"No confíes tu secreto ni al más íntimo amigo; no podrías pedirle discreción si tú mismo no la has tenido."
Ludwig van Beethoven
.
Capítulo 12: Secretos y disculpas.
Eran las cuatro de la mañana y Hermione sonreía de oreja a oreja mientras jugaba con patitos de goma amarillos que flotaban en la espuma de la bañera. Haberlos comprado con anticipación después del duro día que había tenido había sido una gran idea. Las sales espumosas de color rosado y el ligero aroma de lavanda hacía que Hermione se preguntara si no estaba ya en el paraíso. El agua, que estaba medio hirviendo, aunque no era precisamente lo más recomendable, hacía que la bruja sintiera un enorme disfrute de su sagrado ritual de baño. Algo que supo apreciar mucho más tras la búsqueda de los horrocrux con Harry, donde la limpieza brillaba por su ausencia.
La bruja apoyó su cabeza en el borde de la bañera mientras que con su varita, movió la muñeca en un acto de pereza e hizo levitar una pequeña bandeja de mimbre donde se hallaban varias cartas.
Hacía ya tiempo que se dejó de ilusionar por ver el nombre de Ronald Weasley. Dejar de creer que recibiría alguna carta suya. No comprendía que había echo mal, que era en lo que había fallado. Pero por mucho esfuerzo y cariño que escribiera en sus cartas jamás logró recibir ningún tipo de respuesta.
Y eso dolía.
Sin embargo, si hay algo en que Hermione siempre se caracterizó; fue de tener la asombrosa capacidad de mantener la mente fría en el momento adecuado. No es que estuvieran corriendo peligro, pero si estaba comprometida en algo muy, muy importate. Un caso donde ella no podía darse el lujo de dejar que sus problemas personales la afectaran más de lo debido.
Hermione, hechizó las cartas haciendo que se abriera en el aire sin permitir que el agua llegara a tocarla.
Era de Harry. La escribía preguntándola como la iba en París, si el trabajo iba bien, si acaso había tenido algún problema.
La Gryffindor no pudo evitar sentir un pinchazo de culpabilidad al haber ocultado a su fiel amigo que Lucius Malfoy era su actual jefe. Pero por un lado no quería preocuparlo, mientras que por otro… ya había esperado demasiado a la inexistente respuesta del pelirrojo. Por lo que era estúpido creer que llegaría a recibir alguna carta.
Hermione leyó otras cartas que había recibido. Neville, Luna, George (donde le revelaba que su novia era el sujeto principal de todas sus bromas) Ginny, que la explicaba lo bien que la estaba hiendo en el Quidditch en el grupo de las Arpías y lo cerca que estaba de ser seleccionada para la mundial. En definitiva, buenas noticias de todas las maneras posibles.
La bruja sonrió con cierta nostalgia. Quería decirles a todos que la iba muy bien, que todo eran buenas noticias… pero de hacerlo, estaría mintiendo descaradamente. El hecho de tener a Lucius Malfoy como jefe no era algo de lo que pudiera alegrarse, y las situaciones incómodas que tenía que aguantar cuando trabajaba no era plato de buen gusto. Muchas veces sentía que se desvanecía, que estaba tan cansada que necesitaba dormir sin sobresaltos. Sin tener pesadillas de la mansión Malfoy con Bellatrix escuchando su espantosa risa. Sin esos malditos ojos grises que la miraban como si pudieran desvelar sin tapujo alguno todas y cada una de sus inseguridades.
Hermione tragó con amargura. No quería pensar en eso, no quería admitir que realmente la estaba afectando más de lo que creía el trabajo que había aceptado.
Wirlack, Narro, Malfoy… esa vomitiva hipocresía del ministerio de Londres que habían tenido el descaro de hacerse los justicieros en un hombre (relativamente) inocente que no había pintado nada en los crímenes de Voldemort.
¡Cuanta falsedad!
Entre enfados e indignación la bruja poco a poco fue quedándose dormida en la tina de agua. Hasta el punto de llegar a olvidar que tenía que trabajar dentro de un par de horas.
.
…
.
Lucius observaba en su reloj de bolsillo la tardanza de la chica. Llegaba más de media hora tarde. Poco usual en alguien tan diligente como lo era Granger. Tampoco había que darle más vueltas de las que debía. Simplemente iba ser la primera vez que la bruja llegaría tarde al trabajo, nada más.
Sin embargo, eso no significaba que eso no fuera algo de lo que uno debiera inquietarse
—¿No va a venir Hermione? —preguntó Wirlack apoyándose en los barrotes.
Lucius miró el pequeño cubículo en que estaba metido Wirlack con desprecio.
—Eso no le incumbe Wirlack. —respondió con desdén.
El preso se limitó a sonreír con crueldad, advirtiendo con antelación al platinado que se volvería en un dolor de cabeza sin presencia de la joven bruja.
—¿No me incumbe? —ronroneó con malicia —Le recuerdo que ella es la principal persona que me ayudará a salir de la cárcel
¡Diablos! Sabía que las palabras de Wirlack valían su peso en oro, y que su respuesta había sido más que mordaz. ¿Cómo olvidar que solo hablaba cuando Granger estaba presente?
Y como no estaba… quizás, podría sacar cierto partido a la situación.
—Hay una duda que no para de surgir en mi cabeza, no puedo evitar pensar en algo que tiene demasiadas lagunas.
—No sabía que tuviera la capacidad suficiente para pensar —el preso se encogió de hombros —este tipo de milagros no se ven todos los días.
