxima planearé algo increíble y espectacular. ¿Tal vez con fuegos artificiales?
─ ¡No, por favor! ─exclamaron Takeshi Nishigori y Georgi al unísono. Mila, quien martillaba unas tablas, dejó escapar una risita corta y a su lado Mari Katsuki se encogió de hombros.
Yuri observaba la escena sin ánimos de intervenir. Antes de salir del hogar de los Katsuki, Viktor guardó algunas provisiones en una canasta y le encargó la "muy importante misión" de vigilarlas, lo que no le hizo mucha gracia al considerar que lo trataban como si fuera un niño de cinco años. Pateó un montoncito de arena para descargar su frustración, que no hizo sino aumentar al escuchar una carcajada de Nikiforov. Al parecer, Mari Katsuki acababa de decir algo que a los demás les pareció muy gracioso.
─ Por lo pronto eso es todo. Sigan con el buen trabajo, me daré otra vuelta por la tarde en caso de que necesiten ayuda.
Viktor regresó justo a tiempo para prevenir que un muy impaciente Yuri empezara a devorar la comida en la cesta.
─ ¿Para qué rayos quieres tanta comida?-quiso saber, mientras le alcanzaba la canasta.
─Porque no es sólo para mí. Ahora pórtate bien y sígueme.
Marcharon en silencio por la playa. A Yuri le confundió que iban alejándose de la zona poblada. Cada vez que le preguntaba a Nikiforov a dónde se dirigían, este simplemente le respondía con un "ya no falta mucho". Y aunque en más de una ocasión el jovencito se sintió a tentado a irse y dejarlo ahí, la curiosidad pudo más.
─ ¡Llegamos!
El mayor se detuvo de improvisto, ocasionando que el rubio chocara contra él y terminara en el suelo. Viktor le dirigió una mirada cargada de diversión.
─ Regla básica de superviviencia, fíjate por donde caminas─le recomendó, y Yuri rechazó su ayuda para levantarse. El pirata no se lo tomó a mal─ Voy a llevarte con Yuuri.
El joven arqueó las cejas. Visualizó un poco más adelante una cueva y dedujo que el manatí estaría dentro. Esa sería su primera interacción desde su encuentro accidental en el barco, y Yuri no había olvidado que eso terminó con él limpiando la cubierta. ¿Por qué motivo Nikiforov de pronto querría que se vieran? Únicamente se le ocurría una posibilidad.
─ ¡No pienso besarlo!
─Si no lo haces no podrás viajar con nosotros, aunque nunca dije nada de besar…─repuso de tal forma que recordaba a un niño descubierto en plena travesura─Te haré un par de advertencias. ¡No critiques su peso! Como habrás notado, es un tópico que lo pone muy sensible. Él siempre ha sentido que no encaja con los ideales de belleza de su gente, así que le provoca mucha inseguridad. Tampoco menciones los cuentos que los humanos tenemos de las sirenas, están plagados de datos incorrectos y algunos son hasta ofensivos.
─Ajá, ¿algo más?
─Sí. Cuando le hables velo directo a los ojos y no te fijes demasiado en su aleta, lo pone nervioso.
Justo antes de entrar, sin embargo, pareció reconsiderarlo.
─ Mejor iré yo primero para prepararlo. Después de lo que le dijiste, te tiene un poco de miedo.
─No dije nada que no fuera cierto-le espetó, refunfuñando─Y además, ¡estuviste de acuerdo en que está gordo!
─ Volveré por ti en un par de minutos─masculló Viktor, claramente evadiendo comentar aquel penoso incidente─Quédate aquí, no me tardo.
Yuri lo observó desaparecer en el interior de la cueva y se dejó caer en el suelo, entreteniéndose en admirar el horizonte por unos minutos y sin poder evitarlo, pensó en los diarios una vez más. Honestamente, las sirenas eran criaturas excepcionales y tras leer sobre ellas, lamentó que se hubieran extinguido. De sus múltiples cualidades, lo que encontraba más fascinante era la manera en que trataban a la muerte.
