Declaración: Todos los personajes reconocibles de la Saga Harry Potter son propiedad de JKR. Sin embargo, la trama es Total y absolutamente mía y no hay permiso para publicarlo en otro lugar (Texto con Copyright). Esta historia está disponible en Wattpad y fanfiction. net,con la autoría de AliceMlfy (Firma Alice~). Di no al plagio

Esta historia es un regalo para Vania (Reva4) por nuestro "Amigo secreto" del grupo "Chilenas Dramioneras".Segunda parte! espero no haberte decepcionado


II

La asesoría legal había terminado el viernes, y a las 4 de la tarde, Blaise tenía una reunión con los representantes legales de los compradores del mundo muggle y mágico.

La empresa de Blaise entregaba servicios farmacológicos con ambos mundos. Se dedicaba a crear y patentar los medicamentos que salían al mercado. Blaise había hecho una maestría en pociones y también en farmacología en el mundo muggle. Había conocido médicos con los que trabajaba y él había puesto el capital para crear la empresa. Estaba muy entusiasmado con este proyecto porque le garantizaba un contrato casi de por vida con el ministerio de salud inglés, pues necesitaban una vacuna en contra el virus AH1N1, virus que había llegado a los seres mágicos también el invierno pasado. En esta reunión, Blaise entregó todos los papeles legales hecho por Hermione, la cual también estaba en el lugar.

— Excelente, señor Zabini— dijo el ministro de salud muggle—. Estamos en un trato— dijo el hombre estirando la mano para estrecharla con la de un muy sonriente Zabini—. Excelente trabajo legal, señorita Granger. Me encantaría que trabajara en algún momento con el ministerio no mágico— dijo el hombre

Porque sí. Todo el ministerio muggle, al menos las cabezas, tenían conocimiento del mundo mágico, técnicamente porque todas las cabezas eran seres mágicos y squibs.

— Sería un honor, pero Stardust me tiene apartada— dijo haciendo reír al ministro.

— Pues me encanta tu manera de trabajar, niña. Bueno, señores, señorita, nos vemos— dijo el hombre levantándose y caminando hacia la salida. Cuando cerró la puerta, el ministro de magia, Kingsley Shacklebolt, quien estaba con el abogado del ministerio, miraba ceñudo a la castaña. Al fin cuando se vio libre del ministro muggle, habló. Su compañero, el señor Logan Preston, miraba todo como si se fuese a ensuciar.

— Y dime, Hermione, y espero no importunar, ¿qué haces trabajando para Zabini? —preguntó Shacklebolt intrigado—. Ahora deberías estar en tu puesto en el ministerio.

— Pues, señor ministro… usted me despidió— dijo Hermione sin comprender mucho lo dicho por el ex auror. Draco y Zabini se miraron confundidos de manera imperceptible.

— ¿Qué yo… qué? —dijo extrañado. Miró entonces a su compañero—. ¿Sabes algo de esto, Logan?

— Em… no, yo.

— Logan, tú me dijiste que no necesitaban gente como yo en ese cubículo y me dijiste que me pagarías todo si me iba de inmediato… que no querías mi cara en el ministerio, y que el ministro tampoco— dijo Hermione dolida al mago que se estaba poniendo rojo.

— Yo no te dije eso.

— Tengo a muchos compañeros de testigo, así que no mientas.

— Creo que esto tiene que hablarlo usted, señor ministro, con su abogado. Hermione está algo afectada— intervino Draco—, y no quiero que se sienta incómoda ahora. Sin ser irrespetuoso ni nada, creo que es hora de ir a casa.

— Muy de acuerdo contigo, Malfoy— dijo Kingsley mirando aún con enojo a su abogado—. Hermione, quiero hablar contigo el lunes temprano. ¿Es posible?

— Lo siento, señor… el domingo viajo a Australia.

— Oh… ¿y mañana sábado?

— Le avisaré con un patronus.

— Perfecto… Logan, vámonos; tenemos mucho que hablar.

El ministro y su abogado se levantaron y despidiéndose de todos se fueron. Hermione suspiró y se recargó en el hombro de Draco quien besó el tope de sus rizos.

— Me alegra que tengas la cuenta, Blaise. Mi trabajo aquí está hecho— murmuró la chica bajando la cabeza.

— Cariño, no puedes irte— dijo Blaise sentándose en frente de ella—. Te necesitamos.

