"Las sociedades más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo, del miedo al cambio."
Octavio Paz
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Capítulo 8: Dolorosa realidad.
Hermione se había recuperado con rapidez, aquel desmayo no duró más de tres días. Lo cual, era un alivio. Rigel se preocupó mucho por ella, de echo fue él quien se encargó de pedir a Renoir que le diera de comer a Crookshanks a sabiendas de lo mucho que se preocuparía la bruja al despertarse.
Bien; no había matado a su gato de hambre, podía quitarse un peso de encima.
—¿Qué pasa Crookshanks? —preguntó a su gato mientras se enroscaba en sus piernas. —¿es que quieres que llegue tarde al trabajo?
La contestación de su mascota fue largo maullido, y siendo su dueña conocía bastante bien esa contestación. En pocas palabras; el gato no quería que se fuera del piso.
Hermione podía llegar a ser una chica dura, a veces; incluso inflexible para ciertas cosas y tan estricta como podría llegar a serlo Minerva McGonagall… pero cuando se trataba de su mascota mirándola con esos ojitos de cordero degollado… simplemente la resultaba difícil no derretirse.
—Vamos Crookshanks, estoy bien, cariño mío —le habló con dulzura mientras alzaba a su gato entre sus brazos. —no me hicieron daño si es eso lo que te preocupa.
El gato restregó su cabeza por el pecho de su dueña, como si con eso pudiera darla el consuelo que ella necesitaba. Y como si la hubiera entendido se bajó de sus brazos y se dirigió al sillón que miraba frente a la ventana convirtiéndose en una perfecta bola de pelo.
Hermione sonrió. Sabía que al ser mitad Kneazle le hacía ser un gato excepcionalmente inteligente. Solo había que recordar el modo en que salvó a Sirius Black y cómo desenmascaró a Peter Pettigrew.
La bruja salió del piso y se fue hasta la sede del ministerio.
Tenía que volver a trabajar cuanto antes, tenía que volver a ver a ese mago. A Forneus, tenía demasiadas preguntas en la cabeza que no paraban de rondarla sin descanso.
¿Quien era Colette? ¿qué tan importante era para él para que susurrara ese nombre? ¿por qué la hizo dormirse sin intención que querer hacerla daño? ¿cual era el propósito de empezar a cooperar ahora? ¿por qué hacerlo? Después de todo el tiempo que estuvo preso ¿por qué querer hablar ahora?
Hermione abrió la puerta de la sala de despacho donde recibió un ufano abrazo de Marie.
—¡¿Estás bien?! ¡Me "dijegon" que ese animal te dejó inconsciente! —exclamó la bruja.
Hermione sonrió correspondiendo al abrazo.
—Estoy bien Marie, no te tienes que preocupar. —dijo la Gryffindor tratando de calmarla.
—¿¡Qué no me preocupe!? Rigel me lo contó todo, me dijo lo que había pasado en Losoblies ¡no "compgendo" como puede "dejag" a ese desquiciado "dentgo" del "ministegio"!
—Creía que esa fue la decisión del señor Malfoy. —cuestionó la chica.
—¿Malfoy? No, él no tiene potestad para eso.
—¿Y quién lo tiene? —preguntó dubitativa.
—El "supegiog" de Malfoy. "Pog decirglo" de algún modo, Rigel hace "interlocutog" entre ellos.—explicó Marie mientras la acompañaba a la zona de su escritorio.
Hermione se quedó pensativa, eso quería decir que ella tenía un jefe que a su vez, ese jefe tenía otro jefe. Urg, demasiado lioso de comprender, pero fácil de captar.
—¿Y por qué no quiere presentarse como superior de Malfoy?
Marie la sonrió.
—Tiene su lógica. Muchas veces "tgatan" con "peligosos cgiminales", y tener un "gostgo" invisible "puege seg" de mucha ayuda.
—Por eso Rigel está a sus órdenes.
—Más o menos, "pego" sí. Aquí al menos es como se "tgabaja".
En definitiva, que el superior de Malfoy había tenido esa idea y por lo que era obvio el patriarca de los Malfoy no le quedaba otra que aguantarse y aceptar.
—¿Podría volver a ver a Wirlack?
Marie la miró como si la hubiese salido otra cabeza.
—¿Después de lo que te hizo?
—¿Pero podría volver a verlo?
Marie pareció algo dubitativa, y con claras evidencias de no estar mu dispuesta a compartir "cierta" información.
