Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
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Capítulo 9
Bella suspiró al notar el número que su identificador de llamadas mostraba, eran unas buenas vacaciones hasta que el número de Rosalie apareció en la pantalla del móvil, sin querer soportar a dicha rubia, rechazó la llamada y apagó el teléfono, no lo necesitaría durante esa velada y en todo caso se lo pediría a Edward, pero Rosalie no iba a arruinar su velada.
Habían sido unas buenas vacaciones, entraban dentro de la lista de sus cinco mejores.
La visita había sido tranquila, siempre y cuando ignorara el hecho de que su madre, Sue, Esme y sus cuñadas actuaban muy raro, tramaban algo pero ninguna le quería decir, incluso tenía sus dudas acerca del conocimiento de Edward, él le decía que no sabía nada, a pesar de la mamada que le había dado y que después de terminar en su boca le asegurara con voz agitada que no sabía lo que se traían entre manos, seguía dudando de que no estuviera omitiéndole información.
—¿Estás lista? —preguntó Holly entrando a la habitación—. Los invitados ya están abajo y Black está preguntando por ti.
—Es un idiota —respondió Bella rodando los ojos—. Voy enseguida, asegúrate de que Edward no le rompa la nariz.
—Por mí, puede rompérsela —respondió Holly saliendo de la habitación.
Bella suspiró y terminó de aplicarse el labial antes de salir y bajar al primer piso en donde los amigos cercanos de la familia les esperaban en la cena navideña que los Swan siempre organizaban.
A lo largo de su vida, solo había asistido una decena de veces, durante su niñez y adolescencia, si Holly estaba de novia con alguien, la llevaba con ella a pasar las fiestas, cuando se hizo formal con Edward pasó todas su navidades con él, a veces se quedaban en Nueva York con la familia de Edward, otras veces en Luisiana, otras con Holly o a veces solo eran ellos dos.
Todas habían sido únicas a su modo.
Las navidades pasadas habían tenido a Paulette nuevamente en sus vidas, y en estas tenían a Patito, todo estaba en su lugar, tal y como debió haber sido desde un principio.
Guardó de nuevo el labial en su cosmetiquera y bajó al primer piso a asegurarse que su esposo e hijo no asesinaran a todo aquel que osara acercarse a ella.
Jacob Black estaba a la cabeza de la lista de posibles asesinatos.
Sue se esmeraba cada año para ofrecer una maravillosa cena, era una excelente anfitriona, podía estar al pendiente de lo que salía y entraba de la cocina, los invitados que llegaban, los niños que corrían a través de las habitaciones, y aun así llevar una conversación amena e interesante con cualquiera que quisiera hablar.
Para desgracia de Bella, quien esperaba al final de las escaleras era Jacob Black junto con un idiota que no dejaba de ver su escote y quien estúpidamente flexionó sus brazos para marcar los músculos en su camisa.
Un gran y rotundo idiota.
—Luces muy hermosa, Isabella, eres un cisne.
—Mi esposo cree que soy más hermosa que un cisne —respondió restándole importancia—, y hablando de mi esposo, ¿lo han visto? Necesito tomarte una fotografía con él y los niños antes de que termine arruinando mi labial.
—¿Planeas arruinarlo? —preguntó el tipo junto a Jacob.
—¿Acaso no has visto a mi esposo? Planeo arruinar más que mi labial cuando logre encontrarlo.
Bella se alejó de los dos idiotas que se habían quedado de piedra, eran un par de bobos que creían que por tener músculos caería a sus brazos, para meterse en sus bragas de mujer casada debían ser mil veces mejor que su marido, y era simplemente imposible imaginar que existiera un hombre mejor que su caliente y apuesto Edward.
—Solo no le digan a mami ni a la abue Holly.
Bella sonrió al ver a sus tres amores robar flores de azúcar del pastel, ver a ese hombre que con orgullo llamaba esposo siendo cómplice de sus hijos, le hacía rectificar que era simplemente imposible encontrar a alguien mejor que él.
Y lo mejor es que era completamente suyo.
—Creo que ustedes deben limpiarse esas bocas o preferiré tomar mi foto navideña sola.
Ambos se giraron con las mejillas sonrojadas por verse descubiertos.
—Me han obligado a hacerlo —declaró Edward apuntándolos—, y me han chantajeado con decirte que fue mi idea si los acusaba.
