Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
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Capítulo 7
Edward apagó el odioso despertador, se giró dispuesto a abrazar el cuerpo de su esposa y molestarla mordiéndole el hombro para que se levantara, pero en su lugar se encontró con que su esposa era acaparada por Cristopher, su Patito parecía un koala, con su brazo abrazando el cuello de Bella y su pierna atravesándole la cadera, no había forma en que lograra tocarla ni un poco.
Desde que supieron lo que Tyler dijo, Patito había pasado a dormir al menos dos veces por semana con ellos, ninguno ponía objeción, si era lo que su niño necesitaba para sentirse seguro, entonces lo dejarían meterse a la cama con ellos cuantas veces quisiera. Pero después de la segunda semana, Paulette decidió que ella también quería dormir con ellos, así que su enorme cama, la cual había sido escogida pensando únicamente en todo el espacio disponible que tendrían para hacer travesuras, pasó a ser perfecta para que los cuatro durmieran cómodamente.
Esa mañana por lo menos agradecía no haber despertado por una caída de la cama después de que los niños acapararan todo el espacio disponible.
Eran pequeños pero juntos eran peor que un terremoto.
Besó la coronilla de su Patito y fue a la ducha dejando que su esposa e hijo disfrutaran un poco más de descanso.
…
Esme había pedido que le llevaran a sus nietos, había pasado mucho tiempo desde la última vez que los tuvo a todos en casa.
Edward y Bella fueron los primeros en llegar, Paulette besó y abrazó a Esme antes de correr adentro en busca del baño, Cristopher repitió la acción y siguió a Paulette, él necesitaba el baño mucho más que ella.
—Me recuerdan mucho a ti y a Jasper cuando eran niños —habló Carlisle una vez estuvieron acomodados en la sala—, cada vez que llegábamos a casa peleaban por quién usaba el baño primero, a veces creo que ambos lo hacían simplemente para molestar al otro.
—Puede que sí, puede que no.
Los cuatro rieron escuchando como Cristopher protestaba porque Paulette no se apresuraba en salir del baño, a fin de cuentas, Cullen.
—Es extraño que ustedes sean los primeros en llegar —habló Esme evitando los silencios incómodos—, por lo regular siempre son los últimos, a menos que necesiten hablar con nosotros.
—Me conoces muy bien, madre —le sonrió Edward inocentemente—. Bella te dirá el motivo.
Esme observó como Bella lo empujaba suavemente y lo regañaba con la mirada.
—Mi padre quiere que pasemos Navidad y Año Nuevo en Luisiana y quiere que ustedes nos acompañen, conocen a mi madre Holly, pero después de tanto tiempo, mi padre simplemente se niega a venir a Nueva York.
—Luisiana.
—Mi padre se ha ofrecido a pagar los boletos y por supuesto se quedarán en la casa familiar, hay suficiente espacio para que tengan su privacidad, igual entiendo que quieran negarse.
Esme no se veía capaz de pasar toda una semana con la familia de Bella, así como tampoco creía que Emmett y Rosalie se tomaran muy bien la noticia de que no los verían en esas fechas.
—Nos encantará ir —intervino Carlisle—, a mi edad necesito pasar a un clima cálido y no preocuparme porque la nieve haya enterrado el auto o no pueda salir porque se ha tapado la entrada.
A Esme no se le ocurrió ningún argumento para negarse a ir, no era la Navidad que planeaba, pero si Bella había podido cuidar de dos niños que ahora peleaban por quién usaba primero el balancín del patio, entonces ella podía pasar las fiestas en Luisiana con la familia de Bella.
Aunque si era sincera, le emocionaba saber que no tendría que soportar a sus consuegros.
…
Edward lo tomó en brazos, se aferró a su cuello mientras sollozaba, estaba asustado, le dolía la boca y el sabor a sangre le causaba repulsión.
Un minuto estaba jugando con Paulette y sus primos y al otro se encontraba en el suelo, no sabía quién había gritado o si había sido él, pero Bella y Edward aparecieron inmediatamente.
Rosalie les esperaba en la sala con el botiquín de primeros auxilios.
—Déjalo en el sofá, deja que lo revise.
Cristopher se aferró al cuello de Edward, no estaba listo para soltarlo, él entendió y lo sentó sobre sus piernas, manteniéndolo cerca de su pecho.
Bella estaba junto a ellos mordiéndose el labio mientras que Rosalie era quien sostenía su rostro con sumo cuidado y revisaba si había heridas graves.
Era la primera vez que veía a Bella dejar que Rosalie hiciera el trabajo por ella.
—Abre la boca, cariño, déjame ver qué pasó.
Cristopher hizo lo que le pidió, recargando su cuerpo contra Edward para sentirse más fuerte. No era la primera vez que se había caído, había tenido múltiples golpes a lo largo de su niñez, los señores de la casa de acogida lo atendían o incluso lo llevaban con el médico, pero era la primera vez que todos estaban rodeándolo, visiblemente preocupados por él.
—Me parece que has perdido un diente —le sonrió Rosalie—, por el golpe te lo has tirado antes de tiempo, por eso la sangre.
—Me duele —protestó acurrucándose contra el pecho de Edward, no le importaba verse como un bebé.
—Nada que un buen tazón de helado no solucione —habló Esme caminando a la cocina para conseguir el helado.
Era extraño saber que ya no necesitaba ser un niño fuerte, por fin podía acurrucarse en brazos de los adultos sabiendo que ellos lo consolarían y mejor aún, era Edward quien nunca lo soltaría.