—Si, pero acompañada.
—¿Acompañada? ¿por quién?
—Por Malfoy.
«Me puedo ir entonces a la mierda» pensó con pesimismo.
Cuando se sentó en su escritorio, muchos de los "asalariados" como solía llamar Rigel a sus empleados dejaron su zona de estudio para ir preguntando por su estado; si se encontraba bien, si la dolía la cabeza o a veces, simplemente tratar de mejorar su estado de animo.
Hermione nunca se sintió tan cómoda en un lugar donde la ocupación y el estudio de leyes mágicas pudiera ser tan agradable y ameno.
Cuando se la acabaron todo el bombardeo de preguntas sobre su estado de salud se fijó que tenía un sobre junto con una caja que estaba en el suelo, bajo su mesa.
—"Pog ciegto, Grangeg", te han enviado un paquete desde Hogwarts. —vociferó Marie mientras salía del salón de trabajo con unas carpetas pesadas.
Hermione supo de inmediato de qué se trataba. Rápidamente abrió el sobre donde el remitente era la directora de Hogwarts.
Abrió la carta y comenzó a leer con rapidez.
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Estimada señorita Granger;
Espero que su estancia en Paris sea agradable, siempre escuché maravillas de esa ciudad.
Sé que me envió una carta pidiéndome el informe del alumno Forneus Gravenson Wirlack. Siento mucho la tardanza en esta carta, pero la verdad, me fue muy difícil encontrar los documentos de ese mago. De echo, parecía invisible. Me pareció muy extraño que no hubiese nada sobre este estudiante por lo que indagué por la historia de Hogwarts y (gracias a Merlín) Dumbledore y Dippet guardaron los informes originales del señor Wirlack.
Sé que se estará preguntando por el paquete que tiene a su lado. Se trata sobre todos los informes de Wirlack. Desde su fecha de admisión, hasta su graduación. Dentro de todos esos parámetros, están guardados todas las faltas y castigos que a tenido, desde detenciones, hasta simples observaciones de los profesores que tuvo en ese momento.
Espero que sea de ayuda.
Un cálido saludo.
Minerva McGonagall.
PD: Puede que la resulte interesante, pero en el momento en el que el señor Graveson desapareció casualmente hubo un gran incendio en la zona administrativa donde se guardaba bajo llave todos los escritos sobre los alumnos. Yo en aquel entonces ya me había graduado, pero me enteré años más tarde cuando accedí a la docencia.
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Hermione abrió los ojos de par en par. Lo que tenía frente a ella era una joya del tamaño del Taj Majal.
Bendita Minerva y sus santísima paciencia. Toda la información que la había proporcionado era de un calibre sin igual. Tenía más de lo que ella podría haber pedido.
Sin escatimar en tiempo, Hermione hizo un suave gesto con la varita y la caja se abrió en dos dejándola un buen taco de papeles e informes que, muy a su pesar tendría que leer con suma atención y no darse el lujo de pasar por alto cualquier tipo de dato. Por su bien, pondría a un lado toda la información que la resultara relevante para el caso. Mientras que los que fueron "archivos basuras" se lo entregaría a Pollux por si le era útil en el ámbito legal y evidentemente por si acaso se la escapaba algo.
Y así comenzó su mañana. No supo cuanto tiempo había pasado enfrascada en toda esa montaña de papeleos pero había cosas muy inusuales en ella.
Sin siquiera olvidar el último mensaje de Minerva, ese extraño incendio que "casualmente" acabó con todos los documentos del mago, haciendo que fuera imposible rastrearlo.
Otra cosa que debía de investigar.
Hermione pensó que sería bueno investigar sobre la familia Wirlack. Antepasados de hace varios siglos hasta el actual Forneus que se encontraba en una celda. Quizás lograra encontrar algo de utilidad, algo que pudiera decirla sobre el actual preso que habia bajo sus pies.
Como era de esperar, no logró encontrar nada más que callejones sin salidas. Hermione acabó dirigiéndose a la biblioteca mágica, en la sección de las familias de sangre pura Inglesas con el apellido Wirlack, pero ni siquiera eso. Solo había varias líneas que explicaban brevemente su linaje;
"Gravenson Wirlack: La familia Wirlack, que anteriormente se pronunciaba como Warlock -debido a la persecución de los muggles a estos-; La etimología comúnmente aceptada de brujo deriva del Inglés Antiguo, que significa "Oathbreaker" o "engañador". Una derivación del antiguo nórdico Vard-lokkur "el que llama a los espíritus".
