¡Hola a todos! Aquí traigo un capítulo más, el séptimo y último año de los chicos en Hogwarts. ¡Y, por fin, la unión de James y Lily!

Es un capítulo más largo de la habitual pero había que cerrar un par de cosas de la escuela y darles unas buenas escenas a estos muchachos, además de un pequeño resumen de cómo se desarrolló todo tras la cagada de James el año anterior.

Recordemos que ha pasado un año, que James y Lily han tenido tiempo de volverse cercanos y que ahora comparten el cargo de Premios Anuales.

Además, intentaré dar una respuesta de por qué Lily no parece conservar grandes amigas de la escuela. Es una versión de tantas, claro.

El título muestra las dos cosas que representan este capítulo y que están muy enlazadas entre ellas.


1977: La conquista de la luna

Es en el último año cuando cambian las cosas para James y Lily. Aunque, si ambos son sinceros con el otro, es un cambio que se ha estado fraguando durante todo el sexto curso.

Los primeros meses tras su desliz con Olivia Henderson, Lily le aplicó la ley de hielo. El alcohol los cegó a los dos demasiado y ambos coinciden en que fue un error catastrófico que no volverá a repetirse. Pero ella fue implacable con ambos.

Con él, se mostró absolutamente indiferente. No le habló hasta días después, en los que él estuvo persiguiéndola por todas partes pidiéndole perdón.

- No tengo nada que disculpar. No sé por qué crees que algo de esto podría molestarme, Potter. Te recuerdo que tú y yo no somos nada. Que no quiero nada contigo –aseguró entonces tajantemente.

Y, con ella, fingió que no pasaba nada pero se mostraba tremendamente fría.

- Deja de darme explicaciones y disfruta –le había dicho a Olivia cuando esta le había asegurado que entre ellos no había nada-. Sabes que no quiero nada con él y creo que vosotros haríais una pareja estupenda.

Ha llegado a repetir tanto que aquello le da igual que ha dejado de tener sentido para ella. Porque claro que le importa. Jamás, en su vida, ha tenido un impulso irrefrenable como el que vivió con James Potter en la enfermería. Con ningún chico. Y le acaba sucediendo con él, ni más ni menos.

Eso, por sí mismo, ya le ha quitado demasiadas horas de sueño. Pero la opresión que sintió en el pecho al verlos a ellos dos besarse le ha dado mucho en qué pensar. Y está enfadada y se siente estúpida. Porque solo es un cuelgue ocasional por un idiota al que vio sin camiseta, que la persigue a todas partes y que tiene una sonrisa seductora. Podría disculparse con eso. Tiene 16 años y las hormonas alborotadas. Pero que sea precisamente con él, a quien ha jurado aborrecer hasta que el calamar gigante se haga la manicura… Es casi como traicionarse a sí misma.

Durante la mayor parte del sexto curso, no ha dirigido la mirada a James ni por accidente, temerosa de que sus sentimientos le traicionaran. Además, su amistad con Olivia se ha ido haciendo cada vez más fría hasta que ha llegado un momento en que se han convertido únicamente en cordiales compañeras de cuarto.

Olivia de verdad que lo ha sentido y ha tratado de enmendarlo. Se lo tiene que conceder. Sobre todo porque su amiga no sabía exactamente por qué se estaba disculpando más allá de por besarse borracha con el chico que la ha perseguido infructuosamente. Ella no ha contado nada de lo que pasó antes entre James y ella. Es culpa suya que los patéticos celos la invadan cada vez que recuerda esa escena. Así que, claro, Olivia se ha cansada de intentar una reconciliación que estaba destinada al fracaso.

Esto se ha llevado también su amistad con Aura y Gwen, quienes no han entendido las motivaciones de Lily y, aunque en ningún momento han discutido, ya no pasan tiempo con ella.

Su amistad no era tan fuerte. No lo era ni un poco. En el fondo, siempre ha sabido que esta moriría cuando terminaran el colegio porque no les unían grandes lazos ni tenían tantas cosas en común. Nada que ver con la que él mantiene con sus amigos. Así que, al final, Lily se pasa buena parte del sexto curso sola, aislada, igual que se había sentido en cuarto, con la explosión de la adolescencia y la falta de entendimiento con sus amigos.

Pero no todo es malo. De hecho, Lily ha sacado provecho de esa soledad repentina –e inexplicable para la mayoría, teniendo en cuenta lo popular que es-. Porque desde mediados de curso comienza a pasar más tiempo con Remus Lupin en la biblioteca.

Al principio, es casi por accidente. Se sientan juntos para luego acudir a las rondas de prefectos, hasta que comienzan a quedar para estudiar. Durante esas horas, se hacen amigos y él la entiende más de lo que le ha conseguido comprender la mayoría.

Y Lily encuentra en él un gran amigo. Uno que no es superficial, al que le preocupan los mismos temas y que, sobre todo, comparte sus mismos valores. Alguien que no considera que sea una exagerada o una aburrida por temer tanto a la guerra que se está gestando en el mundo exterior. Alguien cuya opinión valora y que sabe mirar dentro de ella. Aunque, afortunadamente, es la persona más discreta que ha conocido.

A finales del mes de marzo, la vio mirar de reojo, y con el ceño fruncido, a James Potter mientras él estudiaba con Marlene McKinnon, una guapa chica de Ravenclaw, a la que le había visto sonreír muy a menudo últimamente. Al percibir su ceño fruncido, Remus le susurró:

- No está con ella.

- ¿Qué?

- James –sonrió él-. Que no sale con Marlene. Sé que te has fijado que vienen todos los miércoles a estudiar y que eso te molesta. Pero no están juntos. Marlene es brillante pero tiene problemas con Transformaciones. McGonagall le pidió a James que la ayudara a cambio de no castigarle por encantar la puerta de la sala común de Slytherin para que les quemara las manos al abrirla.

- ¿Fue Potter? –había preguntado Lily frunciendo el ceño.

Entonces, Remus se había encogido de hombros.

- Fue el día que Avery se burló públicamente del asesinato de los mestizos de Atrsford.

Lily asintió, recordando ese día y lo mucho que odió a Avery por ello.

- Entonces, bien –aprobó con indiferencia.

La crudeza de la guerra y los comentarios y acciones malintencionados de los Slytherin habían conseguido que ella se volviera más comprensiva con las gamberradas que sus compañeros les hacían. Eran cosas sin gravedad y que realmente merecían.

Ambos se callaron pero, tras varios minutos de silencio, Lily habló:

- No creía que estuvieran juntos –Remus asintió con una sonrisa, sin apartar la mirada de su libro, pero no dijo nada. Lily se quedó pensativa y añadió-. Y tampoco me habría importado.

La risita en voz baja de Remus le irritó y le hizo fruncir más el ceño. Abrió la boca, dispuesta a decir algo más, pero él se adelantó.

- No voy a decírselo, descuida.

- No sé de qué me hablas –aseguró ella.

- James necesita madurar. Y, quizá pensar que le ignoras por completo y que debe cambiar su actitud, funcione.

Lily cerró el libro de golpe.

- Es que le ignoro por completo y sí que debe cambiar su actitud.

- Hay una cosa ahí más cierta que otra –había respondido él con una sonrisa petulante, sin apartar la mirada del libro.

Lily ha estado muchos meses confusa e irritada consigo misma. Sus ojos la han traicionado, buscándole con la mirada constantemente y el corazón se ha vuelto en su contra al acelerarse cada vez que percibe cerca su olor característico a madera y hierba fresca.

Ese puñetero beso significó más para ella de lo que le gusta admitir.

Afortunadamente, él no es consciente de esa batalla interna que hay en su interior, así que continúa sintiéndose culpable y tratando de enmendar sus errores. En ningún momento le ha visto con ninguna otra chica, aunque ella bien sabe que eso no es prueba de nada.

De igual modo, James no es consciente de la ayuda que ha supuesto Remus Lupin para su causa. Este no le cuenta nada sobre las dudas de Lily y deja que todo fluya. Porque, mientras James se siga sintiendo culpable, más madurará y comprenderá que en la vida no todo es risa.

Y, finalmente, el corazón de Lily se va ablandando con los meses. Una confesión desesperada de su nuevo amigo ayuda sobremanera a que vea a James de otro modo.

Fue a comienzos de mayo, con los exámenes a la vuelta de la esquina, cuando Remus se despidió de ella un poco antes de lo acostumbrado en su hora de estudio en la biblioteca.

- Tienes aspecto cansado –le había dicho Lily, mirándole concienzudamente-. Cuídate.

