¡Hola a todos! Perdón por la tardanza pero me había quedado sin capítulos y la vida muggle me ha absorbido, impidiéndome escribir más rápido.

Aquí os traigo otro capítulo. Nos hemos despedido de Hogwarts y James y Lily han dicho hola a la vida adulta. Triste y deprimente si tenemos en cuenta lo que viene pero... antes merecemos un poco de felicidad así que, ¡nos vamos de boda! Porque es rizar el rizo pensar que también esto pasó en Halloween pero es que yo soy así de chula.

En este capítulo me he tomado alguna licencia porque hay muchos vacíos en la historia. Se sabe que los padres de James estaban vivos para ver casarse a su hijo pero no se dice nada de los padres de Lily (por cierto, ignoramos el nombre de los padres de Lily y eso lo dificulta MUCHO, pero bueno). También sabemos que Sirius fue el padrino de la boda pero no se menciona damas de honor. Sabemos que Lily era feliz entre amigos hombres pero, ya que han salido al mundo real, me he permitido licencias con personajes canon.

También me he sacado un poco de licencia con la invención de dos personajes que solo llegan para hacer un pequeño ¿homenaje? (más bien caricaturizar) a Petunia -ausente en la boda, como sabéis-.

Os dejo con James y Lily, más enamorados que nunca, en el día más feliz de sus vidas (hasta el momento).


1978: Unidos de por vida

El cielo está cubierto. El día ha amanecido oscuro y amenaza con más lluvia a cada minuto que pasa.

Lily bufa, asomándose a la ventana. ¡Se supone que iba a ser un día soleado! Los pronósticos del tiempo muggles siempre fallan. Y justo ese día. Precisamente, en su boda…

- Lily, cariño. Deja de mirar al cielo. No va a cambiar por más que lo intentes.

La voz cariñosa de su madre le saca de sus pensamientos. Ella y la madre de James están a su lado, en esa habitación de la segunda planta de la casa de los Potter, encargándose de que todo esté bien para la ceremonia que se está organizando en el jardín.

- Al final lloverá –se lamenta la pelirroja, apartándose de la ventana y yendo hacia ellas, que se toman un vino blanco sentadas en un elegante sillón.

Euphemia Potter deja su copa y se pone en pie para acercarse a su nuera.

- Tranquila, querida. Todo saldrá bien. Además –añade guiñándole un ojo tras sus elegantes gafas de montura al aire-. Conozco un hechizo perfecto por si nos sorprende la lluvia. Será maravilloso, ni tus tías se enterarán.

Se refiere, más bien, a las tías de su madre. Dos hermanas que pasan de los 90, solteras y criticonas que son la única familia muggle que acudirá a su boda. Lily las conoce desde niña y nunca le agradaron. Tenían más complicidad con Petunia. El padre de Lily solía decir que eran unas viejas brujas antes de que en su casa averiguaran el verdadero significado de la palabra. Es por eso que ella tenía, hasta entonces, tan denostada la palabra bruja.

El caso es que, por su culpa, los Potter han tenido que adecuarlo todo para que su casa parezca absolutamente carente de magia. Asimismo, han advertido a los pocos invitados que hay a la ceremonia.

Su madre se levanta también del sofá.

- Ya siento las molestias que están creando, Euphemia –se disculpa ante su suegra-. Mis hijas y yo somos su única familia viva y tenían tanta ilusión por verla vestida de novia…

- ¡Tonterías, querida! Estamos encantados de teneros aquí –exclama la madre de James con un gesto alegre que su hijo ha heredado.

Lily sonríe pensando en James y las dos mujeres le corresponden.

- Así quiero verte, cielo –le dice su suegra acariciándole la mejilla-. Me voy a encargar de que tengáis la boda más bonita del mundo.

- Gracias por dejarnos celebrarla aquí, Euphemia –le responde ella sonriéndole tiernamente.

Conoció a los padres de James hace pocos meses, cuando se graduaron en Hogwarts. Para entonces, él ya le había pedido matrimonio. Y, desde entonces, ha adorado a sus suegros casi tanto como a sus padres. Sirius tenía razón sobre ellos: son las mejores personas y los más hospitalarios que existen.

Euphemia sonríe, con la emoción brillando en sus ojos. Sabe que, al igual que su madre, llorará antes de que termine la ceremonia. El reto es que ella no les siga.

- Siempre ha sido mi sueño ver a mi niño casarse con una mujer buena y maravillosa. Ahora que se va a cumplir, no se me ocurre mejor sitio para celebrarlo que el hogar donde le crié.

- ¿Por qué no te ayudamos a ponerte el vestido, cariño? –sugiere su madre-. Ya se va acercando la hora.

La pelirroja asiente con la cabeza y nota cómo su estómago se retuerce de los nervios. En menos de una hora será una mujer casada. Se convertirá en Lily Potter, con todo lo que eso implica. Y parece que el tiempo no pasa lo suficientemente rápido.

No ha visto a James desde hace dos días y está ansiosa. Desde que comenzaron a salir juntos, no ha pasado ni un solo día sin él. Se siente tan segura, protegida y, sobre todo, querida a su lado, en un mundo que parece que se esté derrumbando… Afortunadamente, se tienen el uno al otro y estarán más unidos a partir de ahora.

Entre su madre y su suegra le ayudan a entrar en su vestido blanco y a recolocar el pelo que le ha ayudado Dorcas a peinarse, acomodando sus rizos en elegantes tirabuzones que caen por su espalda y envuelven sus pálidos hombros.

Cuando se coloca el velo, sujeto por una elegante pero discreta tiara, Lily suspira y se queda mirándose en el espejo. Se siente rara. No parece ella misma. Pero la sonrisa de felicidad que hay en su cara es la misma que la adorna desde que James está en su vida. Y eso, en sí mismo, es lo que le convence de que casarse con 18 años es la mejor decisión de su vida aunque su instinto cerebral le haya dicho lo contrario.

- Oh, Lily… -su madre finalmente ha sucumbido al llanto.

Euphemia le da corriendo un pañuelo y se asegura de que Lily se sienta tranquila y no acabe soltando las traicioneras lágrimas, igual que ha hecho su madre.

- Estás preciosa, cariño –le susurra abrazándola suavemente por los hombros para no aplastar el velo y el vestido.

Lily le devuelve la sonrisa a través del espejo. En ese momento, alguien llama a la puerta. Un segundo después, la cabeza canosa del señor Potter se asoma.

- ¿Puedo pasar o es territorio prohibido para hombres? –bromea mirando a las tres emocionadas mujeres.

Lily se ríe, reconociendo su humor. James se parece mucho a él. Quizá tiene un carácter algo más impetuoso, como el de su madre, pero su sentido del humor y su sentido de la justicia vienen de su padre.

