¡Hola a todos! ¿Qué tal? Lo primero de todo, por adelantado. ¡Feliz Navidad!

Siento la tardanza pero el mundo muggle me ha consumido y, para el capítulo que viene, he necesitado mucha inspiración. Muchas partes de este capítulo las he escrito y borrado varias veces, insatisfecha. Es algo muy personal y, al mismo tiempo, un reto. Así que espero haber acertado esta vez, porque las musas llegaron de golpe el 17, con la previa a mi cumpleaños.

Nos vamos ya a 1979. Cada vez cuesta más escribir estos capítulos porque hablamos de un mundo en guerra, que se precipita cada vez más hacia el final. James y Lily no son nunca más unos niños o adolescentes que puedan huir del mundo real. Pero espero haber captado la esencia de este momento que están viviendo.

En el Halloween de 1979, en teoría, no pasó nada relevante que sepamos. Es decir, lo único que sabemos de ese año es que Voldemort iba tomando poder, que Dumbledore seguía intentando mantener la Orden del Fénix, que James, Lily y sus amigos estaban involucrados y también es el año en el que, en teoría, Regulus Black murió.

Partiendo de esa base, y basándome en teorías de fans y escritos de JK Rowling, me he centrado en este capítulo. Porque he hecho cálculos y ese 31 de octubre puede que pasase algo muyyy importante que ya veremos al final del capítulo.

Lo único que advierto es que aquí es donde el fic adquiere el sentido en el rating M. Así que, lo advierto, ESTE CAPÍTULO CONTIENE CONTENIDO SEXUAL EXPLÍCITO. Leedlo bajo vuestra responsabilidad. Y no olvidéis que todo pertenece a JK Rowling.


1979: Eres lo que más quiero

De todos los escenarios en los que se ha imaginado su primer aniversario de boda, Lily jamás creyó que, precisamente, ese día se levantara sin su marido.

El último día de octubre de 1979 amanece frío y lluvioso. Más que el año pasado. Porque el tiempo no ha hecho más que empeorar desde que la guerra ha avanzado y los dementores se han hecho dueños de los cielos. Los esfuerzos de los magos y brujas son inmensos para impedir que estos tomen poblaciones enteras y ataquen a muggles, exponiéndolos ante la comunidad no mágica.

Lily se despierta esa mañana y lo primero que hace es mirar el otro lado de la cama, vacío y liso, que demuestra que nadie ha dormido en él; como no lo ha hecho en noches pasadas. Después, se fija en el alfeizar de la ventana para asegurarse de que no hay una lechuza esperándola.

En parte, es buena la ausencia de noticias porque las malas corren más rápido. Pero han pasado ya tres semanas desde que James se fue con Sirius para cumplir una misión para Dumbledore. Tres semanas sin saber de él, preguntándose si volverá a verlo con vida.

Para colmo, la última vez que estuvieron juntos, discutieron. Casi ni se acuerda del motivo o, al menos, ya no le parece tan importante mientras lo echa terriblemente de menos. Pero no quiere ni pensar que le haya dicho sean palabras llenas de ira.

Pensando en él, Lily se viste y se dirige a desayunar, atravesando los pasillos de su hogar, cada vez más llenos de fotografías de ellos dos junto a amigos y familiares. La principal, que cuelga encima de la chimenea del salón, es una imagen ampliada de ellos dos el día de su boda. Él la agarra de la cintura y la hace girar, al tiempo que ella se ríe y se pone de puntillas para darle un tierno beso en la boca.

Mientras desayuna en silencio, no deja de estar atenta a la puerta por si ese es el día en el que James regresa a casa, sano y salvo. Su mirada se encuentra con la foto que queda justo frente a ella, en la pared del pasillo, que les retrata a ellos dos con sus suegros la pasada Navidad. Lily siente un pequeño dolor de estómago. Los padres de James murieron el pasado mes de agosto, de manera repentina, tras contraer viruela de dragón. Lo que, quizá, explique que se haya vuelto tan sobreprotector. Y lo que, a su vez, es la fuente de sus discusiones.

No es la primera vez que discuten, por supuesto. Ambos tienen demasiado carácter y, a veces, ven las cosas de un modo totalmente opuesto. Pero siempre acaban solucionándolo. Es la primera vez que rompen la regla no escrita de no irse a dormir enfadados el uno con el otro. Las circunstancias impidieron que lo solucionaran antes de que él tuviera que marcharse.

Un ruido en la ventana le sobresalta pero no es James, sino una lechuza parda que tiene un pequeño pergamino atado en la pata. La deja pasar y le da una galleta y le pone un cuenco de agua mientras el animal reposa encima de la mesa y extiende la pata hacia ella, que la toma con ansiedad y desenvuelve el pequeño pergamino con manos temblorosas.

No es la letra alargada y apresurada de James, según puede apreciar. Reconoce de inmediato la letra curva y fina de Albus Dumbledore.

"Por la presente, convoco una reunión urgente en el cuartel a las diez. Es un tema de seguridad para la Orden. No faltéis".

De inmediato, su corazón comienza a latir con fuerza. Frunce el ceño y mira su reloj de muñeca. Aún tiene tiempo, por lo que se apresura a arreglarse para acudir a la cita. Quiere llegar cuanto antes. Y, por dentro, reza para que el tema no sea, concretamente, sobre la seguridad del cabezota de su marido.


Con esas ganas de quitarse esa mala sensación del cuerpo, es de las primeras en llegar al cuartel. Marlene, Emmeline y Benjy ya han llegado y la reciben con una sonrisa tranquilizadora, adivinando sus pensamientos funestos.

- ¿Ha pasado algo? –pregunta cuando se une al grupo.

Benjy se encoge de hombros.

- No sabemos nada. Estábamos comentando que puede que Moody tenga información nueva.

- O que Sirius y James hayan regresado de su misión –sugiere Marlene, que está mordiéndose las uñas con nerviosismo.

-Fabian y Gideon también estaban con algo nuevo –recuerda Emmeline.

Ansiosos, esperan a que todos lleguen para enterarse de qué ha ocurrido. Poco después de Lily, llega Remus, a quien hace tiempo que no ve. Ahora que lo piensa, Remus también lleva una temporada desaparecido.