- Gracias Lily –murmuró él, agotado y sintiendo los síntomas de todos los meses-. Creo que será cosa del estrés. Voy a intentar dormir bien.

- ¿Quieres que le entregue a la señorita Bablling tu trabajo de Runas mañana? –le preguntó despreocupadamente, volviendo la mirada al libro que estaba leyendo pero midiendo muy bien su reacción.

Lupin se detuvo.

- ¿Qué? –preguntó balbuceante.

Lily le había mirado entonces con falsa inocencia, como si la pregunta fuese obvia.

- Ninguno de tus amigos toma esa asignatura. Y dado que vas a faltar…

- ¿Y tú cómo sabes que voy a faltar?- le había preguntado Remus, quizá algo más agresivo de lo que pretendía.

La pelirroja rodó los ojos.

- Sé distinguir las fases de la luna, Remus.

El chico se quedó boquiabierto y, lentamente, se deslizó de nuevo en su silla. La miraba con temor pero ella sonrió con tranquilidad.

- No te preocupes. Lo sé desde hace tiempo –le contó.

- ¿Te lo ha contado Snape? –preguntó él con voz rasposa-. Dumbledore le hizo prometer que…

Se detuvo, claramente alterado, y Lily parpadeó.

- ¿Es que Severus confirmó en algún momento sus sospechas? –cuestionó.

- ¿Es que te contó lo de sus sospechas? –preguntó él a su vez, esquivando la respuesta.

Ella hizo una mueca.

- Me lo contó. Pero no le creí. No del modo en que él esperaba, al menos. Pero investigué y lo miré por mi cuenta. Y no le conté nada cuando decidí que todo tenía sentido. Así que tranquilo.

Remus la miraba inquieto, con el miedo en los ojos. La sonrisa de Lily era suave pero a él no le sirvió para tranquilizarse. No sabía cuánto hacía que lo sabía, que le miraba desmejorado todos los meses siendo consciente de por qué era. Ella se extrañó, pensando que, quizás, su temor fuera otro.

- Tus amigos lo saben, ¿no? Quiero decir, he supuesto todo este tiempo que conocían tu secreto. Deduje que de ahí venía ese apodo tan absurdo.

Ante su mención, Remus sonrió por primera vez, aunque sin que el sentimiento le llegara a los ojos.

- Lo saben. Lo averiguaron en segundo curso.

Lily asintió.

- Entonces no tienes nada que temer. No cambia nada el que hayas averiguado que yo también lo sé. Tu relación con ellos no cambiará.

Remus la miró seriamente y en silencio durante minutos. Lily aguantó su mirada, convencida de que necesitaba decir algo pero no encontraba las palabras. Finalmente, él se lamió los labios resecos.

- Mis amigos lo han sido todo para mí estos años –le confesó entonces. Su seriedad hizo que Lily borrara la suave sonrisa que tenía en los labios-. Nunca nadie me ha apoyado tan incondicionalmente ni ha hecho tanto por mí. Son… son más que mi familia. No encontrarás nunca a tres personas más desinteresadas. Estoy convencido.

Lily se había quedado sorprendida por la seriedad de sus palabras pero Remus, con vehemencia, quiso añadir algo más.

- Especialmente James –Lily frunció un poco el ceño, sin saber por qué le decía eso-. No quiero desmerecer a los otros pero Peter hay cosas que no entiende y Sirius… a veces tiene un problema con los límites. Pero James es mi mejor amigo. No quiero meterme en la opinión que te has formado sobre él. A veces es justa y, otras no, aunque sé que necesitas creértela para protegerte a ti misma. Pero es la mejor persona del mundo. Y, ahora que sabes mi secreto, no podía dejar de decirte esto porque sé que estás confundida y que hay cosas que…

Se detuvo, inspirando hondo, y la miró con seriedad.

- Creí que deberías saber eso de él, ya que has visto demasiado de la parte mala. Solo eso.

Desde entonces, la frialdad hacia James Potter ha ido descendiendo gradualmente. Primero con pequeños gestos. Le agradece cuando la deja pasar primero por la puerta, le asiente con la cabeza cuando se cruzan por el pasillo o le pide que le pase el zumo de calabaza por las mañanas en el desayuno.

Cuando llega el séptimo curso y James es nombrado Premio Anual junto a ella, Lily no se extraña demasiado. Remus no podría sostener el cargo con su problema, requiere demasiada responsabilidad constante. Y James es el alumno más brillante de su curso, ha madurado mucho en los últimos meses y es un líder natural para sus compañeros. En realidad, la elección era obvia.

De ese modo, empiezan a pasar más tiempo juntos y ve esa parte de él de la que habla Remus. Una parte con la que también sabe tomarse las cosas en serio, que sabe ser irónico y divertido sin burlarse de nadie y que es muy inteligente, más de lo que ya sabía. Pero, sobre todo, conoce una particularidad de él que, precisamente, le sorprende que no la sorprenda: que moriría por sus valores con la misma fiereza con la que lo haría ella.

Un día de último año, sin un motivo en particular, comienza a llamarle James mientras conversan sobre sus responsabilidades. Él sonríe, la llama Lily y ella no se queja. Y, desde ese día, jamás vuelven a dirigirse al otro por el apellido. No, al menos, hablando en serio.


Cuando James adquiere el puesto de Premio Anual es consciente, de golpe, de cuánto se han esforzado sus profesores en hacer que Hogwarts sea un oasis de paz en la crueldad y dureza de la guerra.

Sabe lo que está sucediendo fuera. Ni el dinero ni las influencias de sus padres lo aíslan lo suficiente de la realidad. Y ellos no pretenden hacerlo. Le han creado con profundos valores de igualdad y él debe saber que esos valores están en peligro.

Pero no es consciente de todo lo que requiere impedir que la guerra entre en el colegio hasta que debe formar parte de los responsable de custodiarlo.

Hasta ahora, ha pensado que Dumbledore y los profesores lo dejan estar. Tratan de no tolerar los mensajes de odio a hijos de muggles pero tampoco ha visto que se castigue severamente la perpetuación de ese discurso supremacista en lugares como Slytherin, donde el bicho raro es el que no lo repite como un loro.

Y, sin embargo, se da cuenta de repente de que sus esfuerzos van por otro lado. La primera semana, Dumbledore se reúne con Lily y él para informarles del protocolo de actuación cuando un familiar de un alumno es atacado o asesinado. También de los hechizos, protecciones y vigilancias especiales que tienen que ayudar a coordinar constantemente con los profesores y prefectos para asegurarse de que Hogwarts sigue siendo seguro. Y del plan de emergencia si, Merlín no lo quiera, el colegio se encuentra en peligro.

Ellos están especialmente dedicados a atender al alumnado, a coordinar a los prefectos y a vigilar que todos estén bien, que no sufren ansiedad ni nadie trata de dañarles de ningún modo. Especialmente, a los más pequeños.


La mañana del 31 de octubre e 1977, Lily sale a toda prisa del despacho de la profesora McGonagall, a la que le ha entregado los calendarios de las rondas para los prefectos en el mes de noviembre.

A su alrededor, la decoración de Halloween con calabazas y murciélagos voladores es reconfortante porque le recuerda que hay cosas que nunca cambian y siguen tan pacíficamente como siempre.

Ese día hay visita a Hogsmeade, la primera excursión del año. No quiere perdérsela, aunque ahora no tiene amigas con quien ir. Así que camina apresurada, calculando la hora en la que salen los carros, para saber si le dará tiempo a cambiarse de ropa.

Cuando se acerca a la Sala Común se cruza con Remus, que ya va vestido con su ropa muggle y una buena cazadora para un invierno que se ha adelantado. Está pálido y ojeroso pero sonríe con alegría al tropezarse con ella.

- ¡Lily! –exclama, atándose firmemente la bufanda al cuello-. ¿No vas a Hogsmeade?

- Voy a tratar de cambiarme rápido para llegar al último carruaje –le dice casi sin aliento.

Remus sonríe.

- Si te das prisa, te esperamos. Si es que quieres venir con Sirius, Peter y conmigo, claro.

Eso la hace detenerse. Ahí falta un nombre.

- ¿Y dónde está el cuarto mosquetero? –pregunta curiosa, fingiendo indiferencia pero sintiendo el aguijón de los celos picar en su estómago al pensar que pueda tener una cita.

No puede ser. Hace meses que no lo ve con ninguna chica. Remus se ríe y ella está segura de que ha averiguado sus pensamientos.

