Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)

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Capítulo 12

Bella pasó la siguiente semana viendo a Edward estar en la cama cómodamente, acompañado de sus amorosos hijos y siendo atendido por Esme, quien había decidido que ella era la más calificada para cuidar de su niñito después de una cirugía tan importante. Estaba casi segura de que Edward exageraba en sus reacciones, entendía que estuviera sensible y sintiera dolor, después de todo había sido una cirugía, pero después de casi dos semanas, Edward seguía en cama descansando plácidamente con su madre preparándole su comida favorita, y los niños haciéndole dibujos y llenándolo de mimos.

—Eres un enorme bebé consentido, Edward —dijo Bella mientras se terminaba de arreglar el maquillaje—, un niñito de mami.

—Estás celosa porque tú no puedes quedarte en casa y disfrutar de los privilegios, además me han dado una semana extra si creo que es necesario; eso, amor mío, se llama suerte.

Bella bufó y continuó aplicándose un poco de máscara de pestañas.

»A todo esto, ¿a dónde vas?, son las diez, tendrías que estar aquí mimándome, pasé por una cirugía de suma importancia que merece ser atendida y besada… y no la has besado.

—Tengo una cita.

—¿¡Qué mierda!? Explícate, Isabella.

—Mmm… no, creo que no —declaró guardando su labial en el pequeño bolso que combinaba con su atuendo—. Llegaré tarde, no me esperes despierto.

—Isabella.

Bella vio por el espejo como intentó levantarse, fallando terriblemente por la mueca de dolor, el médico había dicho que nada de movimientos bruscos.

—Debes tener cuidado, amor, ha sido una semana llena de cuidados para que al final termines en urgencias por culpa de tu amiguito.

—¿Dime a dónde mierda vas y con quién?

—A una mierda que no te importa, amor —respondió tomando su teléfono que vibraba por un mensaje nuevo—. Ahora, si me disculpas, mi cita acaba de llegar por mí.

—¡Cristopher! ¡Paulette!

Bella abrió los ojos con incredulidad, sus esposito la había traicionado con la regla más importante: no alertar a los niños que uno de ellos saldría por la noche. Tendría que estar enojada con él, pero si sumaban sus celos infundados, su estadía en casa toda una semana con su madre interrumpiendo cada minuto a solas que tenían, sin poder hacer ninguna travesura con ella, era entendible que la posibilidad de que ella saliera a una cita lo tuviera más celoso de lo normal.

Como si alguien tuviera alguna oportunidad con ella.

—Me tomaré una copa a tu salud, amor, nos vemos mañana.

Bella salió de la habitación justo para ver a sus hijos terminar de subir las escaleras.

—Su padre los llama, creo que necesita que le den muchos arrumacos.

Ambos corrieron en su búsqueda, lo cual Bella aprovechó para bajar las escaleras, tomar el obsequio que mantuvo escondido en el armario junto a la puerta y salir de la casa antes de que alguno de sus tres amores pudiera hacer algo para evitarlo.

Subió al auto de su cita, quien arrancó un segundo antes de que la puerta fuera abierta por ambos niños bastante molestos por ser engañados.

—Algo me dice que te saliste sin permiso —se burló Kate intentando esquivar el tráfico de la ciudad—, me siento toda una secuestradora, aunque en este caso los oficiales que te buscan sean unos enanos, ¿no sabían que salías?

—Le dije a Edward que tenía una cita —respondió Bella, ignorando la llamada entrante en su teléfono—, pero no le dije que eras tú, ni a dónde iríamos, por esa razón se puso un poquito celoso.

—Se lo merece por ser un bebé llorón, solo fue una vasectomía, no se lo cortaron por completo —bufó negando con la cabeza—. Necesito una noche de chicas, aunque vayamos a un baby shower, gracias por invitarme, casi no tengo muchas amigas con las que salir.

—Gracias a ti por acompañarme, te agradarán las chicas, Angela ciertamente es alguien... singular.

—Sin duda, mira que hacer su baby shower a mitad de la noche y en un restaurante-bar, eso sí que es ser moderna.

—Angela hace las cosas a su manera y Ben cumple todo lo que ella quiere, ahora más, ya que está embarazada... Un consejo, nunca digas nada acerca de su peso, está tan gorda que parece que va a tener gemelos.

—¿¡Le llamaste gorda?!

