"La maldad no difiere ni en hombre, ni en mujer, ni en etnia, religión o política. La maldad es maldad. Punto."
Juan de las Nieves
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.Capítulo 10: Dolor
Para alguien como Hermione Granger no era común levantarse con pereza, y ni mucho menos descuidar su imagen por pura desidia. Pero como siempre, había una primera vez para todo. Y hoy, era su caso. Lo poco que había dormido se había visto reflejado no solo en su cara si no en su ropa. Optando por un simple jersey gris y unos pantalones de rojos con unas zapatillas medio desgastadas.
Hermione recogía con somnolencia las carpetas de su escritorio. Estaba algo desanimada. Había tratado de buscar Malfoy, pero no tuvo éxito. Quería ir donde él y disculparse, en especial por sus palabras. En parte no había motivo, pero por otro… no la daba derecho a prejuzgarlo. Pero por alguna razón no lo encontraba.
Cualquiera habría pensado que la evitaba.
—¿Estás bien? —preguntó Marie.
La Gryffindor la miró con una expresión confusa en el rostro.
—Si, ¿por que no iba a estarlo?
La bruja de mediana edad la miró con preocupación. Últimamente Hermione estaba teniendo muchas ojeras, y de vez en cuando ponía una expresión de dolor mientras presionaba el vientre.
—¿Has comido en condiciones?
La bruja la miró comprendiendo el origen de la pregunta.
—Si… siempre recibo una cesta llena de comida…. Lo bueno es que no tengo que cocinar —aclaró Hermione con una sincera sonrisa. —La verdad es, que recibo unos bizcochos que se van del mundo. Algún día te los traeré, seguro que te gustarán.
La mujer de cabellos rubios la miró más tranquila, su mirada se ablandó dejando que se fuera esa sensación desagradable… sin embargo había algo que la tenía mosqueada. Había algo con Hermione que no estaba bien. Sin embargo, Marie prefirió dejarlo pasar. No porque quisiera, si fuera por ella la registraba hasta en su casa. Pero por el aspecto de Hermione y su mirada cansada sabía que lo último que necesitaba era que la hostigasen con preguntas impertinentes.
—"Hagé" que me "cgeo" tus palabras, "pego" cualquier cosa que necesites… dímelo, "sege" todo oídos.
La bruja la miró con agradecimiento y asintió con la cabeza.
—Lo haré, te lo prometo.
Marie la miró por última vez, preocupada por el gradual deterioro de salud de Granger. Se giró y caminó hacia la puerta de salida donde tenía que enviar varios formularios al ministerio de asuntos mágicos.
—Una cosa Marie.
—¿Oie? —se giró haciendo que los pocos magos que pasaban se quedaran embobados con su espectacular figura.
—¿Por casualidad… no sabrás donde está Malfoy? Tengo que ir a hablar con el recluso.
La bruja de falda roja asintió con una sonrisa.
—Con una "condisión".
Hermione entrecerró los ojos con una cómica desconfianza.
—¿Que tramas Mari Tere? —preguntó con ingenio usando el tan divertido apodo entregado por Narro.
—"Igás" conmigo a una "cafetegia" que "conosco". Si o si.
Hermione se cruzó de brazos mirándola de guasa.
—Mmm, está bien.
Marie, tratando de contener la risa al ver que uno de los magos se estampó contra una columna distrayéndose en ver su figura respondió a la chica.
—Se que está con Rigel y Pollux en el piso "supegiog" del edificio… si mal no me equivoco… —la mujer comenzó a hacer memoria —en el piso "tgeinta y cuatgo"(34) están en una sala, "sabgas" cual es cuando veas una única puerta azul. Ovoir petite souris. (Adiós pequeña ratoncita)
Hermione la dio las gracias con la mirada mientras se mordía el labio tratando de controlar una risotada que haría que más de uno se girara hacia ella al ver que muchos magos se quedaban embobados mirando como idiotas el trasero de Marie.
Y eso, era algo que la propia bruja sabía y lo usaba a su favor. Hermione podía poner la mano en el fuego a que Marie vestía con faldas de lápiz ajustada desde la cintura hasta más abajo de las rodillas, solo por el placer de ver como los hombres caían como moscas solo por mirarla. Aparte de que era evidente, que a esa bruja la encantaba vestir de manera elegante y refinada. Y vaya que si lo hacía.
Hermione no podía evitar pensar que si alguien como Marie saliera por las calles muggles habrían creído que era alguna actriz actuando como aristócrata en una escena ambientada en los años veinte.
Dejando de lado esos pensamientos trató de concienciarse de que tenía que ir donde Malfoy y hacerle bajar con ella a la celda donde estaría Wirlack dando paseos continuados.
Y esta vez si que era importante.
Estaba comenzando a tener leves sospechas sobre quién era Colette, sin olvidar que había información demasiado importante del que ni siquiera estaba segura de entregárselo ni a Rigel, ni a Malfoy. Y muy grave era para que la propia bruja optara por ocultar esa información.
Hermione se frotó los brazos.
La cosa se estaba poniendo muy fea.
La bruja accedió con facilidad al piso treinta y cuatro. Donde se sorprendió enormemente al encontrar ministros mágicos de Inglaterra.
Y era eso lo que la preocupaba.
¿Que diantres hacían los ministros de magia de Londres en la capital de Francia? ¿que era lo que se traían entre manos?
Hermione trató de ir hacia la puerta azul a base de empujones, intentando pasar lo más desapercibida posible para algunos magos que conocía demasiado bien.
Colocándose algunas carpetas en los hombros tapando gradualmente su cabeza, logró al menos que nadie la pudiera reconocer. Lo cual, para ella fue un alivio.
Cuando llegó a la puerta azul que Marie la había indicado, llamó dos veces con la esperanza de recibir una contestación.
Y así fue. La puerta se abrió haciendo que Hermione tuviera permiso para entrar.
Menuda sorpresa fue la que se llevó cuando vio no solo a Lucius, Rigel y Pollux, si no a un ministro que conocía bastante bien.
