Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
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Capítulo 5
Paulette besó la mejilla de Edward antes de bajar del auto, Carmen junto a ella sostuvo su mano y caminaron a la casa de Rosalie, hoy era el día en que se probaría su vestido y aunque estaba emocionada por usar un bonito y extravagante vestido, no le apetecía pasar el día lejos de sus papis y hermano.
Aunque le consolaba saber que Cristopher estaría muy aburrido en el trabajo de su mami, no le gustaba ese lugar, todos eran muy serios, además aún recordaba la última vez que estuvo en la oficina, en donde tuvo que estar todo el tiempo sentada en el sofá mientras su mami trabajaba, sin permitírsele hacer otra cosa más que hablar en susurros con su muñeca.
Prefería un millón de veces la oficina de su papi. Ahí era divertido y su papi siempre la mantenía sentada sobre sus rodillas mientras él trabajaba.
Pero ahora debía probarse el vestido que Rosalie había escogido para ella, esperaba que fuera rosa, su mami y Carmen le habían advertido que no podía hacer malas caras, aunque no le gustara el vestido, debía quedarse calladita y dejar que Rosalie escogiera, no le gustaba esa idea, pero no tenía opción.
Zack abrió la puerta y después de abrazarla las dejó entrar, era diferente visitar la casa de su tía ahora, antes, cuando Alice y Jasper le dejaban por las tardes y/o noches, le gustaba jugar con sus primos, correr por todos lados y dormir calentita junto a ellos, antes la casa de Rosalie y Emmett era un refugio seguro, en donde no tendría miedo de los tipos que intentaban abrir la puerta de la habitación en donde Alice la encerraba cuando Jasper y sus amigos apestosos llegaban.
Ahora todo era muy diferente, sabía a la perfección que cuando saliera de esa casa, iría a un lugar seguro junto a sus papis que la llenarían de besos, y junto a su hermano que aceptaría abrazarla a ella y a su muñeca cuando tuviera miedo.
Mismo hermano que a veces la desesperaba y hacía enojar, aún no entendía por qué seguía negándose a ayudarla a tener un hermanito, estaba segurísima de que, si ambos se lo pedían a sus papis, terminarían aceptando y por fin tendría un hermanito.
Quería hermanito, no hermanita, ella era la única princesa de la casa.
—Hola, mi niña, ven y saluda a tus abuelitas.
Paulette sonrió y caminó hacia Helen que le esperaba con los brazos abiertos, besó y abrazó a Helen y Esme, esta última la retuvo un poco más de tiempo, amaba a sus abuelas por igual, pero a veces sentía que Esme la atosigaba más de lo normal, creía que se debía a que Cristopher no dejaba que lo apretujaran.
Había escuchado "accidentalmente" a su abue Esme gritarle a su papi porque Cristopher no tenía ninguna relación con ella, no la abrazaba ni hablaba con ella como con Holly. Su papi había dicho que solo tenía un poco de celos… y que no escuchara conversaciones de adultos.
—¿Y Cristopher, cielo? —La pregunta de Esme la hizo dejar sus pensamientos de lado.
—No quiso venir y mami se lo llevó a la oficina con ella, ya que la señorita Carmen me acompañaría a mí.
No estaba muy segura de que sus abuelitas le creyeran, sus asentimientos con la cabeza no eran lo que ella llamaría sinceros, pero recordando las palabras de su mami, prefirió no decir nada.
—Una oficina no es lugar para un niño —habló Helen bufando—, pero claro, Isabella no deja a ese niño ni a sol ni a sombra.
—Es su hijo y es entendible que el niño no quiera estar presente en la prueba de los vestidos —respondió Esme silenciando lo que Paulette iba a decir—. Además, tengo entendido que la oficina es muy cómoda, lo más seguro es que Cristopher esté pasándola muy bien siendo atendido por las secretarias de Bella.
—La oficina es muy grande, abuelita —intervino Paulette intentando que no la dejaran fuera de la conversación, estaban hablando de su mami y hermano, no podía quedarse callada—, aunque no me gusta el jefe de mi mami, da algo de miedo, parece un vampiro.
—¿Y entonces por qué llevó a Cristopher?
—No lo sé.
—Isabella tiene cierta fascinación por el niño —habló Rosalie apareciendo con una caja en las manos, Paulette pensó que se trataba de su vestido—, no me quejo de él, realmente es muy mono y un encanto si ignoras lo maleducado y contestón que puede llegar a ser.