Malfoy sonrió de lado, dudaba que después de su reciente "descubrimiento" la risa burlona de Wirlack desaparecería.
—Muy gracioso por tu parte, sin embargo Granger tiene… cierta peculiaridad ¿no cree?
Tal como predijo, la sonrisa de insuficiencia desapareció del rostro del preso pasando a una mirada amenazadora. Sin embargo, él, siguió callado, prestando por primera vez atención a las palabras del rubio. Eso si, creando en el ambiente una atmósfera pesada e insoportable.
—Me parece curioso que fuera ella quien desvelara donde se podría encontrar los cadáveres, desvelando tu naturaleza… macabra. —Lucius se acercó a las rejas del preso, sobrepasando la línea de seguridad —pero más sorpresa fue la que me llevé cuando vi que Narro hablaba de más cadáveres; muggles y magos por igual. Incluso yo, que no soy propenso a sorprenderme, me quedé desconcertado ante el poco interés de la señorita Granger ante esta inusual noticia. —Lucius inclinó ligeramente la cabeza hacia el preso —cualquiera diría que Granger sabe más de lo que aparenta.
Forneus trató de abalanzarse hacia el rubio, trató de estrangularlo con sus propias manos, alargando sus brazos de los barrotes. Pero Malfoy se había acercado hacia el recluso a sabiendas de su naturaleza impulsiva, y por ello, contaba con su predecible reacción.
Sin embargo, no estaba tan lejos de lo que debería.
—Ah, ah. Esta vez no Wirlack. —Lucius rió con mofa. En especial al ver las reacciones violentas del preso. No podía evitar compararlo con un animal retorciéndose en su propia rabia tratando de destrozar a la criatura infame que lo había reducido a un bestia entre rejas. —Entenderás, que ahora no estás en posición de burlarte de mi. No sería bueno para ella que decidiera investigar por mi propia cuenta lo que ella esta encubriendo ¿verdad?, porque la única que saldría perjudicada sería Granger… no tú.
De manera indirecta, Lucius le había advertido a Wirlack con cierto veneno que si trataba de hostigarle o burlarse de él de cualquier forma, no sería él quien lo pagaría si no Hermione. Del modo más sencillo que era limitarse a investigarla y era ahí donde la sorpresa se quedó impregnada en el rostro avejentado del prisionero.
Lucius estaba siendo permisivo.
Él ya sabía que Granger tenía algo entre manos, algo importante relacionado con él, con alguien a quien Lucius odiaba con cada fibra de su ser. Y a pesar de ello, a pesar de ser conocedor de un secreto tan jugoso y poder sacar tajada de ello, había optado por mirar hacia otro lado. Él sabía, y quizás de una manera no tan inconsciente, que Granger podría salir afectada de ese turbio asunto.
Pero la pregunta era.
¿Por qué alguien como Malfoy, quien odiaba a todos los sangresucias, los nacidos de muggles, a cualquier miembro que perteneciera a la orden del Fénix, haría la vista gorda en algo tan escandaloso como guardarse información de un asesino serial como lo era Wirlack?
Eso era lo que realmente le preocupaba a Forneus. Él conocía muy bien su naturaleza, se conocía a si mismo, su propio reflejo. Tanto sus lados más bellos como los más diabólicos y vomitivos, en resumen; conocía muy bien la naturaleza humana. Pero tener a alguien como Lucius sin hacer nada, pudiendo destruir la vida de aquella bruja a la que tanto detestaba… era lo que lo tenía desconcertado. ¿Por qué callarse? ¿por qué mirar hacia otro lado? ¿que era lo que pasaba por su pérfida y manipuladora mente para que decidiera quedarse en silencio? Sabiendo de que se trataba.
Sin embargo, esta vez fue el propio Malfoy el que quedó desconcertado cuando comenzó a escuchar una maligna risa que hasta al más valiente le habría erizado la piel.
—Oh, ¡Por Merlín! ¡eres muy divertido ratita!
Los dedos callosos del prisionero se enlazaron con los barrotes de hierro, dejando que parte de su peso lo soportara su propio cuerpo.
—Dime Malfoy, ¿que tal anda la puta de tu esposa? —preguntó con maldad ladeando la cabeza.
Sin previo aviso y con una rapidez que a muchos dejaría bizcos. El brazo de Forneus salió disparado, agarrando con fuerza el pelo del mago y acercándolo hacia el propio Wirlack.
El corazón de Lucius estaba a punto de salir desbocado de su pecho. Estaba en peligro, estaba en una posición en que la muerte no era ni siquiera la opción más cercana. Estaba en manos de uno de los mayores asesinos en serie que podía recordar. Estaba a su completa merced mientras que una fuerza bruta jalaba de su cabellera asegurándole que de tratar de zafarse le arrancaría el cuero cabelludo.
—No, Malfoy, hay una cosa que debes de aprender, y esa es de no jugar con fuego. —la mano de Wirlack aflojó el agarre dándole varios centímetros de libertad para luego volver a tirar con una fuerza animal hacia los barrotes dejando que un sonido metálico resonara por todo el pasillo— ¿Sabes? Me recuerdas en cierta manera a ese amo tuyo al que lamías los pies ¿como se llamaba? —le susurró al oído mientras sentía que el agarre se intensificaba —oh si, Voldemort recuerdo. Verás, ese niñato hizo exactamente lo mismo que tú, de maneras distintas por su puesto, en su su caso trató de amenazarme con que raptaría a mi esposa y la daría a los puercos de sus mortífagos como premio, ya sabes como una esclava sexual. Y una mujer ahí… si acaba entre un grupo de fanáticos mágicos… uff, acaban transformándose en un trozo de carne sin alma.
