¡Hola! Bienvenidos al último capítulo de esta historia. Perdonad la tardanza pero la vida muggle es muy exigente y, además, he estado los últimos meses curándome de una lesión que me ha traído más problemas de salud. Pero he sacado ratitos y he terminado este fic y me he puesto, poco a poco, con lo nuevo de 'First Wizarding War'. Gracias por vuestra paciencia y apoyo, tanto en comentarios como en mensajes privados.

Con este capítulo cierro la etapa y llegamos a nuestra noche más odiada... Antes de eso, quiero escribir cómo fue el último día de James y Lily con su pequeño Harry. Ha costado el doble, como os podéis imaginar...


1981: Ni la muerte nos separa

Al poco de despertarse ese 31 de octubre de 1981, James y Lily se dan cuenta de que no van a olvidar ese día el resto de sus vidas.

El día, frío y nuboso, pero no lluvioso, ha comenzado como siempre, con las risas de Harry.

Después de más de un año, ya han asumido que su hijo será pura energía y vitalidad para siempre, igual que su padre. Incluso Lily ha moderado sus biorritmos en consonancia y son, por lo general, una familia madrugadora y vital. Aunque sea para pasar los días enteros encerrados en su casa, algo en lo que pretenden no pensar mucho.

Ellos han seguido tumbados y abrazados, escuchando en silencio sus balbuceos y risitas de bebé en medio de la penumbra, aprovechando que Harry está calmado. James juega con el pelo de Lily, que se acurruca recostada sobre su pecho, y sonríe al imaginarse a Harry jugando con el peluche de perrito con el que duerme, regalo de su padrino. Saben que, en cualquier momento, se pondrá en pie sobre la cuna y tratará de tirarse de cabeza a su cama, como ha hecho otras veces. Es un kamikaze.

Y, de repente, un sonido les deja sin respiración.

- ¿Mami?

Ambos levantan la cabeza al mismo tiempo. Harry está de pie, en la cuna, mirándolos entre los barrotes con una sonrisa en la que ya asoma algún diente.

- ¿Qué has dicho, mi amor? –pregunta Lily apartando las sábanas y yendo hacia él.

Harry se ríe de la reacción de sus padres. Después mira a su padre, casi con complicidad.

- ¡Papi! –grita, agitando las brazos hacia él.

James, con la boca abierta, se apresura a ponerse las gafas para ver con claridad a su hijo. Lily lo toma en sus brazos, con las lágrimas asomando por sus ojos de la emoción.

- ¡Por fin! ¡Mi bebé ya dice mamá y papá! –celebra, alzándolo y llenando su cara de besos.

Harry arruga la nariz pero no se aparta sino que le agarra el pelo a su madre y tira con fuerza.

- ¡Ya era hora, colega! –le dice James, revolviéndole el pelo.

El pequeño suelta una risotada al verlos tan contentos.

Y no es para menos. Hoy cumple un año y tres meses y, según los libros de Lily, ya debería haber empezado a decir 'mamá' y 'papá' hace un tiempo, así como algunas palabras sencillas.

Bathilda les ha tranquilizado, asegurándoles que cada niño tiene un desarrollo diferente y que es lógico que él, que no conoce a más niños ni apenas tiene adultos con los que relacionarse, sea algo más tardón. Simplemente, no tiene tanto ejemplos sociales que imitar.

Pero Harry ha estado, desde el principio del verano, diciendo ma y pa, sin completar la palabra por mucho que ellos han insistido. Deseaban tanto oírselo decir… Y, antes de hacer caso a las súplicas de sus padres, ha preferido balbucear otras palabras como coba, en referencia a su escoba de juguete, ambe, para pedir más comida o pispas, para reclamar a su padre que haga chispas con su varita para que él intente atraparlas.

Incluso ha puesto más empeño en tratar de aprender el nombre del gato, pese a que éste le rehuye como al demonio porque siempre que le tiene cerca le tira de las orejas y del rabo. Pero nunca ha dicho mamá ni papá hasta ahora. De hecho, parecen divertirle los intentos desesperados de sus padres por escucharle pronunciar esas dos palabras mágicas.

Y hoy parece haberse decidido, como un regalo para ellos.

- Lily, no llores –suplica James al ver a su esposa derramar lágrimas mientras su hijo se sujeta de las manos de ambos e intenta andar sobre la cama para acabar cayéndose de culo y luchando por volver a incorporarse.

- Es que… llegué a pensar que no lo oiría nunca –se explica ella, emocionada.

James se echa a reír ante su dramatismo.