Kingsley Shacklebolt.
Bien, a sabiendas que el ministerio iba a arder sobre todo teniendo a Lucius y a Kingslley bajo el mismo techo que eso era lo equivalente a una habitación rodeada de gasolina, donde el fuego estaba rozando el líquido inflamable… , ¿que diablos hacía allí? ¿precisamente con ellos? ¿Con Lucius? ¡aquel mago que no podía ver ni en pintura!
—¡Hermione! ¡que alegría verte! —exclamó el ministro de Londres mientras se dirigía hacia ella dándola un ufano abrazo.
La bruja se quedó por unos instantes en blanco sin saber muy bien como reaccionar, pero correspondiendo a esa muestra de afecto.
—Esto si que es una sorpresa ¿pero que haces aquí? No recibí ninguna lechuza. —dijo la bruja confundida.
—Por que esto es confidencial —expresó con desgano Lucius. —Se supone que no debería de estar aquí.
Hermione miró en dirección hacia Malfoy, mirándolo directamente hacia los ojos. Por unos instantes creyó que sería un grave error. Pensó que la miraría con un profundo odio, que sus ojos la desgarrarían con tan solo mirarla… pero no fue el caso. Sus ojos plutonios se limitaron a observarla con cierto desprecio para después desviarlos en dirección a Rigel.
—En teoría no, pero si tenemos en cuenta que es la única que le hace hablar sería conveniente que supiera de esto —explicó Pollux mientras sonreía con cierta burla a Malfoy. —nosotros por el contrario tenemos la increíble capacidad de hacer que nos maldiga.
—Espera, ¿que está pasando aquí? —preguntó confusa Granger mientras se separaba de Kingsley —¿que está ocurriendo? ¿por que hay ministros de Londres precisamente en este lugar?—la bruja miró incrédula hacia el primer minsitro— ¿¡esto es por Wirlack?!
Rigel respiró algo tenso. Mirándola con preocupación.
—Si. Parece que esto va a ser más mediático de lo que habíamos pensado. —declaró con cierta pesadumbre el mago de origen Vasco. —de algún modo, alguien filtró el caso a los medios y ¡sorpresa! Da gracias a que los periodistas mágicos todavía no se han enterado, pero el ministerio mágico de Londres…
—Es evidente que si lo a hecho —terminó la frase Hermione.
—Si, por eso estoy aquí Hermione, me han enviado para que esté al tanto del caso. —explicó Kingsley.
La bruja tratada de procesarlo todo. Si, en parte tenía sentido pero… ¿por que todo ese revuelo? Se trataba de un mago que no tenía nada que ver con la segunda guerra mágica.
—Es interesante, estábamos hablando precisamente de ti, dictaminando si sería mejor o peor que supieras de esto. Pero como has venido tú solita… acabas de ser tu misma la que a dado el veredicto final. —expresó con humor el mago mestizo.
—¿Entonces eso es un sí? —preguntó Hermione sin estar del todo segura de las palabras de Rigel.
—No mujer, habíamos pensado en mandarte a una granja de cachorritos a modo de vacaciones. —ironizó Pollux con el mismo tono de Rigel provocando una leve sonrisa a la joven hechicera.
—A mi no me molestaría. —Respondió Narro.
Lucius rodó los ojos clamando por algo de paciencia antes de que sacara la varita y los maldijera a todos. ¿Tan difícil era que todos se pusieran a trabajar en el caso? ¿tan complicado era? Por lo visto si. Para suerte suya Hermione se dio cuenta de la expresión de agobio contenido que tenía Lucius.
—Pero no comprendo por que hay tantos sub secretarios del ministerio de Londres aquí. No se trata de alguien que haya trabajado con Voldemort si no con Grindelwald—dijo Granger confundida. —Grindelwald pudo hacer cosas horribles pero nada en comparación con el sadismo de Voldemort.
El primer ministro la miró con atención.
—Lo sé, pero quieren cargar contra él. Ya saben que el señor oscuro trató en su momento de contactar con él y…
—Espera un segundo ¿me estás diciendo que ellos están montando esta ridícula parafernalia por que lo buscó antes de volverse en Voldemort? ¿me estás tomando el pelo?
Cuanto más pasaban los segundos más se iba enfureciendo Hermione al entender los motivos que les habían llevado para "preocuparse" a nivel judicial de la situación de alguien como Wirlack.
—Me gustaría decirte que no, pero no es así.
Hermione dejó salir una risa reprimida, cargada de sarcasmo y rabia provocando que Lucius la prestara atención.
—Es gracioso, gran parte de los ministros que están aquí, escondieron el rabo entre las piernas cuando Voldemort llegó al poder, no hicieron absolutamente nada por cada bruja y mago a los masacraron. ¿Y ahora quieren hacerse los valientes con un preso que no tuvo nada que ver con la segunda guerra mágica? ¿¡que clase de hipocresía es esta!?
Todas las personas del salón se quedaron en silencio. En especial Lucius, escuchando con verdadero interés las palabras dichas por la bruja.
Pese a la situación en la que estaba, a ojos de Lucius su voz había sonado como el rugido de un león. Alto y claro. Con un pensamiento genuinamente único y cargado de valor. Solo ella había tenido el suficiente coraje para decir lo que todos estaban pensando de una manera que había sabido como calarlos a todos.
—Me temo, que tiene que ser así.
—¿Tiene que ser así? —Hermione miró incrédula a Kingsley —me sorprende que digas esas palabras, ¿no eras tú el que pregoneaba a todos los cielos que nadie debería de jugar con las libertades de una persona solo por que sea así? —preguntó por lo bajo (aunque todos los presentes la habían escuchado) con una profunda decepción que a más de uno le haría sonrojarse.
El primer ministro no dijo nada, quedándose en silencio.
—Verás Granger —dijo Rigel tratando de quitar hierro al asunto. —Wirlack tiene también un poco de culpa.
La chica miró con atención al mago.
—¿Por que lo dices?
