Dom x Dom
Recibí un mensaje de Miroku, quería que nos encontráramos en Café Lou, para un desayuno, que se encuentra en la avenida principal, le confirme con otro mensaje y después de subir a mi querido Audi R8 me dirigí al lugar. Estaba un poco ansioso debido a que Miroku me había comentado que Kagome estaría con nosotros en el desayuno.
Aparque y camine hasta el dichoso Café Lou, mire el reloj en mi muñeca, 8:13 am iba temprano así que me decidí a entrar y buscar una mesa.
Al momento de entrar sonó la típica campanilla, cerré la puerta tras mío para ver dos camareras recorrer el local con maestría, acostumbradas al lugar. El lugar era amplio, color crema y con montones de pinturas en las paredes. Se veía elegante e inesperadamente acogedor. Un gran mostrador de postres en la izquierda y todas las mesas a la derecha.
Avance hasta toparme que en una de las mesas que estaban en la esquina, la cual yo quería ocupar, se encontraba una muchacha de cabellos negros, con un vestidito ligero. La chica sintió mi mirada y volteo. Era Kagome, que al verme sonrió y se levanto con gracia.
Pestañe, era ella, si ya se, recién la conocí ayer y ya me estoy emocionando con solo verla ahí parada frente a mí. ¿Quién manda en sus emociones?
- Buenos días Inuyasha
- Buenas
- Llegaste antes
- Tú también – Inuyasha lo pensó un poco – Oh, no…
- ¿Qué ocurre?
- Ughh, conozco a Miroku lo suficiente y el también llega antes, si no llega dentro de unos minutos… – Inuyasha tomo el puente de su nariz y lo apretó - …definitivamente nos engaño y el no vendrá.
- ¿Por qué haría eso?
La mire fijamente, ella tenía una expresión inocente, ¿de verdad no sabía las intenciones del sujeto mas mujeriego del planeta?
- Tu. Yo. – empecé señalándola y luego señalándome a mí. Ella seguía sin entender – Solos – Kagome seguía sin entender y tuve que suspirar – Romance en el aire
- ¡Oh!
Ella mostro un rostro sorprendido, luego se puso estoica… Para luego sonrojarse y finalmente ponerse histérica. Ante todo el proceso sonreí anchamente cada instante en que su rostro cambiaba, cruzando emociones con rapidez. Yo estaba encantado, se veía tan hermosa poniéndose a gritar y acusar a Miroku de casamentero, yo la miraba maravillado.
Preciosa. Libre. Fuego, había tanta pasión en su cuerpecito menudo. Mi minina tomo un vaso con agua que una de las camareras nos había dejado y se la tomo de un sopetón para calmarse un poco. Yo seguía con los codos apoyados en la mesa y con mis manos sosteniendo mis mejillas, perfecta, linda, sin precio.
Y me di cuenta que no podría encontrarle nunca un defecto ante mis ojos. Ya que para mí, no importaba como estuviera, enojada o feliz, moqueando o iracunda, siempre seria perfecta.
- Lo siento, me deje llevar – dijo Kagome después de levantar las servilletas que ante el jaleo habían caído al suelo. Si, había estado realmente histérica, preciosa… pero histérica.
- No te preocupes – Ah, Inuyasha Taisho enamorado, no tiene sentido, nunca me vi en esta situación, hubieron muchas chicas a las que quise pero ninguna causo estos estragos en mi. Ninguna me ponía como estúpido embobado viéndola reventar de enojo.
Me relamí. Otra imagen cruzo al frente mío. Ella sometida a mis deseos carnales, con toda su espalda magullada después de los azotes con un látigo único que yo le había dado. Genial, excitante, provocador, sonreí como menso frente a ella mientras mis pensamientos tomaban otro rumbo.
- ¿Inuyasha? Verdad o reto
- ¿Qué? – pregunte. ¿De dónde venía eso?
- Verdad o reto
- ¿Reto? – le seguí el juego sonriendo, ¿hubiera sido mejor que dijera verdad?
- Mm, te reto a… - ella se lo pensó un momento, miro a los postres, luego al techo para finalmente mirarme con una sonrisa maliciosa – te reto a que me compres un pastel de chocolate y se acabo el juego.
- ¡Ohhh! ¿Cómo que se acabo el juego? – trate de hacerme el molesto pero mi sonrisa me delataba.
- Yo comencé el juego y puedo terminarlo – menciono ella con un puchero haciéndola ver adorable… ¿He dicho ya que es una cosita preciosa y chiquita? No termino de creerme que ella sea un Dom – Quisiera ese que está ahí – señalo Kagome con un dedo.
- ¿El de chispas de chocolate encima?
- Si
- De acuerdo – llame a la camarera que se encontraba patinando alrededor de las mesas con pereza y le explique cual quería mi compañera y cual quería yo. Ella regreso a los segundos con una tajada del dichoso chocolate para Kagome y uno de lúcuma para mí. Se retiro con una sonrisa profesional y nos dejo solos. Cabe recordar que Miroku aun no aparece, de verdad estoy casi convencido de que no lo hará y solo fue una estrategia… estrategia que agradezco mucho.
A solas con la mujer que me cautivo en el instante en que la vi. Con mi minina. Claro, ella aun no es consciente de que me pertenece pero lo hará y lo primero que disfrutaremos juntos será mi cama.
- ¿Cómo está tu pastel?
- Delicioso – respondí mirando como ella no embarraba para nada sus labios, en momentos como estos debería ensuciarse una mejilla para que yo me acerque y se lo quite con mi lengua, joder con este tipo de películas, engañan a los pobres ilusos que se lo terminan creyendo. Me siento tan estafado.
- El mío también… Em… Inuyasha, tu mejilla – señalo ella con una sonrisa dulce y casi muero de la vergüenza, soy el jodido hombre en la relación, salvaje y brutal, no femenino y adorable… Cogí una servilleta y limpie la comisura de mis labios con rapidez, genial, se me está volteando las situación, eso le debería pasar a ella no a mí.
Suspire y mire el reloj en mi muñeca – Miroku no va a llegar – mencione.
- Acabo de darme cuenta – rio ella – así que Miroku como casamentero, eso es nuevo, aunque viniendo de él, no sé que esperar
- A mi me pareció buena idea
- ¿De qué hablas?
- El plan. Ya sabes, que nos dejara solos – sonreí coquetamente – Nada más que mi minina y yo
- ¡Oye! Otra vez me has dich-
- ¡Lo siento! Me retrase, mi última sumisa no ha querido soltarme
Mire a Miroku con rabia, acaba de cagarme el plan. Mierda, ahora solo resulta que estábamos equivocados, santa mierda. Miroku, maldito ¿Qué tanto te costaba quedarte con tu sumisa? Joder, vienes a fastidiar ¿no es así? Te matare, y lo hare lentamente.
- Oh, pensábamos que ya no venias – sonrió mi gatita al pervertido ese.
- Jajaja, para nada, yo si cumplo lo que digo y ¿ya ordenaron algo?
