Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
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Capítulo 11
Edward se sentó junto a Bella, su luna de miel lamentablemente había terminado, era hora de regresar a casa junto a sus dos pequeños que a lo largo de la semana que estuvieron lejos, pasaron de la fingida amigdalitis hasta un posible caso de varicela de marcador rojo, el cual desapareció después de un rápido baño caliente.
Holly les había enviado las fotos de los niños en la bañera con el agua color roja y con los círculos rojos desapareciendo de sus mejillas, narices y frentes. Debía aceptar que sus hijos habían puesto empeño en fingir estar enfermos, si no los conociera podría incluso creerles.
Bella solo negó y para reprenderlos aceptó que Carmen les obligara a comer espinacas desde el desayuno hasta la cena, ninguno volvió a fingir estar enfermo después de eso.
—¿En qué piensas? —preguntó Bella al notarlo tan callado.
—¿En cuánto tiempo crees que los niños dejen de meterse en nuestra cama?, creo que dos semanas serán suficientes.
—Dos semanas y media, ya que regresaremos al trabajo y eso les molestará.
—No me arrepiento de nuestra luna de miel, creo que deberíamos repetirlo, viajar solo nosotros dos.
—¿En serio?
—Por supuesto, quiero a nuestros hijos, pero es bueno tener tiempo para nosotros, tal vez hacerlo una tradición, salimos con ellos y después solo nosotros dos, así ambos estamos felices.
—Creo que es una buena idea, aunque a ninguno de los dos les gustará nuestra idea.
—Se acostumbrarán —respondió encogiéndose de hombros y atrayendo el rostro de Bella para besarla.
La azafata los interrumpió para pedirles que se abrocharan los cinturones y preguntar si necesitaban algún calmante para las turbulencias, Edward declinó amablemente y regresó su atención a su esposa que luchaba con el cinturón.
Las siguientes horas fueron tranquilas, disfrutando de su último tiempo solos antes de regresar a su vida diaria con dos niños que los asfixiarían hasta cansarse… dudaba que eso pasara rápido.
También estaban ciertos asuntos que seguían rodando por su cabeza, tenía que hablar con su hermano y poner fin a las continuas peleas de Bella y Rosalie, podían no llevarse bien, pero no le hacía nada bien a los niños escuchar sus continuas peleas, a pesar de todo eran familia y lo mejor sería que intentaran llevarse bien… además debía explicarle la razón por la que no estuvo invitado a su boda y disculparse por no asistir a la suya.
El otro asunto debía esperar a agendar cita para poder estar seguro de que lo haría sin ningún inconveniente y poder confiárselo a Bella.
—Sigo pensando que estás demasiado callado —murmuró Bella acurrucándose contra su hombro—, pero tal vez se deba a lo mucho que usaste esa boca en mí.
—Aún tengo suficiente fuerza para usarla una vez más, podemos unirnos al club de las alturas.
—Aceptaría pero no me convence hacerlo en un lugar tan pequeño, además siento que la azafata nos interrumpiría a mitad del asunto y no estoy dispuesta a perder mi orgasmo.
—Ya que eso ha quedado descartado, tengo otras opciones para ocupar mi boca.
La besó escuchando su melodiosa risa.
…
Ninguno de los dos los había dejado desde que bajaron del taxi del aeropuerto, se negaron a bajar de su regazo a pesar de querer abrir sus obsequios, Paulette incluso esperó a Bella afuera del baño cuando tuvo que ir, lista para abrazarla apenas estuvo afuera.
Los dos eran un par de empalagosos que estaban dispuestos a recuperar las ciento veinte horas que permanecieron lejos de sus padres.
—Dejen a sus padres tomar un baño y desempacar, ustedes pueden ayudar a Matilde a poner la mesa.
Con eso Carmen logró llevarse a los niños, dejándolos tranquilos por unos minutos para refrescarse y estar listos para otra ronda de arrumacos y mucho cariño por parte de sus pequeños.
Al llegar la hora de dormir, ambos se metieron a la cama dispuestos a dormir con ellos, ni Bella ni Edward dijeron nada al verlos esperándolos, ellos también los habían extrañado y agradecían ese cariño extra que ambos tan ansiosos les daban.