—Por supuesto que no, valoro demasiado mi vida como para arriesgarla al llamarla gorda, la que lo hizo fue Victoria, aunque ella también está embarazada, tener a dos hormonales embarazadas en una misma oficina no es nada bonito.

Kate se rio y siguió manejando, posiblemente imaginándose la situación.

...

Angela había reservado toda un área del restaurante-bar, todo estaba decorado con globos azules dejando claro que se trataba de un niño, en la mesa de los regalos estaba una enorme ecografía del niño, en donde podía verse que estaba muy bien dotado… no había duda de que era todo un niño.

Los meseros se paseaban con charolas en donde en lugar de vasos y copas, habían vasitos entrenadores y biberones con diferentes líquidos, ambas tomaron dos vasitos entrenadores, sin atreverse a chupar de una tetilla.

—Muy original —murmuró Kate tomando un trago, sintiéndose algo estúpida por tener que beber a través de la boquilla de la tapa.

—Gracias —respondió Angela detrás de ellas—, ya sabes, mi niño especial merece un baby shower especial.

—¿En un bar?

—No es sólo un bar —se defendió poniendo las manos en su redonda cadera—, en el baño de este restaurante-bar procreamos a nuestro pimpollito, es especial para nosotros.

—¿Pimpollito?

—Tú le dices patito a tu hijo, yo le puedo decir pimpollito al mío.

—Claro, claro, es perfectamente entendible.

—Ahora tomen sus lugares, tenemos una larga noche por delante y quien no esté dispuesta a participar tendrá que darme un masaje en los pies.

—Participaré con gusto —habló Victoria apareciendo con un biberón en sus manos—, tus pies están horriblemente hinchados.

—Cállate.

Bella guio a Kate a sus lugares mientras escuchaba su risa amortiguada por la discusión de ambas embarazadas.

Tenía una larga y divertida noche por delante. Solo esperaba que Kate no dejara de hablarle por invitarla a pasar el rato con sus amigas un poco chifladas.

...

Edward estaba en la cama con sus dos hijos junto a él comiendo cereales.

—Bella se enojará si sabe que estamos comiendo en la cama —murmuró Cristopher llevándose una gran cucharada de cereal a la boca.

—Sí, pero mami se portó mal, ¡se fue sin decirnos nada!

Edward escuchaba a sus hijos sabiendo que tendría que limpiar la cama antes de que Bella regresara, la imagen de ella con Kate usando vasitos entrenadores y los globos azules detrás de ellas era suficiente para saber que la cita de su esposa era completamente inocente.

Aunque en su defensa, lo dejaba imaginándose un montón de situaciones, sabía que su esposa era fiel, nunca dudaría de ella, pero detestaba que llamara tanto la atención, tanto femenina como masculina, Isabella era suya y le enojaba no ser capaz de dejárselo en claro a cualquiera que la volteara a ver.

...

Eran las dos de la mañana cuando Bella llegó a casa, el baby shower se había alargado más de la cuenta, resultó que los juegos de la suegra y la madre de Angela habían sido condenadamente divertidos, incluso fue su suegra quien terminó embriagándose mientras succionaba de un biberón. Dudaba que Victoria pudiera superar a Angela con su baby la siguiente semana, aunque si era sincera consigo misma, temía un poco acerca de las excentricidades de Victoria, podía llegar a ser bastante descarada si se lo proponía.

Bella entró a la habitación descubriendo a sus tres amores durmiendo profundamente, con las bolsas de frituras sobre la cama y sus bocas con bigotes de chocolate, habían tenido una muy buena noche sin ella. Sin hacer ruido, tomó su pijama y se fue a dormir a la habitación de Paulette, necesitaba un buen descanso y un baño con urgencia, últimamente se sentía sudorosa y abochornada.

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Edward regresó al trabajo dos días después y las cosas en la casa Cullen volvieron a la normalidad, los niños regresaron al colegio, Cristopher pasaba las tardes haciendo ejercicios de matemáticas que su club le había dado para que se pusiera al corriente mientras que Paulette ensayaba para ser Gretel en la obra de la escuela que se presentaría en el festival.

Edward procuró mantener su entrepierna segura, sin hacer movimientos bruscos, eso incluía nada de masturbación, el sexo lo habían dejado, decidiendo que preferían esperar, a arriesgarse a que Edward Jr. sufriera un accidente que lo dejara incapacitado por tiempo ilimitado.

