"Después de tantos años estudiando la ética, he llegado a la conclusión de que toda ella se resume en tres virtudes: coraje para vivir, generosidad para convivir, y prudencia para sobrevivir"

Fernando Savater

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Capítulo 5: Reflejo gris

Ya habían pasado dos semanas desde que Hermione comenzó a trabajar en París, ya se había instalado sin ningún problema. Siempre que salía de su piso para ir a trabajar; siempre, se encontraba con un regalo a los pies de la puerta. Siempre variaba, a veces era tartas, otras veces una fantástica cesta de frutas, otras incluso eran productos de limpieza corporal; jabones caseros, champú con olor a lavanda, e incluso había jabones para oler a madera húmeda. Saber que siempre tenía ese tipo de bienvenida era halagador. Pero quería saber quién era esa persona que, por la sensación que la daba, eran regalos muy costosos.

En cuanto al trabajo… podía haber sido mucho peor. Las veces que se encontraba con el señor Malfoy no era habituales, pero eso no significaba que no sucedieran. A veces se lo encontraba en un pasillo cuando tenía que llevar informes a otro sector del ministerio. Hermione siempre lo saludaba con un; "Buenos días" o "buenas tardes" a lo que el hombre se limitaba a seguir su camino no sin antes de lanzarla una gélida mirada como si su simple existencia fuera un error de la naturaleza.

Puede que sonara masoquista, incluso Hermione lo pensaba, pero estaba feliz. Pese a tener a su verdugo como jefe, estaba satisfecha. Había tenido acceso a un montón de libros antiguos, libros que jamás habría logrado encontrar en Londres ni en ninguna biblioteca exclusiva. Lo único malo que había en esos libros es que estaban todos en francés antiguo o en latín. Por suerte, Rigel la ayudó con un hechizo que hacía una transcripción del lenguaje al suyo, lo cual, fue un enorme alivio para ella.

Y ¿cómo quejarse? ¿cómo hacerlo cuando tenía a alguien como Rigel? Todos los días le veía con las uñas pintadas de diversos colores; rosa, rojo, azul, morado… podía variar de muchas formas, sin mencionar que aquel hombre siempre la tenía con la carcajada lista, con comentarios tan ingeniosos que más de una y más de dos fue el centro de atención por sus escandalosas risas. Marie (o Mari Tere para los amigos) la había ayudado un montón. Si de vez en cuando, Hermione fallaba, Marie la enseñaba de nuevo como debía de hacerlo, siempre con paciencia y con una ancha sonrisa en su cara que de algún modo, hacía que Hermione se sintiera muy cómoda en el trabajo.

Narro había dicho la verdad desde el principio, allí importaba que tan buena fueras en el trabajo, donde poco importaba tu procedencia, si sabías esforzarte no habría ningún problema. También había el clásico idiota de turno que soltaba algún que otro comentario despectivo, pero nada que fuera realmente hiriente.

Sin embargo, había un elemento que la hacía estar algo alicaída. Había escrito a Harry, a Luna y gran parte de la manada Weasley y estaba feliz de haber recibido noticias suyas, siempre las recibía… de todos, menos de Ron.

No podía evitar sentir una punzada de dolor. Hermione le amaba con todo su corazón, daría su brazo o incluso una pierna por él… no lo comprendía. ¿Había echo algo mal? ¿porque Ron no le contestaba a sus cartas? ¿realmente había sido un acto egoísta por su parte haberle dejado en Londres mientras ella se iba a trabajar? Las dudas siempre se reían de ella, de su inquebrantable lógica. Quería hacer más caso a su mente, a esa cabeza que nunca la traicionaba, pero tampoco podía ignorar los lloriqueos de su corazón.

Siempre le escribía cartas a Ron diciéndole lo mucho que lo quería, que lo amaba con todo su corazón. Cada letra suya venía desde lo más profundo de sus entrañas, se esforzaba por hacerlo. Sabía no tenía porque escribirle casi todos los días, pero ella quería. Quería que Ron se pusiera contento cuando las leyese. Que él también correspondiera con la misma pasión… pero no era así. Las cartas nunca llegaban… nunca, y eso la partía el corazón. ¿No se había esforzado lo suficiente? ¿no había sido muy clara? ¿tal vez era muy seca cuando le escribía las cartas?