Son los únicos magos conocidos por ser capaces de ejercer magia oscura y al mismo tiempo magia blanca a su antojo. Del mismo modo que tienen la capacidad de invocar demonios si así lo desean y hacerlos sus servidores usando sus poderes.
Otro dato característico de las familia Warlock es su falta de envejecimiento. No se tratan de magos inmortales, si no de un crecimiento más lento, por no general, suelen vivir el doble de la media.
Su linaje se remonta desde el siglo III D.C."
Hermione comprendió que se encontraba con uno de los linajes más antiguos del mundo. No la sorprendía en absoluto que Grindelwald lo quisiera en sus filas. ¡Lo que tenía en sus manos era una joya! Y eso que solo eran un par de líneas. La bruja se sintió un poco decepcionada. Un montón de magos pura sangre con varias páginas que explicaban su historia y Warlock o Wirlack (como se prefiriera llamarse) apenas llegaban a un mísero renglón.
Por si acaso, que no estaba de más ser precavida, se llevó el pesado libro a su mesa con la esperanza de poder encontrar algo.
Hermione sabía que tenía algo grande frente a sus ojos. Algo realmente valioso, pero que en esos instantes no lograba verlo.
Dejó que el pesado libro cayera en su mesa dejando que un fuerte estruendo se colara por los oídos de todos los trabajadores.
Hermione pegó un suspiro y se remangó las mangas de su jersey.
Tenía mucho trabajo.
Los ojos avispados de la chica comenzó a leer de arriba abajo todos los informes de Wirlack, incluso informes médicos. Algo que le pareció particularmente curioso.
¿Porqué siempre acababa en la enfermería a inicios de las clases y siempre trataba de quedarse en navidad en Hogwarts?
Según la doctora Guldberg (la anterior enfermera a Pomfrey) escribía partes médicos en los que indicaba fuertes lesiones en el abdomen, brazos, piernas y espalda. Había varias fotos en movimiento en blanco y negro donde podía ver a un aniñado Forneus con el rostro magullado.
Hermione sintió una punzada de dolor en su pecho al ver esa imagen.
No había que ser un genio para sospechar lo que ocurría en esa casa puertas para dentro.
—Maldito enfermo —murmuró para sus adentros.
Siguió investigando, pero los informes médicos fueron desapareciendo pasados los años (para alivio de Hermione). De echo, las veces que había permanecido en la enfermería con la señora Guldberg había sido por peleas con sus compañeros y no por hematomas anteriores a la entrada de Hogwarts.
Los informes académicos eran increíbles, de echo, superaba con creces sus propias notas, donde la "E" (Extraordinario) estaban en cada una de las asignaturas.
No pudo evitar sentir que una vena competitiva saliera de ella creyendo con total seguridad que si no fuera por Snape habría tenido sus mismos resultados.
Aunque en el fondo una vocecilla la decía que eso nunca pasaría.
La joven Gryffindor siguió ojeando todos los escritos de las observaciones de sus profesores.
"Excelente alumno"
"Una mente prodigiosa"
"Si sigue con esos resultados podrá ascender a altos cargos"
En pocas palabras, era el estudiante perfecto; buen comportamiento, excelentes notas académicas, un largo y perfecto linaje familiar.
Pero.
Había un enorme pero.
Fue curioso encontrar un viejo informe de años posteriores a la desaparición de Forneus, más importante que eso; estaba escrita por el mismísimo Albus Dumbledore.
Año; 1948
Para; Wilhelmina Tuft.
Hermione se sorprendió al ver ese nombre; Wilhelmina Tuft ¿porque alguien como Albus querría hablar con la primera ministra mágica sobre un alumno desaparecido hace ya tiempo? ¿cual era el propósito de esa carta?
Hermione abrió el sobre donde estaba guardado unas letras tan inquietantes como lo sería estar solo en una casa maldita después de una sesión de espiritismo. Y lo más curioso, en el final de la carta estaba completamente chamuscada. Y eso no la auguraba nada bueno.
Estimada señora Tuft.
Lo que usted leerá será totalmente confidencial y como amigo, le ruego que mantenga este secreto.