…
Después de comer helado, los niños volvieron al jardín, no a jugar sino a buscar el diente de Cristopher, era sumamente importante encontrarlo, debía ponerlo debajo de su almohada para que el hada de los dientes lo encontrara y recibiera su recompensa.
Bella, Edward y Carlisle los cuidaban desde la mesa de jardín, Bella había preferido salir al jardín que quedarse adentro con Helen, no quería otra disputa.
—Creo que el hada te visitará, aunque no pongas tu diente debajo de la almohada —habló Carlisle después de que pasara media hora y no lo encontraran por ningún lado.
—¿Cómo estás tan seguro, abuelito? —preguntó Alex con el ceño fruncido—. Mamá dice que siempre se debe poner debajo de la almohada, si no el hada no sabe que se te cayó un diente.
—La mayoría de las veces es así, pero si tu diente está muy limpio el hada lo encontrará donde sea que esté, ¿cuántas veces te lavas los dientes, Cristopher?
—Tres veces al día, abue —respondió sonriendo—. La señorita Carmen dice que debo hacerlo tres veces, sin falta.
—Entonces tal vez…
—¡Lo he encontrado! —chilló Zack mostrando el diente—. Ahora podrás ponerlo debajo de la almohada y esperar a que el hada llegue.
Cristopher asintió tomando el diente y corriendo hacia Bella para que lo guardara muy bien.
El resto del día Paulette estuvo revisando si alguno de sus dientes estaba flojo, ella también quería que el hada llegara.
Para cuando llegó la hora de irse, Paulette estaba segura de que uno de sus dientes estaba flojo, Cristopher, como buen hermano mayor que era, le decía que solo eran imaginaciones suyas y el hada solo iría por su diente.
Al llegar la hora de dormir tuvo miedo de colocar el diente debajo de la almohada, no era el primer diente que perdía, pero el hada nunca había aparecido, él pensó que simplemente lo había ignorado, pero todos estaban tan emocionados por él que no quiso decir ninguna palara.
Incluso cuando Paulette le sugirió lavarlo por última vez antes de que el hada fuera por él, no se atrevió a decir ni una palabra.
—Recuerda no moverte mucho o puedes aplastar al hada accidentalmente —habló Bella arropándolo.
—¿Crees que ella realmente existe? ¿Realmente vendrá?
—Claro que sí, verás que mañana tendrás una sorpresa en lugar de un diente.
Bella nunca le mentía, así que decidió tener un poquito de fe.
Esperaba que el hada no volviera a fallarle.
...
Cristopher se despertó a la mañana siguiente y lo primero que hizo fue levantar su almohada, se quedó en shock al ver los cincuenta dólares.
«Soy un hada mágica y cada vez que una de tus preciosas perlas que tienes por dientes caían, yo venía hasta tu casa y buscaba bajo la almohada, pero no había nada y tú tampoco estabas en la cama, no entendía lo que estaba pasando, sin embargo, seguí viniendo a tu casa con la esperanza de por fin encontrarte.
Cuando sentí como tu perla se cayó de tu boquita, tomé mi bolso más grande y salí a buscarte deseando que por fin estuvieras en casa.
¡Y LO ESTABAS!
Estoy tan feliz de que hayas vuelto a tu casa, ahora puedo pagarte por todas las perlitas que se te cayeron mientras no estabas en tu hogar... Pórtate bien y lávate los dientes tres veces al día.
Nos vemos cuando tu siguiente perla se caiga.
Atte.: el hada de los dientes».
Cristopher sonrió, bajándose de la cama y olvidando por completo las pantuflas, corrió a la habitación de Paulette, no le importó que ella siguiera dormida, la necesitaba despierta para que supiera que el hada había venido por la noche.
Sacudió a Paulette hasta que recibió un almohadazo por respuesta.
—¿Qué quieres? —preguntó malhumorada—. Es muy temprano.
—El hada vino por mi diente.
Todo rastro de sueño desapareció con esa noticia, levantó su almohada y vio que el grano de arroz que dejó seguía en su sitio.
—No me ha dejado nada a mí.
—Te dije que no iba a funcionar, pero no importa, yo te compraré algo con lo que me ha dejado a mí.
—Te dije que el hada vendría, ella nunca falla, vamos a decirle a mami y papi.
La habitación estaba en penumbras como era normal, Bella acostada bocabajo mientras Edward cubría sus ojos con su brazo mientras soltaba uno que otro ronquido.
Ambos treparon y se subieron a sus padres para despertarlos.
—Mira lo que me dejó el hada —habló Cristopher a centímetros del rostro de Bella, Paulette estaba muy entretenida dejando muchos besos en el rostro de Edward—, ella sí vino por la noche y no la he aplastado.
—Te dije que vendría, ¿solo te ha dejado esto?
—También una nota —respondió mostrando la hoja doblada—, ella venía aquí a buscarme porque esta es mi casa, y ahora sabe que he vuelto y no me voy a volver a ir.
—Así es, mi amor, tu lugar es aquí con nosotros.
—Lo sé, Bella.
Cristopher se inclinó y besó la mejilla de Bella antes de acurrucarse entre sus brazos.
Qué bueno era estar en casa.
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Era el primer partido de Paulette y toda la familia ansiaba ir y animarla.
Rosalie había confirmado la noche anterior que los acompañaría, había hecho las pancartas y playeras con el nombre de Paulette, Bella le agradeció ya que a Paulette le había emocionado la idea.