¿Que estaba haciendo mal?

Incluso le preguntaba en cosas tan personales si creía que debía volver a Londres. Él había sido al único al que había escrito explicándole en la oscura situación en la que se encontraba. Que si debería hacerlo si estuviera en su lugar… Pero nada, jamás había una respuesta. Al principio quería echar la culpa a las lechuzas, pero de ser así no habría tenido contestación por parte de Harry.

Hermione suspiró con desgano, cuando llegara a casa se podría poner a pensar en sus desvaríos románticos, pero ahora tenía otros asuntos como el de terminar de revisar el dichoso informe de un elfo que había sido brutalmente golpeado por su amo.

Grangeg

Hermione miró a Marie que parecía comprender su desesperación.

—¿Ocurre algo? —preguntó con una expresión cansada.

—Es Narro, nos a pedido que vallamos al gabinete del ala oeste con el señor Malfoy, quigue decignos algo impogtante.

La sangre se la heló por unos segundos poniéndose pálida al momento.

—¿Tú y yo?

Marie sonrió con cariño.

—No veo a nadie que se llame Hegmione Grangeg a pagte de tí. Y en cuanto a mi, cgeo genococegme a mi misma bastante bien. —expresó con humor.

Claro, que estúpida era, en sus deseos ufanos de no tener que verle en lo más mínimo su cerebro se había idiotizado.

—Pero yo… ¿no hay nadie que pueda… ?… quiero decir, ¿realmente tengo que estar presente?

Marie la miró algo extrañada ¿que había de malo en ir al gabinete de Narro? Pero sobretodo, ¿porqué parecía tan reacia? Marie se había sorprendido de lo excelente trabajadora que era, y sabía que esa reticencia no provenía de un carácter holgazán.

—Si, y debe de seg muy impogtante, e tenido de cancelag un tgabajo, tenía que bogagle la memogia de un muggle que vio la transfogmación de un mago en animal, pog eso cgeo que es muy uggente. El imbécil de Narro nunca me integumpigía con mis casos. —explicó con seriedad la mujer.

Hermione comprendió que no la quedaba otra, que realmente tenía que hacer frente al problema.

«Oh vamos Hermione, te enfrentaste contra Bellatrix y saliste viva, Malfoy no es un problema»

Pero, aunque se lo recordase una vez como un disco rayado, su mente no podía luchar contra emociones naturales.

—¿Sabes por qué Narro nos habría pedido ir?—preguntó Hermione mientras se levantaba de su silla.

—Me temo que no, Narro puede llegag a seg toda una caja de sogpresas, pog lo que desconozco el pgopósito de su llamada.

—Es Narro, no hay que darle más vueltas —contestó Hermione con comicidad, no sin antes soltar un aletargado suspiro—tiene que ser muy, muy importante para que nos halla llamado ¿no crees?—dijo con cierta desolación la bruja.

La mujer sonrió y ambas salieron de las oficinas dirigiéndose hacia un larguísimo pasillo donde, era evidente que se encontraba Lucius. Hermione suspiró, no tenía que tener miedo. No debía ¿porqué iba a hacerlo? No iba a pasar nada malo ¿verdad? Solo tenía que respirar con tranquilidad e ir hacia la puerta de al fondo que solo parecía la entrada al infierno, donde la esperaría la niña del exorcista con un látigo de fuego.

Solo eso.

Hermione tragó con fuerza. ¿Que podría pasar?… y quizás, iba demasiado despacio, cosa que se cercioró del paso lento la bruja francesa.

«Respira hondo Hermione, no es como si te fuera a comer»

Faltaban un par de pasos para que finamente estuviera delante de esa puerta de roble oscuro.

«Vamos Hermione, tampoco es para tanto. Es solo un mago que se limitó a mirar como te torturaban… ya sabes, minucias de la vida»

Lo que faltaba, su propia mente se había vuelto un ser más sarcástico que el propio Snape. ¡Genial!

Ya estaba delante de la puerta. Y lo que parecía sencillo, ahora se había vuelto una tarea su puesto, no sin antes de haber maldecido a Narro por haberle metido en esa situación. ¡Ya podía ser importantísimo para tener que estar en esa coyuntura!

