Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)

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Capítulo 6

Cristopher movía sus piernas nerviosamente, observando como Liam jugaba con uno de los botones de su camisa. Ambos esperaban pacientemente en la recepción de la oficina de la directora, los dos correctamente peinados con sus respectivas corbatas de nudo perfecto en sus cuellos y su impecable camisa fajada en los pantalones, parecían unos niños bien portados que no rompían ni un plato, nadie podría imaginarse que fueron los autores de tremendo caos en el laboratorio.

El profesor solo se había descuidado un minuto, solo un minuto en lo que llamaba al encargado para avisar que el proyector no funcionaba correctamente.

Tan solo bastó un minuto para que la tranquila clase de laboratorio, en donde les enseñarían las partes del cuerpo de una rana, pasara a ser un salón lleno de gritos asustados, niños arriba de las bancas, una serpiente arrastrándose en el suelo y ratoncillos blancos corriendo intentando no ser devorados.

—¿Crees que nos expulsen? —preguntó Liam llamando su atención.

—No lo sé —se encogió de hombros—, recuerda decir que el tonto de Tyler tuvo toda la culpa.

—¿Crees que nos crean?

—Espero que sí, o al menos nuestro castigo no será tan malo.

—Espero que tengas razón.

La madre de Liam fue la primera en llegar, a diferencia de Bella que siempre estaba vestida con faldas entubadas y blusas de seda, la madre de Liam vestía más casual, de hecho, parecía que acababa de salir del gimnasio en lugar de estar en el trabajo.

Cada vez que Bella iba al gimnasio que estaba en casa, Edward siempre la acompañaba y terminaba cerrando la puerta y prohibiéndoles que entraran, cuando salían ambos estaban sudados, agitados y muy despeinados.

—¿Están bien, niños? —preguntó la mujer parándose enfrente de ellos—. ¿Qué pasó, cielo?

—Fue un accidente, mami —respondió Liam sonrojándose.

Cristopher asintió rápidamente haciendo que la mujer suspirara y se dirigiera a la secretaria, quien la hizo pasar con la directora, Liam le acompañó, dejando a Cristopher solo esperando a sus padres.

Diez minutos después, Liam y su madre salieron de la oficina, Liam tenía los ojos rojos mientras su madre tenía el ceño fruncido, algo le decía que, si su madre lo había reprendido, él estaría en serios problemas.

—Cuando conseguiste un amigo, pensé que ambos compartirían las galletas que preparo y guardo todos los días en tu lonchera y que jugarían por horas en la consola, no que terminarían dejando libre a una serpiente —protestó su madre buscando en su bolso—. Tu padre sabrá de esto, muchachito, no esperes que interceda ante el castigo que te pondrá.

—Está bien, mami… Adiós, Cris.

—Adiós.

Cristopher suspiró al quedarse solo con la secretaria que escribía en su computador.

¿Dónde estaban Bella y Edward?

¿Por qué tardaban tanto?

Edward fue el primero en llegar, nunca le había dado tanto miedo Edward como en ese momento, pensó que si Bella hubiera estado ahí primero, ella podría calmarlo dándole un beso o jalándolo de su corbata hasta acercarlo a su rostro, Edward siempre sonreía cuando Bella hacía eso.

Pero ahora solo estaba él, enfrentando el enojo de Edward.

—¿Y Bella?

—Está atascada en el tráfico —respondió cruzándose de brazos—. ¿Por qué lo hiciste? Quiero que me digas la verdad, estarás en menos problemas si eres tú quien me dice lo que ha ocurrido y no la directora.

—Fue un accidente.

—Necesito más que eso, Cristopher.

—Fue un accidente —repitió poniéndose de pie—, no fue mi intención hacerlo, solo pasó.

La secretaria los hizo pasar a la oficina, Edward sostuvo su mano suavemente y le ayudó con la mochila, lo trataba igual que siempre, entonces no estaba furioso.

La oficina de la directora era grande, con muchos diplomas en las paredes, grandes estanterías llenas de libros y reconocimientos con su nombre, fotografías y cientos de cosas más, su escritorio era enorme y tenía muchos papeles encima. Normalmente la directora era una mujer que sonreía mucho y siempre le hablaba con cariño a todos los niños, pero ahora estaba seria.

¿Por qué todos estaban tan enojados?

Solo era una travesura pequeña, además se arrepentía y no lo volvería a hacer.

—Gracias por venir inmediatamente, señor Cullen, lamento que esta reunión se deba a tan malos asuntos.

—¿Qué hizo Cristopher exactamente?

—Creo que una imagen dice más que mil palabras —respondió la directora dando clic con el mouse del computador al video en pausa que estaba reproduciéndose.

Edward observó el video que la directora reprodujo en el computador, era el salón de clase, los niños estaban atentos sentados en sus lugares mientras el profesor batallaba con el proyector, Cristopher cerró los ojos cuando la imagen del profesor saliendo del salón apareció, sabía perfectamente lo que había ocurrido a continuación.

