Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
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EPÍLOGO
Bella entró a casa escuchando la música bajar del piso de arriba, con Paulette entrando a la adolescencia era normal que tuviera la música a todo volumen y estuviera en su habitación con la puerta cerrada, así como que Cristopher con trece años estuviera en el cine con Liam, el tiempo en el que sus niños corrían a recibirla cuando llegaba a casa, se estaba acabando.
Los rápidos pasos corriendo desde la cocina, la hicieron sonreír.
Aún tenía a su bebé que se alegraba cada vez que llegaba del trabajo.
—¡Mami!
Bella esperó a que apareciera el cuerpecito al que pertenecía la dulce voz que la llamaba, amaba a su bebé demasiado, era un sentimiento diferente al que alguna vez sintió, nunca imaginó que pudiera disfrutar de su embarazo, principalmente cuando era la primera en remarcar todas las incomodidades y peligros que conllevaba, pero todo eso se olvidó cuando escuchó su corazón por primera vez, al ver a esa pequeña personita que crecía dentro de ella… la mayoría de las reticencias que tenía acerca del embarazo desaparecieron.
No había nada más importante que hacer que su bebé estuviera bien.
Todos en la familia pensaban eso, por esa razón cuando le dieron de alta del hospital, la familia al completo se aseguró de que permaneciera en cama. Sue y Charlie se encargaron por la mañana de que durmiera después de que Edward se marchara al trabajo, Esme iba todas las tardes a ayudar a Carmen con los niños y que estos no atosigaran demasiado a Bella, Rosalie se encargaba de que Esme y Sue no exageraran con los cuidados, Holly le hacía compañía mientras le enseñaba catálogos de nubles para bebés, no importaba que ni siquiera supieran el sexo, Holly reclamaba su derecho como abuela favorita para ayudar con la decoración del cuarto.
Bella estaba vigilada la mayor parte del día, incluso Edward la ayudaba con el baño por la noche. Las primeras dos semanas estuvieron bien, Bella aceptó todas y cada una de las exageraciones de su familia —incluso que sus hermanos entraran y salieran de su casa a su antojo— los entendía, pero el límite de su paciencia llegó y Bella mandó a todo el mundo al carajo.
Estaba embarazada y había sufrido una amenaza de aborto, lo sabía, estaba consciente de eso, pero no era una inválida, podía hacer todas las cosas que hacían por ella, por esa razón regresó al trabajo a pesar de las protestas de Holly y Charlie.
—No es como si no pudieras usar tu encanto con Alec y hacer que te dé días libres —protestó Holly mientras la veía desayunar junto a Cristopher y Paulette—, además dijo que podías tomarte todo el tiempo que necesitaras, estás embarazada.
—Embarazada, no inválida.
—Debes cuidarte, tu presión sigue un poco alta —protestó Charlie—, además no es como si necesitaras trabajar, con tu parte del rancho puedes vivir perfectamente bien.
—Soy una mujer autosuficiente, me gusta mi trabajo y no lo hago para volverme millonaria.
—Al menos podrías reducir tus horas de trabajo.
—Hay miles de mujeres embarazadas que trabajan jornadas completas, papá, no seré ni la primera ni la última en hacerlo.
—Lo sé, pero no tienes ninguna necesidad de hacerlo.
—Papá…
—Solo has tenido reposo por dos semanas, Bella, solo dos semanas, necesitas más tiempo.
—No lo necesito, el médico dijo que estaba mejor, siempre y cuando mantuviera el estrés lo más bajo posible, todo estaría en orden.
—Aún creo que es demasiado pronto, además ni siquiera has escuchado lo que piensa Edward.
Bella rodó los ojos y vio a su esposo que bebía tranquilamente su café junto a los niños, que estaban muy entretenidos comiendo su cereal para no llegar tarde al colegio.
—¿Te molesta que vaya al trabajo, Edward?
—Yo te apoyo, amor, solo no te presiones —dijo mientras dejaba su taza en el fregadero junto con su plato del desayuno—, frijolito debe estar relajado.
—¿Frijolito?
—Así le pusimos —habló Paulette—, porque en la ecografía parece un frijolito, fue mi idea.
—Y yo la apoyé —secundó Cristopher.
—Y a mí me pareció un buen nombre por el momento, así que mientras tú y frijolito estén bien por mí no hay ningún problema en que regreses al trabajo. Solo una cosa sí te digo, Isabella, Tanya tiene órdenes de llamarme si te estás sobre exigiendo, si es así, iré a tu oficina y te traeré de regreso a la cama.
—Tanya trabaja para mí.
—Sí, pero tienes a mi bebé dentro de ti, así que no dudes en que iré si te presionas demasiado.
—¿Y si te digo que no es necesario?
—Te traeré de todos modos.
—¿Ah, sí? —preguntó cruzándose de brazos.
—Así es —afirmó tomándola de la cintura y pegándola a su pecho—, y no protestes o te llevaré en este momento de vuelta a la cama y nadie te dejará salir.
—¿Es una amenaza, Cullen?
—Es una promesa, Swan.
Bella aún recordaba la risita de sus dos niños y su madre mientras Edward la besaba después de dejar en claro sus intenciones, Charlie se puso incómodo y salió de la cocina dejándolos con su muestra de cariño.
Claro que la actitud despreocupada de Edward en casa era una simple pantalla, ya que fue él quien la llevó al trabajo, pasó por ella en su hora de comida y la llevó de regreso, así como por la tarde estaba puntualmente esperándola para regresar a casa, era un sobreprotector con ella, y siendo sincera, le encantaba, había cierto encanto en que su esposo actuara como un cavernícola con ella y su bebé.
Su bebé de pequeñas piernas apareció en el pasillo, con su cabello perfectamente arreglado, dejando ver esos enormes ojos castaños con motitas verdes, con tres años recién cumplidos, era energía pura.
—¡Mami! —chilló antes de impactar contra el cuerpo de Bella.
—Hola, mi amor. ¿Qué tal estuvo tu día?
—Ben, mami, Chis no izo vame a cine con él y Pau no abio pueta, Carmen ijo que la dejala sola y Malile me pepalo un patel mu mu gande de fesas y shololate.
—¿Muy grande?
—Shí. ¿Comes migo?
—Claro que sí, mi amor.
El lenguaje de bebé era la cosa más encantadora que tenía su nena, un lenguaje tan reducido pero que podía dar largas explicaciones, que a ella y a Edward encantaban, podían pasar horas escuchando su narrativa de su día completo y nunca se cansarían.