- Él tendría que empezar a hablar en algún momento, amor. Era cuestión de tiempo, ya lo dijo Bathilda.

- Sí pero está todo tan mal… Ya sabes que, a veces, me voy a la cama con la sensación de que lo que no hemos logrado ese día ya no podremos hacerlo nunca.

James la deja coger a Harry con ambas manos y acuna su rostro con las de él. No soporta verla tan hundida. Normalmente, ella es la fuerte. La que le anima a él, ayudándolo a relativizar la situación, alegrando cada momento del día con su dulce sonrisa y creando un refugio en su hogar para que él no se sienta tan atrapado entre esas cuatro paredes.

La chica que recoge los muebles para instarle a volar con su escoba, la que organiza picnics en el salón y la que se pone, por sorpresa, su vieja camiseta de quidditch para demostrarle que sigue siendo 'su chica'.

- Cariño, deja de angustiarte –le suplica, besándole la nariz. Harry aprovecha su cercanía para robarle las gafas y James le deja porque sigue centrado en su mujer-. Todo está bien, ¿vale? No nos va a pasar nada. Sirius se está encargando de todo. Confía en él.

Lily sonríe débilmente.

- Lo hago, créeme. Aunque sigo sintiéndome algo intranquila porque hayamos cambiado de guardián a espaldas de Dumbledore.

James chaquea la lengua al volver a oír ese tema de nuevo. Le arrebata las gafas a Harry antes de que se las rompa, cambiándolas por el peluche que tiene en la cuna, y se las pone, mirando a su esposa.

- No me mires así –le suplica ella-. Por supuesto que confío en Gus. Pero creo que Sirius está arriesgando demasiado con ese doble juego. Se expone mucho…

Pero James, bien resuelto, alza a Harry hasta ponerlo en la cuna y la obliga a tumbarse en la cama, colocándose él encima.

- Esto saldrá bien –le asegura, entrelazando sus dedos y besándole lentamente a lo largo de la mandíbula-. Es un plan brillante y nos dará tiempo para derrotar a ese loco.

Lily suspira, relajándose en sus brazos, sintiéndose segura. Con un suave tirón de pelo le hace mirarle a los ojos y le da un suave beso en los labios.

- Ya lo sé pero hubiera preferido que esto se quedara entre nosotros –asegura, en referencia a ellos dos y Sirius.

No es que desconfíe de Peter pero, a veces, le nota huidizo. Es más cobarde que ellos y tampoco puede culparle con la cantidad de personas que están muriendo. Y teme que, sin pretenderlo, cometa un error fatal que los exponga a todos, empezando por él mismo.

- Y, si no es así, al menos haber avisado también a Remus –continúa, poniendo voz a otra de sus preocupaciones-. Llevamos meses sin saber de él. Ni siquiera escribió por el cumpleaños de Harry…

- ¡Mami!

El pequeño reacciona al escuchar su nombre y ya no hay modo de convencerlo de que siga tranquilo en su cuna. Se pone a saltar y trata de escalar por los barrotes para tirarse sobre la cama en plancha. Los dos se miran, resignados, y deciden que ha llegado el momento de levantarse.


La escena del desayuno es típica y monótona todas las mañanas pero siempre es un espectáculo observar a Harry.

Ha empezado hace un tiempo a comer algunas comidas sólidas aunque lo divertido es ver lo independiente que es. Agarra con fuerza, aunque aún de forma incorrecta, la cuchara y se niega a que ninguno de los dos le ayude a comer. Aunque siempre acaba más repleto de puré del que consigue llevarse a la boca.

- ¿Sabes si saben algo de Remus? –pregunta Lily, retomando la conversación que mantuvieron en su dormitorio.

James se encoge de hombros, tendiéndole a Harry una servilleta, ya que él prefiere tratar de limpiarse solo.

- Sirius me ha prometido que intentará contactar con él . Me ha asegurado que hablarán.

- Espero que lo haga –suspira Lily, que es consciente de lo orgulloso que es su amigo y de la relación tan gélida que se ha formado entre ambos-. Sirius está tan desquiciado desde que mataron a Marlene… Me da mucha pena no poder ayudarlo.

Marlene y su familia fueron asesinados en julio. Una horrible tragedia por la que Lily se pasó días llorando y que aún afecta a James. Se enteraron por Dumbledore, en una visita que les hizo, y ni siquiera pudieron acudir al funeral ni estar con Sirius, sabiendo cuánto los necesitaba.