—Solo necesita mucha atención —habló Esme—, después de estar tanto tiempo apartado es normal que sea un poco arisco.
—Lo entiendo —prosiguió Helen ignorando las mejillas infladas de Paulette, claro ejemplo de que estaba molesta—, pero creo que es momento de dejar de repetir cada cinco minutos lo mucho que lo extrañaron, yo lo sé, ustedes lo saben, el niño lo sabe, no entiendo por qué la necesidad de repetirlo a cada momento, no creo que eso solucione nada.
—Tal vez sea porque Cristopher es un poco inseguro, mi hijo solo está haciendo lo que cree que es conveniente —intervino Esme—, quieren recordarle que, a pesar de todo el tiempo, siempre lo quisieron e hicieron lo imposible para recuperarlo.
—Claro y ahora que lo tienen se olvidan de otra personita que se quedaron para ellos solos —murmuró Helen, Paulette frunció el ceño sin entender de lo que estaban hablando, simplemente aceptó que sus abuelitas hablarían y la ignorarían, era lo que siempre hacían, pero ahora realmente le molestaba—, y ahora parece que pasó a segundo plano.
—Aunque me duele decirlo, creo que tienes razón —continuó Esme, suspirando—, ahora parece que todo gira alrededor de Cristopher, entiendo que necesitan ganarse su confianza, pero…
—Pero están dejando a nuestra pobre niña de lado, no creo que sea lo mejor que, de un día para otro, le digan a Paulette que tiene que vivir junto a otro niño al cual le tiene que aguantar sus berrinches.
Paulette estaba molesta, no le gustaba lo que decían de su hermano ni de sus papis, amaba a Cristopher, y sus papis los amaban mucho a los dos, pero ahora sentía su corazón doler, ¿era verdad lo que ellas decían?
¿Su mami y papi preferían a Cristopher?
¿Por eso su mami se había llevado a Cristopher a la oficina sin quejas?
Su mente daba mil vueltas y no le gustaba ninguno de sus pensamientos, detestaba escucharlas, quería irse.
—Realmente espero que recapaciten y se den cuenta de su error —prosiguió Helen—, que lo manden al psicólogo y arregle sus problemas, pero ¿nos escucharán?, claro que no, ellos siempre deben tener la razón en todo, por más estúpido que sea.
El carraspeo de Carmen fue un suspiro de alivio para Paulette, la pálida mano de Carmen sobre su hombro era un excelente salvavidas en ese momento en donde sentía sus ojos picar.
—Paulette necesita ir al baño, ¿puede decirme dónde está su sanitario?
—Paulette sabe dónde está —respondió Rosalie restándole importancia—, que sea rápido porque necesitamos probarte el vestido para arreglarlo a tu medida.
Paulette agradeció que las tres siguieran con su parloteo y no prestaran atención a sus mejillas humedecidas, ni siquiera entendía por qué estaba llorando, o por qué Carmen la abrazó y consoló cuando entraron al baño.
De lo único que estaba segura era que quería regresar a casa y olvidarse del estúpido vestido.
…
Bella acomodaba papeles en el archivero detrás de su escritorio, Cristopher jugaba con sus legos en la mesita que estaba en la esquina, demasiado concentrado como para darse cuenta de que Bella estuvo los últimos cinco minutos sexteando con Edward.
La puerta se abrió sobresaltando a los dos, Bella rogó porque el rubor de sus mejillas no evidenciara sus malos pensamientos para cierta parte de la anatomía de su Edward, esperaba que él también estuviera en problemas, no era justo que solo ella sufriera las consecuencias de estar caliente.
Sabía que debía controlarse después de perder la cita con el médico, pero era simplemente imposible.
—Me has asustado —aseguró cerrando el archivero—, ¿qué haces aquí tan temprano?
Observó la sonrisa socarrona de Alec mientras entraba a la oficina y cerraba la puerta detrás de él, sabía que iba a alardear sobre el sonrojo de sus mejillas e intentaría como siempre que aceptara ir a comer con él después de la reunión, pero, en lugar de pronunciar palabra, se quedó congelado al ver a su Patito en el sofá, que lo miraba con el ceño fruncido y aún con los legos en sus manos.
—B, no sé si te has dado cuenta, pero hay un niño en tu oficina.