— Yo te necesito también— dijo Draco haciendo que Hermione colocara su cara en el cuello de Draco.

— Lo sé, pero tengo un compromiso con mis padres… no puedo decirles que no.

Blaise miró el techo y mordió el interior de su mejilla, pensando.

— Ya sé. Hermione— pidió Blaise mirándola—. Anda a Australia. Si no te sientes cómoda allá y quieres volver, el trabajo aquí te estará esperando.

— Gracias…

— Y sobre Draco, creo que deben hablarlo. Es hora de ir a casa de todas formas.

OoOoOoOoOoO

Caminaron juntos por la calle, tranquilamente. Hacía calor a las 5 de la tarde, pero la sombra de los árboles era agradable.

— Calor, ¿no? —comenzó Draco.

— Ya no tanto. Está agradable para caminar.

— Hermione… ni siquiera te he pedido que seas mi novia, sabiendo que te irías el domingo, pero quiero que sepas que de verdad eres especial… por eso no te he seducido ni te he llevado a mi cama— dijo moviendo las cejas haciéndola reír.

— Te encontrarías con una idiota de 25 años que no tiene nada de experiencia sexual.

— Pues, puede que en algo pueda ayudar— dijo Draco riendo—. Como sea… siento muchas cosas por ti y sigo sintiéndome como un quinceañero cuando estoy contigo y es completamente distinto a lo que soy normalmente, y considerando que solo nos tomó dos días sentir todo esto… lo que quiero decir Hermione— dijo tomando su mano y deteniendo su caminar—, es que me vuelves loco.

— Tú también a mí.

— Y… no quiero que una relación conmigo te detenga, porque eso es muy cliché, pero si no encuentras vida en Australia o te aburres de los canguros… quiero que sepas que estoy aquí.

— ¿Y si me encuentro a gusto con los canguros?

— Algo haré, pero no quiero separarme de ti… necesito buscar una forma, pero… solo necesito tiempo para pensar en algo.

Hermione enlazó sus manos tras la nuca de Draco y empinándose lo besó.

— Te quiero un montón— dijo Hermione sonriendo—. ¿Y te cuento un secreto?

— Dime.

— No le he dicho a nadie que estoy "saliendo" contigo.

— ¿Ni siquiera a Potter y la pandilla?

— Ni siquiera a ellos— dijo Hermione riendo.

— Diles… será épico y me pones sus reacciones en el pensadero.

Hermione rio a tiempo que recibía los labios de Draco.

OoOoOoOoOoO

— Me iré a Australia por tres meses. Y si me hayo allá, me quedaré para siempre— soltó Hermione como una bomba en Grimmauld place n° 12 esa misma tarde.

— Que tú ¿qué? —dijo Ginny sin mover un músculo de la impresión.

— ¿Y tu trabajo, Hermione? —preguntó Ron.

— Me despidieron el viernes pasado. No querían gente hija de muggle en mi puesto y Logan, el supervisor, me entregó la carta firmada por el ministro.

— No lo creo… de Kingsley no lo creo— dijo Harry afectado—. ¿Te irás?, ¿y nosotros?

— Nosotros no importamos, Harry— sentenció Luna—, es la felicidad de Hermione… cariño, ¿te sientes segura de esto?

— Sí y no.

— ¿Por qué?

— Es una promesa que le hice a mis padres y de verdad quiero hacerlo… pero he empezado a salir con Malfoy… y de verdad siento que lo quiero — dijo a tiempo que el salón se sumió en el más profundo de los silencios—. Él me dice que haga lo que mi corazón diga, que me quiere y aceptará lo que yo elija. Me iré de todas maneras, aunque lo extrañe… aunque los extrañe.

— Arreglaremos las cosas en el ministerio— dijo Ron enojado—, ¿puristas de la sangre? ¡Mis polainas!

— Ron— dijo Luna—, debemos preguntarle a Hermione, cariño, ¿tu quieres volver al ministerio?

— Ahí no creceré profesionalmente, en cambio en Stardust podría hacerlo.

— ¿Stardust? ¿Qué es eso? —preguntó esta vez Ginny.

— La empresa que tiene Blaise Zabini, donde trabaja Draco.

— Blaise Zabini, ¿he? —dijo Ginny mirando el cielo, contemplativa.

— Ese tipo te tenía ganas— masculló Harry haciendo reír a Ginny.