Él nunca ha hablado de sus sentimientos pero James es su mejor amigo y lo conoce. Sabe que siempre se arrepentirá de dejar ir a Marlene cuando ésta le dio un ultimátum. Sirius es un alma libre pero una parte de sí mismo se marchó con ella. Primero, cuando ella se resignó y le dejó para empezar a salir con Jack, ese hombre que había conocido en el Ministerio. Después, cuando, muy poco –demasiado- después, se casó con él. Con la guerra, todo el mundo parece tan desesperado por vivir todo lo posible que lo hacen todo corriendo. Y, finalmente, Marlene se llevó esa parte de él cuando fue asesinada.

Lily siempre se quedará con la pena de ver la mirada de su amigo cuando fue a verles, pocos días después de su muerte. Sirius parecía un cascarón vacío. Incluso a Harry le costó hacerle sonreír. Pero, una vez más, se había negado a hablar de Marlene pese a sus intentos frustrados. Encerró su dolor dentro de sí mismo y se centró en lo que le quedaba.

Es una pena cómo las personas pueden destrozarse la vida por no admitir sus sentimientos. Quién sabe si la propia Marlene no hubiera tenido otro futuro si hubiera seguido su corazón, en vez de tratar desesperadamente de encajar en una relación que no quería. Lily y James solo habían conocido brevemente a Jack, cuando Marlene lo llevó de visita poco después de la boda, antes de que se escondieran bajo el encantamiento Fidelio. Parecía un buen hombre y se notaba que estaba loco por ella. Lástima que ella no le correspondiera y viviera esa relación pendiente de que otro reaccionara y fuera a buscarla. Cosa que Sirius nunca hizo.

James y Lily saben que Sirius no ha llevado bien todo eso. Se ha encerrado más en sí mismo; más aún que cuando Regulus desapareció. Ahora desconfía más de todo el mundo, se ha desquiciado, incluso actúa un poco de por libre en cuestiones de la Orden, por lo que les ha dicho Dumbledore. Y se ha obsesionado con no permitir que a ellos les pase lo mismo. La última vez que lo vieron, hace una semana, parecía estar un poco desequilibrado. Aunque quizá se debía al nerviosismo por su plan de cambiarse por Peter a espaldas de todos.

- A mí también me preocupa –reconoce James-. Sé que se culpa por no haber podido hacer nada, por no estar con ella entonces; al igual que se culpó con lo de Regulus. Por eso, se expone tanto tratando de ayudarnos a nosotros; para compensar. Aunque espero que no llegue demasiado lejos.

La mirada de James se ensombrece. Cree en Sirius más que en sí mismo, si es posible. Confía en él con su vida y sabe que su plan funcionará porque Sirius estaría dispuesto a morir antes de permitir que les pase nada a ellos, especialmente a Harry. Pero está preocupado por si esto le costará demasiado a Sirius, de su salud mental. Están todos tan obsesionados por mantener a Harry a salvo que teme estar desquiciando a su mejor amigo.

Lily ve la oscuridad que cae sobre sus ojos y se incorpora, preocupada.

- Amor, no quería preocuparte –le dice, sentándose en su regazo para darle un beso en la mejilla-. Seguro que Sirius estará bien. Tiene recursos, él siempre cae de pie…

James agita la cabeza, con la mirada perdida.

- No le tendría que haber dejado tomar tantos riesgos si lo que está en juego es Harry. Tendría que ser yo quien…

- James, no pienses así –le corta Lily, tomando su cara en sus manos como anteriormente hizo él. Apoya su frente en la de él y le mira con esos ojos que tanto le gustan a él, con infinito amor-. Tú tienes que estar aquí, con nosotros. Disfrutando de este momento.

James pellizca la barbilla de Lily y sonríe ante el brillo de sus ojos.

- ¡Papá! –Harry, desde su trona, parece averiguar los funestos pensamientos de su padre y le tira una galleta para llamar su atención.

Y James se ríe cuando esta le da en el hombro.

- ¡Campeón! –exclama, tendiéndole otra galleta, que el bebé toma ansioso-. A veces creo que lo entiendes todo. Menos mal que tienes el cerebro de mamá.

Harry se echa a reír y mira a Lily ante la mención de su madre. Es tan inteligente… A su edad, es una esponja. Lo entiende absolutamente todo. Y James lo mira con orgullo, sabiendo que cualquier decisión desesperada que se tome para preservar su seguridad merece la pena.


Los días son lentos pero lo bueno es que Harry cada vez es más autónomo y es más divertido jugar con él, aunque tienen que tenerlo vigilado en todo momento porque es muy trasto e increíblemente rápido.

