Dom x Dom

Apoye mi espalda en el respaldar del sillón del café Lou. Suspire. Es ridículo, llevo una semana completa después de aquel bendito mensaje cuando comía helado que desayuno con Kagome. Y no le he dicho nada. Absolutamente nada de mis intenciones con ella. Tengo treinta soy un maldito Dom y la tengo parada como un poste por ella, pero ella no se entera ¿Por qué? Porque no le he dicho nada.

Y es tan probable de que pase otra semana si no me armo de valor y se lo diga. Porque no es posible que esto siga así, en la misma situación, viendo como ella se va feliz de la vida cada mañana al terminar de desayunar.

No puedo negar que las mañanas siempre son agradables pues la primera persona que veo es a ella y eso me alegra pero de ahí a que no pueda ejercer mis derechos, derechos que fueron impuestos por mí mismo y ella no sabe, cabe aclarar.

No puedo besarla en los labios, no puedo tomarla de la mano en público, no puedo presumir que estoy con la cosita más hermosa del país. Y lo peor de todo es que no puedo comérmela o flagelarla. Sigue excitándome imaginarla bajo mis brazos rogando por mi fusa, y por supuesto rogándome que la haga llegar a su placer máximo. Mierda, si no se lo digo hoy me tirare por la ventana.

- ¡Inu!

- Kagome, buenos días

- Viniste temprano, me demore debido a Kikyo, ayer vino a mi casa y pasamos horas y horas conversando. Acaba de terminar con Kouga, no sabes… lo feliz que me hizo saber esa información de parte de ella. Si ambos seguían juntos poniendo en práctica el 24/7 no podría ver nunca a mi hermana, y necesito a esa ángel – ella suspiro con pereza y se apoyo totalmente contra la pared – Kouga tendrá sus testículos un poco mas

Ambos reímos.

Necesito decírselo y ahora mismo.

- ¿Qué pediremos hoy? Hemos venido y comido prácticamente todo. Me falta ese de lúcuma.

- Y a mí me gustaría probar esa torta de chocolate con chispas – mencione.

- ¡Ey! Esa es la que probé la primera vez que vine aquí ¿recuerdas? Y tú pediste…

- La de lúcuma

Ella rio.

- Intercambiamos ¿ah?

Cuando nuestros postres llegaron junto a nuestros cafés. Mire con detenimiento sus movimientos. Elegantes, precisos y con seguridad. Sin poder evitarlo la compare con una sumisa.

Una sumisa, como lo era su hermana definitivamente actuaria de forma diferente, siempre andaría con la cabeza baja, comería con inseguridad casi como esperando que alguien la reprendiera. Aparte de solo comer, en todos los aspectos. Kagome es elegante, una mujer bien puesta en el suelo, sabe lo que quiere y no lo niega, es divertida y puede comportarse como mejor le parezca. Una sumisa actuaria acorde a su amo, por supuesto hay sumisas que se sienten realizadas actuando así. Pero de todas maneras hay prácticamente una unión, una conexión que siempre fijara la palabra amo quien dominara la relación y a la sumisa quien tendrá que acatar.

Kagome. No puedo verla como una sumisa en todos los aspectos, su espíritu es demasiado vivo, capaz en lo sexual pero no completamente. Yo lo siento, y tengo el presentimiento de que nuestros gustos se voltearan en nuestra contra.

Pero aun así…

Quiero estar con ella, ver las cosas a su modo, despertar con ella a mi lado, conocer cada tramo de su cuerpo con mis manos y mis labios. Quiero desayunar, almorzar y cenar con Kagome sonriendo frente a mí. Quiero degustar su sazón, e incluso quiero sentirla encima de mí dominándome.

No puedo con esto.

- Ah, el lúcuma es delicioso pero ¿sabes? Sigo prefiriendo el chocolate, es el manjar de los dioses

Voltee mi rostro para verla, la comisura de su boca estaba manchada, sentí un escalofrió. Bendita mancha, por fin las cosas se volteaban a mi favor.