—Fue idea de Paulette —declaró Cris escondiendo la flor de azúcar en su espalda.
Bella observó como su pequeña niña sonreía tranquilamente y terminaba su flor de azúcar antes de caminar con delicadeza hacia ella y estirarle los brazos para que la cargara.
—Lo siento, mami, pero realmente quería una y sabes que soy una líder como tú, por eso he convenció a Papi y Cris de hacerlo.
—Está bien, gracias por decirme la verdad, lo aprecio mucho, puedes tomar otra flor de azúcar y después iremos a tomar la fotografía.
El jadeo de sus dos hombrecitos fue suficiente para hacerla reír.
...
Esme vio como su hijo y nuera se escondían en uno de los tantos armarios, la cena navideña estaba siendo todo un éxito, nunca había recibido tantos halagos por su pudin de pan y su pierna de cerdo, todos parecían amar la comida casera y la hacían sentirse como en casa, incluso cuando Rosalie llamó para desearle feliz Navidad y hacer el comentario de la falta que hacían en casa, no le importó. La familia de Bella había resultado ser muy diferente a lo que había creído, había encontrado unas buenas amigas en Sue y Holly, mientras Sue entendía la importancia de mantener a la familia unida, hacer cenas familiares, tener a sus hijos y nietos juntos y el hecho de que daría la vida por todos ellos, Holly era esa parte alocada que se mantenía en movimiento veinticuatro de siete, ambas eran un buen complemento.
Había aprendido más cosas en esos últimos días de Bella con solo verla interactuar con sus hermanos, sobrinos, cuñadas, padre, madre y madrastra, era como ver a una Bella diferente, la que sólo muy pocos tenían el privilegio de ver.
Ahora entendía lo que Carlisle y Edward habían visto en ella, y a Esme también le gustaba.
—¿Has visto a Bella? —preguntó Charlie con el ceño fruncido—, juraría que la vi escabullirse con Edward.
—No, yo he estado aquí y no han pasado.
—Seguiré buscando —dijo y se encogió de hombros.
Antes de que pudiera seguir buscando a su hija, Esme lo detuvo.
—No te he agradecido por traernos a mi esposo y a mí.
—No tienes por qué agradecer, sabía que Bella nunca aceptaría si ustedes no estaban presentes.
—Aun así es un gesto muy amable de tu parte, los boletos no fueron nada baratos.
—Eso no importa, Esme, lo importante es hacer que nuestros hijos hagan las cosas bien, como se deben.
—Estoy muy de acuerdo, te ayudaré a buscarlos.
Esme alejó a Charlie del armario en donde su hijo y nuera se escondían a jugar ajedrez.
...
Edward fue el primero en escuchar los rápidos pasos que se acercaban peligrosamente a su habitación, sabía que tenía a lo mucho tres minutos antes de que su cama fuera invadida por dos pequeños diablillos que demandarían ir a bajo y abrir los regalos que Santa les había dejado.
Sintió a Bella removerse entre sus brazos, su camiseta subiéndose lo suficiente para mostrar su braga de encaje además de los hematomas que le había dejado durante la noche, al ver el caliente cuerpo de su esposa y sentirlo tan cerca y dispuesto para él, sintió a su miembro ponerse duro de solo pensar en las posibilidades.
Pero aunque le encantaría rodar a su esposa hasta tenerla sobre su espalda, descender al paraíso entre sus piernas y perderse en el placer que le ofrecería, no podía hacerlo ya que la protesta de Paulette hacia su hermano por ser tan condenadamente lento, le recordó que tenía a dos pequeños que podían quedar traumados al ver a sus padres en tal situación comprometedora, suficiente habían tenido con explicarles acerca de la pijamada en donde no usaron pijama.
Sin duda la charla más incómoda de su vida con Cristopher, ni siquiera se atrevía a pensar cómo había sido para Bella.
Bajó la camiseta de Bella cubriendo sus bragas, controló a su alegre miembro que deseaba enterrarse en su esposa y se cubrió con la manta hasta la cintura, preparado para recibir a sus dos terremotos.
No lo decepcionaron ni un poco, Paulette fue quien abrió la puerta sin delicadeza causando que esta chocara contra la pared.
—Santa llegó, Santa llegó —chilló Paulette corriendo a la cama y trepando—, tienen que levantarse, llegó Santa.
—¿Pueden darme una hora más, por favor? —preguntó Bella escondiendo su rostro en el pecho de Edward—. Es demasiado temprano.