Wirlack volvió a repetir la misma acción. Aflojó el agarre para volver a estamparlo entre los barrotes.
—Hermione me preguntó una cosa antes de que tu patética presencia la turbara de su interrogatorio; "¿Qué fue lo que hiciste con Voldemort?" —la voz de Wirlack sonaba demasiado tranquila, parecía incluso que no le afectaba en absoluto lo que estaba haciendo— venga ratita, repite conmigo; "¿Qué fue lo que hiciste con Voldemort?"
Lucius trataba de liberarse como podía, trataba con creces de hacer un esfuerzo y desprenderse del bestial agarre de Forneus, pero cuanto más lo intentaba, más dolor sentía en la parte trasera de su cabeza. Por lo que no le quedaba otra que arrodillarse a las órdenes de ese demente.
—¿Q… qué f… fue lo que hiciste con… Voldemort?
Wirlack sonrió de lado.
—Verás, no fue difícil desarmarlo. Él muy imbécil creía que por no tener varita no podía realizar mis hechizos… —Forneus negó —ah, ah. Graso error, mi madre podía ser la mayor de las zorras, pero tuvo un momento de lucidez en enseñarme a realizar magia sin varita desde que era un niño. Y... ¡sorpresa! Tu amo estaba a mi merced. —parte del cabello blanquecino empezó a desprenderse de su cuero cabelludo de Lucius —imagínate mi sorpresa cuando vi que era inmortal, jamás olvidaré momentos tan gloriosos en mi vida. Pude torturarlo cuantas veces quisiera. No importaba que tan letal fuera el instrumento en que lo descuartizara. El puerco nunca moría. Pero sabes, eso no fue lo peor que le pudo suceder. Venga, ratita, repite otra vez conmigo; "¿que fue lo peor que le hiciste?"
Malfoy necesitaba pedir ayuda, necesitaba pedir auxilio. Pero de hacerlo presentía que lo único que lograría sería cavar su propia tumba.
—¿Q… qué fue l… lo peor que le hiciste? —escupió con rabia.
Wirlack volvió a hacer lo mismo. Aflojó para estamparlo y esta vez, con más fuerza.
—Mi familia tiene la peculiaridad de crear magia negra a unos grados demenciales sin salir afectado el usuario que la haya convocado. Dado que ese retrasado quiso dar a mi esposa como carne a la que follar… bueno, digamos que me dio una fantástica idea.
Lucius abrió los ojos de par en par. Horrorizado al escuchar las palabras del prisionero.
—Espera… ¿me estás diciendo que… que… que tu... tu?
El hombre rió con descaro, dejando que la piel del platinado se erizara en cada centímetro de su cuerpo mientras que una sensación nauseabunda se alojó en su cuerpo.
—Malfoy, Malfoy, Malfoy —ronroneó con una enfermiza ternura —¿por que clase de enfermo que tomas? No soy ningún zoofilico. —respondió como si estuviera ofendido. — yo me reproduzco con los de mi propia especie. Los cerdos, se reproducen con cerdos, los perros con los perros y los humanos con los humanos.
El corazón de Lucius volvió a latir con fuerza. El miedo empezó a recorrer por cada pared sanguínea del platinado, empezó a sentir verdadera repugnancia de las palabras del preso. Que diablos quería decir con que los cerdos se reproducen con los cerdos y los humanos con los humanos. ¿Por qué sentía un horrible escalofrío que sacudía con disimulo cada parte de su ser? ¿por qué sentía que no quería hacer más preguntas? ¿por qué empezaba a sentir que el vómito iba a llegar de un momento a otro por su laringe?
—Veamos Malfoy, comprobemos su nivel sobre los entes fantasmales.
Apretó, soltó y volvió a estamparlo contra los barrotes de hierro.
—¿Que ocurre si en una casa abandonada uno se encuentra un perro famélico que aulla por las noches como si lo estuvieran asesinando?
Malfoy se retorcía en las manos de Wirlack sintiendo que de un momento a otro tendría un infarto.
—Significa… significa que hubo un asesinato… un horrible asesinato para un rito… usando al perro como ofrenda… el perro es un recuerdo de ese asesinato… no tiene inteligencia.
—¡Muy bien ratita blanca! ¿que ocurre si en vez de un perro, es un enorme y asqueroso cerdo obeso que chilla como si lo estuvieran desollando?
Malfoy arqueó la espalda tratando de aliviar la presión de su cabeza.
—Un demonio… tiene inteligencia propia… se alimenta del miedo de una persona… consume sus emociones… los destruye.
Wirlack parecía muy alegre, tanto que aflojó ligeramente el doloroso agarre de la cabellera del rubio.
—¡Superb mon ami! Imaginate de manera hipotética que yo pudiera hablar no solo con ese cerdo, si no con cientos de entes más. Y yo les asegurara que tengo a un sujeto de interés, un sujeto del que pueden alimentarse tantas veces como quieran con el añadido de que es inmortal.
Los ojos grisáceos de Lucius fueron barnizados del horror y el asco más absoluto. Sintiendo como la repugnancia sepultaba cualquier emoción coherente. Enterrando cualquier rastro de alivio en su mirada.