Tyler se levantó de su asiento y caminó hasta su mesa en donde tiró sus libretas y lapiceros.

Cristopher se puso de pie y comenzó a discutir, Tyler era una cabeza más alto que él, pero eso no lo amedrentó. Tyler colocó sus manos en sus caderas y comenzó a burlarse, no se podía escuchar las palabras que decía, pero solo bastaba con ver la mirada de superioridad y los puños de Cristopher para saber que no iba a ocurrir nada bueno.

Tyler se alejó riéndose, todos los niños cuchicheaban, Liam jaló el saco de Cristopher para volver a su asiento, pero éste se negó y caminó directo a la vitrina en donde la serpiente descansaba, abrió la tapa y sin ningún arrepentimiento sacó la pequeña víbora de veinte centímetros, con paso firme la acercó a Tyler, que al verla gritó y comenzó a llorar.

Tyler se arrastraba por el suelo intentando alejarse de la serpiente, sin embargo Cristopher no lo dejaba en paz, pero de un momento a otro Cristopher tropezó con una de las mochilas de las niñas que reían ante el llanto de Tyler y soltó la serpiente causando que el otro niño se orinara en los pantalones y los demás niños y niñas se subieran a los pupitres y comenzaran a gritar.

—Entendemos que Cristopher quiso defenderse de Tyler —habló la directora congelando la imagen—, pero no es la forma de hacerlo. La serpiente no es venenosa, de hecho, es bastante inofensiva, pero ya que todos estaban asustados, Liam tiró la jaula con los ratoncillos blancos para intentar que la serpiente se distrajera casándolos. El profesor entró y logró calmar la situación, pero el daño ya estaba hecho.

—¿Qué tienes que decir al respecto, Cristopher? —inquirió Edward.

—Iba a regresarla a su lugar, solo quería que Tyler dejara de molestarnos.

—Liam no me ha querido decir qué fue lo que Tyler te dijo —habló la directora de manera suave—. ¿Qué fue, corazón?

—No tiene importancia.

—Cristopher…

Pero él no habló, sin importar que la directora y Edward esperaran su respuesta que lo liberaría del castigo, él no se las dio, no quería dárselas y no había nadie que pudiera convencerlo.

—Todos los niños se niegan a repetir las palabras de Tyler —habló la directora después de aceptar que él no diría nada—, sin pruebas que lo defiendan, no hay otra opción más que suspenderlo por lo que resta de la semana.

—Pero es martes —protestó Cristopher—, y mañana es miércoles de tacos en la cafetería.

—Pues lo siento, pero no vendrás al colegio —le respondió la directora y después miró a Edward—. Los deberes que tendrá que entregar se los enviaremos al correo electrónico que nos han proporcionado.

Edward asintió observando a Cristopher de reojo, estaba condenadamente furioso, seguro quería zarandearlo hasta que le dijera qué era lo que ese niño le había dicho que lo había puesto tan de malas.

—Ese niño, Tyler, ¿recibirá un castigo por acosar a mi hijo?

—Por supuesto, señor Cullen, esta institución no aprueba ningún tipo de bullying y aunque Cristopher lo atormentó con la serpiente, los niños de la clase se han puesto a su favor, relatando cada una de las travesuras que Tyler les ha hecho.

—De acuerdo —dijo y se puso de pie—. Lamento mucho el caos que mi hijo ha hecho, prometo que no volverá a ocurrir

—Eso espero, señor Cullen, yo entiendo que aún es un niño pequeño y quiso atormentar al niño que lo acosaba, pero debe entender que esta es la única advertencia que recibirá, por hoy puede llevárselo a casa.

—Claro, señora directora.

Cristopher no protestó cuando Edward tomó su mano y lo sacó de la oficina de la directora, tampoco pronunció palabra cuando tuvo que correr para seguirle el paso, ni mucho menos cuando al subir al auto, no se ofreció a ayudarle con el cinturón y cerró la puerta con más fuerza de la necesaria.

—Edward…

—Dijiste que fue un accidente.

—Lo fue, no quería soltarla.

—La sacaste de la vitrina, Cristopher, eso es lo que cuenta —sus nudillos se pusieron blancos al apretar el volante—, lo hiciste con toda intención.

—Me estaba molestando.

—Lo sé, pero no era la forma de arreglar las cosas, contestar una agresión con otra no está bien, solo ocasionará más agresión.

—Pues es la forma en la que me sé defender —protestó cruzándose de brazos—, así era en las casas de acogida.

—¡No estás en una maldita casa de acogida! —El grito de Edward lo asustó.

Ninguno de los dos volvió a hablar, Cristopher miró por la ventana durante todo el recorrido negándose a voltear a ver a Edward mientras limpiaba con brusquedad las lágrimas que resbalaban por sus mejillas.

Bella esperó pacientemente a que sus dos hombres entraran a la casa, había recibido el mensaje de Edward diciéndole que era mejor que fuera directo a casa.