- Lunático –le saluda con una pequeña sonrisa yendo hacia él.

En el último año, se han acostumbrado a llamarse por apodos cuando están en misiones y ha tomado el hábito de llamar a los amigos de su marido con los que él usa.

Remus la recibe con una cálida sonrisa, como es habitual. Tiene aspecto descuidado y heridas en la cara, como también es habitual. Ahora que lo piensa, la luna llena debió ser hace pocos días. Y James y Sirius no han podido estar para acompañarle, como es lo usual en ellos. Tampoco es habitual que Remus se muestre esquivo con ella pero así lo percibe.

- Hola Lily –le saluda. Y parece tan afable como siempre solo que no la mira a los ojos y su sonrisa es cálida pero parece distante. Mira por encima de su hombro-. ¿No está Cornamenta?

Lily hace una mueca.

- Fue a una misión, con Sirius –le informa. Porque acaba de darse cuenta de que Remus ha estado desaparecido desde antes de que sus amigos se fueran.

Remus asiente pensativamente y saluda a Dorcas, que acaba de llegar. No pregunta más sobre la misión. Lily le analiza extrañada porque hay algo en él que está raro. Parece un poco indiferente a todo. Y eso es algo que hace Remus cuando algo le preocupa y quiere ocultarlo. Ha estado demasiado centrada en James últimamente y no recuerda la última vez que ha visto a su amigo pero está segura de que han pasado, al menos, un par de meses y no entiende el porqué de su actitud distante.

- ¿Dónde te has metido? –le pregunta a bocajarro.

Él parece ponerse nervioso.

- ¿Qué? Oh… Bueno. Dumbledore me pidió un favor. Acabo de regresar.

- ¿De dónde?

Lily es consciente de que siempre es demasiado curiosa pero no puede evitarlo. Está preocupada y necesita centrarse en algo más que esperar que las malas noticias sobre James entren por la puerta.

Remus se mueve incómodo pero no contesta. Parece aliviado cuando Peter llega, seguido de Sturgis Podmore, que los saluda a los tres con un asentimiento vago.

Enseguida Remus y Peter comienzan a cuchichear entre ellos y Lily hace una mueca al comprender que Remus se ha escapado de su interrogatorio. Es bueno mostrándose esquivo cuando tiene un secreto que guardar. Ya lo hizo anteriormente con su licantropía. Y eso no es bueno para una curiosa natural como es ella.

Pero la llegada de los Longbottom también la distrae, porque acaba alejándose de los dos amigos de su marido casi sin darse cuenta. Alice siempre es alguien perfecto para acercarse cuando necesitas calmarte y no dejarte llevar por el pánico. Ha servido de mucha ayuda para ella esas últimas semanas, lo que ha llevado a que traben una buena amistad.

Apenas unos minutos después, Dumbledore llega acompañado de Alastor Moody. Un momento después, James Potter y Sirius Black entran por la puerta. Lily jadea mientras inspecciona el aspecto de su marido, que parece algo sucio y más despeinado de lo usual, pero ileso.

Ambos visten dos camisetas idénticas que se hicieron hace un tiempo con el emblema del fénix en dorado. Algo fanfarrón e, incluso, imprudente, que le valió a James otra discusión con Lily. Porque casi nadie ha oído hablar de la Orden del Fénix pero los pocos que sí lo han hecho son precisamente los que habría que evitar que les relacionaran con ella. Pero James y Sirius nunca han sido muy cuidadosos y parecen encantados de proclamar sus ideales, incluso cuando estos se van haciendo cada vez más peligrosos.

Está a punto de saltar sobre él, ignorando que aún está molesta por su discusión, cuando la mirada cautelosa de James se lo impide. Saben entenderse bien sin palabras y su expresión es seria. Hay asuntos más importantes que tratar.

- Gracias por venir –dice Dumbledore iniciando de inmediato la reunión.

Todos callan al mismo tiempo y proceden a sentarse en la larga mesa que hay en la habitación, observando en silencio a su jefe. Para sorpresa de Lily, James y Sirius se sientan junto a él. El asiento libre que ella había dejado a su lado lo ocupa Marlene, que le coge la mano bajo la mesa. Es evidente que ha entendido su expresión desolada y quiere apoyarla.

Aunque está aún molesta por la reacción de su marido, trata de encontrar su mirada para que le explique qué ha ocurrido pero no lo consigue. Tras haberla mirado una vez, James está centrado cuchicheando con Sirius y pendiente de Dumbledore.

- Os he reunido aquí porque ha ocurrido algo que nos obliga a tomar precauciones añadidas – explica el también director de Hogwarts con seriedad. Después mira a James y Sirius por un momento-. Esta noche, cuando cumplían un encargo mío, James y Sirius han sido localizados –todos jadean y Lily vuelve a analizar el estado de su marido, que rueda los ojos y hace una mueca divertida como si considerara exagerada la reacción de los demás-. No sabemos cómo ha ocurrido ni a través de qué medios. Pero debemos extremar las precauciones para asegurarnos de que no nos han seguido ni nos tienen localizados como miembros activos de la Orden.

- ¿Cómo ha sido? –pregunta Frank, tomando una expresión muy profesional.

Lily sabe que tienen suerte de contar con él, Moody y Alice. Al igual que con Dorcas, que es inefable en el Ministerio.

Dumbledore mira a James y a Sirius, que se turnan para contar cómo, en mitad de la misión, apreciaron que tres mortífagos les estaban siguiendo. Pese a que utilizaron la endemoniada moto de Sirius (que Lily está segura de que algún día les acabará matando), no consiguieron perderles de vista y acabaron con una persecución por mitad de Londres que involucró a unos policías muggles.

Aunque las cosas se han quedado en una mera anécdota y consiguieron escapar ilesos, además de que Moody se ha encargado de desmemorizar a los muggles, la situación se ha tornado peligrosa. ¿Cómo empezaron a seguirlos? ¿Fue casualidad, mientras estaban donde no debían? ¿O les estaban monitoreando por saberles miembros de la Orden?

