Dom x Dom
Tragué saliva de nuevo.
También rogué porque mi pequeña minina nunca se enterará de mi anterior relación íntima con su hermana Kikyo. Sino esa pequeña esperanza que tenia por conquistarla y tomarla como mía se iría por el desagüe y en realidad quería conocerla, tratarla y…
Una línea de pensamientos no aptos para mostrar en público corrió por mis pensamientos sin poderlo evitar.
—Hermana —sonrió respetuosamente Kikyo hacia Kagome, que sonrió con alegría genuina.
—Ah, Kikyo, ¿dónde estabas? —Kagome abrió sus brazos con dulzura—Te extrañe cariño.
Mi ex se acurrucó en su pecho al verla abrir sus brazos, la menor se envolvió en su cuello y mostro un rostro de genuina felicidad al estar cerca de Kagome. Gemí, ellas no parecían hermanas, no se comportaban como tal, parecían novias, era demasiado cariño fraternal para mí. Puse mi brazo rápidamente sobre mis ojos.
Mientras Miroku, mi pervertido amigo, se deleitaba con la vista. Hasta que oí un ruido sordo y me digné a ver. Miroku tenía una marca roja en la mejilla, una marca muy parecida al de una cachetada.
Kagome lo miró fríamente mientras Kikyo escondía su rostro en el cuello de su hermana mayor.
—Intenta tocar el trasero de Kikyo de nuevo y te cortaré la mano —dijo mi pelinegra con la mano hecha un puño. Sonreí, ella era una fierecilla, de espíritu vivo y enérgico; era agradable tener una conversación así de amena con ellos. Kagome se notaba a leguas una mujer de carácter fuerte, nada que ver con la clase de chicas con las que solía juntarme. Imaginarme a esa mujer de dura personalidad… sobre mi regazo y siendo fusilada por mi mano, creo un fuerte dolor bajo mis pantalones.
Miroku empezó a reír tontamente mientras se sobaba la mejilla mientras yo ignoraba cualquier movimiento de la hermana menor de mi gatita. No quería verla y que así ella no me viera. Sería un problema si se ponía cariñosa conmigo frente a su hermana.
—Inuyasha —volteé el rostro sin poder evitarlo, escuchar mi nombre de su dulce y sensual voz causaba estragos en mi cuerpo. Estaba hechizado, hechizado de ella, de su cuerpo, de su voz. Disfruté mi nombre salir de su aterciopelada boca. Aquella boquita pequeña, fresca, invitante. Como la de una fresita jugosa que esperaba ser mordida por alguien que la dominara. Me relamí—. Inuyasha, te presentó a mi hermana… ella es Kikyo Higurashi.
Kikyo sacó su cabeza de su cuello y me miro. Nuestras miradas chocaron, ella sonrió y yo sudé frio. No dudaba de que ella me hubiera reconocido, sumisa que caí en mis brazos, nunca se olvidaría de mí. Pero no sabía cómo actuaria ella de ahora en adelante, podía hacerse la desentendida e ignorarme, o podía acercarse y arrojarse a mis brazos.
—Inuyasha —suspiró Kikyo deleitándose al decir mi nombre, sus ojos brillantes me lo decían. Aunque eso no me causo absolutamente nada—. Por supuesto, ya nos conocíamos.
Kikyo se aferró a su hermana con sus manos enredadas en su cintura, quien se mantenía relajada, apoyando toda su espalda contra el respaldar del sillón del bar. Kikyo me miro fijamente. Había deseo en sus ojos, lo reconocí.
—Fuimos amantes, él me dominaba.
Todos nos quedamos quietos. No estaba dispuesto a decir ninguna opinión sobre lo que había dicho. Después de todo no iba a desmentirla, era verdad; aunque la mirada oscura de Kagome no se veía exactamente muy agradable. Sin embargo, luego de unos incomodos segundos, el brillo volvió a los ojos de mi gatita y le contestó.
—¿Y…? ¿Ya no lo son, verdad? No hay problema —habló una desanimada Kagome, mirando a su hermana con unos ojos que daban pena—. Si ustedes no vuelven, no me darán motivo para matar a mi segundo.
—Segundo, Inuyasha —se echó a reír Miroku—¡Segundo! Te acaba de decir segundo, hombre, se cuanto detestas no estar en primer lugar—siguió riendo él hasta que lo golpee, nuevamente—; tio, no te enojes —gimió. Era un entrometido, aunque sea verdad, siempre detesté ser segundo en la maldita lista mixta. Me cabreaba mucho y siempre se lo expresé a Miroku con todas sus letras.
—No volveré con Inuyasha… a no ser que él me lo pida, entonces no me negaré ni me haré de rogar —ronroneo Kikyo sin dejar de mirarme.