- Fleamont, deja de bromear y pasa de una vez. Acabaremos quedándonos heladas –le riñe su mujer.

Él accede a la habitación con una sonrisa divertida en la cara.

- La verdad es que hace un frío que pela en los pasillos. Se nota que estamos acostumbrados a delegar en los elfos que, hoy que les hemos dado el día libre, no sabemos ni mantener la casa caliente.

Lily aprieta un poco los labios. Adora a sus suegros pero la idea de los elfos domésticos todavía le resulta esclavista y horrible. Ellos han dado el día libre a los tres elfos que tienen en casa para que no se crucen ni suceda nada inexplicable delante de sus tías. Pero, si por ella fuera, les habría dado la libertad. James bromea a veces con esa idea. Como la mayoría de los hijos de magos, no se plantea que lo elfos puedan ser libres e insiste en que así son felices y que ellos les tratan bien.

- ¡Lily, estás hermosa! –exclama su suegro mirándola de arriba abajo-. James se va a quedar de piedra cuando te vea.

- Tú también estás muy elegante –le piropea su nuera, al apreciar el traje de chaqueta muggle que se ha puesto para la ocasión, en vez de la típica túnica de gala.

Fleamont se mira a sí mismo orgulloso.

- ¿Bonito, verdad? ¿Quién iba a decirlo? Los muggles tienen buen gusto para la moda. Puede que me acostumbre a esto.

La madre de Lily sonríe.

- Gracias por todas las molestias que os estáis tomando por culpa de mis tías. Les hacía ilusión venir a la boda de Lily pero, en cuanto acabe la comida, me las llevaré para que podáis disfrutar con libertad.

- ¡De eso nada! –asegura Euphemia-. Lo he preparado todo para que os quedéis aquí a dormir. Es la boda de tu hija, querida, debes disfrutarla hasta el final.

- Pero esas dos nos acabarán volviendo locos a todos –se excusa su madre, claramente apurada.

Lily sabe que son tan molestas y criticonas que lo harían. Le da rabia pero era importante para su madre llevarlas.

- No es nada que un poco de poción de sueño en un ponche no solucione, querida –Fleamont, sirviéndole otra copa de vino.

Lily ve a su madre parpadear confusa y se echa a reír.

- Pues es una idea maravillosa –aprueba-. Es una poción inofensiva, mamá. Mejor que cualquier somnífero. Además, el señor Potter es un experto elaborador de pociones. Él inventó la poción de cabello alisadora "Sleekeazy". Y es maravillosa.

- Un par de gotas consiguen domar toda clase de cabellos –añade él con una sonrisa. Aunque luego bufa, mirando en el espejo su escaso y cano cabello revuelto-. Casi toda clase de cabellos. Qué pena que mi hijo y yo no podamos aprovecharnos de ella.

Euphemia se ríe mientras revuelve el pelo de su marido.

- Es marca registrada 'Potter'. Merlín no quiera que haya nada que lo dome.

Fleamont coge la barbilla de su esposa y le da un ligera beso. Lily sonríe, mirándolos tan enamorados como si se hubieran conocido el día anterior. Casi puede verse a sí misma y a James comportándose igual cuando sean ancianos.

- Bueno, querido –dice Euphemia al separarse-. ¿Por qué no vamos a asegurarnos de que todo está bien y dejamos que las Evans tengan un poco de intimidad?

Le arrastra hacia la salida y les guiña un ojo a Lily y a la señora Evans antes de cerrar la puerta. La pelirroja se gira entonces a su madre y ve que va a volver a llorar de nuevo.

- Mamá, no llores más. Acabaré haciéndolo yo y tendremos a una novia con los ojos rojos caminando hacia el altar.

Su madre se ríe, entre lágrimas.

- Seguro que tenéis también un hechizo para eso.

- Pues sí –reconoce-. Pero preferiría no tener que usar la varita ahora que me tiemblan tanto las manos.

Ambas se miran emocionadas y se dan las manos.

- A tu padre le hubiera encantado estar aquí. Llevarte al altar –le confiesa.

Lily asiente, con más ganas de llorar que nunca.

Su padre falleció el pasado año, mientras ella aún estaba en Hogwarts. Fue inesperado. Un accidente de coche volviendo una noche del trabajo. Su madre aún no lo ha superado. Lo sabe por el modo en que se rompe su voz cada vez que habla de él. Ella también le echará de menos ese día.

- Habría puesto el grito en el cielo al saber que me caso con 18 años.

Su madre se ríe, asintiendo mientras se seca las lágrimas cuidadosamente con el pañuelo que le ha dado Euphemia un rato antes.

- Probablemente. Eras su princesita. Su niña pequeña y su gran ilusión. No fue una sorpresa para ninguno que Petunia se casara joven pero siempre esperábamos que tú hicieras carrera antes.

Lily la mira intensamente.

- ¿Te ha decepcionado que me case tan pronto? –pregunta-. Sé todo lo que pensabais que haría. Yo también lo creía así. Jamás me habría imaginado que las cosas irían así. Y, sin embargo, llego a los 18 años sin saber qué quiero estudiar, si es que quiero especializarme, en qué quiero trabajar… Solo con la certeza de que quiero a James y quiero pasarme el resto de mi vida con él. ¿Te decepciona?

Su madre le acaricia la mejilla con dulzura.

- En absoluto, tesoro. Eso significa que estás muy enamorada. Y no sabes cuánto me alegro. Yo solo quiero que tú seas feliz. Me sorprendió que me dijeras que te casabas el mismo día que me presentaste a tu novio pero ahora lo entiendo. Sé que vas a ser muy feliz y que has conocido a alguien estupendo que va a cuidarte siempre.

- Y yo le cuidaré a él –apunta ella, firme defensora de la igualdad entre sexos, como toda mujer progresista de los 70.

- Y tú de él –concede su madre divertida-. Lo importante es tu felicidad. Y tu padre habría pensado lo mismo.

En ese momento a Lily le da igual el vestido. Se abalanza contra su madre y la estrecha en un fuerte abrazo. Un sollozo le da a entender que esta ha vuelto a sucumbir. También siente pena porque sabe que parte de las lágrimas de su madre es por los que no estarán ese día con ellas: su padre, que habría dado lo que fuera por acompañar a Lily al altar, y Petunia, que se ha negado a acudir al enlace. Le hubiera gustado hacer algo para eliminar el sufrimiento de su madre pero ninguna de las dos cosas está al alcance de sus manos.

- ¿Se puede?

Sirius Black es el hombre ideal para interrumpir la escena. Por supuesto, ha entrado sin llamar, como es habitual en él. Lily le reñiría pero no hay nada que pueda molestarle hoy ni quitarle la sonrisa de los labios.