—¿Me extrañaste mucho? —le preguntó Paulette a Bella en susurro—. Yo sí lo hice, todas las noches, incluso me colé a la habitación de Cris.
—Claro que te extrañé, cielito, todos los días, también a Cris.
—Está bien, pero no vuelvas a irte por tanto tiempo, promete que no lo harás.
—Ya es demasiado tarde para que sigas despierta, mejor durmamos que extrañé abrazarte mientras duermo.
—Yo también lo hice.
Los cuatro en la enorme cama, se sentían completos después de una larga semana separados.
…
Regresar al trabajo fue un caos total, Cristopher se coló al auto de Bella siendo descubierto cuando Carmen salió un segundo antes de que ella arrancara el vehículo diciendo que Cris no estaba en la cama. Bella salió del auto asustándose al ver la mata de cabello castaño escondido en el asiento trasero.
—Regresa a la cama, jovencito —habló abriendo la puerta del auto—, no puedes colarte en el auto, pude dejarte en el estacionamiento del edificio por horas antes de que Carmen se diera cuenta de tu ausencia.
—Le dejé una nota debajo de la almohada —gruñó tomando la mano de Carmen.
Bella negó y subió al auto dejando a su testarudo Patito en manos de Carmen, quien cariñosamente lo subió de nuevo a su habitación y lo acompañó hasta que volvió a caer dormido.
Era difícil para ambos niños aceptar que sus padres debían seguir con su trabajo a pesar de que ellos los querían todo el tiempo, pero después de que Bella y Edward les dieran toda su atención en cuanto cruzaban por la puerta y que los dejaran dormir con ellos por la noche, todo era compensado.
…
Cristopher sollozaba viendo la cajita musical hecha trizas sobre el suelo, había sido un accidente, creyó haber tenido cuidado, siempre era muy cuidadoso pero ahora la cajita musical de Bella estaba rota.
Bella se enojaría con él.
No debía estar en su oficina, era una de las pocas reglas de la casa y él la había roto, debió pedirle a Carmen ayuda para buscar el ratón de juguete de Bernie, nunca debió entrar solo.
Ahora por su culpa Bella había perdido la caja musical que perteneció a su madre, Bella le había dicho que era muy importante y especial para ella pues la calmaba cuando estaba enojada, la hacía sentir cerca de su madre y ahora por su culpa se había perdido.
Tomó la caja musical y la sacó de la oficina, sabía que estaba en serios problemas, podía ocultarla y fingir que no sabía nada, pero de solo pensar en mentirle a Bella lo hacía sentirse enfermo, no era lo correcto y principalmente no podía mentirle a Bella, no podía, sería un mal niño si lo hiciera.
Podía incluso dejar de ser su amado Patito y no estaba dispuesto a soportarlo.
Así que salió de la oficina y subió a su habitación a esperar por ella, sabía que estaría en problemas, aceptaría todos los castigos, incluso un par de nalgadas si eso le aseguraba que Bella no estaría furiosa con él.
Escuchó la risa de Bella en su habitación, estaba cambiándose la ropa de la oficina por una más cómoda para bajar a cenar, era el momento perfecto para decirle.
Tocando la puerta escuchó el pase de Edward, abrió la puerta notando a Bella sentada en la cama, la sonrisa que le dirigía desapareció al notar lo que tenía en sus manos, fue bastante notorio para él como el corazón de Bella se rompía al ver la caja musical rota.
Era el peor Patito del mundo.
—Lo siento, Bella —sollozó caminado a su encuentro—, fue un accidente, nunca quise hacerlo, te juro que tuve mucho cuidado, yo solo estaba buscando el juguete de Bernie, nunca pensé que terminaría rompiéndola.
Bella estaba en silencio, tenía los pedazos rotos de la caja musical entre sus manos, tan solo los veía fijamente.
—Sal un momento, Cris —habló Edward suspirando—, iré contigo en un momento.
—Está bien —susurró poniéndose de pie—. En verdad lo siento, Bella.