A diferencia de los humanos, las sirenas no demostraban temor y odio hacia la misma. Por sus vidas tan longevas, llegaba un punto en el que la buscaban activamente. Cuando una sirena consideraba que no tenía más que aportar, entonaba su última canción, una melodía descrita como de enorme belleza, cuya finalidad era no sólo terminar con la vida de quien la entonaba, sino consolar a quienes la escuchaban. Así, una sirena elegía cómo y cuándo poner fin a su existencia de una manera pacífica, en compañía de su clan.
Su muerte idílica se transformó luego de que los humanos las atacaran. Clanes enteros eligieron perecer antes que ser capturados en redes, atravesados por arpones o encerrados en peceras llenas de agua estancada para servir de atracciones o bien torturados y obtener perlas de su llanto. Los que sobrevivieron, convirtieron su canción en un grito agónico que les provocaba una muerte rápida pero muy dolorosa y que enloquecía a quienes la oían. Ese representaba su último medio de escape si eran atrapados y les permitía desquitarse de los humanos.
Con eso, nuevamente Yuri tenía un cabo suelto en la historia del manatí. Según los diarios, su clan completo eligió la muerte pero a él no le permitieron seguirlos. ¿Por qué sólo a él lo dejaron vivir?
"No, la frase textual fue: 'le encomendaron que continuara viviendo'" reflexionó, seguro de que había un significado oculto en esas palabras "Si yo fuera él, buscaría cómo vengarme de los humanos, no me uniría a ellos"
No se tragaba la explicación de Georgi, "amor verdadero". Sin mencionar que el manatí parecía demasiado asustadizo como para arriesgarse a ser visto por humanos. A menos que…
"No era la primera vez que lo hacía. Quizás ya conocía a Nikiforov. Por eso no tuvo miedo de acercarse".
Yuri bostezó. No podía precisar cuánto llevaba esperando. Fastidiado, se puso de pie y no sin cierta vacilación, puesto que recordaba la mala experiencia de Michelle Crispino, se adentró en la cueva.
Se esperaba un lugar sombrío y lúgubre, pero al igual que con el resto de la isla, la caverna había sido adaptada para convertirla en un sitio habitable. Entre las rocas de las paredes yacían colocadas lámparas de aceite, algunos adornos colgaban del techo y hacia el fondo visualizó unas cuantas piezas de mobiliario básico y, por supuesto, al pirata en compañía de su amante. Los platos vacíos y otros objetos denotaban que ambos pasaban mucho tiempo ahí.
El tritón se encontraba sentado en la orilla, con su aleta a medio sumergir y los ojos cerrados, completamente relajado. El capitán se hallaba detrás y le cepillaba los alborotados cabellos negros con cariño. En algún punto, la criatura hasta empezó a ronronear.
"Si se empiezan a besuquear, me lanzaré al mar y no volveré a salir" se dijo muy decidido el rubio.
─ ¿No has pensado en dejarte crecer el pelo? ─ preguntó el capitán, sin reparar en que ya no estaban solos─ Sé que te lo cortaste como acto de solidaridad hacia mí y me encanta como luces, pero extraño cuando podía trenzarte el cabello. ¿Lo recuerdas?
El tritón respondió algo que lo emocionó, porque lo abrazó y lo besó en la mejilla. A pesar de que no hicieron nada más, Yuri igualmente consideró revisar qué tan honda era el agua en la cueva.
─ ¡Qué dulce eres! Pero éste estilo refuerza mi imagen de pirata intrépido y feroz─ el manatí rió y Nikiforov hizo un puchero─ ¡No te burles! ¡Soy el enemigo público número uno! ¿Tienes idea de lo difícil que fue ganarme esa reputación?
El tritón no estaba impresionado. Se limitó a bostezar fingidamente para después tomar un espejo y al contemplar su reflejo, soltó un respingo. Alarmado por su reacción, Nikiforov alzó la mirada y finalmente se percató de la presencia del intruso, frunciendo el ceño con disgusto.
─ ¿Qué haces aquí? ¡Ah! ─exclamó, abandonando su enfado inicial para cubrirse la boca con la mano─¿Pudiera ser que te cansaste de esperar y decidiste indagar por qué no te fui a buscar?
─ ¿Olvidaste que estaba ahí, cierto?
─Él es de quien te hablé─dijo con ternura al tritón, acomodándole una peineta en el cabello, pasando por alto la ira del jovencito y el nerviosismo de su pareja─Yuuri, te presento a Yuri.
