¡Hola a todos! Muchísimas gracias por los reviews, favoritos, lecturas y por la acogida en general que ha tenido el fic.

Vuelvo con la segunda parte de este fic. El segundo año de Lily, Snape y los merodeadores en Hogwarts. Si en el primer capítulo vimos que James y Lily llegaban a una indiferencia cordial tras encontrar puntos en común, veremos que el 31 de octubre de 1972 fue bastante más movidito y supuso un retroceso comprensible en su relación.

Amo a James y a Sirius, amor a los merodeadores y amo esa amistad tan única que tienen (la rata no cuenta). Pero odio a los abusones y James y Sirius lo fueron en algún momento de su vida, cosa que no voy a esconder aquí. Aunque valoro que maduraran y cambiaran y, sobre todo, que tuvieran mejores valores que esos, la realidad es que de niños dejaban qué desear. Aunque tampoco creo que fueran los monstruos como los que a veces pintan algunos que se atreven, incluso, a comparar su actitud con la de los mortífagos. Relativicemos, señores...

Ante ustedes, uno de los motivos por los que Lily gritó tanto -y a veces justificadamente-: ¡Te odio, James Potter!


1972: ¡Te odio, James Potter!

Durante el primer año ni James ni Lily interactúan demasiado. Ella pasa demasiado tiempo en la biblioteca y él, demasiado tiempo castigado. Ella se une a todos los clubs posibles como el de encantamientos o el de pociones. Él pasa más tiempo del debido observando los entrenamientos del equipo de quidditch y robando comida en la cocina gracias a su capa de invisibilidad.

Si hablan algo, normalmente es para discutir por la pérdida de puntos para Gryffindor o porque él y sus amigos han soltado alguna bomba fétida en los baños de las niñas. Oír sus gritos y verlas corretear es algo que les divierte sobremanera.

Aunque, sobre todo, James y Sirius parecen haber adquirido una obsesión con meterse con Severus. Lily aprecia que su amigo al principio les evitaba pero cada vez trata más de enfrentarlos de una forma que ella no considera responsable. Cuando ellos le enfrentan, están unidos (¿acaso hay algún momento en el día en que esos dos se separen?). Pero él no tiene a nadie más cuando les encara. Lo que siempre acaba derivando que ella se meta y acabe discutiendo con sus compañeros.

Sin embargo, el 31 de octubre de 1972 todo adquiere un tono más desagradable que las palabras y las burlas. Algo que Lily tardará años en perdonar y olvidar.

Ella no está cuando comienza todo. Es sábado, a media tarde y James y Sirius acaban de guardar la capa de invisibilidad en el bolsillo del primero, tras otra visita a las cocinas.

- Te digo que oculta algo raro –insiste Sirius, con la boca llena de calderos de chocolate.

James ataca un trozo grande de tarta de melaza que los elfos le han dado con devoción.

- Eres un mal pensado, Sirius. Solo tiene problemas en casa.

- ¿Todos los meses? –inquiere su amigo con sospecha.

James se encoge de hombros.

- No calculo cada cuanto pasa. Ya sabes que su madre está enferma y él también está delicado de salud.

- Vamos James, sabes tan bien como yo que todo eso no tiene ni pies ni cabeza.

El joven Potter suspira, subiéndose las gafas.

- Está bien. Reconozco que a mí también me ha llamado la atención. Nadie en circunstancias normales tiene permiso para ausentarse tanto. Pero, si él no quiere hablar de ello, no podemos obligarle.

- Conozco métodos. En mi familia ya sabes que tenemos conocimientos innatos de tortura. Son generaciones decapitando elfos, ya nacemos con la habilidad en la sangre –bromea Sirius, ganándose una carcajada de su amigo.

- Déjalo. Es nuestro amigo, cuando quiera contarlo, ya lo hará.

Sirius asiente en silencio, metiéndose otro caldero de chocolate entero en la boca.

- ¿Le comentamos a Peter nuestras sospechas? –pregunta con la boca llena.

James le mira socarronamente.