Fue simplemente normal la reacción de Cristopher, Bella sostuvo su pequeña mano cuando llegó junto a ella, recordaba las palabras que Edward intercambió con Cristopher, sus dos hombres eran unos celosos. Edward había superado los celos hacia Alec después de que se diera cuenta de que era un inofensivo y pretencioso coqueto, pero por el momento, observaría plenamente los momentos de posesividad de Patito.
Había aprendido algo en los últimos meses, Patito la consideraba completamente suya, solo la compartía limitadamente con Paulette y Edward, y ciertamente no sabía si eso debía preocuparle o era solo una faceta.
Culpaba por completo a Edward que lo incitaba a sus arranques posesivos, de tal palo tal astilla.
—Él es Cristopher, mi hijo.
—¿Hijo? —preguntó confundido—. ¿Por cuánto tiempo me fui?
Bella sonrió apretando el cuerpo de Patito contra su cadera, sonrió al sentir la regordeta manito aferrarse a su cadera.
—¿Es él? —preguntó Alec llamando su atención
—Sí, es él —respondió Bella.
—Me alegra que esté con ustedes.
—A nosotros también —susurró sonriéndole a Cris que respondió la sonrisa sin dudarlo.
El carraspeo incómodo de Alec le recordó que no era el momento ni el lugar para ver a su Patito como el niñito más hermoso sobre la faz de la Tierra… a pesar de que lo era.
—Bueno —habló Alec rascándose la nuca, incómodo—, tenemos asuntos que resolver, mi padre acaba de llegar y quiere que revisemos ciertos puntos antes de la junta.
—De acuerdo.
—¿Lista para enfrentar la furia de mi adorado tío?, no será fácil, incluso si todos votan a favor, él seguirá molesto.
—Siempre estoy lista, Alec —sonrió sarcástica—, parece que eres tú el que tiene miedo.
—Contigo de mi lado, no lo tengo —sonrió caminando a la puerta—. Te esperamos en la sala de juntas uno.
Bella asintió y esperó a que saliera de la oficina para girarse y ver a Cristopher que le esperaba pacientemente, lo conocía lo suficiente para saber que esa carita de no rompo ni un plato, era completamente falsa.
...
—Cariño, necesito que te quedes aquí con Tanya, yo iré a atender unos asuntos y no puedes estar presente.
—¿Por qué?
—Porque son asuntos de suma importancia y solo ciertas personas pueden tener conocimiento de la información, por eso no puedes acompañarme.
—¿Él te va a acompañar? —preguntó cruzándose de brazos.
—Estará presente.
—¿Pero te va a acompañar a ti?
—No, él debe estar presente porque es un miembro importante de la empresa, no va a acompañarme particularmente a mí.
Cristopher lo pensó por un minuto, si iba a una reunión importante quería decir que habría más gente y por ende no estarían ambos solos, además de que Bella regresaría por él inmediatamente.
—Está bien, aquí te espero.
Cristopher aceptó el beso que Bella le dio en su mejilla sin importar que quedara marcado con el labial rojo carmesí que usaba, el mismo que Edward tenía en los labios y la mayor parte de su rostro por la mañana cuando él y Paulette los encontraron en la cocina siendo demasiado cariñosos.
—Pórtate bien y te amo.
—¿Cuánto?
—Con todo mi corazón.
—¿Y a Pau?
—También la amo, hay espacio suficiente para ustedes dos en mi corazón.
—¿También hay lugar para Edward?
—Por supuesto, Edward y tú son los dos hombres que amo con todo mi corazón.
—Me parece bien —asintió Cristopher sentándose en la enorme silla de Bella.
—Pórtate bien —le recordó tomando la carpeta del escritorio—, si necesitas algo puedes pedírselo a Tanya, ella estará afuera.
Cristopher asintió viendo como Bella salía de la oficina, estaba él solo en la enorme oficina, nunca le gustó estar en lugares demasiado grandes que lo hacían sentir más pequeño de lo que era, detestaba el silencio y la soledad, pero por primera vez ningún sentimiento de tristeza o enojo lo invadía.
—¿Quieres que te traiga algunas golosinas, cariño? —preguntó Tanya desde la puerta—. La cafetería tiene postre de manzana.
—Me gusta el prostre de manzana.
—Haré que te lo traigan enseguida, cariño.
Cristopher sonrió y se recargó contra el respaldo de la silla.