—Imagínate, hipotéticamente, que esos demonios estaban imaginativos ese día; Tanto que lo confundieron con uno de su propia especie. —la voz de Wirlack se oscureció aún más, sonando aún más grave y peligrosa —hipotéticamente, se lo follaron durante unos cuantos meses sin parar, poco importaba el aspecto; Un engendro negro, un cerdo, un perro, un caballo… cualquier animal en pleno estado de putrefacción que se te ocurra —su aliento chocó contra la oreja de Malfoy —hipotéticamente, hubo un sujeto que estuvo observando cada uno de sus lamentos mientras se partía el culo de la risa por cada llorera que pegaba. ¿Que por que hice semejante acto de crueldad? —Wirlack aflojó algo más el agarre —digamos que esos demonios me advirtieron los actos atroces que cometería en un tiempo no muy lejano.
—¿De qué estás hablando? Es imposible que ellos predijeran el futuro.
—No Malfoy, te recuerdo que es de magia negra en su estado más puro de lo que hablamos. Su alma estaba podrida, no había vida en ella, no había compasión, no había misericordia. No tenía salvación…
La mirada de mago se ablandó.
—No había amor… —susurró de manera significativa pero sin dejar ese tono macabro— Así que, que menos que sacar partido de ello. Más aún cuando supe recabando en sus patéticos recuerdos el asesinato que perpetró a la tierna edad de dieciséis años contra una chica de origen muggle en el castillo —Las manos de Forneus comenzaron a ceder para darle la libertad que necesitaba Malfoy— no me gusta los traidores, cuando vi como culpaba a un pobre alumno amante de las bestias supe la clase de alimaña apestosa que era. Un simple gusano megalómano con aires de grandeza. ¿Y que era? Un asqueroso mestizo que estaba enfadado con el mundo por que la puta de su madre hechizó con una poción de amor a su papaito.
Wirlack soltó finalmente el pelo de Lucius liberándole finalmente de su dolorosa prisión.
Lucius dio unos pasos hacia atrás, sintiendo como una mezcla horrible de sensaciones subían y bajaban de su cabeza. De primeras el bestial agarre que había echo contra su cabello sintiendo un ardor que aumentaba de intensidad con el pasar del los segundos y luego… esa sensación nauseabunda de saber la verdad. Saber lo que ese… demonio que tenía delante había echo a la sabandija a la que siguió. No es que sintiera lástima pero… haber escuchado lo que Wirlack le hizo a Riddle, lo que hizo con esos demonios. Alguien que se suponía que era el mago más tenebroso había sido violado por órdenes de un monstruo peor que él, durante meses por demonios cuyas formas asustaban al propio miedo.
—Si vieras como lloraba suplicando para que pararan. —Wirlack alzó la cabeza hacia el techo y empezó a oler el aire, como si el pudiera tocar con sus manos el miedo que emanaba Lucius— ¿por que crees que jamás aceptó acostarse con algún ser humano? ¿por qué crees que tomó ese aspecto de alien barato de película de bajo presupuesto?
El cuerpo de Lucius se sacudió de los escalofríos que retumbaban por todo su sistema. El mago miró a esa cosa que se hacía llamar ser humano. A ese monstruo que tenía la piel de un hombre para pasar desapercibido entre la multitud. Un lobo, con la piel de un cordero.
—Estás loco.
Wirlack bajó la cabeza clavando su pútrida mirada en los ojos horrorizados de Lucius.
—¿Loco? ¿yo? —repitió con una voz aniñada— Solo protejo lo que más amo en este mundo. Solo cuido de aquellos que tienen mi absoluta devoción. —Wirlack escudriñó la expresión del platinado— Oh Malfoy, me recuerdas a mi cuando era gilipollas.
El mago negó asustado.
—¡Jamás me parecería a ti!
La desesperación de Lucius por tratar de negar algo tan diabólico como el echo de que alguien como Wirlack tratara de elevarlo a un retorcido escalafón de igualdad provocaba en el rubio que sus entrañas se sacudieran del asco.
—¿No? ¿por qué te mientes a ti mismo Malfoy? —Forneus negaba con la cabeza mientras disfrutaba como un sádico de la situación —¿acaso no ves a tu esposa fallecida a tu lado? ¿no sientes el frío que se cala en tus huesos de una manera atroz y horrible? ¿no sientes que eres incapaz de ser feliz? ¿de que tú mismo te has creado tu propio calvario? —el prisionero lo miró con una falsa empatía. —¿no sientes que la vida te está abandonando?
Las palabras de Wirlack atravesaban su mente con una arrolladora fuerza. Lo peor de todo es que era verdad, era innegable ese parecido que tenían entre ellos. Esas descripciones tan perversamente certeras, la detallada forma en que Wirlack describía con una fuerza de plomo ese "frío" del que nunca lograba desprenderse.
Los ojos de Lucius estaban barnizados por el miedo, por tratar, una vez más de ver ese reflejo que se negaba a ver. Esa precisa realidad que tanto le aterraba.
Tenía que defenderse de ese sujeto, tenía que tratar de protegerse de aquel monstruo.
—Les contaré al consejo de magos lo que has hecho.
—¿Contarles? —Forneus alzó una ceja con una expresión tan burlona que hacía que cualquiera sintiera rabia— ¿tú? ¿y que les dirás?; ¿que trataste de usar a una joven bruja como moneda de cambio? ¿que no ha cambiado en absoluto? ¿que un pobre, y desvalido anciano le atacó?—interrogó con voz infantil— Mmm Malfoy, sabía que era idiota pero no masoquista.