— Pero yo he estado siempre estúpidamente enamorada de ti, así que no te sientas celoso— dijo acariciando su barbilla—. Entonces ¿trabajas para ellos?

— En realidad, no. Estuve haciendo una asesoría legal mágica y muggle para un negocio y me ofrecieron quedarme.

— ¿Sucio? —preguntó Ron.

— No, Ronald, ellos trabajan con medicamentos.

— ¿Drogas? —dijo Harry.

— ¡No!, son medicamentos que se están comercializando en el mundo muggle y en el mágico, por es necesitaban mi ayuda. Me pagaron bien y con ese dinero podré comprarles regalitos de Australia… si es que vuelvo.

— No creo que vuelvas— sentenció Luna. Todos se quedaron mirándola—, al menos no pronto. Siento que estás muy decidida amiga. Dime, ¿serías más feliz lejos de Londres? Porque de nosotros siempre estarás cerca, ¿no es así?

— Sí. Dejarlos nunca fue mi intención, por algo existen los métodos de comunicación mágicos y muggles… el problema es la sociedad mágica, que si no cambia es difícil que vuelva. Me rendí, luché muchísimo tiempo y no recibí más que malos tratos.

— Juro que haré algo… ¿por qué no nos dijiste nada? Estuviste cuatro años luchando sola— alegó Harry dolido.

— Porque era mi lucha… además, mañana hablo con Kingsley; él puede hacer el cambio… de hecho, Draco y Blaise se fueron del mundo mágico por lo mismo. Para ellos el mundo muggle es algo nuevo por descubrir; yo ya lo conozco, sé lo podrido que está también. Necesito liberarme.

— Pues, buen viaje— dijo Ginny sentándose a su lado y abrazándola.

— Gracias Gin.

OoOoOoOoOoO

El sábado por la noche Hermione estaba lista para dormir por última vez en aquella cama. Era nueva, pues la suya había sido destruida luego que los mortífagos entraran a la fuerza hacía 6 años. Todo en esa casa era prácticamente nuevo. Todo en esa casa le recordaba los malos tiempos de la guerra.

Se cepilló el cabello y lo trenzó para luego subirse a su cama y taparse. El celular comenzó a sonar.

— ¿Bueno? —contestó sin ver.

Hola hermosa—dijo Draco al otro lado de la línea.

— De tanto que me dices hermosa me lo harás creer.

Pues créelo, eres la mujer más hermosa del planeta.

— Sí claro— dijo Hermione riendo—. ¿Cómo estás?

La verdad extrañándote… ¿podrías abrir la ventana?

Hermione sonrió y salió de su cama para abrir la ventana. Ahí, en una escoba, a vista y paciencia de cualquiera, estaba Draco con el teléfono en el oído.

— Pasa, loco, ¿cómo se te ocurre?

— Tranquila que recién me saqué el hechizo desilusionador— dijo Draco entrando con la escoba en la mano.

Ambos colgaron la llamada y sonrieron. Hermione cerró la ventana y las cortinas para luego abrazarse a su cintura.

— Te voy a extrañar— murmuró la castaña haciendo que Draco apretara aún más su agarre.

— Yo más— dijo Draco besando su cabello—. Algo haré y te iré a ver.

— Draco— Hermione se separó un momento—. No quiero que te desvivas por esto— dijo apuntando el espacio entre ellos—, tienes derecho a tener una relación normal, no a larga distancia. Sabes bien que no sé si volveré y no quiero que me esperes.

— No te esperaré, estaré aquí— dijo sonriendo.

— Ay Draco…— Hermione se limitó a abrazarlo—. ¿Qué nos pasó?

— ¿A qué te refieres?

— Dos días… solo dos días bastaron para que tú y yo…

— Tal vez teníamos tensión sexual acumulada con los años— sugirió Draco sobre su pelo haciéndola reír.

— Puede ser… cuando estábamos en Hogwarts lo que tenías de guapo lo tenías de idiota.

— Lamento eso— Draco la alejó un poco para mirarla a los ojos—. De verdad lo siento— susurró.

— Está bien. Ya pasó— dijo para volver a abrazarlo.

— De verdad te quiero mucho. No sé que hiciste ese día en el autobús, pero quedé rendido a tus pies. No pude evitar pedirte el número. Estaba muy nervioso.