Necesitamos hablar con Cristopher, creo saber por qué lo hizo y debemos pararlo, se acabó, Bella, lo amo, pero no más el niñito mimado que consigue todo solo chasqueando los dedos… Por favor, deja que yo lo resuelva.

Vio el auto estacionarse y en lugar de que Edward ayudara a Cristopher a bajar, solo abrió la puerta y esperó a que él solito saliera del vehículo.

Cris corrió directo a la casa, entrando por la puerta y subiendo las escaleras, ignorando por completo a Bella que los esperaba en el recibidor. Antes de que pudiera seguirlo, la mano de Edward sosteniendo su codo la detuvo de subir el primer escalón.

—Déjame a mí hablar con él, Bella, por favor.

Observó el ceño fruncido de Edward, así como la vena palpitante de su frente, la última vez que lo había visto tan furioso fue durante la universidad, cuando la encontró en la cama con un chico del cual ni siquiera recordaba el nombre.

Aún no eran nada oficiales, en ese momento a ninguno le interesaba serlo, pero eso no evitó que Edward le rompiera la nariz y un par de costillas al chico que la había esposado a la cama y follado tres veces seguidas.

Recordaba ver a los dos trogloditas peleando en el suelo, insultándose y amenazándose, por suerte las esposas eran de mala calidad y logró soltarse y detener la absurda pelea.

Recordaba ver a los dos sangrando, debió molestarse con Edward por entrar a su departamento sin ser invitado y golpear al chico con quien pasaba un muy bien rato, pero en ese momento, solo pudo gritarle al chico que se largara y ayudar a Edward a llegar a la cama, quien la retuvo y amenazó con hacer lo mismo con todo chico que osara tocarla, besarla, mirarla o follarla.

Pero a pesar de que conocía su lado violento, sabía que nunca le pondría una mano encima a su niño, era Edward, el hombre que amaba más que a nadie en el mundo y si no había golpeado a Jasper a pesar de que se lo merecía, mucho menos golpearía a su Patito.

—Está bien, Edward —suspiró asintiendo—, solo no seas muy duro con él, aún es muy pequeño.

—Dejó libre a una serpiente, Bella.

—Lo sé. —Se pasó las manos por la cara, frustrada—. Dejaré que arregles las cosas a tu manera, lo prometo.

Bella siguió a Edward escaleras arriba, abrieron la puerta de la habitación de Cristopher sin tocar antes, encontrándolo sentado en la cama con Pato escondido entre sus brazos.

Bella se quedó en el marco de la puerta con los brazos cruzados dejando que Edward hablara con él.

—La tablet y la consola quedan confiscadas —declaró Edward tomando la tablet de la cama—, no vas a leer ni vas a tener ninguna historieta por dos meses.

—Pero, Edward, esta semana sale...

—No me importa, Cristopher, fue muy grave lo que hiciste, agradece que sean solo dos meses.

—Bella...

Bella observó el puchero de su pequeño Patito, quería borrar la tristeza de sus ojos, bien podía interceder y regresarle todo a su niño, pero entonces no estaría aprendiendo ninguna lección y Edward se molestaría con ella por quitarle autoridad.

Además, si Paulette hubiera hecho algo parecido, estaría la misma cantidad de tiempo sin ninguna muñeca ni televisión, ambos eran sus hijos y debía ser igual a la hora del castigo.

—Lo siento, Cris, pero tal vez así pienses mejor las cosas antes de cometer una travesura.

—Esto es muy injusto.

—No es injusto, sacaste a una serpiente, intimidaste a tu compañero de clases y aunque fue un tropiezo, soltaste la serpiente poniendo en peligro a todo tu grupo, y hasta que no me digas cuál fue el motivo que te inspiró a usar a la serpiente, el castigo irá en aumento.

—No puedes hacerme eso.

—Claro que puedo, soy tu padre y yo decido qué castigo tendrás.

Edward salió de la habitación llevándosela con él mientras Cristopher lloraba enojado en la cama.

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Paulette comía sus vegetales ignorando el hecho de que Cristopher no estaba en la mesa y que solo Holly estaba comiendo con ella, sabía perfectamente lo que había hecho su hermano, todo el mundo lo sabía.

—¿Cristopher estará castigado por mucho tiempo? —preguntó después de limpiarse la boca.

—Tal vez, lo que hizo Cris fue demasiado peligroso, aunque no es tan malo como lo que el abuelo Charlie y yo hicimos en nuestra juventud.

—¿Eras una niña traviesa, abue?

—Por supuesto que lo era —sonrió orgullosa—, una vez pegué a mi profesora a su asiento, en otra ocasión pinté con marcadores permanentes todos los borradores de los salones de mi escuela, cuando los profesores se dieron cuenta ya era demasiado tarde, las pizarras eran negras.

—Pero eso no es tan malo como soltar a la serpiente del laboratorio.

—El abuelo Charlie dejó en libertad a un cerdo en la escuela y a una comadreja la metió en el conducto de ventilación, la pobre comadreja terminó en la cocina, clausuraron la escuela por todo un mes.