—Lo sé, Cristopher.
Cris salió de la habitación sintiéndose peor que nunca.
Bella no lo quería, no lo volvería a querer nunca más.
…
—¿Estás bien? —preguntó Edward después de que la puerta se cerrara—, sé lo mucho que significaba para ti.
—No lo sé, es extraño.
—¿De buena o mala forma?
—No lo sé, la tengo desde que era una niña, sabía que en algún momento se la daría a Cris, pero ahora está rota. No sé cómo sentirme, quiero llorar, pero también quiero ir con mi niño y decirle que no llore, creo que sigo un poco en shock.
—Puedo ir y decirle yo si quieres, sé que es difícil aceptar que la has perdido.
—No la he perdido, Edward —aseguró tomando el aparato que reproducía la tonada musical—, si esto sigue intacto, entonces no la he perdido, sigo teniéndola conmigo.
—¿Y Cris?
—Hablaré con él, sé que se siente culpable.
—Demasiado culpable.
—Tengo que…
El grito de Paulette y el ladrido de Butterfly cortaron su conversación haciendo que ambos corrieran a la habitación de su niña, encontrándola arriba de la cama gritando asustada por la pequeña araña que estaba en una esquina de la ventana.
—Sácala de aquí, papi, sácala de aquí, ahora, ahora, ahora.
Bella se concentró en calmar a Paulette mientras Edward atrapaba la escurridiza araña.
…
Cristopher entró al comedor cuando ya todos estaban en sus lugares, solo faltaba él, su plato estaba servido y Paulette comía animadamente mientras hablaba con Edward acerca de lo mucho que quería un televisor en su habitación.
Tomando una bocanada de aire caminó hacia Bella, que dejó de comer en cuanto lo notó, antes de que comenzara de nuevo a llorar, dejó su alcancía de Optimus Prime sobre la mesa.
—¿Por qué me das esto?
—Para que puedas reparar la caja musical, nunca fue mi intención romperla, lo siento mucho.
—Cristopher…
—No, no me llames así, no lo hagas, soy tu Patito, siempre he sido tu Patito, no me… tú no… tú…
Bella lo silenció atrayéndolo a sus brazos, dejando que llorara libremente escondido en su hombro, dejando que se desahogara.
—Tranquilo, mi amor, todo está bien.
—No lo está, tú estás enojada conmigo y no quiero que lo estés.
—No lo estoy.
—Sí lo estás —desafió saliendo de su escondite.
—No lo estoy, y no me interrumpas que soy tu madre —advirtió al ver que volvería a renegar—. No estoy molesta contigo, nunca lo estaría, sé que fue un accidente.
—Pero…
—Me sorprendiste, eso es lo que pasó, no supe reaccionar y lamento haberte hecho creer que me enojé contigo, nunca podría estarlo, eres mi Patito para siempre, nunca dudes de que lo eres.
—¿Lo prometes?
—Claro que sí, mi amor, eres mi Patito para toda la vida.
Cristopher volvió a abrazarla escuchando a Paulette preguntar qué era lo que había pasado que ella no sabía.
—¿Lo castigarán por entrar a la oficina sin permiso?, rompió las reglas
—Lo hice —aceptó Cristopher acurrucado en los brazos de Bella—, aceptaré que me quites la consola por un mes entero si es lo que quieres, Edward.
—Ya lo pensaré, ahora ve a tu asiento a cenar, que se enfría.
Cristopher asintió, besó la mejilla de Bella y fue a su asiento sintiéndose mucho mejor.
—Después de que termines, quiero que dejes esto en tu habitación nuevamente —habló Bella apuntando a la alcancía.
—Está bien, Bella.
Tomando el tenedor comenzó a comer su cena, dejando de sentirse triste.
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Emmett vio a Edward entrar al taller, justamente eran las cuatro de la tarde, su hora de comer, limpiándose el sudor de la frente, dejó de trabajar en el auto y avisó a su compañero que iría al restaurante de la esquina a comer algo.