«Mierda, mierda, mierda, mierda. Sal de aquí Hermione, sal de aquí. Como si tienes que embrujar a alguien ¡pero sal ya!»

Quizás lo habría echo, o tal tez no. Pero eso nunca se pudo saber.

Las puertas del gabinete se abrieron solas de par en par, dejando ver a un Narro con una sonrisa de oreja a oreja junto con Malfoy y otro hombre al que no conocía sentados en una antigua mesa de madera rojiza.

—¡Señorita Einstain! ¡Mari Tere!

Hermione escuchó como Marie torcía la boca y le hacía una peineta al mago, donde este respondió con una ancha sonrisa. Donde era más que evidente que el apodo que tenía era más por el disfrute de verla enfadada.

—¡Que bueno que os veo por aquí! —exclamó Rigel al ver a las dos mujeres que tenía en frente.

—Que lástima que mi alegía no sea cogespondída —respondió con astucia la bruja.

—Me rompes el corazón Mari Tere —protestó Rigel mientras fingía un puchero.

A Hermione la habría gustado reírse, la habría gustado corresponder a esas bromas, y probablemente lo hubiera echo si no hubiese sido por aquel hombre que miraba la escena con aburrimiento y desidia. Si era sincera consigo misma, tenía miedo. La bruja tragó con fuerza. No quería estar allí, solo quería volver a su mesa de trabajo y seguir analizando todos los informes, nada más. Solo pedía eso.

—¡Pasad! Ahora sabréis porqué os e llamado —expresó Rigel apartándose del marco de la puerta dejando a las brujas pasar en su interior.

La chica se sorprendió de lo iluminado que estaba todo aquel enorme salón que no pudo evitar pensar que en otra época habría sido un espectacular palacio del siglo XVII, donde los magos de élite habrían bailado largas noches al son de la música.

Había una colosal lámpara de araña colgando en un techo abovedado donde hacían una fiel representación de las constelaciones con el estilo propio de los antiguos griegos. A los lados de ambos salones había una larga fila de las armaduras que llevaban los antiguos caballeros medievales mientras que enormes ventanales que llegaban desde el suelo al techo dejaban entrar con fuerza los rayos del sol (al que esta vez se habían dignado en aparecer). Hermione tenía que admitir que se encontraba en un cuento de hadas, donde la riqueza y la opulencia se hacía de notar.

Sea el que fuera al que había pertenecido el castillo debió de ser muy, muy pero que muy rico.

Cuando la puerta se cerró, el golpe logró despertar a la joven bruja.

—Esto es confidencial por lo que necesito vuestra máxima discreción.

Marie y Hermione se miraron la una a la otra totalmente extrañadas, y más aún por el tono serio que estaba usando Rigel.

—¿Que necesita señor Narro? —preguntó de manera formal Hermione.

—Es importante, es un caso en particular que necesitamos defender, por favor, siéntate —añadió el mago mientras daba suaves palmaditas en el asiendo donde podría ver a Lucius cara a cara.

Hermione tenía un nudo en el estómago, realmente no quería, no quería estar frente a él. Pero tampoco quería huir como un animal asustado. Estaba contra la espada y la pared.

La chica se dirigió sin ningún titubeo, sin tan siquiera un mínimo rastro de temor (aunque por dentro temblara como un flan) se sentó en la silla que le indicó el mago. Hermione evitó en todo momento hacer contacto con Lucius, dudaba que no acabara desmayándose de los nervios. Por suerte suya, la bruja que llevaba su característica blusa roja se sentó a su lado mirándo con atención la escena.

—Haber, presentaciones rápidas —dijo Narro —Pollux Willckberg, estas son la señorita Marie Ternavoulle, Mari Tere para los amigos y Hermione Granger y viceversa.

«Willckber» pensó para sus adentros, ese nombre lo había escuchado alguna vez. Estaba segura, pero era incapaz de recordar de donde.

Pollux sonrió en especial al escuchar el nombre de la bruja inglesa al que le dedicó una cálida mirada a pesar de no haber mediado ninguna palabra del cual, la Gryffindor pudo corresponder de la misma manera.

