¡Hola a todos! Perdonad por haberme saltado la actualización dos días... El sábado tuve un día complicado de verdad y no pude hacerlo y ayer FFNet me hizo la jugarreta y no me dejó. Espero que no me vuelva a ocurrir y pueda actualizar según prometí.
Os traigo el cuarto año de nuestros muchachos en Hogwarts. En el título del capítulos ya deja claro que ocurre... Nuestros muchachos tienen entre 14 y 15 años y la adolescencia y la efervescencia de las hormonas ha hecho explosión. La ligera química que había entre Lily y James el año pasado se hará palpable en, al menos, una de las partes.
También seguiré hablando de los intentos de los merodeadores por hacerse animagos. Este año, en el videojuego Hogwarts Mistery se ha dado más información acerca del proceso y de la poción que hace falta elaborar para conseguirlo. Os aconsejo leer sobre ello, porque me basé en eso.
Y aquí es cuando advierto que el lenguaje cambiará y se hará más adulto. Por el momento, los cambios son solo en el lenguaje y los temas de conversación (¡solo tienen 14 años!) pero más adelante la cosa subirá de tono. Os dejo con el capítulo.
1974 - 4 AÑO: El inicio de la atracción
- ¡Es que está taaaan guapo!
- No habría creído que pudiera serlo más pero es que ha vuelto mucho más grande y no sé… Atractivo. Y cada día se está poniendo más cachas.
- Sexy. La palabra que estáis buscando es sexy.
Desde el baño, mientras se lava los dientes, Lily rueda los ojos. Como vuelva a escuchar una vez más lo guapísimo que es, ha sido y será siempre Sirius Black se tira por la torre de Astronomía.
Lleva cuatro años escuchando el mismo discurso a sus amigas y compañeras de cuarto. Repetitivo y aburrido. Y, encima, ahora que él ha vuelto ese verano bastante más alto, con los brazos y el torso más anchos y con el pelo más largo, parece que las pocas hormonas que quedaban por alborotarse a su alrededor lo han hecho. Las risitas y los susurros entre las chicas son constantes cada vez que él aparece, con ese aire que se ha vuelto más rebelde si pudiera, con la camisa por fuera, la corbata suelta y demasiados botones del cuello desabrochados.
Ella no va a negar que el chico es guapo. Porque lo es. Pero, Merlín, ¿tiene que ocupar el tema de conversación cada mañana? ¿No existen más chicos en Hogwarts, más mayores, más responsables y que no tengan la palabra 'peligro' escrita en cada poro de su piel? Sinceramente, ella no lo entiende. Debe ser que está ciega o que tiene el instinto atrofiado pero está convencida de que no es para tanto.
Tras peinarse el pelo en una coleta que le despeja la cara, regresa a su habitación a colocarse la túnica, recoger la mochila y guardar la varita en su bolsillo. Gwen está alisándose la falda con un hechizo y Aura está tratando de probar otra poción contra el acné juvenil, aunque no parece que tampoco tenga un gran éxito. Como las otras con las que lo ha intentado.
- Algo le ha pasado este verano –dice Olivia, que ya está arreglada y esperando a sus amigas, apoyada en el poste de su cama-. No sé explicarlo pero es que ahora, cuando te mira, es como si pudiera quitarte la ropa solo con la mirada. Es muy intenso.
- Pues a mí nunca me ha mirado así –bufa Aura, rindiéndose ante el espejo y peinándose el flequillo hacia adelante para, al menos, tapar los granos de la frente.
- Ya quisiera yo… –dice también Gwen, sentándose derrotada en su cama.
Y Lily no puede contenerse.
- De verdad. ¿No tenéis otro tema de conversación que no sean las miradas sucias de Sirius Black? Me sé el repertorio de memoria.
Las tres chasquean la lengua a la vez y Lily sabe que la consideran una aguafiestas.
- Quizá es que a Lily le gustaría más hablar de las miradas sucias de James Potter –bromea Olivia, provocando la risa en sus amigas.
Lily las mira flipando, boquiabierta y sin saber a qué viene eso. Pero no puede evitar ponerse colorada por lo que da a entender.
- ¿De dónde sacas esa tontería? –pregunta irritada.
Olivia rueda los ojos.
- Tranquila, Lily. Es solo una broma que dijo Sirius el otro día. Según él, estás tan empeñada siempre en discutir con James porque, en el fondo, te gusta.
Gwen y Aura vuelven a reírse y Lily no da crédito a las tonterías que pueden soltar sus amigas por la boca y a las que dan crédito solo porque salen de la boca de Sirius Black.
- Si discuto con Potter es porque es un idiota integral. Cosa que también es Black, por cierto. Pero ya le enseñaré a no ir esparciendo por ahí rumores falsos sobre mí.
Está tan enfadada que se marcha directamente al comedor sin esperarlas.
- Vamos, Lily, no puedes tomártelo todo tan en serio. Solo es una broma –escucha a Olivia llamarla escaleras arriba.
Pero ella la ignora. Baja a la sala común y la atraviesa para cruzar el retrato y bajar a desayunar.
Le irrita que sus amigas se hayan vuelto tan estúpidas. Es cierto que no son tan íntimas y que, si no compartieran cuarto, probablemente no habrían acabado en el mismo grupo. Aura y Gwen son un poco simples, la verdad. Olivia es algo más inteligente y, al menos, puede tener conversaciones más profundas con ella. Pero la verdad es que desde que se ha echado novio –un chico de sexto curso- se ha vuelto bastante creída.
Y lo cierto es que, ese año, Lily se siente desubicada. Siempre lo ha estado entre ese grupo. Por eso, tiende a relacionarse con chicos y chicas de cursos superiores. Son más maduros y más inteligentes. Pero tampoco encaja con ellos del todo. Es muy madura para sus amigas pero muy niña para sus otros compañeros.
Cuando llega al comedor, en la puerta se encuentra con el único amigo de verdad en todo el colegio con quien sí se siente a gusto. Severus está entrando en ese momento con un grupo de compañeros de su casa.
- ¡Ey, Sev!- le llama en voz alta para que la espere.
Él se vuelve, sobresaltado, y empalidece un poco. Les susurra algo a sus amigos, que la miran con el desprecio habitual y se marchan, dejándolos solos. Lily no le da importancia; sabe que él no lleva bien llamar la atención y varios se han girado con su grito. Llega hasta él con una sonrisa que él le devuelve tímidamente.