Humano y tritón se observaron sin atreverse a pestañear. En lugar de las elegantes joyas de su primer encuentro, la criatura usaba la peineta, un sencillo collar de cuentas, y el anillo en su mano derecha. Por alguna extraña razón, Yuri podría jurar que el otro nunca se lo quitaba.
─ ¡Vaya! Mari tenía razón. Que compartan el nombre va a ser complicado. Por suerte ya tenemos una solución, ¿no Yuuri?
Los dos lo miraron, dándose por aludidos. El pirata echó a reír y le acomodó unos cuantos mechones alborotados al tritón, para poder besarlo en la frente. El rubio hizo una mueca.
─ ¿Saben? Acabo de recordar que no le dije a Toshiya que revisara el timón.
Yuuri y Yuri se giraron para contemplar a Viktor con desconfianza…
─Como no puedo dejarlo pasar, iré a verlo ahora mismo. ¡Ustedes me esperarán aquí!
… y dejaron escapar un grito de protesta, si bien Yuri no logró oír el del tritón. El pirata se encogió de hombros con fingida inocencia y se llevó un dedo a los labios.
─ ¡Es muy, muy importante! Y tengo que ser yo, porque como capitán, soy quien mejor conoce el funcionamiento del Hasetsu─decretó con una gran sonrisa. A su lado, el tritón tiró de su brazo y movió los labios, poco convencido─¡No te preocupes, Yuuri! Ya has estado con los otros antes. Mari, Emil, Sara, Georgi, Chris… de acuerdo, omitamos a Chris. Pero mi punto es…-lo tomó con suavidad por la barbilla e indicó al rubio con un movimiento de cabeza─Él también es parte del equipo, así que deben acostumbrarse uno al otro. No será diferente a las otras veces.
─¿Cuál es el punto?─se quejó el joven─¡Ni siquiera puedo escuchar lo que él dice!
El tritón asintió enérgicamente, dándole la razón. Nikiforov los rebatió con un ademán.
─Eso tiene arreglo y depende de ti─mencionó a Yuri, para después dirigirse a su pareja─Nuestro nuevo integrante se comportará. Si no, lo podré a contar todos los granos de arena de la isla.
El tritón emitió una risita muda, en tanto que Yuri sintió un escalofrío. Sabía que el pirata era perfectamente capaz de cumplir su amenaza.
─ ¿Por qué no comen algo mientras me esperan? ─señaló la cesta en el suelo─¡Les prometo que no tardaré mucho!
El manatí enunció algo que podría interpretarse como "lo olvidarás como siempre", pero el pirata lo silenció con un beso en los labios que le arrancó un suspiro al tritón. Contrastando, Yuri sintió ganas de vomitar por tanta cursilería. El capitán se despidió de ambos y abandonó la cueva.
Un silencio incómodo inundó el lugar. Yuri pateó una piedra y el ruido sobresaltó al manatí, quien se arrojó al agua a toda prisa.
─¡Si no he hecho nada! Eres un cobarde.
Únicamente se apreciaban las ondas del sitio en el que la criatura se había sumergido. Por si acaso, Yuri revisó rápidamente sus alrededores y disimuló un suspiro de alivio al constatar que estaban solos. No necesitaba que Nikiforov lo regañara por asustar al tritón. Él no tenía la culpa de que fuera demasiado sensible y nervioso.
Puesto que el otro no parecía tener ganas de volver a salir y Yuri no estaba de humor para esperarlo, decidió que lo mejor sería obedecer la última orden de su capitán y alimentarse. Y no bien abrió la cesta, una mata de cabello obscuro y unos ojos cafés se asomaron desde el agua. Claramente, el apetito del manatí podía más que su miedo.
Yuri le lanzo una manzana que el tritón atrapó luego de que le rebotara en la cabeza, con lo que lo obligó a salir definitivamente a la superficie. El humano frunció el ceño.
─Por eso estás gordo─le espetó, pero el otro estaba demasiado ocupado devorando la fruta como para hacerle caso.
Por su entusiasmo, parecía como si no hubiera probado en mucho tiempo. Una vez que terminó, el tritón le dedicó una amplia sonrisa movió los labios, hasta que recordó que no podía ser escuchado y señaló la canasta.