Sirius cierra la puerta tras él y se apoya en ella, mientras suelta un silbido y las mira de arriba abajo.

- Pelirroja, estás impresionante. Pero es que tu hermana está deslumbrante.

La madre de Lily suelta una carcajada, secándose las últimas lágrimas que han derramado sus ojos.

- Sirius, sabes perfectamente que soy su madre.

Le ha conocido solo tres días antes pero ya le tiene calado. Y, por supuesto, ha caído en las redes que él tan bien sabe tejer sobre casi cualquier mujer que se encuentre en varios kilómetros a la redonda.

- Lo siento, señora Evans –asegura Sirius con una sonrisa cautivadora, adelantándose y besándole la mano-. Aún no me acostumbro a que una mujer tan joven y atractiva pueda tener una hija ya adulta.

La señora Evans intenta ponerse seria pero el sonrojo que cubre sus mejillas le delata.

- Voy a dejaros unos minutos mientras llevo a las tías a sentarse en las filas delanteras antes de que atropellen a alguien. Enseguida venga a recogerte, Lily.

Cuando se quedan solos, Sirius y Lily se miran emocionados.

- ¿Cómo está? –pregunta ella con ansiedad-.

- Le he dejado con Remus y Peter, tratando de peinarse y como un flan de nervioso –bromea él, pero su mirada se dulcifica-. Está contando los minutos para casarse contigo.

El corazón de Lily bombea con mayor rapidez por la emoción. Lo que siente por James siempre acaba superándole.

- Solo quedan diecisiete minutos –asegura, revelándole que ella también está llevando la cuenta.

Su futuro padrino le sonríe con alegría.

- ¿Has venido solo? –le pregunta ella, haciéndole parpadear, confuso.

- No, he venido con Remus –le contesta-. Se está quedando en mi casa estos días. Y Peter se ha plantado allí a las seis de la mañana temiendo llegar tarde.

Lily se echa a reír. Propio de esos cuatro. Sabe que ese día se reirá con ellos. Como lleva haciéndolo desde hace más de un año. Se han convertido en sus grandes amigos, ya no solo en los de James. Sirius es como un molesto e inmaduro hermano mayor.

- Me refiero a que si has traído pareja.

Sirius le dedica una sonrisa peligrosa. A veces, se pregunta cómo es que ella parece de las pocas que es inmune a sus encantos. Sobre todo cuando sonríe así. Es un chico guapísimo, sin duda. Y, ahora que le conoce bien, es encantador y el más leal que ha conocido. Aunque es un niño grande. James no podría tener un mejor amigo.

- ¿Y poner más dificultades para poder robarle al novio todos los bailes posibles con la novia? –pregunta Sirius, besándole la mano con fingida coquetería.

- Sí, claro –ella se ríe, colocándose bien el velo.

Sirius finge mover las caderas.

- En serio. Bailo genial. De hecho, creo que deberías estrenar conmigo el baile nupcial. Causaríamos sensación. Aunque igual tus tías, las asalta cunas, no soportan tanta emoción y se caen de culo.

La risa se le corta en la garganta mientras le mira asombrada. ¿Las asaltacunas? Eso es nuevo.

- Creo que es la primera vez que oigo que alguien les llama eso. Y la gente les llama muchas cosas, como imaginarás.

- Pues que sepas que me han desnudado con la mirada cuando he entrado –confiesa él-. Y a Remus le han pellizcado el culo con la excusa de que el pantalón le va grande.

Lily cierra los ojos. Esa imagen no le cuesta tanto imaginarla, ahora que lo piensa.

- Entre tú y yo, pelirroja –le confiesa Sirius con sorna-. Creo que se están preguntando por qué te casas con James y no conmigo. A mí me queda mejor el esmoquin muggle.

Y, como prueba, se pasa la mano por la americana y da una vuelta sobre sí mismo. Lily le mira con ternura. Tiene que reconocer que sí, que está guapísimo aunque parece que vaya a ser siempre un adolescente eterno.

- Te quiero, Sirius, pero no podría casarme con alguien a quien no tomo en serio.

Él se ríe a carcajadas.

- Y yo no podría casarme con alguien que me tome a mí en serio, así que estoy condenado a la soltería.

Ella se ríe con él, de acuerdo con ese pronóstico. Sin embargo, una ola de cariño la embriaga.

- Al menos, nunca te faltará familia.

Y su amigo parece volverse serio también de golpe. Le vuelve a tomar la mano y la mira con cariño.

- Cuídale, Lily. Sé que nunca ocurrirá pero, te quiere tanto, que podrías acabar con él solo rompiéndole el corazón.

Ella le mira con las lágrimas de nuevo en sus ojos.

- No podría. Le quiero tanto como él a mí.

- Lo sé.

La emoción en los ojos de Sirius es real. Él sabe apreciar y comprender la intensidad del sentimiento que les une como pareja. Por eso, a veces, le cuesta entender a Lily que él no sea capaz de establecer algo así con alguien.

Una música lejana comienza a sonar a lo lejos y ambos miran por la ventana. El cielo cada vez está más oscuro y Lily se ha resignado a que acabará lloviendo.

- Esa es mi señal –anuncia Sirius-. Nos vemos en el altar. Cuñada.

Y, con un guiño divertido, abandona la habitación. Lily se queda sola, frente al espejo, y con mil mariposas bailando en su estómago al son de la marcha nupcial.


James está temblando como una hoja mientras ve a sus padres caminar orgullosos por el pasillo hasta el altar.

Están los dos muy elegantes con la ropa de gala muggle. Su padre lleva pantalones y americana negros con pajarita y su madre viste un elegante traje de falda y chaqueta de color morado que resalta sus ojos azules y hace brillar su pelo, moreno con canas, que está recogido en un precioso moño.

Mientras su padre sonríe y saluda a su escasa treintena de invitados, su madre le agarra fuerte del brazo y, con la otra mano, se seca las lágrimas tras las gafas con un pañuelo de tela.

Él se reacomoda en el traje de novio muggle, sintiéndose incómodo con cada gesto. No está acostumbrado a esa ropa. Se siente raro.

- Cornamenta, cálmate. Vas a casarte con la mujer de tu vida, no a enfrentarte a muerte con ningún mortífago –le dice su mejor amigo, ayudándole a colocarse de nuevo su rosa blanca en la pechera.

En los últimos minutos se le ha caído ya tres veces. Desde primera fila, Remus y Peter les lanzan gestos de complicidad y de ánimo.

- ¿Estás listo? –le pregunta Sirius, agarrándolo de los hombros con una seguridad que le gustaría poder emular ahora.