Pero después de un mes y medio por fin era la noche.

Los niños estaban dormidos, cansados después de un largo día en el colegio y sin ningún atisbo de que fueran a despertar, pero en caso de que lo hicieran, habían puesto el seguro a la puerta, evitando que alguno de ellos entrara y los descubriera nuevamente en una situación bastante bochornosa. Con una vez que había pasado, era más que suficiente.

—Espera, Edward —le detuvo de bajarle las bragas—, esta noche no, no estoy de humor.

—¿Estás hablando en serio?

—Lamentablemente… sí, no me encuentro bien como para hacerlo.

—¿Tienes el periodo? —preguntó recargando su peso en sus antebrazos—. Sabes que no me molesta un poco de sangre.

—Lo sé, pero no estoy de humor, es difícil de explicar.

—Puedes intentarlo.

Edward frunció el ceño, extrañado al ver el sonrojo de su esposa, no era normal que ella se avergonzara al hablar de sexo y mucho menos con él, debía ser…

—No estoy excitada.

Fue como un balde de agua fría para su libido.

Nunca pensó que escucharía esas palabras saliendo de la boca de Bella.

—¿Estás segura?

—También es una sorpresa para mí, no me gusta no sentirme excitada por ti, nunca me había pasado esto y aunque realmente quiero hacerlo, mi cuerpo… mi cuerpo dice otra cosa.

—¿De acuerdo? —No muy seguro de lo que debía hacer se quitó de encima y se acostó junto a ella con la vista fija en el techo.

—Edward…

—¿Sí?

—¿Estás molesto por no poder hacer el amor?, porque si es así, puedes irte a masturbar a la habitación de invitados, no es mi culpa que no pueda mojarme como es debido, tal vez tú no hiciste bien tu trabajo.

Edward sonrió sin poder evitarlo.

Amaba hacer el amor con Bella, era su pasatiempo favorito.

Pero amaba mucho más a la mujer temperamental, mandona y segura de sí misma que era su Bella, simplemente no podía enojarse con ella.

—Nunca, nena, además masturbarse sabiendo que tú estás despierta y escuchando, pierde todo lo divertido, no tener sexo por una noche no me enoja, tal vez mañana podamos hacerlo.

—Tal vez.

La noche siguiente Bella estaba demasiado abochornada, no estaba de humor para meterse a una cama caliente en donde solo aumentaría su incomodidad.

La siguiente noche Bella se quedó dormida antes de que Edward pudiera siquiera sugerirlo.

Fue hasta la cuarta noche en donde por fin pudieron hacer el amor sin restricciones.

...

Cristopher despertó sin entender por qué no había nadie en su habitación, la casa estaba en completo silencio.

No entendía nada.

Se bajó de la cama y salió de la habitación en busca de Paulette, ella seguía dormida con Butterfly durmiendo a los pies de la cama, cerró la puerta y fue a la habitación de Bella y Edward, ellos ya deberían estar despiertos, la cama estaba hecha y vacía, ninguno de ellos estaba ahí, frunciendo el ceño tomó a Bernadette —que estaba dormida sobre la almohada de Bella— en brazos y bajó las escaleras, en busca de alguien que estuviera despierto.

—Ellos no pudieron olvidarlo, ¿o sí? —le preguntó a Bernardette que ronroneaba.

Nadie estaba en la cocina, tampoco en la sala o en la cochera, no había nadie en casa.

—¡Bella! ¡Edward! —gritó ahora molesto.

Regresó por el pasillo deteniéndose en la oficina de Edward, la abrió para no encontrar a nadie, siguió caminando y fue a abrir la puerta de la oficina de Bella.

Encontrando a ambos medio dormidos con un montón de globos a su alrededor, serpentinas sobre el escritorio y un cartel enrollado en una esquina, había un enorme obsequio perfectamente envuelto junto al escritorio.

Limpiándose las lágrimas entró a la oficina, bajó a Bernie al suelo dejándola ir a acurrucarse en la silla de Bella, se acercó a Edward y lo picó en la nariz causando que la frunciera e intentara alejar su mano, soltando una risita volvió a picarle la nariz, esta vez despertándolo por completo.

—Mmm... ¿Cris? —preguntó adormilado antes de levantarse sobresaltado causando que Bella terminara en el suelo—. ¡Cris! ¡Bella!