- Ahora también tenemos que averiguar, si esto último es cierto, si han estado siguiendo a alguno más –añade Dumbledore cuando ellos terminan.

Y, por primera vez en varios minutos, Lily se encuentra con la mirada de su marido. Se da cuenta, por su expresión, de que él ha estado preocupado por ella. Puede que, incluso, más que de él mismo. Maldito idiota…

La reunión se extiende por una hora más, mientras Dumbledore y Moody les aconsejan medidas para asegurar su seguridad y para comprobar que no han sido seguidos por nadie.

Cuando dan por finalizada la reunión, Lily se pone en pie de inmediato. Ahora que llega el momento de enfrentarse a James, está insegura. No se arrepiente de la postura que tomó la última vez pero sí de algunas palabras que pronunció. Y no sabe cómo estará él con ello después de tres semanas rumiándolas.

Aunque tendría que recordarse más a menudo que su marido puede ser muchas cosas pero no es rencoroso. James se incorpora aún más rápido que ella y cruza la distancia que los separaba en dos zancadas, estrechándola en sus brazos.

Lily gime en voz baja al sentir su cuerpo y su olor tan característico mientras se entierra en sus brazos y en su cuello.

- ¿Estás bien? –le pregunta al cabo de varios minutos, sin apartar la cara de su cuello.

James asiente con la cabeza, posando un tierno beso en su cabello.

- No ha pasado nada. Ha sido una tontería, en realidad, pero ya sabes cómo es Dumbledore.

Una tontería. Muy típico de él, minimizar las cosas que le pasan a él y exagerar las de ella… Eso provoca que Lily se separe y le mire con el ceño fruncido.

- Claro, una tontería –bufa con todo el sarcasmo que puede reunir-. Una tontería porque os ha pasado a ti y a Sirius. Y vosotros podéis con esto y más. Pero, si me hubiera ocurrido a mí ,lo habrías exagerado hasta el extremo y me habrías querido impedir salir de casa.

James la mira enfadado también.

- No empecemos de nuevo con eso –le advierte, con un tono que la vuelve a encender.

Porque si siempre ha sido protector con ella, lo cierto es que las discusiones de este tipo han sido una tónica habitual desde que murieron los padres de James. Y, aunque sabe que él la considera muy capaz, no soporta que sea tan sobreprotector. Y menos que la ordene nada. Eso sí que no lo tolera.

La última vez, en medio de una misión que, en apariencia, parecía inofensiva, los dos acabaron encontrándose frente al propio Lord Voldemort, sin comerlo ni beberlo. No era la primera vez que ocurría, ya que había sucedido otra vez hacía unos meses. Pero James se comportó de un modo muy posesivo y, en cuanto estuvieron a salvo, le lanzó un discurso machista y retrógrado con el que básicamente pretendía reducir la lucha de Lily a papeleo para la Orden y no más salidas a batallas mientras él sí seguía al pie del cañón.

Por supuesto, ella había reaccionado de golpe, oponiéndose a semejante estupidez. Jamás sería la mujer que se queda a salvo en casa, esperando a su marido y rezando porque volviera sano y salvo. Ella era tan válida como él para poder enfrentar a esa situación. Y, si él no era capaz de verlo, le obligaría a hacerlo.

Se gritaron muchas barbaridades y, cuando no les había dado tiempo a arreglarlo, Dumbledore requirió que James y Sirius partieran cuanto antes a una misión de la que Lily no había sido informada. Lo que, irónicamente, le llevó precisamente al lugar en el que no soporta estar: como esposa desocupada que espera que su esposo vuelva entero de la batalla.

Y está claro que nada de eso se ha solucionado para los dos.

- No tienes ni idea de cómo han sido para mí estas semanas –le reprocha Lily-. Sola en casa, sin saber qué te había ocurrido. No vas a volver a hacerme esto.

Porque, hasta ese momento, ella y James han trabajado juntos. Y, si en esta ocasión Dumbledore le ha juntado con Sirius, ha sido por petición de su marido. Está segura.

James alza la ceja, con ese gesto prepotente que tanto le saca de quicio.

- Pues yo me he quedado muy tranquilo sabiendo que tú estabas bien –asegura con una sonrisa de superioridad.

Y Lily de verdad que tiene ganas de sacar la varita y lanzarle al otro lado de la habitación. Pero Sirius interrumpe ese momento –seguro que de modo premeditado- para abrazarla y alzarla del suelo.

- ¡Pelirroja! Cómo he echado de menos tu guiso de cerdo con puré de calabaza. Dime que me vas a hacer la cena esta noche –suplica mirándola con un mohín.

Lily se niega a reír porque eso le daría puntos a James. Y tiene que asegurarse de que le queda claro que sigue enfadada. Pero rebaja el gesto cuando mira al mejor amigo de su marido.

- Ya sabes que tú siempre eres bienvenido, Canuto –le dice.

- Por algo eres mi chica preferida –asegura él, haciéndole dar otra vuelta en el aire.

Cuando la suelta para ir a saludar a Marlene, Lily y James vuelven a quedar frente al otro, mirándose intensamente.

- No me arrepiento de lo que dije –se adelanta él, haciéndole fruncir el ceño-. He trabajado mucho más tranquilo sabiendo que tú estabas bien en casa.

- Esto no se trata de cómo te sientas tú –Lily no soporta que él sea tan personalista-. Esto va de que todos debemos aportar en esta guerra. Y yo soy tan válida como tú para luchar.

- Quizá hasta eres más válida –concede él-. Pero eres mi mujer. Y eres más perseguida que yo. Y no pienso permitir…

- Tú no eres nadie para permitirme nada –ataja ella, indignada. Pasa de recordarle que él es tan perseguido ahora como ella-. No eres mi dueño ni puedes decidir por mí. Y que sepas que, mientras has estado fuerza, no he estado esperándote, sentada en la cocina.

Por desgracia, en su ausencia, no ha podido colaborar mucho. No había gran cosa por hacer en la Orden más que el papeleo o la ayuda circunstancial con los protegidos. Pero él no tiene por qué saberlo. A James le da un tic en la mejilla al imaginarse cualquier situación peligrosa y ella se da por satisfecha. Se merece vivir con la misma preocupación que la ha embargado a ella todo ese tiempo.