- ¿Qué tal, Lily?
- Deseando hablar con vida inteligente –bromea, ganándose una risa de él.
- ¿Tus amigas de nuevo? –pregunta con aire de sabiondo. Lily asiente-. Ya te he dicho que son más simples que el funcionamiento de una pluma.
- Tampoco te pases –le dice escondiendo una pequeña sonrisa.
Una cosa es que ella lo reconozca para sí misma, pero no es ético que permita que las insulte otra persona. Son sus amigas, pese a todo.
- ¿Desayunamos juntos? –le propone a su amigo.
Severus la mira y luego lanza una mirada precavida al comedor, que ya está repleto de alumnos a esas horas.
- Mejor nos vemos luego –rehúsa-. Es que he quedado en comer con los de mi clase y… -se detiene al ver la mirada desilusionada de Lily-. Lo siento. Pero, oye, podemos estudiar luego juntos. ¿A las cinco en la biblioteca?
Lily se encoge de hombros.
- No importa. Sí, luego nos vemos –murmura, sin querer darle más importancia.
Severus se aleja de ella nada más entrar al Gran Comedor y Lily arrastra sus pies hasta la mesa de Gryffindor.
La verdad es que hasta Severus está raro. Desde que comenzó el curso está… distante. No cuando están solos. Cuando son solo ellos, sigue siendo su mejor amigo: inteligente, sarcástico y generoso. Pero, en cuanto hay más personas alrededor, pone como una barrera que no entiende. No ha pasado nada entre ellos. El verano ha sido igual, viéndose casi todos los días, y todo se mantiene como siempre.
Ahora él se junta más con los de su clase, cosa que le parece bien, porque siempre ha sido muy solitario. Pero Lily supone que ella no encaja con ellos. Aunque tampoco quiere hacerlo porque no está segura de que le caigan bien, con esas miradas que le lanzan. Quizá es culpa suya eso de no encontrar su sitio. No puede ser culpa de todos los demás.
Una miga de pan cae en su zumo de calabaza y levanta la cabeza, molesta por la interrupción, pero enseguida se da cuenta de que solo ha sido un daño colateral. No se había dado cuenta de que se había sentado al lado de Peter Pettigrew hasta que comprende que está en medio de un fuego cruzado entre Potter, Black y él.
En otro momento, habría comenzado una discusión con ellos por ser tan inmaduros y molestos. De hecho, tenía preparada una buena respuesta para Black por haber difundido tonterías sobre ella. Pero lo cierto es que el plantón de Severus sí le ha afectado y no tiene ganas de discutir.
Ellos ni siquiera se han dado cuenta de que le han molestado o siquiera de que está sentada a su lado. Quien sí lo hace es Remus Lupin, que está sentado al otro lado de Pettigrew, que, entre risas, tira pequeños trozos de bollos a sus amigos como respuesta. James los despeja con la varita y Sirius juega a tratar de atraparlos con la boca.
Remus se levanta y obliga a Peter a correrse a un lado para sentarse él al lado de Lily y así hacer de escudo entre sus amigos y ella.
- Lo siento, Lily –se disculpa con una sonrisa-. No lo han hecho a posta.
Le falta decir: "Son como niños", aunque Lily lo lee en su sonrisa y le hace un gesto, restándole importancia al incidente. Remus siempre es muy considerado. La mirada de ella se desvía al periódico que él lleva en la mano y que había estado leyendo. En la portada, alertan de la desaparición de cinco magos y brujas pertenecientes al Departamento de Seguridad Mágica. Su mirada se oscurece y, cuando mira a Remus, se da cuenta de que la de él, también.
- Esto pinta mal –le susurra en voz baja.
Él asiente, ajeno a las risas de sus tres amigos.
- Sí. Pinta muy mal.
Sirius ha cambiado ese verano. Es decir, básicamente sigue siendo el mismo. Gamberro, sarcástico, cortante, leal y un toca pelotas encantador, como le gusta denominarse a sí mismo.
Pero todos han percibido que algo ha cambiado durante esos tres meses en los que no se han visto. Porque, en verano, nunca pueden verse. Los padres de Sirius le tienen atado en corto, jamás le dejarían quedar con sus amigos mestizos y traidores a la sangre.
Y no solo se nota el cambio porque haya crecido diez centímetros, le haya cambiado la voz y se le hayan puesto los brazos de un chico de séptimo año, sino que también ha cambiado por dentro. Él se lo cuenta todo nada más llegan al Expreso de Hogwarts, claro. Entre ellos, no hay secretos. Su tío Alphard le ha sacado de casa un par de veces para compensarle que le tengan tan vigilado. Con él puede, la madre de Sirius aún no se ha dado cuenta de que su hermano está más de parte de su sobrino que del lado de ella.
Lo ha llevado al Londres muggle, le ha dejado ver más mundo, interactuar con gente de su edad e incluso le ha sacado de fiesta. Sirius cumplirá 15 años la semana que viene pero la verdad es que por su altura y corpulencia podría pasar por un par de años mayor.
Y resulta que, estando de fiesta, conoció a una turista muggle italiana que se creyó que, efectivamente, lo era. Y que le ha dejado hacer cosas. Cosas que antes ni se había planteado que se pudieran hacer con una chica. Y le ha hecho ella a él otras tantas que aún le tienen alucinado.
Siendo tan fanfarrón como es Sirius, no puede evitar compartir todo eso con sus amigos. Y, desde que ha comenzado el curso, solo habla de chicas, de tetas y de sexo. Remus le ha pedido mil veces que pare, que a él le incomoda muchísimo, y Sirius le llama nenaza. Peter le pide siempre más detalles, a lo que su amigo responde que es un pervertido.
James está de acuerdo con lo segundo y no tanto con lo primero. Porque comprende a Remus. Es incómodo escuchar a Sirius contar lo que esa muggle era capaz de hacer con la boca y recordar el tamaño de sus tetas. Y es que es incómodo imaginar a Sirius en esa situación, la verdad. Pero igual él también es un poco pervertido porque eso le hace, de repente, fijarse en las chicas de su curso de un modo en que antes no lo había hecho.