—Aunque no participe en mi boda, sigue siendo mi sobrina y la adoro, por esa razón iré a apoyarla en un evento tan importante.
—Gracias, Rosalie, significaría mucho para Paulette tenerte ahí.
—A Alice también le encantaban los deportes.
—Rosalie…
—Solo digo la verdad, los veré mañana en el campo, será fácil encontrarnos.
Ahora estaban preparándose, Paulette estaba abajo desayunando algo ligero para evitar que terminara con una indigestión que no le permitiera jugar.
...
Cristopher estaba feliz por su hermana, pero algo molesto al saber que la primera competencia de matemáticas se había llevado a cabo días atrás y él no pudo participar.
Liam y él aún seguían castigados en la escuela, aunque sus padres ya no estaban tan enojados con ellos, al menos ahora los dejaban visitar al otro y jugar por lo menos juegos de mesa, las consolas seguían confiscadas.
—¿Listo para irnos? —preguntó Bella terminando de recoger su cabello.
Cristopher asintió tomando su mano y saliendo de la habitación, podía escuchar a Paulette hablando con Edward en la cocina acerca de que ya era momento de irse, necesitaba llegar temprano y calentar, además de hacer muchas cosas más que Cristopher no lograba entender por qué eran de suma importancia.
Tener una fotografía con sus compañeras no le parecía precisamente algo de suma importancia, pero no iba a contradecir a su hermana.
Su cuerpo se estrelló con la pared sin previo aviso, Cris podía entender que Bella lo hubiera empujado por accidente, tal vez caminar con tenis en lugar de sus zapatos altos no era muy cómodo para ella. Estaba dispuesto a ofrecerse a ir por sus zapatos altos, pero ver su rostro pálido y como se recargaba en la pared lo llenó de miedo.
—¿Estás bien, Bella?
Bella no le respondió, tenía la mirada perdida y su rostro estaba casa vez más blanco.
—¡Bella!
Cristopher vio a su madre recargarse contra la pared y lentamente resbalar con los ojos cerrados.
—Bella, Bella, Bella —le llamó sacudiendo su hombro, no podía perderla, no otra vez—. ¡Edward! ¡Edward!
Cristopher siguió sacudiendo el hombro de Bella y llamándole, rogando que despertara, que no lo dejara solo, él y Paulette la necesitaban.
Cristopher sintió como Edward lo alejaba de Bella, él no quería hacerlo, pero la señorita Carmen lo retuvo junto a Paulette, mientras Edward recostaba a Bella en el suelo con mucho cuidado y Matilde aparecía con el botiquín de primeros auxilios.
—Bella, cielo.
Cristopher se aferró al brazo de Carmen viendo como Matilde y Edward se encargaban de Bella. Por fin estaba en casa después de tanto tiempo, por fin Bella estaba con él, de nuevo era su Patito, no podía perderla, su corazón no lo soportaría de nuevo.
Bella recuperó el conocimiento gimiendo por lo mareada que estaba, pero eso fue suficiente para Cristopher, su… Bella estaba bien.
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Bella dejó amablemente que fuera Rosalie quien controlara a los niños hambrientos que querían devorar toda la pizza en menos de un minuto, después de pasar toda la mañana bajo las gradas alentando a Paulette merecían su recompensa por ser tan buenos animadores.
Había sido un partido amistoso, pero eso no evitó que el equipo de Paulette celebrara su victoria con un montón de pizza y helado de postre, se lo merecían después de toda esa adrenalina gastada en el juego.
Edward había estado renuente a que fuera al partido, se había desmayado sin razón aparente, pero no podía hacerle eso a su niña, sabía lo duro que había entrenado y lo emocionada que estaba, no podía simplemente quitarle eso por un desmayo.
Además, si se quedaba en cama, solo preocuparía más a los niños y no estaba bien que ellos se preocuparan más de la cuenta.
Edward había accedido después de que le prometiera que se mantendría calmada y en las gradas y que si Paulette caía o se raspaba las rodillas, dejaría que él se encargara del asunto.
Cristopher y Paulette estuvieron de acuerdo con la condiciones, ninguno quería ver a su madre inconsciente de nuevo.
Pero por fin estaban en casa después de hacer a sus dos niños felices, valía la pena un poquito de sacrificio y esconder que durante el partido aún estaba un poco mareada.
Bella suspiró recostada contra el pecho de Edward, habían pasado horas del desmayo y Edward aún seguía preocupado, no importaba cuánto le asegurara que se encontraba perfecta.
Cristopher era su otro hombrecito preocupado, no había querido dejarla hasta que Carmen le ordenó hacerlo pues Bella necesitaba descansar.
Paulette se había quedado dormida en el carro, pero Carmen la había despertado para darle un baño y evitar que contrajera algún resfriado por culpa del cansancio.
—Hice una cita con tu médico —habló Edward pasando las yemas de sus dedos por la espalda de Bella.
—¿Por qué? —preguntó Bella—. No necesito ir al médico, fue un simple mareo, he dormido poco y estado bajo mucha presión, solo dormiré un poco más y me aseguraré de comer adecuadamente, nada de qué preocuparse.
—Eso dices tú, pero yo no estoy tan seguro.
—Edward...
—No aceptaré un no de tu parte, Bella, nos preocupaste a todos, Cris y Pau tuvieron miedo.
—Lo sé —suspiró—. Iré, pero sigo creyendo que no es necesario.