La puerta se abrió mostrando a Edward, lo cual causó el grito de felicidad de su bebé, la misma alegría que sus dos hijos mayores expresaban a su edad.
—¡Papi, papi, papi!
—¿Cómo está mi pedacito de cielo?
—Mu ben, ¿comes migo y mami?
—Claro que sí, mi amor.
Edward besó a Bella profundamente causando la risita de su pedacito de cielo, una perfecta combinación de ambos.
—Iré por Paulette para que nos acompañe.
—Nosotros te esperamos en la cocina, muero de hambre.
—Yo men, muelo, muelo de ambe.
Bella rodó los ojos al escucharlos, sus tres hijos y esposo tenían el mismo estómago hueco, podían pasar comiendo la mayor parte del día sin siquiera llenarse. Subió las escaleras en busca de su niñita rubia que no se dignaba a bajar y saludarla como era debido, cada día era más difícil, ya no era la niñita que podía levantar en brazos y llevar a todos lados, con once años, le gustaba pasar su tiempo a solas en su habitación, la cual había dejado de tener el mural de princesas y ahora estaba adornado con cientos de pósteres de sus bandas musicales y programas de televisión favoritos.
Tocó la puerta lo suficientemente alto para que Paulette escuchara y apagara la música, cosa que hizo de inmediato.
—Hola, mami —saludó abriendo la puerta, con una capa de sudor surcando su frente, lo cual decía que había estado bailando sobre la cama de nuevo—. Estaba a punto de bajar.
—¿Vienes a cenar con nosotros?
—Claro —aceptó abrazando a Bella y comenzando a caminar hacia las escaleras—, pero esta vez podrían tú y papi no hacer gestos mientras intentan hacer comer a...
—¡Ya llegué! —gritó Cristopher al entrar a la casa—. ¡Traje palomitas!
—¡Chis!
Paulette se rio y bajó las escaleras corriendo para encontrar a sus hermanos en la puerta. Bella se rio al ver a los tres, Paulette sostenía el bote de palomitas mientras que Cris tenía en brazos a la personita que había robado el corazón de toda la familia desde el primer día.
Recordaba perfectamente la alegría de Paulette y Cristopher al saber el sexo del bebé, la emoción y al mismo tiempo decepción por equivocarse.
Ambos esperaban pacientemente a que su madre dejara los cupcakes en la mesa.
—¿Por qué no podemos comerlos desde la caja? —preguntó Paulette perdiendo la paciencia—. Tardas mucho.
—Porque yo lo digo, ahora aguarda o no te dejaré devorarlos todos.
—Está bien —suspiró recargándose contra su mano—. ¿Al menos puedo tener leche?
Edward sacó la leche de la nevera y sirvió en dos vasos, uno para cada uno.
—¿Chocolate?
—No, suficiente azúcar tendrás con el cupcake.
—Está bien.
Bella terminó de dejar los seis cupcakes sobre la encimera y vio a sus hijos que esperaban a que les dejara tomar uno.
—Está bien, ya saben cómo es esto, muerden el cupcake y el relleno les dirá si es niña o niño —les explicó Bella entregándoles uno a cada uno—. Muerdan
Ambos lo hicieron inmediatamente, llenándose la boca de betún y migas de pan, emocionados por saber quién de los dos había tenido razón, aunque se vieron desilusionados al ver que ambos rellenos eran amarillos.
—Eso es trampa —protestó Cristopher sin dejar de comer el cupcake—, no pueden poner amarillo.
—Sí podemos —respondió Bella entregándole una servilleta para que se limpiara la boca.
Paulette tomó otro, suspirando al saber que aún no podría presumir en el colegio si tendría una hermanita o hermanito.
Entre ambos se acabaron los cupcakes, descubriendo que tenían el relleno amarillo.
—¿Por qué ustedes no se han comido los suyos? —preguntó al notar los dos cupcakes que aún quedaban en la mesa.
—No lo sé —respondió su papi—, tal vez no queremos ver el relleno.
—Es amarillo, papi —respondió Cristopher rodando los ojos.
Ambos se congelaron al ver la sonrisa burlona de sus padres, dejando en el olvido sus respectivos panecillos a medio comer tomaron los de ellos, notando el relleno.
—Suficiente de palomitas —ordenó Edward apareciendo y quitándoles el bote—, tú debes acabarte lo que hay en tu plato, no simplemente salir corriendo cada vez que se abre la puerta.
—¿Pamitas? —preguntó estirando las manitas hacia Edward—. ¿Pamitas mí?
Bella se rio al notar el chantaje emocional que Patito y Pau le habían enseñado a su hermana menor.
Su hermana menor.
Su hija menor.
El relleno de crema rosa que había sorprendido a ambos, haciendo inmensamente feliz a Paulette y causando el enojo de Cristopher.
Paulette tenía una hermanita con quien jugar, una cómplice y aliada para toda la vida.
Cristopher ahora era el hermano mayor de dos niñitas que le obligaban a jugar con ellas.
Edward y ella eran padres de dos preciosas niñas y un encantador niño.
…
Edward escuchaba a Paulette y Cristopher pelear en el baño.
—Es mi turno de lavarme los dientes primero —protestó Paulette.
—Ayer fue tu turno, además yo llegué primero.
—Hiciste trampa.
—Aun así te gané.
—¡Eres un tonto!
—Tal vez, pero yo me lavaré los dientes primero.
El golpe de la puerta cerrándose y Paulette protestando y golpeando la puerta para que la abriera fue lo siguiente que escuchó.
Eran tan normales las discusiones de sus dos hijos mayores, podían haber crecido pero en ocasiones seguían siendo los mismos niños consentidos que discutían por quién llevaba la correa de Butterfly en el parque.
El suave ronquido de su pequeñita le recordó que debía dejarla en la cuna para que descansara y él regresara a su habitación en donde su esposa le esperaba, pero era difícil dejar a su niña, lo era aún más cuando escuchaba a su Patito y a su Paulette, ya no eran unos bebés que le necesitaban para la mayoría de las cosas.
Ya no arropaba a Cristopher, él ya no quería que lo hicieran, ya que en sus propias palabras era grande y solo a los bebés los arropaban, tampoco dejaba que Bella le besara la frente por las noches, su Patito estaba creciendo demasiado rápido.