Sabía que las había guapas, feas, muy feas y guapísimas. A Gwen Smith no le daría ni la hora y a Georgia Leehman, la capitana del equipo de Hufflepuff que va a último curso, le daría hasta el último knut que tienen sus padres en Gringotts, aunque ella no le mira ni para esquivarle en el campo.
Pero es que, ahora, se fija en sus cuerpos, sus curvas y en el bajo de las faldas del uniforme. Y es incómodo, porque eso cambia su relación con ellas. Más de una vez tiene que esforzarse por no ponerse colorado o porque no se note que ha mirado el culo de Olivia Henderson cuando ella se inclina en clase de pociones. Aunque, por el modo en el que lo hace, a veces, cree que esa es su intención.
- Es que lo hace a posta –asegura Sirius cuando van camino a clase de Encantamientos esa mañana-. Tiene un buen culo y quiere que se sepa.
Su amigo tampoco ayuda analizando a todas las chicas con las que se cruzan por los pasillos, las clases o el comedor.
- Olivia tiene novio, Sirius –le recuerda Remus con tranquilidad.
- ¿Y qué? Ni que fuera a meterme con ella en el cuarto de las escobas por mirarle el culo.
El cuarto de las escobas es donde van las parejas de los cursos superiores a tener intimidad y meterse mano. Sirius, James y Peter lo descubrieron en segundo por casualidad, cuando se escaparon una noche tratando de averiguar a dónde iba Remus y se encontraron a los prefectos de Ravenclaw haciendo otras cosas que no eran patrullar.
Últimamente, Sirius ha ido un par de veces con chicas de los últimos años. James también lo haría pero resulta que a él sí siguen viéndolo como a un crío. Ser bajito y delgado no ayuda a verse más maduro.
- La que va a tener unas buenas tetas es Aura Johnson. Se nota –continúa Sirius.
- ¿Tú crees? –se sorprende Peter-. ¿La granos?
Sirius se encoge de hombros.
- Como comprenderás, no le he mirado mucho la cara con la delantera que se le está poniendo.
James y Peter se ríen y Remus rueda los ojos. Y Sirius continúa.
- La que tampoco está mal, si te fijas, es Evans.
A James se le corta la risa. Mira a su compañera, que camina en solitario varios metros por delante de ellos. La mirada de Sirius está en sus piernas torneadas y también recae en ella la de Peter. Ella, cuya coleta se balancea al ritmo de su caminar, es ajena a que la están analizando concienzudamente. Y a él no le hace gracia esta vez, igual que a Remus.
- Es Evans –murmura, como si eso lo descartara todo.
- No es como si fuera a enrollarme con ella –repone Sirius-. Solo digo que, aunque es una amargada, está buena.
- No es como si tuvieras la más mínima posibilidad de que te hiciera caso –le recalca Remus.
Sirius chasquea la lengua pero no discute. Y James agradece cuando sus amigos dejan de mirar a Lily. Él también deja de hacerlo pronto, aunque le cuesta algo más de tiempo porque, de repente, ha descubierto un lunar en su cuello en el que no se había fijado antes. Y es absurdo que se fije en eso hablando de tetas y culos pero a él le llama más la atención eso que el culo de Olivia o las tetas de Aura.
Ese día se saltan la comida para llevar a cabo un plan que llevan días maquinando.
Desde que tomaron la decisión de hacerlo, han estado preparando en secreto su futura transformación para ser animagos. A pesar de lo que Remus pensaba, la idea no se les ha ido de la cabeza sino que se han convencido más que nunca.
No saben si es porque está entrando en la adolescencia pero sus transformaciones son cada vez más brutales. Vuelve más herido y necesita más días para recuperarse. Y ellos no pueden esperar a poder acompañarle para hacérselo más llevadero. Porque están seguros de que, junto a ellos, todo iría mejor.
Pero están estancados en la poción. James tuvo algunas clases con McGonagall el pasado curso que fueron muy productivas. Incluso reconoce que, si no quisiera utilizarlo para fines no permitidos, habría querido seguir aprendiendo de ella. Su profesora es buena y paciente. Y estaba orgullosa de sus progresos.
Pero cuando sintió que tenía esa parte controlada, le comunicó que no estaba convencido y que prefería dejar las clases por un tiempo. Su profesora estuvo semanas mirándole decepcionada pero lo asumió. Y él aún se siente un poco culpable. No le gusta que lo mire con esa expresión, como si en el fondo supiera que él no iba a acabar con un proceso tan laborioso. Algo que, por algún motivo que no entiende, porque a ella no tendría que importarle, también hace Lily Evans. Le irrita y le gustaría demostrarles a ambas que todo eso no es por vagancia. Que piensa acabar y convertirse en animago.
Pero Remus es más importante, así que se centra en el plan. Tienen que atacar los armarios de Slughorn. Es la única solución.
Para elaborar la poción, necesitan una hoja de mandrágora, una crisálida de polilla esfinge de la calavera, un cabello de cada uno de ellos y rayos de luz de luna llena y una cucharita de rocío en una zona que no haya pisado un humano en los últimos siete días.
Las hojas de mandrágora son fáciles, Sprout siempre tiene una colección en el invernadero 3 y es fácil para ellos robarlas. Pero hay cada elemento…
- ¿Cómo narices se atrapan rayos de luna llena? ¿Tú le puedes dar un mordisco o algo, Lunático?
Sirius se ríe de su propio chiste y los demás se aguantan, porque es tan malo que ni lo merece. Pero, en parte, tiene razón. Hay ingredientes que no tienen ni pies ni cabeza y van a ser difíciles de conseguir. Aunque seguro que hay hierba rociada sin pisar en el Bosque Prohibido. Pero, ¿cómo atrapar rayos de luna?
- Lo importante es la crisálida de polilla esfinge de la calavera –recuerda James, con la varita colocada tras la oreja, vigilando el otro lado del pasillo de las mazmorras donde se encuentra el despacho de Slughorn.
No son fáciles de conseguir. No es precisamente un animal que habite por los alrededores. Todos han estudiado bien sus migraciones y no pasa cerca de ellos ni por casualidad. Peter intentó encontrar algunas ese verano cuando fue con sus padres de vacaciones a las Islas Canarias pero solo le sirvió para coger una infección. James aún se ríe de recordarlo.