—Cuando los Aurores revisaron el lugar donde vivía encontraron algo bastante… macabro. —intervino Pollux.
Hermione frunció el ceño.
—¿Qué fue lo que encontrasteis?
Lucius respiró con inquietud.
—Hallaron en un bosque no muy alejado de su vivienda el esqueleto de un tipo al que descuartizó. —respondió Malfoy a Hermione —Cuando hicieron una revisión del cadáver para saber si había usado magia descubrieron que así había sido, pero había ciertos hechizos que no explicaban otras heridas que había en sus huesos.
Hermione no sabía si quedarse más sorprendida por que alguien como Lucius Malfoy la había respondido o por el reciente pero escalofriante descubrimiento. Probablemente por el primero.
—¿Cómo tenía los huesos?
—¿Perdón? —preguntó desconcertado Kingsley —¿para que quieres saber algo como eso?
—¿Los Aurores tomaron fotos del cadáver? ¿indicaron la magia que se usó contra él?—preguntó Hermione ignorando por completo la duda del ministro de magia.
Pollux la miró con cierta duda. No tanto por la pregunta si no por lo que pasaba por su mente.
—Si, de echo, están aquí. —confirmó dándola un sobre abierto. —pero no creo que haya mucho que analizar.
La bruja se acercó a la mesa en la que estaban reunidos, y dejó que su mente se abriera para que su brillante cerebro comenzara a analizar con asombrosa rapidez y criterio aquellos simples huesos sucios llenos de tierra. La bruja agarró una de las radiografías mágicas donde se indicaban con unas suaves luces mediante runas la clase de hechizo que se usó.
—Usó hechizos curativos. —indicó la bruja.
—Si, eso es lo que menos sentido tiene. ¿Por que curar a alguien a quien estás torturando? —inquirió Kingsley confundido sin lograr entender lo que tenía en sus manos.
—No lo curaba por que quisiera salvarlo. —murmuró la chica —lo hizo para poder torturarlo durante más tiempo. —Hermione dejó las radiografías en la mesa mientras señalaba varios puntos del esqueleto —mirad, en la radiografía quince, aquí el la mandíbula, indica que se usó de manera prolongada el hechizo de "Sanus Ossa" y aquí es más que evidente que le habían triturado la mandíbula con un aparato en especial.—La chica dió un paso hacia atrás, tapándose la boca con su mano con la intención de callar un gemido de espanto al darse cuenta de lo que había pasado en realidad—Oh, Wirlack era mucho más imaginativo de lo que alguna vez creíamos.
—Usaba torturas muggles —la voz de Narro sonó con una genuina sorpresa al descubrir los motivos del deplorable estado de los huesos de esa pobre víctima. —recuerdo haber leído en su momento que la santa inquisición tenían máquinas de torturas horribles —dijo dirigiéndose a Hermione que parecía ser la única que lograba entenderle —Oh dios mío. Podría ser… —Rigel miró con espanto a la bruja —por favor, dime que es mentira lo que Wirlack le hizo a ese hombre.
Hermione estaba realmente asustada. Pero lo que el cadáver indicaba era evidente. No podía mentir un muerto.
—Me temo que no. Estoy segura de que usó todos los instrumentos de la santa inquisición… —la Gryffindor renegaba con la cabeza —apuesto a que usó la cuna de Judas.
—La verdad es que mi estómago no tiene muchas ganas de comprobarlo —respondió Rigel mientras dejaba que un escalofrío embistiera su cuerpo.
El resto de los magos, que no tenían ningún conocimiento sobre el mundo muggle (y ni mucho menos de sus torturas) miraban tanto a Hermione como a Narro como si les hubiesen salido una cabeza de más.
—¿Me estoy perdiendo algo? —preguntó Pollux.
—Al parecer el prisionero que tienen en el ministerio es mucho más peligroso y sádico de lo que alguna vez habríamos podido pensar —explicó con tranquilidad Kingsley.
La chica miró al primer ministro realmente angustiada, pero por suerte. La mayoría eran unos catetos en lo que se refería a su mundo a excepción de Narro y en cierta parte Kingsley que sabía como mimetizarse entre ellos.
—Rigel, por casualidad no conocerás a ningún forense muggle que medio conozca el mundo mágico o viceversa ¿verdad?
El hombre la miró preocupado mientras torcía el morro.
—Tengo contactos, pero tampoco tengas demasiadas esperanzas en esto. Raro es encontrarlos. —Narro la miró entrecerrando los ojos —oh, algo más pasa por esa cabecita tuya ¿verdad?
Hermione asintió mientras comenzaba a dar pequeñas vueltas al rededor de la mesa mientras tenía una de sus manos tocando su barbilla.
—Alguien que tortura de esa manera a una persona no se limita a dejarlo por que si. No hablamos de matar a una persona por necesidad, por que algún ser querido está sufriendo o por que tu vida está en juego. Wirlack cazaba a esas personas a conciencia. No se trataba de solo matarlos, los torturaba de manera prolongada. No se limitaba a un juego de intenso dolor. —Hermione paró de andar por unos instantes para observar la radiografía que estaba en la mesa de caoba —quebraba las mentes de sus víctimas hasta reducirlos a una masa de carne que solo balbuceaba. —La bruja alzó la cabeza hacia Rigel —no es solo un cadáver la que buscáis, si no muchos más cadáveres y por ello no estamos hablando de una tumba, si no de una fosa común.
—A saber cuantos muertos habrá por ahí —Narro asintió con la cabeza —Bien, mandaré a los Aurores para que vuelvan a registrar la propiedad, y esta vez que lo hagan con perros rastreadores. —el mago se frotó las manos. —tenemos mucho trabajo que hacer. Yo me encargaré de los Aurores. Pollux, busca cualquier información que tengas sobre Wirlack en el pueblo en el que vivió durante todo este tiempo, haz todas las preguntas que sean convenientes, revisa la casa en la que vivió, y trata de indagar sobre relaciones que pudo establecer en Bainac. Usted, primer ministro Sha… Sahck… Suck
—Shacklebolt. —terminó Hermione por él antes de que tomara la brillante idea de llamarlo "Primer ministro morenito"
—Lo que e dicho —respondió a la chica con mofa— Usted. Por favor, trate de mantener a todos los magos de su país a raya y evite en la medida de lo posible que metan sus narices donde no les llaman. Si le preguntan por el caso trate de darles largas pero no hable absolutamente nada. Se que tendrá muchos problemas con esto, así que Marie le dará falsas pistas para que así sus magos estén un rato distraídos mientras acabamos con todo el proceso. Primer ministro; todo de lo que se habla aquí es confidencial.
