Dom x Dom

Sábado, bendito sábado, había llegado el día definitivo para preguntarle a Kagome si quería ser mi enamorada, ahora mismo estoy en el proceso de verla, estoy montado en mi Audi R8 conduciendo por la avenida principal hasta llegar a su hogar. Porque ¡oh, sí! Tengo su dirección.

Estos tres días fueron una verdadera tortura, donde fuera Kikyo estaba con una mirada escalofriante, se me quedaba mirando para luego hacer muecas, o al menos así me decía Sesshomaru muy extrañado por su actitud… un poco infantil. Estaba siendo protectora, eso lo entiendo, pero de ahi a que prácticamente me este acosando todo el tiempo durante el trabajo es definitivamente otra cosa.

La siguiente tortura de estos tres días saliendo con Kagome, fue en el desayuno, por alguna razón Miroku se metió en nuestras salidas matutinas para arruinarme el día. Porque esta vez no solamente veía el rostro angelical de mi gatita en la mañana, sino el del apestoso mujeriego de Miroku, y por si fuera poco el día viernes, ayer llevo a su sumisa, Sango.

Kagome y Sango estuvieron conversando hasta más no poder como las clásicas mejores amigas de toda la vida, contándose sus cosas y haciendo como que yo no estuviera presente mientras Miroku me hablaba de algo que ya se me olvido. Estuve a punto de tirarles agua a los dos sino nos hubiéramos levantado para despedirnos y todos habernos separados.

Cabe decir que me despedí de mi gatita con un beso en los labios, demasiado tierno para mi gusto, mientras que Miroku y Sango se metían la lengua hasta donde alcanzara. Lo cual fue tremendamente asqueroso, nunca había visto a Miroku desenvolver su lengua de esa manera, y la verdad no quería verlo, ni siquiera quería que me lo contaran, pero ahí estaba yo, en shock frente a esa tortura.

La siguiente tortura en estos días fue mucho trabajo controlar, papeles, balances, exposiciones, conteos diarios, revisar cada minuto el libro diario. Más balances, y tener que rehacer muchos libros de contaduría pues este departamento insistía en rebajar nuestras ganancias en el libro. Tuve que aumentar muchos objetos que no fueron anotados en el momento de su compra, en el jodido libro diario. Y hacer análisis de apuntes del año pasado para observar y comparar nuestras ganancias con el año actual.

Fue un tremendo trabajo, y la verdad fue estresante, tanto que me duele la cabeza solo pensarlo. Necesito el calor de los brazos de Kagome, sus caricias en mi cabeza y sus excitantes ronroneos, pensar en ella me relaja.

No paso mucho tiempo para que finalmente llegara al hogar de Kagome, el cual por cierto era un templo muy al estilo japonés. Con unas escaleras que parecerían que guiaban al cielo, toque la bocina, rezando porque ella lo escuchara aunque estoy bastante seguro de que no llego a sus oídos. Así que sali del auto y me encamine hacia las escaleras, subi todo el tramo que me alejaba de su casa, un poco con la boca abierta y jadeando.

De la casa que se encontraba al lado de un árbol realmente grande, salió una belleza andante, mi Kagome. Estaba ataviada en un vestido negro de gala. Llevando un escote perfecto y una abertura en su pierna derecha. Se veía maravillosa y provocativa. Definitivamente lista para ser comida por el lobo.

- Kagome

- Inu… Ah, había escuchado el claxon, no había necesidad de que subieras

Gemí. Y yo pensando que no lo había escuchado, si hubiera esperado un rato más.

- No importa ya, solo bajemos

Estire mi brazo y ella me tomo el codo, bajamos las escaleras como si esta fuera la alfombra roja. Llegamos a mi auto, subimos y nos dispusimos a llegar al restaurant.

Inconscientemente metí la mano en mi bolsillo y tantee la cajita que allí se encontraba. Yo dije que habría una joya de por medio, y fue una verdadera suerte que la joya combinara con su vestido. Sonreí, ojala que le guste.

Al cabo de la media hora, ya estábamos sentados cómodamente en el restaurant, obviamente había hecho una reservación a mi nombre y teníamos nuestra mesa preparada. Ambos sonreímos, ella se veía preciosa, delicadamente maquillada, se notaba que casi todo estaba al natural a excepción del delineado de sus ojos.

- Inuyasha, acepte venir a este lugar y todo… pero quiero que me confirmes que no es una fecha importante porque de verdad… no traigo ningún regalo conmigo

No pude evitar reír y respondí.

- No, no es una fecha importante, solo es un día como cualquier otro pero… yo sí que traigo un regalo

Sin esperar mucho extraje de mi bolsillo la cajita para entregársela a ella. Kagome parecía emocionada aunque un poco sorprendida. Arqueo la cejas en un signo de interrogación y con delicadeza abrió la cajita. Ella abrió los ojos y se tapo la boca, me miro y supe exactamente lo que quería decir. Otra vez simplemente no pude evitar reír, su reacción me había confirmado que sabía lo que le había dado.