Hace tiempo, como ya sabrá desapareció uno de los alumnos más prometedores de toda la comunidad mágica. El señor Forneus Graveson Wirlack. Se de sobra que ya sabe que se unió a las filas de Grindelwald y que fue su persecución lo que hizo que desapareciera de la faz de la tierra.
Casualmente se originó un incendio que acabó precisamente con cualquier dato que estuviera relacionado con el señor Wirlack.
Descubrí algo muy alarmante, ministra Tuft. Uno de mis alumnos estuvo merodeando por la zona de estos archivos, zona que estaba completamente restringida. Su nombre;
Tom Riddle.
No comprendí las razones de ese acto hasta que me percaté de su linaje y de sus resultados académicos.
Supera con creces a dicho alumno y con diferencia.
Wirlack siempre tuvo un asombroso control sobre la magia negra sin que tuviera un afecto secundario hacia él, y sospecho que Tom ya tiene planes para su futuro.
Y es por ese preciso motivo por el que yo la escribo esta carta.
Hace unos días el señor Riddel pidió una vacante como profesor para defensa de las artes oscuras (gracias a Merlín) que el director Dippet lo rechazó.
Por eso es importante que mantenga este gran secreto.
Y ahí, era donde se cortaba, donde la carta se tornaba a un profundo oscuro donde era evidente que alguien había quemado ese último y vital fragmento.
"Ese último y vital fragmento"
Que casualidad.
Todo se estaba llenando de continuas casualidades. Casualidades que estaban agotando su paciencia.
Era más grave de lo que alguna vez habría podido creer. El mismísimo Lord Voldemort había tratado de buscar información sobre ese mago. ¡Después de tanto tiempo! ¿por que motivo alguien tan extremadamente narcisita como lo era Voldemort se pondría a buscar datos de un alumno que ni se sabía en que año había entrado?
La bruja se quedó pensativa por unos instantes.
Si lo que decía el libro sobre etimología sobre familias puras de magos era cierto… ¿Cuantos años tenía Forneus cuando entró por primera vez a Hogwarts?
Las horas pasaron con rapidez, y se podía ver el atardecer que no tardaría mucho en dar paso a la noche por las ventanas. Pero como era de esperar, Hermione no era muy propensa a mirar el reloj, y ni mucho menos, fijarse que hora era.
Cerró los libros, preparó una carpeta con toda la información que necesitaba y se marchó del salón. Tenía que hablar con él, tenía que tener respuestas.
Pero tampoco quería tener a Malfoy cerca de ella. Quería hacerle todas las preguntas que ella necesitara con total libertad y sin ninguna presión. Presión que tendría si estaba el padre de Draco.
Ella no era ninguna masoquista, no era tan estúpida como para obedecer ridículas normas que a ella no la compensaban.
«Haber Granger, no seas tonta, si Harry y tú construisteis un puñetero ejército contra Umbridge en quinto año, robastes los ingredientes para hacer la poción multijugos y además engañastes a la loca de Lestrange ¿cual es el maldito problema en ir de estrangis hasta la celda de Wirlack?» y ahora que lo pensaba, tenía que ir a un especialista, el modo en que se estaba contestando a si misma no era normal.
Con bolígrafo en mano y un cuadernillo aparte, bajó hasta las mazmorras del ministerio, teniendo que darse un buen paseo por el oscuro pasadizo donde se encontraba el mortífago (después de haberse identificado al Auror y asegurarle que Malfoy la había dado permiso y que más tarde vendría con ella). Ahí estaba Forneus dando vueltas con total tranquilidad al rededor de su celda, de considerable tamaño.
Una luz se prendió en el acto cuando la presencia de Hermione se hizo presente.
—¡Oh eres tú! ¡que alegría volver a verte! —exclamó con una sincera felicidad. —pensé que iba a volver a ver a esa estúpida rata albina.
Hermione no lo comprendió con exactitud, pero una sonrisa natural se dibujó en su cara (y en parte por la expresión usada por Wirlack para referirse a Lucius).
—Yo también me alegro de volverle a ver señor Wirlack. —expresó con franqueza.
La bruja acercó la silla hacia las rejas, ni demasiado cerca, ni demasiado lejos. En un punto neutral hacia Forneus.
—¿Cómo se encuentra? —preguntó nerviosa sin saber que hacer en una situación como esa.
El hombre profirió una suave risa entre los dientes. Casi se reía de la tierna inocencia que desprendía la joven muchacha.
—Muy bien cariño, muy bien. En una celda se puede estar muy bien.