- D'Artagnan ha decidido quedarse –le cuenta. La madre de él es muggle, así que es experto en literatura muggle; un atractivo añadido para su amistad con el que no ha contado antes, por cierto. Así que ha entendido perfectamente la referencia -. Los enanos están algo asustados por las noticias que han aparecido hoy en El Profeta, así que ha montado algunas actividades para distraerlos.

Lily se le queda mirando boquiabierta y sorprendida. Lo cierto es que no lo había pensado. Sabe que los pequeños se han impresionado por la cantidad de muertes y horror que han ocasionado los gigantes en Kent. Las imágenes del periódico eran demasiado gráficas para unos niños tan pequeños.

Pero es cierto que no ha considerado si sería necesario que se quedara para echarles un ojo. El que James lo haya hecho, le sorprende y le maravilla al mismo tiempo.

- Pensándolo mejor… Yo también me quedo. Pasadlo bien, Remus.

Él le sonríe.

- Nos vemos luego, Lily.

La pelirroja se dirige hacia el retrato. Se cruza con tres compañeras de quinto curso y aguanta con la mano la puerta, tratando de observar sin que la vean qué está tramando James con los alumnos de primero y segundo que no tienen permiso para ir a Hogsmeade.

Los tiene a todos sentados en la alfombra, a su alrededor. Él está de pie, sin el uniforme de la escuela, de espaldas a Lily y se pasea de un lado a otro. Aunque trata de aparentar estar serio, ella capta la burla en sus andares exagerados, mientras se da toquecitos en la barbilla con la varita.

- Os juro que es verdad –asegura solemnemente.

- No me lo creo –se ríe una niña de segundo año sentada en primera fila.

- ¡Eso seguro que lo hiciste tú! ¡O Sirius! –exclama un inquieto niño de primer año.

James se detiene, llevándose una mano al pecho, fingiéndose ofendido.

- ¿De verdad creéis eso de mí? Me decepcionáis, pequeños aprendices. Lupin es tan capaz de jugársela a los demás como nosotros. No le subestiméis.

- Pero, ¿cómo les transparentó la ropa interior? –pregunta una niña de primer curso que está algo apartada. En su voz se nota que está seria pero también siente curiosidad.

Es bastante más bajita que los demás de su edad, como le solía ocurrir a Lily hasta que dio el estirón. Y sabe que es hija de muggles y está asustada. Entiende que no tenga tantas ganas de bromear como los demás.

Pero, un segundo después, se da cuenta de lo que ha preguntado y ahoga una exclamación. Porque sabe de lo que está hablando James.

Ocurrió el año anterior, durante la clase de Transformaciones. De algún modo, alguien consiguió encantar los pantalones de los chicos de Slytherin y estos se volvieron translúcidos, mostrando su ropa interior a los demás. Mulciber se había estado metiendo con ella poco antes, con las risas consabidas de sus amigos, así que Lily no había lamentado nada la humillación. McGonagall había castigado a James y a Sirius aunque no tenía ninguna prueba. Ellos no habían protestado pero, al parecer, esta vez habían pagado siendo inocentes.

- Eso, mi pequeña Serena, es lo que pretendo mostraros –anuncia James con una mirada traviesa-. Es un hechizo complejo pero os lo enseñaré si me prometéis que solo lo usaréis contra los Slytherins.

Ah, no. Ni hablar. Hasta ahí podían llegar.

Lily cruza el retrato y entra de lleno en la sala común, donde los niños se ríen.

- ¿Qué está pasando aquí? –pregunta cruzándose de brazos.

Los niños cogen aire ruidosamente y James se gira hacia ella, alarmado. Parece un niño al que han pillado en una travesura. Su expresión provoca que Lily sonría, a pesar de sí misma. Es odioso que todo en él le cause una sonrisa últimamente.

- ¡Lily! –exclama James, más envalentonado al verla sonreír-. ¡Bienvenida al grupo! Estaba a punto de enseñar a los enanos el hechizo cristal. Es magia más divertida de la que enseñan en clase, ¿recuerdas?

Ella se muerde la mejilla por dentro para evitar que se le escape la risa. Recuerda esa imagen. Y recuerda que se rio. Estaba enfadada y dolida. Y la imagen era patética. James la había visto reírse y estaba segura de que había estado encantado de llevarse el mérito solo por eso.

Pero no podía consentir que influenciara en los más pequeños con ese tipo de comportamientos.

- ¿Podemos hablar un momento?

Los niños se ríen al ver que él está en apuros pero James les saca la lengua mientras se aleja unos metros para que él y Lily hablen en privado.

- Esto no está bien –le riñe cuando nadie más puede oírles. Tampoco quiere quitarle autoridad frente a los niños. Aunque siente que no ha hecho otra cosa más que reñirle desde que ha entrado en el colegio.

James rueda los ojos.

- Es inofensivo, Lily. Para tenerlos entretenidos. No te imaginas las caras largas que tenían cuando he bajado. La enana, incluso, estaba llorando.

Ella asiente seriamente.

- Sé que lo haces con buena intención. Pero no quiero volverlos a todos unos payasos irresponsables. No te lo tomes a mal –añade al verle alzar las cejas por sentirse aludido-. Pero creo que no es ético que les incites a hacerles gamberradas a otros compañeros suyos.

- ¿No es ético? –repite James sorprendido-. Lily, esto es inofensivo. Sus compañeros están en otra casa, siendo adoctrinados a fuego contra los muggles e hijos de muggles. Y algunos a practican en su casa y aquí magia oscura. Eso es lo que no es ético.

Lily suspira.

- Entiendo lo que quieres decir. Pero nuestro trabajo consiste en enseñarles respeto, no a burlarse de sus compañeros.

James la mira intensamente durante unos segundos pero luego claudica. A veces, tiene que recordarle que su nueva posición requiere responsabilidad e imparcialidad. Lo último lo lleva todavía peor.

- Tienes razón –suspira-. Tengo que controlar mis comentarios. Pero, ¿si les pido que respeten a todos puedo enseñárselo? Es un hechizo inocuo y no tiene por qué aplicarse para nada malo. Solo por hacerles reírse un rato.

- Estás empeñado en que se rían, ¿eh? –declina ella finalmente, dejando escapar una sonrisa.

Él le devuelve la sonrisa más amplia del mundo. Le encanta su sonrisa. Hay algo ella que consigue desarmarla. Afortunadamente, ahora son una especie de amigos y puede disfrutar de ella sin levantar sospechas.

- La risa es vital en esto, Lily –le asegura-. Puede que eso no detenga la guerra ni consiga acabar con Voldemort –ella se alarma. Es el primero al que oye decir su nombre sin miedo-. Pero, mientras haya un poco de felicidad, permitirá que nunca gane del todo.

Lily parpadea ante su alegato y James insiste.

- Siempre me acordaré de la lección de los boggarts en clase de Defensa, con la profesora Smee. Fue la lección más importante que he recibido aquí: que, ante el miedo, la mejor cura es la risa. Por eso me burlo tanto de esos zoquetes. Así, les bajamos los humos y, además, les demostramos que no les tememos. No quiero que estos niños se vuelvan unos gilipollas como yo pero, ¿por qué no enseñarles a defenderse con humor si lo necesitan?

Lily está tan sorprendida con todo lo escuchado que se queda unos segundos sin habla. Finalmente, se rinde.

- Es increíble cómo consigues que lo más absurdo adquiera sentido. Tienes un don para enredar a la gente.

James se ríe, encantado, y le guiña un ojo.

- Ojalá me funcionara contigo para temas que me importan más.

Se da la vuelta y la deja un poco noqueada, porque sabe que eso ha sido una indirecta. No es la primera que le lanza desde que comenzó el curso y comenzaron a llevarse bien. Pero, hasta ahora, ella no ha sabido responderle. Por primera vez, se ha quedado con las ganas de continuar el coqueteo, lo que le hace sonrojarse furiosamente.

Afortunadamente, James está ya ocupado con los niños, de espaldas a ella.

- Venga, vamos a ponernos por parejas –les insta con la autoridad de un capitán de quidditch-. Eso sí, os voy a enseñar a transparentar otras cosas. Olvidaos de verles les bragas a las niñas, pervertidos, u os tendré limpiando trofeos hasta que os graduéis.

Los niños y las niñas se echan a reír y Lily es incapaz de no hacer lo mismo. Y, dado que ya los ha echado a andar y ha prometido ser cuidadoso, Lily accede a ayudarles en esa lección improvisada que tiene a los más pequeños encandilados.


La lección les lleva un par de horas en las que los niños y niñas, divertidos, aprenden un tipo de magia que oficialmente no les toca hasta dentro de un par de años.