—Yo también pensé que no era necesario —murmuró sin dejar de acariciarle la espalda—, pero Carmen me dijo que no hay que tomar a la ligera ningún desmayo, y fue cuando recordé un pequeño detalle que ambos olvidamos.
—¿Y eso sería?
—El DIU.
—Mierda —gimió levantándose del pecho de Edward—, olvidé que saqué una cita con el médico, después de lo de la serpiente, simplemente me olvidé de reprogramarla.
—El desmayo me recordó a las primeras semanas, estabas de mal humor todo el día y tenías náuseas por las mañanas.
—Ni me lo recuerdes, pensé que…
—Yo también lo pensé —continuó Edward acariciando su mejilla—, el DIU no es para siempre, como todo tiene su fecha de caducidad.
—Tal vez solo sean efectos secundarios —respondió Bella restándole importancia—, hemos sido algo rudos y rápidos últimamente, por el miedo a que nos descubran o corten en el mejor momento, tal vez solo se movió un poco y es mi cuerpo avisándome que tengo que revisarlo.
—Sí, tal vez sea eso.
Bella volvió a recostarse contra el pecho de Edward, tal vez eran sus nervios, solo nervios de que el DIU se hubiera movido de lugar, tal vez solo era necesario cambiarlo.
¿Qué posibilidades…?
Cortó su línea de pensamiento antes de llegar más lejos.
…
Bella suspiró cambiando por octava vez los canales, más de trecientos canales y no había ni un solo programa bueno, Edward había salido a comprar helado de menta con chispas de chocolate, algo bueno de estar en cama era que su sobreprotector esposo la mimaba más de la cuenta.
Paulette junto a ella dormía profundamente abrazando su muñeca, su preciosa niñita le había dejado a Pepe el conejo la importante tarea de cuidar de su madre, le advirtió antes de quedarse dormida que dormiría en el baúl de los juguetes, en lugar de en la cama con ella, si no cuidaba bien a su mami.
Bella besó su mejilla, amaba demasiado a su niñita.
Escuchó la puerta abrirse dejando entrar a Cristopher, tenía las mejillas sonrojadas y las puntas de su cabello estaban mojadas por el sudor de haber estado jugando con Butterfly.
Una de las cosas que más detestaba Bella, era el cabello mojado por el sudor, simplemente no entendía por qué a las demás chicas les gustaba pasar sus dedos por el cabello sudado de los chicos del equipo de fútbol americano o por qué en el gimnasio todas se volvían locas por el sudor marcado en la ropa de los que levantaban pesas. Bella simplemente lo encontraba asqueroso.
El único sudor que podía tolerar era aquel que cubría su cuerpo y el de Edward después de pasar unos momentos de pasión.
Pero en ese momento, mientras Cristopher se subía a la cama y la abrazaba recargando su cabeza sobre sus pechos, no sintió la desagradable sensación, no le importó que su blusa terminara con la mancha de humedad, de hecho, disfrutaba plenamente tener a su cansado niñito acurrucado junto a ella.
Después de un largo silencio en donde ambos tuvieron su atención en la televisión, Cristopher se levantó de su pecho.
—Bella...
—¿Qué pasó?
Cristopher la observó detenidamente, su ceño se fruncía de vez en cuando, abría y cerraba su boca al no encontrar las palabras adecuadas, Bella no lo presionó, simplemente dejó que sus ideas fluyeran en su mente.
—No vas a tener un bebé, ¿verdad? No quiero que tengas un bebé.
Bella sonrió acariciando su rosada mejilla.
—No, cariño, tú eres mi bebé.
—¿Y Pau?
—Tú y Pau son mis bebés.
—Bien —respondió sonriendo y volviendo a recostarse en el pecho de Bella—, le dije a Matth que un desmayo no significaba un bebé, pero él dice que sí, ahora podré decirle que está equivocado.
—Está muy equivocado, cariño —respondió Bella acariciando su espalda.
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Visitar al ginecólogo era completamente diferente a cualquier cita con algún doctor, detestaba tanto la consulta, la hacía sentir incómoda como a la mayoría de las mujeres; asistía periódicamente para asegurarse que todo estuviera bien, pero eso no evitaba que odiara la consulta y todo lo que ello representaba.
No había nada de lindo en subirse a una camilla y abrir las piernas para que una doctora te revisara e introdujera objetos que según no dolían, pero terminabas con una irritación que te duraba al menos dos días.
Pero ahora no había opción, tres citas pospuestas era lo suficientemente grave para olvidar su odio por los hospitales y acudir con su ginecólogo.
Edward estaba junto a ella, sosteniéndola de la cintura mientras que sus dedos jugaban con el cintillo de su falda, él también estaba nervioso.
Debía estarlo, parte de que estuviera ahí, era completamente culpa de él, si no fuera tan condenadamente caliente y no supiera qué puntos tocar en el cuerpo de Bella, no estarían en ese momento temiendo los posibles resultados.
La ginecóloga apuntaba las respuestas que Bella le daba, condenadas preguntas de rutina, detestaba saber que la doctora Granger se había reportado enferma y no había podido atenderla, ella no le hacía preguntas tontas, la conocía desde hacía años.
¿Su último periodo?
Hace tres semanas.
¿Duración del periodo?
Tres días.
¿Última relación sexual?
Esa misma mañana.
No sabía por qué tantas preguntas, sería más sencillo ir directo al punto.
¿Inflamación abdominal?
No.
¿Crecimiento y/o sensibilidad en los senos?