A Paulette aún podía mimarla por la noche, pero ya no le leía cuentos para dormir ni se quedaba con ella hasta que se durmiera, ahora su ángel se quedaba despierta aun cuando Bella le decía que apagara las luces.
Las cosas cambiaban, y estaba bien con eso, sabía que no podía hacer que sus hijos dejaran de crecer, pero mientras su princesita estuviera pequeña y disfrutara de dormir en los brazos de su papi, lo disfrutaría al máximo.
—Ustedes ya tendrían que estar en sus camas, ¿qué hacen todavía lavándose los dientes?
—Cristopher tarda demasiado, es muy lento.
—Eso no es cierto —protestó abriendo la puerta del baño—, tú eres la lenta.
—No me importa quién sea el lento —los silenció Bella—, enjuágate la boca, Cristopher, y a la cama; y tú, Paulette, te quiero en tu cama en menos de tres minutos.
—Sí, mami.
Se rio de la respuesta de ambos sin poder evitarlo y de cómo con una sola orden de Bella la casa volvía a estar en completo silencio.
Regresó su atención a su bebita que sostenía en brazos, su preciosa niña con las mejillas rojas era todo un encanto.
—Espero que le pusieras el pañal, Edward —habló Bella desde el marco de la puerta—, no quiero encontrarme con que se ha mojado durante la noche.
—Ya se lo he puesto, no te preocupes.
Bella asintió y entró a la habitación, se detuvo a solo unos centímetros de distancia, observando.
—Sigo sin poder creer que yo la hice —susurró tomando la regordeta manita y besando castamente sus diminutos nudillos.
—No te lleves todo el crédito, sin mi súper semilla no lo hubieras logrado.
—Sí, sí, como digas —rodó los ojos—. Te espero en la habitación, no tardes.
—Iré en unos minutos.
Bella salió de la habitación dejándolo nuevamente a solas con su pequeña.
Su pequeña que solo había traído felicidad a la casa, incluso para sus hermanos mayores, hasta para Cristopher, que después de superar su fase de pedir que cambiaran a la bebé por un niño, decidió buscar nombres junto con Paulette.
Aún recordaba las enormes listas de nombres de ambos.
—Tenemos una lista, papi —habló Cristopher entrando a la oficina con cuaderno y pluma en su mano.
—¿Y su madre?
—Está descansando —respondió Paulette detrás de él con más papeles en sus manos—, iba a ir y despertarla pero la señorita Carmen me dijo que no podía hacerlo.
—Es mejor que la dejen descansar, últimamente ha estado más cansada de lo normal.
—Trabaja mucho —dijo Cristopher frunciendo el ceño—. ¿Qué no se supone que las embarazadas deben descansar?
—Su madre no es una embarazada normal, debió dejar de trabajar hace un mes y sigue haciéndolo.
—¿No le puedes decir que deje de hacerlo y se quede en casa? —preguntó Paulette subiendo a la rodilla de Edward—. Me gusta dormir con ella hasta tarde.
—¿Quieres que le diga a tu madre qué hacer?
Los tres se quedaron en silencio, sopesando la idea, al final los tres rieron sabiendo que eso nunca iba a pasar.
—¿Qué nombres tienen?
—A mí me gusta Carina —habló Cristopher leyendo el primer nombre de su lista.
—No, ese no —protestó Paulette cruzándose de brazos.
—¿Por qué no? A mí también me gusta, es un lindo nombre.
—Significa la más pequeña y querida y además es un nombre muy feo, mi hermanita debe llevar un nombre muy bonito, así como ella.
—¿Qué nombres tienes tú?
—Solo lo escogí para molestarla —susurró Cristopher mientras Paulette buscaba en su lista.
—Me gusta Elizabeth, rima con Paulette.
Sofía.
Lucy.
Carolina.
Mary.
Sarah.
Evelyn.
Paula.
Charlotte.
Eleonor.
Sol.
Danielle.
Regina.
Alba.
Vanessa.
Claudia.
Romina.
Jimena.
Gigi.
Emma.
Samantha.
Anne.
Gabrielle.
Adeline.
Scarlett.
Y la lista seguía y seguía, pero ninguno parecía realmente el adecuado, Paulette propuso Paulette la pequeña, Cristopher le arrojó una bola de papel para que se callara.
Habían pasado los siguientes días buscando el nombre adecuado para decírselo a Bella, pero ninguno parecía serlo.
—Yo ya tengo el nombre de la bebé —les dijo Bella una noche después de descubrirlos en la oficina ya muy pasada la hora de dormir de Paulette y Cristopher.
—¿Y cuál es mami?
—Lo descubrirán el día de su nacimiento.
—Para eso falta mucho —protestó Paulette colocando su manita en el abultado vientre de Bella—, queremos saberlo ahora, mi hermanita quiere que nos lo digas.
—Pues ahora yo pensaba que estarían dormidos y como han desobedecido las reglas de estar en cama, creo que pueden esperar a que nazca.
—¿Yo también tengo que esperar?
—Claro que sí, Edward, hiciste que los niños rompieran las reglas, así que tú también tendrás que esperar.
Aunque claro que esa misma noche cuando la ayudó a acomodarse en la cama, le reveló el nombre que había pensado, y debía admitir que era perfecto para su niñita.
—Descansa, mi amor.
La dejó en su cuna y regresó a su habitación en donde Bella le esperaba en la cama, lista para dormir junto a él.
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Bella salió del elevador en su piso, Tanya le esperaba lista para informarle sobre las reuniones que tendría ese día, no fue sorpresa encontrar a Alec en su oficina.
Alec, su jefe y eterno enamorado, que no dudaba en coquetearle en cualquier oportunidad, ni siquiera en ese momento, con su hijo de dos años en sus brazos, dejó de decirle lo guapa que se veía ese día.
—Hola, Alec. ¿Qué tal está Alec Jr.? —preguntó acariciando la regordeta mejilla del bebé.
—Pasó una mala noche, pero ya está mejor, nada que un té de manzanilla no resolviera y una llamada al pediatra no solucionara.
—Me imagino —respondió sentándose en su silla—. Lo que no me imagino es para qué me necesitas tan temprano.
—Pensé que te gustaría saber el buen trabajo que hago como papi.
—Haces un muy buen trabajo, aunque no dudo que fue su niñera quien le preparó el té.