El tono de pura mofa que usaba el prisionero hacía que se revolviera en sus propias entrañas. Quería hundir sus manos en cuello de ese hombre, abrirle las entrañas y saciar los niveles de ira que estaban a punto de hacerle perder el control. Necesitaba sacarle de esas rejas y mutilarlo hasta reducirlo en una de sus propias víctimas.
Lo peor de todo, es que Forneus tenía razón. No podía decir nada. Porque quien saldría lastimado sería él, no Wirlack como en un momento pudo pensar. Si revelaba tan siquiera la charla que habían tenido, el mago malvado y horrible sería él; irónico. Cuando Lucius trataba de seguir adelante con toda la miseria que arrastraba consigo. ¿Y Wirlack? ¿que pasa con él? ¿acaso parecía tener problemas con sus crímenes?
Era evidente que no.
Como agua de mayo, escuchó a lo lejos la voz muy conocida. Y ¡demonios! jamás lo creyó que lo diría; pero se alegró de que Granger hubiese aparecido.
—No vuelva a amenazarme, no soy alguien quien deba tenerme de enemigo —le advirtió por última vez antes de que la chica de pelo indomable apareciera con el rostro rojizo de tanto correr.
—Siento llegar tarde, no me dí cuenta de la hora que era. —se disculpó la chica mientras jadeaba con fuerza apoyándose en sus rodillas con la esperanza de recuperar su aliento.
La chica llevaba una simple falda negra que la llegaba hasta las rodillas con un jersey rojo de cuello alto junto con unas botas negras y unas medias rojas.
El rubio ni siquiera pudo lanzarla una mirada de desprecio, o al menos de indiferencia, estaba más preocupado en las palabras que ese monstruo había escupido de su lengua. Por otro lado Wirlack la miró con cariño… oh, ese condenado animal cambió por completo de faceta; De ser un maldito demente que aterraría al mismísimo Satanás, se transformó en presencia de la joven bruja en un dulce y afectuoso hombre mayor que parecía no haber roto un plato en su vida.
Si tan solo ella supiera…
—Buenos días Wirlack, ¿cómo se encuentra? —preguntó Hermione con una radiante sonrisa.
Lucius lo notó, notó el especial mimo que tenía hacia ese hombre. El modo en que lo mirada, en que le regalaba esa cálida ya afectuosa mirada.
Aún sabiendo que era un asesino.
—Muy bien, esa ratita blanca que tienes como jefe hemos tenido una saludable charla.
¿Era broma? ¿iba a decirle de lo que habían hablado? ¿iba a desvelar el atroz crimen que cometió contra Voldemort? ¿lo haría?
—¿De que hablaron? —preguntó la bruja mirando por unos instantes a Malfoy y a Wirlack por igual.
—De que a veces, es mejor no tratar de forzar ciertos… asuntos ¿a que sí ratita?
Si las miradas matasen, Wirlack habría sido empalado vivo con ciento de hormigas carnívoras del amazonas. Sin embargo calló, no dijo nada.
—¿Donde diablos estaba? —preguntó con dureza a la chica.
—Lo siento, pero me quedé dormida —admitió con vergüenza.
El platinado renegó con la cabeza y se sentó en una silla que invocó con la varita haciendo que pareciera por igual una pequeña mesa, una pluma y un pergamino que escribiría a la par que Wirlack y Granger hablaban.
Hermione vio con cierta sorpresa el modo en que Malfoy se sobaba la cabeza, y ahora que se fijaba, parecía como si hubiese salido de una leonera.
Ya averiguaría que había pasado, aunque ya tenía ciertas sospechas, sobretodo cuando vio cierto brillo divertido en los ojos negros del preso.
Hermione le lanzó una mirada de advertencia al recluso provocando en él un sonrisa que se alzó sobre su rostro. Claramente su expresión decía algo como; "Deja de hacer bullying a todo lo que se mueve" era irremediable que cualquiera la confundiera con una madre fulminando con la mirada a su hijo travieso que había desobedecido.
Las preguntas para el interrogatorio no tardaron en aparecer. Y una vez más, Granger volvió a dejarlo atónito.
El interrogatorio se había reducido en que tipo de torturas usaba para sus víctimas o el modo en que los capturaba. Cómo lo hacía y donde los enterraba. Que hechizos usaba o que tipo de magia elemental usaba a su favor para evitar que lo rastrearan. Incluso si sentía algún tipo de emoción cada vez que los mataba.
¿Por qué ella hacía esas preguntas con tanta calma? ¿por qué parecía tan tranquila? ¿por qué esa expresión de sosiego absoluto? Como si ellos dos fueran amigos de toda la vida.
Eso lo molestaba, y mucho. Él no sabía que se traían entre manos, o el porqué Hermione tenía esa expresión de alegría cada vez que veía a ese animal.
Sabía que sus pensamientos iban más allá de la soberana estupidez, y que era un imbécil por molestarse por cosas como esas. Pero ver que esa chica miraba sin miedo a alguien tan oscuro y ruin como lo era Forneus, que había echo una auténtica carnicería con los suyos ¡muggles y magos! Un enfermo mental que se podía ver a leguas la locura inhumana que desprendía, era molesto. Era molesto por la sencilla razón de que a él, lo miraba con miedo, con ese temor que parecía estar persiguiéndola continuamente, sus ojos castaños barnizados en una densa capa de desconfianza… cuando él, no había cometido ni la mitad de los crueles crímenes de Wirlack. Era molesto ver que Granger parecía tener mayor cercanía con una bestia como esa, una alimaña sádica y sin escrúpulos que con alguien como él.