—¿Que mier...? ¡Patito! —habló Bella poniéndose de pie—. Mi amor... este... ¡¿Feliz Cumpleaños?!

Cristopher se rio y los abrazó a ambos por los pies.

—Gracias.

Cristopher sintió como Edward lo levantaba en brazos y ambos lo abrazaban mientras le deseaba nuevamente "feliz cumpleaños", una vez tuvieron suficiente de abrazos lo dejaron nuevamente sobre sus dos pies.

Sabía que estaba en problemas cuando Bella frunció el ceño y tomó su rostro entre sus manos, algo no le había gustado, esperaba que no se diera cuenta del golpe que Paulette le había dado el día anterior con su muñeca por accidente.

—¿Estuviste llorando?

—Nooo —intentó apartar el rostro pero Bella no se lo permitió.

—Cristopher...

—Solo un poquito —suspiró abrazando nuevamente las piernas de Bella—, es que no sabía dónde estaban y yo pensé que se habían olvidado de mi cumpleaños.

—Mi amor, eso nunca pasaría.

Edward se sentó nuevamente en el sofá y lo giró para que quedaran cara a cara, Bella se sentó junto a ellos.

—Tenemos que dejar algo muy en claro —habló Edward sosteniéndolo de las manos—, debes dejar de desconfiar cada vez que las cosas no salen como quieres.

—Yo no...

—Tú sí, y es suficiente, no te vamos a dejar, ni a olvidar ni mucho menos dejar de quererte, te amamos y no puedes seguir dudando de eso, te lastimas y nos lastimas.

—Lo siento, no quiero dudar de ustedes.

—Lo sé, por eso quiero que me prometas algo.

—Lo que quieras, Edward.

—Antes de sacar conclusiones apresuradas, debes pensar con esa cabecita lista que tienes y recordar que te amamos demasiado.

—Con todo nuestro corazón —agregó Bella.

—Prometo que lo haré.

—Está bien, ahora ayúdanos a llevar esto a la cocina, te levantaste más temprano de lo que teníamos planeado.

—Estaba muy emocionado —respondió tomando los globos—. ¿Puedo ponerlos en mi habitación después?

—Claro que sí, cielo —aseguró Bella tomando el cartel—, lo que tú quieras.

—¿Puedo abrir ahora mi regalo?

—Casi todo lo que quieras, el regalo será después del desayuno y del pastel.

—¿¡Pastel?! —preguntó emocionado saliendo de la oficina y soltando los globos—. ¡Paulette!, despierta Paulette, tienes que probar mi pastel.

Edward observó a sus dos hijos jugar en el patio trasero con la cuatrimoto que le habían conseguido a Cristopher, tal vez era un poco exagerado, pero Paulette tendría la suya el siguiente mes que fuera su cumpleaños, de ese modo ambos podrían ir a Central Park y jugar sin ningún problema.

Butterfly iba detrás de ellos, ladrando cada vez que la cuatrimoto se detenía con brusquedad haciendo que ambos se jalonearan.

—Sigo pensando que fue una mala idea —habló Bella dejando su taza de café—, pero ya que ambos tienen casco, rodilleras, coderas y ese chaleco acolchonado, creo que están seguros.

—Lo estarán.

Él había querido una cuando era niño, pero tenerla era simplemente imposible, así que ahora ver que su Patito la tenía, valía cada regaño y protesta que recibiera cuando su madre viera el obsequio.

Bella llamó a Cristopher a su oficina antes de que tuviera que salir al trabajo, necesitaba entregarle su regalo sorpresa.

—¿Qué pasa, Bella? —preguntó limpiándose el sudor con su antebrazo.

—Toma, este es mi regalo especial para ti.

Bella esperó pacientemente a que Cristopher abriera la pequeña cajita, esperaba que no le pareciera demasiado cursi, aunque entendería perfectamente si no la quería usar, después de todo era un niño rudo.

—Es como el de Paulette y el tuyo —sonrió sacando el collar de la caja y poniéndoselo alrededor del cuello enseguida.

—Así es, ambos son la otra mitad de mi corazón —le aseguró abrazándolo—, espero que te guste, estuvo esperando por ti todo este tiempo.

—Me gusta mucho, Bella, y tú, Edward y Paulette son parte de mi corazón.

