Dom x Dom
Me consentí un instante mandándome una bola de chocolate. Una gran cucharada directa a mi boca. Delicioso, joder, y me pregunto si la boquita dulce de mi minina tendrá este dulce sabor… Chocolate, durazno, fresa, no importa que sabor, estoy seguro de que me mantendrá adicto.
Sentado en una de las sillas del comedor con un gran tarro de helado de chocolate frente a mí. Y ahora uno se pregunta ¿acaso eso solo lo hace una mujer despechada? Pues déjame decir que no. También lo hace un hombre con la camisa abierta y con un hambre atroz de chocolate. ¡Lo siento! Soy un jodido adicto a este manjar marrón, lo sé. ¿Qué puedo hacer al respecto?
El bolsillo de mi pantalón empezó a vibrar. Mi celular. Metí mi mano y lo saque, tenía un mensaje, ignorando de quien rayos sea. Lo tire a la mesa con fastidio ¿Quién osaba interrumpir esta sagrada ceremonia? El chocolate es sagrado, y es aun más sagrado si esta frio. Mierda.
Mi celular volvió a vibrar y seguí ignorándolo.
- Joder – gruñí dándome cuenta de que el maldito celular no me dejaría en paz hasta que lo cogiese y leyera el maldito mensaje.
Lo levante y observe, tres mensajes. Precioso, voy a matar a alguien, lo juro, voy a matar alguien, metí otra cucharada de chocolate a mi boca y lo disfrute un segundo antes de leer lo que aparecía en mi pantalla.
"Minina ¿Eh? Eres un pilluelo, no me contaste que estabas coqueteando con ella antes de que yo llegara, me hubieras enviando un mensaje, que tanto te costaba"
Miroku. El sabe que a las tres de la tarde de un feriado yo tengo mi famosa y especial ceremonia del chocolate. Bendito día del trabajo. Seguro se le olvido que nos acabamos de ver esta mañana y conocí a su sumisa. Suertudo tremendo que es. Voy a matarlo.
"¿Cómo sabes que la llamo minina?" envié el mensaje y espere una respuesta con el delicioso manjar derritiéndose en mi boca. Chocolate de los dioses. No imagino a un humano creando algo tan delicioso, definitivamente es creación de los dioses. Seguro del dios Eros, un bebe en pañales necesita dulces y se lo creo basado en cacao. Si, puedo morir por esto… y por Kagome.
"Ella me lo dijo. Hombre, conozco a Kagome desde hace meses, nada de lo que hagas quedara en secreto"
Mierda.
"Borra el numero de Kagome ahora o romperé tu celular" Envié para inmediatamente apagar el aparato de pantalla táctil y arrojarlo a la mesa otra vez. Abandonado y sin que me importe. Tome el gran pote de helado y camine por mi departamento hasta mi habitación.
Me tire en la cama abrazando mi delicioso y comprensivo pote de helado. Chocolate, sincero chocolate… ¿Debo llamar a Kagome?
Nada.
- Estoy loco
Sinceramente a veces yo mismo estoy dispuesto a correr a un manicomio debido a mi manía de hablar solo, o con mi pote de helado. El cual cada vez que yo abra la refrigeradora siempre estará ahí para mí. Cada día lo abastezco.
Trabajo como presidente de finanzas en una empresa de modas. La idea es que tengo un sueldo fijo con una cantidad favorable que paga todo lo que necesito y tengo más de sobra para gastarlo en lo que yo quiera.
Tengo un departamento pequeño y mis necesidades son básicas. Un techo donde dormir, alimentos, agua y luz. Vestimenta y el dinero faltante invertido en helado de chocolate. Es perfecto. Ahora… ¿Debo llamar a Kagome? Lo pienso un momento, tal vez, solo tal vez, si, deba llamarla. Joder, quiero escuchar su voz. Abrazo mi pote más fuerte, estaba tan frio.
Gruñí. Voy a llamarla. Me levante de la cama y dejando el helado en la mesita de noche, salí hasta el comedor donde estaba mi apagado celular. Regrese a mi habitación con la maquina en mi mano y prendiéndose después de apretar el botón.
Ningún mensaje. Ja, muy inteligente de parte de Miroku. Marque el numero de Kagome y empezó el tono. Espere y ensaye como contestaría.