— Yo también lo estaba. De hecho, dudé en enviarte el patronus. Mis amigos me dijeron que no, que sí, que eras Malfoy— dijo haciendo que Draco rodara los ojos sabiendo que había sido alguno de los Weasley—, pero Harry me dijo que había hablado contigo en el ministerio.

— … Hermione… a riesgo que termines con lo que sea que tengamos… yo no he hablado con Potter… de hecho no lo veo desde hace 6 años.

— Entonces… ¿por qué es que me dijo…?

— Tal vez solo vio lo dudosa que estabas y …— Draco se alzó de hombros.

— Dijo muchas cosas buenas de ti e incluso me dijo que trabajabas en uan empresa mágica muggle.

— Es que me ama en secreto y me sigue— dijo haciéndola reír—. Puede ser porque es el abogado a favor de mi causa en el ministerio. Debe estar al tanto de lo que hago o me revocarán la sentencia, pero este es el último año de eso.

Hermione se sentó en su cama a tiempo que Draco la acompañaba.

— No te haré nada justo el día antes de tu partida. Cuando vuelvas te haré cosas— advirtió Draco subiendo y bajando sus cejas, un poco más oscuras que su cabello.

— Me alegro, porque ando con periodo— advirtió Hermione.

— Eso no importa… estarás más calentita allá abajo en esos días…

— ¡Draco! —dijo Hermione ruborizándose y golpeando su hombro, haciéndolo reír.

— Te extrañaré, abogada hija de muggle— dijo cuando Hermione colocó su cabeza en el hombro del platino.

— Y yo a ti sangre pura.

OoOoOoOoOoO

Harry y los demás llegaron al aeropuerto. Ron, Luna y Ginny jamás habían visto uno, así que Harry decidió llegar mucho antes para mostrarles los aviones a los chicos, explicarles como funcionan y comprarles un souvenir. Parecía padre de tres niños. Preguntaban por todo y miraban todo con curiosidad.

Se sentaron en una cafetería y bebieron frapuchinos de café. Ginny quería algo dulce así que pidió uno de manjar, así que estaba algo hiperventilada.

— Nada de azúcar para ti, Ginevra Weasley… te llevaré al médico; espero que no tengas diabetes— murmuró Harry al verla mover sus piernas.

— Créeme, se está comportando— dijo Ron riendo—, cuando éramos niños y Ginny comía dulces, corría por toda la casa. A veces tenía episodios de magia espontánea y volaba por la sala.

Todos los presentes rieron ante el recuerdo. Luna miró la hora y su risa se apagó; Hermione ya debería estar por llegar.

Cuando fueron al recibidor, vieron llegar a Hermione y a sus padres, conversando con unas maletas enormes; era cierto que se irían para siempre.

Hermione miró a sus amigos y su sonrisa se expandió.

— Vinieron— dijo al llegar junto a ellos. Abrazó a Ginny y todos los demás la abrazaron a ella.

— Claro que sí— dijo Harry—, no podíamos no despedirnos de nuestra mejor amiga.

— Gracias— dijo Hermione.

— Mimi— dijo Jean acercándose—, dame tu maleta, la llevaremos a registrar.

— Gracias mamá— dijo entregando una maleta de tamaño normal. Apretó un botón y la palabra "muggle" apareció casi imperceptiblemente. Su madre se alejó—. Le puse un hechizo de expansión indetectable. Si abren o escanean la maleta solo verán toallas higiénicas y ropa.

— Buen truco— dijo Harry asintiendo—. ¿Hablaste con el ministro?

— Ayer, sí. Estaba muy sorprendido. Le mostré mi carta de despido con su firma y se quedó de una pieza. Al parecer la falsificaron. Kingsley quería devolverme mi antiguo puesto, pero le dije que no.

— ¡¿Por qué?! —preguntó Ron.

— Quiero crecer como abogado, Ron. No quiero seguir arreglando la basura que hacían los "sangre pura"; tenía que sacarlos de aprieto cuando hacían algo malo. Soy abogada especializada en finanzas, no soy penalista. Odio ese trabajo. Me gusta ser representante de empresas. El trabajo que hice en Stardust fue impresionantemente fácil y divertido.

— Y porque había un rubio ahí cerca— dijo Luna cantarina.

— Sí… también…

— Mimi— llamó el padre de Hermione—, es hora cariño.