Bella sonrió y lo abrazó otro rato más antes de que Paulette entrara y chillara emocionada al ver que los tres compartían el mismo collar.

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Paulette observó a su madre arreglarse el cabello, había pasado cerca de una hora alaciándolo para después hacer suaves ondas en las puntas.

Esa noche sus padres saldrían a una cena muy importante, en donde no se aceptaban niños.

Cris y Pau no estaban muy felices de quedarse en casa pero no pudieron hacer nada para convencer a sus padres de que los llevaran con ellos.

Paulette se alejó de la puerta corriendo cuando Bella se puso de pie, dejando la plancha sobre el tocador.

Entró a la habitación de Cris sin tocar, como era su costumbre, él estaba tan acostumbrado a que lo hiciera que simplemente ya no le molestaba.

—¿Espiando a Bella otra vez? —preguntó Cristopher armando un rompecabezas con Bernie observándolo atentamente.

—Eso no te importa —respondió dejándose caer en la cama—. ¿Crees que nos lleven si se los pedimos de nuevo?

—Bella dijo que no.

—Pero si le rogamos un poquito.

—No, Paulette, ahora vete.

Paulette le sacó la lengua y salió de la habitación, su hermano a veces le desagradaba bastante, aún más cuando no la apoyaba en convencer a sus papis, si lo hacían ambos estaba cien por ciento segura de que lo conseguirían todo.

—¡Ya llegaron! —gritó Edward desde el piso de abajo—. Niños, vengan a saludar.

Paulette suspiró viendo a su madre salir de la habitación, con su abrigo colgando en sus brazos.

—Ve por Cristopher y dile que baje por favor.

Paulette asintió mientras Bella bajaba las escaleras, ni siquiera necesitó llamar a su hermano pues él ya había abierto la puerta, él siempre escuchaba a Bella incluso antes de que Paulette pudiera hablar.

—¿Crees que nos deje estar despiertos hasta tarde? —preguntó Cris tomándola de la mano y bajando las escaleras.

—Tal vez si se lo pedimos y somos muy convincentes.

Matilde se había ido hacía horas, Carmen estaba algo enferma y Holly no podía regresar volando de donde quiera que estuviera, así que sus padres habían recurrido a la única persona que sabían cuidaría de ambos perfectamente.

Paulette sonrió y saltó a los brazos de Rosalie apenas estuvo a su alcance, podía ser algo mandona, pero la quería mucho, ahora era su tía favorita en todo el mundo.

—Hola, preciosa, ¿lista para tener una noche divertida conmigo?

—Sí, tía Rose —respondió besándole la mejilla—. ¿Puedo tener una malteada de chocolate como antes?

—Ya veremos.

—Nosotros tenemos que irnos —habló Edward ayudando a Bella con su abrigo—, regresaremos mañana después del mediodía, siéntete en completa libertad, estás en tu casa.

—Claro, Edward, sigo pensando que sería mejor que me los llevara conmigo, pero... está bien, puedo arreglármelas.

Edward y Bella salieron de la casa después de despedirse y advirtiéndoles que si se portaban mal con Rosalie estarían en serios problemas.

—¿Por qué no van y se ponen el pijama?

Paulette y Cristopher asintieron y subieron a sus habitaciones dejando que sus primos, quienes ya estaban con el pijama puesto, se quedaran abajo en la sala.

Cristopher entró a su habitación dispuesto a cambiarse, por esa razón ignoró que Paulette en lugar de hacer lo que Rosalie había ordenado, entró a la habitación de sus padres.

Las tenazas seguían sobre el tocador, sabía que no debía tocarlas, su mami le decía que estaban muy calientes para que ella las tocara, era sumamente peligroso, pero estaba muuuy aburrida y quería verse igual de bonita de su mami.

Nadie lo sabría, si era silenciosa y tenía cuidado, nadie la descubriría, hasta que estuviera igual de bonita que su mami.

Las fuertes carcajadas de Cristopher inundaban la casa, fuertes carcajadas que eran imposibles de ocultar.

Los hermanos estaban en las buenas y en las malas, para apoyarse, comprenderse y sobre todo burlarse del otro, y por primera vez Cristopher no tenía ningún problema en ocultar su burla, incluso Rosalie intentaba esconder su risa, pero era imposible al ver a Paulette con la mitad de su largo cabello cortado como si la trituradora lo hubiera hecho.