- Esperad antes de iros –les pide Dumbledore, que ha estado hablando con Remus, apartado de todos-. Ha ocurrido algo.

La mayoría no se había marchado aún. Solo Caradoc, Elphias y Arabella habían abandonado el cuartel al terminar la reunión, pero los demás se quedan a escuchar el nuevo problema que se avecina.

Al parecer, Remus ha estado infiltrado entre los licántropos. Él se muestra avergonzado de tener esa 'habilidad' y esquiva las miradas preocupadas de sus amigos. Pero, lo realmente urgente, es que, mientras estaba entre ellos, ha escuchado un plan bastante preocupante y que requiere su intervención inmediata.

No hay tiempo para planes ni para conversaciones. Aunque a todos les gustaría, ninguno tiene tiempo de acercarse a Remus para preguntarle cómo está. Cosa que, tristemente, él parece agradecer. Es como si le estuvieran perdiendo. Aunque Lily está segura de que lo que ha vivido entre los suyos ha debido ser lo suficientemente traumático para él y no sería justo presionarle.

La cuestión es que se ponen de inmediato en acción. Mientras se dirigen a desaparecerse, nota que James no deja de estar cerca de ella. Están separados pero, de un modo inconsciente, ambos siguen los pasos del otro. Como si fuesen un planeta y su satélite, manteniendo su mismo eje.

Y, aunque sigue furiosa con él, eso hace que sienta tranquilidad en su alma.


No ha habido tiempo para hacer planes. Porque, desgraciadamente, lo que ha escuchado Remus es cierto y es más inminente de lo que les hubiera gustado. Así que cuando llegan al lugar, los mortífagos lo están atacando. Una población, mitad muggle y mitad mágica, donde vive una de las familias de más renombre de entre los suyos. Ignoran cuál es su principal objetivo, si matar muggles o unir a los magos a su causa, pero la solución es la misma: plantar resistencia y combatirles.

Inconscientemente, Lily se separa de James cuando comienza la acción. Se apunta a la cara con la varita para borrar sus facciones, como hacen siempre que se enfrentan a ellos, y se lanza al primer enfrentamiento.

Solo puede ver a los que están inmediatamente a su lado, como Sturgis y Emmeline, quienes se enfrentan, cada uno, a un enmascarado. Ella acaba con su oponente fácilmente y se lanza hacia adelante, ganando terreno. Frank y Alice también están cerca y, como siempre, son los mejores de entre ellos.

Los haces de luces vuelan por todas partes, chocando, provocando explosiones y haciendo volar paredes. Aunque algunos mortífagos se han marchado al encontrar que había quienes les enfrentaban, la mayoría se han quedado y tiran a matar.

Mientras avanza, Lily escucha un grito ahogado y ve a Marlene desplomarse contra el suelo. Alarmada, levanta la varita y apunta al mortífago que la ha derribado antes de que la remate. Pero un rayo púrpura le estalla a éste en mitad de la cara, haciéndole aullar de dolor mientras le salen espinas por la boca y las orejas a través de la máscara.

Es Sirius, quien llega corriendo un segundo después. Ella ni siquiera se había percatado de que estaba cerca pero su amigo, ignorándola, se arrodilla sobre Marlene y le alza la cabeza. Cuando Lily la ve boquear en busca de aire se relaja y mueve la varita para atrapar con cuerdas las piernas del mortífago con el que pelea Alice. Juntas, avanzan. El centro de la acción parece ser una casa de aspecto solariego que está al final de una empedrada calle.

- ¡Avada…!

Ambas mujeres reaccionan al mismo tiempo cuando escuchan ese grito y consiguen tumbar al enmascarado antes de que termine de pronunciar la maldición letal, que habría ido directa hacia Lily.

- Estos no se andan con tonterías. Ten cuidado –le advierte Alice.

Lily asiente con la cabeza y, creando un escudo sobre ella, escudriña su alrededor, buscando cuál es el objetivo real del ataque.

De repente, la casa explota por los aires, haciéndola volar hacia atrás y cayendo sobre su espalda. La pelirroja se encoge sobre sí misma para protegerse de los restos de yeso, hierros y piedras que vuelan en todas direcciones.

- ¡Lil! –grita la voz de Alice por encima del ruido ensordecedor. No suelen llamarse por el nombre pero, en ese momento, su compañera no ha pensado demasiado. Ella trata de responderle pero tiene la boca llena de polvo.

Afortunadamente, no parece haberse roto ningún hueso y su varita se ha mantenido en su mano todo el tiempo. Tosiendo, se pone de rodillas y trata de ver algo a través de la intensa niebla de polvo que se ha acumulado a su alrededor.

Los gemidos y los gritos la confunden y trata de localizar la voz de Alice pero no lo consigue. Se levantar y avanza a tientas, cojeando un poco, y apuntando con su varita frente a ella, dispuesta a protegerse.

Cuando el ambiente se aclara, la imagen que se abre paso ante ella le hace jadear. Es de horror y muerte.

Los cadáveres se amontonan, con los ojos abiertos y expresión sorprendida y aterrorizada. Reconoce a uno de ellos. Coincidió con él en Hogwarts, aunque era varios años mayor que ella. Bastian Blishwick. Slytherin y sangre pura, aunque nunca le pareció un purista ni un clasista. Quizá por eso han ido a por ellos. Porque tener la sangre pura no te salva en esta guerra si no demuestras estar abiertamente del lado de Voldemort.

Lily mira su expresión, horrorizada, mientras los gemidos a su alrededor continúan. Debe haber gente herida que aún está viva. Sin embargo, cuando trata de avanzar para ir en su auxilio, se encuentra de golpe con el protagonista de las pesadillas de la mayoría del mundo mágico; incluida ella misma.

Alto, frío, temible. Le mira, aguantando la respiración y agarrando más firmemente la varita. Voldemort le dedica una terrorífica sonrisa.