Lo único que sentía era comodidad y le gustaba la sensación, por primera vez no tuvo miedo de que lo dejaran solo nuevamente.
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Paulette intentaba con todas sus fuerzas no fruncir el ceño al vestido, le gustaba el color lila, los volados y las mariposas en la falda, también el enorme listón que iba en su espalda. Estaba segura de que se veía linda, pero algo no le gustaba.
No sabía lo que era, pero no se atrevió a decir nada, la señorita Carmen la veía desde el espejo advirtiéndole que no protestara, tía Rose acomodaba el dobladillo del vestido mientras que la abuela Helen bordaba algo en su asiento y la abuela Esme ayudaba a Alex con su traje.
—Estás hermosa, Pau —habló Rose poniéndose de pie—, me recuerdas tanto a tu madre.
—Idéntica —habló Helen—, el cabello y los ojos azules son idénticos a Jasper, pero eres una pequeña hada igual que mi Alice.
—Estarás hermosa ese día —prosiguió Rosalie—, solo espero que Isabella logre llegar a tiempo.
—Mami siempre llega a tiempo.
Las tres mujeres ignoraron su respuesta y siguieron hablando entre ellas.
—Tendré que decirle a Isabella que ni siquiera se le ocurra usar un vestido parecido al de Paulette ni ponerle al niño alguna corbata combinada con el vestido.
—¿Por qué no, tía Rose? —preguntó Paulette luchando por mantener el equilibrio—. Me gusta cuando mami se viste como yo, a Cris también le parece divertido.
—Creo que le falta más brillo, a Alice le gustaba el brillo —habló Esme—, y Paulette debe brillar como la estrella que es.
—Tienes toda la razón —prosiguió Rosalie tomando sus alfileres—, te quedó un poco ancho del hombro, no te muevas o te pincharé.
Paulette suspiró y siguió viéndose al espejo mientras que la arreglaban, quería ir a casa y comer helado mientras usaba su pijama.
…
Cristopher estaba de brazos cruzados en la silla de Bella, era enorme y muy cómoda, además podía dar vueltas, había estado los últimos cinco minutos dando vueltas sin parar hasta que tiró accidentalmente un folder, su cabeza aún daba vueltas, y se sentía un poco mareado, no había sido su mejor idea.
Por suerte el vaso con jugo que le había traído Tanya no lo había tirado o estaría en grandes problemas.
Sonrió al ver que la puerta se abría, pero frunció el ceño cuando no fue Bella quien entró, sino el hombre que se llevó a Bella a esa reunión tan importante.
—¿Quién eres tú? —preguntó cruzándose de brazos y recargándose en el respaldo de la silla, le gustaba, le pediría a Bella una igual para su habitación.
—Alec Vulturi —respondió el hombre cerrando la puerta detrás de él—, gusto en conocerte.
—¿Eres el jefe de Bella? —preguntó al ver que se sentaba frente a él, sentía sus piernas temblar, no estaba acostumbrado a hablar con muchos adultos.
—Prefiero el término compañero de trabajo de tu madre —sonrió recargándose contra el ordenado escritorio—. ¿Tú eres el pequeño Cristopher Cullen?
—Así es, ¿cómo sabes mi nombre?
—Porque Bella me lo dijo cuando puso tu fotografía en su escritorio años atrás —aseguró señalando el portarretratos en donde un Cristopher todavía bebé estaba sonriendo a la cámara, sentado en un sofá blanco abrazando a Pato—, ella no paró de hablar de ti ese día.
—¿Te contó de mí?
—Eres su tema favorito —aseguró recargándose contra el respaldo de la silla—, estoy de acuerdo en que te pareces mucho a ella.
—Es mi Bella —declaró y se encogió de hombros.
—Claro que lo es —sonrió enderezándose en la silla—. ¿Te apetece comer algo? Puedo pedirle a Tanya que te traiga un emparedado o podemos ir a algún restaurante, me encanta McDonald's y ¿a ti?
Cristopher lo pensó por un minuto, le gustaba mucho McDonald's, era su lugar favorito, aunque a Bella no le agradara y abue Holly se quejara de las calorías, ninguna de ellas ponía algún pero para comprarle una Cajita Feliz a él y a Paulette, pero ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que comió en McDonald's, bien podía ir con Alec.
Le gustaba, era agradable y simpático y sabía que Bella era de él, no como esa Katy que no entendía que Edward era suyo.