No, su talla seguía siendo la misma de siempre.
Las preguntas y respuestas continuaron, sabía que eran preguntas de rutina, pero si ella hubiera notado algún cambio en su cuerpo lo hubiera dicho apenas entró a la consulta, pero como no lo había hecho, entonces todo estaba bien.
«¿Cambios de humor? Sí, pero solo cuando me desesperan como usted está haciendo en este momento».
—¿Crees que estás embarazada, Isabella? —preguntó después de todas las preguntas anteriores, por ahí hubiera empezado y se hubieran ahorrado diez minutos.
¿Lo creía?
No, para nada, estaba cien por ciento segura que no lo estaba, pero el saber que dos de sus amigas más cercanas lo estaban —Victoria lo había anunciado unas semanas atrás, cuando quedaron junto con Angela en algún restaurante del centro—, la había puesto con los pelos de punta, además el mareo, el desmayo y las náuseas de esa misma mañana la habían asustado.
—Creo que no.
Bella observó como la ginecóloga asentía mientras le sonreía suavemente, si quería infundirle valor, no lo estaba logrando, jodida bruja, estaba a punto de sufrir un colapso nervioso y ella le sonreía.
La quería matar.
—Descúbrete el brazo derecho, te tomaré una muestra de sangre.
—¿Para qué?
—Es de rutina, será analizada para saber que te encuentras en buen estado y la misma nos dirá si estás embarazada.
La simple palabra le asustaba, tenía a dos niños en casa, Paulette estaría emocionada ante la idea, Cristopher estaría molesto.
Ella tenía tanto miedo y Edward estaba demasiado callado.
—¿Cuánto tiempo tardará?
—Tendrás los resultados una vez terminemos con la consulta.
—¿No puede ser antes?
—¿Impaciente por la respuesta? ¿Han estado intentando concebir?
—¡No!
Bella se ruborizó al ver que ella y Edward habían gritado asustados al mismo tiempo.
—No —prosiguió abochornada—, por eso queremos asegurarnos de que el anticonceptivo sigue funcionando y no hay ningún bebé en el horno.
—De acuerdo, si lo deseas puedo realizarte un ultrasonido, de ese modo sabremos si hay producto o no.
Cielo santo, un ultrasonido hacía la idea de un embarazo más real, quería abrazarse a sus piernas y llorar como cuando era niña y Holly no le compraba todas las golosinas que ella quería.
—Está bien.
La ginecóloga los dejó solos, indicándole a Isabella que debía vestirse con una de las batas que estaban en el baño.
La bata color azul era horrible, igual de horrible que el dolor de estómago al pensar que se practicaría un ultrasonido.
Nunca se había hecho uno y estaba muerta de miedo.
Bella se acomodó en la camilla, agradecida de que Edward estuviera junto a ella, su estómago dolía por la expectativa.
«Por favor, por favor, por favor que no esté embarazada», rogó internamente.
La ginecóloga regresó lista pare realizar el ultrasonido, colocó el gel y pasó el transductor por el vientre de Bella en busca de su mayor temor.
—¿Hay bebé? —preguntó después de un minuto en silencio.
La ginecóloga sonrió comprensiva.
—No hay producto.
El suspiro aliviado de Edward igualó al suyo, quería salir y gritar que ninguna fiebre de embarazo le había tocado, Angela y Victoria sabrían que su aumento de peso era porque estaba comiendo demasiadas donas, no porque un bichito fuera a crecer nueve meses en su vientre.
Maldita sea, no había bebé y le alegraba demasiado.
La ginecóloga apagó el monitor, colocó el transductor en su lugar y le entregó un par de pañuelos a Bella para que se limpiara el gel en su vientre.
—El DIU sigue en su lugar —habló pacientemente—, pero si lo deseas podemos cambiarlo, si sigues queriendo el método anticonceptivo, puede ser en este momento, es rápido y sencillo.
—Creo que es lo mejor —respondió Bella asintiendo—, no quiero volver a pasar un susto como este.
La ginecóloga asintió.
—Bueno, me han dicho que no piensan tener hijos.
—Así es —continuó Bella—, por eso nunca he dejado los anticonceptivos.
—Como saben, siempre hay un riesgo en los anticonceptivos, el DIU de cobre que tienes, Bella, tiene un alto índice de efectividad.
—Lo sé, por eso lo escogí.
—Tienes el DIU desde hace ocho años.
—Casi cumplo nueve años con él, la doctora Granger hacía revisiones periódicas y dijo que el DIU aún era efectivo, no había necesidad de cambiarlo.
—Si el DIU está bien colocado, se puede alargar la vida de este, pero la efectividad del DIU de cobre, que en este caso usas, va disminuyendo ligeramente a partir de los cinco años.
—Entiendo.
—Existen otros métodos que puedes aplicar en caso de que hayas decidido no tener hijos.
—¿Como cuáles?, las inyecciones y parches me sentaron mal y las pastillas, bueno, las dejé de usar cuando me decidí por el DIU.
—Aún eres bastante joven, Isabella, y sé que es una decisión difícil, pero si estás segura de que no deseas un embarazo, puedo ligarte las trompas.
—¿Qué?
—Piénsalo, ¿qué mejor método? La probabilidad de quedar embarazada es prácticamente nula.
—¿No es cien por ciento efectiva?
—Existe una probabilidad de que las ligaduras fallen y quedes embarazada, pero son casos aislados.