Hermione analizó con atención al joven mago que estaba a la izquierda de Malfoy. Era un hombre realmente atractivo. Era bastante joven, dudaba que sobrepasara los treinta años. Su cabello era castaño y tan rizado que ni los rizos de Hermione podrían superarlos. La piel era ligeramente morena, casi tanto como el caramelo siendo poseedor de unos expresivos ojos aceitunas y una desmesurada cantidad de pecas que se repartían lo largo de su expresivo rostro.

—¿Os suena el nombre de Forneus Gravenson Wirlack? —preguntó Rigel.

Hermione abrió los ojos de para en par.

—Creo recogdag que fue un peligrosísimo mogtífago de la pgimega guega mágica que luchó con Ggindelwald…—Marie se quedó pensativa —no estoy del todo gegura, pero recuegdo habeg leído que ega uno de los más sanguinagios de sus filas.

—Dejaba a todas sus víctimas con el cráneo completamente destrozado, de echo, eran irreconocibles—dijo Hermione al saber de quién se trataba —tenía el apodo de Gravenson el loco, Forneus pulgares rotos y el apodo por el que más fue conocido; Wirlack machacacráneos.

Rigel la miró con culpabilidad, y eso la estaba asustando.

—Así es, cuando Dumbledore derrotó a Grindelwald muchos de los mortífagos huyeron a paises extranjeros, a la mayoría se les pudieron atrapar, pero algunos pudieron empezar desde cero con nuevas identidades—habló por primera vez Willckberg.

Rigel asintió sin dejar de moverse al rededor de la mesa donde Hermione pudo ver que el propio Lucius se crispaba por la acción del mago. Sin embargo, Hermione estaba confundida, ¿para que la había echo venir hasta aquí? ¿que sentido tenía? ¿si se trataba de un ex- mortífago que pintaba ella en todo ese asunto?

—¿Por qué estamos aquí? —preguntó Hermione aventurándose ante la posibilidad de que Malfoy la prestara atención; atención, que muy a su pesar la fue concebida.

Rigel miró Pollux, donde fue más que evidente la ligera tensión que ejercían sobre sus hombros.

—Señoritas; les presento el abogado de Forneus Gravenson, alias Wirlack el machacráneos.

Hermione tenía que haber escuchado mal… muy mal la verdad. Tenía que ser una broma pesada, quizás de mal gusto.

—Pero… yo… ¿que pinto en todo esto? —preguntó Hermione confusa.

La mirada de Rigel cambió de una culpable a una victoriosa.

—Tú eres de Londres, una de las mejores brujas de toda tu generación y, aunque esto sea una sede diplomática apenas hay trabajadores que sean oriundos de la comunidad mágica de Inglaterra aparte de haber terminado con notas excelentes los T.I.M.O.S de Hogwarts.

—Lo que quiere decir el señor Narro es la imagen que podrás dar en este departamento. Eres una heroína de guerra, eso dará más veracidad en nuestro caso. —explicó Pollux.

Hermione se sintió un poco decaída. Según Narro; él, la había asegurado que era conocida por sus esfuerzos como fiel luchadora de los derechos de los elfos, no como una guerrera de la segunda guerra mágica y ahora se la presentaba algo como eso. Un simple trofeo al que poder exhibir para defender a un asesino.

No lo permitiría.

—Ese caso no pertenece a nuestra jurisdicción, el departamento en el que yo trabajo se basa en casos sobre elfos y el estatuto de muggles del secreto… además. No pienso ayudarles a defender a un asesino. —dijo sin ningún tapujo. —No a un monstruo como Wirlack.

Lucius se tensó un poco, de manera imperceptible, pero lo hizo. Algo que Narro notó.

—Ese es el problema señorita Granger. Lo hemos capturado porque un muggle le vio realizando magia. Por lo que el caso nos pertenece —razonó Rigel con calma.

—Pe… pero eso es imposible, tiene a sus espaldas crímenes de guerra. No se puede juzgar su caso solo porque le haya visto un muggle, ¿es eso todo lo que tienen?

El corazón de Hermione palpitaba con fuerza, no podía creer lo que estaba escuchando. Simplemente era imposible, tenía que estar en una oscura pesadilla, donde sus mayores temores se hacían realidad.

