Dom x Dom
Me senté junto a Miroku sin dejar de observar a la chica, tenía unos largos cabellos negros que llegaban hasta su cintura, sin contar aquellos resaltantes labios color cereza adornando su pulcro rostro; lo que más me atraía la atención —aparte de su clara belleza— era la forma en como ostentaba unas muñequeras de sumiso en las manos.
No era normal ver eso en lo absoluto después de todo era una dominadora.
—Eres una Dom entonces.
—¿No te quedó lo suficientemente claro? —respondió ella.
—Si, pero ¿por qué llevas esas muñequeras de sumiso?
—Supongo que es por… esperanza.
Miroku empezó a reír mientras yo no entendía nada. ¿Esperanza de qué? ¿Qué quería decir con eso? De pronto Kagome volteó sus muñecas y me mostró la cara interna de las muñequeras en donde se ubicaba un cierre.
—Llegará el día en que conozca un sumiso con quien pasaré el resto de mis días, y cuando llegué ese momento, le entregaré estas muñequeras que hice con mis propias manos.
Eso me sorprendió, sus sueños no eran cualquier cosa, eran bastante altos de hecho. Sus ojos irradiaban verdadera esperanza, esperando por esa motivación que tenía en la cabeza y porque esta se cumpliera sin más preámbulos. Mi corazón latió con fuerza y me sonrojé al ver su brillo. Ella tenía la seguridad de encontrar alguien con sus gustos, y compartir con esa persona toda su vida.
De alguna u otra manera me avergoncé ante ella y su esperanza, porque yo no tenía esa idea. Yo me casaría con una mujer que no tendría mis gustos, una que no sería sumisa, lo sé. Simplemente siempre lo he sabido.
—¿Tú también crees que es tonto? —mencionó Kagome con una voz cargada de oscuridad—Una Dom enamorada, si… ridículo —continuó mientras me miraba fríamente, creyendo que me reiría de ella.
Miroku sonrió tontamente y lo golpee. Idiota, no se daba cuenta de que su risa idiota le había dolido. Miré a Kagome que me mostraba aquellos ojos fríos y lastimeros.
—Para nada, me parece algo increíble. Pero no imposible.
Ella dejo de mostrar aquellos terribles ojos y me sonrió dulcemente; solo entonces se me paralizó el corazón, ¿qué pasaba con este órgano que, a cada gesto suyo, se aceleraba? Era la primera vez que me sucedía algo como esto… no, me ocurrió una vez en la preparatoria, pero no podía recordar como se había suscitado ese hecho. Sin embargo, nunca mas había vuelto a suceder.
Observé su rostro mientras Miroku y ella se enfrascaban en una discusión que para mí no tenía sentido. Ella me recordaba a alguien, si, a Kikyo, ella fue una anterior sumisa mía. Por increíble que pareciese, la había querido mucho y siempre disfrutaba de su compañía.
Kikyo era una muchacha menuda, con el cabello ébano más largo que alguna vez haya visto. Con sus ojos chocolates que siempre demandaban mi atención; era sumisa, callada, obediente y había llegado a mis manos con una gran experiencia en la sumisión. Nunca se quejaba por nada, nunca reclamaba, era simplemente el espécimen perfecto.
Ella sabía que yo era el amo, y como tal, me debía respeto y cariño. Y siempre lo cumplía. Estuvimos como seis meses hasta que terminamos, pues ella exigía más y más. Cosas que, en definitiva, no iban conmigo, pero ella deseaba a toda costa.
Simplemente no coincidimos.
Kagome y Kikyo tenían un terrible parentesco, el mismo cabello azabache, el mismo color de ojos, prácticamente las mismas facciones.
Pero yo tenía seguridad de que Kikyo era mayor que Kagome, pues mi pequeña minina, ante mis ojos de hombre con treinta años encima, no aparentaba más de veinticinco.
Y Kikyo actualmente tendría veintiocho.
—Hablo la señora —río Miroku luego de ver el ceño fruncido de Kagome. Espera, ¿señora?
—Niño, soy mayor que tú, no me contradigas, no te conviene.
—Un año, señora —sonrió mi disque mejor amigo—. Solo un año de diferencia.
Boquee. ¿Qué había dicho? Miroku es un año menor que yo. Un año. Y ella es… Oh por dios. Ella y yo tenemos exactamente la misma edad. Pero… ¡Si parece una niña!
Ahora resulta que Kikyo es menor que Kagome. Ah, las apariencias engañan.
—Oh, Kagome, ¿ha venido tu hermana?
—Maldito pervertido —soltó mi chica para luego chasquear la lengua, no se veía muy contenta—, te conozco y no pienso dejar que te acerques a ella.
—¡Oh, vamos! Ella me gusta mucho.
—Mantente alejado de Kikyo o te cortaré el cuello.
—¿Kikyo? —pregunte confundido y ambos voltearon a verme, me pregunté internamente si estaban hablando de la Kikyo en la que yo había estado pensando hace tan solo unos segundos—Ella, creo que la conozco, ¿cómo es ella?
Kagome gruñó.
—En la escala de los sumisos Kikyo es la primera —se carcajeó Miroku—. Es identica a Kagome, parecen gemelas.
—Perfecto —gimió mi pequeña minina—, ahora un hombre más se agrega a mi lista negra —ella me miró con furia contenida y yo casi caigo de espaldas—. Toca a mi pequeña Kikyo y te empalaré.
—Kagome es la razón por la que Kikyo no ha conseguido últimamente una pareja de juegos —me explicó mi pelinegro amigo—. Esta chica es muy sobreprotectora con su hermana, el ultimo Dom de Kikyo recibió un latigazo por casualidad de Kagome, ella asegura que fue un accidente, pero todos sabemos que no lo fue.
—Fue un accidente —gruñó una sonriente Kagome. Me mordí el labio inferior. Su cara y esa sonrisa malvada decían a gritos que aquello no fue un accidente. Sonreícon curiosidad, no tenía idea de que mi gatita era mala.
—Oh, hablando de la Reina de Roma.
Y frente nuestro se mostró una chica de cabello negro verdaderamente largo, incluso más largo que el de Kagome; era ella, era Kikyo. La Kikyo que alguna vez fue mi sumisa.
Tragué saliva sin ganas. Kagome me mataría, me despellejaría y luego mandaría mis restos a que lo comieran unos perros. Adiós oportunidades.
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Capitulo 2 ACTUALIZADO