Pero James y Lily demuestran ser buenos profesores y consiguen que la mayoría pueda crear, al menos una vez, una pequeña sensación de transparencia a chaquetas, pulseras, lámparas y mesitas.

- ¡Muy bien, Jack! –exclama Lily abrazando a un niño de primer año cuando él consigue volver casi transparente sus zapatos.

Se supone que no pueden tener favoritismos. Ellos no están para eso. Pero es que ese enano, que es puro nervio, travieso y con mirada pícara, le tiene robado el corazón desde que el primer día apareció empapado en el Gran Comedor, porque cayó por el bote al tratar de asomarse demasiado. Es un guasón, siempre la hace reír y es de los pocos que no se avergüenzan por los abrazos. Y el instinto maternal de Lily se ha desarrollado mucho estando a cargo de los más pequeños.

- Ey, demasiado contacto por aquí –interviene James, acercándose a ellos-. McGonagall nunca enseña así, Evans, céntrate.

La llama por el apellido en broma pero ya se siente raro en su voz. Lily le mira divertida, sin soltar al niño, quien parece estar encantado en sus brazos.

- Yo tengo otra técnica distinta –presume la pelirroja, achuchándolo más.

- ¡Yo prefiero a Lily como profesora! –interviene Jack.

Lily se aparta, riéndose, y James tiene que aguantarse la risa.

- Venga, sinvergüenza. No sabes tú nada –le increpa, fingiendo darle una patada en el culo, que hace que el niño salga corriendo riéndose-. A tu edad, yo no tenía esos pensamientos. Que ahora sois muy precoces.

- No tiene ningún mal pensamiento –le defiende Lily cuando ella y James se quedan a solas.

Él la mira con ironía.

- Anda que no… Se le va a leguas que le tienes loquito, Lily.

Ella no rehúye esta vez el coqueteo y se acerca suavemente a él.

- Si no te conociera, diría que estás celoso de un crío, James –bromea.

Algo brilla en los ojos de él cuando se da cuenta de que ella le está respondiendo.

- Igual no me conoces tan bien para descartar esa opción tan pronto, pelirroja. Si tengo que enfrentarme a un niño de once años, lo haré. Puedo ser implacable.

- ¡James, mira lo que hacemos! –gritan entonces tres niñas, incluida la pequeña Serena, que se lanzan contra sus piernas ante la prisa por enseñarle sus avances.

James pierde el equilibrio y cae al suelo, asegurándose de no aplastar a ninguna. Entre risas, consigue que dejen de hablar a la vez y acaba con una niña colgada de cada brazo mientras Serena se concentra y hace desaparecer su corbata. James finge volverse loco, palpándose el pecho y dando vueltas sobre sí mismo, mientras las tres niñas se parten de risa.

Lily mira esa escena enternecida.

- Implacable –murmura para sí misma-. Ya lo veo.


Es media tarde cuando dan por terminada la lección, aunque los niños y niñas siguen revoltosos y llenos de energía. Han tenido que recurrir a la amenaza para impedir que sigan haciendo magia pero no hay nada que puedan hacer para conseguir reducir su adrenalina.

Ambos están agotados y se han dejado caer al sofá, uno al lado del otro.

- Recuérdame que no me haga profesora –le dice ella, recargando la cabeza contra el sofá-. Siento un nuevo respeto por McGonagall.

- Y tú a mí, que no tenga hijos –James todavía no ha recuperado el aliento-. Esto sí que te pone en forma y no el quidditch.

Pero Lily le mira con curiosidad.

- ¿No quieres tener hijos? Los niños se te dan muy bien.

Él se encoge de hombros y se lleva la mano al pelo, despeinándolo.

- No es algo que me haya planteado. Me gustan los críos pero no sé… ¡Oliver! Tío, al menos ten la picardía de no hacerlo delante de mí –le grita de pronto a un niño de segundo año que trata de volver transparentes las cortinas.

Ella aprovecha su distracción para observarle. Tiene una obsesión extraña con su mandíbula. En esa curva, bajo la oreja, se demuestra la fortaleza de su mentón. Siempre acaba fijándose en ese punto cuando su mirada se pierde en su rostro en clase. Es firme y sexy.

No es hasta que vuelve a mirar sus ojos cuando descubre que James le ha preguntado algo, porque la mira con las cejas alzadas y divertido por su distracción.

- ¿Qué?

James se ríe.

- Te preguntaba que por qué no has ido a Hogsmeade. Cada vez tenemos menos oportunidades de visitarlo. Este es nuestro último año.

- Remus me contó lo que estabas haciendo –le sonríe-. Me pareció fantástico y quería colaborar.

Satisfecho y, en parte, algo incómodo por su aprobación, James se alborota el pelo, como siempre que le pedía una cita. Lleva tiempo sin hacerlo. Y se da cuenta de que lo ha estado esperando con ansias desde la última vez. En ese momento ni se lo piensa, ni se lo plantea. Está tan a gusto que, simplemente, se lo suelta, sin más pretensiones.

- ¿Por qué ya no me pides salir?

James la mira extrañado, mientras ella apoya la cabeza en una mano y pone toda su fuerza de voluntad en no sonrojarse. Después de un rato, James titubea.

- Pensé que no querías que lo hiciera.

Y Lily se siente mal porque tiene razón. No quería. Y no sabe decirle cuándo ha cambiado de opinión. Si es que lo ha hecho. Que tampoco lo tiene tan claro. O sí. Lo cierto es que no lo sabe.

- Solo… No sé, es curiosidad –se está sonrojando. Se odia a sí misma porque puede ver en la sonrisa de él lo contento que está por ello.

Intenta desviar el tema porque sabe que ha metido la pata.

- Has cambiado mucho este año, James. O, al menos, ahora dejas ver esa parte buena que Remus tanto aseguraba que tenías.

- ¿Lunático ha estado vendiéndome a mis espaldas? –se congratula él-. Y yo que pensé que me odiaba por insistirle en que te hablara bien de mí.

Lily se ríe.

- Tampoco hemos hablado tanto de ti –puntualiza. Y es cierto, porque Remus y ella se han dicho más cosas sin palabras que de otro modo-. Pero me dijo que me faltaba conocerte de verdad. Ahora, me alegro de haberlo hecho.

James se acerca algo más y el corazón de Lily salta en su pecho.

- Evans, estas cosas tendrías que haberlas dicho antes –susurra con aire pícaro-. Habría mandado a la mierda a los enanos y te habría llevado a Hogsmeade para tener la mejor cita de tu vida.

Ella suelta una carcajada.

- No he dicho que quiera una cita contigo.

- Pero la quieres –puntualiza él, divertido.

- Puede –concede, con una carcajada, pero recalca-. Aunque puede que no la hubiera querido si no te hubiese visto con los niños.

- ¡Estupendo! –exclama él teatralmente-. Eso significa que mi plan maestro ha funcionado. Les pagaré a cada uno los dos sickles que les he prometido para fingirse adorables y desvalidos.

Lily no puede parar de reír. Sabe que bromea. Lo que ha hecho ese día, lo ha hecho de corazón. Y, por eso, ha terminado de conquistarla. Abre la boca, aunque no sabe qué decirle. Han entrado en terreno desconocido.

- ¿Eres consciente de que no eres tan encantador como te crees, no? –le pregunta, recurriendo a argumentos antiguos cubiertos con coquetería.

Él aparta un rizo de su frente y provoca que un escalofrío le recorra el cuerpo entero.

- ¿No? –murmura, mirándola. Sus gafas han resbalado un poco por el tabique nasal y le mira directo a los ojos-. ¿Y por qué no puedes dejar de sonreírme?

En ese momento comienzan a llegar sus primeros compañeros de Hogsmeade. Remus, Sirius y Peter están entre ellos. Ella se extraña de que sean los que antes acaben la visita pero la palidez de Remus, al que le cuesta mantenerse en pie, le lleva de vuelta a la realidad. Esa noche es luna llena.

Su amigo la sonríe cuando se cruzan con ellos, camino a la habitación. Lily le devuelve la sonrisa, tratando de darle ánimos para esa noche, mientras nota que Sirius le hace un gesto disimulado a James.

- Estamos arriba, Cornamenta.

Este se levanta, de repente serio.

- Tengo que dejarte, Lily. Pero prométeme que acabaremos esta conversación.

Le guiña un ojo y ella sonríe.

- Nos vemos luego.

Le observa marcharse a su habitación, detrás de sus amigos. Seguro que van a despedirse de Remus. Su amigo le ha contado la verdad sobre la Casa de los Gritos y cómo la usa de refugio. Seguro que los chicos conocen más secretos aún.