Ella tenía que defender a un maldito mortífago.

Un asesino.

Un monstruo.

Un engendro.

Pog eso el señog Willckbeg está aquí —le explicó Marie a Hermione— Él es un abogado inglés, justo de la misma nacionalidad que su cliente, pog lo que pog ley, tiene de defendegle, pego al estag en tiega extranjega tiene que atagse al depagtamento al que haya cometido la penalización.

Ah, así que era por eso.

—Aunque sea así, no tengo ninguna obligación de ayudarles a defender a un criminal como ese.

—Entonces, usted no debería de estar aquí.

Hermione y todos los presentes se sorprendieron al escuchar a Malfoy hablar por primera vez y sobre todo, a ella.

—Debería saber mejor que nadie, que todos tenemos derecho a un juicio justo. Por mucho que odie a esa persona. ¿no cree señorita Granger? —la voz de Malfoy sonó con tanto desprecio que parecía que le estaba hablando al peor de los esperpentos.

Hermione sin embargo no se intimidó en lo más mínimo. De echo, fue como si el tono desagradable que había usado el mago hubiese sido un incentivo para darla valor, en vez de cobardía.

—Señor Malfoy, hay una diferencia abisal entre la justicia y lo que es justo. Usted mejor que nadie debería de saberlo.

Lucius la miró con odio con tanto, tanto odio que la taladraba en sus huesos. Ambos sabían muy bien a que se referían.

Lucius tenía muchos contactos en el ministerio y, aunque pagó su condena estando varios meses en Azkaban, logró salir tras pasar varios meses de cautiverio como un animal. Cuando la realidad, era que le correspondían toda una vida pasar en ese maquivélico calabozo, donde poco a poco aquellos terribles espectros lo iban matando lentamente.

Los ojos de plutonio de Malfoy la fulminaron con tanto rencor y aborrecimiento que si las miradas matasen Hermione habría muerto de las peores formas. Sin embargo, en esos terribles ojos grises pudo ver algo de debilidad en ellos. Era como si algo lo estuviera consumiendo en una oscuridad terrible y ruin.

Hermione se imaginó que la llamaría sangre sucia o incluso la maldeciría. Pero no fue así. Malfoy se limitó a cerrar la boca.

Y eso la preocupaba.

La Gryffindor sabía que el padre de Draco tenía una lengua viperina, sabía como poder hacer daño verbal si quisiera. En cambio, el Lucius que tenía frente a ella, optó por cerrar la boca y permitir que alguien como ella saliera victoriosa.

Una sangresucia.

Eso era preocupante.

—Bien, después de esta pelea de señoritas, podemos proseguir ¿verdad? —ironizó Rigel tratando de quitar la tensión que se había formado en el ambiente.

—C… claro, perdón. —se disculpó Hermione sin quitar la vista a Lucius donde este se limitaba a mirar a Narro con desgano.

—Señorita Granger, el mortífago que usted cree no es el mismo que leyó alguna vez. —explicó Pollux.

—¿Que quieres decir?

Rigel se adelantó esta vez.

—El señor Wirlack estuvo viviendo durante más de cincuenta años en un pueblo muggle. —Hermione no lograba comprender las palabras del abogado — Señorita Granger, ese hombre era un asesino en serie que disfrutaba matando muggles, y lo encontramos viviendo pacíficamente en un pueblo francés alejado de la mano de Dios donde no hubo ni un solo asesinato durante todo ese tiempo, de echo, fue un pueblo muy próspero donde la economía aumentó en base a sus cultivos que milagrosamente comenzaron a crecer.

—Si tan malvado ega, ¿pogque no mataglos? —razonó Marie mirándo al joven Pollux.

—Así es. ¿que fue lo que le hizo cambiar?, lo que quiero decir es que ¿tiene que pagar los pecados que cometió cuando era un mago fanático de veinte años? —Rigel acotó con firmeza.

—¿Realmente es justo que pague por unos crímenes de hace tantos años? —dijo Willckberg dando la vuelta a sus palabras y usándolas a su favor. —señorita Granger, si no quiere trabajar en este caso lo entenderemos, está en su pleno derecho de negarse, pero… su ayuda podría salvar a ese hombre, se que lo que hizo fue horrible. Quitar las vidas de una personas porque no son como tu quieres en lo peor, pero…

—Lo haré.