- Olvídalo. Se pondría nervioso y se le notaría delante de él que hablamos a sus espaldas. ¿Para qué incomodarle?

Sirius se detiene, mirando por encima del hombro de James.

- Hablando de hacer algo a espaldas de alguien… ¿A qué te dedicas, Quejicus? ¿Ahora nos espías?

Reticentemente, Severus Snape sale de detrás de la columna en la que se ha estado ocultando.

- Yo no espío a nadie –exclama desafiante, aunque algo colorado porque le hayan pillado-. Y deja de llamarme así, Black.

- ¿Por qué, Snivellus? –pregunta James socarrón-. ¿No eres acaso un quejica que se pasa la vida acusándonos frente a los profesores y corriendo tras las faldas de Evans?

Severus frunce el ceño y luego les mira con superioridad.

- Vosotros lo que sois es idiotas.

- ¿Perdón? –pregunta James divertido, mientras Sirius, de mecha más corta, saca la varita con rabia.

- Pasáis tanto tiempo con Lupin y no tenéis ni idea de lo que os esconde ese… -se detiene antes de usar el calificativo que parece guardar para Remus-. En fin, que no sabéis ni con qué energúmenos os juntáis. Aunque no debería sorprenderme de unos Gryffindor. Mucha apariencia y poco cerebro.

Sirius gruñe pero es la varita de James la que es más rápida.

- ¡Fregotego!

Y Severus se lleva las manos a la boca, encogiéndose cuando las burbujas de jabón empiezan a salir de ella. Sirius estalla en carcajadas.

- Está muy mal ensuciarse la bocota con esos desprecios, Quejicus –se burla James.

- Casi tanto como tu pelo –añade Sirius riéndose-. ¿Has hecho una apuesta con Filch para ver quién pasa más tiempo sin bañarse?

Esa broma consigue las risas de varios alumnos que se han reunido en el vestíbulo, lo que envalentona a los dos Gryffindor de segundo año.

Severus lucha por dejar de escupir burbujas y saca su varita para defenderse.

- ¡Expelliarmus! –grita Sirius, arrebatándosela.

James sigue apuntándole con la varita aunque no hace más movimientos. Está más concentrado en disfrutar de la atención de los demás que en lo que pueda pasar con su némesis. Ante su incapacidad por utilizar la magia, Severus se ciega y carga contra él, dispuesto a derribarlo a lo muggle.

Sirius alza la varita pero, una vez más, James es más rápido.

- ¡Impedimenta!

Y Severus cae de golpe, tropezando contra sus propios pies.

- ¡Muy buena, Potter! –exclama detrás de ellos un alumno mayor entre risas.

James sonríe, encantado por la atención y el reconocimiento, y no es consciente de que Severus se ha acercado lo suficiente como para golpearle la rodilla con el puño. Dolorido, James le da una patada en el brazo para apartarle, al tiempo que Sirius agita su varita y grita:

- ¡Flipendo!

Lo que ninguno espera es que haya una escalera tan cerca, por la que Severus pierde el equilibrio y cae varios peldaños hasta el siguiente rellano, donde queda casi inmóvil. Los gemidos de asombro se abren paso entre los presentes y James y Sirius abren los ojos alarmados por lo que acaba de pasar.

- Mierda –murmura Sirius mientras James baja un par de peldaños, queriendo ver si Severus se mueve.

- ¿Qué está pasando aquí? –pregunta entonces la atronadora voz de la profesora McGonagall que, con su mera presencia, consigue dispersar a la mitad de los alumnos.

James y Sirius se sienten muy pequeños cuando centra su mirada en ellos y a ambos se les escapa una mirada culpable escaleras abajo. Cuando McGongalla ve a Severus Snape tirado en las escaleras, ahoga una exclamación y baja corriendo.

- ¡Vosotros dos no os mováis de aquí! –grita por encima de su hombro mientras conjura una camilla y lo traslada a la enfermería con urgencia.

James y Sirius no osan desobedecerla, aunque los demás sí se marchan, lanzándoles miradas que ya no son divertidas ni socarronas. Ambos permanecen unos minutos en silencio, preocupados.