La cara de Granger se ruborizó hasta el punto de parecer un tomate estreñido. Y en gran parte por la aguda respuesta de Forneus.
—Lo siento, no entiendo que me pasa —se disculpó mientras trataba de hacer que sus orejas no ardieran de un momento a otro.
Para empeorar las cosas, unas fuertes risotadas del Wirlack hicieron que Hermione se avergonzara aún más.
Muy bien sabía que no había mofa tras esas risas, que no había la intención de hacerla quedar mal. Más bien, era la reacción de un hombre experimentado con tantos años de vida cargando en su espalda ante la encantadora ingenuidad de una bruja tan vital y tan llena de vida como lo era Hermione.
Wirlack se apoyó en la esquina de su celda, dejando que los barrotes no empezaran tanto su vista.
—Se que traes preguntas para mi preciosa, no importa que tan absurda sea, trataré de responderlas con la mayor exactitud que pueda.
—¿Cualquier pregunta?
—Cualquier pregunta.
Hermione se acomodó en la silla, con más confianza.
—¿Cuantos años tiene realmente?
Wirlack suspiró
—Setenta y ocho, enésima vez que lo digo.
—No, no me refiero al número que tiene que hacer creer al mundo que tiene, me refiero a su edad real.
Forneus la miró con asombro por unos instantes, para después sonreírla con cariño.
—¿La verdad?
—La verdad.
—Nací en el año mil ochocientos ochenta.
Hermione no tardó mucho en hacer cálculos.
—Pero… entonces tienes… ¡ciento diecinueve años!
—Si, estoy en lo que se dice; "en la flor de la vida" —bromeó Forneus.
La bruja lo miró con agrado.
—Entonces… ¿a que edad entró por primera vez a Hogwarts?
El hombre decidió dejar de apoyarse en la esquina de su celda y optó por dar un par de vueltas por la celda, notoriamente más animado.
—Me temo que mis resultados académicos provienen de una ligera farsa. No es lo mismo que un niño de once años estudie pociones que uno de dieciocho.
—Por eso fue el mejor de su generación.
—Así es querida, aunque mis conocimientos sobre la magia fueran limitados y propios de un niño de un estudiante de mi curso y nivel visual fuera el de un chiquillo; en el ámbito mental era un adulto. Eso, evidentemente me simplificaba mis estudios.
Hermione sabía que decía la verdad, sus palabras eran acordes con su historia.
—¿Conoce a Voldemort?, quiero decir, su antiguo nombre era Tom Riddle.
Forneus caminó hasta los barrotes de hierro y apoyó su rostro en los travesaños, haciéndole parecer un niño pequeño.
—Como no acordarme de esa petulante lombriz.
Hermione se sorprendió, de echo, poco faltó para que hubiese rebotado en al silla.
—Espere, ¿usted le conoció?
—Más bien él a mi. Me buscó y me encontró, me dijo que yo sería perfecto en sus filas.
La chica dejó por unos momento la necesidad de hacer las preguntas necesarias para el caso. Y de alguna forma inconsciente, optó por querer saber más de ese extraño hombre que lograba tranquilizar sus miedos y hacerlos desaparecer por completo.
—¿Por que no se unió a él?
Forneus miró hacia el techo, como si pudiera ser testigo de una amplia bóveda celeste.
—¿Por que no me uní a él? —repitió entre los dientes —en el lugar donde estaba era muy feliz, por fin sentí que era libre, que mi alma podría ser limpiada. —Bajó la cabeza para volver a mirar a la joven bruja que lo miraba y escuchaba con atención —por su puesto, ese imbécil no entendía un no como respuesta.
—Pero usted está aquí, quiero decir… él no… no le mató.
La expresión del preso se volvió una más lúgubre y aterradora. De sus labios, se dibujó una maquiavélica sonrisa, mientras parecía saborear los recuerdos de tiempos pasados.
—Tratar de chantajear a monstruos como yo puede salir caro preciosa.
La bruja sintió como su pecho se comprimía. La atmósfera actual del oscuro pasillo se había tornado fúnebre y macabro. Casi podía respirar el sadismo de Forneus.
—El amenazó con destruir el lugar donde vivía, evidentemente tomé las medidas necesarias. —su voz se estaba volviendo más ronca, ya no era ese tono de voz que usaba con ella, cálido y amable. Lo seguía siendo, pero de un modo más oscuro y sombrío. —y por lo visto… funcionó de maravilla.