—Al menos lo intenté —bufó deteniendo al niño de jalar las carpetas que estaban sobre el escritorio al mismo tiempo que la mujer mayor, muy parecida a Carmen, entraba a la oficia y esperaba a que Alec dejara de mimar a su hijo—. Pórtate bien con la niñera, papi estará contigo en unos minutos, necesita atender unos asuntos con la hermosa Isabella. Dile adiós a Isabella.
—Ados, mosa ella —se despidió agitando su manita.
—Adiós, cariño.
La mujer mayor salió con el bebé, dejándolos solos.
»¿Qué puedo hacer por ti, Alec?
—¿Dejar a tu esposo y casarte conmigo? —cuestionó recargándose en el escritorio.
—Tal vez en otra vida.
—Al menos tengo oportunidad. —Se encogió de hombros, antes de ponerse serio—. Tengo la custodia de Alec Jr. por completo, esa zorra no va a poder acercarse a mi hijo, ni detenerme en llevármelo conmigo y mi familia. Tengo los billetes para Italia marcados para dentro de tres semanas, y mi madre está preparando la habitación del niño, espero que estés lista para ser la nueva presidenta en unas cuantas semanas.
—Lo estoy desde hace meses, tú eres el que te has tardado en marcharte y desocupar mi futura oficina.
—Eres perfecta, Isabella, nunca lo dudes.
—Lo sé, Alec, no hace falta que me lo repitas.
Alec la dejó sola en la oficina, no sin antes llevarse su café sin preguntar, era demasiado común en él, así como lo era que siempre volteara el retrato que desde hacía tres años adornaba su escritorio. El rostro sonriente de sus dos hijos mayores mientras sostenían a su pequeña hermana las navidades pasadas, la hizo sonreír, las cosas habían cambiado demasiado en los últimos tres años.
Ella había pasado por un embarazo.
Angela estaba embarazada de su tercer bebé.
Victoria había decidido tener un solo hijo.
Y Alec su jefe, amigo y eterno enamorado, había tenido un hijo con la zorra de Katy, la misma que los había abandonado apenas llegó el día del parto y supieron que se trataba de un niño y no de una niña.
Bella nunca había imaginado que Alec mantenía una relación íntima con Katy, nunca dio ningún indicio de que ocurría algo, su comportamiento no cambió ni un poco, Alec seguía siendo el mismo coqueto de siempre, así como Katy seguía detestándola y soltando uno que otro comentario malintencionado.
Iba tarde para una junta, su enorme vientre de casi ocho meses provocaba que hiciera las cosas más lentas. Normalmente, Tanya y su impecable eficiencia mantenían todo al alcance de Bella cuando lo necesitaba, pero esa mañana había estado tan llena de trabajo, que para cuando la hora de la junta llegó, Tanya no tenía lista las carpetas, y Bella iba lo suficientemente retrasada como para detenerse y acomodar sus papeles, lo cual provocó que chocara contra Alec al salir del elevador y terminaran sus carpetas con los papeles esparcidos en el suelo.
—Te ves muy hermosa, Isabella, las mujeres me encantan, pero las mujeres embarazadas son mi perdición.
—Eres simplemente incorregible, Alec —respondió Bella aceptando las carpetas que se le habían caído—, ¿algún día dejarás de coquetear?
—Tal vez, pero Paulette me ha dicho que no le intereso, así que me quedo con la madre.
—Eres imposible.
Alec sonrió, ofreciéndole su brazo para escoltarla.
—Vamos, nos esperan en la sala de juntas.
Alec le abrió la puerta de la sala de juntas en donde ya se encontraban los directivos de los distintos departamentos de la empresa con sus asistentes y becarios, solo los esperaban a ella y a Alec.
—Vaya, Isabella, sí que estás gorda.
La sala de juntas se quedó callada, la mayoría de ellos hombres, fieles conocedores de que a una mujer nunca se le mencionaba su peso y mucho menos cuando estaba embarazada. Era de conocimiento de todo la empresa que Bella estaba cumpliendo casi los ocho meses, nadie esperaba verla con sus ajustadas faldas y sacos, era normal que presumiera su barriga, pero ninguno iba a recalcar ese aspecto, valoraban demasiado su vida como para meter la pata con Isabella.
—Lo sé, Katy, estoy embarazada, ¿qué esperabas? —respondió Bella entrando a la sala de juntas.
—A algunas mujeres no les sienta muy bien el embarazo.
—Qué pena por ellas —respondió sin prestarle atención y sentándose junto a uno de los directivos que amablemente le ofreció la silla—, a mí sí que me ha sentado de maravilla.
—¿Estás segura?, porque creo que tu botón está a punto de reventar.
—Estás encantadora, Isabella —respondió Peter ignorando el desagradable comentario de Katy—, mis más sinceras felicitaciones, Edward debe estar muy emocionado.
—Lo está, está en las nubes desde los cinco meses que el médico nos reveló el sexo.
—Qué bien. ¿Es una encantadora señorita como tú o un varoncito?
Bella sonrió y miró deliberadamente a Katy mientras respondía la pregunta.
Recordaba perfectamente a Katy atragantándose cuando comunicó que se trataba de una niña, y como la orgullosa madre que era mostró la ecografía en 3D que dejaba ver perfectamente el rostro de su nena, tan parecida a Edward.
Ese mismo día, después de que la junta se acabara y notara que se había llevado una de las carpetas de Alec por accidente, fue a buscarlo a su oficina, desearía poder borrar esa imagen de su mente, ver a Katy de rodillas succionando el miembro de Alec era difícil de olvidar.
Los dejó para que terminaran sus asuntos y regresó a su oficina, nunca mencionó nada, era la vida de Alec y la respetaba, pero eso no evitaba que le pareciera sospechoso que Katy anunciara su embarazo un día después de que Bella se tomara la licencia por maternidad.
Cuando regresó a trabajar, Katy no perdía oportunidad de repetir que estaba embarazada de una niña, Bella no vio las ecografías ni una sola vez, no importaba la cantidad de veces que Katy lo hubiera intentado, Bella tenía suficiente con ver las fotografías de sus tres niños, esos rostros sí eran un placer ver.
Nunca mostró su recelo hacia Katy frente a Alec, después de todo era su jefe y amigo, estaba feliz por él y le mostró su apoyo y el de Edward, el cual fue necesario cuando el parto llegó y Katy tuvo a un niño y no a la niña que tanto presumía y a la que Alec había nombrado Isabella.