Edward caminó junto a él sin decir palabra alguna, eran completamente diferentes, debía ser cómico ver a Edward vestido con traje y a Emmett con el overol del taller, dos hombres muy diferentes que lo único que tenían en común eran sus lazos sanguíneos.
El restaurante estaba vacío, decidieron sentarse en la mesa más alejada para tener aún más privacidad, la camarera con un escote más ajustado de lo necesario llegó lista para tomar su orden.
—¿Lo mismo de siempre, Em?
—Por favor, Cindy.
—¿Y para tu compañero? —preguntó anotando en su pequeña libreta.
—Hamburguesa con doble carne y papas y una Coca-Cola de lata.
—Enseguida.
La entusiasta camarera se alejó agitando sus caderas más de lo necesario.
—Querías hablar, tiene que ser rápido, debo regresar al trabajo.
—Sabes que mi oferta sigue en pie —habló Edward—, Bella no tiene problema alguno.
—Ya te dije que no lo necesito, pediré un préstamo al banco.
—No es ningún problema, Emmett.
—Edward…
—Está bien, está bien, solo quiero que sepas que tienes mi ayuda si la necesitas, Rosalie ni siquiera tiene que enterarse.
—Te lo haré saber si lo necesito, ahora volvamos al asunto importante por el que me has pedido que nos reunamos.
—Sobre mi renovación de votos, yo…
—Mamá me lo ha explicado, ninguno sabía lo que estaba pasando hasta ese momento, además he visto las fotos y sé que Rosalie estaría molesta si las viera.
—¿No las ha visto?
—No, mamá las tiene guardadas, solo me las enseñó porque me dijo lo mucho que le gustó su vestido y que el que usaría en mi ceremonia sería muy parecido.
—Se veía hermosa.
—Lo sé.
Ambos se quedaron en silencio sin saber que más decir, era difícil mantener una conversación con su hermano con quien apenas tenía comunicación, era difícil imaginar que años atrás, cuando ambos eran tan solo unos niños, eran inseparables, Emmett pasaba horas jugando con su hermanito menor, lo llevaba al parque, lo perseguía por todo Central Park divirtiéndose, ignorando los problemas que había en casa.
Ahora, siendo adultos, ambos apenas si se dirigían la palabra, un enorme abismo de malentendidos los separaba.
—Las cosas serían mucho más sencillas si Jasper y Alice no hubieran dicho ni una sola palabra —habló Emmett cansado del incómodo silencio—, si nos hubieran dejado a la niña desde un principio nada de esto estaría pasando.
—¿Qué quieres decir?
—Rosalie es una mujer difícil, lo sé, quiere que todo se haga a su manera y se molesta demasiado cuando sabe que le han ocultado cosas.
—Le ocultamos que le ayudábamos a Alice y Jasper, Rose pensaba que solo era ella quien sabía lo que les pasaba.
—Así es —suspiró—. Le dije que debíamos llevarlos a algún centro de rehabilitación, decirles a nuestros padres, pero ella se negó, no podía traicionar la confianza en su hermana. Realmente se molestó cuando supo que Alice siempre recibió ayuda de ustedes y que confiaba más en Bella que en su propia hermana.
—¿Lastimó su orgullo?
—Creo que sí. Rosalie pensó que ella era la única que sabía lo que ocurría con su hermana, cuando supo que también lo sabían ustedes enfureció, por tanto tiempo aguantó guardar el secreto pues no quería ser la culpable de decir la verdad, entonces apareció Bella diciéndola sin ningún pudor y se sintió peor y no supo reaccionar, sé que no es una excusa para su manera de actuar, pero en ese momento se sentía traicionada. Alice le mintió acerca de dónde conseguía el dinero, le mintió diciendo que tú y Bella solo explotaban y humillaban a Jasper, le mintió diciéndole que en la única persona en que confiaba era en ella y resultó que siempre fue en Bella en quien verdaderamente confiaba, al menos Bella siempre estuvo consciente de todo, mientras que Rose pareció una idiota y prefirió ocultarse.
—Parece que Alice y Jasper nunca dejarán de sorprendernos.
—No, me molesta saber lo que hicieron, dejaron a Paulette sola y eso es lo que Rosalie ni yo les perdonamos.