Le encanta, sobre todo, la escoba de juguete que le regaló su padrino por su cumpleaños. Apenas se eleva unos centímetros del suelo pero es rápido como una bala y le encanta provocar el caos allá donde va.

- ¡Harry, más despacio! –grita James persiguiéndolo, mientras Lily los observa riéndose, sentada en mitad de la sala y ordenando su librería.

Es casi la misma escena todos los días pero ella no se cansa de ver a padre e hijo, dos calcomanías con veinte años de diferencia, desordenar todo a su paso. Con el tiempo, se ha resignado a que su casa no será el lugar elegante y ordenado que había soñado. Al menos, mientras Harry siga siendo pequeño.

En ese momento, un pensamiento cruza su mente. Si llegaran a tener un segundo hijo o hija, ¿sería tan hiperactivo como Harry? Se sorprende a sí misma ante la idea y se lleva una mano al vientre, de forma automática.

Es una locura pensar en eso con la amenaza que tienen encima. Como si no tuvieran suficiente con preocuparse por su pequeño. Pero mentiría si no reconociera que siempre ha deseado tener varios hijos. Un pequeño equipo de quidditch, como le gusta bromear a James. Y la idea de una niña le hace sonreír inconscientemente. Aunque sabe que Harry la quiere más que a nadie, algo le dice que, cuando crezca, hará equipo con su padre. Y ella también quiere su propio equipo de chicas al poder.

- ¡Cuidado!

La voz de James interrumpe sus pensamientos y Lily escucha un maullido asustado justo antes de ver al gato entrar corriendo hacia el salón, huyendo de Harry, y refugiándose en su regazo.

Un segundo después, Harry entra como un torpedo con su escoba de juguete con James pisándole los talones con la respiración errática.

- Lo que no consiguió en varios años el equipo de Slytherin, lo va a lograr tu hijo –le augura con una sonrisa, acariciando al gato para calmarlo, que bufa indignado.

James finalmente consigue atrapar a Harry y lo carga bajo su axila, como si fuera una quaffle, mientras el pequeño se retuerce y se ríe.

- Es rapidísimo –se queja, aun con la respiración entrecortada, haciéndolo saltar en sus brazos-. Afortunadamente, en once años el problema dejará de ser mío para ser de Slytherin.

Lily niega con la cabeza, divertida.

- Muy seguro estás.

- Asúmelo, Lily. Harry va a entrar al equipo en cuanto tenga edad para ello. Tiene todas las actitudes y yo me encargaré de enseñarlo bien.

- Eso sí que no lo dudo –suspira-. Y será mi problema el tener que preocuparme de los huesos que se vaya a romper.

Harry da pataditas a su padre y consigue que le deje montar de nuevo en su escoba, aunque James le agarra de la capucha de su jersey para que no pueda salir volando aún.

- No te angusties antes de tiempo –le pide, inclinándose hacia ella sin soltar al niño-. Sabes que el quidditch tampoco es tan peligroso.

Con una mirada cómplice, Lily le coge de la pechera y le acerca a ella.

- ¿Tengo que recordarte que, en séptimo año, me pasé dos semanas dándote de comer en la enfermería porque tenías ambos brazos rotos?

- Eso es porque exageré la lesión para darte pena y recibir mimos–le asegura, con una sonrisa de medio lado e inclinándose más para besarla.

- ¡Uuuiiiiiii! –en ese momento Harry consigue soltarse y vuelve zumbar por toda la habitación.

- ¡Mierda!

Y James sale corriendo detrás de él, agitando la varita constantemente para evitar que tire todos los cuadros y muebles a su paso. Lily rueda los ojos, divertida, y se vuelve a llevar una mano a su vientre vacío.

- Si vienen más, por favor, que no se parezcan tanto a su padre –suplica, solo medio en serio.


A Lily le encanta leer a Harry. Desde que era muy pequeño le narra para dormir pequeños cuentos hablados, aunque a su niño lo que más le gusta es oír su voz. Y, posteriormente, empezó con pequeños libros.

A Harry no le gusta tanto. Cuando ve que su madre saca un libro significa que es hora de la siesta y eso no le hace tanta gracia, por lo que se vuelve más revoltoso que nunca.

Pero es que Lily no ha sacado un libro esta vez, sino un álbum de fotos que está enseñándole a Bathilda, quien ha ido a visitarlos poco antes de la comida. Sin embargo, eso Harry no puede adivinarlo y está absolutamente hiperactivo mientras juega con su padre a todo lo imaginable para evitar que le recuesten y su madre le lea algo que le adormecerá.

- Y aquí está James con su equipo de quidditch –muestra Lily, que está tan acostumbrada a todo el ruido que montan a su alrededor esos dos que ya ni les oye.