- Nací listo para esto –le responde. Y luego suelta una risita nerviosa-. Solo espero que la novia no dé la espantada.

Sirius le da un golpe amistoso en el brazo.

- Está tan nerviosa e impaciente como tú. Aunque mucho más guapa, tengo que decirlo. Ni yo me creo la suerte que has tenido. Lo normal es que una chica como ella no me dé ni la hora a mí; cómo para fijarse en que tú existes.

James se echa a reír, por fin desprovisto de los nervios. Sirius es único logrando calmarle solo con un par de carcajadas.

Finalmente, cuando suena la música que su madre y Remus han encantado a través de unos brillantes globos dorados, ambos se encaminan hacia el altar. Afortunadamente, las tías de Lily son demasiado viejas como para caer en todos los detalles.

Los risitas y los murmullos les acompañan por el camino. Están acostumbrados, como todas las veces que lo han vivido por los pasillos de Hogwarts. Pero esta vez es diferente. Esta vez no es por levantar la atención de las chicas sino por algo realmente importante.

No han invitado a mucha gente. Unos pocos socios y amigos de sus padres, así como las tías locas de Lily. Y los pocos amigos que han hecho esos pocos meses en la Orden del Fénix, desde que Dumbledore les ha reclutado para su organización secreta. Con algunos, han intimidado en muy poco tiempo. Imposible no hacerlo cuando te juegas la vida junto a alguien.

Desde la tercera fila ve con orgullo al profesor Dumbledore y la profesora McGonagall, que han aceptado su invitación, al igual que Hagrid, que ya se ha cargado cinco sillas hasta que su madre ha conseguido encantar un asiento especial para él. James está feliz, especialmente por tener a su profesora favorita en el día más feliz de su vida. Y, dado el orgullo con el que ella lo mira, con un pañuelo entre las manos, está claro que a ella también le ha hecho una gran ilusión ser testigo de un día tan feliz.

Cuando la música cambia, se gira con los nervios a flor de piel. Sirius se ríe en voz baja y le da de nuevo la rosa blanca que ha vuelto a tirar al suelo de tanto tocarse la chaqueta. Él se la coloca a ciegas, sin apartar la vista del pasillo. No quiere perderse el momento en el que ella aparezca.

Primero lo hacen las damas de honor. Marlene y Emmeline han tenido el detalle de aceptar la propuesta. Su novia (ya casi su mujer) no conserva grandes amigas del colegio. Nunca tuvo una cercanía muy especial con sus compañeras, cosa que él tampoco podía reprocharle. De hecho, ella bromeó en su momento con que le gustaría haber podido nombrar a Remus como su principal dama de honor. Él declinó la oferta alegando que el azul nunca ha sido su color y que las faldas de volantes no favorecían su figura.

Casualmente, o quizá hecho a posta –ha descubierto que Lily tiene un sentido del humor tan perverso como el suyo-, los vestidos de las chicas son de un intenso azul cobalto. Ambas están preciosas y discretas. Una rubia y otra morena, con sendas sonrisas de emoción y el pelo suelto, con un semi recogido que les aparta los mechones de la cara.

James tiene una gran amistad con Marlene desde sus años en Hogwarts. Aunque iban al mismo curso, nunca habían hablado demasiado hasta que, en sexto año, McGonagall lo castigó obligándole a darle clases extras de Transformaciones. Y descubrió que su compañera era una chica muy agradable, aunque tienda a ser tímida y reservada.

A Emmeline, por su parte, la han conocido hace pocos meses a través de su ingreso en la Orden del Fénix aunque, por edad, debieron coincidir en Hogwarts, pues no es mucho mayor que ellos. Pero ninguno la recuerda. También de la organización han conocido a Dorcas, Gideon, Fabian, Benjy, Frank y Alice, Edgar, Sturgis… El pequeño grupo está sentado a su izquierda, mirándole con una sonrisa. Y con las varitas preparadas ante cualquier eventualidad. Eso, seguro.

Finalmente, James deja de prestarles atención al percatarse del reflejo blanco que aparece al fondo del pasillo. Por primera vez ese día, observa a su futura esposa y jadea.

Está impresionantemente bella. Más de lo que jamás la ha visto, si es que eso es posible.

Aunque ha ido a alguna boda con sus padres, jamás lo ha hecho a una de origen muggle como la que han organizado, por lo que todo es nuevo para él. La decoración, el protocolo, la ropa… Y, ahora, lo agradece.

Porque ese vestido, ceñido en el torso y suelto de las caderas a los pies, está seguro de que resalta la belleza de Lily mucho más de lo que podría haberlo hecho cualquier túnica de novia.

Es el ser más hermoso del mundo. El corpiño, con ligeros brillantitos esparcidos por el torso, se ajusta a su prominente pecho en un escote que deja al descubierto sus brazos y sus hombros. Un sencillo velo corona su cabeza y se mezcla con sus preciosos rizos pelirrojos. Y sus ojos verdes parecen brillar más que nunca, al igual que su sonrisa.

Se ve radiante de felicidad. Y él está seguro de que tiene pinta de memo por no poder apartar la vista de ella ni de dejar de pensar en la suerte que tiene porque le haya escogido entre todos los que soñaban con tener su atención. Con tenerla a ella.

Cuando llega a su lado, ambos se sonríen. En el momento en el que toman de las manos, todos los nervios y agobios pasan. Incluso las demás personas parecen desaparecer por unos instantes.

- Estás preciosa –le susurra James, haciendo que ella sonría más ilusionada aún, si cabe.

- Y tú, guapísimo con ropa muggle –aprueba Lily con una risita.

El mago del Ministerio que oficia su boda tiene que carraspear para que le presten atención. Un coro de risas atraviesa el pequeño apartado del jardín donde se celebra la ceremonia, debajo de una inmensa carpa.

Cuando vuelven al mundo real, ambos se giran hacia el mago, que lleva una ridícula imitación de un esmoquin muggle, pero de un feo color verde oliva, que ha provocado los susurros aireados de las tías de Lily. Está claro que no está acostumbrado a que le pidan que se haga pasar por muggle y no parece muy ilusionado al respecto. Pero el precio extra que ha pagado el padre de James le ha convencido.

Por ello, se ve muy profesional cuando comienza a hablar.

- Damas y caballeros. Estamos reunidos hoy aquí para celebrar la unión de dos almas fieles…

James pasa casi toda la ceremonia como en una nebulosa. No puede apartar la vista de su chica, rememorando cada instante que puede recordar desde que la conoce. Aún no puede creer que haya logrado que le corresponda. Seguro que en cualquier momento se despierta de nuevo, en su cama de Hogwarts, con 15 años, tras haber tenido un sueño imposible con ella.