- Vaya, vaya… Algo en ese característico pelo me dice que, tras esas facciones, se encuentra la señora Potter en persona. Ya comenzaba a echarte de menos, muchacha…

Lily convoca un escudo mientras un escalofrío le recorre la espalda. Odia esa actitud tan condescendiente que tiene ese cabrón. Ese tono paternalista de quien sabe que tiene tu vida en sus manos. Voldemort le lanza un hechizo que rebota en su escudo. Pero éste parece más destinado a burlarse de ella que a atacarla en serio.

No le sorprende que la reconozca y los tenga fichados. Ya intentó captarlos hace un tiempo a James y a ella. Una sangre sucia al servicio de quien quiere exterminar a los suyos. De locos. Pero, pese a todo, seguro que alguno claudicaría por miedo. Por supuesto, no es su caso.

Otra maldición choca contra su escudo y ella se mueve a la derecha. Voldemort se mueve también, sonriéndole.

De repente, un rayo de color rojo cruza el aire en dirección al mago oscuro pero este lo intercepta sin problemas, aunque no aparta la mirada de Lily. Alice llega en ese momento, volviendo a atacarle, lo que Lily aprovecha también para mandarle una maldición.

Ambas dan contra el escudo sin derribarlo. Voldemort chasquea la lengua con apariencia divertida, sabiendo que puede con ambas con una mano atada a la espalda. Pero eso no las desanima sino que las dos se entregan al máximo para vencerle.

Cuando un rayo verde pasa a apenas un par de centímetros de Lily, un rugido corta el aire y James aparece dando un salto para interponerse entre ella y el mago oscuro. Por un momento, la pelirroja siente que se le para el corazón al creer que su marido caerá víctima de la maldición letal. Pero él esquiva el rayo con agilidad.

- Y los amantes esposos vienen al auxilio de las damas –se burla Voldemort, agitando la varita como un látigo y levantando los escombros a su alrededor para lanzarlos contra ellos.

James, Lily, Alice y Frank que, efectivamente, acaba de llegar, juntan sus espaldas y consiguen convertir en arena los objetos que buscaban aplastarlos.

Lily está tan furiosa con la insinuación de que ellas solas no se bastan que se agacha, pasa por debajo del brazo de Frank y alza la varita, apuntando a Voldemort al pecho.

Desgraciadamente, este desvía el hechizo pero sí consigue hacerle una punzada leve en el hombro que sienta igual de bien que si lo hubiera herido de gravedad. Voldemort sangra. Y, si lo hace, se le puede herir y, por tanto, matar.

Lanzar ese mensaje es importante. Que es un ser de carne y hueso. Mortal. Por eso, ella sonríe y el mago oscuro gruñe en voz alta, al ver que ha revelado una debilidad. Agita la varita contra ella y Lily convoca un escudo, aunque eso no evita que la fuerza de la maldición la lance por los aires contra una pared. Aún aturdida por el golpe, alcanza a ver un rayo verde dirigirse a ella antes de que un empujón le aparte de su trayectoria.

- ¡¿Estás loca?! –le grita James, levantándose unos centímetros de encima de ella para mirarla enfadado-. ¿En qué narices estabas pensando?

- ¡No te distraigas! –le chista ella, empujándole para que no se quede quieto.

Ambos se ponen en pie para volver a la batalla, que siguen manteniendo Frank y Alice en su ausencia.

La lucha parece extenderse por horas, en las que los cuatro consiguen mantener a raya al Lord Oscuro pero en ningún momento consiguen vencerle. Cuando parece que van a desfallecer, la aparición de Albus Dumbledore cambia el rumbo de la batalla.


Dumbledore siempre consigue acabar las cosas rápido. Su presencia basta para que la mitad de los enmascarados se desaparezcan y para que el propio Voldemort se retire poco después.

Los cuatro aún están sin aliento cuando Frank los guía en busca de los demás. James agarra a Lily fuerte del brazo, asegurándose de que no se separan. Ella mira a su marido, que no le devuelve la mirada pero está apretando fuerte la mandíbula. Sabe que ha sido imprudente; ella también estaría furiosa si James se hubiera arriesgado de esa forma.

No parece haber habido bajas entre los suyos. Benjy tiene una herida superficial en una pierna y Marlene parece estar fuera de peligro, aunque Sirius se la ha llevado a San Mungo sin esperar ninguna autorización.

Moody analiza la situación y a ellos mismos.

- Podéis marcharos –dice escuetamente, antes de reunirse con Dumbledore, que está investigando en la casa de los Blishwick, donde parece que ha quedado algún superviviente.

Antes de que ella pueda decir nada y, sin despedirse de los demás, James la agarra de los hombros y se gira sobre sí mismo, haciéndolos desaparecer. Dos segundos después, están frente a la puerta de su casa.

No mira a James ni trata de hablar con él hasta que están dentro y, en cuanto la puerta se cierra, su marido la encara furioso.

- ¿Acaso te juegas la vida para provocarme? –le espeta, fulminándola con la mirada-. ¿Para demostrarme que eres tan buena duelista como yo?

Aunque es consciente de que él tiene derecho a sentirse así porque ella también lo haría, Lily no está dispuesta a dejar que le hable de esa forma.

- No seas tan egocéntrico, James. ¿No puedes admitir que, simplemente, lucho con todas mis habilidades por un mundo más justo? No tiene nada que ver contigo.

James se lleva las manos a la cabeza y da una vuelta sobre sí mismo. Parece reunir toda su fuerza de voluntad para no gritarla. Incluso se le empañan las gafas al respirar tan fuerte.

- ¡Tú eres mejor bruja que yo, Lily! –dice finalmente, de forma atropellada-. ¡No tengo problemas para admitirlo! Pero me desquicia ver cuánto te expones. ¡Esta es la tercera vez que ese cabrón te tiene a tiro!

- ¡Te recuerdo que también a ti! –apunta ella, señalándole con el dedo y recordando el momento en el que él se puso entre ella y Voldemort-. ¿Crees que no se me revuelve el estómago cada vez que te interpones entre él y yo?

- ¡Es que mi vida no es tan importante como la tuya! –grita finalmente James, tomándola por los hombros.