- Solo tú puedes confundir una oruga esfinge con una venenosa, Pet –se burló cuando les enseñó el primer día de curso la mano aún algo hinchada y enrojecida.
El enano se sonrojó pero alegó que, al menos, lo había intentado. Y eso era verdad.
- ¿Estáis seguros de que Slughorn tendrá en su despacho? –pregunta Remus algo inseguro.
- Fijo –responde Sirius-. Es un elemento raro y cotizado. Seguro que hace contrabando con ello.
- ¿A ti tampoco te cuesta imaginarlo trapicheando los veranos en el callejón Knockturn? –se burla James, compartiendo una mirada cómplice con su mejor amigo.
Los dos se ríen pero Peter los manda callar.
- ¡Viene alguien!
Son dos prefectos de Slytherin, que cruzan el pasillo hablando despreocupadamente. Los cuatro se apelotonan bajo la capa de invisibilidad de James y tratan de hacerse más pequeños. Con el estirón que ha dado Sirius cada vez es más complicado.
- Bien. Parece que ahora sí está todo despejado –asegura James.
En ese momento, le gustaría tener terminado ese mapa en el que han estado trabajando para estar seguro del todo. Pero aún le faltan unos retoques importantes. Básicamente, no han conseguido que las ubicaciones de los habitantes del castillo se reflejen a tiempo real y en movimiento, así que es bastante inútil para sus planes.
- Lo hago yo –se adelanta James-. Esperad aquí y vigilad la esquina.
- No, voy yo –discute Sirius saliendo de la capa detrás de él.
- ¿Eso es porque tienes que ser siempre tú el protagonista o qué? –discute su amigo.
- No, porque tú estás cegato y, si el armario de Slughorn está oscuro, lo mismo nos traes una piel de serpiente o un escarabajo pelotero –se burla Sirius.
- ¡Basta! –se mete Remus, quitando la capa de encima de Peter y él -. Mejor lo hago yo, que soy el que ha estado revisando bien sus características y lo reconoceré más rápido.
- Te acompaño –se presta Peter-. Algo habré aprendido de meter tanto la pata este verano con las orugas.
El pequeño le pone a James su capa en las manos y sale corriendo detrás de Remus, que no ha esperado más y ya ha forzado la cerradura del despacho.
James y Sirius se quedan en mitad del pasillo, mirándose un poco molestos por el amago de discusión que han tenido hace unos momentos.
- A ti te pasa algo conmigo, Jimmy –le acusa su mejor amigo.
James enarca las cejas y se cruza de brazos.
- ¿De dónde sacas esa tontería?
- No sé. Llevas todo el día raro conmigo.
- No es verdad –refuta. Aunque igual sí que ha estado algo quisquilloso desde que salieron del Gran Comedor esa mañana y Sirius halagó a Evans mientras le miraba el culo. Cosa que no piensa admitir.
Sirius le mira con sospecha.
- ¿Es porque el otro día me fui con Amanda Miller? Porque dijiste que ya no te gustaba.
Amanda es una chica de su casa, un año mayor que ellos y que puede que el año anterior a James le gustara un poco pero tampoco había sido nada especial. Solía ayudar a Remus con la clase de pociones y a él le gustaba mirar cómo sus rizos se mezclaban con su cara pecosa cuando los enrollaba en su varita. Pero, luego, habló con ella y se le pasó todo. Era una chica amable, sí, pero… sin espíritu. No es como si él tampoco hubiera pensado mucho en chicas hasta ese año.
Pero Sirius parece preocupado por haberla cagado con él y eso le hace reír.
- Claro que no, Sirius. Ya te dije que hace tiempo que no me hace mucha gracia.
- Mejor –responde su mejor amigo aliviado-. Porque es una plasta. Y una borde. Me dio un guantazo en cuanto le toqué el culo.
- Eso seguro que te lo merecías –se ríe James, dándole un puñetazo en el hombro.
Sirius se pica y le hace una llave, tratando de someterle contra el suelo. No es justo porque es el doble de grande que él y, además, siempre que se pelean, James acaba partiéndose de risa por lo que es fácil doblegarle.
El problema es que con ese juego se les ha olvidado vigilar y, de repente, escuchan pasos apresurados desde el otro lado del pasillo.
- ¡Mierda! –murmuran a la vez.
Se levantan de golpe y, mientras James recoge y se guarda la capa, Sirius se abalanza hacia el despacho de Slughorn y aporrea la puerta.
- ¡Abortad misión, abortad misión!
Al otro lado, se oye cómo algo de cristal se rompe y Remus y Peter salen apresuradamente. Los cuatro salen corriendo tan rápido que se olvidan de cerrar la puerta del despacho. Algo de lo que James se percata varios metros más allá y vuelve corriendo para no dejar rastro.
Pero tiene mala suerte y no consigue sacar a tiempo la capa de invisibilidad para cubrirse antes de que aparezcan de nuevo los dos prefectos de Slytherin y le sorprendan allí en medio. No tienen pruebas de que haya hecho nada malo pero James es un sospechoso habitual que está merodeando en las mazmorras en vez de estar comiendo, así que no es raro que acabe retenido.
El profesor Slughorn no echa de menos nada cuando examina su despacho después de que sus prefectos le avisen. Ambos han retenido a James hasta que él llega y comprueba que todo está en su sitio. Bueno, casi todo.
El hecho de que el suelo esté lleno de agua y una pecera que estaba colocada sobre su armario de los ingredientes esté hecha añicos en el suelo es prueba de que alguien ha estado ahí dentro.
James recibe un rapapolvo y Slughorn insiste en saber qué quería de su despacho pero él se niega a hablar. Así que, como afortunadamente no ha habido daños mayores y el dichoso pez que tanto preocupaba al profesor parece vivito y coleando por el agua, aunque tan insolente como su dueño, no tiene mucho contra James.
Pero esa tarde no puede escaparse de acabar fregando calderos en las mazmorras, después de acabar las clases.
Sufrir castigos solo es terriblemente aburrido. Normalmente, tiene a Sirius, a Peter, a Remus o incluso a los tres con él. Pero, esta vez, ellos se han librado y, por supuesto, él no los ha delatado. Es un código de amistad, ninguno delataría al otro.
- James… Pssss… ¡Jimmy!