Hermione sintió una extraña mezcla de emociones contradictorias. Su sentido de la justicia salía a la luz como su curiosidad se saber que ocurrió para que un fanático político como Wirlack cambiara de parecer al punto de saber convivir contra aquello que más odiaba. Y por otro lado… la expresión de pura sorpresa por parte de Malfoy.

—Está bien, lo haré. ¿Que tengo que hacer?

Rigel no parecía del todo sorprendido, incluso aquel que lo conociera habría sabido que casi se imaginaba la respuesta de la joven bruja.

—No te preocupes por eso, pelo-fregona te irá mandando todo lo que necesite.

Hermione asintió con una sonrisa contenida al escuchar el nuevo apodo del pobre abogado que tenía que soportar a ese loco mago. Sin embargo, Hermione estaba enojada con Narro. Había gato encerrado, los motivos eran ambiguos, demasiado incluso. ¿Porque ella era una heroína de guerra? ¿acaso no era contradictorio defender a alguien cuyas ideologías se basaban en asesinar a la gente que tenía su misma sangre? Por mucho que lo pensara seguía sin comprender porqué Rigel había tenido esa lúcida idea.

—Una pregunta señor Willckberg.

—¿Si?

—¿Cómo se llamaba el pueblo donde le encontró?

—Beynac-et-Cazenac en idioma francés y oficialmente, Bainac e Casenac en occitano, es una localidad y comuna francesa en la región de la antigua Aquitania.

Hermione asintió. Las palabras de aquellos magos seguían rondándola por la cabeza. Junto con cuestiones éticas y morales que lo único que hacían era desconcertarla aún más.

—¿Crees que es inocente? ¿que vale la pena defenderlo?

El abogado respiró profundamente. Parecía tener el mismo problema moral de Hermione.

—Creo que no tiene porque pagar por unos crímenes que cometió cuando el ya no cree en unas ideologías tan nefastas.

La bruja comprendía a la perfección el porqué Pollux había tomado la arriesgada decisión de defender a un asesino tan cruel y despiadado como lo era Forneus. Sin embargo no significaba que no pagara por los crueles homicidios que cometió. ¿Cuantas familias había destrozado? ¿cuantos de ellos les había prohibido el derecho de vivir solo porque no pensaban como él? ¿cuantas madres tenían que ir a las tumbas a llorar por sus hijos?

¿Era realmente justo?

No lo sabía. Trataba de buscar una respuesta clara, algo que lograra dar con algún aciertos a esas preguntas cuyas respuestas no eran más que una larga y miserable paleta de grises.

¿Podía ayudar a alguien a quien no tendría problemas en matarla con un maldición asesina? ¿tendría fuerzas para hacerlo?

No lo sabría nunca si no lo intentaba.

—¿Cuando empezaremos con el caso?

Rigel la miró con afecto.

—El señor pelo-fregona yo empezaremos ahora con el papeleo. Descansad las dos, mañana será cuando empezaremos con el trabajo duro. —el mago miró a Malfoy —y tú… te necesitaremos en todo momento. Wirlack no a mediado palabra con nosotros desde que lo capturamos, quizás tú puedas hacer que hable.

El hombre de cabello casi blanco rodó los ojos pero asintió de manera imperceptible.

—Y bueno, esto es todo. Repito, descansad, mañana tocará una larga jornada.

Marie y Hermione se fueron del gabinete con una expresión de total desconcierto. A ambas las costaban creer lo que habían escuchado. Si o si, tendrían que defender a alguien como Wirlack. Y lo que era peor, Hermione había aceptado, estaba sorprendida del porqué de un acto tan impulsivo y con tan poco sentido común (muy impropio de ella).

Aunque hubiese vuelto a casa seguía dándole vueltas a la conversación que habían tenido en ese dichoso salón.

¿Porque alguien que era más sádico que Bellatrix y Dolohov juntos habría sido capaz de convivir en paz durante tantos años? No era cuestión de que fueran unos años necesarios, no. Más importante. Aquel demente decidió quedarse.