—Me gusta mucho McDonald's, pero Bella dijo que comeríamos china, solo ella y yo.
Podía gustarle Alec, pero no lo quería junto a Bella, así de simple.
—Entiendo, tal vez otro día podamos salir a comer, puedo invitarte una Cajita Feliz.
—Tal vez.
Cristopher le sonrió inocentemente a Alec, podía ser aún pequeño, y según Bella y abue Holly era muy tierno cuando fruncía el ceño y se cruzaba de brazos, pero aun así esperaba dejarle claro a Alec que no quería a nadie cerca de su Bella.
Debía cuidarla para que nunca lo dejara y lo amara para siempre, tal y como Edward lo había prometido.
—Esperaré tu respuesta —asintió abriendo su saco y sacando un paquete de tarjetas—. ¿Te gustaría jugar cartas? Puedo enseñarte si no sabes.
...
Diez minutos después, Bella entró a la oficina observando el montoncito de billetes de un dólar junto a Cristopher.
—¿Qué pasa aquí?
—Presiento que tu hijo acaba de estafarme —respondió Alec después de que Cristopher volviera a ganar el juego—. Dijiste que no sabías jugar, amigo.
—Suerte de principiante.
Bella suspiró y caminó a su escritorio en donde Cristopher ordenaba la apuesta ganada, era sorprendente como su niñito que apenas medía poco más de un metro, le podía ganar a un hombre de treinta y pico.
—¿Te invito un helado, Bella? —preguntó Cris acomodando los dólares ganados y guardándolos en el bolsillo trasero de sus jeans.
—Me encantaría, cielo.
Bella observó a Alec reír incrédulo, ¿quién pensaría que un niño de casi nueve años le ganaría casi cien dólares y una cita con ella?, no sabía si sentir pena por Alec o no.
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Más tarde ese día, los cuatro cenaban amenamente en la mesa.
Cristopher hablaba de lo divertido que había sido estar en la oficina, todo el jugo y soda que tomó solo pidiéndoselo a Tanya, de los cien dólares que le ganó a Alec y de lo mucho que le gustaba la comida china.
—¿Hiciste trampa? —preguntó Bella.
—No, solo me ayudé un poco con una carta extra —respondió sonriendo—, además él no dejaba de insistir en que lo invitara a comer con nosotros y eso no iba a pasar.
—Cris tiene un punto —acordó Edward—, además, es bueno un poco de sana competencia.
Bella rodó los ojos y se giró para ver a Paulette que comía silenciosamente.
—¿Cómo estuvo tu prueba de vestido? ¿Te ha gustado?
—Estuvo bien.
—Mmm… ¿Ocurre algo, bonita?, estás un poquito decaída, ¿te sientes bien?
—Estoy bien.
—¿Segura? ¿Has necesitado el inhalador durante el día?
—No.
—¿Segura?, llamaré a Carmen.
—Estoy bien, mami.
—¿Entonces por qué esa cara tan larga?
—¡Ya te dije que estoy bien!
Paulette aventó el tenedor y, levantándose de la silla, corrió fuera de la habitación, dejando a los tres estupefactos por su reacción, no era normal ese actuar en Paulette, Bella fue detrás de ella inmediatamente.
...
—¿Por qué se enojó? —preguntó Cris comiendo sus zanahorias—. ¿Está en sus días?
—¿Qué clase de pregunta es esa?
—No lo sé, abue Holly dijo que tú y Bella se ponen de mal humor cuando Bella está en sus días, en donde todo le molesta y no te deja entrar a su lugar feliz, ¿dónde es el lugar feliz de Bella?
—¿Qué hemos hablado de escuchar conversaciones atrás de la puerta?
—En mi defensa, no había puerta, y abue Holly lo dijo al teléfono mientras yo jugaba en la Xbox.
—Pues para la próxima usa los audífonos que me pediste e ignora a la abue Holly.
—De acuerdo —asintió pensativo—, pero… ¿dónde es su lugar feliz? ¿Es divertido?
—Cuando seas grande te avergonzaré con estas preguntas, campeón —se rio negando con la cabeza ante la confusión de Cristopher—, es un lugar que solamente mamá y papá conocen.
—¿Lo conoceré cuando sea también un papá?
—Lo más seguro —aceptó Edward intentando mantenerse controlado, no todos los días Cristopher aceptaba sencillamente que él era su padre.