La voz sale del bolsillo de su túnica y James suelta el estropajo, que va al fondo de la olla, mientras saca el espejo de doble dirección que comparte con Sirius. Los compró en las navidades de su segundo año y le regaló el otro a su mejor amigo. Al menos, así podían hablar también en verano o cuando estaban castigados separados.
Da la vuelta al pequeño espejo y la cara de Sirius aparece.
- Vete a la mierda –le dice como saludo.
Sirius se ríe.
- ¿Aburrido? Ya siento que te pillaran, colega. Pero, oye, he pensado que, cuando acabes, podríamos ir a vengarnos de los prefectos de Slytherin –sugiere con una sonrisa peligrosa.
James enarca las cejas, interesado.
- ¿Qué tienes en mente? –pregunta.
- Remus ha encontrado, en un libro, una maldición que provoca hemorroides. Dice que no se puede usar, que no es ético y blablá, ya sabes. Pero se ha encargado de dejarme el libro a la vista cuando se ha pirado a la biblioteca.
James se echa a reír. Es una actitud muy típica de Remus.
- A veces, creo que él es la mala influencia y no nosotros.
- Bueno, yo voy ensayando mientras acabas. Puedo probarlo con Peter a ver si funciona…
- Sirius… -le advierte él con una sonrisa peligrosa.
Su amigo rueda los ojos.
- Es coña. Por cierto, Remus ha ido a investigar más sobre el mapa. A ver si, el fin de semana, avanzamos algo.
- ¿Tienes que decirme algo más importante o simplemente te aburres sin mí? –pregunta James-. Porque me estás distrayendo y a este paso no acabo.
- No te me estreses, Jimmy. No es bueno para la vista –se burla Sirius.
James le ve echarse hacia atrás, tumbado en la cama, mientras se parte de risa. Él resopla con paciencia. A veces, no sabe ni por qué le aguanta. En ese momento, escucha voces en el pasillo y sospecha que puede ser su profesor y los prefectos para asegurarse de que está cumpliendo su castigo.
- Te dejo, que viene alguien.
- ¡Deja los calderos como los chorros del oro, Jimmy! Mañana quiero poder comer en ellos, si es necesario.
James le enseña el dedo central y guarda el espejo. Rápidamente, se vuelve a poner la gran olla entre las piernas, recoge de nuevo el estropajo y sigue frotando la roña que hay en el interior. Parece que eso no lo han limpiado desde la última vez que Merlín se cambió de calcetines.
- ¿Dónde te crees que los tienen? –pregunta una voz en el pasillo al otro lado de la puerta.
- Tienen que estar muertos. ¿Para qué van a querer tener vivos a esos traidores a la sangre?
Esas voces no pertenecen ni a Slughorn ni a ninguno de sus pomposos prefectos. Eso fijo. Así que James deja de frotar y pone oído, porque la conversación parece bastante seria.
- Yo los mantendría con vida. Bien adiestraditos. Y les obligaría a aplicar las leyes como debe ser. A ver qué mierda es esa del estatuto del secreto y la protección de los muggles.
James frunce el ceño. Sin duda, son Slytherins. Y, sin duda, son unos puristas de mierda. Cada vez hay más. O, más bien, cada vez hay más que no tienen complejo de mostrarse tan racistas como han sido siempre. Ahí fuera hay una guerra en ciernes. No todo el mundo se ha dado cuenta pero, a veces, las primeras batallas se libran en silencio. Su padre le ha hablado mucho de todo eso.
Sabe que las desapariciones no son casualidad. Que los asesinatos que quieren hacer pasar por crímenes cotidianos y excepcionales están muy conectados. Y sabe que está creciendo cada vez más el apoyo de magos y brujas a esta política clasista, purista y discriminatoria. Aún se intentan frenar pero cada vez hay más presión en el Ministerio para aprobar leyes que limiten el acceso de los nacidos de muggles a diferentes puestos de trabajo.
- Yo no creo que los hayan matado. Supongo que tendrán información importante. Algo que ayude a la causa…
La cuarta voz es insegura y algo cohibida pero James la reconoce a la perfección. Se ha metido demasiado con Severus Snape como para saber que es él. Así que los demás deben de ser el grupito asqueroso que va con él a clase.
Sigilosamente, sin hacer ruido, se levanta y se aproxima a la puerta, que abre unos centímetros con mucho cuidado. Y allí están los cuatro: Snape, Mulciber, Avery y McNair. Les odia a todos por igual pero es que, encima, Quejicus pretende ir de santo por la vida apoyando esas barbaridades. Así que es normal que saque lo peor de él.
- ¿Qué tal con McGonagall? –le pregunta Avery a Mulciber, cambiando de tema.
Este, larguirucho y con pinta desagradable, da una patada a una armadura, que le increpa mientras se recoloca en su lugar.
- Es una perra –bufa.
Y James lamenta que le hayan requisado la varita hasta acabar el castigo, porque le habría mandado una buena maldición.
- Pretende que dé clases de refuerzo. Incluso, quiere hablar con Slughorn, la muy imbécil. A ver quién se cree que es.
Los tres bufan pero ninguno le da su apoyo en voz alta. Qué menos, piensa James. Mulciber es un puto inútil. Solo se le da bien Defensa Contra las Artes Oscuras y él sospecha que es porque en su casa se ha empollado todos los libros de magia oscura que se ha encontrado.
- Cuando salía de su despacho, me he encontrado con la sangre sucia de Mary McDonald –añade Mulciber-. Odio a esa niñata. Me saca de quicio.
- Yo tampoco la soporto –asegura McNair-. Tiene la puta manía de ir saludando a todo el mundo. El otro día ya le dije que no es quien para dirigirse a mí.
- Sí. Cualquier día le pego un buen susto, ya veréis –anuncia Mulciber riéndose.
James frunce el ceño de nuevo. Mary va a su casa, un año por detrás de él. Es nacida de muggles y, probablemente, la persona más positiva y alegre que conoce. Es absolutamente imposible no tomarle cariño porque es dulce y cándida; no conoce la malicia. Claro que para unos gilipollas como esos solo importa su árbol genealógico…
Unos ruidos al otro extremo le distraen y, por un momento, pierde el hilo de la conversación, porque teme que le pillen escuchando a los slytherins en vez de limpiando los calderos. También los otros se han distraído.