Ahora, Alec tenía a su hijo con él después de estar en juicio por la custodia, el mismo que Katy había abandonado sin mirar atrás tan solo un día después de su nacimiento. Bella estaba segura que el pequeño niño era inmensamente feliz sin esa zorra junto a él, con las atenciones que Alec y la madre de este le daban tenía más que suficiente, por esa razón se marchaban a Italia, para que el pequeño creciera cerca de la familia y su cultura, lo cual llevaba a que Bella obtuviera la presidencia de la empresa.
Después de todo, Alec y la familia Vulturi confiaban por completo en ella y con tres niños en casa, estaba perfectamente calificada para mantener el orden y control de cualquier cosa.
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Edward sostenía la pequeña manita de su niña mientras veía como los hombres de la mudanza bajaban los muebles del enorme camión, Paulette y Cristopher estaban junto con Holly en el jardín trasero, completamente ajenos al movimiento dentro de la casa.
Se mudaban de casa, a una mucho más grande, lo suficiente para albergar a toda la familia de Bella cuando decidieran visitarlos —lo que ocurría con mucha frecuencia desde el embarazo—. Al principio habían pensado mudarse a una casa con jardín, no muy grande ni tan ostentoso, pero después de que Holly utilizara su persuasión y diera los pros de tener una pileta en el patio trasero y les recordara que realmente era necesario que tuviera habitaciones lo suficientemente alejadas de la habitación principal, de ese modo ambos podrían ser ruidosos molestar a nadie, habían cedido a sus deseos.
Después de que aceptaran comprar una casa más grande, fue que Sue dijo lo maravilloso que sería que tuviera un establo, ella amaba los caballos, era una muy buena jinete y quería inculcar a sus nietos la equitación, Bella por supuesto que se negó, pero al final terminó rindiéndose después de que Alec le avisara que tenían que viajar de urgencia, por supuesto que Edward la acompañó y por eso mismo dejaron todo en manos de Sue, Holly y Esme, lo cual causó que tuvieran esa enorme propiedad que había puesto histérica a Bella al ver la suma de dinero que pagarían por ella.
Ahora se estaban mudando, oficialmente la casa les pertenecía.
Nueva casa, nueva vida.
Y en cierto sentido así era, las cosas estaban cambiando en su vida, no solo sus hijos crecían, sino que él y Bella cambiaban el rumbo de su vida.
Edward había tomado una decisión bastante drástica, que para la mayoría parecería estúpida y lo criticarían, pero él sabía que era la mejor decisión que había tomado en su vida. Renunciar a su trabajo fue doloroso, sobre todo después de tantos años trabajando en la empresa y de ser parte de su crecimiento y expansión, pero todo eso lo dejó después de que Bella le comunicara que sería la nueva presidenta de la compañía.
Bella iba a viajar mucho más y él no estaba dispuesto a dejarla marchar sola, tampoco que sus hijos crecieran solo bajo el cuidado de su niñera y los vieran mucho menos por el tiempo que tardarían en trasladarse de su casa a la oficina, por esa razón lo había hecho; acompañaría a Bella siempre que ella lo necesitara y estaría en casa junto a sus hijos para que supieran que eran lo más importante para ambos.
Una decisión de la cual varios de sus compañeros de trabajo se burlaron, pero solo porque Bella iría a trabajar mientras él se quedaba en casa, no significaba que perdería su hombría, era apoyar a su esposa cuando ella lo necesitaba, de eso se trataba el matrimonio, dar y obtener, apoyarse mutuamente, y en esa ocasión y como la mayoría de las veces ocurría, Edward apoyó a Bella incondicionalmente.
Aunque claro que tenía otros proyectos en mente, necesitaba ocupar su tiempo mientras los niños estaban en el colegio, así que había tomado la decisión de invertir parte de su liquidación en el taller que Emmett tenía en mente y para el cual necesitaba capital. Una asociación que unió un poco más a los hermanos, pero de la cual Emmett se encargaba principalmente, era la imagen de la empresa, Edward solo se presentaría en los casos legales, hacían un buen equipo.
—¿Papi? —le llamó la pequeña jalando su pantalón.
—¿Qué pasa, princesa?
—Hice pi.
Edward se rio al ver el sonrojo de su hija, con tres años aún no avisaba cuando necesitaba ir al baño, por esa razón aún usaba los pañales, Carmen intentaba enseñarle, pero Edward había decidido ser él quien lo hiciera. Carmen tenía suficiente con las hormonas explosivas de Paulette y Cristopher, pero por el momento sus enseñanzas no habían dado resultado, ya que aún seguía usando el pañal y no veía en un futuro próximo que dejara de hacerlo, incluso aún mojaba la cama, más de una vez Bella lo retó por no ponerle el pañal adecuadamente.
—Vamos a revisar qué sorpresa me has dejado en ese pañal —le dijo mientras la tomaba a ella y la pañalera que había preparado para esas emergencias.
Desde el primer día su pequeña niña hacía grandes desastres en el pañal, era tan bonita, pero cuando se trataba de los pañales, esa dulzura que tanto la caracterizaba desaparecía.
—Mi flor pequeña y delicada —le susurró mientras se deshacía del pañal—, no entiendo cómo es que haces tremendas bombas de olor. Te amo, mi pequeña Fiorella, pero me encantaría que ya usaras el baño.
Fiorella le sonrió mientras dejaba que le cambiara el pañal. Era tan parecida a su encantadora esposa, los mismos ojos castaños, la sonrisa burlona y esas largas pestañas que batía descaradamente cuando intentaba conseguir lo que quería, además su hija había heredado el encanto innato de su madre de tener a todos comiendo de la palma de su mano, por más pequeña que esta fuera.
…
Cristopher logró salir del agua después de que Paulette intentara ahogarlo por haberla tirado a la piscina desprevenida.
Vio a Fiorella que descansaba en los brazos de la abue Holly, con una suave manta cubriéndola mientras su pulgar estaba en su boca, era la hora de su siesta y él, como buen hermano mayor, sabía que no debía molestar el descanso de su hermanita menor, estaba de malas cada vez que interrumpían su descanso, en eso se parecía mucho a Paulette.
—¿Ya te cansaste de nadar, cielo? —preguntó Holly mientras pasaba distraídamente la yema de sus dedos por la espalda de Fiorella.
—Tengo hambre.
—Lo sé, he ordenado pizza, no tardará en llegar, pero sigue nadando un poco más así tu apetito estará completamente abierto para la pizza.
—¿Tú vas a comer pizza, abue? —preguntó Paulette sin dejar de nadar en la pileta—. ¿Qué no estabas a dieta?