—¿Q… qué le ocurrió?
Hermione no quería admitirlo, pero estaba asustada (y eso era poco) no tanto por Wirlack si no por los actos atroces que cometió en el pasado.
—¿De verdad quieres saberlo pequeño gorrión?
La chica estuvo a punto de contestar, de decirle que sí aunque la respuesta la provocara terribles pesadillas. Sin embargo, el sonido de una puerta de hierro se abrió y una voz demasiado reconocible para ella llegó a sus oídos. De inmediato, la bruja se alarmó sabiendo lo que eso significaba.
—Shh, no te preocupes por el pequeña, las ratas no son enemigos de los leones —la susurró Forneus haciendo que lograra calmarse. Quizás no tanto por el simple echo de que se sentía seguro con la presencia de Wirlack.
Hermione se giró hacia la figura que se acercaba a ella.
—Creía que la habían advertido que no podía bajar aquí sin mi permiso expreso y sin mi presencia
La voz de Lucius era tan fría como el hielo, y se podía notar a leguas el creciente enojo que emanaba por cada poro de su cuerpo. Incluso eso la hizo sentirse pequeña. Quizás demasiado.
—Yo… yo… necesitaba hacer al señor Wirlack varias preguntas cuanto antes. —explicó con nerviosismo y atropellándose en sus propias palabras.
—¿Oh claro, y en su cabeza no pasó por su idea que para bajar aquí necesita el permiso mío?
—Simplemente creí que la presencia de otra persona sería innecesario.
—¿Innecesario? Parece que tengo que refrescarla la memoria, ¿no fue por su acto insolente y descarado por el que estuvo unos días desmayada? ¿que por su culpa hemos tenido que tomar estas ridículas medidas?
—¡Solo quería tratar de avanzar y ayudar con el caso! —se defendió la leona sintiéndose incapaz de levantar la mirada.
—¿Ayudar? —enarcó la ceja con burla —más que ayudar lo único que ocasiona son problemas, uno detrás de otro que no terminan nunca.
Forneus miraba la escena como si fuese un partido de tenis. Y por lo visto, ya era hora de meterse de por medio y evidentemente a favor de la muchacha.
—No creo que una rata pueda llegar a tener más de dos neuronas corriendo por ese flácido cerebro suyo, dígame Malfoy ¿cuantas veces tuvo que arrodillarse para tener el actual puesto que tienes? ¿que le dijo a los ministros ?; ¡oh, por favor!, ¡suélteme soy solo un hombre inocente que tuvo que luchar por su familia! —exclamó sobreactuando mientras se ponía una mano en el pecho como si estuviera interpretando una obra de Shakespeare —vamos Malfoy, no se ponga ahora hipócrita.
El hombre de pelo rubio dirigió una mirada asesina a Wirlack, mirada que evidentemente no efecto en absoluto a Forneus, de echo, pareció divertirlo aún más.
—Granger, a mi despacho —dijo con furia pero sin salir de ese característico y calmada faceta de Malfoy, aunque cualquiera podía percibir el colosal enojo que hervía por sus venas.
Hermione asintió cabizbaja, sintiendo pavor a los ojos de plata de Lucius. Ella era incapaz de mirarlo, simplemente no podía hacerlo. Era tanta rabia la que había que no tenía las fuerzas para poder contemplarlo.
La chica empezó a caminar detrás de Malfoy no sin antes girar la cabeza y despedirse con un suave gesto con su mano al recluso que respondió de la misma manera.
Los dos llegaron a la cámara de Malfoy. Apenas había gente por los pasillos y ni mucho menos en los grandes salones de trabajo. Parecía tan desértico que a Hermione la produjo una sensación de frío y malestar.
La idea de estar completamente sola con ese mago no la gustaba.
Cuando los dos estaban dentro de su despacho, Hermione sostuvo con inocencia que Malfoy simplemente la maldeciría por lo bajo y la dejaría marchar.
Pero en la mente del platinado esta de todo, menos en dejarla ir. No sin antes escupir todo lo que tenía en mente.
—¿Es usted por casualidad algún tipo de persona masoquista? —preguntó con veneno el mago.
La chica tragó con fuerza, la forma en la que la miraba la hacía sentirse pequeña.
—N… No señor.
—¿No? ¿explíqueme entonces por que diablos había bajado sin ninguna maldita compañía donde ese lunático? —preguntó el hombre mientras rodeaba su propia mesa como una bestia enjaulada.