Lily percibe que se ha quedado obnubilado y le aprieta las manos para traerle de vuelta a la tierra justo cuando el mago dice:

- James Charlus Potter, ¿tomas a Lilian Eliza Evans como legítima esposa para mantenerte fiel a ella hasta el final de tu vida?

- Por favor. Digo… -se corrige entre las risas cómplices de los invitados y su prometida-. Sí, quiero.

El mago parece haberse relajado un poco ante ese momento improvisado y sonríe cuando se dirige a Lily.

- Y tú, Lilian Eliza Evans, ¿tomas a James Charlus Potter como legítimo esposo para mantenerte fiel a él hasta el final de tu vida?

La pelirroja está radiante.

- Sí, quiero –y, mirándole con ternura, añade solo para ellos-. Hasta el último suspiro…

Marlene y Emmeline, que estaban lo suficientemente cerca como para oírla, suspiran a la vez. Sirius parece intentar cubrir su emoción con una risita pero, al mismo tiempo, comparte una mirada con las damas de honor y el mago que oficia la ceremonia.

Los tres se aproximan a los novios, tapando sus manos de la vista de la mayoría de los invitados. Con un guiño de ojo, el mago del Ministerio saca su varita discretamente y anuncia:

- Entonces os declaro unidos de por vida.

Con un golpe suave que pasa inadvertido a las muggles presentes, su varita suelta un chorro de estrellas plateadas que envuelve las manos estrechadas de los novios, provocándoles una sensación cálida que atraviesa sus cuerpos.

- ¡Que no se ve nada! –exclama, a lo lejos, una de las tías de Lily.

Ellos las ignoran. Los dos se miran las manos y luego a sí mismos, ensimismados por unos momentos.

- Ya puedes besar a tu mujer, James –recuerda el mago, divertido.

James se apresura a hacerlo tan rápido que las risas se entremezclan con los suspiros y los aplausos. El beso es tan entusiasta que Lily le echa las manos al cuello, con ramo y todo, y se cuelga de él, aguantándose en pie apenas por la punta de los dedos.

Los merodeadores empiezan a silbar y Sirius se ríe.

- Dejad algo para la luna de miel, anda.

Pero aún tardan un rato más en separarse, mientras siguen besándose y balanceándose. Incluso cuando lo hacen, James apoya la frente contra la de su mujer. Su mujer. Suena maravillosamente.

- Te quiero –la dice, apretando aún más fuerte su cintura.

- Lo sé –bromea ella riéndose y volviendo a besarle.

Antes de que vuelvan a perderse en su burbuja, Sirius los envuelve a ambos en un abrazo de oso y rompe la magia del momento.

- ¡Chicos, que ya estáis casados! –exclama feliz.

Los dos se ríen de su payasada.

- Lo sabemos, Canuto. Estábamos aquí –le dice su mejor amigo.

- Ya podemos adoptarte legalmente –bromea Lily, ganándose la risa de su amigo.

- No te pases, pelirroja. Aún soy el mayor del grupo.

- Solo lo aparentas en tamaño –añade Marlene, que se ha acercado para abrazar a Lily con fuerza.

- Muchísimas felicidades, chicos –dice Emmeline, sustituyéndole mientras su compañera abraza a James.

Pronto los novios se ven rodeados por los invitados que quieren felicitarlos. Sus madres lloran, el padre de James sonríe aguantándose sus lágrimas, las tías de Lily protestan porque no las dejan pasar… Y, de fondo, Hagrid se suena los mocos y grita las felicitaciones más fuerte que ningún otro invitado al darse cuenta de que no puede acceder a ellos.


Y, en medio de todo ese jaleo, de repente un ensordecedor trueno retumba en el cielo. El cielo se ha vuelto más negro que nunca y la tormenta esperada estalla sobre ellos, soltando una tromba de agua que sobresalta a todos los invitados.

Algunos, incluso, gritan. Pero los encantamientos que han realizado alrededor de la carpa son buenos y esta se vuelve impermeable. Aunque el viento que se levanta es frío y hace que los brazos de Lily se congelen casi al instante.

Los padres de James les instan a acompañar a la madre y las tías de Lily hasta el interior de su casa mientras los demás se encargan de recolocar las cosas lo más rápidamente posible, para transformar la ceremonia en su lugar de banquete.

James se quita la chaqueta y la coloca sobre los hombros de su mujer, abrazándola mientras ambos acompañan corriendo a las mujeres hasta la cocina de la casa. Afortunadamente, las tías de Lily están tan preocupadas por sus peinados que no se percatan de que las están cubriendo con sus varitas y no con paraguas reales.

Nunca han sabido de su magia y ya no es momento de contarles nada. Son demasiado mayores e indiscretas y Lily está segura de que su reacción sería mucho peor a cualquier dardo que le ha lanzado Petunia esos años.

- Si es que esta fecha es muy mala, ya lo decía yo –se queja la hermana más vieja.

- En cuanto esta niña dijo que la boda sería en octubre, yo sabía que llovería. No falla –añade la otra.

James y Lily las dan la espalda, ignorándolas, y viendo, colocados en el umbral de la puerta abierta, cómo los rayos se entrecruzan en el cielo, iluminándolo. James abraza por la espalda a Lily, aún envuelta en la chaqueta de su traje, que le queda grande. Ella se deja caer contra su pecho.

- ¿Te arrepientes? –le susurra tras un rato en silencio.

James la mira extrañado.

- De cumplirme el capricho de casarnos hoy –aclara ella devolviéndole la mirada.

Sus ojos verdes brillan más que nunca, ahora que sus rizos se han mojado un poco y el enmarcan su pálido rostro. Él está absolutamente enamorado cuando la sonríe.

- En absoluto –asegura-. Tenías razón. Hoy era el día perfecto.

Lily sonríe a su vez y esconde la cabeza en el cuello de su marido.

- Hoy hace un año que empezamos a salir. Sé que era más probable que lloviera ahora, y no en julio, como dijeron nuestros padres. Pero me pareció romántico hacer coincidir las fechas de nuestros aniversarios.

Su marido inclina la cabeza hasta que consigue rozar sus labios.

- Es muy romántico. Además, hoy hace tres años que te pedí salir por primera vez.

Ella pestañea, confusa.

- ¿Cómo puedes recordar algo así? Yo hasta perdí la cuenta de cuántas veces me lo pediste.

- Yo también –confiesa James riéndose y abrazándola más-. Pero recuerdo muy bien esa fecha. Había estado un año muriéndome por besarte en silencio. Y ese día me lancé a coquetear de verdad. Me sentía más vivo y valiente que nunca. E hice el idiota, por supuesto.

- Ojalá pudiera recordarlo yo también –Lily suspira, cerrando los ojos.

