Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
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Capítulo 13
Edward no entendía muy bien el tratamiento, tampoco por qué su esposa siendo aún demasiado joven estaba pasando por la menopausia, pero como el fiel y comprensivo esposo que era, estuvo para Bella en todo momento. No importaban sus cambios de humor o si por la noche mientras dormían lo alejaba porque se sentía sofocada, tampoco que moviera el termostato haciendo que la casa fuera un congelador.
Todos eran pacientes.
Incluso Paulette y Cristopher que no entendían para nada lo que le pasaba a su madre, lo aceptaban con la ayuda de Carmen, quien se aseguraba de que los niño usaran un delgado suéter cuando la temperatura en la casa bajaba, los mantenía entretenidos lejos de su madre cuando los síntomas la dominaban.
Bella puso todo su empeño en tratar de ignorar los síntomas, la menopausia no la iba a vencer tan fácilmente, a pesar de que en muchas ocasiones era una jodida perra que le pateaba el culo. Claro que había días en donde los bochornos se apoderaban de ella y solo quería quitarse toda la ropa para intentar sentirse mejor, otros en donde sudaba frío y detestaba el aire acondicionado en su oficina, y muchos en donde la simple idea de abandonar la casa era un martirio, todos los días era un nuevo síntoma que superar.
El tratamiento la estaba ayudando, los bochornos eran con menos frecuencia y la sudoración no era tan drástica, podía disfrutar de una taza de café sin el temor de que se pusiera toda irritante, el tratamiento disminuía los síntomas y le daban la oportunidad de llevar su vida normal como cualquier otra mujer de treinta y cuatro años.
Pero lo que más alegraba a Bella era que la resequedad vaginal y la falta de deseo sexual habían desaparecido. El deseo sexual por su esposo había regresado, claro que debían tener un poco más de juego previo, pero a ninguno parecía molestarle, de hecho les había hecho recordar a su juventud, siendo dos universitarios que querían intentar todas las formas posibles para sentirse satisfechos, lo habían hecho todo en ese tiempo, desde la más sencilla hasta la más atrevida, y ahora, después de tanto tiempo, volvían a desempolvar libros y videos que les habían abierto un mundo lleno de lujuria.
Rieron al ver su video sexual, ambos siendo demasiado jóvenes, unos inexpertos que aún estaban aprendiendo sobre el cuerpo del otro y se maravillaban por cualquier gesto o gemido de excitación, ahora no había centímetro que no se conocieran.
Mientras recordaban cada una de sus experiencias sexuales, se daban cuenta de lo mucho que habían cambiado al pasar los años, antes no podían quitarse las manos de encima, eran adictos el uno al otro, muchas veces terminaban saltándose la cena por el simple hecho de no querer pasar más tiempo separados.
Recordaban haberlo hecho en la cama de Esme y Carlisle durante el cumpleaños de Esme, ambos demasiado jóvenes y calientes que simplemente no pudieron detenerse.
Recordaban lo cerca que estuvieron de ser atrapados por Charlie, sabían que era muy arriesgado hacerlo en el patio trasero a mitad de la noche, pero en ese momento les pareció una fantástica y romántica idea.
Recordaban a la enojada ancianita que los condenó al infierno por verlos comprar condones en la farmacia.
Recordaban como, siendo Patito un nene de tres años que tomaba tranquilamente su siesta, ambos lo hacían del otro lado de la puerta, con penetraciones fuertes, gemidos ahogados y un clímax explosivo que muchas veces terminó por perturbar el descanso de su niño.
Habían hecho miles de travesuras calientes a lo largo de su vida juntos, pasado por tanto, que ahora que Bella pasaba por la menopausia y tenían que esforzarse un poquitín más para intimar, los hacía sentirse incluso más unidos.
Pero había cierta cosa que en ocasiones carcomía a Bella, no dejándola en paz.
—El tratamiento está siendo de mucha ayuda, los análisis que me hicieron la semana pasada han tenido resultados positivos —habló mientras se preparaban para dormir—, si todo sigue como hasta ahora, creemos que los síntomas desaparecerán definitivamente.
—Me alegro, corazón, este es solo un obstáculo que estamos superando juntos.
—Lo sé, amor.
—De hecho, me hace pensar que esto de la vasectomía fue una pérdida de tiempo —se rio mientras buscaba su pijama.
—¿Por qué lo dices?
—Tienes la menopausia y creo que eso significa que has dejado de poder quedar embarazada.
—Es cierto, pero ni tú ni yo sabíamos que esto llegaría a pasar, además ha sido un gran gesto que te la hayas hecho, eres el mejor.
—Lo sé, nena, soy un gran esposo.
—Y un engreído.
—También.