—¿Qué ha pasado, Paulette? —preguntó Rosalie revisando su cabello.

—Yo solo quería ponerme guapa como mi mami pero ha sido muy difícil.

—Ay, Paulette, ahora no sé cómo le explicaré esto a Bella —negó con la cabeza—. Vamos al baño, tengo que emparejarte ese cabello. Niños, espérenme abajo, no tardaré.

Cristopher siguió a sus primos mayores, pero antes de salir por completo de la habitación se giró y vio directamente a Paulette.

—Te pareces a Audrey cuando Jane le corta el cabello en Descendientes —se burló—, o tal vez a Cruella de Vil, iré por la tablet para tomarte una foto.

Cristopher corrió lejos de la habitación cuando Paulette le aventó su pantufla, le encantaba molestar a su hermana.

Rosalie arropó a sus tres hijos y a Paulette que ya estaban dormidos en la sala principal, tendidos sobre la alfombra, levantó los platos y vasos con comida chatarra y gaseosas que habían tomado al por mayor, podía ser una madre estricta pero sabía cómo organizar una verdadera noche de películas para niños y agotarlos al grado de que terminaran fuera de combate, dejándole unas cuantas horas de paz y tranquilidad.

Llevó todo a la cocina, encontrándose al único pequeño que seguía despierto y sin ninguna intención de dormir, era un niño tranquilo, no tenía queja de él, pero lo que funcionaba con sus hijos y Paulette, parecía que no lo hacía con él.

—¿No tienes sueño?

—Aún no. ¿Necesitas que te ayude, tía Rose?

—No me vendría mal unas manos extras, yo lavo y tú secas.

—Está bien.

Rosalie vio como Cristopher acercaba una de las sillas altas del desayunador al fregadero para poder ayudarla, aguantó la risa cuando él mismo se puso el enorme delantal y buscó en uno de los cajones una redecilla para el cabello, a pesar de que tenía un muy buen corte.

—¿No crees que es mucho? —preguntó tomando los guantes que le tendía.

—No, ¿tú también quieres una red?

—Me encantaría —aceptó, simplemente por el placer de seguirle el juego.

—Muy bien, no quiero que tu bonito cabello se arruine.

Sólo unas cuantas oraciones, acciones y sonrisas encantadoras, y ese niño tan parecido a Bella la tenía completamente encantada, era un completo encanto cuando se lo proponía.

—No puedo, Edward, no puedo.

—Pero, nena…

—Ya lo sé, joder —bufó frustrada—, no me siento cómoda haciéndolo, estoy sudada, siento que me falta el aire y además creo que tengo infección vaginal. Sé que es nuestro aniversario de la primera cita, pero joder, no me siento nada bien.

—Esto no es normal, cariño, solo lo hemos hecho un puñado de veces este mes, puedo contarlo con los dedos de una mano y creo que me sobrarían dedos.

—Lo sé, no sé qué mierda pasa conmigo.

—Tranquila, cariño, lo resolveremos. ¿Quieres tomar una copa de vino en la terraza?

—No me apetece el vino, siento que me ha resecado la garganta y me ha mareado más de lo esperado.

—Entonces agua con mucho hielo, estás transpirada, amor, y sé que no es por mí, apenas si te he tocado.

Bella aceptó el vaso de agua con hielo que Edward le sirvió y lo acompañó a la terraza, tal vez no estaban teniendo sexo caliente sobre la bonita y cómoda cama del hotel que habían reservado para esa noche, pero estar juntos era más que suficiente.

Bella podía callarse que mientras Edward la sostenía muy cerca de su pecho sentía como le faltaba el aire, suficiente tenía con no poder hacer el amor, no iba a arruinar su momento romántico con su esposo.

—¿Qué ha pasado con su cabello? —preguntó Bella al día siguiente.

El largo cabello de Paulette a la altura de la cintura, había sido recortado hasta poco debajo de su hombro, era como ver a una Paulette completamente diferente.

—Ha decidido que era buena idea alisarse el cabello, enchinarlo y ponerse todos los productos que encontró sobre tu tocador, y ha terminado con la mitad del cabello quemado, he tenido que cortarlo, no había manera de repararlo.

—Yo tenía una foto —habló Cristopher de pie junto a ella—, pero Paulette me ha perseguido hasta que me derribó y borró la fotografía.