— Tengo que abordar— dijo Hermione abrazándolos uno a uno—, prometo llamar y estar al contacto.

— Espero que vuelvas, hermana— dijo Harry abrazándola fuerte. Ella era realmente una hermana mayor para él y sentía que una parte de su alma se iba con esa maleta.

— No lo creo, hermanito— murmuró Hermione—, pero te esperaré allá.

Cuando se separó de todos, ellos tenían lágrimas en los ojos. Ron no las reprimió y se las limpió con la manga.

Deseándole un lindo viaje, vieron partir a Hermione. Ella estaba a punto de pasar a la sala de espera del avión cuando un grito la hizo detenerse.

Hermione se dio vuelta y vio a Draco correr tras ella. Hermione sonrió. No le bastó con ir a despedirse la noche anterior y quedarse dormidos juntos, sino que ahí estaba, sudado por la carrera en un aeropuerto muggle.

Cuando llegó a su lado la tomó por la cintura y la levantó hasta dejarla con las piernas enganchadas a su cintura como koala. Harry y compañía se miraron impresionados, pero no dijeron nada, solo miraron la escena.

— Júrame que me mandarás tu dirección. Tengo el dinero suficiente como para irme cuantas veces quiera…

— Lo haré, lo prometo— dijo Hermione a tiempo que tomaba su cara y lo besaba.

— Te extrañaré mucho— dijo el platino mirándola de lleno.

— Y yo a ti.

— Haz algo para volver.

— No creo que vuelva… lo siento cariño.

— Entonces haré algo para ir— dijo a tiempo que la besaba.

— Mimi— llamó Jane sonriendo. Hermione la miró aun agarrada fuertemente de la cintura de Draco con sus piernas—, es hora.

— Voy— dijo para luego besar a Draco y bajarse de su cómoda posición—. Te quiero.

— No sabes cuánto te quiero… y te voy a confesar un secreto— dijo Draco colocándose rojo—. ¿Recuerdas el papel que encontraste en segundo año? ¿Acerca del basilisco?

— … no me digas que…

— Me sorprende que nadie se haya dado cuenta que te lo encontraste. Tú jamás romperías un libro— sonrió—. Yo sabía que te podía pasar algo y tenía un miedo horrible que ocurriera. Fui a verte todos los días aquella vez y desde ese día que siento millones de cosas por ti. Disculpa por decírtelo ahora.

— Te quiero más— dijo Hermione abrazándolo con lágrimas en los ojos que no se atrevía a derramar—. Debo irme.

— Buen viaje. Disfruta de los canguros.

— Lo haré— dijo Hermione besándolo por última vez y dando media vuelta para partir junto a su madre que la miraba con cariño.

— El imbécil es guapo— dijo la mujer.

— Te lo dije.

Draco se quedó mirando cómo se iba. Harry y compañía llegaron a su lado.

— Tanto tiempo, Malfoy— dijo Harry.

— Hey, Potter— murmuró Draco al ver que Hermione ya no estaba al alcance de su viste.

— Lindo espectáculo de amor romántico— dijo Luna—, digno de una historia de amor.

— No volverá, Malfoy… ¿lo sabes?

— Sí, mini Weasley, lo sé— dijo Draco a tiempo que se daba media vuelta para irse—. Nos estamos viendo. Cuídense.

— Haz algo, hurón— dijo Ron. Draco se detuvo para mirarlo—, o perderás a la única mujer que valdrá la pena en tu vida.

Draco no dijo nada, solo soltó una sonrisa de medio lado melancólica y siguió su camino.

Los cuatro amigos se quedaron ahí, mirando cómo el platino se iba con las manos en los bolsillos y la mirada en el suelo, como pensando.

— ¿Vamos por un pastelillo? —preguntó Ginny triste—, me dieron ganas de comer.

— Compremos para llevar— dijo Harry—. Nos aparecemos en casa. Le pedí a Kreacher que hiciera algún pastel dulce para el ánimo; todos lo necesitamos.

— Sí, vamos— dijeron todos.

Y sintiéndose como si fuesen una mesa sin cubierta, los cuatro amigos caminaron como lo había hecho Draco hacía un momento, tristes y cabizbajos, sabiendo que ella no volvería nunca, pues en la sociedad en la que estaban, lamentablemente, ella, siendo una heroína de guerra, no tenía cabida.


me excedí, lo sé... tranqui, aquí el epílogo