- Así que capitán, ¿eh? –bromea la encantadora anciana, ya acostumbrada a esa rutina, pues va a verlos todos los días-. ¿En qué posición jugabas, James?

- Era cazador –cuenta él orgulloso-. Igual que lo será Harry.

Su hijo vuelve a reclamar su atención enseguida para que encante un trenecito de madera que tiene y lo haga volar.

- No me gusta darle alas a los pensamientos de James pero es verdad que Harry parece natural volando –reconoce Lily-. No te imaginas cómo maneja la escoba que le regaló Sirius.

- Quién lo verá jugar en Hogwarts –ríe la mujer, observando al bebé, que está abstraído con el tren que vuela alrededor de su cabeza en medio de chispas moradas.

- Espero que yo. Ya le he dicho a Dumbledore que tiene que dejarme ir a los partidos –cuenta James.

- ¡Miaaaa!

Harry les interrumpe a los tres señalando, ansioso, a los soldaditos de plomo que han comenzado a volar al lado del tren. Baja la mirada y se encuentra con la varita de su padre orquestando toda esa magia.

Con una risotada, Harry se inclina y le quita la varita.

- ¡Harry, no! –exclama su madre, levantándose para quitársela.

Antes de que lo consiga, Harry apunta con ella a un cojín, soltando un chorro de luz y consiguiendo que se triplique su tamaño, se vuelva rosa y le salga pelo.

- ¿Qué te he dicho de coger la varita de papá?

Pero él no parece preocupado por la bronca porque sigue mirando su obra de arte.

- ¡Mia papaaaa! ¡Gaaaande! –le dice a su padre, abriendo los brazos para que vea cuánto ha crecido-. Y osaaaaa.

- Sí, campeón, ahora es grande y rosa. Eres un genio.

Harry parece conforme con la aprobación de su padre y le sonríe cándidamente a su madre, cuyo ceño se tambalea hasta que le devuelve la sonrisa.

- No podemos perderle de vista –le dice a Bathilda.

- Es sorprendente que consiga hacer magia tan pequeño –le comenta su vecina pensativa, buscando en su extensa memoria cuántos más pequeños magos han sido tan precoces-. No hay tantos casos documentados de magos tan bebés consiguiendo magia con la varita de los padres. ¿Cuándo tuvo su primera demostración de magia?

- Hace como un mes –rememora Lily, sin poder evitar una sonrisa-. Le transformó a Sirius el pelo verde. Creo que jamás le he visto tan preocupado por su cabello.

Todos se echan a reír ante esa imagen. De hecho, James aún se carcajea solo a menudo al recordar la cara de su mejor amigo.

- Sorprendente –confirma Bathilda-. Harry va a ser un gran mago, ya lo veréis.

Y James y Lily se inflan de orgullo paternal, observando al pequeño que ha vuelto atención a sus juguetes sin percatarse de que están augurándole un gran futuro. Uno que, para su desgracia, ya se veía venir con la profecía que ha marcado su vida desde que nació.


- ¡Harry, vuelve aquí ahora mismo!

La orden de Lily es inútil porque el pequeño, vestido solo con sus pañales, corretea lo más deprisa que puede por la alfombra que recorre el piso superior.

- ¡Te vas a hacer daño!

Tarde. Un segundo después, antes de que ella consiga entrar al cuarto de juegos donde han ubicado otra cuna para que Harry se mude pronto de habitación, se escucha un golpe seguido de un llanto.

El pequeño se ha tropezado con un dragón de juguete que trajo Peter por su cumpleaños y se ha dado un coscorrón en la frente. Tiene la zona irritada y se la palpa con sus manitas mientras gruesas lágrimas caen por sus mejillas, con los ojitos del mismo color verde que los de su madre anegados.

- ¡Lo sabía! –bufa la pelirroja, cogiéndole en brazos y revisando que el golpe no sea grave.

- ¿Qué ha pasado?

James sale precipitadamente del baño al oír el llanto de su hijo y aún se está abrochando los pantalones.

- Lo de siempre, que no quiere echarse la siesta.

Trata de tocarle la frente a Harry, que se aparta llorando y le tiende los brazos a su padre. James lo carga preocupado.

- ¿Te has hecho daño, colega?

- Eso te pasa por ir corriendo mientras estás descalzo, Harry –le riñe su madre.

Harry frunce el ceño y oculta la cara en el cuello de su padre. No le gusta su madre cuando lo regaña.

- No seas así, Lily. Solo estaba jugando.