—¿Por todo un mes?

—Por supuesto, el ser traviesos está en las venas Swan.

—Pero yo no soy traviesa, abue Holly —protestó haciendo puchero—. ¿Entonces no soy Swan?

—Tal vez te pareces más a la madre de Bella, Renée, ella era sumamente tranquila y muy hermosa.

—¿Bella la ama?

—Claro que lo hace, Renée era una mujer excepcional, hubiera sido una excelente madre —suspiró Holly—; pero aquí lo importante es que ser una niña buena como tú lo eres te ahorra estar en problemas. Creo que dos meses es demasiado para un niño, pero no hay nada que yo pueda hacer para evitarlo.

—Creo que tendría que tener más meses de castigo —respondió Paulette encogiéndose de hombros.

—¿Por qué lo dices?

—Porque así podré ver lo que yo quiera en la televisión y Cris no podrá hacer nada para evitarlo.

Holly no pudo evitar su carcajada, incluso cuando Cristopher apareció dispuesto a comer, no dejó de reír. Amaba tanto a sus dos nietos.

Podía escuchar el agua de la ducha chocando con las baldosas del baño, sabía que era Edward quien se estaba bañando en ese momento, así que no podría interferir con su plan, tampoco podía hacerlo Carmen pues estaba ayudando a la abue Holly a reacomodar el guardarropa de Paulette que de nuevo había cambiado, Matilde se había marchado una hora atrás y Paulette veía algún tonto programa en la sala principal.

Tenía el camino libre.

Salió de su habitación y bajó las escaleras al primer piso procurando no llamar la atención de nadie, tal y como pensaba, Paulette estaba recostada en el sofá viendo por milésima vez La Bella y la Bestia.

Siguió su camino de puntillas hasta la puerta de la oficina de Bella, aún había luz y escuchaba como Bella escribía en su computador. Abrió la puerta de la oficina con sumo cuidado, procurando que no rechinara, no tenía ni un pelo de tonto, tal vez Edward seguía enojado con él y no le regresaría sus cosas, pero Bella lo amaba y si le prometía que se portaría bien, entonces le quitaría el castigo.

Era su patito.

Ella siempre decía lo mucho que lo amaba y que quería verlo feliz, además la abue Holly se había reído de su pequeña travesura, no podía ser tan malo si se reía.

Entró cerrando la puerta detrás de él, Bella lo observaba desde su escritorio, interrogándolo con la mirada, se suponía que tendría que estar preparándose para ir a la cama o acompañando a Paulette en su última hora en el televisor antes de que llegara el momento de apagarlo.

—Hola, Bella.

—Hola, mi amor. ¿Qué ocurre?

—Nada importante —respondió y se encogió de hombros; caminando con paso vacilante, ignoró las sillas frente al escritorio y caminó directamente hacia Bella—, solo me preguntaba si podrías quitarme el castigo.

—Cielo...

—Por favor, prometo nunca volver a hacer algo parecido.

—No es tan fácil.

—Sí lo es, solo habla con Edward y dile que no quieres que esté castigado.

—Es que mereces estar castigado, Cristopher.

—No es así, él tuvo la culpa.

—Tú sacaste la serpiente.

—Ya te dije que me molestaba.

—Lo sé, sé que lo hacía, pero también sé que no quieres decirme qué fue lo que te dijo. ¿Por qué ahora fue diferente?, querías que sufriera.

—Se lo merecía.

—¿Por qué?

—Porque él…

—¿Porque él qué?

Cristopher bufó frustrado y se cubrió la cara sintiendo cómo la rabia iba apoderándose de su cuerpo.

—Créeme por favor, no era mi intención soltar la serpiente, la iba a regresar a la vitrina después de que Tyler aprendiera la lección.

—Te creo, mi amor, pero no puedo quitarte el castigo.

—Pero, Bella…

—Pudieron expulsarte, Cris, estarías en serios problemas si la serpiente del laboratorio hubiera lastimado a alguien.

—No era venenosa.

—No importa, fue arriesgado y peligroso, además los ratones pudieron haber mordido a alguno de tus compañeros, a Liam o a ti.

—Sus dientes son muy pequeños, no me lastimarían.

—Son pequeños pero peligrosos, una mordida y te daría la rabia y tendrían que vacunarte e internarte, fue sumamente arriesgado lo que hiciste.

—Pero lo hice porque Tyler me molestaba.

—Lo sé, pero no has querido decirle a la directora ni a Edward qué fue lo que te dijo.

—No quiero repetirlo.

—¿Tan malo es?

Cristopher se encogió de hombros y se apartó de Bella, no estaba consiguiendo lo que quería, ahora se sentía peor por hacer que Bella se preocupara por él.

—Lo siento, fue peligroso lo que hice.