El mago de origen Africano asintió con la cabeza.
—Haré todo lo que esté en mis manos. —respondió con solemnidad.
—Perrrrrfecto, y vosotros dos —miró con un brillo extraño a Hermione y a Lucius con una sonrisa demasiado ancha para la situación en la que estaban—interrogareis a Wirlack los dos juntos. Lucius, como bien dijistes te tiene una especial manía, mientras que con la señorita Einstain la tiene especial cariño. Que mejor que juntaros a vosotros dos para hacerle hablar. De todos modos Lucius, será mejor que apuntes cada palabra que diga Wirlack y tú Hermione… solo haz que cante. Toma las medidas que creas necesarias, no me importa los métodos que uses. Se que estando tú de cabeza lo harás de maravilla. —Rigel pegó un fuerte suspiro quedándose varios segundos en silencio. —¡A que estáis esperando! ¡no tenemos todo el día!
Acto seguido todos se pusieron manos a la obra mientras salían del despacho como auténticos rayos. Pollux desapareció en el aire trasladándose a lo que probablemente sería Bainac e Casenac donde vivió durante más de cuarenta años el preso de Wirlack.
Kingsley Shacklebolt se adentró en la chimenea desapareciendo en un estela morada que lo llevaría directo al ministerio de Londres.
Ahora solo quedaban Lucius, Hermione y Rigel que les miraba con una sonrisa traviesa.
—Esta vez me daré el lujo de bajar con vosotros dos. También tengo que hacerle a Wirlack unas preguntas.
Hermione no estaba muy conforme con las palabras de Narro. Sabía que ese hombre se traía algo entre manos. Conocía a la perfección que sus intenciones carecían de maldad. Pero muchas veces tratar de ayudar a otra persona solía acabar en desastre rotundo.
Los tres bajaron en el ascensor mágico que los llevó directos a la celda donde Wirlack estaría (muy probablemente) observando la pared.
La bruja no pudo evitar sentirse muy incómoda ante la cercana presencia de Malfoy. Siempre estuvo al lado de Rigel, pero aún así… era inevitable la sensación de ahogo que arremetía contra sus pulmones cuando estaba cerca del rubio.
Cuando los tres se identificaron al Auror que vigilaba la salida de aquel pasadizo oscuro, los tres finalmente llegaron a la celda del preso que los esperaba con una escalofriante sonrisa.
—A juzgar por los rostros que observo e debido de meter bien la pata ¿verdad?
Hermione apretó con fuerza sus labios hasta dejarlos blancos.
—No nos dijistes que tenías un foso lleno de cadáveres. —dijo Rigel con un extraño tono que sonaba muy cercano a Forneus.
—Es que verás, quería hacer sitio para cuando saliera y poder meter a todos los cerdos que me enviaron aquí —respondió el recluso con el mismo tono como si estuviera bromeando con un viejo amigo.
—Por casualidad… ¿no estaré yo en tu lista negra verdad?
—Si.
—¡Mierda! ¿no puedes hacer la vista gorda conmigo? No creo que sea aceptado en el infierno y yo quiero entrar en el infierno.
Hermione quería meterse bajo tierra, no por nada. Pero la escena que estaba presenciando junto con Lucius hacía que la chica quisiera morirse de la vergüenza, y en parte de la risa. Sin embargo, a sabiendas de los descubrimientos recientes… la era inevitable sentir un ligero revoltijo en su estómago.
—¿Porque quieres entrar en el infierno? —preguntó con cinismo Wirlack.
—Por la compañía, obviamente.
Si, Rigel estaba charlando animadamente con un asesino en serie al que le pedía de buenas formas que le borrara de la lista negra por que no iría al infierno, que como respuesta a tal argumento había sido por "la compañía" Hermione solo quería desparecer.
La chica alzó la cabeza y observó con discreción a Malfoy.
Parecía que no había dormido bien. Tenía unas profundas ojeras, junto con los ojos irritados le hacían parecer que había sufrido algún tipo de alergia. El hombre observaba la escena con pasividad, pero sus ojos tenían un extraño brillo de odio que iba dirigido hacia Forneus. Era como si en su mente lo estuviera matando de las peores formas posibles.
—Bien señor Wirlack, ya se que me maldecirá y el resto de todos los improperios que salgan de su lengua. Pero entienda que está en serios problemas. Hemos mandado a un grupo de Aurores que registren su zona para comprobar si hay más cadáveres, aparte de que ahora tiene el ministerio de todo Londres metido de lleno en este caso, osea, usted.—relató Narro con seriedad— ¿Le a quedado claro?
—Cristalino.
—Muy bien, la señorita Granger y el señor Malfoy le interrogarán, le pido que trate de contestar a todas las preguntas que le sean posibles y con la mayor sinceridad.
Wirlack asintió en silencio.
Rigel comenzó a leerle sus derechos del estatuto mágico, que era más un procedimiento que una necesidad. Cuando terminó, miró a Lucius y a Hermione.
—Bien, os lo dejo para los dos. —Narro dejó caer su mano en el hombro de Malfoy cuando estaba a punto de desaparecer —suerte amigo mío —le dijo en voz baja haciéndole saber que solo ellos dos podrían haberse escuchado.
Lucius agradeció las palabras de Rigel. Cuando este se marchó dejando detrás de él una simple estela fantasmal el rubio giró la cabeza en dirección contraria. Observando a la chica que parecía estar mucho más preocupada que otras veces.