─ ¿Quieres más?
La criatura asintió enérgicamente y se animó a acercarse, sentándose en la orilla. Yuri lo observó rebuscar entre las viandas y sacar dos rebanadas de pan con jamón y queso. El tritón guardó uno para él y le ofreció el otro. Yuri vaciló antes de tomarlo, avergonzado. Los dos comieron en silencio, observando al otro furtivamente, presas de la curiosidad. Cada cierto tiempo, la criatura se armaba de valor y le hablaba al humano, hasta que este le recordaba que no podía escucharlo.
─Y nunca te escucharé, porque besar es estúpido y no pienso hacerlo. No me obligarán.
Lejos de ofenderse, el manatí echó a reír, lo que desconcertó a Yuri.
─ ¿A ti no te molesta tener que besar a gente extraña?
En respuesta, el tritón sacudió la cabeza. Sin embargo, debió sentir que hacía falta aclararlo, porque tomó unas hojas de papel del suelo, un trozo de carboncillo y comenzó a escribir:
"No es la gran cosa. Los humanos le dan demasiada importancia. Vitya también se pone celoso"
El rubio releyó la frase varias veces. De modo que Nikiforov si le enseñó a la criatura a leer y escribir.
─ ¡No es por eso! ─le gritó, y el otro parecía estarse acostumbrando a sus reacciones explosivas, porque únicamente se tensó un poco─¿Vitya?
"Viktor. Nunca he podido pronunciar bien su nombre, así que me deja llamarlo así"
Yuri se sonrojó sin saber el motivo y apartó la mirada. El manatí aprovechó la inesperada pausa para continuar escribiendo:
"Vitya y yo conocimos a tu abuelo una vez. Era un hombre bueno y amable"
Eso fue realmente inesperado. El jovencito parpadeó un par de veces para apartar su incredulidad. Nikiforov ya se lo había mencionado, pero nunca se le ocurrió que el tritón también hubiera estado presente. Por alguna razón, se sintió traicionado.
─Él… nunca me lo dijo.
"Para no exponernos a Vitya o a mí. Lo prometió y no faltó a su palabra"
Yuri enmudeció. El tritón aprovechó la repentina pausa para concentrarse y comenzó a cantar. Al instante, los ojos se le llenaron de lágrimas. No tenía la menor idea de lo que decía la canción, que era apenas un suave y reconfortante murmullo; sin embargo nada más oírla su mente llenó con imágenes de su abuelo y se visualizó a sí mismo como un niño pequeño, acompañándolo. Pensó en cuando su abuelo le leía cuentos por las noches y le contaba de sus viajes por el mar y en la ocasión en que le ayudó a construir un barquito de madera. Recordó que antes de su último viaje juntos, le pidió una mascota como regalo de cumpleaños y Nikolai le prometió que sin falta le obsequiaría un gato. Pese a que aquello no pudo ser, Yuri experimentó un inmenso consuelo, como si tuviera a su abuelo a su lado.
El tritón finalizó su canto y fingió demorarse escribiendo para darle un poco de privacidad al jovencito que compartía su nombre, y que pudiera secarse las lágrimas y soltar un sollozo que le oprimía la garganta.
"Es un arrullo. Lo cantábamos para nuestros niños cuando estaban asustados o inquietos para que evocaran recuerdos felices y se sintieran mejor"
Yuri se encontró sian saber qué decir. ¿Cuántas veces el otro tuvo que entonar la misma canción para consolarse? Supuso que debieron ser muchas a lo largo de cien años y que invariablemente al concluir con la melodía, volvía a enfrentarse con el hecho de que estaba completamente solo y asustado, sin nadie a quien recurrir. Justo como le pasó a él. Si alguien podía comprenderlo, era él.
"Me contó sobre ti. Dijo que eres valiente, y que también estás solo. Pero ya no más. Nosotro podemos ser tu clan ahora"
Yuri no sabía cómo sentirse. Por lo que leyó en los diarios, "clan" era un sinónimo de familia. ¿Por qué lo trataba con tanta amabilidad y le mostraba tanta compasión? ¡Apenas se conocían! Su primer encuentro no fue nada bueno y dudaba que esa pudiera considerarse como una conversación. ¿Cómo iba a serlo, si uno no podía escuchar al otro?