Sabía que no era ningún santo, que no era una buena persona. Pero al menos no se había cepillado la vida de casi quinientas personas.
Simplemente… se sentía como si el criminal fuera él y no Wirlack. Y eso le irritaba. En especial que fuera Granger quien le hacía sentirse de esa manera.
Que Granger despertara en él ese tipo de emociones miserables que lo desgastaban.
Quizás, solo quizás Wirlack tuviera más razón de la que a él le habría gustado admitir. Pero ese tipo de pensamientos sabía que tenía que guardarlos en lo más profundo de su cabeza. No quería que algo como eso saliera a la luz, no quería ver esos fragmentos cristalinos colarse bajo sus párpados y martirizarlo con verdades que el se negaba a aceptar.
Por miedo.
Por cobardía.
Por vergüenza.
Aquellos ojos grises que tanta frialdad desprendían se convirtieron en una mirada cansada. Una mirada que necesitaba dormir sin sobresaltos.
Lucius observó con detenimiento el perfil de la chica. Sus pómulos no eran muy marcados, ni tampoco tenía esos rasgos que te quitaban el aliento. Su melena era un nido de pájaros donde dudaba que lo que tenía en la cabeza pudiera llamarlo "pelo". En su rostro se podía ver a leguas la ingente cantidad de pecas que tenía. No eran muy notorias, casi invisibles, pero estaban ahí.
Y sin embargo… parecía… parecía de otro mundo.
Las horas pasaron con rapidez, más de lo que a él la habría gustado admitir. Era innegable que gracias a Granger y su extraño "poder" de hacer hablar a alguien como Wirlack les habían hecho dar pasos agigantados en el caso y eso era beneficioso para él, así podría librarse de él cuanto antes. Saber de su existencia le ponía enfermo.
Miró su reloj de bolsillo, poco faltaba para el toque de queda. Y teniendo en cuenta que faltaban dos horas para que todos los trabajadores se fueran a sus casas, ya era hora de que el interrogatorio se terminase.
Lucius puso fin a las preguntas.
—Muchas gracias señor Wirlack. —agradeció la bruja.
El hombre la sonrió con un profundo y sincero cariño.
—A ti por escucharme.
Cuando Lucius se dio la vuelta creyó que Hermione le seguiría, que caminaría detrás de él. Sin embargo, por un momento de lucidez se giró para ver como la chica le pasaba con un asombroso disimulo y rapidez una pequeña bola de papel arrugada. Y también vio, como Forneus parecía tratar de alargar el contacto que había echo con la joven bruja, el modo en que rozaba sus dedos arrugados con los suaves dedos de la Gryffindor. No daba la sensación de que fuera una relación secreta de amantes… si no más bien algo similar a una relación paternal.
¿Que. Diablos. Estaba. Pasando?
El platinado volvió la cabeza hacia delante. Haciéndose el tonto como si el no supiese nada. Lo cual era ridículo. ¡Él era el jefe! ¿por qué estaba mirando hacia otro lado mientras ahí había un aquelarre de secretos que se burlaban a sus espaldas? ¿por qué no podía simplemente enfrentarse a Granger y hacerla hablar de una maldita vez?
«No habló ni cuando Bellatrix la torturaba con un Crucio, cómo para hacerlo contigo»
Un pensamiento bastante certero a su parecer.
Malfoy escuchó los pasos de la chica detrás de su espalda. Fuera cual fuera el secreto que se traía entre manos, ya había sido guardado entre ellos dos… y encima a sus espaldas.
Esta vez, Lucius no la llevaría a la oficina, si no que la llevaría a su despacho, y recordarla una vez más que ella, no estaba en posición de tratar de esconder información. Más aún cuando se trataba de un criminal del calibre de Wirlack.
Ambos subieron en silencio en el ascensor. Lucius miró de reojo a la joven hechicera, que parecía más sumergida en sus pensamientos que en recordar con quién estaba compartiendo ascensor.
—¿Que fue lo que le entregó a Wirlack?
—¿Perdón?
Lucius miró con intransigencia a la chica.
—Vi que le dio una bola de papel arrugada a Wirlack, ¿que era?
La expresión de susto de la chica se transformó en alivio.
—Sé que sonará tonto, pero creí que sería bueno si el señor Wirlack tuviera un recuerdo del pueblo donde vivió.
Lucius enarcó una ceja.
—¿Del mismo lugar donde asesinó a toda esa gente?
Por la cara que puso la chica fue ligeramente cómica. Era evidente que por su expresión y por la palidez de su rostro no pareció haberlo pensado.
—Yo… yo… —las mejillas de la bruja se ruborizaron con violencia—A sido una soberana estupidez.
—Lo fue.
Sin embargo, sabía que había algo de gato encerrado en la respuesta de Hermione. Si así fuera, si fuera algo tan inocente como aseguraba la bruja, si fuera algo tan inofensivo como darle una simple foto de su pueblo.
¿Por qué demonios había tanto secretismo?
Lucius ya sabía que la chica si se lo proponía era prácticamente imposible hacerla hablar. Si ella quisiera, se lo diría, pero si se empeñaba en mantener sus labios sellados solo lograría un fuerte dolor de cabeza junto pura y cruda exasperación.
Las puertas del ascensor se abrieron y lo único que pudo ver Hermione fue una puerta de plata maciza donde había una inscripción en latín tallada a mano en una perfecta letra cursiva:
.