Cristopher aceptó volver a acercarse a Bella y sentarse en su regazo, aún no podía creer que Bella no accediera a quitarle el castigo, él no tenía la culpa, todo fue por Tyler que había dicho…

—¿Podré ir a la reunión del equipo de matemáticas el jueves por la tarde? —preguntó ignorando el recuerdo de su mente.

—No, la directora te suspendió de todos los eventos por lo que queda de clases, si te portas bien, tal vez te dé una oportunidad después de vacaciones de Navidad.

—Pero soy el mejor, Bella, sin mí el equipo va a perder.

—Pues eso debiste pensarlo antes, jovencito pretencioso.

—La vida es tan injusta.

—Lo es para aquellos que prefieren quedarse callados en lugar de expresar lo que les molesta.

Cristopher salió de la oficina de Bella, encontrando a Edward de brazos cruzados recargado contra la pared, tenía el pijama puesto y su cabello estaba mojado por la ducha.

—Tú ganas —suspiró Cris—. ¿Puedo ver la televisión con Paulette?

—Sí, pero no la convenzas de que cambie al programa que tú quieres.

—De acuerdo.

Caminó en dirección a la sala, pero a mitad del camino se giró.

—¿Edward?

—¿Sí?

—Aunque esté castigado, te quiero.

—Yo también te quiero, Cris.

—Pero a Bella la sigo queriendo más, no importa que no me quitara el castigo.

Cristopher se giró sobre sus talones y fue a la sala a ver la televisión mientras que Edward entraba a la oficina de Bella.

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Bella llegó a la cafetería en donde la madre de Tyler la había citado, cuando habló por teléfono fue amable y le había rogado que se reunieran para hablar sobre el comportamiento de los niños, Bella aceptó pensando que sería una fantástica idea, tal vez de una vez por todas sabría cuál fue la molestia que orilló a Cristopher a liberar a la serpiente.

La cafetería era acogedora, la madre de Tyler estaba esperándola en una de las mesas del rincón, era difícil creer que la mujer de voz pacífica con la que habló era la misma mujer estirada que tenía una taza de té en sus manos, estaban en septiembre, era una locura beber un té caliente en esas fechas.

—Señora O'Donnell —saludó Bella sentándose en la silla vacía.

—Me alegra que hiciera un espacio en su apretada agenda para tratar este asunto de su impertinente hijo.

—¿Disculpe? —preguntó sin entender, acababa de llegar, creyó que al menos le permitiría ordenar un Frappuccino antes de comenzar a hablar de los niños.

—Creo que no soy yo quien debe recibir esa disculpa y tampoco ser usted quien la diga, mi niño ha pasado las últimas dos semanas temiendo ir al colegio por miedo a que Cristopher vuelva a amenazarlo con la serpiente.

—Según tengo entendido, mi niño lo hizo en consecuencia a la pésima actitud de su hijo.

—Mi niño es un pan de Dios.

—Un pan duro, seco, pasado y lleno de moho —protestó golpeando la mesa—; su hijo es tan desagradable como un chicle en el zapato.

—¿Cómo se atreve? —Se puso de pie indignada—. Mi niño es un O'Donnell, somos de buena familia, personas educadas que ese niño al que hace llamar hijo ni en sus mejores sueños llegaría a ser.

Bella sentía la sangre hervir con cada palabra que salía de la boca de la mujer frente a ella.

»Mi hijo tiene razón al decir que Cristopher no merece ningún tipo de consideración, es un niño de la calle y debió quedarse ahí.

La fuerte cachetada resonó en todo el recinto, los meseros y comensales que estaban atentos a la discusión de ambas mujeres se sobresaltaron ante repentino acto.

—Ahora entiendo por qué su hijo es un asco de persona, teniendo a una madre como usted es entendible que el palo en el culo fuera hereditario. —Se colgó el bolso sobre su hombro—. Es la última vez que usted y el mozalbete de su hijo vuelven a dirigirse a mi niño de esa manera, personas como usted que se creen superiores dan asco.

—El que da asco es ese recogido.

El grito de la señora O'Donnell después de que el puño de Bella impactara sobre su operada nariz fue lo suficientemente bueno para aliviar un poco la rabia que la consumía.

—Mi marido es abogado, terminará con usted por haberme golpeado.

—Yo no necesito recurrir a mi marido para defenderme —sonrió con altanería—, y me parece que una agresión racista hacia un niño es mucho más perjudicial para usted, es mi última advertencia, mantenga a su mocoso alejado de mi niño.

Bella abandonó el local con un horrible sabor de boca, su sábado estaba siendo pésimo, podía apostar que el mocoso de Tyler había repetido las palabras de su madre, ahora entendía por qué Cristopher estaba tan enojado.

Deteniéndose en la luz roja del semáforo recargó su rostro contra el volante.

¿Qué iba a hacer?

—Debemos limpiar antes de que su madre llegue y nos regañe.

—Creo que es demasiado tarde.

Los tres se congelaron en sus lugares.

Había muchas cosas a las que le tenían miedo, desde arañas, tormentas, el Coco, el brócoli y los mimos, pero lo que sin duda les asustaba aún más, era ver a Bella enojada con cualquiera de ellos.