Kagome me miro feo, muy feo. Desvié la vista, sus ojos eran penetrantes, no me sorprendería si tuviera de pronto mal de ojo o un embrujo. La mujer sabía hacerse entender a los demás. Su cara decía un claro "No le propongas nada a mi hermanita o date por muerto"
—Ah, es verdad, conseguí nuevo Dom, Kagome.
—¿Quién es el desgraciado? Acaba de perder sus testículos.
—Kagome… —suspiró Kikyo y negó con la cabeza.
—¿Quién es? —insistió mi pequeña minina y yo sentí pena por ese pobre hombre.
—Kouga Ookami
Hijo de la gran… Si Kagome quería arrancarle las bolas, con mucho gusto la ayudaría a cumplir su cometido. Ese sujeto de malas pulgas era el único hombre que yo conocía en cumplir al pie de la letra un 24/7 y que Kikyo estuviera con él de pronto prácticamente no me sorprendía; cuando Kikyo y yo estábamos juntos, ella me pedía seguir los roles como un 24/7 pero yo no quería, nunca me había gustado maltratar con tal magnitud a mi pareja. Era desagradable para mí. Pero, así como era desagradable para mi, Kikyo lo veía con otros ojos.
Ese fue el motivo de nuestra ruptura. Ella quería más y yo no se lo podía otorgar.
¿A que me refiero con 24/7? Es una practica que se realiza de día a día, las veinticuatro horas del día, siete días a la semana se tenían que cumplir los roles de sumisa y dominador. Sin ninguna excusa para un descanso, era todo el tiempo.
Kouga y yo teníamos diferentes ideales. Para Kouga el D/s debía ser sin sentimientos, duro, frenético, brutal y sin piedad. Para mí, la cosa era diferente, no importaba que sumisa fuera, siempre la castigaba con cariño, la atacaba porque sabía que a ella le gustaba ser atacada. Y siempre iba despacio. Pero tengo un límite y claramente el 24/7 es mi limite, nunca haría eso, no disfrutaría haciéndolo, lo sé, lo intenté y no es lo mío.
Y por ellos éramos enemigos jurados. No nos llevamos bien pues no pensábamos igual, yo dulcificaba las cosas y el las endurecía. Simplemente no encajábamos y eso causaba nuestra enemistad.
—¡Kikyo! ¿Quieres darme un infarto? ¿No sabes quién es él o qué? —gimió Kagome mientras miraba a su hermana como si estuviera mal de la cabeza—Te golpeará te guste eso o no te guste.
Kikyo ronroneo. La idea le gustaba. Sobre gustos y colores no han escrito los autores.
—Si necesitas apoyo… —deje salir dando a entender que si necesitaba ayuda yo me daba por voluntario. Ella volteo a verme y me sonrió con sorna.
—Oh, la enemistad entre Inuyasha y Kouga es legendaria —declaró un Miroku que todavía tenía la marca de la palma de la mano de Kagome en la mejilla.
—Lo sé —reveló la minina—. Lo he oído, y déjame decirte que, si tuviera que elegir entre ambas ideas, prefiero la tuya.
Eso me hizo sonreír. Y por tercera vez se me acelero el corazón. Jodido órgano, ¿no tiene un correcto autocontrol o qué?
Los tres empezamos a conversar trivialidades, conversábamos y reíamos amenamente. Kikyo se mantenía callada y recostada como una gata cansada en el regazo de Kagome, ella deslizaba sus dedos entre los cabellos de su hermana menor con cariño, aun con solo unos gestos podía ver cuánto Kagome adoraba a Kikyo. Hasta que ella misma lo confirmó.
—Papá murió cuando Souta, nuestro hermano pequeño, cumplió un año y yo tenía ocho en ese entonces. Al cumplir los quince empecé a trabajar para ayudar a mama a ahorrar para la colegiatura de Kikyo. Mi pequeña hermana… siempre fue reservada y cariñosa, se me pegaba como una lapa, la adoraba y siempre tendía a estar detrás de ella pues su inocencia era tal que nunca se daba cuenta cuando un hombre la coqueteaba. ¡No se rían, par de pervertidos!
—Pero… inocente… —se carcajeo Miroku mirando el rostro imperturbable de la hermana menor de Kagome.
—Cállate Miroku, dije que fue en ese entonces. Kikyo es un amor de hermana pequeña. Nunca me decepcionó, en ninguna ocasión, todo lo que sacrifique con mucho gusto por ella me lo devolvió por mil. Aunque me negué en un principio aceptar cosas de ella pues es mi hermana pequeña, insistió. Tenemos a mamá como una reina y Souta está empezando a trabajar pues el año pasado terminó la universidad —ella le dirigió una mirada a la chica en cuestión y sus ojos brillaron con amor—. La quiero y haré que cualquier espécimen macho alfa que se acerque a ella pruebe el sabor de mis puños.
Kikyo gimió.
—Sabía que no debía permitir que ingresaras a esas clases de artes marciales.
—Cariño, algún día me lo agradecerás.
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Capitulo 3 ACTUALIZADO