—No, no podemos —respondió Cristopher subiéndose a la cama, aunque a diferencia de Paulette que saltaba emocionada en la cama, Cris solo se quedó sentado esperando—, Santa ha llegado y hay muchos regalos abajo.
—Vamos, grinchella, tenemos que abrir obsequios —habló Edward dándole una nalgada causando la risa de los niños—; tal vez Santa te ha dejado algo por ser una niña buena.
—No creo, papi, ayer Megan te escuchó decir que mami era una niña mala y traviesa y que tendría su merecido durante la noche, ¿su merecido es tener carbón?
Edward sintió su cara caliente, sabía que estaba ruborizándose al saber que una de las niñas había escuchado su comentario sexual.
—Creo que estamos tardando mucho en bajar —habló Bella quitándose las mantas—, vamos antes de ser los últimos en recibir regalos.
Ambos niños asintieron y salieron de la cama, corriendo fuera de la habitación y dejando a sus padres avergonzados.
—Creo que cuando sean lo suficientemente mayores para saber lo que en verdad significaban nuestros comentarios, serán ellos los avergonzados.
—Puedo vivir con eso, siempre y cuando entiendan que no hay nada que me impida que esté dentro de ti.
—No lo hay, Edward —declaró poniéndose su bata de seda—, tuvimos sexo hace apenas unas horas con toda mi familia a unos cuantos metros, créeme, todos saben que no hay nada que te lo impida.
—Solo un condón —respondió al mismo tiempo que guardaba la caja negra con los condones de sabores en el cajón de la mesita junto a la cama—, extraño estar dentro de ti sin ninguna barrera.
—Pronto.
—No lo suficiente.
Bella rodó los ojos pero disfrutó de restregar su trasero contra la semi erección de su esposo cuando la abrazó antes de salir de la habitación.
...
Esme observó la cantidad de paquetes debajo del árbol, todos ellos perfectamente envueltos, con etiquetas identificando para quién era cada obsequio, incluso, si su vista no le fallaba, al menos cuatro tenían su nombre.
Una Navidad completamente diferente a la que estaba acostumbrada, un claro ejemplo era cómo Vanessa y Valery procuraban que ningún vaso quedara vacío de Chocolate por mucho tiempo. Aun siendo las seis de la mañana era simplemente un sueño ver la casa tan ordenada y a todos vistiendo pijamas combinadas, había olvidado la última vez que ella y Carlisle habían usado pijamas combinadas.
Incluso cuando su hijo apareció en la sala, abrazando a Bella con las batas de seda en azul rey y rosa con Sr. y Sra. Cullen bordado en el extremo izquierdo le hizo darse cuenta de lo diferentes que eran.
Al girar y ver la actitud despreocupada de Carlisle, le dio a entender que no le interesaba en lo absoluto lo que había a su alrededor.
—¿Quién primero? —preguntó uno de los niños que se encontraban sentados en la alfombra.
—Primero yo —habló Holly entrando a la sala, con su cabello envuelto sobre su cabeza—, quiero mis regalos.
—Fuiste la última en llegar, abue Holly —protestó Paulette—, eres la última en recibir obsequio, son las reglas.
—Estúpidas reglas —respondió caminando al sofá que Bella y Edward ocupaban—. Quítate, deja sentar a tu madre.
Esme se rio sin poder evitarlo, era gratificante ver cómo Holly podía mandar a Bella y ella obedecía sin chistar.
Las virtudes de ser madre.
—La primera vez que vi a mi hija sentada en tu hijo, quise castrarlo —contó Charlie que estaba sentado junto a Carlisle bebiendo café negro.
—Agradezco tener puros chicos —respondió Carlisle bebiendo de su taza de café—, me libré de pasar por eso.
Esme aún no entendía cómo Charlie y Carlisle se habían hechos íntimos amigos cuando solo llevaban unos días conociéndose, ahora parecían ser amigos de toda la vida.
No había día en que ambos no se perdieran por algunas horas y aparecieran tiempo después con latas de cerveza luego de pasar la tarde en el pantano.
Los niños abrieron sus obsequios, chillando de alegría al encontrar lo que había dentro del paquete, llenando la casa de felicidad ante el hecho de recibir su recompensa por ser niños buenos.