- Por la mañana, me venciste magistralmente en un duelo. Y, por la tarde, te salvé de caerte en la biblioteca. Ninguna de las dos veces me tomaste en serio, pelirroja.

Lily abre los ojos, asombrada por su gran memoria.

- ¿Cómo puedes acordarte?

Pero James se echa a reír, dejando de ser malo y revelándole por qué se acuerda tan bien.

- La verdad es que recuerdo el por qué me sentía más vivo que nunca -repite-. Hoy hace tres años que me convertí en animago por primera vez. Lo recuerdo bien porque coincidió con el banquete de Halloween y Lunático se pasó toda la noche consiguiéndonos dulces mientras Sirius, Peter y yo nos revolcábamos de dolor y cansancio en nuestra habitación.

Lily se echa a reír y, por un momento, tiene un ligero recuerdo de James sujetando la escaleras en la que se había subido para coger un libro y mirándola con su característica sonrisa traviesa.

- Tendría que haberte dicho que sí la primera vez –se lamenta.

- Antes, tenía que ganármelo –reconoce él.

Y Lily le corresponde con un tierno beso cargado de sentimientos.

- ¿No creéis que pueden tardar mucho en recolocarlo todo? –se preguntó una de las tías en voz alta, dándose la vuelta. James saltó en ese momento, justo a tiempo de impedir que viera a Remus mover la varita y levantar el altar como si fuese una pluma-. ¡Se va a hacer tarde para comer!

- Si es que eso de hacer la boda tan tarde…

James y Lily comparten una mirada cómplice, al igual que con la madre de la pelirroja, y los tres sonríen con resignación.

- Pronto acabarán –les tranquiliza Lily.

- Somos muchos a trabajar, no se preocupen –añade James con guiño simpático-. ¿No quieren tomar algo antes? ¿Un poco de agua?

Se ríe solo de su propio chiste. Porque, si algo van a tener de sobra ese día, es agua. Su suegra le acepta la invitación y Lily, sintiéndolo mucho, se queda apartada con sus tías, que la miran de arriba abajo.

Aunque la magia ha ayudado a conservar su vestido y peinado, unas gotas se han colado y le han quitado parte de la perfección. A ella no le importa y sabe que a James tampoco, pero sus tías criticonas siempre tienen algo que decir.

- Estás muy guapa, Lilian –le dice la más joven, tomándola por sorpresa-. Si acaso, podrías haber comido un poco más estos meses. Unos kilitos te habrían sentado mejor.

- Pero estás mona, niña –recalca la mayor haciéndole una radiografía completa. Luego se acerca a ella, como para que James no les oiga, aunque no baja la voz suficiente-. Eso sí, podías haberte buscado un novio mejor armado. Guapete de cara pero, ¿qué quieres que diga? Tiene las rodillas huesudas.

- Y tiene poco culo –coincide su hermana.

James, que estaba fingiendo beberse un vaso de agua, sufre un ataque de risa y acaba empapado. Lily intenta mantenerse seria mientras procura que no se giren y vean, a través de la ventana, cómo sus suegros y sus amigos hacen volar todos los asientos y los transforman en un comedor con una preciosa pista de baile en el centro.


La madre de Lily sufre con cada una de las críticas que sueltan las tías ante el poco culo de James, ya que, al estar medio sordas, hablan demasiado alto sin darse cuenta. Pero James parece francamente divertido. Lily también lo toma con humor aunque, finalmente, agradece muchísimo cuando Peter aparece para anunciar que ya está todo listo.

El banquete pasa enseguida, entre las risas y el murmullo de los pocos invitados que hay. La comida es sencilla y adecuada, tal y como querían sus dos madres. La lluvia persiste y el cielo se oscurece cada vez más pero, en ese ambiente que se ha vuelto cálido y luminoso por arte de magia, todo parece una isla en medio de un mar embravecido.

Cuando llega la hora del discurso del padrino, Lily se remueve nerviosa y mira a Sirius, algo temerosa. Adora al mejor amigo de su marido. Es la persona más leal que conoce y sabe que daría la vida por James sin dudarlo un instante. Pero tiene ideas peligrosas y un lenguaje que no es el más adecuado para que lo escuche su madre. Y no digamos sus tías.

Sirius, que está algo borracho tras varias copas durante la comida, se pone en pie al lado de James y le coloca la mano en el hombro.

- Cornamenta… No puedo creer que hayas sido el primer en pasar por el altar. Aunque, habiendo conseguido a una chica como Lily, no es de extrañar que tuvieras prisa por formalizarlo antes de que se te escape –las risitas acompañan al comentario, que se hacen más fuertes cuando James hace un gesto gracioso, indicando que esa era su intención-. ¡Por cierto! Que sepáis que lo de Cornamenta es una broma entre amigos desde hace varios años. No tiene nada que ver con que nuestra pelirroja se haya portado mal.

Las risas continúan y Lily esconde la cara entre las manos, sonrojada. Están sentadas lejos pero casi puede escuchar, desde su asiento, los comentarios de sus tías.

- No voy a extenderme porque sé que Lily me teme cada vez que abro la boca –aclara Sirius. El ambiente es muy jocoso e, incluso, ella se ríe también-. Solo…

Parece que el alcohol ha afectado también a Sirius de un modo emocional, porque aprieta el hombro de James y a Lily le parece ver que las lágrimas se agolpan en sus ojos.

- James, tú eres mi hermano. Eres más que mi familia, el mejor amigo con el que podía soñar. Has estado siempre ahí, al igual que tus padres, dándome apoyo y un hogar. Eres la mejor persona del mundo. Ni sé el tiempo que llevas enamorado de esta mujer, algo que cada vez entiendo más, te lo juro. Pero si sé que nadie la va a querer nunca como tú, que darías la vida por ella sin dudarlo. Y eso, amigo, es lo que me asegura que vais a ser muy felices juntos.

Lily ha comenzado a llorar de emoción. Se imaginaba algo jocoso y bromista pero Sirius parece hablar con el corazón en la mano. Y a él le cuesta tanto abrir sus sentimientos que eso enternece aún más el corazón de la pelirroja.

- Lily –continúa, dirigiéndose a ella, que le sonríe-. Sabes que tú y yo empezamos con mal pie. Ya no te digo cuando nos conocimos de críos, sino cuando James y tú empezasteis a salir. Me resistía un poco a que nuestro grupo se viera, de pronto, invadido por chicas y que tú empezaras a pasar tiempo con nosotros. Pero tú me supiste poner en mi sitio más de una vez y me demostraste que eres más inteligente que todos nosotros juntos. Y sé que eres mandona y algo moralista pero, sobre todo, eres una mujer valiente, dulce, llena de valores y sabes ser muy divertida cuando te relajas.