Era la regla principal de la casa, nunca hacer enojar a Bella.

—Me pueden explicar qué pasó aquí.

Edward se aclaró la garganta y dio un paso adelante, amaba a su esposa y sabía que no lo mataría, pero sí sabía que podía dejarlo sin cariñitos por la noche y maldita sea, esa noche no iba a perderse ningún cariño, había visto la elegante bolsa rosa de lencería escondida detrás de sus abrigos y no se iba a perder ver el contenido puesto en su caliente esposa.

—Fue culpa de los niños —se defendió señalándolos—, yo llegué cuando ya tenían todo esto.

—¡Papá!

—¡Edward!

—¿En serio, Edward?

—Claro que sí —se defendió caminando hacia Bella y abrazando su cintura—, estaban haciendo un desastre con la batidora, intenté ayudarles, pero el desastre ya estaba hecho.

Bella negó sin creerle ni un poco, pero en lugar de obligarlo a limpiar el desastre que había hecho junto con los niños, jugó nerviosamente con el cuello de su camisa a cuadros, Edward notó enseguida que las cosas no estaban bien, así que continuó hablando para que los niños se fueran de la cocina y los dejaran solos.

—Pero como soy un buen padre, me encargaré de limpiar el desastre mientras ellos van a lavarse las manos y la cara.

Paulette y Cristopher asintieron y corrieron fuera de la cocina, pero antes de que Cristopher saliera, Bella lo detuvo.

—¿Qué pasa? —preguntó frunciendo el ceño al notar el brillo en los ojos de Bella, Paulette también se detuvo—. Sí fue nuestra culpa lo de la harina en el suelo, pero Edward no nos dijo que teníamos que poner la batidora a un nivel bajo.

—Ve con la señorita Carmen, Pau —habló Bella intentando mantener su voz tranquila.

—Pero, mami…

—Necesito hablar con tu hermano a solas, obedece por favor.

Paulette asintió llamando a Carmen mientras subía las escaleras.

Edward y Cristopher esperaban pacientemente sin saber lo que tenía tan rara a Bella.

—¿Qué te dijo Tyler?

Edward frunció el ceño, no sabía de lo que hablaba su esposa, pero al ver la sorpresa en el rostro de Cristopher decidió no intervenir.

—Nada.

—No me mientas, Cristopher, me reuní hoy con su madre y quiero que me digas qué fue exactamente lo que te dijo.

—No importa, Bella —contestó al mismo tiempo que giraba su cuerpo dispuesto a huir.

—Sí importa —respondió deteniéndolo del brazo y obligándolo a mantenerse en su lugar—. Dímelo, Cristopher.

—No fue nada.

—Entonces dímelo.

—No quiero.

—¿Por qué no?

—Porque no.

—Bella… —intervino Edward—, suéltalo, lo estás asustando.

Bella lo soltó no muy convencida, temiendo que él huyera escaleras arriba.

—No eres lo que él dijo, lo sabes, ¿verdad?

Cristopher no respondió, solo agachó la mirada, manteniendo sus dos manos a sus costados hechas puño.

»Nada de lo que Tyler dijo es cierto, Patito, sabes que te amamos.

—Pero yo no soy tu patito —sollozó, respondiendo las dudas que aún tenía Edward—, ustedes me adoptaron porque nadie me quería, soy un niño al que nadie quería.

—Eso no es cierto.

—Claro que sí —sollozó aún más fuerte—, mi verdadera mamá me dejó solo y después ustedes también lo hicieron, nadie nunca me ha querido.

—Nosotros te amamos.

—Pero no tanto, ustedes van a tener más hijos, tendrán a su verdadero patito y lo van a querer más.

—Claro que no —respondió Edward tomándolo de los hombros para que lo viera a la cara—, tú eres mi patito, mi campeón, mi mayor tesoro.

—Soy el niño que recogiste de la basura —sollozó cubriéndose los ojos—, eso es lo que soy, Tyler tiene razón, no importa que ustedes me adoptaran, yo nunca seré completamente suyo.

—Eres mío —habló Bella—, nunca tendré otro patito porque ese eres tú, tú eres mi niñito especial.

—No quiero ser especial —protestó soltándose del agarre de Edward—, soy especial porque me adoptaron y no quiero serlo, detesto serlo, lo odio, lo odio mucho.

—Mi amor —sollozó Bella atrayéndolo a sus brazos sin importar que Cristopher protestara.

—Tyler tiene razón, nunca seré como él y mis compañeros, yo tuve que estar solo, a mí nadie me quería, no soy igual que ellos.

—Eres mucho mejor.

—No soy mejor porque me adoptaste, Edward —rodó los ojos—, eso no me hace mejor.

—Tienes razón —continuó Edward tomándolo en brazos y sentándolo en la encimera de la cocina—, lo que te hace mejor es ser simplemente tú. Bella y yo prometimos que nunca te contaríamos la historia sobre tus padres biológicos, pero…

—No quiero saberla.