—Edward...
—¿Sí?
—¿Por qué las mujeres están en sus días? ¿Yo puedo tener días?
—En unos años te lo responderé, ahora come o no habrá postre.
—Está bien, pero no olvidaré esta conversación.
—Yo tampoco, campeón, yo tampoco.
…
Bella entró a la habitación, encontrando a Paulette deshaciendo la cama hasta cubrirse completamente con las mantas y almohadones, los peluches habían terminado en el suelo, incluso su nueva muñeca estaba a los pies de la cama esperando a que Paulette terminara de hacer su desastre.
—Pau…
—No quiero verte, vete.
—Pero si no me estás viendo, cariño —habló Bella sentándose en la cama—. ¿Qué es lo que pasa, cariño? ¿Qué es lo que te puso de malas?
—No te interesa.
—Claro que lo hace, por eso estoy aquí, no quiero que mi bonita Paulette esté enojada o triste, dime qué pasa, corazón.
—Te importa más Cristopher que yo.
—¿Qué?
—Lo prefieres a él que a mí, él se divierte contigo en la oficina, no le regañas por levantarse del sofá, él puede apretar los botones del ascensor y yo no, él puede pasar toda la tarde contigo y yo no.
—¿Estás enojada porque Cris fue a la oficina conmigo y tú no?
—No, estoy enojada porque la abuela Helen tiene razón.
—¿En qué tiene razón?
—Tú no me querías, nunca lo hiciste, les obligaron a estar conmigo y a Cristopher siempre lo quisieron con ustedes porque lo quieren más que a mí.
—Eso no es cierto.
—Claro que sí, todo se trata de Cristopher ahora, yo no les importo.
—Eso no es cierto.
—Claro que lo es, siempre es Cristopher, lo quieren más que a mí.
—Cariño...
—Desde que llegó a casa todo se trata de él, a él siempre lo quisieron y a mí no.
—Eso no es cierto.
—Claro que sí —protestó haciéndose una bolita bajo las mantas—, lo aman más a él.
Bella suspiró, no le gustaba nada esta situación, su pequeñita estaba sufriendo.
—A los dos los amamos por igual, cielo —susurró acariciando lo que creía era su espalda.
—No te creo —protestó—, siempre hablas de cuánto extrañaste a Cris, él era tu patito, yo no, quisiste tenerlo desde el principio y siempre lo amaste, a mí no porque mis papás son Alice y Jasper y por su culpa Cris no estuvo contigo.
—Lo que hicieron ellos no tiene nada que ver con el amor que siento por ti —respondió intentando quitar las mantas, pero ya que Paulette se había envuelto como un burrito fue imposible hacerlo—, te he amado desde la primera vez que te vi.
—No te creo.
Los sollozos de Paulette le partían el corazón. Sé acomodó más cerca del bultito de su preciosa niña.
—¿Te digo un secreto?
—No quiero escucharte —susurró Paulette.
—Te lo diré de todos modos —respondió escuchando el bufido fastidiado de Paulette—. La primera vez que te vi, eras muy chiquita, una miniatura en la enorme incubadora en donde dormías, las enfermeras dijeron que eras muy débil, apenas si podías moverte, recuerdo perfectamente ese día, solo vestías un pañalito que era enorme y un gorrito rosa, eras una bebita preciosa, fue en ese momento que supe que te amaría toda mi vida, nunca pensé que mi corazón podía acelerarse tan rápido como lo hizo ese día.
El movimiento de las sábanas le aseguró que Paulette escuchaba perfectamente sus palabras.
»Metí mi mano a la incubadora, las enfermeras dijeron que tú sentirías mi toque, sin embargo era improbable que reaccionaras, pero sabes qué pasó…
—¿Qué?
—Apretaste mi dedo meñique, fue suave, pero lo hiciste, las enfermeras me dijeron que estaba loca, pero yo sabía que lo habías hecho, eras una niña muy fuerte y valiente, estaba cien por ciento segura de que mi pequeña Paulette saldría de esa incubadora e iría a casa conmigo.
—¿En serio?
—Por supuesto, fue el momento más feliz de mi vida.
—¿El más feliz? —preguntó saliendo de su escondite.