Un coro de risas atraviesa el lugar y Lily debe sorber para evitar que las lágrimas le cierren la garganta.

- Solo quiero pedirte que sigas siendo así. Que nos riñas, nos hagas ver lo que hacemos mal y nos obligues a crecer. Que sigas siendo tan perversamente divertida como para saber tomarme el pelo. Y, sobre todo, que sigas queriendo a mi hermano como lo has hecho hasta ahora. Él es feliz gracias a ti y espero que ambos lo sigáis siendo siempre. Porque vosotros nos dais esperanza a los demás y, si alguien se merece esa felicidad, sois vosotros. Os quiero.

De golpe Lily se levanta, adelantándose a James, que también se ha emocionado. Sirius no lo ve venir pero la pelirroja se arroja sobre él hecha un mar de lágrimas. Los presentes aplauden y vitorean y Sirius y Lily se funden en un apretado abrazo al que se une inmediatamente James.

Los tres unidos se felicitan. Lloran y ríen al mismo tiempo. Y los demás les miran emocionados. Padres, amigos, antiguos profesores, compañeros… Todos son conscientes de que hay muchos vínculos en ese abrazo grupal.

Saben que Sirius siempre necesitó una familia y la encontró con James. Y que, cuando este comenzó a salir con Lily, temió perder a su mejor amigo. Y es cierto que, al principio, se resistió un poco a esa relación. Pero también saben que ahora Sirius adora a Lily, que es ya parte de su familia y daría la vida por ella también.

Saben que James y Lily están locos el uno por el otro. Que son el amor de la vida del otro y se necesitan para ser felices. Pero, también, que Lily jamás conseguiría separar a James de Sirius. Y que ella jamás lo intentaría porque, desde el momento en que aceptó casarse con su novio, supo que no solo se casaría con el hombre de su vida sino que aceptaba agregar a un hermano a su familia. Uno mejor que la que dejaba atrás y no había querido ni presentarse el día de su boda. Uno que la valoraba y quería tal y como era.


Ese día hay baile nupcial. James ha intentado evitarlo y Lily ha insistido. Por lo tanto, a nadie le extraña que ella se haya salido con la suya. Siempre consigue convencerle.

Es cierto que su marido es muy patoso bailando. Todo lo ágil que es con la escoba y para ser sigiloso cuando organiza alguna de las suyas, es comparable a la torpeza de sus dos pies izquierdos en la pista.

Por eso, han ensayado algo muy sencillo. Simplemente se abrazan y se balancean. James está más rígido de lo normal, sintiendo las miradas de todos sobre él para algo que no se le da bien, para variar. Pero Lily consigue que se olvide de todo y de todos. Como siempre.

Con los brazos alrededor de su cuello, la pelirroja acaricia suavemente el remolino parado e ingobernable que se le forma en la nuca. Está totalmente pegada a él, con los labios acariciando esa parte de su cuello que hace que le tiemblen las rodillas.

Es su mujer. La idea aún se le hace extraña pero un sentimiento de pertenencia e, incluso, uno un poco más censurable como el de posesión se hacen paso en su pecho. Pero, sobre todo, le invade una mezcla de dicha y miedo. Es irónico pero ambas cosas se entrelazan entre sí mientras la abraza fuerte por la cintura, con una mano en las puntas de su glorioso cabello.

Porque están unidos para toda la vida, como siempre ha querido. Juntos, unidos, fuertes y felices. Pero el miedo también es parte de ello. Porque hace mucho tiempo que Lily no es ese ser perfecto e inalcanzable que miraba desde la otra punta de la clase o con la que soñaba por las noches cuando los demás se dormían y él no podía controlar sus impulsos. Ahora es real, es su otra mitad. Y la sola idea de perderla se le hace tan insoportable que no puede evitar apretar su abrazo, como si así pudiera protegerla de todo lo que quiere hacerle daño en el ese mundo.

Lily lo nota y se aparta lo justo para mirarle a los ojos.

- ¿Estás bien?

James sonríe.

- Ya sabes que soy un bailarín desastroso –asegura, quitando de su cabeza todos los demás pensamientos.

- Pero yo no quería hacer una demostración de danza. Solo quería bailar con mi marido.

Cuando Lily habla, todo tiene sentido. Cree que podría convencerle de casi cualquier cosa. Una sonrisa estúpida se forma en su cara mientras se inclina para besarla suavemente.

- No tienes idea de lo muchísimo que te quiero, pelirroja.

- Y yo más a ti, Potter –bromea Lily, enfatizando su apellido.

Solo le llama así cuando quiere bromear y coquetear. Y alguna vez en la que se enfada muchísimo con él. Pero ese no es el caso. Acariciando su nariz con la de él, James la mira divertido.

- Eso es imposible, Potter.

Quiere ser el primero en llamarla con su apellido de casada. La emoción hace que le brille más la mirada y a Lily le ocurre igual. El beso que ella le da después de eso quizá es más largo e intenso de lo debido, para hacerlo delante de todos sus invitados. Las risas de los demás les recuerdan que no están solos y ambos se separan con unas sonrisas azoradas y divertidas.


Lily no para ese día. Se ríe, se hace fotos con todos y, sobre todo, baila toda la tarde. A veces con su suegro, otras con Sirius, otras con Remus e, incluso, una nefasta canción con Peter en la que descubre que existe alguien que baila peor que James.

Echa de menos a su padre. Le hubiera encantado poder compartir ese baile con él en su boda. Pero sus amigos y su familia no le dejan lugar a la nostalgia. Incuso Fleamont desliza pronto la poción de sueño en las bebidas de sus tías y le da a su madre un respiro para poder disfrutar de la boda en paz.

Su suegro, con ese sentido del humor que ha heredado James, le hace reír a carcajadas, igual que consigue Sirius. Aunque su amigo no mentía: baila muy bien. Lo prueba marcándose un elaborado e improvisado baile con ella pero, también, sacando a bailar a su madre y a la de James y consiguiendo convencer a Marlene y Emmeline para que bailen a la vez con él.

- Es el único trío que voy a tener hoy, me temo. A no ser que estas bellas señoritas se animen a bailar algo para mayores de edad –se lamenta en voz alta, haciendo reír a James y Peter a carcajadas.

Emmeline rueda los ojos y se marcha, tan digna, elegante y distante como suele ser. Prometió quedarse si Sirius se comportaba pero seguro que él no lo recuerda. O no le importa, que también puede ser.

- A veces eres un guarro, tío –le reprocha Remus-. ¿No ves que puedes llegar a ofender?

- Era una broma, Lunático. Si te hubieras terminado la copa que te di antes, la habrías pillado –bromea Sirius.