"Alere Flammam Veritatis" ("Alienta la flama de la verdad")
.
—¿Donde estamos? Este no es el piso doce.
Lucius no se molestó en mirarla, limitándose a salir primero del ascensor.
—Es mi despacho —respondió dándola la espalda.—usted y yo tenemos que hablar de…
—¡Por Merlín! ¡Está sangrando en la cabeza!
El platinado frunció el ceño y se tocó la parte trasera de su cráneo. Sintió algo húmedo y viscoso y al alejar su mano de la herida vio que en efecto, era sangre lo que fluía en su cabeza. Probablemente ninguno de los dos se hubiesen dado cuenta por el simple hecho de que había pasado demasiado tiempo como para percatarse de que Lucius tenía una buena herida en la cabeza.
Lucius ni siquiera había notado algo de dolor después de que Granger apareciera para hacerle las preguntas que ella necesitaba.
Lo que realmente era una sorpresa era que durante todas esas horas no se hubiera dado cuenta de que los golpes que Forneus le había propinado le habría acabado haciendo una pequeña laceración en la parte posterior de su cabeza.
—¿Quiere que llame a un medimago?
"¿tú? ¿y que les dirás?;"
"¿que trataste de usar a una joven bruja como moneda de cambio?"
"¿que no ha cambiado en absoluto?"
"¿que un pobre, y desvalido anciano le atacó?"
Lucius apretó los dientes. Ese maldito canalla tenía demasiado control en él. Tanto que ni siquiera podía revelar la "animosa charla" que habían tenido. Sobretodo cuando él solito se había buscado esa situación. Si él no hubiese sido tan imbécil ni arrogante en enfurecer a Wirlack nada de esto le estaría pasando.
—¡Ni se la ocurra! —bufó con enfado —ya me encargaré de solucionarlo.
—Señor, esa herida no tiene buena pinta.
Demonios, era persistente la chica.
—Granger, ya sé que va en contra de su naturaleza. Pero por una vez en su vida ¿podría hacer caso a lo que se la dice?
Lucius se giró para encarar a la joven bruja. Esperó una expresión altiva u orgullosa, una expresión arrogante o al menos lo suficientemente fatua para que el apodo de "señorita insufrible" hiciera honor a su persona.
Sin embargo, su expresión era contraria a lo que él podría haber llegado a pensar.
No era ni altanera, ni orgullosa. Todo lo contrario.
Era pacífica, con un halo de preocupación que desprendía en su rostro. Era serena y suave. La luz dorada del ascensor bañaba su rostro, perfilándola como si fuera una mujer digna de ver, casi incluso como un ser superior a la raza humana.
—No creo que sea buena idea dejar esa herida tal como está. —respondió con una abrumadora tranquilidad.
Su voz era suave y cálida. Y de algún modo, parecía ser un extraño calmante auditivo.
—Me lo curaré yo mismo señorita Granger.
Era casi cómico ver como Malfoy se comportaba de ese modo, como si tuviera miedo de ella. Como si ella fuera a hacerle daño de las formas más atroces y aberrantes posibles.
Hermione negó con la cabeza mientras se ponía de brazos cruzados.
—Señor Malfoy, por favor, déjeme llamar a alguien y que mire su herida.
—¡E dicho que no! —exclamó con furia —¿¡que parte de no llamar a nadie no entiende!?
Cualquiera que lo hubiera visto habría echado a correr. La expresión iracunda, junto con la fuerza de su voz no ayudaba mucho a que el ambiente fuera a llegar a calmarse.
Pero para alguien como Hermione no era algo de lo que tuviera que sentirse alarmada. De echo, ya tenía una levísima sospecha sobre el origen de esa herida.
—Wirlack le hizo esa herida.
No era una pregunta si no una afirmación.
Y el silencio del platinado fue toda la respuesta que necesitaba.
—¿Es por eso que no quiere llamar a nadie?
Otro aletargado silencio fue la contestación de su jefe.
—Entiendo sus motivos, pero no pienso irme de aquí hasta que esa herida esté medianamente curada. —La bruja, viendo que Lucius iba a responder, se adelantó —y por el amor de Circel, no se escude en un hechizo miserable y tan poco fiable como Calvarielocus.
Hermione tuvo que contener una risa cuando vio que Malfoy se mordía la lengua cuando era más que evidente que la chica ya se sabía sus intenciones.
Era tan irónico. Irónico que fuera precisamente esa chica quien se hubiese percatado de su herida, irónico que fuera ella quién tuviera la intención de quedarse hasta asegurarse de que él se encontraba en buen estado. Casi sentía que se estaban riendo de él cuando no había tenido problema en tratar de amenazar a Wirlack usando a la chica a su favor.
—¿Propone alguna idea mejor? —interrogó con sarcasmo.
—Déjeme curárselo.
—¿Está loca?
—O me deja curársela o llamo a Narro y todo un hospital mágico. —amenazó con autoridad.
Malfoy enarcó una ceja. Ni en mil años se habría esperado ver al cerebro del trío dorado riñéndole como a un niño por no obedecerla.
Podía maldecirla, mandarla al cuerno. Y más importante, podía usar sus secretismos a su favor.
Podía hacerlo.
Claro que podía.
Iba a negarse, a maldecirla. ¡Que se creía esa sangresucia! ¿que iba a permitir que ella le tocase? ¿a él? ¿un verdadero mago purasangre? ¿después de haberle destruido la vida? ¿ella, una asquerosa impura?