- ¿Qué decías? –le pregunta Snape a Mulciber.
- Te preguntaba si McDonald no es la que se pasa el día tras las faldas de la sangre sucia de Evans.
James abre la boca. Por un momento, ha tenido la tentación de salir de su escondite y pegarle un puñetazo a Mulciber por sus palabras. Snape no parece contento tampoco pero, sorprendentemente, no le recrimina que hable así de su amiga.
- Creo que sí. La admira mucho.
- ¿Y tú cuánto vas a seguir manteniendo tu amistad con esa impura? –pregunta McNair, con rostro desagradable-. Ni siquiera el que te deje meterle la mano bajo la falda compensa ser amigo de una sangre sucia.
Severus frunce el ceño.
- No le meto la mano bajo la falda.
Al menos aclara eso, piensa James a quien el corazón se le había desbocado inexplicablemente. Pero, una vez más, ignora cómo se han referido a ella y no les enfrenta. Y eso hace que a James le hierva la sangre. Está enfadado y furioso. Él se lleva mal con Evans. Como el que más. Pero no soporta que se metan con nadie por su origen. Y ella es brillante, podría acabar con esos cuatro con un solo movimiento de varita.
- Vamos a la sala común –sugiere Avery mientras él sigue bullendo de rabia-. Ya veréis lo que me ha mandado mi padre…
Sus voces se pierden en la lejanía y James cierra la puerta y vuelve a sentarse en el taburete que ocupaba unos minutos antes. Le pitan los oídos y tiene ganas de romper cosas con las manos. Pero, en lugar de eso, se lame los labios y vuelve a sacar el espejo.
- Sirius –dice, activándolo.
La cara de su amigo tarda unos segundos en aparecer. Está en la sala común, tratando de ocultarse tras una cortina. Reconoce el entorno.
- ¿Ya has acabado? –pregunta extrañado-. Dame algo de tiempo. Creo que tengo a Florence Klove a punto caramelo.
- Deja eso y escucha –le corta James-. Tengo mejores víctimas que los prefectos de Slytherin. Deja la maldición de las hemorroides para más adelante. Tenemos que pensar algo más elaborado para Quejicus y sus amigos.
La sonrisa de Sirius se amplía y James sabe que Florence Klove se ha ido de su mente por completo.
- ¿Y ese cambio? Da igual. ¿Qué tienes en mente? –le pregunta.
James sonríe y le dice:
- Solo te diré, amigo, que mis intenciones no son buenas –y Sirius se echa a reír.
Cuando acaba el castigo y le dejan marcharse, James corre hacia la torre de Gryffindor donde ha quedado con sus amigos.
Está impaciente y lleno de ganas de venganza. No sabe por qué la conversación que ha escuchado le ha enfurecido tantísimo. Esa forma de hablar de sus compañeras, esa superioridad hacia ellas solo por su origen viniendo de tíos tan mediocres… Pero sabe que lo que más le ha enfadado es la parte que compete a Evans y Snape.
Se las dan de tan amigos y él, por detrás, permite que le llamen el peor insulto posible… Eso no es amistad ni es nada. Él jamás dejaría que faltaran al respeto de esa manera a sus amigos. Le dan ganas de ir hacia ella y contárselo todo, que vea la clase de amiguito que tiene en realidad. No sabe ni de dónde ha salido ese instinto de protección hacia ella pero es más fuerte que todo lo que ha conocido hasta ahora.
Aunque sabe que no serviría de nada. Evans jamás le creería a él antes que a Snape. Y, de todas formas, a él eso no tendría que importarle. Si ella está engañada respecto a su amigo, es su problema. Si ella quiere creer en él, es su problema. Si algún día se topa con la realidad y acaba sufriendo, es su problema. Y a él no tendría que importarle. Pero es que no sabe por qué narices sí que le importa.
La encuentra en una de las mesas de la sala común. Está, efectivamente, ayudando a estudiar a Mary McDonald. Es verdad que la niña la admira. Hasta ahora no se había fijado mucho pero es cierto que la tiene en un pedestal. Y sabe que Evans es amable con ella y le corresponde sin tenérselo creído. Eso se lo concede.
Decide ignorarlas a ambas y sube corriendo las escaleras hasta su dormitorio. Sirius se ha encargado de reunir allí a todos sus amigos, que están alrededor de Remus, quien está sentado con aspecto desconfiado en su cama.
- Solo colaboraré si me dices qué ha pasado –dice inflexible, con los brazos cruzados.
Remus nunca lo ha dicho abiertamente pero Sirius y James saben que no aprueba que se metan tanto con Snape. Le debe considerar más débil o indefenso. Algo en lo que ellos no están de acuerdo, claro. Y, aunque a veces está de acuerdo en darles una lección a los puristas, parece más reticente cuando Snape está por medio.
Pero, cuando les explica lo que ha oído, los tres están tan indignados que no tienen dudas de que les van a hacerles comer sus palabras.
- ¿Mulciber ha dicho que quiere hacerle daño a Mary? –pregunta Peter en voz baja.
Todos conocen a Mary por algo. Y todos le tienen cariño. En el caso de Peter, coincide con ella en el club de Ajedrez Mágico.
- Dijo que le gustaría hacerlo –aclaró James-. Habrá que tenerlo vigilado.
- Quejicus es un puto hipócrita. Y luego irá lamiéndole el culo a Evans por detrás –exclama Sirius enfadado.
Hasta Remus está indignado.
- Con lo que ella da la cara por él. Es un…
- Sí, bueno, ya lo sabemos –corta James-. Pero vamos, manos a la obra, que queda poco para la cena.
Un rato después, los cuatro se han dividido. Peter tiene la capa de invisibilidad y debe vigilar hasta que los slytherins salgan de la sala común, rumbo al gran comedor. Remus ha ido a las cocinas a pedir prestado lo necesario. Afortunadamente, tienen una gran relación con los elfos y estos no se cuestionan nada de lo que hacen.
Mientras, James y Sirius se han colado en el comedor a escondidas y aguardan su momento.
- ¿Qué tal el castigo? –pregunta Sirius.
Su amigo levanta las manos, enrojecidas y callosas. Después, en broma, le enseña los dos dedos centrales y Sirius se los aparta de un manotazo mientras se ríe.