Bella mordió su labio inferior, Holly se las había ligado muchos años atrás, después de que Bella cumpliera los seis decidió hacerlo y desde entonces había sido una mujer libre de anticonceptivos que alteraban sus hormonas.
Le daba un poco de miedo someterse a cirugía, la última vez la anestesia fue una perra con ella, y no se sentía preparada para volver a experimentarlo, pero la simple idea de no tener que preocuparse por quedar embarazada, realmente le tentaba.
—Vamos a pensarlo —intervino Edward antes de que pudiera hablar—, es un tema delicado.
—Claro, yo solo hacía la sugerencia porque es una opción, pero la última palabra la tienen ustedes. Ahora, Bella, coloca las piernas en los estribos.
Cuarenta y cinco minutos después, con una receta de pastillas anticonceptivas y la advertencia de que usaran condón si decidían mantener relaciones sexuales, Bella y Edward caminaban por el estacionamiento en completo silencio.
—¿Qué es lo que debemos pensar? —preguntó subiéndose al auto.
—Si lo haces, no tendríamos ninguna oportunidad de tener un bebé, dijo que es prácticamente nula.
—Pensé que ambos estábamos de acuerdo en que no tendríamos ningún bebé —aseguró Bella intentando mantener el enojo a raya—, por eso los anticonceptivos.
—Lo sé, pero en este momento es diferente.
—No sé en qué es diferente.
—Pau quiere un hermanito y sería egoísta no pensar siquiera en la posibilidad de… bueno, intentarlo.
—Eres un idiota —le gritó bajándose del auto.
—Estás exagerando las cosas —habló Edward bajándose del auto, notando como las demás personas que salían de la consulta se les quedaban viendo.
—Puedo exagerar las cosas todo lo que se me dé la puta gana —le recriminó—, no me voy a embarazar, que te quede claro eso, Edward, Paulette está encaprichada porque no aceptamos a la primera que lo pidió.
—No es eso, Bella —respondió exasperado—. Entra al auto, hablemos en casa.
—No voy a entrar a ningún auto contigo y no necesito hablar de algo que está bastante claro, no voy a tener ningún bebé, fin de a discusión, y mientras tú no olvides la ridícula idea de darle un hermanito a Pau, ejercitarás mucho esa mano, porque no pienso tener sexo contigo.
Bella caminó de regreso a la consulta, dispuesta a pedir un taxi que la llevara de regreso a la oficina.
Estaba tan condenadamente enojada.
Antes de abandonar la consulta, regresó a hacer la cita para la ligadura, era su condenada decisión.
…
Bella cerró la puerta de su oficina con más fuerza de la necesaria, arrojó el bolso al escritorio frustrada, estaba tan condenadamente enojada.
—¿Alguien no está de buen humor? ¿Malas noticias?
Bella suspiró y se sentó en su escritorio viendo como Victoria entraba a su oficina, cerrando la puerta detrás de ella.
Fue imposible no ver el bulto en su vientre, tres meses y los gemelos se hacían notar, la pequeña barriga podía esconderse perfectamente con una blusa un poco más suelta, una falda no tan ajustada o con algún saco, pero a Victoria le encantaba dar a conocer que estaba embarazada, se alegraba por ella y su felicidad.
Pero encontraba muy difícil que ella se sintiera de la misma forma.
—Todo lo contrario, no estoy embarazada y me he decidido a cambiar de anticonceptivo.
—Ten cuidado los primeros meses del cambio, mis gemelos están aquí por un cambio de inyecciones a pastillas.
—Estoy cubierta en ese aspecto, créeme.
—Lo dudo mucho, tú y Edward apenas pueden mantener las manos lejos del otro.
Victoria se rio por su chiste, en otro momento Bella hubiera asegurado que no podían culparla cuando tenía un caliente hombre como esposo, pero en ese momento ni siquiera tuvo las ganas de fingir que las cosas andaban bien.
No sentía nada bien en su vida.
—¿Pasó algo con la ginecóloga?, ahora no se si estás enojada o deprimida.
—Discutí con Edward, eso es todo.
—Lo siento, ¿puedo preguntar el motivo?
—Me dijo que quiere un bebé.
—Mierda.
—Exacto —suspiró pasándose las manos por el cabello en un vano intento de calmarse—. Se supone que ambos decidimos no tener hijos, por eso adoptamos a Patito, y ahora me sale con esto, pensé que él entendía que no deseaba un embarazo, puedo con pañales y llantos, lo viví con Paulette y Cris, pero simplemente la idea de…
—¿Tú estando gorda?
—Eso, además de pasar por el parto, no, eso no es para mí.
—Tal vez Edward solo quiere un bebé —prosiguió Victoria—, piensa, Pau está a punto de los siete y Cris por cumplir nueve, ya no son unos bebés y ciertamente se perdieron mucho de la vida de ambos, tal vez solo quiere otra oportunidad de ser parte de la vida de un niño desde el inicio.
—No creo que se refiera a eso.
—Es mejor pensar eso, no te hace infeliz.
…
Paulette salió de la cama después de tener un mal sueño, su reloj en la mesita de noche decía que era la una de la madrugada, sabía que sus papis se iban a dormir tarde y nunca les molestaría que fuera a su habitación a dormir con ellos, posiblemente Cristopher estaría ahí en algún momento.
Tallándose los ojos caminó a la habitación de sus papis, una ráfaga de luz salía por debajo de la puerta, eso significaba que aún seguían despiertos, les pediría que le contaran un cuento para volver a dormir. Estaba por tocar la puerta cuando la voz de su papi la detuvo.