Cuando él sube las escaleras y le pierde de vista, Lily esconde la cara en sus manos y la sonrisa le estalla en la cara. Está ilusionada y se siente absurdamente alocada. Tiene ganas de saltar, de sonreír y de bailar. Nunca se había sentido así por un chico.

Está deseando que llegue la cena para volver a verlo…


Pero él no aparece en la cena. Ni él, ni Sirius, ni Peter.

Lily frunce el ceño, mirando sin parar a la entrada del Gran Comedor. Es extraño. No recuerda si han faltado más veces los cuatro amigos a la vez pero está segura de que no. Claro que nunca había estado tan pendiente de su presencia, ni había tenido tantas ganas de ver a James.

Quería continuar su conversación en la cena. O, al menos, compartir ese banquete especial con esos tres gamberros, ya que el pobre Remus va a perdérselo.

Distraídamente, mira al techo, desde donde se ve el cielo. La noche está bastante clara, aunque un par de feos nubarrones medio ocultan la luna anaranjada, preciosa y llena. Aún no ha llegado el plenilunio pero no debe faltar mucho. Remus se transformará de un momento a otro.

Puede que los chicos hayan apurado el tiempo con su amigo pero no cree que Remus sea tan irresponsable. Habrá ido con Madame Pomfrey al Sauce Boxeador poco antes del anochecer, tal y como le ha contado que hace cada mes. Está segura.

- Lily, ¿te enseño cómo vuelvo transparente la calabaza? –le pregunta el pequeño Jack, llamando su atención.

La pelirroja frunce el ceño al verle sacar la varita y se la arrebata.

- ¡Jack! ¿En qué hemos quedado? –le riñe-. ¿Quieres meternos en un lío a James y a mí? Os pedimos que no se supiera que os hemos enseñado ese truco.

- ¡Un secreto es un secreto! –recuerda Serena a su otro lado.

Lily no sabe cómo siempre acaba comiendo con los pequeños cuando no puede hacerlo con James, Remus y sus amigos. Pero se ha acabado convirtiendo en la madre de todo ellos.

Cerca de ella, Olivia, Aura y Gwen hablan y se ríen ruidosamente. Y se sorprende de lo poco que echa de menos su compañía. Las seguirá apreciando siempre, no son malas personas, pero ya no son sus amigas.

- Le diré a James que cumpla su amenaza de poner las orejas de burro a quien se chive –advierte pomposamente la pequeña rubita.

- No puedes –se burla Jack sacándole la lengua a Serena-. James no vendrá a cenar hoy, así que no tiene por qué averiguar…

- ¿Cómo sabes que no vendrá a cenar? –le interrumpe Lily.

El niño parece, de repente, consciente de lo que ha dicho.

- Ehhhhh…

- Jack… -murmura la pelirroja, mirándole con autoridad-. ¿Qué sabes?

- Nada –se apresura a mentir el niño.

Es un mentiroso horrible. Se pone colorado enseguida. Otro de los motivos por los que es la debilidad de Lily. Pero esa noche no tiene tiempo de enternecerse.

- Cuéntamelo ya –ordena.

- Pero… James me ha prometido dulces de Honeyduckes sino digo una palabra.

- Y yo te prometo que estarás un mes limpiando con el señor Filch si no hablas –repuso la Premio Anual.

Jack la evalúa, tratando de averiguar si dice la verdad. Finalmente, parece darse cuenta de que sí y suspira, rendido. Sus compañeros, a su alrededor, ponen oído.

- Le vi bajar a las cocinas con sus amigos. Hablaban de algo de coger comida, así que no tenían pinta de ir a venir al banquete.

- ¿Dónde están las cocinas? –pregunta uno de los otros niños.

Pero Lily ha dejado de prestarles atención. Se levanta de la mesa tratando de ser discreta y se encamina fuera del Gran Comedor. Afortunadamente, el ambiente es suficientemente festivo como para que nadie más se dé cuenta.

Se encamina hacia las escaleras para bajar a las cocinas pero, cuando pasa al lado de una armadura, escucha la atronadora voz de Sirius Black al fondo del pasillo y decide esconderse tras ella para escucharles.

- ¡Eres un puto lento, Colagusano! –brama Sirius, de modo que no le es difícil seguirles la pista-. Llevas comida como para un mes.

- ¡Es Halloween! –se justifica al más bajito-. Que menos que probar un poco de cada cosa. Además, así le llevamos algo a Remus.

- Sí, claro, como que Lunático va a tener mucho tiempo y ganas de comer –se burla Sirius.

James está junto a ellos, masticando.

- Tenemos que darnos prisa –dice cuando pasan a su lado, sacando una especie de capa de un color gris plateado-. Va a transformarse en cualquier momento.

- Aún hay tiempo –insiste Peter-. Además, si llegamos un poco tarde no va a pasar nada.

Lily, que está aguantando la respiración para no hacer el más mínimo ruido ni perderse nada de la conversación, escucha la colleja que recibe el muchacho. No sabe si ha sido James o Sirius.

- ¡Claro que importa, Colagusano! –exclama James, cuya voz oye alejarse por el vestíbulo, rumbo a la salida.

- Desde luego, si te llamamos así es porque tus dos colas parecen un gusano- bufa Sirius que, aunque esté lejos, se le oye perfectamente-. No tienes huevos, Pet. Por eso aún sigues teniendo reparos en ir.

- ¡Eso no es verdad! –protesta Peter.

- Callad –escucha decir a James, aunque tiene que esforzarse para oírle porque se han alejado de ella-. Hay que asegurarse de que no hay nadie en la salida. Mira el mapa, Canuto.

- Ya lo miré, Cuernos –asegura la voz de Sirius-. Todo despejado. Trae acá esa capa, anda, no vaya a ser que la gata de Filch esté husmeando por aquí.

Cuando deja de oírlos, Lily sale de su escondite, con la cabeza dándole vueltas y mil preguntas rondando su mente. Tiene que analizar lo que ha oído pero, sobre todo, está tremendamente preocupada sobre si debería avisar a alguien de la irresponsabilidad que cometen esos tres.

¿Están dirigiéndose a acompañar a Remus? ¿En luna llena? ¿Mientras está transformado? Y, por lo que ha dicho Sirius, no parece que sea la primera vez que lo hacen. ¿En qué narices están pensando? ¿Y cómo lo hacen?

- ¡Lily! –la pelirroja se lleva una mano al pecho, alterada, al ser sorprendida. El pequeño Jack ha salido a buscarla-. ¿Me devuelves mi varita?

El niño le extiende la mano y pone una sonrisa de inocencia que le distrae por unos instantes de sus preocupaciones. Sin pensarlo mucho, saca la varita que había requisado y se la devuelve. Ni siquiera se acuerda de advertirle que no se le ocurra repetir lo que había estado a punto de hacer.

- No haré nada –le promete él. Y extiende una sonrisa pícara-. Si tú me prometes que no le dirás a James que me he chivado.

Lily le sonríe a su pesar, aunque sus preocupaciones están en los terrenos del castillo. Le agarra por los hombros y le gira de vuelta al Gran Comedor.

- Venga, acabemos de cenar, granuja.

Pero ella no vuelve a comer bocado esa noche. Su mirada inquieta no para de dirigirse al techo, donde calcula que la luna ya está en su punto más alto.

Remus debe haberse transformado ya. En lobo. En un peligroso licántropo. Y no está solo. No sabe cuántas veces no lo ha estado pero no entiende que su amigo permita a esos tres descerebrados hacer algo tan irresponsable.


Esa noche es incapaz de meterse en la cama.

Se queda en un sofá de la Sala Común, cubierta con una manta, frente al crepitar del fuego y mirando fijamente la puerta del retrato, esperando verlos aparecer en cualquier momento.

Y sanos y salvos. Por favor, que estén sanos y salvos. No es capaz de pensar en otra cosa.

Pero las preguntas siguen rondando en su cabeza a medida que pasan las horas y los nervios se acrecientan porque los chicos no vuelven.

Va a matarlos. Va a echarles la bronca de su vida. No sabe por qué no le ha contado aún a McGonagall lo que ha oído. Claro que eso podría meter en problemas a Remus y no tiene tan claro cuánto aprueba él lo que hacen sus amigos o, simplemente, no puede evitar que vayan cuando no es dueño de sí mismo.