Pero es él quien se la ha tomado y, por tanto, el que está seriamente borracho. Eso implica que no es su momento de mayor autocontrol. Agarra de la cintura a Marlene, que se ha quedado al no tener claro si ofenderse o no, y la hace girar sobre sí misma.

- Vamos, McKinnon. Atrévete con un vals.

Marlene lanza una mirada a James, que le tranquiliza con un guiño. Ella no tiene tan tratado a Sirius y no sabe hasta qué punto puede ser peligroso en su estado. Pero James sabe que su amigo solo tiene peligro cuando abre la boca. Ni siquiera en su momento de mayor inconsciencia sería capaz de hacer daño o pasarse de listo con una mujer.

Mientras Marlene se rinde y deja que Sirius la guíe, con más acierto de lo que cabría esperar dado su etílico estado, Lily saca a James a bailar de nuevo. Él también ha bebido bastante, así que se deja arrastrar a la pista pero es más torpe aún de lo normal.

La abraza con fuerza, dejando caer la mano por su espalda más de lo que lo habría hecho en público si hubiera estado sobrio y, con la otra mano, la enmarca la cara.

- Pelirroja, me tienes loquito –asegura, arrastrando demasiado las palabras.

Lily le sonríe.

- Me lo has dicho cincuenta veces en la última hora –le recuerda, aunque duda de que él se acuerde.

- Y lo que te queda –anticipa James, con una borrosa sonrisa, pasando su dedo pulgar por sus labios-. Pienso decírtelo toooodos los días de tu vida. Y van a ser muchos.

- Y todos los pasaré contigo –recalca ella, besándole en la yema del dedo.

James la abraza más fuerte y sube su mano lentamente por su espalda, trazando su columna vertebral. La respiración de Lily se agita y ve que sus pupilas se ensanchan. Afortunadamente, sabe que él provoca en ella lo mismo que ella en él.

- ¿Crees que nos echarán de menos si nos marchamos ya? –sugiere, apartándole la larga melena del hombro.

Ella echa ambos brazos a su cuello y le abraza. Le respira justo encima de su oreja un segundo antes de morderle suavemente el lóbulo. Luego se pone de puntillas, escuchando su acelerada respiración, y le susurra al oído:

- ¿Qué más da? Tenemos derecho a desaparecer.

James está excitado y divertido al mismo tiempo.

- Que sepas que tengo la capa de invisibilidad lista.

Y es cierto. La tiene debajo de la mesa principal, esperando desde hace horas una oportunidad para escaquearse y quedarse a solas con su mujer. Un guiño de Lily y va a buscarla, sin importar que se lleve un par de sillas por delante y atropelle a Edgar Bones y Elphias Doge, que se habían acercado a hablar con él.

Nadie se da cuenta del momento en el que James desaparece. Ni tampoco cuando Lily se evapora bajo un abrazo protector. Pasa un rato antes de que alguno se percate de que ninguno de los novios está allí, disfrutando de su fiesta. Cuando lo hacen, las risitas se extienden por toda la pista y los comentarios jocosos se dicen en voz baja entre los amigos más íntimos.

- Espero que sigan cuidándose –advierte Sirius-. Aún soy muy joven para ser tío.


Quizá soy mala creando a unas tías mayores y malas que recuerdan a Petunia, lo sé. Pero entre ella y tía Muriel forman un personaje que tenía que tener su momento para tocar las narices en la boda. No todo iba a ser color de rosa. Además, me suelo reír con los personajes de señoras mayores metetes. Y, encima, me hacía ilusión la idea de una boda muggle para ellos. Es extravagante y, teniendo en cuenta que estaban rodeados de magos, invitaba poco. Pero así Lily reivindica sus raíces.

Por otro lado, me imagino una Lily fuerte e independiente. Así que quería que ella ofreciera una explicación de por qué se casa con 18 años y no parece tener más planes de futuro. La guerra elimina cualquier plan de futuro y el amor es la respuesta a una boda tan precipitada. Así de fácil.

No sabemos casi nada de las bodas mágicas pero, como esta es en formato muggle, me he limitado a copiar el esquema de la boda de Bill y Fleur y he eliminado la mayor parte de los elementos mágicos. Excepto la música. Eso de equipos musicales en plena tormenta… no lo veo. Y no tenemos más detalles, así que odiemos juntos a Harry por no estar más pendiente de los detalles, o a JK por no querer molestarse en pensarlos.

Sí, he puesto a McGonagall, Hagrid, Dumbledore y la Orden del Fénix en la boda. No se sabe casi nada de la boda pero parecía un momento feliz, no como el apresurado y solitario bautizo de Harry. Y eran su entorno, así que me pareció plausible. Y McGonagall era la profesora favorita de James y quería que estuviera ahí llorando cuál magdalena de chocolate.

Por otro lado, me he inventado el segundo nombre de Lily. Así, con todo el morro. Pero es que he buscado y rebuscado. Y no hay segundo nombre. En una saga en la que todo el mundo lo tiene. Así que se lo he otorgado. Uno clásico y muy británico que se pronuncia 'Elaisa'.

Y llega mi homenaje particular a algo maravilloso que nació en los 70 (no solos nuestros merodeadores): Star Wars. Sé que entonces no había salido el Imperio Contraataca, que se estrenó en 1980, pero ese: "Te quiero. Lo sé" es mi homenaje particular a Han y Leia.

El discurso de Sirius me ha costado mucho… Tenía que ser emotivo pero también tan alegre como lo era él entonces. Espero haberlo conseguido. Y ya siento que Remus no tuviera más protagonismo pero no me encajaba en la historia. Claramente, eran Sirius y James por encima de todo en esa amistad.

Por cierto, James bailando es Harry. Es que me lo imagino tal cual. Alguien que es capaz de ser ágil a treinta metros del suelo sujeto solo a un incómodo palo de escoba y resulta que no sabe coordinar sus dos pies en tierra firme. Me apetecía resaltarlo.

Y Sirius haciendo comentarios subidos de tono y ofendiendo a chicas desde tiempo inmemoriales… No olvidemos que ya no está en Hogwarts, ahora da con mujeres de verdad que no caen en una sonrisa bonita. Y siempre me he imagino a Emmeline fría, en plan diva –lo cual adoro de ella-. Por otro lado, a Marlene la imagino más cálida, amable e incluso tímida, más que reservada. Llamadme loca.

Y ellos dos escapándose de su propia boda con la capa de invisibilidad. Soy una romántica empedernida, lo sé...

¡Espero que este capítulo os haya gustado! Me pondré manos a la obra con el siguiente, que se avecinan curvas y tiempos más oscuros.

Eva.