Lily le aparta, furiosa por oírle decir eso. Y también emocionada. Solo un poco.

- ¡Para mí sí! –le responde con la voz ahogada, reteniendo un sollozo.

Porque, por un momento, las palabras de James le han llevado a pensar en un mundo en el que él no sobreviviera. Y eso le ha helado el corazón.

James entorna los ojos y Lily jamás sabrá lo que iba a decir porque, en cuanto abre la boca, ella se lanza en sus brazos y le besa con toda la emoción que tiene en el cuerpo.

Él la corresponde, abrazándola con fuerza contra su pecho. Los dos están llorando y no saben exactamente por qué. Porque ambos han tenido miedo por el otro. Porque la adrenalina de haber sobrevivido sigue corriendo por sus venas. Porque se quieren más de lo que es prudente y más de lo que habrían sido capaces de imaginar hasta hace apenas un par de años.

Los besos pronto se hacen insuficientes. Sus manos actúan por sí mismas. Él la empuja para atrás lentamente mientras ella profundiza el beso y el aliento la abandona cuando, de pronto, él la levanta y la sienta sobre la mesa de la cocina.

Ni siquiera recuerda cómo han llegado hasta allí. La manos de James se cuelan por debajo de su túnica, recorriendo lentamente su pierna hasta más arriba del muslo. Los labios de Lily dejan un rastro de besos por el cuello de James y él gime cuando siente las manos de su mujer pelear con su cinturón para desabrocharlo bajo la túnica.

Él aguanta la respiración cuando ella se prepara para meter la mano bajo sus pantalones. Pero Lily se detiene, mirándole a los ojos. Las lágrimas aún brillan en las esmeraldas de sus iris.

- Tu vida vale tanto como la mía –le dice de golpe.

La sangre de James ha abandonado completamente su cabeza y le cuesta procesar lo que oye.

- ¿Qué?

- Jamás volverás a considerar tu vida menos valiosa que la mía –le repite ella, acariciándole el estómago con la punta de los dedos-. Prométemelo.

James está demasiado frustrado. Es increíble que use ese momento de debilidad para su conveniencia. Trata de distraerla, dándole otro largo beso, pero Lily se echa hacia atrás, poniéndole un dedo sobre sus labios.

- Nunca volverás a anteponer mi vida a la tuya. Júramelo.

Pero es una promesa que él no está dispuesto a hacer. Porque la vida de su mujer siempre estará por encima para él. Y estaría dispuesto a morir mil veces antes que permitir que nadie le haga daño.

Comienza a besar la palma de su mano lentamente, muy suavemente al principio. Lily conoce sus trucos a la perfección y le fulmina con la mirada. Abre la boca para regañarle pero él aprovecha para agarrarle la nuca, acercarla a él y besarla intensamente. Todo saliva, dientes y lengua.

Su mano izquierda apretando su cintura contra su pecho y su mano derecha sujetando firmemente su nuca. Y la pelirroja pierde la noción del tiempo y de la conversación. Porque eso solo puede conseguirlo él.

En el año que llevan casados, James ha memorizado su cuerpo hasta el último rincón. Ha contado todas sus pecas, se ha aprendido cada lunar y conoce la forma y la curva de cada trozo de su cuerpo. Y es consciente de qué es lo que la vuelve loca.

Sabe que los besos suaves en el cuello le hacen cosquillas pero que ese punto, justo debajo de la oreja, consigue que se estremezca. Es consciente de lo que provoca en ella que pase la lengua por esa zona, le susurre una frase subida de tono y le muerda muy suavemente el lóbulo de la oreja.

Lily ahoga un gemido y tira de la túnica de James, sin poder esperar a desabrochar los botones. Se la saca por la cabeza, revolviendo más su pelo si es posible y torciéndole las gafas. Y puede que nunca le haya visto tan guapo.

La mejor defensa siempre es un buen ataque. Tenían un profesor en Hogwarts que lo repetía constantemente, aunque él mismo no era un buen ejemplo práctico. Pero Lily siempre ha sido una alumna aventajada y sabe que tiene que tomar la delantera.

Muchas veces, para hacer esto se requiere un movimiento sorpresa. James la sonríe, confiado y seguro de sí mismo, con el torso desnudo. Le acaricia la pierna izquierda y la obliga a doblarla para pasarla al otro extremo, quedando él en medio y apretándose contra ella.

Lily gime y él sonríe más satisfecho. Y, cuando cree que tiene el control, su mujer cambia las tornas, se arranca la túnica y se cuelga de su cuello, besándole intensamente.

James está a punto de caerse pero consigue sujetarla del culo y devolverla a la mesa. Lily le revuelve el pelo y le muerde en el cuello, arrancándole un gemido.

- ¿Está intentando dominarme, señora Potter? –jadea James, cerrando los ojos con fuerza por la acumulación de sensaciones.

Lily comienza un movimiento de caderas, haciéndole poner los ojos en blanco y toma sus manos para colocarlas sobre sus senos.

- En absoluto –dice en voz baja, con la voz cargada de erotismo. Le deja jugar con sus pechos y, de golpe, baja la mano por su estómago y la mete dentro de sus pantalones. Sonríe cuando él gime-. Eso ya lo perfeccioné hace tiempo. ¿No cree, señor Potter?

Pero James no se llama merodeador solo porque se escapara de noche a las cocinas e hiciera un par de bromas con sus amigos. Sus manos son tan traviesas como él. Y, aunque le gustaría cerrar los ojos y dejar que Lily haga magia con sus manos como solo ella sabe, su espíritu competitivo le obliga a tomarse la revancha.

Lily está entretenida con el cuello de su marido. Escribiendo su nombre con la lengua. Su mano es muy lenta, como a él le gusta que empiece. Suavemente, con una caricia leve mientras mueve la muñeca arriba y abajo.

Está tan concentrada en su labor que no se da cuenta cuando él ha agarrado su varita y se ha deshecho de su sujetador. Con un movimiento rápido, James le hace doblar las rodillas, posar los pies en la mesa y se inclina sobre ella para atrapar un pezón con la boca.