Los adultos también habían recibido regalos, desde joyería, viajes para dos, días en el spa o tarjetas de regalos para tiendas departamentales, hasta ropa, bolsos o zapatos de diseñador. Incluso ella y Carlisle habían recibido un viaje para dos por el Caribe, joyería y tarjetas de regalo; sabía que la tarjeta del salón de belleza por un año, era de parte de Bella, sabía que una cita en ese lugar costaba un ojo de la cara y el otro cuando pagaban el tratamiento, se lo agradeció silenciosamente a Bella, habían pasado meses desde la última vez que se había arreglado el cabello.
Solo quedaban dos obsequios debajo del árbol, una caja pequeña rectangular con papel dorado y un moño rojo y otra más pequeña de color blanco con un moño azul.
—Ambos son para la tía Bella —dijo Seth con el ceño fruncido—, pero si la tía Bella se portó mal, el tío Edward lo dijo durante la noche, dijo que recibiría su castigo, debió recibir carbón.
Esme sintió su cara arder mientras Holly se carcajeó sin pudor alguno.
—Los grandes no reciben carbón, tienen un castigo diferente, y Bella lo recibió durante la noche —respondió Embry meneando las cejas causando la risa de todos los adultos.
—No es mi culpa que tus castigos duren menos de cinco minutos —respondió Bella alisando su cabello castaño.
Los niños tenían el ceño fruncido sin entender a lo que se referían, pero antes de que Embry pudiera responder con otro comentario en doble sentido, Charlie puso fin al tema y ordenó que Bella abriera sus obsequios.
Esme sonrió sin poder evitarlo viendo cómo Holly le respondía la sonrisa para después observar a Bella que desgarraba el papel de la caja rectangular, el cual estaba marcado con el número uno.
Notó su ceño fruncido, así como el de los niños al ver la tarjeta dentro de la caja, los miró a todos y quitando el elegante listón que mantenía cerrada la tarjeta, la abrió.
Los enormes ojos de incredulidad, así como su jadeo sorprendido y que abriera la segunda caja sin ningún tipo de cuidado, fue suficiente recompensa para saber que habían logrado su objetivo.
—¿Qué significa esto? —murmuró abriendo la cajita y dejando ver el bonito y costoso anillo de compromiso.
—Bueno —habló Edward tomando la cajita cuadrada e hincándose sobre una rodilla—, Santa supo lo mucho que a nuestros padres les gustaría estar presente en nuestra boda, por eso me ha ayudado a pedirte que te vuelvas a casar conmigo.
La mano de Carlisle deteniendo su hombro le hizo notar que se había inclinado, expectante a la respuesta de Bella, era tonto esperar el "sí", puesto que ya estaban casados, pero ahora entendía aún más por qué tanta insistencia en mantener en secreto los planes, no se había dado cuenta de lo mucho que quería estar presente en el compromiso y la boda de su hijo hasta ese momento.
Golpearía a Bella si osaba decirle que no, la llevaría hasta el altar a punta de pistola si era necesario
—Eres un idiota —respondió Bella sonriendo—, pero eres mi idiota y sabes que siempre será un sí.
Bella se inclinó y estampó sus labios en los de Edward, las niñas suspiraron de alegría, los niños hicieron arcadas por el asco de ver un beso para nada inocente.
—Está bien, suficiente —intervino Charlie poniéndose de pie—, no está bien que hagas eso enfrente de tu padre.
—Como si no pensaran hacer cosas peores cuando regresen a su habitación —habló Quil antes de reír, secundado por Holly, Carlisle y Sue.
...
—¿Te quieres casar en siete días? —preguntó Bella después de leer la invitación de la boda.
—¿Por qué no?, ya estamos casados, solo sería una ceremonia simbólica.
—Porque si me voy a casar contigo con mi familia y tus padres aquí, entonces quiero un vestido largo.
—Está resuelto, nena —habló Holly—, he escogido tres vestidos que sé que te encantarán, solo tendrás que escoger uno.
—¿Acaso lo tenían todo planeado?
—Por supuesto —respondió Sue—, por eso te pedí que Esme y Carlisle vinieran, Charlie me dijo que si ellos no estaban no aceptarías.
—¿Esto era lo que me escondían?
—Sí —respondieron todos al unísono.
—Yo me enteré hace dos semanas y fue solamente porque me dijeron que tenía que conseguir un anillo, sabes que siempre estoy dispuesto a casarme contigo, así que no tuve problemas en cumplir mi parte.