«Es una sangresucia»
"Los recuerdos que evocan su presencia"
«Es una sangresucia»
"Lo evito por que miedo."
«Es una sangresucia»
"Wirlack es cien mil veces mejor persona que usted"
«Es una sangresucia»
—Está bien.
La bruja parecía algo sorprendida de que Malfoy hubiese accedido con tanta facilidad. Sin embargo, le sonrió con calidez. La misma sonrisa que le daba a Wirlack.
Lucius la miró con atención. Su expresión era suave, estaba tranquila ante su presencia. No parecía tenerle miedo o al menos sin un mínimo rastro de resentimiento.
—Siéntese por favor.
El platinado accedió y se sentó en la primera silla que vio. Respiró con dificultad, sus pulmones lo comprimían demasiado. No estaba cómodo con la situación, quería huir, escapar de ese lugar.
Hermione comenzó a realizar hechizos de invocación donde transfiguró una lámpara en un botiquín muggle de primeros auxilios y por lo que vio, parecía más juguetes para cualquier hijo de una bruja que para el uso de curar.
«No seas idiota, te curaron en un maldito hospital muggle.» se recriminó a si mismo.
—Puede que esto le duela. —escuchó detrás de él la voz de Granger. —si quiere echarse hacia atrás está a tiempo.
Como si pudiera hacerlo.
—Hágalo de una vez.
Sabía que su tono de voz no era el más propicio, y que la chica no tenía ninguna culpa de su estupidez. Pero de algún modo, se sentía nervioso.
Hermione untó en el algodón una buena cantidad de oxígeno y trató de limpiar la herida de su cabeza, haciendo que Malfoy profiriera un fuerte quejido que rápidamente se transformó en silencio.
El mago se sorprendió de lo suave que estaba siendo Granger, del considerado cuidado que estaba teniendo con su herida. La limpiaba de vez en cuando para luego sentir una leve presión, segundos más tarde sentía un fuerte escozor que iba de arriba a bajo. Pero no era tan doloroso como el podría haber creído.
Hermione Granger trataba de curarlo de la manera más indolora posible.
Lo hacía con tacto, con suavidad. ¿Cómo era posible? ¿por qué, a pesar de sentir dolor se sentía tan bien?
Las yemas de los dedos de la impura se deslizaban con ternura en su cabello. Bailaban, provocando en Lucius una sensación placentera de suavidad y calidez. ¿tanto esmero estaba poniendo la chica en él?
Al mago le habría gustado no estar de espaldas para saber las expresiones que ponía la joven bruja.
Tampoco le importaba demasiado, la atmósfera era cómoda. Suave y ligera como una pluma y la incomodidad que en algún momento tuvo Lucius fue reemplazada por una paz y calma que hacía mucho que no sentía.
—Ya está.
«¿Tan rápido?»
Menos mal que no había dicho nada en voz alta.
—No era tan grave como había creído —dijo Hermione— era solo una herida superficial por lo que solo e tenido que limpiar la herida. Le e puesto un ungüento que ayudará a que cicatrice con mayor rapidez.
Lucius palpó la herida. Apenas notó un pequeño bulto que era más por la irritación de una herida abierta y previamente desinfectada que por el daño en si mismo.
—Trate de evitar tocárselo, podría abrir la herida.
La chica se alejó, y con la varita hizo desaparecer el botiquín.
—¿Quería decirme algo? —preguntó la chica.
—¿Perdón? —Lucius se giró hacia Granger mirándola sin comprender. —no e dicho nada.
—Antes de decirle que estaba sangrando, usted me había dicho que quería hablar conmigo ¿de qué se trata?
La mente de Lucius rápidamente le llevó al ascensor, y por ende la ideas iniciales que había tenido de atosigar a la chica. Podía atormentarla, podía hacerla daño, podía martirizarla y destruir su trabajo.
Podía…
—Nada en especial.
Era más que evidente que la respuesta ambigua de Malfoy no había dejado a Hermione del todo convencida. Sin embargo, tampoco quiso presionar. Bastante había echo con tolerar que fuera ella quién lo curase como para encima tratar de hacerle hablar por la fuerza.
—Entonces… ¿me puedo ir?
Lucius tardó más en contestar. Parecía inmerso en sus pensamientos.
—Si. Puedes irte.
Hermione asintió y se dirigió hacia la entrada del ascensor, se abrió y la bruja entró en él.
—Granger.
La bruja le miró con atención.
—Gracias.
El parecía hasta sorprendido como la propia hechizera de que su lengua fuera capaz de decir esas palabras. Pero lo había echo. Había sido capaz de soltar esa palabra en alguien como Hermione.
—Hasta mañana señor Malfoy —respondió con una suave sonrisa mientras se cerraba las puertas del ascensor.
Lucius se quedó en el mismo lugar. Sin moverse, sin dejar que tan siquiera sus pulmones hicieran ruido.
Todavía sentía las manos de Hermione en su pelo. Todavía sentía su calidez, su ligero perfume a jabón con ese almizcle de madera mojada.
Sentía su rastro.
Sentía su tacto.
Sentía su calor.
Su presencia.
El frío había abandonado sus huesos, el frío dejó de recorrer por su espalda… simplemente, había desaparecido en el momento en que Hermione le había tocado.
Esa misma noche, por primera vez en mucho tiempo pudo dormir en un profundo y oscuro sueño sin desagradables pesadillas.
Simplemente, durmió.