Ella arquea su espalda cuando él usa los dientes y la lengua se pasea lentamente por el enhiesto pezón. De un momento a otro, Lily ve volar a su espalda un trozo de tela de encaje y sabe que han vuelto a destrozar otras braguitas. Pero eso no importa porque él la penetra de una sola embestida y, de repente, todo está donde tiene que estar.

Ella toma su rostro en sus manos y lo levanta para besarlo. James comienza a moverse y ella le sigue. El ritmo es tan familiar que ni siquiera tienen que pensarlo. Lily solo interrumpe el beso cuando su codo golpea una canasta que estaba sobre la mesa, llena de las magdalenas que su madre le ha enviado el día anterior, que ruedan por el piso.

Ella gime por la interrupción y él se ríe. Lily enreda los dedos en su cabello cuando él la agarra de la cadera. Lleva las manos a su cara y le quita las gafas, tirándolas al suelo. Es la señal para ir más rápido, por lo que James la sujeta por las piernas para colocarla en un ángulo en el que alcanza ese lugar que a ella la hace estremecerse de placer. Ella suspira su nombre, jalándolo fuerte del cabello mientras él la embiste con fuerza.

Todo es brillante y, al mismo tiempo, la visión se vuelve más difícil.

- Más fuerte, más rápido. Más… Ahí. Justo ahí.

Lily sabe que, en el momento del clímax, le da por hablar sin parar. James se lo dijo la primera vez que estuvieron juntos. Ella estaba preocupada porque él lo considerara molesto pero él le aclaró cuánto le gustaba oírla decir lo que quería que le hiciera.

- Dime qué quieres, nena –le suplica él, clavándole las uñas en la piel.

- No pares –gime ella arañándole la espalda. De un modo que no consigue entender, le excita aún más que él llame nena o muñeca cuando lo están haciendo. Algo que no soporta en otro momento del día.

La voz de ella le anima a seguir. Es algo que ha aprendido en todo el tiempo que llevan juntos. James es pura energía y todo lo que Lily emite parece gasolina para su adrenalina. Y ella no deja de hablarle y decirle les que le gusta que le haga, cómo y dónde lo quiere. Todo lo que le gusta de él y cómo se siente al tenerlo dentro. Sabe que podría volverlo loco solo con sus palabras.

Cuando está cerca, Lily le agarra del pelo de la nuca y abre más las piernas.

- Te quiero, te quiero, te quiero…

No puede evitarlo. Siempre se lo grita cuando llega al orgasmo. Ella necesita decírselo y a él le encanta oírlo.

Cuando Lily baja del cielo, James sigue penetrándola salvajemente y ella se aferra a él, acunándolo cuando se deja caer contra ella. Cuando terminan, ella lo abraza por la cadera con sus piernas.

Tardan unos minutos en incorporarse y James tiene el flequillo húmedo por el sudor. Lily se lo aparta y su marido se inclina sobre su mano, cerrando los ojos y aun jadeando.

- No vuelvas a hacerme esto –le pide aún sin aliento-. No vuelvas a exponerte así. No tienes que demostrarme nada y yo... No podría soportar perderte. Solo de pensarlo…

Lily apoya su frente en la de él.

- Yo tampoco puedo ni pensar en que te pueda pasar nada a ti. No tienes idea… Jamás vuelvas a marcharte a ninguna misión sin mí.

James la mira frente a él. Sonrojada, con los ojos brillantes, los labios hinchados por los besos y el pelo imposiblemente alborotado.

- No lo haré si me prometes que jamás volverás a enfrentarte a ese cabrón.

Lily inclina la cabeza.

- No querría tener que hacerlo de nuevo. Ojalá llegue el día en que nadie tenga que hacerlo.

Eso le basta. De momento. Se inclina sobre ella y vuelve a besarla, esta vez más lentamente. Lily enrosca los brazos en su cuello y le aprieta contra ella.


Lo vuelven a hacer dos veces más esa noche. La segunda vez no consiguen llegar a su habitación y acaban desperdigando la poca ropa que les quedaba por las escaleras. Y la siguiente vez ya están en su cama. Y esa es la más lenta y pausada. Lily le besa suavemente mientras recorre cada rincón de su pecho y se mece muy lentamente sobre él.

- Qué pena que no jugaras al quidditch en el colegio –reconoce él, pasando los dedos por su espalda y apartando su largo cabello-. Eres muy buena tomando el control de la situación.

- Me caigo de la escoba en cuanto levanto los pies del suelo –le recuerda ella riéndose.

- Tú vuelas sin necesidad de escoba.

Ella le besa de nuevo. Parece que nunca se cansará de hacerlo. Han sido tres semanas de ausencia, una discusión demasiado larga y un miedo atroz a perderse mutuamente. Hay que recuperar demasiado tiempo.

- Te dejo a ti el quidditch –le concede-. A fin de cuentas, yo soy mejor bruja. Es justo que tú tengas tu especialidad también.

James abre los ojos ante la sonrisa divertida de su mujer. La hace rodar sobre sí misma y queda encima, mientras Lily se parte de risa.

- ¿De dónde has sacado que tú eres mejor bruja? –le pregunta, sujetándole las manos y revolviéndole el pelo.

Lily se ríe y consigue liberar una mano para hacerle cosquillas. Llevaban muy pocas semanas saliendo cuando Sirius le contó que su chico tenía unas cosquillas terribles. Era su truco para doblegarle cuando peleaban y, pronto, se convirtió también en el de Lily cuando ella quería salirse con la suya.

James comienza a reírse y ni siquiera consigue reunir fuerzas para apartarse. Pronto, su esposa vuelve a estar encima de él.

- Confiesa que soy mejor bruja que tú –le reta.

- ¡No!

- James…

Sus manos se pierden por sus costados y él se revuelve, incapaz de soportarlo.

- ¡Jamás! –consigue decir entre risas, con las lágrimas cayéndole por las mejillas.

Lily se ríe también pero no se compadece de él. James no tarda en claudicar.

- ¡Está bien, está bien! Eres mejor bruja que yo.