—Quisiera estar molesta con ustedes por planear mi boda sin consultármelo —habló cruzándose de brazos—, pero los perdonaré si me dicen a dónde iremos de luna de miel.
—A una isla nudista —respondió Holly como si se tratara de lo más natural del mundo.
Bella omitió el hecho de que ya había estado en una cuando escuchó el gruñido de Charlie, quería a su esposo completo, no castrado por los celos de Charlie.
—Isla Mujeres —respondió Esme—, en Cancún, ustedes deciden si llevan a los niños o no.
—Luna de miel, lo último que quieres hacer es salir de la habitación —habló Holly, riendo ante el gruñido de su hermano mayor—, los niños regresan conmigo, Esme y Carlisle a Nueva York, Carmen estará ahí cuando lleguemos y ustedes volverán dos días antes de tener que regresar a sus respectivos trabajos.
—Por lo visto tienen todo calculado —respondió Bella cruzándose de brazos—, me gustaría ver mi vestido ahora.
Holly tomó la mano de Bella y la llevó casi a rastras a su habitación en donde guardaba los vestidos, las demás mujeres la siguieron, expectantes de verse en dichos vestidos.
...
~~Dos días después~~
Cristopher entró a la casa en busca de Paulette, nadie sabía dónde se había metido, no estaban jugando a las escondidas, tampoco estaba jugando con su muñeca y mucho menos estaba con Bella, ya que ella se estaba dando muchos besos con Edward en el granero —no había dejado de besarlo desde que le pidió que se casara con él de nuevo, no entendía por qué debían hacerlo, pero parecía que todos estaban muy complacidos con la noticia, por eso no mencionó nada y estuvo feliz al igual que ellos—, simplemente no estaba por ninguna parte.
Al ser su hermano fue el encargado de buscarla y llevarla al patio en donde todos esperaban para poder jugar.
El primer lugar en el que buscó fue en su habitación, tal vez estaba dormida o se estaba cambiando de ropa o buscaba algún brazalete, Paulette podía estar haciendo cualquier cosa, pero al entrar a la habitación, solo encontró su maleta de pingüino abierta sobre la cama, no entendía por qué estaba en ese lugar, ambos habían desempacado hacía días y habían guardado las maletas en el armario, no entendía por qué Paulette había sacado su maleta.
Salió de la habitación cerrando la puerta detrás de él, se dirigió a la habitación de Bella y Edward, tal vez estaba ahí buscando algún brillo labial, pero solo encontró a Bernie durmiendo sobre la almohada de Edward.
—¿Has visto a Paulette? —le preguntó a la gatita, ganándose un "miau" como respuesta—. Está bien, seguiré buscándola y no te molestaré, solo no hagas pipí en la cama, Bella y Sue se enojarán si lo vuelves a hacer.
La gatita maulló mientras Cristopher salía de la habitación.
Estaba por bajar la escalera y buscar en la cocina o en la oficina del abuelo Charlie, sin embargo uno bolita de algodón llamó su atención, podría ignorarla, podría incluso dársela a Bernie para que jugara, pero ya que estaba afuera de la habitación de la abue Holly, debía ser importante, aún recordaba cómo Holly retó a Sue por no decirle que a su suéter le colgaba un hilo.
No sabía de qué podía ser, pero quería mucho a la abue Holly, por esa razón tomó el pedazo de algodón del suelo y abrió la puerta olvidando tocar antes.
Debió hacerlo, tendría que haber tocado la puerta, porque de ese modo hubieran escondido los pedazos destrozados de Pato.
Su amado pato amarillo, aquel con el que dormía durante las noches, el mismo que no había podido encontrar desde hacía días y que Carmen y Matilde habían buscado hasta el cansancio, ahora estaba ahí, con el cuerpo desgarrado, con la mitad del algodón perdido y la cabeza suelta con el pico deshilachado.
Era la peor imagen que en su corta vida había visto.
—¡Arruinaste a Pato! —chilló entrando a la habitación.
—Fue un accidente —respondió Paulette bajando de la cama—, Butterfly se metió a tu habitación cuando iba a pedirte tu cepillo porque no encontraba el mío, me di cuenta que entró conmigo cuando encontró a Pato y salió corriendo, la perseguí e intenté quitárselo pero creyó que estaba jugando y... Pato murió.