—Estás siendo infantil, solo era una suposición.
—Claro, e intentar acostarte conmigo sin que tuvieras un maldito condón solo fue un accidente.
—Hace años que no compro condones, perdón por estar acostumbrado a no usar condón con mi esposa.
—Yo tampoco estoy acostumbrada a tomar pastillas, pero no por eso me he olvidado de comprarlas, eres un idiota.
—¿Y crees que tú estás siendo razonable?, ni siquiera has querido hablar, no quieres escuchar mis motivos.
—A no ser que me apoyes y estés conmigo el día en que se lleve a cabo la cirugía, no necesito hablar de nada contigo.
—No tenías derecho a agendar una cita sin consultármelo primero.
—Es un país libre, puedo hacer lo que se me dé la jodida gana.
—Eres mi esposa, espero que al menos quieras saber mi opinión y lo que pienso al respecto.
—Ya sé tu opinión y como no estoy de acuerdo la he botado como la mierda que es.
—Eres jodidamente imposible, Isabella —bufó exasperado, Paulette sabía perfectamente que estaría jalándose el cabello.
—Como si tú fueras una maravillosa compañía —le gritó de vuelta—. Vete a dormir a la sala porque no quiero verte.
—Esta también es mi habitación, no me marcharé solo porque estás molesta conmigo.
—No lo hagas, puedo ser yo quien duerma perfectamente en otro lugar.
Paulette corrió a la habitación de su hermano, escuchando como la discusión de sus padres seguía escaleras abajo.
Se metió a la cama de Cristopher, quien, al igual que ella, estaba despierto escuchando la acalorada discusión.
—No me gusta que peleen, Cris —murmuró Paulette cubriéndose con la manta hasta la barbilla—, no me gusta para nada.
Seguía escuchando el murmullo de la discusión, detestaba saber que sus papis peleaban, le hacía recordar a Alice y Jasper cuando se gritaban por no tener suficiente dinero para comprar sus dulces de adulto.
—Todo va a estar bien —le murmuró Cristopher en respuesta, abrazándola—, tiene que estar bien, tiene que estar bien.
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La familia entera sabía que las cosas no estaban bien entre ellos.
No era normal verlos tan esquivos entre ellos, ninguno se sentaba cerca del otro, evitaban todo tipo de contacto, incluso para Esme, después de tantos años de casada viviendo altas y bajas en su matrimonio, conociendo los problemas que Emmett y Jasper tuvieron con sus respectivas esposas, viendo a sus amigas y enterándose de miles de problemas maritales, le sorprendía lo ariscos que estaban siendo ambos.
Esme los había visitado continuamente notando que las cosas simplemente no mejoraban, veía como ambos discutían en voz baja para que los niños no escucharan, como se ignoraban mutuamente o se fulminaban con la mirada, ambos dejaban en claro que no querían saber nada el uno del otro.
La prueba más clara para Esme fue cuando sugirió llevarse a los niños al parque sin que Carmen los acompañara.
Bella había dudado.
Edward había pensado que sería buena idea que Paulette y Cristopher pasaran tiempo con su abuelita.
—Ya decidiste, Edward, ¿quieres que ahora me niegue?
—Quiero escuchar qué piensas, porque yo sí tomo en cuenta tu opinión, la valoro.
—Yo valoro la tuya siempre y cuando sea acertada, no una estupidez.
—Estás siendo infantil.
—Claro, habla el maduro de la relación, ¿acaso no acabas de restregármelo en la cara?
Esme se llevó a los niños inmediatamente.
—¿Se van a divorciar? —preguntó Cristopher mientras caminaban por Central Park.
—No lo creo, a veces los padres tienen problemas, pero sabrán arreglarlo.
—Pero llevan mucho tiempo enojados —protestó Paulette—, a veces mami duerme en mi cama o con Cris o en el sofá, a veces papi también lo hace, ellos pelean mucho en la noche cuando creen que nosotros estamos dormidos.
—Los adultos tienen problemas, y en un matrimonio hay muchos más, a veces los padres se enojan y no quieren dormir juntos, pero eso no quiere decir que se van a divorciar, solo necesitan tiempo para poder resolverlo.
Esme esperaba que lo resolvieran rápidamente, realmente no le gustaba ver a su hijo y nietos sufrir por discusiones maritales.
…
Tres semanas sin tener ninguna intimidad con su esposo la estaba poniendo histérica.
De igual modo la falta de menstruación le prohibía comenzar con los anticonceptivos, la ginecóloga le había dicho que era normal que tuviera ciclos irregulares, su cuerpo se estaba acostumbrando al cambio por el retiro del DIU.
No solo era el sexo lo que extrañaba, quería poder acurrucarse por las noches en su pecho mientras hablaban de su día, quería tomar un baño por la mañana y ver a Edward a través de la mampara rasurándose, quería besarlo antes de que ambos se fueran a sus respectivos trabajos.
Quería a su compañero junto a ella, no sentirlo a kilómetros de distancia a pesar de tenerlo a su lado en la cama.
Sabía que era una mujer explosiva, se molestaba con facilidad y le gustaba que todo marchara según lo que ella decía, no era una mujer fácil de entender, muchos podrían llamarla histérica, mal cogida, zorra, puta, entre muchos otros insultos, pero Edward nunca lo había hecho.
—Bella —la voz de Tanya a través del intercomunicador la sacó de su miseria—, la señora Sutherland necesita hablar contigo.