—He pedido una ensalada para mí.
—¿Yo puedo tener ensalada?
—No.
—¿Por qué no? —preguntó parando de nadar y mirándola con el ceño fruncido—, yo quiero ensalada.
—La ensalada es para mayores, tú, nena, eres pequeña y no necesitas preocuparte por nada más que ser la niña encantadora que eres.
—Y que huele a zorrillo —agregó Cristopher riendo cuando Paulette le aventó uno de los salvavidas.
Se hundió en el agua y buceó hasta llegar a Paulette y hundirla con él.
Amaba a Fiorella, era su hermanita menor, pero prefería mil veces a Paulette, con ella podía jugar a su antojo sin temor a lastimarla o hacerla llorar.
Además Fiorella era aburrida, solo quería jugar con peluches, tomar siestas, comer papillas de manzana, apretar el mismo botón de sus juguetes musicales y estar junto a sus papis hasta que llegaba la hora de dormir, e incluso hacía pucheros para que la dejaran dormir con ellos, lo cual ocurría muy seguido.
Paulette también pensaba lo mismo que él, se había quejado de que no podía jugar con Fiorella a las muñecas pues terminaba tirándolas, tampoco con el juego de té, pues no sabía tomar en vasos que no fueran entrenadores, además de que nunca permanecía mucho tiempo sentada y se iba sin avisar.
Sus padres les habían explicado que Fiorella era una bebé y que ellos también habían hecho las cosas que a Fiorella entretenían, así que debían ser paciente con ella, no simplemente hacerla a un lado, aprendería a jugar con ellos con el paso del tiempo.
Amaba a Fiorella y sabía que Paulette también la amaba, pero tener una hermanita tan pequeña no era lo que habían imaginado mientras su mami estaba embarazada.
Ni siquiera su nacimiento había sido como lo imaginó.
En la televisión mostraban a las mamás avisándoles a los papás que el bebé iba a nacer, el papá la llevaba al hospital, después de unas horas el bebé nacía, se lo llevaban a casa y vivían felices para siempre.
El nacimiento de Fiorella fue completamente distinto.
Su mami no tuvo los dolores que salían en la televisión, tampoco mojó sus pantalones ni mucho menos su papi se alteró al saber que había llegado el momento, no, así no ocurrió.
Su mami sabía el día en que nacería Fiorella, estaba marcado en el calendario, por eso había dejado de trabajar tan solo dos semanas antes de la fecha, ese día —después de desearles un bonito día en el cole— ella y su papi se fueron al médico prometiendo que por la tarde-noche podrían conocer a su hermana.
—Mi profesora dijo que los bebés nacen cuando menos lo esperas —dijo Paulette mientras la señorita Carmen les ayudaba con los deberes del colegio.
—Así ocurre la mayoría de las veces, pero su madre no tendrá a su hermana de manera natural.
—¿Entonces? —preguntó Cristopher frunciendo el ceño—. ¿Por qué nacerá diferente?, ¿ella es diferente?, ¡¿tiene algo malo?!
—La bebé no tiene nada malo, simplemente que su madre ha decidido que tendrá a su hermana por cesárea, es un procedimiento un poco más sencillo y no tarda lo que un nacimiento normal.
—¿Regresará más rápido a casa?
La señorita Carmen no les había contestado, en su lugar les ordenó terminar la tarea para que pudieran comer y después ir a conocer a su hermana.
Por la tarde, el tío Emmett y la tía Rosalie llegaron a casa avisándoles que su hermana había nacido perfectamente e iban por ellos para llevarlos al hospital, ya que ahí estaban los abuelos esperándolos para poder entrar a conocerla.
—¿Cómo está mi mami?
—Ella está bien, se está recuperando de la cesárea y la abdominoplastia.
—¿Una qué? —preguntó Paulette luchando con el cinturón de seguridad.
—Abdominoplastia, algunas mujeres lo hacen para quitar la grasa extra que tienen —respondió el tío Emmett—, su madre lo ha hecho para retirar los kilos extras que le quedaron por el embarazo, por eso no podrán verla, sigue recuperándose de la operación.
—¿Pero ella está bien?
—Lo está.
Tal como dijeron, no habían podido ver a su madre, pero sí les permitieron ir a los cuneros y ver a su hermana junto a los demás bebés.
Había demasiadas cunas y bebés, era una tarea imposible adivinar cuál de todos los bebés les pertenecía.
—Todos se parecen —protestó Paulette— y no puedo ver los nombres.
—Debe estar por aquí, solo no hemos buscado bien —respondió Charlie entrecerrando los ojos.
Todos los bebés estaban cobijados con matas, durmiendo pacíficamente, calentitos sin que nadie les molestara.
—¿Aún no saben quién es? —preguntó Esme detrás de ellos.
—Es difícil, tienen el mismo color de manta y no podemos leer el nombre.
—No es tan difícil, solo tienen que prestar mucha atención.
Ambos suspiraron y volvieron a ver a los bebés en busca de su hermana.
No podían encontrarla, hasta que su papi llegó y les señaló a la bebé de la esquina que protestaba por no poder moverse, el abuelo Charlie se había burlado diciendo que en tan solo unas horas de haber nacido demostraba ser igual de terca que Bella, su papi estuvo completamente de acuerdo, antes de decirles que era momento de ir a la habitación en donde se encontraba su madre lista para recibirlos a ambos, y esperar a que llevaran a Fiorella.
Sus padres no eran como los otros padres.
Su mami no era como las demás mamás, no se quedaba en casa y cuidaba de ellos todo el día, no les llevaba mucho al parque o hacía la tarea con ellos, tampoco tenía mucho tiempo libre y les prohibía molestarla cuando estaba al teléfono, a veces era demasiado mandona pero, a pesar de que no era igual a las demás mamis, la amaba profundamente y sabía que su mami también lo amaba.
Su papi tampoco era como el de los demás, su papi pasaba más tiempo en casa, muchas veces él era quien atendía a Fiorella cuando Carmen les llevaba al parque, él les ayudaba con las tareas y se aseguraba que cumplieran con las reglas de la casa y no fueran irrespetuosos con Carmen, él a veces cocinaba y en raras ocasiones iba a comprar la despensa, aunque también trabajaba mucho, a veces no lo veía por dos días e incluso se iba de viaje por al menos una semana.