Bella terminó de quitarse la ropa y se metió a la cama, era una de esas noches en donde simplemente no toleraba tener pijama puesta, ni siquiera las bragas las soportaba, a Edward le encantaba que durmiera de esa manera.
—Te amo porque lo hayas hecho y lo sabes, sé que fue una decisión difícil después de que… bueno, te negaras a que yo me ligara las trompas. ¿Por qué lo hiciste?, tú mismo dijiste que querías tener un bebé.
—Me di cuenta de que solo era porque nuestros niños han crecido —confesó metiéndose en la cama solo con los bóxer puestos—, ya no son unos bebés, están comenzando a ser cada vez más independientes, creo que fue exactamente eso por lo que quería un bebé.
—¿Estás seguro?, a veces siento que soy una enorme perra por no haber escuchado tus razones, nunca te di opción.
—No es que quisiera esa oportunidad, creo que fue escuchar a Paulette pedir un hermanito, el tener a Cristopher con nosotros, sentir que nuestra familia estaba creciendo, fue solo eso, tener un bebé en casa, sentía que era lo correcto.
—¿Aún quieres tenerlo?
—No podemos.
Bella rodó los ojos, levantándose hasta quedar sentada en la cama, dejando al descubierto sus pechos.
—No de la forma natural, tonto, pero existen otras formas...
—Pensé en la adopción, te lo iba a decir, pero mientras buscaba la institución para adoptar un bebé, me di cuenta de que realmente solo era un capricho, no nos veo pasando otra vez por todo eso y realmente no necesito pasarlo, te tengo a ti, a Paulette y Cristopher y soy feliz, inmensamente feliz, siendo solo nosotros cuatro.
—¿Estás seguro?
—Completamente.
—Bien, porque es la última vez que te pregunto sobre esto y no quiero que después vengas de lloroncito pidiendo tener bebés —sentenció volviendo a recostarse en la cama y acurrucándose junto a Edward.
—No lo haré, amor.
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El cumpleaños de Paulette llegó más rápido de lo que pensaban, siendo celebrado desde muy temprano, Paulette y Cristopher tuvieron un pedazo de tarta antes de ir al colegio. Cristopher había visto como Bella se quedaba más tiempo con Paulette, creyó que se debía a que le estaba haciendo mimos, pero después de que Bella se marchó al trabajo, Paulette estuvo demasiado distraída. En el colegio la había visto en varias ocasiones, sus amigas le habían dado obsequios, la abrazaron y desearon feliz cumpleaños, Paulette los aceptó todos y agradeció siendo la niña bien portada y risueña de siempre, pero Cristopher se dio cuenta que la sonrisa era fingida, conocía demasiado a su hermana y sabía cuándo mentía.
Intentó que le dijera qué pasaba, pero Paulette le ignoró y siguió a sus amigas.
Al regresar a casa, la señorita Carmen dejó que Paulette fuera a su habitación, incluso permitió que no hiciera los deberes antes de comer, sabía que el pastel extra y permitirle no acabarse los vegetales era por otra razón, pero no entendía cuál era, la señorita Carmen solo le había dicho que tuviera paciencia con ella y que Paulette le contaría lo que ocurría cuando fuera el momento.
Pero ya era media tarde y Paulette seguía sin contarle, incluso se había escondido en su habitación cuando Edward la llamó por la tarde, a pesar de que la tía Rose y la abuelita Esme le habían llevado tarta y gelatina, su hermana había estado rara.
Así que cansado de la situación, llamó a Bernie y Butterfly para ir en búsqueda de su hermana y que de una vez por todas aclararan las cosas.
Entraron a la habitación, no había nadie en la cama, ni en la mesita con el juego de té, tampoco jugando con las muñecas.
—Busca a Paulette, Butterfly —ordenó Cristopher dándole unas palmaditas en el lomo, Butterfly obedeció sin chistar, olisqueando hasta llegar al armario en donde aulló y arañó la puerta corrediza.
Cristopher abrió el armario encontrando a Paulette acurrucada debajo de una gran avalancha de abrigos y pantalones, Carmen se enojaría al ver el desastre que Paulette había hecho, no importaba que fuera su cumpleaños, estaría en grandes problemas.
Pero no era momento de preocuparse por eso, su hermana estaba triste y él quería saber la razón.
—¿Qué pasa? Matilde hizo galletas en forma de estrella y tú no estás intentando robarlas, tampoco has querido salir y andar en las cuatrimotos, ahora puedes montar la tuya, es de color rosa, tu color favorito.
Cristopher solo vio como se encogió de hombros y se abrazó a sus piernas sin intención de salir de su escondite.
»¿Quieres que llame a Bella y Edward?
—Están trabajando —susurró Paulette—, no puedes molestarlos.
—No creo que les moleste si les digo que estás triste, no puedes estar triste en tu cumpleaños.