—Pues la escucharás de todas formas.

—No puedes obligarme a hacerlo, Edward, no quiero escucharla y tienes que hacerme caso.

—¿Por qué?

—Porque yo lo digo.

—Esa no es una buena explicación.

—Lo es para mí, ellos no son mis padres, ustedes… —Cristopher se interrumpió a mitad de la frase, sintiendo sus mejillas húmedas, no sabía en qué momento había comenzado a llorar tanto.

—Exacto, campeón, ellos no lo son, nada de lo que hicieron ellos debe afectarte, dejó de representar lo que eres en el momento en el que Bella y yo te vimos.

—¿Por qué?

—Porque sí –respondió Bella.

—Esa no es una buena explicación.

—Lo es para mí, no eres hijo de esas personas que dejaron a un bebé en el orfanato porque no podían cuidarlo, eres mi hijo, mi bebé, mi patito y nadie puede poner en duda lo mucho que te amo.

—Yo también te amo, Cris —habló Paulette desde el marco de la puerta—, Bella y Edward no son mis papis verdaderos, pero yo los quiero como si lo fueran y eso es lo importante.

Edward sostuvo a Paulette en brazos mientras Cristopher sollozaba contra el pecho de Bella.

—Eres mío, Patito —susurró contra su cabellera castaña—, no importa lo que diga un estúpido niño con cerebro de ardilla, eres mío, de nadie más.

—Eso no es verdad, Bella, no crecí en tu panza.

—Pero creciste en mi corazón, así como Paulette lo hizo, ninguno creció dentro de mí, pero a los dos los amo incluso más que si lo hubieran hecho, ambos son míos y nada ni nadie podrá cambiar eso.

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Bella escuchaba a su Sue parlotear, Dios santo, estaban a principios de septiembre y Sue ya estaba haciendo planes para Navidad.

No podía creer que realmente estuviera hablando de la organización de las mesas que pondría en el patio trasero; Sue era una mujer importante, todos la conocían y buscaban su aprobación para cualquier evento del pueblo, pero era sorprendente que estuviera organizando una cena navideña y esperara que todos asistieran.

Aunque conociéndola no dudaba que lo lograría.

—Tu padre ha sugerido que invites a los padres de Edward, quiere que se queden en Año Nuevo también.

Bella imaginó el drama que cierta rubia haría si eso llegara a pasar, suficiente escándalo tuvo que soportar después de que se negara a que Paulette participara en la boda como para agregar otro grano al costal.

—Hablaré con ellos, pero no prometo que vayan.

—Tu padre pagará los boletos, avísame lo más pronto que puedas para acomodarlos en la mesa familiar y preparar una habitación para ellos.

—Lo haré, Sue.

—Te dejo seguir con tu trabajo, por cierto, feliz cumpleaños.

—Gracias, adiós.

Colgó el teléfono suspirando con cansancio, Tanya entró en ese momento con un nuevo jarrón de rosas.

—Acaba de llegar el repartidor —habló colocándolas en el escritorio de Bella—, son las cuartas esta mañana.

—Es costumbre de mi esposo hacerlo —respondió sonriendo al tomar la nota—, cinco ramos de setenta y tres rosas cada uno, trescientos sesenta y cinco rosas en total, otro año de mi vida junto a él.

—Es muy romántico —suspiró Tanya.

—¿Por qué cinco ramos? —preguntó Alec desde la puerta junto a Katy que miraba los arreglos florares con fastidio.

—Fue el tiempo que tardé en hacer oficial nuestra relación —respondió Bella encogiéndose de hombros.

—¿Cómo festejas su cumpleaños? —preguntó Tanya.

Bella sonrió mordiendo su labio inferior, causando la risa de Alec y Tanya y el bufido de Katy, jodida perra.

—¿Qué es lo que necesitas, Alec? —preguntó poniéndose seria nuevamente—. Espero que nada que me haga quedarme más tiempo del necesario, tengo una cita con mi esposo e hijos esta noche.

—Cosas sencillas, no tardaremos más de una o dos horas —respondió, sentándose en una de las sillas libres y dejando la otra para Katy.

Una o dos horas con Alec no eran problema.

Una o dos horas con Katy, que no dejaba de fulminar con la mirada sus arreglos de rosas, sería una condenada tortura.

Paulette y Cristopher se encontraban escondidos debajo de la mesa, estaban en serios problemas, más problemas de los que alguna vez tuvieron.

Habían tirado accidentalmente el florero con rosas rojas que Edward había llevado de regalo para Bella, además accidentalmente se habían comido los deliciosos chocolates rellenos con almendras y nueces y, también por accidente, tiraron la cajita con el collar de diamantes, estaban casi seguros de que ahora se encontraba roto, no lo abrieron por temor a ver lo que habían hecho.

—¿Crees que nos encuentren? —preguntó Paulette con el chocolate embarrado en la boca.

—No, pero es mejor que huyamos a México —respondió Cristopher.