- ¿Crees que lo que hemos matado? –pregunta James, mordiéndose los labios preocupado.

Sirius le mira alarmado pero luego desecha la idea con un manotazo.

- Imposible. Seguro que la grasa ha parado la caída –se burla, aunque su mirada alarmada desdice su tono despreocupado.

McGonagall llega poco después y les arrastra en un frío silencio a su despacho. Allí, les lanza la mirada más dura y decepcionada que le habían visto hasta el momento, consiguiendo que ambos alborotadores bajen la cabeza.

- Jamás –murmura con los labios apretados-. Jamás creí que pudiera sentirme tan decepcionada de vosotros dos. Agredir de esa forma tan brutal a un compañero…

- No era nuestra intención –comienza James.

- Silencio, Potter.

- Pero ha sido un accidente, profesora. La escalera…

- Black, ya basta. Tenéis suerte de que Snape solo ha sufrido una contusión. Pero, además de que cada uno perdéis 30 puntos para Gryffindor, merecéis un castigo acorde al daño que habéis podido causar. Y eso será decisión del director.

James y Sirius se miran alarmados. Durante ese año, han estado en los despachos de casi todos los profesores y casi cada semana visitan el de Filch. Allí, incluso tienen un cajón reservado solo para ellos, sus travesuras y sus castigos. Pero nunca han hecho algo tan grave como para tener que visitar el despacho de Albus Dumbledore.


Una hora después, ambos están frente a él, impresionados y algo cohibidos por todo lo que les rodea. Los retratos de todos los anteriores directores les miran con censura, un majestuoso fénix se picotea el lomo sin apartar la mirada de ellos y Albus Dumbledore les observa en silencio, con la barbilla apoyada en sus manos. Cuesta sostener la mirada a esos profundos y sabios ojos azules.

- ¿Por qué lo habéis hecho? –pregunta finalmente.

James y Sirius se miran de reojo.

- No pensamos que la cosa fuera a acabar así –se justifica James.

- Nos estaba espiando y se metió en nuestra conversación para insultarnos.

- ¿Eso es motivo para tirar por las escaleras a un compañero?

- No nos dimos cuenta de que la escalera estaba ahí –señala James.

- Fue un error de cálculo. Le pegó a James y solo traté de apartarle –añade Sirius.

- Tengo entendido que, antes de que ocurriera, ya lo habíais estado ridiculizando delante de otros compañeros.

Esa vez ambos tienen la suficiente prudencia de callarse. Bajan la mirada y esperan la sentencia, temiendo que esta pueda ser demoledora.

- Me creo que no tuvierais intención de hacer tanto daño –dice finalmente el director y ambos suspiran aliviados-. Pero tenéis que aprender que, a veces, nuestros actos tienen consecuencias peores de las que esperamos. Y debéis pagar por ello.

- Sí, profesor –dicen al mismo tiempo mansamente.

- A partir de ahora, ayudaréis al señor Filch a limpiar todas las tardes hasta nueva orden. Sin excepción.

James abre la boca, dispuesto a protestar.

- Sé que lo han escogido para el equipo de quidditch este año, señor Potter –se adelanta Dumbledore-. Pero me temo que comprenderá que merece un castigo a la altura de su transgresión y debo prohibirle forma parte del equipo este curso. Quizá, si mejora su comportamiento, el año que viene lo consiga.

El muchacho frunce el ceño pero no se atreve a replicar.

Cuando abandonan el despacho, Sirius está aliviado por no haber sido expulsado y James hierve de rabia porque le hayan arrebatado aquello con lo que ha soñado desde que ha entrado en Hogwarts.


La situación no mejora más tarde, cuando ambos llegan a la sala común, y sus compañeros les miran con furia por su pérdida de puntos y susurran entre ellos. James se lleva un rapapolvo por parte del capitán de quidditch, que ve cómo su equipo ha quedado desmembrado a pocos días del partido contra Slytherin. El humor de Sirius ha vuelto a agriarse y le pega un gruñido a Peter cuando éste se acerca a preguntarles qué ha ocurrido.