—Está con nosotros.
—No nos referimos a eso, sé que ella los ve a ustedes como sus padres y no me molesta que sea así, pero sabemos que no lo son. Ella sabe que Alice y Jasper decidieron dejarla, es pequeña, pero dudo mucho que no lo entienda.
—Lo entiende, entiende más de lo que me gustaría que hiciera.
Cindy apareció con sus platos y bebidas, las dejó después de un guiño y decir que estaba a su servicio.
—Sé que es difícil tratar a Rosalie y que a veces habla sin pensar, pero debes saber que detestó a Alice cuando supo lo que hizo con Cristopher, lo adora tanto como a Paulette, solo que le es difícil demostrarlo en presencia de Bella.
—Creo que ellas realmente no tienen ningún problema, solo han sido un montón de malentendidos y sus personalidades explosivas, tenemos mujeres difíciles de impresionar y están destinadas a chocar continuamente.
—Ante eso no podemos hacer nada —aceptó riendo—, solo esperar que ambas no se arranquen la cabeza.
Ambos asintieron mientras terminaban su comida, unirse y ser los mismos hermanos que eran en la infancia estaba muy lejos de suceder, pero al menos estaban intentando arreglar las cosas.
…
Edward entró a la habitación después de asegurarse que todas las puertas estuvieran cerradas, encontró a Bella ya en la cama leyendo una revista, sin ningún niño con ella, lo que significaba que el tiempo de tenerlos ahí había terminado, así que por fin tenía la oportunidad para hablar con ella de cierto asunto.
—Necesito que me acompañes al médico en tres días.
—¿Te sientes mal?
—No, todo lo contrario, estoy muy sano.
—¿Entonces para qué necesitas ir al médico?
—Me han agendado para la vasectomía en tres días.
—¿Qué?
—Que me han agendado la vasectomía para dentro de tres días, he avisado en el trabajo y han aceptado darme unos días siempre y cuando pueda trabajar desde casa.
—No entiendo, Edward, ¿por qué quieres hacerte la vasectomía?, cuando yo iba a ligarme las trompas te opusiste rotundamente.
—Lo sé, y fui un idiota por dejarme convencer de lo contrario, tenemos una buena familia, Bella, estamos bien con dos niños, un perro y un gato, no necesitamos agrandar nuestra familia para ser felices y este es mi regalo para ti, por mí cancelaste la operación, así que seré yo quien me haga la vasectomía.
Edward atrapó el cuerpo de su esposa cuando se lanzó a besarlo con entusiasmo.
—¿Estás seguro? —preguntó mientras lo besaba e intentaba quitarle la camisa.
—Completamente, solo quiero que estés ahí cuando ocurra.
—Por supuesto que lo estaré, te ayudaré a limpiarlo todas las noches si es necesario —aseguró bajándole los pantalones con más fuerza de la necesaria.
—¿Ansiosa?
—Como el demonio, saber que harás esto por mí te ha hecho mil veces más sexy y caliente.
Edward se dejó hacer lo que a Bella se le viniera en gana por las siguientes dos horas.
...
Tres días después, Edward estaba recostado en la camilla intentando mentalizarse que nada malo pasaría, estaba observando todo el procedimiento, y mentiría si dijera que no estaba nervioso, pero saber que su Bella estaba feliz por su decisión compensaba cualquier miedo existente a que se lo cortaran accidentalmente y terminara sin su compañero de batalla.
Los últimos días había tenido más sexo del que podía recordar, Bella se había vuelto una ninfómana desde la noche en que le contó de la operación, desde ese entonces no había día y noche que no se la mamara, por esa razón sería alguien realmente muy infeliz si llegara a perder a su compañero.
La doctora estaba concentrada en su parte baja, sin que nada a su alrededor la distrajera, eso le daba más confianza, saber que su amigo estaba en buenas manos… en mejores manos estaría en unos días y sin ninguna preocupación de poder anotar en su esposa.
Hola!
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Yanina, gracias por la ayuda con la revisión del capítulo, eres la mejor