—¿Por qué a México?

—Es lo que dicen en las películas

Paulette asintió y se acurrucó contra Cristopher, esperando a sus padres. El sonido de los tacones de su mami, además de su risa divertida, era suficiente para saber que muy pronto recibirían su castigo.

—Me voy a tropezar, Edward —escuchó protestar a su mami mientras reía.

—Claro que no, ahora calla y sigue caminando.

—Es mi cumpleaños, se supone que yo soy quien da las órdenes.

—No pensabas lo mismo por la mañana.

Paulette picoteó el hombro de Cristopher llamando su atención.

—¿Sabes de qué hablan?

—No, pero cállate o sabrán dónde estamos.

Paulette asintió, no tuvo que esperar mucho tiempo antes de escuchar el jadeo sorprendido y horrorizado de sus padres.

—¿Este es mi regalo?

—¿Qué carajo pasó aquí?

—¡NIÑOS!

Estaban en serios problemas.

—¿Corremos a México ahora?

Observó como Cristopher asentía mordiendo sus uñas al ver las piernas de sus papis entrar al comedor.

—Salgan de ahí ahora mismo —ordenó su papi, estaban en serios problemas.

—Tú a la izquierda y yo a la derecha —susurró Cristopher—, quien llegue primero afuera detiene un taxi y pide que nos lleve a México.

—Está bien.

—¡Salgan de ahí ahora mismo!

Paulette vio a su hermano preparándose para correr, con un ahora, ambos salieron de abajo de la mesa y huyeron.

Huida que solo duró dos segundos pues ambos terminaron chocando el uno con el otro, los dos habían corrido en el sentido contrario ocasionando que terminaran en el suelo con un golpe en sus cabezas.

—No sé por qué creí que sería un cumpleaños tranquilo —suspiró Bella ayudándola a ponerse de pie—. ¿Te han gustado los chocolates, pequeña ladronzuela?

Paulette sintió su rostro arder mientras escuchaba a su hermano parlotear acerca de que todo había sido un accidente y que lo sentían.

—Cris y yo sentimos arruinar tu sorpresa, mami —murmuró Paulette—, no fue nuestra intención, solo queríamos un chocolate, pero eran muy ricos y no pudimos detenernos. Cris me dijo que no podía tomar el collar que papi te compró, pero era muy lindo y no le hice caso, ambos peleamos y terminamos por tirarlo, perdón por romperlo.

—Lo sentimos, Bella, puedes quitarnos nuestras mesadas para arreglar tu collar y reponer las flores que tiramos.

Paulette miró de reojo a sus padres que se sonreían levemente, tal vez su castigo no sería tan malo.

Bella se acurrucó junto a Edward, era una noche cálida y tranquila, su esposo tenía su mano firmemente en su cintura manteniéndola cerca, mientras que con la otra cambiaba el canal del televisor.

Era tan extraño estar usando su camisón de seda a esas alturas de la noche, normalmente estaría desnuda cabalgando a su esposo, llevando solamente el collar que le había obsequiado, los niños no habían entendido del todo que era imposible romper su collar de diamantes.

Pero ahora ambos descansaban tranquilamente mientras veían una comedia en televisión, ella sentía las sacudidas en el pecho de Edward cada vez que se reía por algún diálogo.

Era un cumpleaños completamente diferente a los que estaba acostumbrada.

No había pasado la velada en un lindo y elegante restaurante.

No había usado un sofisticado vestido que la hacía lucir hermosa y elegante.

No había llegado a casa con aliento a alcohol, sintiéndose lo suficientemente ebria como para dejar que Edward la amarrara a la cama e hiciera lo que se le viniera en gana con ella.

No había tenido nada de eso, en su lugar, tuvo una cena con sus dos nenes que intentaban remediar el desastre con los obsequios.

En lugar de cenar langosta mientras Edward besaba su cuello y le repetía lo hermosa que estaba, había tenido un plato lleno de macarrones con queso y una deliciosa rebanada de pastel de chocolate.

No hizo nada de lo que normalmente haría, pero se sentía realmente satisfecha con su cumpleaños.

Excepto por…

Sonrió cuando Edward la puso sobre su espalda.

—Aún es tu cumpleaños —murmuró levantando el camisón—, y me parece que no me has agradecido por ese bonito collar que adorna tu cuello.

Muchas cosas en su vida habían cambiado, pero lo que nunca cambiaría, sería el amor y deseo insaciable hacia su esposo.

Deseo que se vio interrumpido cuando las náuseas se hicieron presentes.


Hola!

¿Alguien más quiere abrazarla a patito?

Bien por Bella, rompiendole la nariz a la zorra esa, nadie insulta a Patito.

¿Que les pareció el cumpleaños de bella?, ¿Tendrá una sorpresita extra de regalo?

Yanina, eres un sol, gracias por la ayuda con la revisión del capítulo.

Déjenme sus comentarios, opiniones, críticas, teorías o lo que quieran compartir conmigo en un review.