Remus anda con pies de plomo alrededor de ellos. No les pregunta directamente por ello pero les mira con una mezcla de censura y confusión por encima del libro que finge leer, como si no entendiera que hayan sido capaces de hacer algo así.

- Snape está en la enfermería –les informa al cabo de un rato, cuando los cuatro están sentados en un rincón, alejados de los demás-. Dicen que saldrá mañana, que no ha sido muy grave.

- Se nos fue de las manos –murmura James, enfurruñado y con la barbilla pegada al pecho-. No es como si fuésemos tirando gente por las escaleras normalmente.

- ¿Por qué lo hicisteis? –pregunta Lupin, buscando comprenderlos.

- Se metió en medio de nuestra conversación. Nos insultó –insiste Sirius.

- Solo queríamos burlarnos un poco de él para que dejara de ser tan metiche. Siempre persiguiéndonos y buscando meternos en problemas. Solo era darle una lección, no hacerle daño.

- Ni siquiera vi las escaleras –se lamenta Sirius enfadado, dando una patada a la mesita que tiene delante.

Remus asiente. No lo comparte pero sabe que sus amigos no dañarían seriamente a nadie a sabiendas. Son impulsivos, un poco chulos y unos inmaduros. Pero no van pegando a nadie por ahí ni buscando hacer un daño serio. Ni siquiera a Severus-Metete-Quejicus-Snape.


Según se acerca la hora de la cena, los integrantes de Gryffindor van desapareciendo de la sala común rumbo al delicioso banquete de Halloween que toca esa noche. Y, de repente, el retrato se abre de golpe y una niña bajita y pelirroja lo atraviesa a zancadas.

Peter es el primero que la ve ir hacia ellos y abre la boca para lanzar una advertencia. Pero, antes de que pueda emitir ningún sonido, la niña, con el rostro enrojecido y las lágrimas cayendo por sus mejillas, se lanza contra James y le da un sonoro bofetón.

- ¡Eres-un-puñetero-matón! –le grita Lily sollozando, mientras le golpea con cada palabra-. ¡Te odio, James Potter, te odio!

James se aparta de los golpes a duras penas y la mira sorprendido, con las gafas torcidas. Lily sigue arremetiendo contra él pero Remus y Sirius se interponen.

- Cálmate, Lily, por favor –suplica Remus.

- ¡Eh! –grita Sirius, más alterado-. Ha sido culpa mía, ¿vale? Yo lancé a tu amiguito por las escaleras. ¡Ha sido sin querer pero he sido yo!

- ¡No es lo que Sev dice! –protesta Lily, sorbiendo por la nariz y agitándose para soltarse de su agarre-. Pero me da igual. ¡Sois los dos iguales! ¡Solo sabéis hacer daño, solo sabéis molestar! ¡Este colegio estaría mejor sin vosotros!

Se lanza contra Sirius para darle también un bofetón pero él la empuja, ganándose a su vez un empujón de Remus y James. Sirius no es como James. No acepta los golpes de las niñas sin rechistar solo porque sean niñas. Pero su amigo ha sido educado de otra forma y le mira con advertencia para que se calme, antes de girarse hacia Lily.

- Lo sentimos, ¿vale, Evans? La cosa se desmadró.

- ¿Se desmadró? –grita ella, empujándole el pecho-. ¡Podríais haberle matado, descerebrados!

- ¡Solo ha sido una contusión!

- ¡Podría haber sido más!

- ¡Pero no lo ha sido!

- ¡Y encima por diversión, porque sí! –bufa ella ofendida-. Él estaba allí, tranquilamente. ¡Siempre os metéis con él sin que haga nada!

- ¿Perdón? –exclama Sirius con una risa sin humor-. ¿Es lo que va contando? ¿Que él no hizo nada?

- Tu amigo tiene la manía de meterse en conversaciones ajenas –le recuerda James.

Lily niega con la cabeza con decepción.

- Aunque así fuera, jamás sería excusa para lo que hacéis con él.