- Y tú no me desautorices, James –le pide su esposa-. Si lo haces delante de él, creerá que puede desobedecerme.

- Solo digo que no es para tanto –protesta él-. Si no quiere dormir, igual es que no está cansado.

- Está agotado –le refuta su mujer-. Por eso lloriquea tanto.

James aparta a Harry para mirarle la cara. Está tristón, tiene los ojos rojos y se los frota con sus puñitos.

- Ven con mami, cariño.

Lily se lo quita de los brazos, aunque Harry se resiste.

- ¡Noooo! –se agita, se agarra al pelo de su padre y llora aún más.

Normalmente, la elección de Harry es fácil. Adora a su padre pero si su madre le dice ven, le falta tiempo para correr a sus brazos. Eso solo cambia cuando tiene que irse a dormir. Porque ir con mamá implica acabar derrumbado por el sueño e ir con papá implica seguir jugando. Y eso lo tiene claro.

Pero no encuentra a un aliado en su padre, que deshace sus puños, aunque le acabe arrancando algunos pelos, y se echa para atrás para que Harry no pueda volver a tirarse a sus brazos. El niño llora y se revuelve cuando se madre lo acuna.

- ¡Papiiii!

Pero James ha aprendido la lección y se marcha de la habitación para que Harry no le vea. A Lily le lleva un rato pero, finalmente, el bebé se atonta en sus brazos, se deja abrazar y cierra los ojos muy relajado.


Media hora después, Lily cierra la puerta de la habitación de juegos con cuidado. Harry ha acabado sucumbiendo, como siempre hace. Solo es un niño difícil a la hora de dormir. Por lo demás, tiene un carácter estupendo y es muy obediente y cariñoso.

Hechiza la puerta para que los ruidos de fuera no lo despierten y baja la escalera hasta la cocina, sorprendida por el silencio que hay en la casa.

- ¿James? –pregunta al no verle alrededor.

- Estoy en el despacho, ahora voy –dice la voz de su marido desde la lejanía.

El despacho es una habitación que han adecuado para guardar todos los libros de Lily y toda la documentación que manejaba James cuando aún estaba en activo en la Orden. Casi no lo usan pero lo mantienen así por si acaso. James ha pasado ratos encerrado allí en los últimos días. Algo curioso, aunque últimamente, al no poder salir de casa, hace cosas tan extrañas como esa para entretenerse.

Mientras su marido está ocupado, ella se apresura a llevar a cabo su plan. Espera que funcione. James está algo gruñón últimamente. No insoportable pero sí más de lo habitual. Ambos lo están, a decir verdad. Ella sabe que es por el encierro. Desde que Dumbledore se llevó su capa de invisibilidad, no puede ni siquiera ir a dar una vuelta y eso le irrita. Y ella también tiene menos paciencia en general. Pero es que James ni siquiera ha recordado el día que es…

Con agilidad y la ayuda de su varita, traslada las cosas al salón. A James le gusta cuando le organiza picnics en la alfombra, así que espera sorprenderle gratamente.

Coloca una manta, encima de la cual reparte todos los platos y la comida que ha preparado para ese día. La noche anterior, se quedó hasta tarde cocinando y le ha costado que James no se entere de nada. Se sienta en el suelo, esperándole, y tiene la idea de encantar el techo para que parezca que brilla sobre ellos un cielo estrellado, como el comedor de Hogwarts. El hecho de que el día sea ya oscuro de por sí ayuda bastante a crear ambiente.

Está todo listo pero James sigue sin aparecer.

- ¿Cariño? –le llama, extrañada-. La comida está lista.

Y, de repente, una música suave se empieza a escuchar desde el otro lado del pasillo. Extrañada, Lily se incorpora y camina hacia la puerta, por donde James aparece, cargando un enorme ramo de flores.

Los dos se quedan en shock, mirándose y mirando lo que han preparado el uno para el otro. Él observa el picnic y toda la ornamentación que su mujer se ha currado. Ella se da cuenta de que la música sale del despacho, de donde se ve una luz que le hace ver que él también ha creado otro ambiente. Y, por todo el camino, hay pétalos de rosa esparcidos por el suelo.

Tras unos segundos de silencio, ambos se echan a reír.

- Se supone que yo iba a sorprenderte a ti –protesta ella con una sonrisa.

- ¡Lo has hecho! ¿Cuándo has preparado todo esto?

Lily se encoge de hombros.

- Solo quería hacerte sonreír.

Y James le entrega el ramo, aprovechando para abrazarla con fuerza.

- Tú siempre me haces sonreír.