Pero, ¿cómo lo resiste? Por lo que ha leído, un licántropo pierde los nervios y su fuerza se vuelve desmedida cuando hay humanos delante. ¿Por qué ellos querrían hacerle pasar por algo así? ¿Para qué exponerse tanto? ¿Por morbosa curiosidad? Es impensable. No en ellos. No, si eso supone poner a Remus en una situación aún más dolorosa de la que ya vive.

Pero, simplemente, no hay otra manera en la que…

Su mente se detiene de golpe. Ha oído algo. Está segura. Un aullido.

Salta por encima del sofá, enredando el pie en la manta, y se precipita hacia la ventana, abriéndola de golpe.

Escucha el sonido del aullido finalizar y siente un escalofrío, más allá del aire helado de la noche que penetra en la habitación. Un segundo después, escucha un ladrido. Un claro ladrido. ¿Desde cuándo hay perros en Hogwarts?

Otea el horizonte, las copas de los árboles, tratando de encontrar una explicación. Pero no ve nada, el manto de la noche lo cubre todo.

Procede a cerrar la ventana pero, de repente, vuelve a oírlos. A la vez. El ladrido y el aullido.

Y su mente se queda momentáneamente en blanco mientras abre los ojos de golpe y su cerebro funciona a toda velocidad.

Porque no hay perros en Hogwarts. No ha habido un maldito perro en todos los años que lleva estudiando allí. Pero lo hay esa noche. En los terrenos. Con un lobo.

Los recuerdos y las imágenes cruzan su mente. Extractos de momentos que ha observado todos esos años. Sirius saltando encima de James, cuando ganaron la copa de quidditch el año anterior, y apretándolo contra el mismo sofá que ocupa ella esa noche. Aprisionándole y haciéndole cosquillas. Y James gritando entre risas:

- ¡Aparta, chucho!

O Peter frunciendo el ceño mientras Sirius se sienta en su pupitre solo por hacerle rabiar, mientras pone los pies sobre el escritorio.

- ¡Eres un perro mal adiestrado, Canuto!

Canuto… Un can… Un perro… Y ella que siempre pensó que era por los porros.

Y James…

- Ya lo miré, Cuernos –había dicho Sirius esa noche.

- Estamos arriba, Cornamenta –le había llamado esa tarde.

Cuernos… Cornamenta… Podría ser un chiste sin gracia si James hubiera tenido una novia infiel. Pero nunca había sido el caso. No tenía sentido. A no ser…

Y Colagusano… Había oído a los chicos llamar así a Peter. Siempre pensó que era una guarrada de los hombres en alusión a un aparato sexual pequeño. Pero Sirius había dicho esa noche algo.

- Desde luego, si te llamamos así es porque tus dos colas parecen un gusano.

Dos colas… Una, era la guarrada que ella se imaginaba. Fijo. Pero, ¿la otra?

Eran características más propias de animales. Sirius como can… James con algo relacionado con una cornamenta… Y Peter… ¿un gusano? ¿Una cola?

Pero eso no era posible. No podía ser lo que estaba pensando porque…

Y de repente se volvió a quedar en blanco. Porque James había comenzado a formarse para convertirse en animago cuando estaban en tercer curso. Se acordaba perfectamente porque le había parecido fascinante y le había admirado, al margen de que le pareciera un chulito.

Pero luego dejó la formación, al cabo de pocos meses. McGonagall estaba desilusionada y ella también sintió algo parecido por admirar a alguien que no paraba de demostrar que no se tomaba nada en serio ni era capaz de terminar ningún proyecto.

Pero, ¿y si nunca lo había abandonado del todo? ¿Y si había involucrado a sus amigos?

Animagos…

La realidad se abrió paso en su mente con una facilidad que pareciera que siempre había estado ahí.

Y, en ese momento, sintió un miedo distinto al que la había inundado durante esas horas.


Un rayo de sol, justo en su cara, la despierta de golpe.

Se ha quedado traspuesta en el sillón, junto a la ventana. Ni siquiera sabe cuánto ha dormido pero le parece que hace tan solo unos segundos era de noche cerrada. Ahora, el amanecer está abriéndose paso con su luz anaranjada a través de las copas de los árboles, brillando como el aleteo de un fénix en el agua calma del lago que parece muerto y sin vida a esas horas.

¿Habrán vuelto los chicos mientras ella dormía? ¿Se encontrarán bien?

Lily se despereza soltando un amplio bostezo y sintiendo su pijama revuelto y retorcido sobre su hombro. La manta se ha escurrido al suelo en algún momento y un escalofrío le recorre el cuerpo entero.

Las brasas del fuego laten lentamente en la chimenea, como un último estertor del calor que se ha mantenido esa noche solo para ella en la Sala Común de la Torre de Gryffindor.

- ¡Te digo que no, joder! –grita entonces una voz a lo lejos, sobresaltándola.

El retrato de la Señora Gorda se abre golpe y Peter Pettigrew se queda congelado en la puerta, mirándola con los ojos a punto de salirse de sus órbitas.

Detrás de él, Sirius sigue bramando.

- ¡Colagusano! ¡Entra de una vez, que todavía nos pilla ese dichoso gato! ¡Sería lo último que necesitaría Sirius para acabar de cagarse de miedo! –la risa de James aparece y Peter es empujado dentro de la estancia, donde se tambalea.

- ¡Te repito que no me asusté! –exclama Sirius entrando tras su amigo y cerrando de un portazo.

Los tres tienen la ropa arrugada, el pelo revuelto y la cara manchada. Es evidente que ha sido una noche movidita. Lily se pone en pie mientras Peter la sigue mirando horrorizado y James y Sirius siguen discutiendo, ajenos a que hay una cuarta persona en la habitación.

- Chicos –murmura Peter.

- ¡Te acojonaste por el sonido de un búho y punto, Canuto! Por eso asustaste a Remus y hubo que atraparle antes de que saliera a galope. ¡No lo niegues! –se ríe James mientras dobla la capa plateada que sacó de su túnica la noche anterior.

- Chicos…

- ¡Mira, Cornamenta, no me calientes! –brama Sirius, ignorando de nuevo a Peter.

Le pega un empujón a su mejor amigo, que avanza entre risas hasta que se da cuenta de su presencia.

- ¡Lily! –grita con voz estrangulada.

Ella ha estado demasiado entretenida escuchándolos para haber reaccionado antes. Y ellos saben que han dicho demasiado. Se aclara la garganta, irritada por el frío de haber pasado la noche en la Sala Común al descubierto, y trata de verse como una figura de autoridad. Algo complicado con la coleta despeinada y el pijama azul arrugado.

- ¿De dónde venís vosotros tan temprano?

Los tres la miran alarmados y tratan de hablar a la vez, atropellándose y pisándose las frases. Lily les mira de uno en uno. Peter está lívido y blanco como una hoja. Incluso Sirius parece algo cohibido, aunque su ceño fruncido deja ver que está más molesto que asustado por su presencia. Y James, unos pasos más cerca de ella, la mira con temor y cautela. El alivio de verlos sanos y salvos pronto se sustituye por el enfado y la indignación por todo lo que han hecho.

- ¿Dónde habéis estado esta noche? –vuelve a preguntar ante su silencio-. Porque sé que no estabais en vuestro cuarto y no habéis venido antes. Así, que decidme dónde habéis estado.

Se adelanta y se pasea por delante de los tres, tratando de ponerse tiesa, mostrarse seria y ponerlos nerviosos. Los tres están en fila, incapaces de mirarle a la cara. James y Sirius aguantan ante su mirada de hielo pero Peter acaba derrumbándose.

- ¡No es lo que parece! –balbucea.

Y James y Sirius le fulminan con la mirada porque saben que no hay nada que suene más culpable que eso.

Lily inspira hondo, apretándose el puente de la nariz y buscando paciencia. La necesitará. Cuando levanta la cabeza, sus ojos de esmeralda parecen decepcionados.

- James, ¿podemos hablar en privado? –pregunta.

Sirius suelta el aire retenido y se mueve al instante, cogiendo a Peter por el cuello.

- ¡Una idea estupenda! –asegura mientras avanzan hacia las escaleras de los dormitorios- Este es un tema para tratar entre los premios anuales.

- ¿Qué? ¡No! ¡Sirius! –pero no hay nada que James pueda hacer para impedir que sus amigos se marchen a su habitación y le dejen a merced de Lily.

Ella se queda frente a él, cruzando los brazos sobre su pecho. Sabe que es un tema que les incumbe a todos pero, después de lo que está pasando entre ella y James, considera justo que lo traten a solas.

- He estado volviéndome loca toda la noche –le cuenta-. Esperaba verte anoche en la cena pero no apareciste.