Malfoy sonrió de lado, una sonrisa sarcástica y cruel
¿Ahora comprendía lo horrible que era Wirlack? ¿volvería Granger a insultarlo diciéndole que alguien tan aberrante como Forneus era mejor persona que él? Nunca pensó que lo diría pero; jamás había sentido tanta satisfacción en ver a una impura como ella entre la espada y la pared. Quería ver como Granger podría ser capaz de dirigirse a alguien como Wirlack con la nueva información que habían tenido.
—Lo siento preciosa, pero esta vez no puedo decirte nada —habló Forneus por primera vez. —No debo por mi propio bien.
La chica se quedó en silencio. Paralizada en el mismo lugar en el que estaba. No movía ni un músculo.
—¿Como es que ahora no te da por hablar? —pregunto con evidente inquina Malfoy.
—No hablo contigo asqueroso cerdo.
Forneus no se molestó en mirar a Malfoy. Estaba más concentrado en contemplar a una Hermione paralizada, de lo que el supuso que era miedo.
¡Genial! Ahora no lograrían sacar ninguna palabra a Wirlack. Entre la expresión abrumada de Granger y la incontrolable lengua de Forneus tenían el caso perdido.
—Déjenos a solas señor Malfoy.
Tanto Wirlack como Lucius se quedaron igual de sorprendidos.
—¿Perdón?
Hermione se giró y lo miró con firmeza a sus ojos.
—Necesito que nos deje a solas señor Malfoy.
Los ojos de bruja fluían con intensidad, una fuerza al que no estaba acostumbrado a tener. Por unos instantes, el hombre creyó que la chica lo maldeciría con su mirada. Que no habría más que rabia y resentimiento, en especial hacia Forneus. Pero en cambio… en cambio sus ojos estaban bañados en preocupación, pero no hacia ella misma, si no hacia el preso. Sus ojos castaños tenían esa mirada que haría que cualquiera se sacudiera del poder que tenía.
Compasión.
Piedad.
Humanidad.
El modo en que Hermione miraba a Wirlack era cálida y tierna. No había odio en su mirada. No había rencor.
¿Pero porque?
—Por favor, solo le pido cinco minutos.
Lucius se negaría, se negaría en hacerlo. La diría que era un imprudente, una loca por querer estar a solas con él cuando ella misma había sido la descubridora de sus atroces crímenes.
Pero ¿como hacerlo con esa mirada? ¿como hacerlo si Granger usaba ese tono de voz? ¿como hacerlo si parecía que el ambiente de aquella celda la había apaciguado hasta quedarse en un ambiente tranquilo?
¿Podía negarse a ella?
Lucius apretó las mandíbulas con demasiada fuerza. Tanto, que casi le rechinaban los dientes. Estaba furioso, iracundo. Y esta vez no era por Granger si no por él mismo.
—Iré hasta el final del pasadizo, cuando vuelva quiero que colabore. —dijo frialdad.
Hermione sonrió con suavidad, aunque esa sonrisa era más para Wirlack que para ella, sin olvidar que sus ojos brillaron al instante.
—Gracias señor Malfoy.
Lucius se quedó quieto por unos instantes, trató de quejarse o al menos de recriminarla algo. Pero no salió nada de su garganta más que un profundo silencio.
¿Porque Granger estaba tan feliz de poder hablar a solas con Wirlack? ¿que era lo que creía que iba a conseguir estando por unos segundos con él? ¿que hablaría por arte de magia? ¿porque le pediría amablemente que confesara sus crímenes?
¡Ridículo!
Lucius cumplió con su palabra. Podía ser muchas cosas, pero no un cínico que rompía sus promesas. Caminó con lentitud hacia el final del oscuro pasadizo donde se encontraba el Auror haciendo de centinela a tiempo completo. El mago de cabellera platinada no podía alejar sus recuerdos por más que quisiera.
¿Porque alguien como Wirlack había conseguido esa atención especial con Granger? Pero sobretodo, ¿porque precisamente esa bruja, que sabía las atrocidades que había cometido hacia sus propios congéneres lo miraba con tanta calidez?
¿Porque?
¿Porque él siempre recibía una mirada tan dura de aquellos que más amaba? ¿porque nadie era capaz de darse cuenta de la ayuda que necesitaba? ¿porque nadie era capaz de ver lo que el realmente era?
Otra víctima más.
Sabía de sobra que no tenía derecho a quejarse. No después de todo el daño que había infligido a las personas más inocentes. A gente no merecía ningún mal. Las miradas de todos aquellos muggles que le miraron a los ojos antes de matarlos con la maldición asesina.
Y luego… Draco, todo su sufrimiento infligido de manera innecesaria… sus brillantes ojos grises que alguna vez lo miraron con cariño se convirtieron en una mirada llena de odio y rencor. Pero… ¿quién podía culparlo? ¿quién podría hacerlo después del calvario que le hizo pasar? Obligándole a presenciar el asesinato de un muggle mientras la serpiente de su Lord la engullía. ¿Quién podía culparlo cuando le dieron la tarea de asesinar a su propio director?
"Wirlack es cien mil veces mejor persona que usted"
Por alguna razón que Malfoy desconocía, las palabras de Granger no le afectaron de la misma manera.
«Al final acabó teniendo la razón» ironizó Lucius a si mismo.
El mago sacó de su bolsillo un pequeño reloj dorado donde unos pequeños gránulos de arena iban de arriba abajo. Igual que lo haría un reloj de arena.
Ya habían pasado los cinco minutos que la joven bruja le había pedido.
Él mismo estaba sorprendido de haber accedido con tanta facilidad a la petición de Granger. Y eso le enojaba. Ella era inferior a él, ella no tenía que estar respirando su mismo aire. Ella no tenía ni que hablar con alguien de su categoría. Ella no tenía por que pedirle peticiones y este hacer caso de ellas. El simple echo de hacerlo le revolvía el estómago.
Sin embargo… aceptó las palabras de Granger.
La había tolerado.
¿Porque estaba haciendo algo como eso?