—Yo… simplemente creí que sería mejor…
—¿Ir sola por que tendría más libertad en hacerle todas las preguntas que quisiera? ¿ir sola por que sabía que así no tendría compañía?
Hermione se mordió los labios con nerviosismo, sintiendo un peso descomunal sobre sus hombros. Sintiendo como Malfoy la miraba con un profundo desagrado.
—Cualquiera diría que la gusta que la torturen.
Hermione abrió los ojos de par en par.
—¿Perdone?
—Vamos Granger, ¿quién estaría tan loco como para bajar sin ningún tipo de seguridad a la celda de ese sádico? Después de lo que la hizo.
Hermione no podía creer lo que estaba escuchando. Si tan solo alguien le hubiese tratado de sacar sangre de su cuerpo no habría salido nada. Simplemente la bruja era incapaz de procesar lo que estaba escuchando.
¿Era una broma? Tenía que serlo, ni siquiera Snape podía llegar a ser tan insensible como para soltar semejante burrada delante de ella.
¿Es que Lucius no se daba cuenta de que el verdadero problema era él y no Forneus?
—Espero que esto sea una broma de mal gusto señor Malfoy —se encaró Hermione.
—¿Porque cree que iba a ser una broma? —interrogó con veneno. —ese mago la dejó inconsciente y el día en que se recupera baja a verlo sin mi permiso y sin tan siquiera un aviso.
Hermione respiraba con dificultad mientras sus ojos comenzaban a barnizarse de un brillo que ella conocía demasiado bien.
—El señor Wirlack nunca quiso hacerme daño.
—Oh, nunca quiso hacerla daño. —dijo con ironía —Venga Garnger, dígalo.
—¿Decir el qué? —cuestionó la bruja confundida. —N… no le teniendo.
Lucius se puso delante de ella, obligándolo a que lo mirara.
—No se haga la tonta Granger. —manifestó Lucius con una profunda y arraigada burla mientras se acercaba más a Hermione.
—Le repito que no le entiendo —volvió a reincidir y esta vez más asustada que antes al ver que Lucius estaba acabando con su espacio personal.
—Se que piensa que yo soy igual que Wirlack, que soy un desalmado y un asesino ¿cierto? ¿porque si no trata de evitarme cada segundo como si yo fuera la mayor escoria?
La manos de Malfoy se fue directa hacia el cuello del jersey de la chica atrayéndolo hacia él. Obligándola a que lo mirase a los ojos de una vez por todas.
—Suélteme señor Malfoy —trató de advertirle con la voz temblorosa.
—Dígalo Granger, diga; "Usted es igual que Wirlack, es igual de malvado y sádico"
Los ojos de Granger acabarían cediendo a las lágrimas de un momento a otro. Pero por orgullo, trataría de aguantar lo máximo que podía.
—Váyase al infierno —escupió con furia aunque por dentro temblaba como un flan.
Lucius estaba disfrutando demasiado con la situación. Por fin, por fin podría descansar sin que esa mirada lo persiguiera, sin que esos ojos lo miraran como si lo conociera mejor que él mismo. Por fin podría tenerla como en el segundo año.
Solo un poquito más. Solo tenía que asustarla.
—Oh vamos, se que esa boquita puede hacer mucho más que insultar a alguien, diga lo que tiene en mente; deje que esa legua impura desvele sus secretos.
Hermione no supo el porqué, pero como si de un autoreflejo se tratase respondió con una sonora bofetada en la mejilla de Malfoy.
Lucius se había quedado aturdido por el soberano bofetón de la chica. El mago se echó hacia atrás unos pasos sobándose la mejilla que había sufrido el golpe. Levantó la cabeza y su pulso se congeló por completo.
Los ojos de dorados de Hermione estaban completamente húmedos, nublados por gruesas lágrimas que caían sobre sus mejillas. Con las mejillas teñidas de un fuerte rubor nacidas de la rabia e indignación. Mientras que su labio inferior temblaba de lo dolorosa que era la situación en la que estaba.
—Lo sé; soy una impura, lo peor de la sociedad mágica ¡una paria!
Lucius fue esta vez el que no podía apartar la vista de los ojos de la bruja.
—Una asquerosa sangresucia —escupió con asco, imitando a la perfección los años de continuos insultos de Draco.