James asiente, lamiéndose los labios con nerviosismo.

- Lily, yo… Déjame que te explique.

- Luego os vi a los tres salir de las cocinas e ir hacia los terrenos –le interrumpe ella-. Hablabais de ir a ver a Remus.

- Verás… -James alza una mano, tratando de sujetarle el brazo, pero Lily se zafa.

- Pero es imposible –prosigue con una sonrisa irónica formándose en su cara-. Porque solo un loco, tres en este caso, se meterían en medio de la guarida de un licántropo por las buenas.

La expresión de Lily empieza a ser un poco maniática y James comienza a preocuparse por ella. Es consciente de que, sepa lo que sepa, ha debido pasar toda la noche angustiada. Por ellos, por Remus, por lo que habrá pasado o no…

- No es como…

- Luego recordé esos apodos tan artísticos con los que os habéis nombrado –le interrumpe de nuevo Lily. No parece estarle escuchando porque comienza a pasearse mientras habla en voz alta-. Y también recordé que tú, entre todos los alumnos de la escuela, empezaste a formarte para ser animago.

Vale. Está cerca. Muy cerca de la verdad. Lily sigue con esa mirada maniática en los ojos y se ríe de una forma muy estridente, sin humor.

- Claro, hay especulaciones sobre que los humanos solo pueden estar cerca de un licántropo mientras estén en forma animal. Pero solo son eso: ES-PE-CU-LA-CIO-NES –resalta cada sílaba con fuerza y golpeando la mano en el aire-. Pero tú no acabaste la formación, ¿no? Y nadie sería tan estúpido de intentar algo tan peligroso sin la supervisión técnica de un experto. ¿verdad?

Ahí se calla. Le mira interrogante, como pidiéndole que hable él. Tiene la mirada vidriosa pero no está llorando. Aún no. Y James se calla porque se le ha quedado el aire congelado en el pecho. Porque es la primera persona que averigua lo que son, lo que han hecho. Y porque está furiosa pero también parece desquiciada de la preocupación. Y odia hacerla sufrir lo más mínimo.

- Tú nunca harías algo así, tan arriesgado e ilegal, e involucrarías a dos de tus amigos, ¿no, James? –pregunta Lily tras varios segundos de silencio.

Los ojos le brillan cada vez más. Y es increíble lo guapa que la ve pese a que esté en pijama, despeinada y con un creciente ataque de ansiedad. James no puede parar de observarla pero no sabe cómo responder a cosas que le pregunta. Porque ella ya sabe las respuestas pero él no es capaz de decepcionarla más.

- ¿Desde cuándo sois animagos? –le cuestiona finalmente, siendo directa.

La voz se le acaba de romper y ella se aclara la garganta para intentar disimularlo. James levanta las manos, sintiéndose más indefenso que nunca.

- Que quede claro que no he admitido nada –asegura. Intenta sonreír, a ver si es capaz de rebajar la tensión.

Lily bufa.

- James…

Y está claro que no lo consigue. Al final, opta por contestar.

- Desde quinto –reconoce, bajando la mirada, temeroso de su reacción.

Lily se queda unos segundos en silencio y luego la oye hablar con un hilo de voz.

- ¿Desde quinto curso?

- Llevábamos preparándonos desde tercero –le reconoce también. ¿Qué más da? Las cartas están sobre la mesa-. Pero en quinto lo logramos. Y, desde entonces, Remus no ha vuelto a estar solo.

Ella se mueve. Parpadea. Inspira. Los ojos siguen vidriosos y James teme que se eche a llorar. Pero no lo hace aún. La ve sentarse y casi puede oír los mecanismos de su cerebro moviéndose a toda velocidad.

- ¿Era para que no estuviese solo? –pregunta finalmente. Y algo en su voz se ha vuelto más suave-. ¿Cómo? ¿De verdad… de verdad os habéis arriesgado con una teoría que no estaba probada? ¿Os habéis puesto delante de él transformados?

- Ahora somos su manada –responde él, sentándose suavemente frente a ella-. Se hace menos daño, está más calmado, parece incluso que su mente sea más humana…

Ella la escucha. Su rostro ha enmudecido y un par de lágrimas ruedan lentamente por sus mejillas. Y eso que ella no ha visto a Remus tras la transformación. Él comprende que esto es importante y quiere dejárselo claro.

- No tienes ni idea de cómo eran sus transformaciones antes, Lily. Tardaba días en recuperarse. Se atacaba a sí mismo ante la desesperación de estar encerrado. Era… un desecho. Ahora, hemos conseguido cambiarlo. Incluso sonríe pensando en las escapadas que hacemos por el Bosque Prohibido.

Vale, igual eso último no era lo más inteligente. Ella abre mucho esos inmensos ojos verdes.

- ¿Estáis sueltos por el bosque? ¿Y qué pasa si os topáis con una criatura peligrosa?

- Creo que estos días Remus es lo más peligroso del lugar –apunta él.

Pero ella ha vuelto a cambiar su pensamiento. Lo sabe por su expresión, que se ha vuelto de nuevo pensativa, y porque se inclina hacia él con ansiedad. Le encanta la expresión de su rostro cuando se ilumina ante un nuevo conocimiento.

- Así que a esto se refería…

James la mira confuso.

- ¿Qué?

- Hace unos meses, cuando le conté que sabía su secreto, Remus me dijo que nadie le había apoyado tanto como vosotros. Que sois más que su familia. Se refería a esto…

Él sonríe. No sabe qué le dijo Remus pero está seguro de que aprovechó el momento para defender a ultranza de sus amigos.

- No podríamos haberle dejado sufriendo sin intentarlo todo para ayudarle.

- ¿Aunque eso suponga incumplir la ley? –le cuestiona ella. Aunque su expresión es ahora más dulce-. ¿Arriesgaros a ir a Azkaban?

- Aparte de nosotros, solo lo sabes tú –le recuerda él encogiéndose de hombros-. Tú decides si quieres delatarnos.

Lily rueda los ojos. Ambos saben que jamás les delatará. Ni aunque lo hubieran hecho por una travesura, sin un motivo de peso como tienen. No les enviaría a Azkaban por ello. Como mucho, habría avisado a la profesora McGonagall para que estudiara cómo resolver la situación. Ella habría recurrido a ella siempre. Pero entiende que, si James se hubiera transformado legalmente, jamás habría podido acompañar a Remus. Y ya tiene mérito que lo haya logrado tan pronto y sin casi ayuda.

- Está claro que tenemos un código moral diferente –murmura para sí misma.

Y, en ese momento, desearía ser más como él. Menos encorsetada y más valiente. Más capaz de romper sus propias normas por alguien a quien quiere. Quizá quiera serlo porque, en el fondo, es algo que tiene dentro.

James la mira y parece que ha pensado lo mismo porque le dice:

- No lo creo. Tú eres un poco más quisquillosa con esto de las normas y las leyes. Pero creo que entiendes mi punto. Nadie se ve afectado. No hay terceras personas involucradas. Solo somos nosotros y Lunático.

La sonríe y ella, finalmente, le corresponde. Se limpia las lágrimas de sus mejillas, con expresión cansada pero alegre.

- Siempre me he sentido admirada por la amistad que os une –le reconoce. Ambos se encuentra frente a frente, muy cerca. Demasiado. O quizá no lo suficiente-. Ahora entiendo ese nivel de pertenencia... Sois una manada, ¿no?

James se ríe porque use su mismo término. Sabe que es comprensiva pero tenía miedo de que no lo fuera tanto en ese tema. Es gratamente sorprendente lo fácil que ha resultado.

- ¿Ya no estás enfadada? –le pregunta, pasando el pulgar por sus pestañas, aún húmedas.

Ella parece reaccionar a su toque. Sonríe, pero también hay una mezcla de emociones en su rostro. Una lucha interna.

- ¡Oh, estoy furiosa! –le asegura-. Y asustada, y….

Y, de repente, todo se para porque la pelirroja ha empezado a llorar. Inesperadamente. Ahora que parecía estar más tranquila. Y él se pone nervioso porque no sabe cómo consolarla.

- Lily…

No sabe cómo usar las manos. Ella se incorpora y va hacia él, golpeándole en el pecho. No le hace daño, no está buscando herirle. Pero parece que está soltando toda la tensión de golpe.

- He estado toda la noche sin poder dormir, pensando en dónde estaríais y cómo estaríais. Y, cuando llegué a la conclusión de esto, estaba tan aterrada pensando que podría pasarte algo.