Y Lily se deshace con él, con la sonrisa pícara que le dedica y la mirada más tierna y más sincera que le ha dedicado nunca.

Ese encierro obligado, con tanto estrés, ha puesto a prueba su carácter, su paciencia mutua y su amor. Sobre todo su amor. Y ella sabe que, después de esto, podrán con todo siempre que sigan juntos.

Ella se inclina para oler su ramo.

- Petunias –murmura, encantada.

Puede que no tenga buena relación con su hermana, pero esa siempre ha sido y será su flor preferida. Cosa que su marido sabe muy bien. Se enamora de él cada día cuando recuerda cada uno de sus detalles secretos. Inspira para captar su aroma y le mira.

- Feliz aniversario, amor.

James la besa, dándole igual aplastar un poco el ramo. A ella tampoco le importa.


Las dos sorpresas que preparan las aprovechan bien. Primero comen en el salón, bajo el cielo estrellado que Lily ha hechizado. Y después van al despacho, donde James se ha esmerado en su especialidad de transformaciones y lo ha convertido en una especie de carpa que…

- Se parece al jardín de tus padres –cuenta sorprendida. Le mira y ahoga una respiración-. ¿La carpa de nuestra boda?

James abre los brazos y sonríe.

- He decidido dejar de quejarme por el tiempo que pasamos encerrados y aprovecharlo…

Da una vuelta sobre sí mismo, arrastrando los pies en un gracioso paso de baile y la toma entre sus brazos, haciéndola girar. Lily suelta una carcajada.

- ¿Has aprendido a bailar?

- He aprendido a no pisarte –aclara él-. Me pareció justo como regalo de aniversario. Un baile más decente del que pude ofrecerte hace tres años.

Ella le echa las manos al cuello y le abraza con fuerza, más enamorada aún de él.

- Eres increíble.

Y la sonrisa de James podría eclipsar a cualquier patronus.

Pasan un rato abrazados, bailando, moviéndose por la habitación que parece la carpa en la que se casaron hace apenas tres años. James nunca bailará bien para el parámetro general pero ha mejorado muchísimo. Lily está impresionada.

- Has tenido que practicar muchas horas –le dice.

Él se encoge de hombros.

- Tengo mis métodos –presume con chulería.

La hace girar sobre sí misma y Lily se ríe.

- Confiesa. ¿Cómo lo has hecho?

Y James sonríe como lo hacía cuando preparaba una broma para Filch.

- Tengo un libro. Una guía muy didáctica. Me la dejó Bathilda. La autora da indicaciones y, cuando te equivocas, te grita. Ha habido días en los que no he podido ensayar porque el libro se había quedado ronco.

Lily se parte de risa. No lo puede evitar, tiene que verlo. James se lo enseña y Lily prueba algunos pasos de baile que el libro aprueba. Cuando James lo intenta, la voz que sale de la encuadernación se vuelve más exasperada.

- Es el peor caso que he tenido. Y llevo editada más de ochenta años.

Y James se ofende y trata de volver a guardarlo en la estantería pero Lily consigue que lo deje pasar. Aunque, al cabo de un rato, consiente en cerrarlo. Quiere bailar con su marido sin que el libro les dé instrucciones ni le eche la bronca a James por estar encorvado y por posar las manos mucho más debajo de lo que es su cintura.


Bailan hasta que Harry se despierta y los llama a gritos. Ahora que ha empezado a decir mamá y papá, lo hace constantemente.

Lily deja a James a cargo de recogerlo todo y va a por su hijo, que la espera con su pelo revuelto, su sonrisa eterna y pegando saltos en su cuna. Ha descansado y está nervioso y sobrexcitado así que lo lleva a la sala para que James juegue un rato con él.

Su marido es un desastre bailando y cambiando pañales, aunque intenta ambas cosas. Pero es un experto en jugar con un bebé de un año y ponerse a su altura. Pronto Harry lo superará en madurez.

Lily se escabulle para observarlos desde la distancia, con el mismo pelo rebelde, la misma risa y los mismos gestos. Se enamora de ellos dos cada vez que los ve juntos.

Siempre ha tenido el instinto maternal desarrollado pero hasta que Harry nació no entendía al cien por cien lo que su madre le dijo de que daría la vida por su hijo. Y aún se sorprende que, no solo siga tan enamorada de su marido como el primer día, sino que cada día le quiera más.

Es una tarde como las muchas que han pasado encerrados y cada vez más aislados del mundo. Ellos tres contra todo lo demás. Pero cada vez se acostumbran más. Sigue siendo igual de difícil pero, al menos, se tienen el uno al otro.