─ ¡De acuerdo, de acuerdo! ─exclamó─Te besaré. Que conste que no es por gusto. Es que estar interpretando tu letra es un fasti…
Sin que Yuri se diera cuenta, el tritón se aproximó a él, colocó su mano en su mejilla y juntó sus labios sin más.
Yuri creyó que sentiría algo diferente a su corazón latiendo con fuerza en su pecho y la sangre zumbando en sus oídos. Estaba demasiado impresionado, y ni siquiera se percató de que contenía la respiración. Aún si no fueron más que unos pocos segundos, para el joven semejaron una eternidad. Cuando el tritón se separó, la primera reacción de Yuri fue gritar y erizarse por completo.
─¿Est… bi..n? ¿Q… ocurre? ─se alarmó el otro, dudando si debía mantenerse al margen, tratar de calmarlo o buscar a Viktor─¡Yu…io!¿Te si..tes mal?
El rubio escupió y se talló los labios, ajeno al hecho de la voz del tritón se iba haciendo más clara con cada vez que lo llamaba.
─Él está bien, no hace falta que te preocupes.
Yuuri alzó la vista y frunció el ceño. Viktor caminaba hacia ellos luciendo muy satisfecho consigo mismo.
─¡Esta es la primera y la última vez que beso a alguien! ─ladró Yuri, señalándolos acusatoriamente─Basta de condiciones. De ahora en adelante, ¡exijo viajar a dónde sea que ustedes vayan! Ya no podrás deshacerte de mí.
La pareja permaneció en silencio y Yuri decidió marcharse con la cabeza bien en alto, lo que desafortunadamente para él no le permitió ver la cesta en medio de su camino, por lo que tropezó y cayó al suelo.
─Por eso te dije que debes fijarte por dónde caminas.
El rubio le dedicó un bufido cargado de indignación, se puso de pie y salió de la cueva sin mirar atrás ni una sola vez.
─ ¿Lo planeaste desde el principio, verdad? ─lo increpó el tritón, esforzándose por continuar enfadado aún cuando su pareja se arrodilló a su lado y le reacomodó la peineta.
─ En mi defensa, si pensé ir con Toshiya. Pero decidí que sería muy imprudente dejarlos solos y regresé. Como parecían estarse entendiendo tan bien, no quise interrumpirlos. Confiaba en que si te conocía, vería lo fascinante que eres y que se perdería de mucho al no poder entenderte. No imaginé que cedería tan pronto, aunque no me sorprende con lo hermoso y maravilloso que eres. Claro que ibas a cautivarlo, tanto como me cautivaste a mí.
─No fue para tanto─se apresuró a rebatirlo Yuuri, y un intenso rubor pintó sus mejillas─Lo dices porque soy el único de mi especie que conoces. Pero si hubieras visto a los otros…
─Te habría elegido a ti, sin falta.
Viktor le acarició la cabeza con sumo cariño y Yuuri le respondió cerrando los ojos y soltando un suave ronroneo, olvidando de seguirse menospreciando. El pirata juntó su frente con la de su pareja y después lo besó dulcemente en los labios, para que Yuuri recordara la diferencia entre un beso cualquiera y uno por amor, algo inexistente en las sirenas. Cuando se separaron, permanecieron muy juntos, acurrucados y Yuuri no perdió la oportunidad para pasar sus dedos por los cabellos plateados del contrario, que tanto le gustaban.
─¿Sabes, Vitya?
─¿Sí, querido Yuuri?
Sin interrumpir sus caricias, el tritón dejó escapar una risita corta.
─A pesar de todo, Mickey sigue siendo el que peor reaccionó cuando lo besé.
Notas finales:
He vuelto! Primera actualización del año. Uno de mis propósitos es ser más constante al actualizar. Con suerte ahora si lo cumpliré. Deséenme suerte!
Creo que hubo bastante información en éste capítulo como para que empiecen a teorizar. Si se les ocurre alguna teoría por favor déjenla aquí. Me encantará leerla!
Dinámica random: Yuri dice que jamás va a volver a besar a alguien. Si están de acuerdo escriban en su review "Gatito llorón". Si piensan lo contrario, escriban "Mis pokebolas".
Si leyeron hasta aquí, muchas gracias!