Cristopher tomó la cabeza de Pato que Paulette tenía entre sus manos, notando la aguja e hilo amarillo en la cama, habían intentado componerlo, pero era simplemente imposible, Pato estaba perdido.
—Te odio.
—Cris...
—Arruinaste a Pato, por tus tonterías perdí a Pato.
—¡Fue un accidente! Nunca quise que pasara.
—Pero pasó, eres una tonta y te odio.
—¡Fue un accidente! —sollozó Paulette.
—Yo tendría que estar llorando, yo perdí a mi pato, tú no.
—¡Lo siento!
—Eso no lo arregla.
—¿Y qué quieres que haga?, fue un accidente, Cris, sabes que nunca quise que pasara.
—No lo sé.
—Nunca lo haría —protestó Paulette enojada—, no puedes dudar de mí, fue un accidente.
—No te creo —declaró cruzándose de brazos.
—Soy tu hermana.
—Mi hermana no hubiera destruido a Pato.
—¡Fue un accidente! —repitió.
—Pues no te creo y te odio por hacerlo.
—Pues yo te odio por no creerme.
—No me importa, yo te odio más.
—Basta los dos —los silenció Holly—, no es manera de arreglar las cosas, son hermanos, no se odian, solo están molestos, las cosas se arreglan si ambos hablan como niños civilizados que son.
—No hay nada que arreglar, por su culpa perdí a Pato y nunca, nunca se lo voy a perdonar.
Cristopher salió de la habitación y corrió escaleras abajo, topándose con Sue y Valery que subían las cestas de ropa limpia, las cuales terminaron en el suelo cuando él pasó a toda prisa.
—¿Pero qué pasó?
Cristopher ignoró la pregunta de Sue y siguió corriendo fuera de la casa, no quería a nadie cerca, quería estar solo con lo único que quedaba de Pato.
Era tan injusto.
Él siempre cuidaba de Paulette, intentaba ser un buen hermano mayor, procuraba que sus muñecas siempre estuvieran fuera del alcance de Butterfly, pero Paulette había causado que perdiera a su peluche favorito.
—¿Patito?
Cristopher se detuvo al escuchar la voz de Bella, caminaba junto a Edward, ambos tenían el cabello despeinado y su ropa arrugada, además Edward tenía el labial de Bella por toda la boca.
—¿Qué pasó, Patito? —preguntó Edward.
Cristopher no respondió, solo extendió su mano mostrándoles la cabeza de Pato, no pudo contener las lágrimas por más tiempo y se lanzó a los brazos de Bella que inmediatamente lo recibió.
Escondido en el cuello de Bella y sintiendo la mano de Edward acariciando su espalda, escuchó a lo lejos el sollozo de Paulette, las preguntas de sus primos y tíos y cómo Holly intentaba explicar lo que había pasado.
Era tan injusto todo.
Mirando a través del cabello de Bella el cual servía como escudo para que nadie lo viera, vio como Edward tomaba la cabeza de Pato y suspiraba tristemente, él también estaba triste por perder a Pato, Edward y Bella lo entendían.
Al sentir los besos de Bella en su frente y a Edward acariciando su espalda, el dolor de perder a Pato disminuía un poco.
...
Bella entró a la habitación de Paulette horas después, Cristopher ahora estaba durmiendo en la habitación de ellos, con Edward velando sus sueños, por fin se había calmado lo suficiente para poder descansar.
Cristopher les había contado su parte de las cosas, había llorado durante todo momento por Pato, Bella también quería llorar, pero debía mantenerse fuerte para su niño.
Ahora necesitaba hablar con Paulette, sabía que había sido un accidente y que su niñita necesitaba sentirse apoyada. Principalmente, necesitaba que Cris entendiera que había sido un accidente y dejara de decirle que la odiaba.
—Hola, bonita.
—Hola, mami —murmuró Paulette recostada en su cama.
—Cris me contó lo que pasó.
—Fue un accidente —declaró levantándose hasta quedar sentada—, intenté quitárselo a Butterfly pero es más fuerte que yo y no pude.
—¿Por qué no fuiste con Carmen, conmigo o con papi?
—Porque tuve miedo, sabía que Cris se molestaría y se pondría triste y no quise que pasara.
—Sé que tus intenciones fueron las mejores, mi amor —le aseguró atrayéndola a sus brazos para que quitara su carita triste—, eres una niña dulce que ama a Cristopher.