Entre los dos le bañan y ambos renuncian a ayudarle a cenar porque Harry, orgulloso, prefiere que sus padres admiren cómo puede hacerlo solo. Después, mientras Lily prepara la cena, James se lleva a Harry al salón, para intentar adormecerle. Algo inútil porque su hijo, que ya viste el pijama, interpreta cada segundo que pasa con él como una oportunidad para hacer travesuras, no para relajarse y dormir.

- ¿No tienes nada de sueño, colega? –le pregunta, sentándole a su lado en el sofá.

Harry le mira y suelta una carcajada.

- ¡Pispas! –grita señalando su varita, que está posada en la mesita a su lado.

James se recuesta contra el respalda, suspirando. Por la ventana puede ver a los niños y niñas correteando por el barrio con sus disfraces de Halloween.

- ¿Quieres que haga chispas? –Harry trata de agarrarle la varita pero él la aparta de su alcance-. ¿Y me prometes que te dormirás pronto?

Harry se ríe de nuevo.

- ¡Pispas! –grita de nuevo.

Tomándolo como un asentimiento, James agita la varita, haciendo aparecer haces de colores que el pequeño trata de atrapar. Cuando estos se apagan, Harry aplaude y pide más.

- ¿Te vas a dormir pronto? –suplica James-. Venga enano, que papá quiere quedarse a solas con mamá. Entre chicos tenemos que echarnos un cable.

Hace de nuevo las chispas y Harry trate de incorporarse para poder atraparlas.

- ¿Crees que Harry acepta chantajes? –le pregunta Lily divertida, apareciendo por la puerta.

- Tenía que intentarlo.

Su mujer se ríe y va hacia Harry, que sigue entretenido.

- Vamos amor –le dice a su hijo, cargándole-. Vamos a ver si hoy te decides a dormir en la habitación de los mayores.

- ¿Y ahora quién quiere ahora chantajearle para quedarse a solas conmigo? –pregunta James divertido, dejando la varita sobre el sofá y alborotándose el pelo.

En el umbral de la puerta, Lily se gira para mirarle.

- No cantes victoria –le advierte-. Pero estaría bien volver a tener nuestra habitación a solas, por una noche. Además, tarde o temprano Harry tiene que aprender a dormir solito.

- Prepárate. Tengo grandes planes para esta noche, pelirroja –le adelanta James con un coqueto guiño, mientras ella desaparece con su hijo, escaleras arriba.

Feliz, como hacía días que no estaba, James se relaja en el sofá y se estira, absolutamente confiado. No sabe que es la última vez que ha visto a su hijo ni que son las últimas palabras que ha compartido con el amor de su vida. No se imagina que, un segundo después, un golpe en la puerta lo cambiará todo para siempre…


¡Y se acabó! Disculpadme que no sea capaz de seguir... Sabemos lo que ocurrirá y me llena de tristeza pero no es algo que había querido incluir en esta historia. Quería un final feliz para ellos, porque es lo que se merecían...

Como veis, también aquí he tratado de incluir todas las tramas y ser fiel al original. La compañía de Bathilda, su errónea confianza en Peter, su cariño y devoción por Sirius -¿os gusta cómo he resuelto su relación con Marlene?-, su preocupación por Remus... Y el amor que se tenían.

Me pareció una casualidad triste pero posible que Harry dijera por primera vez 'papá' y 'mamá' el mismo día que los perdió. Mi ahijada también tardó en llamarlos y dijo antes otras palabras porque parecían divertirle los intentos de todos. Y Harry es muy capullete y muy trasto, como habéis visto. Tiene los genes de papá, eso es un hecho jeje. Me he enternecido imaginándolo jugar con la varita de su padre. ¿Recordáis esa escena de un bebé en los mundiales de quidditch en El Caliz de Fuego? Me robó el corazón por completo y quería imaginar algo así.

En cuanto a James y a Lily... Su tercer aniversario y el último de todos. Se me parte el corazón... Pero me encantó la idea de James usando su habilidad en transformaciones para transformar el despacho en su carpa de boda y haber intentado aprender a bailar. Algo muy Potter la torpeza a bailar jeje.

Gracias a todos los que me habéis acompañado durante todo el proceso de elaboración del fic. Ha sido satisfactorio aunque justo me haya pillado con la rehabilitación y la salud fastidiada. Espero que lo hayáis disfrutado.

Es un recordatorio de que Harry tuvo una familia, que James y Lily fueron un matrimonio y una pareja compenetrada y no solo los padres, los amigos o los amores. Otro homenaje para ellas. Gracias por acompañarme en el proceso.

Eva.