—El más feliz, estar contigo junto a la incubadora era el motivo porque el que deseaba salir del trabajo, quería pasar cada minuto de mi tiempo contigo —aseguró acariciando su sonrojada mejilla—. El día en que te conocí y el día en que conocí a Cristopher siempre estarán marcados en mi corazón, ambos son especiales para mí, no los llevé en la barriga, pero mi amor por ustedes nació desde el corazón y eso nunca nadie lo podrá cambiar.
—¿Lo prometes?
—Te lo juro —le sonrió antes de atraerla a sus brazos—. Mi amor por ustedes es diferente, pero al mismo tiempo igual.
—¿Por qué?
—Porque ambos son diferentes, cuando eran bebés, mientras Cristopher era un niño tímido, tú eras pura sonrisa, ahora mientras Cristopher es callado, tú eres explosiva y espontánea, los amo por esas diferencias. Tal vez te parezca que le ponemos mucha atención a Cristopher, pero es porque estuvo mucho tiempo lejos de nosotros, y al igual que tú, tiene miedo.
—¿De las tormentas?
—Es un miedo muy diferente al de las tormentas —aseguró besándole la mejilla—, tiene miedo de que un día despierte y esté lejos de nosotros, perderte como su hermana.
—No quiero que se vaya, yo lo quiero mucho, me gusta que sea mi hermano mayor.
—Él también te quiere mucho, y por esa razón papi y yo hacemos todo lo posible para que se sienta amado y deje de tener miedo, para que confíe en que nunca se tendrá que ir de nuestro lado.
Paulette asintió y girando se abrazó a su cuerpo.
—Te amo, mami.
—Yo te amo a ti, y nunca debes dudarlo.
Paulette asintió y se acurrucó contra el pecho de ella antes de que Edward entrara a la habitación y le repitiera las mismas palabras que ella acababa de decirle, ambos la amaban y nunca debía pensar lo contrario.
Cuando Cristopher abrió la puerta con la correa de Butterfly, Paulette saltó de la cama y corrió a quitarle la correa de las manos
—Es mi turno.
—Es mío, tú la paseaste ayer, ahora me toca a mí.
—Es mía, puedo pasearla todas las veces que quiera.
—Eso es trampa.
—No me importa, Santa me la regaló a mí, tú pídele a Santa un perrito.
—Lo haré, y será mejor que el tuyo, pero por ahora me toca tener la correa.
—No es cierto, es mi turno.
Edward se levantó de la cama y fue a detener la disputa entre ambos, después de todo, como padre podía decidir que era su condenado turno de tener la correa de Butterfly.
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Tanya apuntaba rápidamente los recados que Bella le dictaba, solo se iba a ausentar dos horas como máximo, pero tenía una junta programada con Alec y quería que todo estuviera listo para antes de que la hora llegara.
El conocido tono de llamada entrante detuvo a Bella de seguir hablando, observó que se trataba del número del colegio de los niños, dos semanas de paz y tranquilidad era mucho que pedir.
—Isabella Cullen —habló al responder.
Las reacciones de Bella al escuchar lo que su precioso niño había hecho en el colegio, hicieron que Tanya se inclinara levemente para intentar escuchar lo que la secretaria del colegio decía, era sorprendente cómo su niñito posesivo y mimado podía ser capaz de tremenda travesura.
Estaba preocupada, sorprendida y bastante molesta, ni siquiera sabía qué cara daría al colegio, ella que siempre tenía todo bajo control, ahora solo quería esconderse en el más recóndito de los agujeros.
—Voy para allá —suspiró Bella terminando la llamada.
—¿Necesita que le ayude en algo?
—Puedes avisarle a Alec que me surgió un problema en el colegio de los niños, llamaré si no puedo regresar para la junta.
—Claro, ¿ellos están bien?
—Sí, solo... —suspirando tomó su bolso y chaqueta— Cristopher ha dejado escapar a la serpiente del laboratorio.
¡Hola!
Cristopher defendiendo su territorio, parece que si le gusta Alec mientras entienda que no puede acercarse tanto a Bella jajajaja.
Y Paulette y sus inseguridades, ¿Solo se debe a lo que Helen, Esme y Rosalie dijeron o es por algo más? Estoy preparada para escucharlas.
Esa llamada telefónica no creo que pronostique cosas buenas para Cris ¿Que creen que lo motivará?
Yanina, eres la mejor, gracias por la revisión y ayuda con el capítulo.
Déjenme sus comentarios, opiniones, críticas, teorías o lo que quieran compartir conmigo en un review.