Hermione se levantó las mangas de su jersey, mostrándole a Lucius la horrible cicatriz de su brazo.
—Vaya, ¡que sorpresa! ¡Como si fuera ganado!, la poca inteligencia que me queda me da para poder leer. Tengo curiosidad por saber que pone —La chica comenzó a deletrear la marca que llevaría de por vida— en resumen; Sangresucia.
Ahora era Malfoy quien se encontraba totalmente paralizado de pies a cabeza. Jamás pensó que la imagen de Granger pudiera provocar tanto dominio.
—¿Quiere saber la verdad señor Malfoy? ¿quiere saberla? Lo evito por que miedo.
La voz de Hermione se quebró por completo, dejando que las lágrimas brotaran de sus ojos con más fuerza.
—Tengo mucho, mucho miedo; No por usted, si no por los recuerdos que evoca su presencia señor Malfoy; la humillación, el desprecio, esos gritos que me siguen todas las noches, esa loca de Lestrange mientras me busca por toda mi casa… mi cicatriz. —Hermione tiró un poco de las mangas de su jersey para quitarse las lágrimas.
—Quizás vaya a tener razón señor Malfoy; quizás sea masoquista. ¿quién en su sano juicio querría trabajar teniendo como jefe al tipo que no hizo absolutamente nada cuando me estaban torturando con una imperdonable? ¿quién trabajaría con el padre que adoctrinó a su hijo para que insultara a todo aquel que fuera descendientes de muggles? ¿con el hombre que por su culpa casi muero petrificada por un basilisco?
Hermione se quedó por unos largos segundos en silencio, tratando se respirar y hacer algo de hueco a sus pulmones que se habían ahogado en sus lamentos.
—No señor Malfoy, jamás pensaré que usted es igual que Wirlack.—la joven Gryffindor alzó su cabeza y lo miró con una arrolladora fuerza— Wirlack es cien mil veces mejor persona que usted. ¿por que si no preferiría su presencia que la suya?
Los ojos de Hermione seguían llorando, seguía teniendo esa mirada rota y desecha pero con unas renovadas fuerzas.
—Sé que solo soy eso; la asquerosa sangresucia que destruyó su vida. Pero tenga en cuenta esto señor Malfoy; usted también destrozó la mía y lo que es peor; la de su propio hijo. —La bruja volvió a apartarse las lágrimas con su jersey —y, ahora si me disculpa, tengo que irme. Mi gato me espera.
Y con esas palabras se dio la vuelta y cerró la puerta con suavidad dejando por primera vez a Lucius Malfoy con una horrible sensación en el pecho.
Haciéndole ver una terrible y horrible realidad.
Una realidad que siempre evitó.
Notas del Autor
Oleeee tú Hermione, desde luego que entre ellos dos a habido una considerable aproximación y el (muy razonable) cabreo de Hermione a estado divino. Antes que nada, ya se que soy repetitiva pero ambos tiene problemas muy complicados con tantas inseguridades que a veces, dan miedo.
Se que tardé mucho en actualizar pero e tenido mucho problemas en esta última parte ¿debía de hacer una Hermione super segura de si misma que nada la afecta y que es la leche? o ¿Una Hermione lacrimógena que no para de llorar? meh, una fusión. Tuve que borrarlo varias veces por que no me convencían y al final (y espero) que esta sea la mejor reacción que e podido escribir sobre ella en este situación. Creo que si hubiese presenciado la escena habría sido así; Hermione llorando por que tampoco es una condenada roca y a la vez soltando pullas del tamaño de una catedral.
Además, creo a Malfoy le habrá dejado una fuerte imagen en el cráneo rubio que tiene.
Espero haber tardado menos en actualizar que otras veces. Pero me a costado.
En fin, un poco de información. Busqué como una desgraciada que los nombres coincidieran como también sus edades, así que en Pottermore encontré que Wilhelmina Tuft fue en realidad la primera ministra de la comunidad mágica por aquel entonces. E tratado de ser lo más exacta que e podido y este a sido el resultado (espero que os haya sido de vuestro agrado)
Y antes que nada, Lo siento Natalys, lo de "Cabrones" en un adjetivo que se usa mucho en españa, pero no solo para insultar si no también se usa de forma cercana para los amigos (lo sé, una soberana gilipollez) así que mil perdones si esa palabra te molestó.
Y con esto me despido.
Saludos desde España y un abrazo.
PD: Escribidme, coño. Me haría muy happy.