—Claro que lo amo, es mi hermano, no quiero verlo triste, por eso traje a Pato aquí, pensé que la abue Holly podría ayudarme, ella me dijo que podía.
—¿Le contaste?
—Sí, por eso lo traje escondido en la maleta, ella dijo que sabía repararlo, pero cuando estábamos haciéndolo dijo que era más difícil de lo que creía y en ese momento entró Cris... yo solo quería componer a Pato.
Bella consoló a su niñita, debía arreglar las cosas pero aún no sabía cómo.
Qué difícil era ser padre en ese momento.
...
Bella y Edward querían pasar todo el tiempo que tenían intentando contentar a sus dos hijos, pero la boda que sus madres habían planeado se acercaba a pasos agigantados y el vestido y traje debían ajustarse, tres días no era tiempo suficiente.
Holly había intentado reponer a Pato con uno nuevo, pero solo se ganó el llanto de Cristopher y que Bella perdiera su cita con la costurera, no podía dejar a Cris llorando.
Paulette había intentado hablar nuevamente con Cristopher, pero solo logró que la gatita Bernie le arañara el brazo.
Edward había manchado su saco color gris cuando consoló a Paulette, causando que tuvieran que buscar con urgencia un saco igual, después de cuatro horas buscando un saco decente, Edward también perdió su cita con la costurera cuando Cristopher lloró después de ser reprendido por no cuidar que Bernie no arañara, Paulette también lloró después de que Cristopher la corriera de la habitación.
Las cosas no estaban nada bien, tener a dos niños molestos y una boda, junto con los planes para el Año Nuevo, era simplemente imposible.
...
Cristopher estaba sentado en una de las sillas de la cocina, Sue preparaba galletas y lo había dejado comer el sobrante de la masa.
—Ven conmigo.
Cristopher miró la mano que le tendía el padre de Bella, ese hombre con bigote extraño que siempre quería llevarlo a todos lados, el mismo que le regaló un pony a Paulette después de que Santa no le dejó uno de sus renos.
Le gustaba un poco Charlie, pero se debía principalmente a que se parecía mucho a Bella, y Cris amaba demasiado a Bella.
—¿A dónde?
—Te tengo una sorpresa.
—¿Bella no se va a enojar esta vez?
—Probablemente lo haga.
Frunció el ceño sin entender por qué le divertía hacer enojar a Bella, todos tenían miedo del mal humor de Bella, no entendía mucho a Charlie.
—Si pregunta, le diré que yo no sabía nada.
—Claro, me culparé por completo —respondió Charlie tomándolo de la mano y guiándolo a la puerta trasera—. Sé que sigues enojado con Paulette.
—Por su culpa perdí a Pato —protestó sintiendo sus ojos humedecerse—, nunca se lo voy a perdonar.
—Ya discutiremos eso luego.
Cristopher bufó pero siguió caminando junto a Charlie. No preguntó acerca de lo que tenía en la caja, tampoco por qué tenía tanto cuidado mientras caminaban, tampoco entendía por qué se dirigían a una parte de la granja que nunca había visitado.
Pasaron la pileta en donde sus primos y Paulette pasaban el rato.
Caminaron alrededor de unos veinte minutos hasta que llegaron al estanque en donde nadaba tranquilamente una parvada de patos, la mayoría eran grandes y solo había siete bebés.
—No sabía que tenías patos.
—Son un hobby, es entretenido atender a los patos, darles de comer, verlos crecer, tener patitos.
—Me gustan los patos.
—Lo sé, por eso pensé que te gustaría acompañarme en esta ocasión.
Charlie se inclinó, abrió la caja y la puso de forma horizontal para que los patitos empezaran a salir.
Cristopher nunca había visto patitos, todos ellos eran esponjados, pequeños y muy feos.
—No son patos, son cisnes —habló Charlie—, pensé que nos quedaba mejor tener cisnes.
—Yo no me apellido Swan.
—Tal vez no, pero te pareces demasiado al abuelo Swan, era un hombre de carácter fuerte y con mucho orgullo, así como Bella, tú y yo.
—¿En serio?
—Sí, fue un hombre muy sabio, pero de igual manera no aceptaba las equivocaciones de otros y no perdonaba fácilmente.
—Tal vez no se merecían su perdón.
—O se negaba a escuchar toda la historia.
Cristopher frunció el ceño, centrando su atención en los pequeños cisnes que nadaban en busca de su mamá.