—No puedes decirles —demandó abrazando aún más sus rodillas—, no quiero que ellos sepan, no tienen por qué saber que yo sé que...
—¿Qué cosa?
Paulette suspiró y le tendió la arrugada fotografía que tenía en sus manos.
—¿Quiénes son ellos?
—Mis papás, murieron hace dos años.
—¿Bella y Edward lo saben?
—Sí, Jasper es hermano de papi.
Cristopher observó la fotografía, vio a la mujer pelinegra que tenía una bebé en brazos, mientras que el hombre rubio las abrazaba, era la imagen de una familia feliz, la familia de Paulette, sus papis. Se hincó frente a ella y tomó su manita intentando que se sintiera mejor, él sabía lo que se sentía estar lejos de los suyos, lo difícil que era despertar cada mañana y saber que ellos no estaban, no importaba si había otras personas que te querían y amaban como a un hijo, ellos no eran tus papis, Cristopher lo había vivido con Mandy y Mark, ellos eran buenos y lo querían pero nunca se compararían a Bella y Edward.
Tal vez era lo mismo con Paulette, tan solo quería abrazar a sus padres una vez más, solo una vez más.
—Por eso Bella quería llevarte con ella, ¿verdad? —preguntó llamando su atención—. Ella sabía que estabas triste.
Paulette asintió abrazándose a sí misma.
—Yo quiero mucho a Bella y Edward, son mis papis, son mis papis del corazón, pero también quiero a Alice y Jasper, los extraño mucho, a veces unos días más que otros.
—Lo siento, Pau, no quiero que estés triste y si sé algo de papis, sé que a ellos tampoco les gusta ver tristes a sus hijos.
—Es difícil no estarlo, es mi segundo cumpleaños sin ellos, me duele saber que nunca más los volveré a ver, ellos se fueron y los perdí para siempre.
—No lo hiciste —habló Bella desde el marco de la puerta con Edward detrás de ella, habían regresado a casa antes de tiempo—, tal vez Alice y Jasper ya no estén en este mundo pero sé que no los has perdido.
—Pero no los puedo volver a ver, mami.
Bella y Edward entraron a la habitación, se sentaron junto a Paulette, Edward la sacó de su escondite y la sentó en su regazo abrazándola mientras Bella lo alzaba a él y lo ponía sobre sus piernas.
—Sé que no puedes verlos físicamente, pero siguen vivos en ti.
—No entiendo, mami.
—Cada vez que te veo, mi dulce Paulette —habló Edward—, puedo ver a Jasper en tu cabello rubio, en tus ojos azules y en esa bonita sonrisa que tienes.
—También podemos ver a Alice en ti, en tu hiperactividad, en tu alegría, tu carisma, tu amor por la vida, tal vez Alice y Jasper ya no estén aquí con nosotros, pero ten por seguro que nunca te abandonaron, están presentes contigo cada vez que te vez al espejo, tú eres la combinación perfecta de ellos dos.
—Pero aun así los extraño, papi.
—Y es perfectamente normal, mi niña, pero hoy es tu cumpleaños, el día más feliz para Alice y Jasper, ellos te observan en donde quiera que estén y esperan que tengas un bonito cumpleaños, ellos solo quieren lo mejor para ti.
Cristopher asintió de acuerdo con las palabras de Edward, viendo como Paulette les sonreía a Bella y Edward, esta vez no era una sonrisa fingida.
Carmen interrumpió el momento avisando que los abuelos Esme y Carlisle habían llegado con tarta y regalos.
Paulette se puso de pie y tomándolo de la mano corrió fuera de la habitación, su feliz hermanita había regresado.
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Una tarde tranquila en casa, simplemente disfrutando de un día libre de responsabilidades, sin dramas de cumpleaños, sin llamadas de la escuela por avisos de que Cristopher corrigió al profesor en clase, de parte de la profesora de teatro de Paulette recomendándoles inscribirla a clases extras ya que tenía futuro como actriz, sin Holly llamándoles y contándoles acerca de algún amigo con el que se había reencontrado y comenzado a salir.
Simplemente era una tarde tranquila.
El grito de Bella inundó la casa completa, dejando la tranquilidad en el olvido.
Paulette dejó sus muñecas tiradas junto a su juego de té.
Cristopher abandonó su juego en línea, sin importar que fuera de suma importancia.
Carmen se detuvo de arreglar el armario de Paulette, dejando la ropa tirada en la canasta.
Matilde aventó la bandeja recién sacada del horno sobre la encimera de la cocina.
Y Edward, que estaba en su oficina, dejó a Kate al teléfono.
Los cinco corrieron escaleras arriba en busca de la mamá de la casa que había gritado asustándolos a todos.