"Lo evito por que miedo"
Y no la culpaba.
¿Quizás era por eso?
Lucius dio la vuelta para regresar a la celda de Wirlack. A medida que lo hacía comenzaba a vislumbrar una extraña escena que más de uno habría creído que era una alucinación de mal gusto.
Con cierto sigilo se acercó aún más para quedarse totalmente atónito.
Wirlack estaba postrado a los pies de Granger, mientras que esta estaba arrodillada, donde uno de sus brazos que había introducido en los barrote acariciaban con ternura la espalda del preso mientras le susurraba algo que no lograba escuchar, pero estaba seguro que eran palabras cálidas y afectuosas.
—¿Colaborará?
La chica se sobresaltó y miró a Lucius con un evidente temor.
Que patético era, la chica no tenía miedo de alguien tan loco como el homicida al que estaba acariciando pero si temía al hombre que tenía en frente. Desde luego que el mundo se estaba volviendo del revés.
—Si señor. —respondió la chica con suavidad.
Lucius dirigió su fría mirada hacia el preso que ahora estaba como un perro arrodillado con la cabeza tocando el suelo.
—Señor Wirlack, por favor tiene que levantarse. —pidió la chica con un tono amable.
El monstruo que estaba dentro de la celda se levantó con lentitud, manteniendo la cabeza agachada.
—¿Prometes que lo harás? —preguntó el recluso con un tono tan suave y cercano que cualquiera habría pensado que Granger y Wirlack eran padre e hija.
—Nunca rompo mis promesas.
El rubio no comprendía el extraño lenguaje que mantenían ellos dos. Esa forma de mirarse, el modo en que Forneus parecía venerarla como si fuera una criatura asombrosa.
—Hablaré, diré todo lo que quieran. —prometió levantando la cabeza.
El rubio se quedó realmente sorprendido al ver una expresión tan humana. Una mirada cálida, llena de cariño hacia la joven bruja que le miraba de la misma forma.
Granger dio unos pasos hacia atrás, sacó la varita e invocó dos sillas. Lo que era evidente que una sería para Malfoy y otra para ella.
Hermione se giró, y miró a los gélidos ojos grises de Lucius.
—¿Está preparado señor?
Lucius no medió palabra, y su única contestación fue una sonora exhalación no sin antes mirar a Hermione con hostilidad.
Malfoy invocó una pluma y un cuadernillo donde este escribiría por él.
Cuando la bruja vio que su jefe la miraba con exasperación esperando con impaciencia a que comenzara a hacer las preguntas, Hermione se adelantó casi atropellándose con sus propias palabras.
—Señor Wirlack, ¿comprende que ahora va a ser interrogado y que toda palabra que diga podrá ser usado en su contra?
—Si querida. —Respondió el recluso.
Hermione asintió y acercó su silla más cerca de las rejas, y a ojos de Malfoy, más de lo que debería.
—Colette era su esposa ¿verdad?
Toma batacazo de información.
Desde luego que Granger no se andaba por las ramas. El propio Lucius se quedó por unos instantes aturdido, estupefacto.
"Antes de quedar inconsciente, el preso comenzó a murmurar el nombre de una mujer llamada Colette"
Granger había sabido desde un principio quién era esa tal Colette. Al menos hasta el punto de haber indagado hasta llegar a esa solución.
—Si, era mi mujer.
—Pero ella era muggle.
—Lo sé.
Si alguien se hubiera dado la vuelta para ver la expresión de Lucius, probablemente Rigel se habría partido de risa. Con los ojos abiertos de par en par mientras escuchaba con sorpresa, no solo las respuestas si no las preguntas y la ardua investigación que había echo la bruja.
—¿Cómo os conocisteis?
Wirlack sonrió al instante. Ya no eran esas sonrisa sádicas y siniestras, si no una sonrisa que había sido opacada por la tristeza y la melancolía.
—Era muy joven cuando la conocí, tendría veinte años para ese entonces; Cuando huía de los Aurores viajé en escoba sin un rumbo fijo. No te puedo asegurar el tiempo en el que estuve montado, pero puedo decirte con total seguridad que fueron días enteros... en cualquier caso, si recuerdo una noche muy lluviosa. Estaba agotado y mis reflejos eran pésimos. Un rayo impactó contra mi escoba y evidentemente la dejó destrozada —La expresión del mago se suavizó — caí de ella hundiéndome en un lago. Nadé todo lo que pude hasta la orilla y allí quedé inconsciente.
—¿Que ocurrió después?
Wirlack miró hacia el techo, como si tuviera la respuesta de la creación del universo.
—¿Después?… —Forneus sonrió —alguien me recogió y me curó todas mis heridas.
Hermione dejó que el preso dejara que hubiera un largo silencio entre ellos. Parecía que recordar esos momentos lograban tranquilizarlo.
—Era cálida… con ella el frío se alejaba. Mis manos ya no temblaban… ya no temblaban, con ella… con ella la casa se llenaba de luz.
La forma en que Wirlack hablaba de Colette era maravillosa. Era como si estuviera hablando del mismísimo paraíso. Como si él, hubiese sido testigo de las mayores maravillas que el ser humano podía contemplar, la mayor de las delicias.
—Colette siempre lograba tranquilizarme… era amable y cariñosa. —susurró para si mismo —la verdad, ella siempre me facilitó hacer pequeños conjuros. —admitió Wirlack.
—¿Porque lo dice?
El recluso la miró.
—Ella era ciega.
Hermione asintió comprendiendo los motivos por el que Wirlack podía realizar magia.
—¿Ella sabía que usted podía hacer magia?
—Al principio no. Pero más tarde lo fue descubriendo por sí sola.
—¿Recuerda como reaccionó?
—Si.
—¿Podría decirme cual fue su respuesta?
El preso se quedó pensativo para después soltar unas cuantas carcajadas.
—Parecía una niña pequeña, realmente estaba feliz de saber que yo podía hacer magia. Creí que se asustaría o que me llamaría engendro… pero no fue el caso. Se volcó hacia mí y trató de protegerme de cualquiera que me acusara de brujería. —relató con cariño sus recuerdos.