Aún inseguro, James la abraza contra su pecho. Es perfectamente consciente de que en la última frase solo hablaba de él. De su preocupación por él. Y todo lo que ha estado entre ellos estos meses estalla de golpe en ese abrazo al que ella se resiste solo un poco y él responde apretando más fuerte.

Cuando se calma un poco, la aparta y la coge la cara con las manos. Está colorada, pecosa y cubierta de lágrimas. Despeinada, desgobernada y parece frágil. Y nunca la ha visto tan guapa; así, preocupada por él.

- Llevo haciendo esto dos años –le asegura, pegando su frente a la de ella-. No hay riesgos.

Lily asiente con la cabeza y se queda en esa posición, cerrando los ojos e inspirando hondo. Está más cerca que nunca y James sabe que todo él huele a bosque y sudor. Y que quizá no sea el olor que quiere que Lily retenga de él. Pero la deja así, bien cerca de él.

Finalmente, ella inspira hondo, abre los ojos y le rodea el cuello con los brazos.

- Supongo que deberé acostumbrarme a pasar en vela las noches de luna llena –admite finalmente, enterrando la cara en su cuello.

Y James no está seguro de si se está imaginando cosas. Porque él es un experto en hacer eso cuando se trata de ella. Parpadea y la mira intensamente.

- ¿Qué quieres…?

Pero no puede formular la pregunta porque ella le besa. Ella a él. Como la vez anterior. Solo que esta vez no piensa cagarla.

Es la segunda vez que se besa con Lily Evans. Y, para lo caradura que se supone que es, es irónico que ella haya dado el primer paso las dos veces.

La abraza con fuerza mientras la devuelve el beso con pasión y todas las ganas que se ha aguantado esos meses. Lily calza unas zapatillas de dormir y él, los zapatos del colegio llenos de tierra y lodo. La diferencia de altura es más evidente que nunca. Por eso, la coge por la cintura y la eleva, sentándola en el respaldo de unos de los sofás.

Las piernas de Lily enseguida se enganchan a sus caderas para sostenerse y sus manos viajan a su pelo, desordenándolo más si cabe. El beso se vuelve cada vez más urgente y James sabe que daría la vida porque no se rompiera jamás.

Pero el aire comienza a ser necesario y, finalmente, ambos se apartan a la vez, jadeando. Solo unos centímetros. Siguen abrazados, sus pechos unidos y sus brazos entrelazados.

Y ambos se miran con una amplia sonrisa. Las cartas descubiertas y los corazones latiendo a toda velocidad. Y, cuando Lily habla, le mira con una expresión radiante de orgullo y admiración.

- Eres la persona más admirable y desinteresada que conozco, James Potter.

Y la sonrisa le ilumina la cara. Porque ha estado muchos años deseando oírle decir algo como eso. O algo amable de él, al menos. Dulcemente, coloca un mechón tras su oreja y la mira con ternura, pasando el dedo índice por el contorno de su mandíbula.

- Lily Evans… Te recomiendo que cuides tus palabras. No querrás que se me infle el ego más de lo que ya lo tengo.

Ella, que aún tiene las manos entrelazadas en su nuca, le da un pequeño tirón en el pelo. La diversión brilla en su mirada.

- Yo me encargaré de mantenerte con los pies en el suelo –le reta.

Y él sonríe. Así que esas son las normas que se establecerán a partir de ahora. Él tratará de ser menos gilipollas y ella le seguirá riñendo. Pero podrá besarla. Y quererla. Y estar con ella.

- Me parece perfecto –le dice. Y, volviendo al tema de la animagia, añade-. Y gracias por aceptarlo y comprenderlo. Te quiero, Lily.

Ella le vuelve a besar. Porque comprender eso le ha dado el último empujón, si es que lo necesitaba, para lanzarse a abrirle su corazón. Porque sabe que jamás encontrará a alguien más leal que él, que esté dispuesto a arriesgarse a todo por la gente que quiere. Porque tiene esa capacidad de liderazgo innata y siempre la acaba usando para el bien, aunque no siempre apruebe sus métodos.

Porque enamorarse de él ha sido tan fácil que no puede creer que haya conseguido aguantarse tanto. Es la muestra de que tiene una gran fuerza de voluntad.

- Creo que no me voy a aburrir contigo –le confiesa riéndose, cuando vuelven a separarse.

Pero él vuelve a besarla. Lo hace mientras el amanecer acampa en la sala Común, mientras el castillo despierta y mientras los más madrugadores se levantan.

Se siguen besando, ya recostados en un sillón, sin contar con que ese día hay clase y ninguno de los dos están lo mínimamente descansado para hacer frente a ellas. Incluso se siguen besando cuando los primeros alumnos bajan a desayunar y les miran asombrados y susurran entre ellos.

- Oye –le interrumpe ella, apartándose en un momento dado en el que ya no quedan más alumnos por salir de la torre-. ¿Y en qué te transformas? Porque, francamente, eso de Cornamenta suena fatal.

James se echa a reír. Se lo enseñaría si pudiera. Lo hará en cuanto tenga la menor oportunidad. Mientras, se contenta abrazándola y susurrándola al oído:

- En un ciervo.

Lily se aparta, mirándole sorprendida. Luego se echa a reír.

- ¿Qué? –pregunta él aun sonriendo.

Lily mira a ambos lados y comprueba que no hay nadie alrededor. Luego saca su varita del bolsillo del pijama y exclama con voz firme:

- ¡Expecto patronum!

Y de su varita sale una grácil y elegante cierva a galope. Hace pocos días que ha conseguido dominar el hechizo, aunque nadie lo había visto hasta ahora. El profesor Bazz le ha dicho que es de las alumnas más adelantadas y que está orgulloso.

James se queda sin habla y ella se ríe, recostándose sobre él.

- Parece que eras mi destino, de un modo u otro.

Él le rodea con brazos, riéndose por la casualidad. O no, por el destino. Por el amor.

- Pues ya me dirás por qué te has resistido tanto, pelirroja…

Y, en ese momento, Lily es incapaz de saber por qué lo ha hecho. Tras tantos años de insultos, discusiones y enfados, es incapaz de recordar qué era lo que le frenaba para aceptar que está loca por él desde hace más tiempo del que le gustaría admitir.


¿Qué os ha parecido la manera de unirlos al final? Espero que os haya gustado.

Hay que reconocer que Lily ya nos venía medio convencida desde hacía meses jeje Dentro de lo canon, sabemos que Lily empezó a salir en séptimo, cuando se le bajaron los humos. Pero no dijeron nada de que fuera de un día para otro, cosa que no creo. Me la imagino celosilla mientras intenta superar sus sentimientos durante unos cuantos meses…

Finalmente, Lily no tiene grandes amigas en el último año pero sí comienza a intimar más con Remus y con los demás. Es la imagen que vemos que se forma después de Hogwarts. Una de tantas explicaciones, como digo.

También os habréis dado cuenta de que he incluido a un personaje canon: Marlene McKinnon. Adoro su personaje, es un lienzo en blanco. No sabemos casi nada de ella. Lo único canon es que murió al poco de tomarse la fotografía de la Orden y que toda su familia se "borró" con ella. Así que cada uno la imagina de una manera. En este fic, he decidido que sea una Ravenclaw de su curso. Y, aunque me cueste la vida, trataré de cambiar su forma de ser y no juntarla con Fabian. Les adoro como pareja pero quiero explorar otras opciones con este fic.

Dentro de lo canon, Sirius y Remus siempre dijeron que James había madurado el último curso. Creo que hacerle ver lo que le tocaba hacer como Premio Anual y lo frágiles que eran los pequeños en la guerra, le ayudó en ello. ¿Y cómo mejor forma de consolarlos que con una payasada?

Me lo creo muy capaz. Usar el humor para rebajar tensión. Además, la lección del boggart me parece muy sabia. Y, si Remus la tenía clara, estoy segura de que alguien como James que es más gamberro, más. Eso seguro que ayudaría a conquistar a Lily.

Y que Lily sea la que dé el paso, tras un descubrimiento de lealtad y locura tan grande me parece adecuado. No sé por qué, siempre me la imagino a ella llevando la iniciativa. Por cierto, el descubrimiento de ella viene con esa curiosidad innata que heredó Harry. No tengo dudas de que proviene de Lily. Si eres capaz de mirar el correo de tu hermana, puedes hacerlo todo jeje.

En fin… Hasta aquí llegó Hogwarts.

Nos leemos pronto con el siguiente capítulo que estoy finiquitando donde disfrutaremos de otra fecha muy especial de Halloween.

Gracias por todas las lecturas y comentarios.

Eva.