- ¡Al menos que no vaya de santo! –se defiende James-. ¡Nos espiaba, se metió en medio de nuestra conversación y nos insultó!

- ¡Venga ya! –protesta ella-. Si por mi fuera, ambos estaríais camino a casa.

- Afortunadamente, una amante de las serpientes no tiene poder en este colegio –le responde con dureza Sirius.

Lily les mira con odio una vez más y vuelve a empujar a James antes de apartarse de los cuatro.

Potter se lo piensa unos segundos pero echa a correr antes de que ella alcance las escaleras que llevan a las habitaciones de las niñas. La agarra del brazo y le da la vuelta.

- Ya me he disculpado una vez y no pienso volver a hacerlo –le espeta en voz baja-. Pero dile a tu amigo que no se haga el santo. Contra Sirius y contra mí puede hacer, decir o intentar lo que quiera. Pero a Remus que lo deje tranquilo.

El entendimiento brilla unos segundos en los ojos de Lily, que parece percatarse, en parte, de lo que ha pasado para provocar esta nueva pelea. Pero, después, su mirada se vuelve de nuevo dura.

- ¿Ahora tiráis por las escaleras a los que tienen curiosidad por la ausencia de sus compañeros de clase? –le pregunta también en voz baja.

La mirada de James se oscurece y el sentimiento de protección le rodea.

- Cuidado, Evans. No dejaré que hagáis daño a mis amigos.

Ella no se amedrenta. Alza la cabeza y le mira desafiante.

- Cuidado, Potter. Me aseguraré de que tú no vuelvas a hacérselo a los míos.

Y desaparece escaleras arriba.

Ninguno de ellos disfruta ese año del delicioso menú que los elfos han preparado para Halloween. Ninguno tiene ánimos.

Lily está demasiado preocupada por su amigo y enfadada con unos compañeros que había considerado traviesos pero inofensivos hasta este día. James no baja tampoco, enfurruñado por la pérdida de la plaza en el equipo y sintiendo algo parecido a la culpabilidad por haber hecho un daño físico a un compañero al que aborrece pero de cuyo malestar tampoco quiere ser causante.

Ninguno olvida las amenazas que se profirieren esa noche. Lo que hasta ese momento había sido indiferencia y poco trato, a partir de ese día, se transforma en un desprecio mutuo que llevará años conseguir derribar.

Por supuesto, Gryffindor pierde el partido contra Slytherin y también la copa de ese año. Y James y Sirius limpian retretes y lavabos hasta que les salen ampollas en las manos. Pero Remus Lupin tarda un tiempo en averiguar qué se había dicho esa tarde. Y el remordimiento por mentir a unos amigos dispuestos a defenderle a capa y espada se hace más grande e insoportable ese año.

Mientras unos lazos se rompen, otros se hacen más fuertes. La lealtad con unos a veces conlleva la decepción a otros.


Hasta aquí el segundo capítulo. No sabemos exactamente en qué año entró James en el equipo, así que me he tomado una pequeña licencia en este caso. En una cuestión tan grave, creo que Dumbledore trataría de ser ejemplarizante. No todos somos Harry Potter para estar a punto de desangrar a un compañero (aunque sea Malfoy) y seguir siendo capitán de quidditch -aunque los castigos te impidan jugar-.

La actitud de Lily me parece de lo más comprensible y aquí vemos más de su carácter. Por otro lado, tampoco quiero disculpar a Severus. Es cierto que es un metiche y es cierto que se mete donde no lo llaman, además de que también le gusta insultar. E irá a peor con los años, como su enfrentamiento con James. Pero aquí fue la víctima por completo. Eso sí, el por qué le dice a Lily que todo ha sido obra de James y olvida mencionar a Sirius es algo que tendréis que especular vosotros...

En cuanto a Remus... Lo amo y amo su culpabilidad por no poder ser sincero con sus amigos, pese a que ellos dan la cara por él como sea. Esa amistad no hará más que crecer.

Dejadme vuestras impresiones. ¡Nos leemos en el siguiente capítulo!

Eva.