—¿Conocía sus crímenes antes de huir a Francia?
Un silencio atronador opacó toda la celda.
Malfoy se preocupó del tenso silencio que allanó el lugar. Pero por la expresión tranquila y pacifica de Hermione supo que de pasar algo grave, la chica habría sido la primera en hacérselo saber.
—Si… —admitió con suavidad— le revelé que en su momento fui un asesino, una fanático ideológico que masacró a familias enteras.
—¿Que hizo ella?
—Me perdonó.
Hermione asintió sin dejar de mirar con firmeza a los ojos de Wirlack.
—¿Tenía familiares que supieran de esto?
—¡Gracias a Merlín que no! —exclamó con alivio —No por nada preferí unirme a Grindelwald que seguir en ese infierno de casa.
La chica tragó con fuerza. Incluso ella presentía que lo que iba a escuchar no sería de su agrado. Que tan horrible tenía que ser su propia casa para que prefiriera unirse a alguien tan demente como Grindelwald con tal de huir de tu propia familia.
—¿Que problemas tenía en su familia?
El rostro de Forneus se endureció al instante. Pasando de una expresión de puro rencor.
—Mi madre era una sádica. Torturaba a mi padre y evidentemente su hijo no se salvaba.
La bruja apretó los dientes. Recordó los síntomas que la directora McGonagall la había enviado en ese momento. No era el padre como en un momento había creído. Si no su propia madre.
—Recuerdo que en el informe médico de Hogwarts usted dejó de tener hematomas.
El hombre asintió.
—Encontró una forma más divertida de hacerme daño.
—¿Usaba conjuros? ¿imperdonables?
Wirlack negó con calma.
—Ella me violaba.
A atmósfera del ambiente se volvió tensa, desgarradora. Era como si una horrible naturaleza les hubiera quitado el suspiro.
Hermione se quedó blanca, de la misma manera que Lucius perdió cualquier color de su cara. Por un lado, Malfoy no se quedó del todo sorprendido. Dentro de los círculos internos más enfermos sobre la pureza de sangre existían ese tipo de familias donde creían que para seguir manteniendo ese linaje familiar cometían incesto entre ellos. Sin embargo, a partir de la edad media se prohibió esa práctica tan enferma.
Pero por lo visto, se seguía manteniendo.
Hermione por su lado sintió que su estómago se partía en dos. Una extraña sensación de haber recibido un golpe invisible en el interior de sus entrañas. No lo comprendía, pero su corazón dolía en su pecho. Casi tanto como si pudiera sentir el dolor del preso.
¿Qué clase de martirio tuvo que soportar Wirlack durante todo ese tiempo? ¿que dolor tan atroz tuvo que sentir el joven Forneus cuando era tan niño? Cuando su mayor preocupación tenía que haber sido aprobar las asignaturas o alguna que otra pelea y no tener que esconderse de su propia madre.
Granger giró la cabeza y miró a los ojos de Lucius y solo por esa vez, por esa única vez mantuvieron la misma mirada barnizada en horror.
Por esa vez, se miraron como iguales.
—Lo lamento —fue todo lo que pudo decir la bruja con un nudo en su garganta.
—Pasó hace mucho tiempo preciosa, no es algo de lo debas de sentir lástima. —trató de consolar el preso mirándola con cariño.
La chica quiso asentir con la cabeza, al menos tratar de decirle algo.
Pero no pudo.
Simplemente no pudo hacerlo.
Sus propias palabras se ahogaban en su garganta.
La Gryffindor bajó la cabeza, sintiendo con horror el calvario que Wirlack tuvo que pasar. No lo entendía, no comprendía por que la afectaba tanto un revelación como esa. Pero… realmente era imposible para ella tratar de ignorar un sufrimiento tan atroz como una violación.
—¿Por eso te uniste a las filas de Grindelwald? —preguntó Hermione luchando con ferocidad contra sus propias emociones.
—Si, necesitaba encontrar consuelo en algo. En mi caso fue la violencia contra los muggles.
¿Y quién podría culparlo? ¿quién podría hacerlo?
Era de esas incómodas veces en las que Hermione se daba cuenta de lo gris que podía ser la realidad. De que, realmente los monstruos no nacen, se hacen.
¿Cómo lo hizo Wirlack? ¿cómo lo hizo para superar ese dolor? Hablar de algo tan horrible como eso con esa calma. Como si realmente, eso ya no le pudiera afectar.
—No estoy del todo seguro de como se llamaba, creo que en vuestro mundo lo nombrabais… estrés postraumático ¿me equivoco?
Granger negó.
—T.E.P.T, esas son sus siglas, al menos en el mi mundo.
—Si, creo recordar que Colette lo mencionó alguna vez. —farfulló con gravedad —al principio, cuando vivía con ella, solía tener fuertes alucinaciones con mi madre. La veía en el pasillo, a lo lejos de los jardines. Otras veces me hablaba, me decía cosas horribles y otras… simplemente me recordaba lo mucho que disfrutaba cuando estaba en su cama. —admitió con franqueza.— mis manos temblaban, y empezaba a tener mucho frío. Oh si, de algún modo un horrible frío se colaba en mis huesos —Wirlack clavó su mirada en Lucius, una mirada, muy, muy significativa. Apenas fueron unos segundos, puede que ni eso. Pero el mensaje había sido muy claro. —me iba consumiendo, me devoraba… era peor que un dementor. El espectro de mi madre iba destruyendo cada recuerdo feliz que tenía. Cada momento en que podía tener un poco de calor, ella aparecía para arrebatármelo.
Las palabras de aquel hombre quedaron internados en lo más profundo de la mente de Hermione. Cada palabra dicha, cada relato, el tono con el que lo decía. todo el sufrimiento, esa imperturbable calma.
El caso en que la bruja estaba trabajando estaba siendo más duro de lo que alguna vez habría podido creer. Realmente la estaba consumiendo, realmente la estaba afectando.