Bella suspiró viendo a su niña, quien intentaba hacer su mejor carita de inocencia.

Aunque sinceramente no le sorprendía que lo hubiera hecho, más bien estaba sorprendida de que hubiera tardado tanto en hacerlo, a Paulette le encantaba jugar con su ropa, accesorios y en ocasiones maquillaje, no podía culpar a Rosalie de algo que estaba segura de que tarde o temprano terminaría pasando.

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Unos días después, Bella estaba sentada frente a su ginecóloga de cabecera, le había descrito cada uno de sus síntomas, admitiendo que lo que más le preocupaba era que su deseo sexual por su esposo hubiera disminuido a tal punto de incluso negarse a intimar.

Ni en un millón de años hubiera pensado que se trataba de fallo ovárico prematuro, ni siquiera tenía treinta y cinco, era demasiado joven.

—Los ovarios envejecen junto con las mujeres y, con el paso del tiempo, su funcionamiento comienza a deteriorarse, causando irregularidades menstruales, deficiencia en la producción de hormonas sexuales, reduciendo la frecuencia de la ovulación, reducción de la fertilidad y, finalmente, el cese completo e irreversible de la menstruación.

—Pero solo tengo treinta y tres años, aún soy demasiado joven.

—El 0,25 por ciento de las mujeres entran en la menopausia antes de los treinta y cinco años.

—¿Está completamente segura? ¿Por qué me pasa?

—Es lo que dicen los resultados, Bella, la menopausia precoz puede ser explicada por anomalías genéticas, exposición a toxinas o enfermedades autoinmunes, pero para la mayoría de las mujeres, el fallo ovárico se clasifica como idiopático, es decir, no tiene ninguna causa conocida.

—¿Entonces es al azar?

—Se podría decir de ese modo.

—¿Tendré que pasar por todos estos síntomas hasta que desaparezca?, trabajo en una oficina y veo a personas importantes todos los días, no puedo presentarme frente a ellos y frente a mis empleados toda sudada y sufriendo ataques de ansiedad por sentirme sofocada en lugares cerrados.

—Hay tratamiento a base de hormonas para ralentizar los síntomas.

—¿Hormonas?

—Así es, Bella, la reposición hormonal es sumamente importante, aún eres muy joven así que esta terapia cuenta con muchos beneficios, también podemos tratar con la reposición de vitamina D.

—¿Por cuánto tiempo?

—Seguiremos este tratamiento por los siguientes meses, si no sientes mejoría o tienes efectos secundarios, intentaremos con otro tratamiento.

Bella asintió al mismo tiempo que recibía la receta que le daba la médica.

—Ven a verme si la sudoración, los sofocos y la sequedad vaginal persisten, haremos más pruebas y te daré otro tratamiento.

—Está bien.

Suspiró abatida, aún era demasiado joven para comenzar con este tratamiento.

¿Todo bien?, rezaba el mensaje de Edward en su teléfono.

No sabía cómo contestar a eso, ahora todo tenía una explicación, al menos sabía que podía tratarse y tener su vida normal, detestaba el sudor excesivo y odiaba con su vida no sentir deseo por Edward.

Su caliente esposo que quería usar su pistola con balas de salva y no podía hacerlo.

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Hola!

Patito cumplió años!, ya es todo un niño grande, aunque para Bella, Edward y para mí siempre será nuestro pequeño patito (¿alguien más conmigo?).

El nacimiento del bebé de Angela se acerca y así como su despedida de soltera fue épica también lo fue su baby shower jajaja.

Yanina, gracias por la ayuda con la revisión del capítulo, eres la mejor, te adoro.

Déjenme sus comentarios, opiniones, criticas, teorías o lo que quieran compartir conmigo en un review, un review es un abrazo para patito.


Sofi: créeme que lo haces jajaja

ANATXP: La esperanza es lo último que se pierde

DrakiSwan: Hola, estoy muy bien, gracias por preguntar, solo que me tome unas pequeñas vacaciones por eso razón no actualice la semana pasada.

Anónimo: A veces lo es, no creo que en esta circunstancia lo fuera.

Vania: La historia aun no se termina, y ambos van a tener que hablar.


Con respecto al fic Contra todas las barreras, era solo un two Shot, no hay más capítulos y por ende no más actualizaciones, el fic ya se encuentra terminado.