- Yo me he aburrido un huevo –le reconoce.
- ¿No ha habido avances con Florence? –pregunta James en broma.
Sirius bufa.
- No hacía más que hablar. Tengo que asegurarme de si es de las que se dejan antes de seguir aguantándola.
James niega con la cabeza, divertido.
- Sirius, ¿no crees que estás un poco obsesionado? Quiero decir, parece que, de repente, has descubierto el milagro de Merlín.
- Merlín no tenía las tetas de esa italiana –responde Sirius con una carcajada.
Pero él no se ríe.
- A eso me refiero. No has hablado más que de la italiana, de tetas y culos y de meter mano a las chicas desde que ha empezado el curso. No te lo tomes a mal. Es una diversión sana y me alegro de que tengas éxito, colega. Pero, últimamente, parece que no hablas de otra cosa.
Sirius se queda pensativo. James no sabe si se ha molestado pero tenía que decirlo. Remus se lo ha soltado bruscamente varias veces. El único que parece llevarlo bien es Peter, aunque James cree que es porque no tiene muchas posibilidad de ver más tetas que las que le describa Sirius.
- No puedes entenderlo –dice su amigo al cabo de un rato.
James le mira. Probablemente no, no puede.
- Tío, antes de conocer a esa tía, yo tampoco lo habría creído. Pero te juro que es la mejor puñetera sensación del mundo.
- Anda ya –bromea James, rodando los ojos-. ¿Mejor que las ranas de chocolate o salir a liarla con nosotros?
- Diferente –apunta Sirius-. Tú no lo entiendes. Si ni siquiera has besado nunca a una tía.
James se sonroja.
- ¿Y tú qué sabes?
Sirius se echa a reír y él se pica un poco.
- Ninguno lo ha hecho tampoco. Ni Peter ni Remus –se defiende él finalmente.
- Peter morirá virgen y Remus se meterá a monje cualquier día de estos –repone Sirius-. Pero tú, ¿por qué no lo intentas? Sé de un par de chicas a las que les gustas. Llévalas al armario de las escobas y, luego, me dices si no es lo mejor que has sentido nunca.
James está inseguro.
- Si es que no quiero, Sirius.
- Venga, no me seas nenaza.
- ¡Si es que no me gusta ninguna! –le espeta-. ¿Tengo que enrollarme con cualquiera que no me guste?
- ¿Ninguna? –pregunta Sirius extrañado. Para él es fácil. A él le gustan todas-. ¿No hay ninguna que te guste un poco más, que te den ganas de cogerla, abrazarla y meterle la lengua hasta la campanilla? ¿Nunca has sentido esa urgencia de meter la mano bajo la ropa de ninguna?
James se encoge de hombros. Hasta ahora, las chicas que le habían gustado habían sido de forma efímera y platónica. No reconoce esa urgencia que describe Sirius. Su amigo le mira entristecido y le da una palmada en el hombro.
- Pobre Jimmy. No sabes lo que te pierdes.
El banquete de Halloween de 1974 es tan esplendoroso como el de todos los años. James y Sirius llegan algo tarde pero nadie se percata de que han surgido del fondo de la pared que está pegada a la mesa de Slytherin. Con aire inocente, se sientan frente a Remus y Peter y los cuatro asienten con la cabeza, sabiendo que el plan marcha a la perfección.
Esa noche, el Gran Comedor está precioso, adornado con calabazas flotantes que cultiva el propio Hagrid, todas ellas con una vela encendida en su interior. En las esquinas, hay telarañas y murciélagos vivos y, del fondo de la sala, surgen algunos gritos espeluznantes que están seguros de que provoca Peeves para asustar a los más pequeños.
El banquete, como todos los años, es altamente especial. Está compuesto por deliciosos dulces, tarteletas, panqueques y pasteles orientados a la celebración. Cuando se encuentran a la hora del postre, disfrutando de deliciosas manzanas caramelizadas y unos maravillosos soul cakes, hay un alboroto en la mesa de Slytherin.
Las chicas chillan y se apartan corriendo y los más pequeños se levantan de las mesas. En el resto de las casas, todos miran en su dirección y algunos, como James, Sirius y Peter, se ponen de pie para observar mejor.
Enseguida, todo el mundo se da cuenta de que el cuarteto protagonista, Snape, Mucliber, Avery y McNair, tiene un serio problema con los postres. De sus galletas, han comenzado a salir gusanos escondidos y, por su cara y sus manos, comienzan a surgir forúnculos del tamaño de las pelotas snitch.
Al darse cuenta de que ha comido gusanos, Mulciber comienza a vomitar, provocando que se haga más grande el hueco a su alrededor. Por su parte, Avery comienza a saltar, como si algo le estuviera pinchando repetidamente en el culo.
- No podíamos desaprovechar lo de las hemorroides, Jimmy. Te lo dije –advierte Sirius aguantándose la risa y su amigo le abraza, de acuerdo con él.
Pero lo mejor aparece en el final, cuando Snape toma su servilleta para tratar de cubrirse los forúnculos que le han crecido y esta explota, llenándole por completo de una especie de moco verde.
El comedor estalla en carcajadas y James, Sirius y Peter son los más histriónicos de todos. Los dos primeros chocan las manos, satisfechos por su plan, y ambos se sobresaltan cuando reciben una patada bajo la mesa.
Es Remus, el único que ha sabido mantener la compostura hasta ahora y ha seguido comiendo como si no pasara nada. Con cuidado, señala con los ojos a su derecha. Unos asientos más allá, rodeada de sus amigas que sí se están riendo, Lily Evans les mira con sospecha. A ella no parece haberle hecho gracia el espectáculo.
No les extraña que Evans les de alcance cuando acaba la cena y tienen que volver a la sala común. Están en las escaleras rumbo al tercer piso cuando les adelanta, furiosa.
- ¿Os ha parecido gracioso? –les grita, interponiéndose en el camino de James y Sirius.
- Bah. No ha sido para tanto. Hemos tenido mejores ideas –reconoce Sirius, que no hace nada por ocultar que eso ha sido obra de ellos.