- Hola. Soy Inuyasha ¿Kagome? Jaja, pensé que era el número de mi hermano, por cierto ¿Qué estás haciendo?
No.
- Hola. Aquí Inuyasha Taisho. ¿Kagome, eres tú? Que coincidencia, ¿no me has llamado por error?
Definitivamente no.
- Hola, soy Inuyasha. Hey, Kagome ¿Qué haces? …¿Qué porque te llame? Pues tenía curiosidad de lo que hacías… ¿Qué debo tener una razón? Lo que te he dicho no es suficiente…
Mierda. Colgué inmediatamente.
¿Qué? ¡Los hombres de treinta años también tenemos inseguridades!
Suspire, deje el celular en la mesita de noche y tome el helado en cambio. Me engullí una enorme cucharada de chocolate. Me sentí algo despechado y miserable. Tengo treinta años, soy un dominador y soy rudo. Amante del chocolate pero… ¡el chocolate también es rudo!
El tiempo pasa y te conozco mas, ahora se bien lo que buscando estas
Y aunque yo busco lo mismo, cada día has ido atrayéndome
Tome mi celular con mi ringtone muy gay. Y apreté el botoncito verde.
- ¿Hola?
- Hey Inuyasha
Joder. Es Kagome.
- ¿Kagome? ¿Qué pasa?
- ¿Mm? Nada. Lo que pasa es mi celular registro una llamada tuya de hace unos minutos. ¿Necesitas algo? – gemí, olvide el maldito registro de llamadas. Y lo peor es que ella tiene mi número, sabía que era una llamada perdida mía e inmediatamente me llamo. Joder, tio, esto es vergonzoso ¿ahora qué le voy a decir?
Tranquilidad. Eres un hombre maduro que está entrando a sus treinta. Ya no estás con el bendito numero dos delante. Ahora será el tres. Ahora, mantén una conversación decente.
- Ah, sí, lo siento te había llamado por error, quería conversar con mi hermano
¡Maldita sea! ¿Qué te cuesta decirle que querías oír su voz? ¡Tímido de m…!
- ¿Si? Guau, me siento tan tonta, por un instante pensé que me llamabas por el simple hecho de conversar un rato conmigo
- …
Esto ya no tiene ningún sentido, mierda, si, solo quería oír tu voz Kagome, quería conversar contigo y embriagarme del tono que utilizas.
Pero no le voy a decir eso. Es penoso.
- ¿Si? Es verdad, quería preguntarte si a Miroku le dijiste lo de… cuando te dije minina
- ¿A Miroku? ¡Por dios, no! Se lo mencione a su sumisa, Sango ¿la conoces?
- ¿Sango? Si, Miroku me la presento hoy en la mañana
- Jaja, bueno, déjame aclararte que Sango es mi mejor amiga, estudiamos juntas la universidad. Aparte de que jugamos con los roles de D/s Nos llevamos muy bien. Miroku y ella se conocieron gracias a mí.
- Miroku dijo que fue el internet
- Oh, claro, se conocían vía internet, pero fue conmigo que se vieron cara a cara
- ¿Eh? Ahora resulta que eres una pequeña Cupido
- Jaja, ya quisiera yo tener ese crédito, al instante que se vieron no quisieron separarse ni por un segundo. Seguro junto a esos dos, yo tenía cara de violinista.
Reí un rato, conversamos durante horas, y el tiempo se paso volando. Entrada la noche ella me dio las buenas noches y nos despedimos definitivamente.
No sin antes quedar en el café Lou para el desayuno. Solo nosotros dos.
Deje mi celular en la mesita y cogí mi helado que había quedado abandonado al lado mío. Tome la cuchara y mire dentro del pote. Derretido, el chocolate ya no parecía helado, parecía chocolate líquido. Oh, genial, mi hermoso manjar esta arruinado. Pero no importa, tengo un desayuno con Kagome para mañana. Y la verdad es que es momento de decirle mis intenciones con ella.
Sonreí. Mi preciosa gatita, su euforia inquebrantable va a romperse, lo sé. Y cuando eso suceda la hare mi mujer. Reí, será interesante tener una minina ronroneando en mi cama.