Sus padres eran muy diferentes a los padres de sus amigos, pero no les cambiaría nada, eran perfectos para él porque el tiempo que pasaban juntos era el mejor. Esas salidas a jugar, idas a partidos de fútbol, vacaciones familiares o simplemente quedarse a ver un maratón de películas juntos, valían la pena y le demostraban lo mucho que los amaban a él y a sus hermanas.
Incluso en ese momento sabía que podía tomar el teléfono y llamar a su madre y ella le escucharía atentamente, porque era su hijo y lo amaba, así de simple.
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***Cinco meses después***
Bella detuvo la traviesa y regordeta mano de su pequeña que seguía metiendo peluches en la maleta, sabía que podía llamar a Carmen y vendría enseguida para llevarse a Fiorella con ella mientras Bella hacía la maleta, pero no era justo ni para Carmen ni para su hija menor, suficiente tenía Carmen con estar supervisando que Cristopher y Liam cortaran todo el césped del jardín trasero, un excelente castigo después de ser suspendidos nuevamente del colegio, era la cuarta vez en lo que iba del año.
Cristopher y Liam eran los mismos niños inseparables, Edward era el encargado de ir cada vez que ambos se metían en problemas, ya no habían dejado libre a ninguna serpiente, ni a ratones, ahora habían cambiado las cosas, eran niños bien portados que defendían las causas justas. Su causa justa más memorable había sido la huelga afuera del laboratorio para impedir que hicieran el experimento con ranas, para después dejarlas en libertad en el patio, lo malo fue que las ranas llegaron al área de los niños de preescolar y resultó en gritos y llantos y con Cristopher y Liam suspendidos una semana completa, por esa razón ambos cortaban el césped con una cortadora manual. La madre de Liam había estado de acuerdo con ese castigo y había propuesto que no solo lo hicieran con sus respectivos jardines, sino que lo hicieran con al menos seis de sus vecinos, de ese modo entenderían que podrían hacer peticiones sin llegar a causar un tremendo alboroto, ninguna quería que sus hijos terminaran expulsados por mal comportamiento.
—¡Mami!
El grito de su pequeña Fiorella la sacó de sus pensamientos, la veía con el ceño fruncido y sus ojitos humedecidos, su preciosa niña era un poquitín dramática, aunque muchas veces lo entendía, estaban la mayor parte del día separadas, así que cuando Bella estaba en casa, Fiorella quería tener su atención, y desde que había tomado la presidencia y sus horarios dejaron de existir, Fiorella demandaba aún más su atención.
Era una bebé, necesitaba la atención y cuidado de su madre, suficiente tenía con Holly reclamándole por no amamantarla, negándose de ese modo a formar ese vínculo natural entre madre y bebé.
Pensó en amamantarla, pero le daba un poco de miedo que la solución salina de los implantes de seno que se había hecho a los dieciocho pudiera afectarle a la bebé. Holly le dijo que no le haría daño, incluso el médico lo confirmó, pero seguía sin convencerla del todo.
—Puedes intentarlo —le sugirió Edward mientras le ayudaba a aplicarse loción en la espalda—, si no te gusta la sensación y te sientes incómoda, entonces déjalo, no es como si dejaras de amar a la niña solo por no amamantarla, dormirá con nosotros los primeros meses, nos turnaremos para alimentarla.
—¿Por qué siempre sabes qué decir?
—Porque soy tu esposo y he estado lo suficiente junto a ti para ser un sabelotodo como tú.
Bella lo intentó la primera semana, pero la succión le molestaba, y Fiorella lloraba demasiado, así que ambos decidieron simplemente darle el biberón, era más práctico, además de que Matilde tenía los biberones listos para cuando Fiorella mostraba algún quejido por hambre.
—Aquí están dos de mis tres chicas favoritas —habló Edward entrando a la habitación—, pensé que ya tendrías la maleta lista, el vuelo sale en seis horas.
—¿Me estás apresurando? Porque si mal no recuerdo fuiste tú el que se fue hace dos horas.
—Tenía que hablar con Rosalie, ya sabes… por el restaurante.
—¿Helen sigue molestando?
—Un poco, Rosalie ha intentado controlarla pero a veces es demasiado terca.
—Rosalie sabe lo que hace. —Se encogió de hombros al mismo tiempo que acomodaba a Fiorella en su cintura—. ¿Me ayudas a terminar de empacar?, necesito ir a ver a Paulette antes de que al igual que su hermana intente meter todo a la maleta.
—Suerte con eso, cuando llegué tenía la mitad de su armario sobre la cama.
Bella bufó y besó castamente a Edward antes de salir de la habitación para ir a la de Paulette, la cual tenía la puerta abierta dejando ver el montón de ropa sobre la cama.
—Opa, opa, musha opa, quelo, quelo.
Bella mantuvo a Fiorella controlada mientras veía como Paulette se sonrojaba al verse descubierta.
—No pensarás llevar todo eso, ¿verdad?
—Llevo solo lo indispensable.
—Créeme que no necesitarás botas de lluvia —aseguró entrando a la habitación—, solo son unas vacaciones familiares, lleva lo indispensable, no es tan difícil.
—Pero es muy difícil, mamá —protestó cruzándose de brazos—, la señorita Carmen no ha querido ayudarme, dice que ya soy lo suficientemente mayor como para que pueda hacer mi maleta yo sola.
—Pues lo eres, cariño.
—No es justo, tú haces la de Fiorella.
—Mi leta shos pushes, y mi mite Olejas.
—Sí, mi amor, puedes llevarlo en la maleta.
—¿Puedo llevar a Butterfly?
—No.
—¿Por qué no? Fiorella lleva a Mr. Orejas.
—Es de peluche, Butterfly no.
—Es injusto.
—¿En serio crees que es injusto? —cuestionó arqueando una de sus delineadas cejas.
—No, mami, pero Butterfly es muy linda.
Bella iba a hablar antes de que el montón de ropa se moviera y Fiorella se riera al ver a Butterfly debajo de toda la montaña de faldas, vestidos y pantalones.
—¿Me quieres explicar?
—Tengo una maleta que hacer y muy poco tiempo.
Bella salió de la habitación dejando que Paulette arreglara su armario y terminara de hacer la maleta, aún tenía mucho por hacer.
Tomarse unas merecidas vacaciones era más complicado de lo que recordaba, solía pensar en los tiempos en que ella y Edward solo metían algo de ropa en una maleta que compartían y se iban a disfrutar de sus vacaciones, eso había desaparecido, ahora con un adolescente, una preadolescente y una bebé, era condenadamente difícil.