—Es señorita —protestó la chillona voz de Katy.
Lo que le faltaba a su estúpido día.
—Hazla pasar, Tanya.
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Jessica le sonrió sentada en su escritorio, Bella había ido las suficientes veces a la oficina de Edward para saber que ella no necesitaba presentación.
La sonrisa en su rostro se congeló al ver a Kate tan cerca de su marido.
Había miles de explicaciones completamente inocentes que justificaban su cercanía, pero en ese momento ninguna parecía lo suficientemente buena para evitar que Bella sintiera al monstruo de los celos crecer en su interior.
—Hola, Bella —sonrió Kate, carraspeando al notar lo tenso del ambiente—. Es una grata sorpresa verte por aquí, yo ya me iba. A las cinco, Edward, no lo olvides, detesto que me dejen plantada.
Bella llevaba una relación bastante amistosa con Kate, pero eso no evitaba que en ese momento quisiera descuartizarla por atreverse a tocar a su esposo.
El mismo con el que llevaba casi un mes sin intimar.
—¿A qué debo tu grata visita? —preguntó Edward después de que Kate cerrara la puerta.
—¿Debo tener un motivo? —preguntó cruzándose de brazos aún de pie junto a la puerta.
—No —se encogió de hombros volviendo a su asiento detrás del escritorio—, me gusta que estés aquí, ¿te sientas conmigo?
Con los brazos cruzados y el ceño fruncido caminó hasta sentarse en una de las sillas frente a Edward.
—No me refería a eso y lo sabes —bufó frustrado—. ¿Por cuánto tiempo?
—El necesario para que abandones la absurda idea del bebé.
—Podríamos...
—No, no tendré ningún bebé, fin de la discusión.
—Tú fuiste la que comenzó, no puedes simplemente terminarla solo porque se te da la condenada gana.
—Sí puedo —respondió poniéndose de pie—. Venía a invitarte a comer conmigo, pero por lo visto tenías planes con Kate.
—Isabella...
—No me importa —espetó.
—Yo nunca te digo nada cuando comes con Alec —dijo e imitó su acción.
—La diferencia es que no estamos solos, nunca he quedado con él a solas y mucho menos le he permitido estar tan cerca de mí.
—Kate solo me ayudaba con la corbata.
—Sí claro, pues tal vez Alec necesite ayude con la brague... —Bella se vio interrumpida cuando Edward la tomó del brazo con fuerza y la pegó a su pecho.
—No estoy para tus juegos, Bella —habló a centímetros de sus labios.
—Suéltame, Edward.
—Mucho tiempo, Bella, entiendo que estés enojada, pero…
—No estoy enojada.
—Isabella…
—Está bien, sí lo estoy, pero es tu culpa —protestó soltándose de su agarre—, tú provocaste esto.
—Claro, yo quise quedarme sin sexo.
—No seas idiota.
—Nunca quise llegar a esto, yo solo digo que podríamos...
—No, Edward, es mi vida, mi cuerpo y mi decisión.
—Es nuestra vida, Isabella —le recordó tomándola de la cintura—, es nuestra decisión.
Bella quiso resistirse, realmente intentó detener el apasionado beso, quiso soltarse de su agarre y evitar que la llevara al sofá, detestó ser tan débil, pero había pasado demasiado tiempo y necesitaba sentir a su esposo cerca de ella.
—No podemos —logró articular al levantar las caderas para que Edward le quitara las bragas.
—Claro que sí, mi amor.
Bella observó el paquetito metálico color rosa, maldita sea, hacía años que no usaba un condón de sabor.
La ropa desapareció rápidamente, estaba segura de que su blusa había terminado desgarrada y que tal vez Edward necesitaría ir a casa y conseguir unos pantalones que el botón y bragueta aún sirvieran.
—Mucho tiempo —murmuró Edward antes de entrar en ella.
—Espera, Edward —lo detuvo alejándolo de su cuerpo—, no podemos hacerlo, amor, no podemos.
—Tengo el condón puesto, puede que pasara tiempo, pero no he olvidado cómo ponerlo, estamos seguros.
—Tengo algo que decirte antes, con respecto a la cita…
—Estaré ahí —le aseguró Edward—, si es lo que quieres, entonces estaré ahí.
—No es eso —acarició su mejilla con más ternura de la que el momento ameritaba—, la cancelé hace unas horas, no lo haré sabiendo que te lastimo, prefiero correr el riesgo a que sigas molesto conmigo, no puedo ni quiero seguir de este modo, no lo soportaría un minuto más.
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Hola!
Patito ha perdido un diente y esto ha llevado a un nuevo acontecimiento, sabe que está en casa y nunca se va a marchar, esto es un gran paso, Cris aún se siente inseguro en ocasiones y ahora es consiente que su hogar siempre estuvo junto a Bella y Edward, un pequeño suceso que para la mayoría de los niños es normal, para nuestro Patito es de suma importancia, ahora esta completamente seguro que está en casa
¡NO HAY BEBÉ!, Ta l vez ustedes no estén muy felices (se que mis queridas acosadoras no lo estarán), pero Bella sí que lo está jajajaja
Aunque como dijo al final, prefiere correr el riesgo que seguir molesta, todo puede pasar…o no pasar *inserte risa malvada*
Yanina, eres la mejor, gracias por la revisión del capítulo, no se que haría sin ti
Déjenme sus comentarios, opiniones, criticas, teorías o lo que quieran compartir conmigo en un review.
Nos vemos hasta la próxima.