Y eso se reflejaba en su rostro.
—Es suficientemente por hoy.
Granger se quedó sorprendida al escuchar la voz de Malfoy.
¿Porque había parado el interrogatorio? ¿porque Malfoy mantenía una expresión tan seria en ese momento? Más de la que solía tener. ¿porque miraba a Hermione como si fuera a recibir el peor de los tormentos?
La chica se levantó y lazó una mirada confusa al platinado.
—Pero señor, todavía no hemos terminado.
Lucius miró al preso que le devolvió como respuesta una lánguida sonrisa.
—Hemos terminado —el mago la miró con dureza —¿o es que está en su naturaleza replicar a todo el mundo?
La bruja entrecerró los ojos, pero calló de inmediato asintiendo con suavidad.
—Volveremos a interrogarlo mañana señor Wirlack. —dijo Hermione girándose para mirar con cariño al preso.
El mago sonrió y se limitó a entregarla una suave cabezada de a modo de reverencia.
—Esperaré pacientemente.
Lucius quería vomitar al ver esa ridícula escena. Quería arrancar la piel de aquel maldito preso, arrancárle la piel en diez mil tiras. ¡Cómo se atrevía a mirarlo de esa forma! ¡cómo se atrevía tan siquiera de pensar que ellos dos podían llegar a tener algo en común! ¡cómo se atrevía a tratar de igualarlo!… ¿que había echo para llegar a tener esa calma en sus palabras? ¿porque Forneus había podido avanzar sin que sus tormentos lo matasen?
¿Cómo lo había echo?
El platinado lanzó un suave toque con su varita haciendo que la pluma y el papiro desaparecieran en el aire y esperó a que Granger se fuera con él en el ascensor que les llevaría directos al décimo piso, al que les correspondían.
Cuando los dos entraron, el rubio creyó que la chica pondría mala cara, o al menos una expresión de disconformidad. Pero no fue el caso, al menos ese día no lo era.
La bruja mantenía una expresión afligida sin contar con la repentina palidez que había adquirido. Probablemente estuviera más concentrada en recordar las palabras del preso que en recordar con quién se encontraba en esos momentos.
Cuando llegaron al piso, el mago echó un vistazo a Granger.
Realmente lo estaba pasando mal.
—Si se siente mejor, tiene el baño para vomitar.
La bruja fue incapaz de mirarlo, cerrando los ojos con fuerza tratando de aguantar las náuseas tapándose la boca con la mano, corrió al lavabo de mujeres.
Por alguna razón, Lucius la esperó.
Se apoyó en la pared y se quedó.
¿Porque lo estaba haciendo? ¿porque estaba malgastando su tiempo en esperar a un sangresucia como ella? ¿porque simplemente no se iba por su camino? ¿porque había accedido a esperarla?
Por que la entendía.
Por esa sencilla razón.
Por que se habían mirado con el mismo brillo de horror en sus ojos.
Por eso.
Cuando la puerta del baño de mujeres se abrió, pudo ver el rostro de Granger con algo más de color. No es que ella estuviera cuidando bien de su salud pero… el semblante pálido y abatido desaparecieron.
—Debo de terminar el informe señor Malfoy. —dijo Hermione mientras se frotaba el puente de su nariz.
—Váyase a casa y descanse.
—Pero…
—No está en condiciones de trabajar hoy. Más que quitar trabajo lo único que daría sería más problemas.
Granger alzó la cabeza y lo miró con serenidad. Era curioso el lenguaje oculto de los Malfoy, su extraña forma de decirla que era mejor que no estuviera, que comprendía que estuviera cansada. La bruja entendió sus palabras ocultas.
Su rostro era suave, era tranquilo, sereno. Malfoy no tenía esa expresión de odio hacia la chica, si no que había cambiado. Aunque fuera una mirada dura y fría. Había un halo de comprensión en ellos.
Por ello, Hermione dejó que naciera una débil sonrisa.
—Gracias señor.
Nota del Autor
Si, no estáis en ningún sueño. Esto es real. Sip. E subido dos capítulos en una semana.
¿A que mola eh?
Supongo que esto a sido un capítulo… intenso ¿no? Espero que así lo haya sido.
Varias cosas que quiero escribir.
Al principio de crear a Forneus me costó mucho pensar sobre sus inicios como psicópata, de cómo pudo convertirse en semejante mosntruo. Desde luego que era evidente que tenía que recurrir a los patrones familiares. Así que por un instante pensé en recurrir a la clásica historia de un padre maltratador.
Pero a mi no me convencía.
Sabía desde el principio que antes sobre escribir sobre Wirlack, este personaje había sufrido tormentos inimaginables. Por lo que me basé en un caso que, muy a mi pesar me fue muy cercano. Un chico fue abusado sexualmente por su profesora ¡nadie le creyó! Todos le llamaban pajero, le insultaban y le decían que una mujer no podía violar.
A mi me tocó con once años, no llegó a la agresión sexual pero… fue duro, realmente me dejó destrozada.
Ese chico que conocí no dejaba ni que su propia madre le tocara, porque la tenía verdadero terror.
Y yo sabía que lo que decía era cierto, por que yo también tuve esas reacciones. Quería arrancarme la piel porque quería quitarme esa suciedad.
¿Que triste no?
Esa impotencia de que nadie te cree, de que te insultan y te humillan como si no valieras nada.
Por eso no quiero ver ni un solo comentario de alguien que se ría sobre esto, lo digo por que lo borraré.
En fin, ya termino con este drama y vamos a la chicha.
Wirlack va a ser un verdadero dolor de culo para el pobre Lucius, va a putearlo tanto que hasta sentiréis pena por él. De todas maneras, ya está empezando a ver avaneces por aquí.
Como os imaginareis, Rigel está cociendo algo muy, muy, muy Heavy entre estos dos que dentro de poco sabreis.
Y ya terminé.
Saludos desde España y mil gracias por vuestros comentarios, (sobre todo a vosostras, Coco y Natalys)