—Cuando tenía más o menos tu edad, yo también perdí mi avión de juguete.
—¿En serio?
—Sí, Holly lo lanzó desde la planta alta de la casa y terminó rompiéndose, mi padre no pudo arreglarlo.
—¿Te enojaste con ella?
—Muchísimo, pero terminé perdonándola porque sabía que estaba arrepentida, los accidentes ocurren y sabía que ella se sentía muy mal porque yo estaba enojado con ella, es mi hermana y la quiero, a pesar de que en ocasiones me saque de quicio.
Cristopher no era tonto, sabía lo que intentaba hacer Charlie.
—¿Querías mucho a tu avión?
—Era mi juguete favorito.
—No me refiero a eso —negó con la cabeza—, me refiero a si realmente querías a tu avión. Pato era lo único que Bella y Edward tenían cuando yo no estaba, cuando estaba en las casas de acogida pensaba en Pato e imaginaba que aún lo tenía conmigo y por esos momentos dejaba de tener miedo.
—Pato era lo que te unía a tus padres —aseguró Charlie—, cuando regresaste fue la prueba de que nunca te olvidaron, que siempre esperaron por ti.
Cristopher no respondió, se limitó a ver a los cisnes que nadaban temerosos en el agua, los patos los veían desde su posición lejana.
—Ya no estás ahí, sabes, no puedes seguir viviendo en el pasado.
—No lo hago.
—Sí lo haces —respondió Charlie—, tú eres uno de esos cisnes, sabes, tú y Paulette son como esos pequeños cisnes, dos hermanos que se necesitan para sobrevivir pero ambos necesitan padres que los cuiden.
—Ellos no tienen a Bella y Edward.
—¿Seguro?
Cristopher observó de nuevo a los patos que nadaban alrededor de los pequeños cisnes, una de las patas que tenía a sus patitos junto a ellos se acercó y comenzó a tocarlos con su pico, era un toque cuidadoso, un toque que no los lastimaría.
—Esos cisnes serán parte de la parvada, así como Paulette y tú son parte de esta familia.
—Lo sé.
—¿En serio?, porque los cisnes pueden no querer serlo, puede que el cisne macho no olvide que sus padres no estuvieron con él, que ahora tiene que crecer porque su hermana lo obligó a salir del caparazón, haciéndolo perder lo único que le recordaba a sus padres cuando no estuvieron juntos.
—El cisne quiere a su hermana —respondió al ver que el cisne esperaba al otro—, se tienen el uno al otro.
—¿Entonces por qué tú estás enojado con Paulette? Ella te ha dicho que fue un accidente y realmente siente lo que pasó.
Cristopher mordió su labio inferior y jugó con sus manos.
—Tengo miedo de regresar y perderlos a todos, el cisne también tiene miedo de perder a su nueva familia.
—No debes tenerlo.
—¿Por qué no?
—Porque no tengas duda de que moveré cielo, mar y tierra para tenerte por siempre en esta familia —respondió hincándose hasta quedar a la altura de Cristopher—, debes saber que el abuelo Charlie hará todo lo posible e incluso lo imposible para que tú estés seguro y nunca tengas miedo.
—¿Lo prometes?
—Te lo juro.
Cris asintió y envolvió sus brazos alrededor de Charlie.
—Necesito regresar a casa.
—Muy bien.
Cristopher vio por última vez a los dos cisnes que ahora nadaban junto a la mamá pato, eran parte de la familia y nadie lo dudaba, el cisne macho estaba feliz y amaba a su hermanita a pesar de todo.
Cristopher observó como Paulette estaba sentada en la orilla de la pileta, no jugaba con nadie, solo estaba ahí sentada, esperándolo a él. Soltándose de la mano de Charlie corrió hacia Paulette llamándola.
Ambos terminaron cayendo a la pileta, al salir a la superficie, Cristopher abrazó a Paulette, susurrándole lo mucho que la quería y que nunca volvería a enojarse con ella.
Hola!
Yanina, gracias por la ayuda con la revisión del capítulo, eres la mejor.
Déjenme sus comentarios, ipinyopin, críticas, teorías o lo que quieran compartir conmigo en un review, recuerden que dejar un "actualiza pronto" y/o "otro más por favor", no cuesta nada jajajajaja.
Espero que estén teniendo un bonito sábado, hasta el siguiente capítulo