- Es… azabache

- ¿Cómo lo sabes? – tuve que preguntar, tenia curiosidad.

- Mi mama, durante un tiempo trabajo en una empresa que se dedicaba a embellecer piedras preciosas. Ya sabes, hacerlas collares, aretes, pulirlas para hacerlas artículos de belleza, debido a eso conozco muchas joyas como el… azabache, jade, rubí, ámbar – ella tomo el collar en sus manos y me miro con admiración – Inuyasha, esto es precioso, te debió costar demasiado… Yo no sé qué decir…

Solo tuve que tomar el collar, darme la vuelta para posicionarme en su espalda, para que finalmente ella empezara a gimotear. Kagome tomo su propio cabello y lo alzo, entonces yo pase el collar con el dije azabache por su cuello y se lo asegure.

Regrese a mi asiento y ella seguía mirándome con admiración, con los ojos brillosos y supe que sería el momento para decírselo. Acerque mis manos y se las tome.

Ella gimoteo y se lo pregunte.

- Kagome ¿Quieres ser mi novia? ¿Quieres estar conmigo?

- ¡Oh, dios! Lo sabia… lo sabía….

Ella lloro más fuerte y se levanto de su asiento, me abrazo y pude sentir todo su cariño, yo la abrase de vuelta y Kagome simplemente lloro en mi pecho a lágrima viva pero ella reía. Lo vi en muchos instantes, sonreía.

- Si, Inuyasha, quiero que estemos juntos. Por dios, supe en el mismo instante que vi ese azabache lo que seguiría después. Inuyasha no sabes que tan feliz me haces, deseo… permanecer a tu lado

Eso me hizo feliz, mi corazón latía hasta reventar y no pude evitar que un par de lágrimas escaparan de mis ojos, imperceptibles para ella pero no para mí. Tanto tiempo estando solo, como dice la canción, andando de flor en flor. Para por fin encontrar a la chica con la que pasare el resto de mis días. Lo sé, es muy rápido, recién le estoy pidiendo ser mi enamorada y ya me veo llegando a la vejez con ella.

Ella es tan diferente, tan perspicaz, tan audaz, divertida, madura e infantil a la vez, la quiero… la amo, y todo sucedió tan rápido, todo comenzó sin planes, no lo vi venir.

Solo la vi a ella y se acabo el tiempo que estuve solo, todo eso se acabo cuando nos miramos a los ojos. Entonces de verdad lo supe. Ella no es un capricho, ni la persona con quien jugare un par de meses y me iré. No, con Kagome quiero permanecer hasta que la muerte nos separe, incluso mas allá de eso.

Nos separamos y ella me dedico una sonrisa.

Escuchamos aplausos y volteamos, la gente del restaurant nos veía conmocionadas, asombradas y una que otra pareja mayor nos veía con orgullo. Kagome se sonrojo y yo tuve que tragarme toda mi vergüenza porque Kagome lo valía. Ella valía todo lo que le dé, todas mis emociones, mi cuerpo y mi alma, ella valía todo eso y más.

Entre aplausos y vitoreo nos sirvieron la cena, no habíamos esperado ni a que llegara la comida para decirle mis sentimientos. Ella no dejo de sonreír y ni de conversarme todo el rato, fue una velada realmente buena, nuestras manos se unieron sobre la mesa y no se volvieron a separar. Terminada la cena llegamos a mi auto.

Ella todavía se estaba secando una par de lágrimas traicioneras cuando arranque el coche para dirigirme al templo Higurashi, el hogar con escaleras inmensas de Kagome. Ella solita se abrocho el cinturón de seguridad un rato después y a mirar la ventanilla. Concentrada en algo pero yo sin saber en qué. Yo seguí conduciendo hasta que aparcamos frente a los peldaños que daban a su casa. Ninguno se movió, pero apague el motor.

Seguimos sin movernos, no quería despedirme y al parecer ella tampoco.

Ella volteo la mirada, sus ojos brillantes chocolate me miraban para finalmente acercarse, cerrarse y juntar sus labios con los míos. Entusiasmado, respondí el beso con pasión. Hundí mi lengua en su cavidad y jugué con la suya, nuestros labios chocaban haciendo ruiditos de absorción. Nuestras bocas no querían detenerse y yo tampoco. El beso se torno salvaje y demandante, tome su nuca para hacerlo más profundo y casi gemí al sentír sus labios sorbiendo mi lengua.

Nos separamos y sus ojos brillosos seguían ahí pero esta vez me decían algo diferente.

"Entremos en mi casa y hagamos el amor hasta olvidarlo todo"