Quiso hacerlo.

Pero sobretodo, ¿que le motivó a hacerlo?

¿Las personas cambiaban?

Si, desde luego. Hermione sabía muy bien que la gente lo hacía. Ella misma, en el primer año cuando mintió de manera descarada a los profesores para cubrir a Ron y Harry. Si ella podía ¿porqué Forneus no iba a hacerlo?

«Pero es distinto» pensaba Hermione mientras hundía los hombros en la bañera con toda la espuma que tapaba su campo de visión.

Wirlack había matado de una manera atroz a todas sus víctimas. Las había condenado por ser diferentes a él, por creer que él era superior a ellos.

"Todos tenemos derecho a un juicio justo. Por mucho que odie a esa persona"

Hermione apretó con fuerza su mandíbula.

No esperaba que la voz de Malfoy llegara a su cabeza, pero lo hizo. Y en parte, tenía razón.

—Ahh, —suspiró con desgano —¿que crees que debo de hacer Croockshanks? —preguntó a su gato que estaba sentado en uno de los muebles del baño escudriñándola con la mirada.

El gato maulló mientras miraba a su dueña mientras se martirizaba con continuas preguntas que no lograban tener una respuesta concreta.

Eran las dos de la mañana y el agua hirviendo estaba siendo una ayuda considerable, pero no con el descanso que a ella la abría gustado tener. Hermione se conocía a si misma muy bien, y sabía que si no daba vueltas al a aquel tema no descansaría.

Tenía que escribir a Harry contarle lo que la estaba sucediendo. No tanto para que él la diera su opinión si no como un medio efectivo para desahogarse. El estómago de Hermione se había cerrado, y el estrés junto con la ansiedad aparecieron saludándola como dos bellacos en sus tripas. No tenía nada de hambre, y tratar de forzar a su estómago podría ser un error fatal.

La bruja hundió su cabeza en el agua, como si con esa acción lograra dejar salir toda la tensión acumulada.

No quería pensar, por una vez en su vida no quería hacerlo.

¿Sería malo para ella defender a ese monstruo?

¿Sería bueno?

Hermione volvió a la superficie para volver a respirar mientras cogía de la cesta un pequeño bote de cristal donde podía leer que era fragancia de lavanda. La bruja sonrió y lo vertió en el agua, dejando que las sales de baño junto con ese maravilloso aroma capturara por completo la esencia de aquella planta.

Hermione sonrió al ver que uno de sus patitos amarillos de goma flotaba hacia ella.

Tal vez, no fuese tan, tan malo.

¿Verdad?


NT

Forneus

El demonio Forneus es principalmente un demonio de protección. Aunque la mayoría de la gente piensa de los demonios como malhechores, Forneus en realidad protege a otros de los actos de los malhechores. Antes de la gran división entre los espíritus, el Marqués Forneus sirvió tanto en la Orden de Tronos y la Orden de los Ángeles. Cuando entre los ángeles su deber era ayudar a canalizar la energía positiva para garantizar que la justicia y el equilibrio fueron garantizados, sobre todo para los débiles o los que habían sido víctimas innecesarias. Él continúa trabajando de manera similar y es uno de los demonios que los invocadores recurren en busca de ayuda en momentos de peligro e injusticia.

Forneus puede otorgar una buena reputación a los que son merecedores. Se destaca en la enseñanza de las artes comunicativas incluyendo idiomas y retórica. El Marquéstambién puede influir en los demás para hacer crecer un cariño o admiración por una persona de su elección, independientemente de los juicios y condiciones anteriores. (albazero)

Aclaraciones

Despues de esta "pequeña" introducción, os explicaré el motivo de esta nota. Como ya habréis leído, Forneus es un demonio que ni es un capullo, ni tampoco un santo. Con esto, quiero daros a entender un poco su personalidad y que Hermione se verá comprometida en líos morales y éticos bastante importantes.

NO ES RELLENO. De echo, este caso será super importante para estos dos personajes.

Ah, y prestad mucha atención a Pollux y a Rigel MUCHA ATENCIÓN.

Y disculpad la tardanza, pero la uni me consume.

Besos desde España.

Y comentad, eso ayuda mucho.