Me acerque y antes de que ella dirigiera la cuchara hacia su boca, yo lamí la mancha en sus labios. Fue delicioso y de alguna manera, muy erótico. Para cuando me separe ella me miraba con una expresión realmente confundida, como tratando de explicar mi comportamiento. Hasta que finalmente se sonrojo y bajo la cuchara que durante todo el rato se mantuvo alzada.

Yo solamente sonreí para luego acercarme a sus labios rojos. Tan solo había probado la comisura pero me supo a gloria, magnificencia. Me sentí eufórico por poder acercar mis labios a los suyos y que hasta ahora ella no opuso resistencia, cuando nos rozamos sentí un escalofrió, fue delicioso y supe en ese preciso instante que no podría parar.

Era el comienzo.

La bese. Moví mis labios sobre los suyos buscando su calor, su comprensión. Su aceptación. Cuando ella se aferro dulcemente a mi cuello con sus manos casi me deshice. Nos besamos, no se por ella pero yo lo hice con todo lo que tenia tratando de mostrar todos mis sentimientos.

Cuando nos separamos, ella me miro tímidamente y tuve el raro impulso de cargarla en mis brazos e ir hacia mi departamento donde probablemente le haría el amor hasta quedar agotados. Suspire, muy bien, había logrado su atención ¿y ahora qué?

- Tu…

Acaricie su mejilla y ella entrecerró sus ojos.

- Me gustas Kagome. Realmente me gustas mucho.

Ella sostuvo mi mano en su mejilla y me miro muy sonrojada e impresionada.

- Pensé… pensé que era la única que veía sentimientos de por medio. Es… tan confuso

No pude evitar sonreír, las cosas estaban mejorando.

- Quiero que nos conozcamos más, y quizás en futuro seamos…

- Algo mas – acabo ella y otra vez la maldita sonrisa se instalo en mi rostro. ¿Qué podía hacer? Estoy tan increíblemente enamorado de ella. De Kagome.

De una Dom.

Y lo recordé. Por supuesto, ella era una Dom, y habría aspectos en los que estaríamos en desacuerdo. Pero… toda pareja tenía sus altos y bajos, lo superaremos, y caída la noche, la hare mía hasta que nunca pueda olvidarse de mí.

Ambos salimos del café Lou y después de un beso de despedida, uno en los labios recalcando, subimos a nuestros respectivos autos, el de ella había sobrevivido después de una merecida semana en reparaciones. Era un auto descapotable negro como el ébano. El cual desconocía la marca.

Conduje hasta M&M Corp. Donde trabajo actualmente como presidente de finanzas. Salude a la recepcionista y subí al ascensor como de costumbre. Pero con otros pensamientos aparte del trabajo. Kagome, y sus labios. Solo Kagome y nadie más que ella.

Llegue a mi oficina y caí en mi asiento afelpado detrás del escritorio. Alguien toco la puerta.

- Buenos días señor – entro mi secretaria Ayame, una joven muy lujuriosa pero eficiente – La agenda de hoy indica que tiene una reunión al mediodía donde mostrara los balances de la empresa, el gerente espera una buena exposición por parte de usted – menciono Ayame pausadamente y con el lapicero muy cerca de su boca en un gesto seductor y que por alguna razón ya no causaba efectos en mi, solo veía a Kagome.

El gerente. Suspire. El gerente era mi hermano mayor Sesshomaru, yo estoy en el proceso de subir escala a escala como cualquier otro trabajador tal cual lo hizo él en sus inicios. Con cuarenta encima Sesshomaru ya tiene una familia estable y un trabajo fijo, debido a su hija el tendrá su jubilación dentro de un par de años más para dedicarse enteramente a su familia.

Y debido a eso yo asumiré la gerencia general cuando eso suceda, mientras tanto trabajo tal cual me encuentro. Pero… solo quiero acostarme y pensar en Kagome y solo en ella hasta que nos volvamos a ver.

- ¿Señor? Se le nota cansado ¿Desea un café?

- No, gracias. Acabo de tomarme uno en el desayuno.

Y hablando de desayuno… ¡Kagome! Mierda. Esa mujer ha clavado un hechizo en mí. Definitivamente eso es, mi gatita me ha embrujado.