Tener tres niños era una multitud, pero era su multitud, su perfecta multitud.
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Paulette caminaba unos pasos delante de sus padres con Cristopher junto a ella, ambos observando a su alrededor pensando en el siguiente juego al que subirían, debía ser el mejor, no uno para bebés como al que sus padres los habían obligado a subir por Fiorella.
Llevaban tres días en el Disneyland París, habían recorrido dos de los cinco mundos recreativos, se habían tomado fotos con la mayoría de los personajes de Disney, aunque muchas veces Fiorella les temió y terminó llorando acurrucada en los brazos de su mamá o papá, no la culpaba, a veces a ella también le daba un poco de miedo, pero no lo iba a demostrar.
En ese momento, Fiorella iba sobre los hombros de su papá, su hermanita pocas veces caminaba, siempre estaba en brazos de alguien, incluso ella la cargaba, era su amada hermanita y aunque a veces la desesperaba, la amaba incondicionalmente.
Amar a la familia lo había aprendido de sus tíos ahora convertidos en sus padres, amar sin restricción, demostrar con algún gesto, apodo o con una simple sonrisa lo mucho que se amaban, no necesitando demostrarlo al mundo, solo con que las personas importantes lo supieran, era más que suficiente. Por esa razón molestaba a Cristopher, era su manera de decirle lo mucho que lo quería, por eso mantenía su secreto de escuchar durante las noches de lluvia la cajita musical que su mamá le obsequió.
De igual modo le demostraba a su papá lo mucho que lo quería cuando después de un largo día se sentaba junto a él y veían algún partido de fútbol o béisbol, también había aprendido a preparar su café como a él le gustaba, y recordaba despedirse de él todas las mañanas besando su mejilla.
Le daba su amor a su mamá mirándola maquillarse por las mañanas, acompañándola al centro comercial en sus días libre, contándole sus secretos y corriendo a ella cada vez que las pesadillas de cuando vivía con Alice y Jasper regresaban, confesándole lo segura que se sentía al estar entre sus brazos.
Pero sobre todo, quería a Fiorella, ella era especial en muchos sentidos, ella era un complemento perfecto para su familia, todas las familias eran diferentes y la suya lo era en particular. Ella llegó a la vida de sus papis para demostrarles que solo bastaba una mirada para amar a una bebé como si fuera suya, Cristopher fue el niño que les demostró que no importaban los lazos sanguíneos siempre y cuando el cariño del corazón fuera sincero, y Fiorella, la última pieza faltante en su familia, llegó para asegurarles a ellos que sus papis no hacían diferencias con sus hijos, que amaban a todos por igual más allá de su procedencia.
En momentos como ese, mientras Cristopher señalaba una tienda en donde podrían comprar más orejas de Mickey, escuchando a su mamá decir que ya tenían suficientes, a su padre recordándole a Fiorella avisar si necesitaba usar del baño, pensaba en lo perfecta que era su vida, no necesitaba nada más, lo tenía todo en ese momento.
Eran un complemento perfecto.
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Hola!
Paulette comenzó con esta historia y Paulette era la indicada para darle un cierre.
En este momento tengo demasiados sentimientos encontrados, es difícil dar por terminada esta gran historia, es como si mi bebé creciera y se marchara de casa.
Yanina, muchísimas gracias con la revisión del capítulo, tu más que nadie sabes lo irresponsable que llegue a ser en ocasiones, mi amada beta y amiga que me apoyaste en cada una de las locuras que se me ocurría para Paulette y Patito.
Mis amadas acosadoras que semana tras semana no me dejaban en paz con esta historia (de hecho con todas jajaja) , ¿Les ha gustado su aparición?, yo espero que sí.
A todas las chicas que me siguieron desde tres son multitud y me siguieron en esta secuela, gracias por ser tan paciente conmigo y mis retrasos en actualizaciones, leer cada uno de sus reviews me alegraban el día como no tienen idea.
Valery1, Claudia hdz, DrakiSwan, MariePrewettMellark, Nyduac10, Feysand, edsvolvo, blankitapia, DanniCullenMa, mcalderona2, myaenriquez02, Nancygov, jupy, caresgar26, paz, terewee, Hanna D. L, Nadiia16, crysty Katy, LalhizGarcia, IngridMMP, Elizabeth Marie Culle, Tayler-FZ, miop, Sony Bells, Melany, Lupita Pattinson Cullen, Chayley Costa, somas, Pera l.t, Yoliki, Krisr0405, Merce. Debynoe, viivii lice, Kimm, Tecupi, Pili, twbeth, Adriu, Saraipineda44, Roco, Leah De Call, KRISS95, Liduvina, OnlyRobPatti, lauritacullenswan, sodroid, Carolina rk, ELIZABETH, vanex, Bella Cullen Halliwell, Tani Sali, supattinsondecullen, poppy, sofiarp, Lizdayanna, AngieSCullen, BereB, Sandy56, Katia-Cullen-Pattz, annie, Sonny Bells, Jesiiccaa, Vicky, Soly, ANATXP, Jimena. Mar91, Briggitte, jenni317, PatyMC, Niny96 Rocio, margarymoon, LicetSalvatore, Kalia Chaparro, Adriana Molina, maries24, Daro, Isabelfromnowon, torrespera172, Liz Vidal, Karina, Tata XOXO, Pattts, misaki uzumaki, dianacastgra, Let Cull, Gabs Frape, Jaz, Beatriz, NANAko, y a todas la familia de Coni que decidio influenciada y/o presionada por ella, chica, muchas gracias por dejarme sus reviews, era mi mejor paga saber qué es lo que ustedes pensaban, igualmente a los anonimos, era un placer saber de ustedes y bueno, a las lectoras silenciosas, a ustedes también, gracias por acompañarme y espero que se atrevan a dejar un review, lo digo de nuevo, es gratificante leer sus comentarios.
Déjenme sus comentarios, opiniones, criticas o lo que quieran compartir conmigo en un review.
Tengo muchas cosas que decir, pero, esto se volvería larguísimo y comenzaría a llorar al decir adiós a CP, muchas gracias por acompañarme en esta historia, espero que los disfrutaran tanto como yo disfrute escribirla
Nos vemos muy pronto, tal vez en esta historia, tal vez en otra, que tengan bonito día.
Muchos besos y abrazos de parte de Paulette, Patito y Fiorella.