Es absurdo negarlo porque ella lo sabe. Aunque no les hubiera visto felicitarse mutuamente, lo sabría. Detrás de ellos, Remus trata de hacerse invisible ante la furia de Lily. No se arrepiente de lo que han hecho pero reconoce que ella tiene derecho a estar enfadada, ya que no conoce todo el contexto de lo que ha ocurrido. Detrás de él, Peter mira los cuadros de las paredes como si la cosa no fuera con él.
Pero James ha estado enfadado todo el día por lo que escuchó y se enfurece más al ver que, pese a todo, ella defiende a Quejicus a muerte.
- ¿Hay algún motivo por el que no deba parecernos gracioso, Evans? –pregunta con fingido desinterés y una sonrisa burlona cuya falsedad solo detectan sus amigos.
Ella le fulmina con la mirada.
- ¿Acaso no sabéis pasar un solo día sin molestar o hacer daño a alguien? –le espeta, acercándose un paso a él, bajando un peldaño.
James sube otro peldaño. Ella sigue un par por encima pero ya están a la altura. La verdad es que Lily es bastante bajita. Nunca se había fijado.
- Yo no diría que esto sea dañar a nadie, Evans. No con lo que se está viendo ahí fuera.
Ella titubea pero frunce más el ceño.
- Estoy harta de que te metas siempre con él, Potter –le dice.- Déjale en paz, él no se ha metido contigo. No sé por qué ese empeño que tienes con él.
- Mira, es que el hecho de que respire ya me molesta –bufa James con fingida despreocupación.
En ese momento, tiene ganas de soltarle toda la verdad. Lo que ha oído, lo que su amiguito del alma, el santo, permite que digan sobre ella. Lo falso, hipócrita y asqueroso que es. Pero no merece la pena porque ella no le creería.
Lo ve en sus ojos. En sus profundos ojos, que nunca se había dado cuenta de que eran tan verdes y tenían las pestañas tan largas. Ella vuelve a bajar un escalón para encararle, sin importarle la diferencia de altura.
Es audaz y valiente. Y, a pesar de que ahora mismo no la soporta, la admira por ello. Ve cada peca de su nariz y sus labios, rojos e hinchados, fruncirse con una mueca de desprecio.
- Me das asco, Potter –le susurra con odio-. Algún día, te atragantarás con tu propio ego.
James sube el otro escalón que les separaba. No sabe si sus amigos siguen a su lado. Se ha olvidado de su presencia y no percibe nada más que a la enana e irritante pelirroja que tiene frente a él. Baja la mirada, hasta que sus gafas casi rozan su cara.
Tiene los labios hinchados y, por una vez, entiende a lo que se refería Sirius hacía un rato. Ese impulso de acabar con la distancia que hay con la otra persona. Recorre su cara con la mirada, analizando cada rasgo de su nívea piel. Tiene que meterse las manos en los bolsillos para no agarrarla del pelo y atraerla hacia él. Nunca había sentido tantas ganas de hacer algo así en su vida.
Por un segundo, lo piensa. Agarrarla de la cintura, cogerle del pelo y abrirle la boca con la lengua. Se asusta a sí mismo con ese impulso que le nace de la parte baja del estómago. Pero se recompone por fuera y le lanza una sonrisa bien ensayada.
- Y, algún día, te darás cuenta tú de quién es el verdadero enemigo –le susurra a pocos centímetros de su cara.
Quizá se lo imagina pero cree que ella se estremece. Después, Lily le da un empujón y se marcha escaleras arriba.
James se queda allí, sintiendo las escaleras cambiar de dirección y oyendo a sus amigos hablar de fondo. Pero no entiende lo que dicen ni puede moverse. Porque, hasta ahora, desconocía lo que una chica puede provocar en un chico.
Esa energía, ese impulso debajo de la piel, ese instinto básico de querer marcarla y estamparla contra la pared. Y le parece alucinante estar descubriendo esa sensación en ese instante. Que se la provoque precisamente, ni más ni menos, que Lily Evans.
Como veis, he tratado de ser lo más canon posible con los hechos y las formas de ser.
Incluso he metido detalles, como la aparición indirecta de Mary McDonald. Tal y como hablaba Lily de ella, con nombre y apellido, no parecía ser una amiga pero sí una compañera cercana. Por eso la he puesto algo más pequeña.
Por otro lado, hay un detalle en el que puede que no hayáis caído: Uno de los ligues de Sirius se llama Florence. Si recordáis, en el cuarto libro Dumbledore guarda recuerdos de Bertha Jorkins, que coincidió con ellos en Hogwarts aunque Sirius dijo que era algo mayor. En uno de los recuerdos, ella se está quejando porque alguien la atacó solo porque ella fue diciendo que "le vio con besándose con Florence en los invernaderos". ¿No os parece algo que bien podría hacer Sirius? Bueno, no es canon pero es mi pequeño homenaje :)
Tal y como describe JK a Sirius y su efecto en las chicas, no me extrañaría que él fuera el primero en 'despertar' la adolescencia en el curso y las hormonas dormidas de sus amigos. A James siempre me lo he imaginado más tranquilo en el tema chicas, no sé si porque no hay reportes de que su vida sentimental no fuera más allá de Lily o porque Harry influye un poco en mi mente jeje. Pero, de todas formas, aún tiene catorce años y tres cursos por delante para hacer alguna locura.
Aquí he introducido un poco más a las amigas de Lily. Sabemos que las tenía y era una chica popular, pero también que no se habla de ninguna de ellas tras Hogwarts. Hay varias explicaciones posibles, esta es una de ellas. Son compañeras, se llevan bien y son amigas hasta cierto punto. Pero no encaja y esa amistad no seguirá después de la escuela, donde ella se centrará en los amigos de James con los que acaba encajando mejor.
Sobre la amistad de esos cuatro (porque me veo obligada a meter a Peter por medio)… la adoro. Creo que –al margen de Pettigrew- son el ejemplo de la lealtad. Por eso, además de porque está descubriendo lo que siente por ella, James se indigna tanto porque Severus no defienda más vehementemente a Lily. Sé que se le "escapó" el insulto pero siempre he creído que es porque estaba acostumbrado, al menos, a oír hablar así de ella cuando no estaba delante y sin meterse mucho en ello. No parecía tener demasiada personalidad entonces, al menos. Así que, por mi parte, bien hecha la jugarreta en esta ocasión.
En fin, espero que os haya gustado el capítulo. Nos leemos mañana.
Eva.