La pelirroja le sonríe satisfecha y le coge la cara con las dos manos para darle un besazo, revolviéndole más aún el pelo. Durante un rato están jugando, riéndose y contándose todo lo que les ha pasado en las tres semanas que han estado separados.

Las sábanas son su refugio y la piel de ambos está caliente por los abrazos que no dejan de acunarlos.

En un momento dado, cuando ambos yacen relajados, Lily recuerda que hay un mundo más allá de ellos y su cama. Y frunce un poco el ceño al acordarse de sus compañeros heridos.

- No hemos ido a San Mungo para saber cómo está Marlene.

James frunce el ceño también, al darse cuenta de ello.

- Tranquila, estará bien. Canuto me habría avisado si hubiera ocurrido algo grave.

Y eso lleva a Lily a otro tema que le llama la atención desde hace tiempo. Y es demasiado curiosa como para no tratar de esclarecerlo.

- James, ¿está pasando algo entre Sirius y Marlene?

Su marido levanta la cabeza, confuso.

- ¿Por qué lo preguntas?

Lily se encoge de hombros.

- Ella ha estado ansiosa por vuestra misión. Casi tanto como yo. Y hoy él se ha desquiciado un poco cuando la han herido. Jamás le había visto reaccionar así ante las heridas de nadie más.

James frunce el ceño, mirando el vacío.

- Él no me ha dicho que haya pasado nada. Pero no me extrañaría… Últimamente, es la única chica que le aguanta su humor cambiante. Ya sabes cómo está desde que desapareció Regulus. Aunque no sé… Ya sabes cómo es Canuto con las chicas. Creo que ella le importa lo suficiente como para no acostarse con ella a la ligera. Y eso puede indicar algo más serio.

Lily apoya la cabeza en su pecho, mirando el techo y tratando de imaginarse a Sirius comenzando una relación con una chica. Pero no lo consigue. Por mucho que esa chica sea Marlene. Y algo le dice que esta le gusta, probablemente, más de lo que le ha gustado ninguna chica.

- Cuesta imaginarse a Sirius involucrarse en una relación seria –le confiesa.

James bufa, riéndose.

- No creo que eso lo vean mis ojos –reconoce-. Pero intentaré sonsacarle algo. No quiero que le haga daño a Marlene, aunque sé que no lo haría a posta.

Lily levanta la cabeza, sonriéndole. Es tan tierno cuando se preocupa por lo sentimientos de los demás… Se inclina sobre él y vuelve a besar muy lentamente sus labios. Cuando se aparta, él la mira intensamente a los ojos.

- No tienes idea de cuánto te quiero, Lily.

Ella le sonríe tiernamente y le agarra una mano para besarle, uno a uno, todos los dedos.

- Si solo se parece un poco a cómo te quiero yo a ti…

James aparta su pelo, haciéndole recostarse sobre él. Su barbilla contra su pecho desnudo. Mirándole directamente a los ojos.

- Te he echado tanto de menos… Parece que hace un siglo que no estaba en casa.

- Ha parecido un siglo –concuerda ella, besándole en el pecho -. Por cierto, feliz aniversario.

James se inclina para besarla la frente y en la nariz.

- Feliz aniversario, señora Potter.

Y el mundo sigue siendo lejano para ellos esa noche.

Ninguno recuerda que hay una guerra ahí fuera. Que el terror sigue y seguirá presente en sus vidas. Que la felicidad cada vez está más alejada de la mayoría de los suyos.

Porque ellos están atrapados en su pequeña, feliz y reconfortante burbuja. Una en la que no permitirán que nadie más entre.

Ninguno es consciente, tampoco, de que esa noche se ha plantado, dentro de Lily, la semilla de lo que será, en poco tiempo, lo más importante de sus vidas. Porque son felices estando ellos dos solos pero no saben que hay una felicidad mayor que les esperará cuando, finalmente, sean tres.


¡Sí, bienvenidos a la primera noche en la que nuestro Harry fue engendrado! El lemmon, en este caso, estaba más que justificado. Si hacemos cuentas, entre el 31 de octubre y el 31 de julio hay exactamente nueve meses. ¿Por qué que no? ¿Quién sabe?

Hay cosas en las que me he tomado licencia en este capítulo. Por supuesto que me he sacado de la manga a Marlene y Sirius. Es una teoría fan que no está confirmada y a mí me suena raro imaginarme a Marlene lejos de Fabian (cada uno los empareja como quiere). Pero hay mucho fan de la pareja y he leído algunos fics al respecto que me han hecho querer probar esa realidad sin perder la esencia de Sirius.

En cuanto a la Orden, hay varias cosas… Últimamente he pensado que, si los mortífagos eran tantos y su número iba creciendo, lo lógico es que la Orden se protegiera para que no les atacaran al superarles en número. Y recordé que Lily llamaba a Sirius 'Canuto' en su carta. Puede que sea una tontería pero creo que era por precaución también, por si la carta cayese en buenas manos. Por eso también llamó 'Gus' a Peter. Así que no me extrañaría que adquirieran apodos y que ella llamara a Remus 'Lunático'. Ni que se ocultara las facciones con un hechizo tampoco.

He puesto a un Remus hermético porque está claro que algo llevó a pensar a Sirius que éste podía ser el traidor. Y que Sirius sea un malpensado y un poco idiota no es ninguna explicación. Creo que la misión de Dumbledore le afecta especialmente y se separa de sus amigos. Pero, también, que hay más. De esa teoría ampliaré en el siguiente capítulo.

También he puesto a Lily y a Alice como cercanas. Ignoro si es cierto o no. Pero ambos matrimonios enfrentaron tres veces a Voldemort, así que luchaban cerca unos de otros. Y, por lo que sabemos de Alice, es una persona emotiva que sabe demostrar cariño incluso cuando no es capaz de razonar (regalándole envoltorios de caramelos a su hijo… Lloro de pena). Así que me creo que entre ellas haya una unidad.

En definitiva, este es el artículo de James y Lily con 19 años. Casados, enamorados, viviendo una guerra y siendo el uno parra el otro. Su vida inmediatamente antes que Harry.

Espero que os haya gustado. Espero vuestra opinión.

Pasad felices fiestas.

Eva.