Dom x Dom

Ella no me lo dijo pero sus ojos eran una clara muestra de pasión, y la verdad ya había esperado suficiente para tenerla en mis brazos. Aunque cuando salimos del auto y empezamos a subir las escaleras, el bichito de la duda me recorrió. Mire nuestras manos entrelazadas, ella llevaba puesta sus muñequeras de sumiso, las cuales nunca se sacaba. Y tan solo verlas e imaginar lo que conveniente que eran al estar en las muñecas de Kagome, me calentaba.

Pero estoy casi seguro de que no será nada fácil convencerla de que se comporte como una sumisa y tengo la ligera sospecha de que ella tratara de convencerme de que yo me comporte como su sumiso lo cual no sucederá aunque me ahorquen, la amo de pies a cabeza pero tengo un jodido limite y verme amordazado es mi jodido limite.

Entramos a su casa y empecé a asustarme, como buen Dom tengo muchos juguetes interesantes en mi casa y ella supongo que tendrá muchas cosas para sumiso en su habitación, escondidos en el armario o hasta capaz estén a la mano en su mesita de noche. ¿Quién me dice que no me preocupe cuando capaz ella de pronto aparezca con unas esposas y me encadene estando desprevenido? Tal vez sea una sádica en la cama y le guste ver resistirse a sus sumisos. No lo sé.

Subiendo hacia su habitación, esa preocupación empezó a aumentar, ella era tremendamente sexy y hacia que hasta a una roca se le parara. Y estoy seguro que si se vistiera de negro, provocativa con su traje de Dom haría que me corriera, pero prefiero ver como castiga a otros en vez que lo haga en mí… oh, espera… No, definitivamente no quiero ver como castiga a otro varón o mejor dicho a cualquier otro ser vivo. Mataría al sujeto y mi gatita tendría un novio en prisión, no queremos eso.

Sentí un empujón en el pecho, Kagome acababa de empujarme y caí de espaldas hacia la cama, los ojos de ella estaban brillantes, deseosos y causaban escalofríos en mi cuerpo al verla tan decidida. Lo siguiente en hacer fue besarme, apasionadamente, nuestras lenguas jugaban y se retorcían sin mayores complicaciones, mi entrepierna también quería acción pues no dejaba de pulsar dentro de mis pantalones. El siguiente movimiento que hizo estoy seguro que fue inconscientemente, tomo mis muñecas y las apreso con sus pequeñas manos, sobre mi cabeza. Tratando, repito, tratando de dominarme… Inútilmente cabe recalcar.

Seguimos besándonos y deje que ella siguiera sosteniendo mis manos, cuando finalmente nos separamos hice que diéramos vuelta y su menudo cuerpo termino debajo del mío. Kagome era preciosa, dueña de un cuerpo que incentivaba al pecado y darme cuenta de que este cuerpo codiciado me pertenecía, me ponía a mil. Bese su cuello y lamí su clavícula, Kagome enredo sus dedos en mi cabello, tironeando pero sin causar dolor, casi como una caricia significativa.

Nuestros sexos se rozaron y no pude evitar gemir, ella tenía una ligera capa de sudor en su cuerpo y mi desarrollada mente empezó a maquinar diferentes escenarios, donde en todos Kagome era la protagonista como una dedicada sumisa masoquista. ¡Estúpida mente! No me deja concentrar, a este paso me correré en mis pantalones.

Kagome hizo que cambiáramos de posición de nuevo, de nuevo ella estaba encima mirándome con picardía, empezó a besarme el lóbulo de la oreja el cual era un tanto sensible y yo empecé a masajearle los glúteos. Las tenía redondas y firmes, incitantes para cualquier ojo. Lamio con parsimonia mi cuello, dejando rastros de saliva, mordiendo, chupando y besando mientras yo gruñía muy cerca de su oreja y acariciaba su fina cintura.

Ella empezó a descender abriendo mi camisa y rayando con sus uñas mi duro tórax. Lamio con pereza mi pecho muy cerca de uno de mis pezones, me hizo jadear. Para luego metérselo a la boca, chupándolo y mordiéndolo ligeramente, todo esto causo muchos escalofríos en mi columna. Era una maldita embustera, sabia cuanto me gustaba lo que me hacía y seguía torturándome con su lentitud.

Mi pulso se acelero al verla seguir reduciendo la distancia con mis pantalones, joder… joder… ¡Joder! Mi gatita estaba… Ella estaba… mi mente se desconecto al ver como desabrochaba mis pantalones, me los bajaba con la ropa interior y dejaba mi grueso y erecto pene libre a su mirada. Inmediatamente la imagen del collar de perro se apareció junto a aquella ilusión de Kagome metiéndose mi vara hasta el final de su garganta.

Ella masajeo mis testículos con sus manos y se metió toda mi longitud a la boca, yo tome sus negros cabellos en mis dedos, apretando su cabeza incentivándola a seguir mamándomela. Estaba escandalizado viendo sus labios succionando todo el grosor de mi pene. ¡Estoy a punto de correrme! Su boca es tan estrecha, succionadora que si sigue así lanzare toda mi leche hacia su garganta. Debería ser ilegal tener unos labios como los suyos, alcanzan hasta mi base y regresan a la punta, y lo peor es que ella se ve satisfecha dándome sexo oral, se ve como si hubiera nacido para darme placer y estuviera disfrutando con mis quejidos y gruñidos de gozo.

Kagome era una jodida desvergonzada, en mis sueños la había visto así pero ¿Quién pensaría que en realidad tendría tal boquita de cereza? No, ella no era una gatita que ronroneaba ante cada caricia, era una tigresa que sabia darle placer a su hombre.

Sin poder evitarlo eche toda mi leche sin contemplaciones hacia su boca y ella no perdió ni una sola gota, era una jodida pervertida mamadora. No había dejado caer ni una sola gota de sus labios y se lo trago todo. La alcé y la eche en la cama, me posicione encima, esto iba a ser divertido.

- ¿Te tragaste todo, eh?

Kagome asintió y enredo sus muslos alrededor de mis caderas y rozo su protegida intimidad contra mi flácido pene.

- No hagas eso gatita… mi gatita

- ¿Tu gati…? ¡Mmm! – cuando hablaba me encargue de deslizar sus bragas por sus piernas y dejarla en el vestido que me traía loco toda la velada. Sin ropa interior deslice dos de mis dedos en su interior, mi gatita ya estaba bastante lubricada y lista para que un macho la dominara.

- Así es… mi gatita ¿o vas a negarlo?

Ella grito cuando juguetee con mi pulgar sobre su clítoris, casi con desinterés esperando a que ella me confirmara lo que había dicho, quería que de su propia boca aceptara ser mía.

- Sí, soy tu… mmm, gatita

- ¿Lo eres? – hundí un tercer dedo y ella empezó a mover sus caderas.

- ¡Claro que sí! Soy tuya para que… ¡oh, siiii! …hagas lo que quieras

Tuve que sonreír, ella se veía tan sumisa, tan entregada, este era tan solo el comienzo, dentro de un tiempo aceptaría mis látigos con amor y se entregaría a mi por su propia voluntad, dispuesta a cederme el control, lo sé… Solo es cuestión de tiempo.

Abrí el cajón de su mesita de noche pero darme con la grata sorpresa de hallar un condón y un consolador que claramente ella utilizaba a menudo. Y me pregunte que si cuando lo utilizo esta última semana, lo hacía pensando en mi.

- Ufff, Inuyasha… no te detengas – mire su rostro, ella estaba tan roja, sonrojada por el calor, yo sentía lo mismo, la misma hoguera que realzaba la temperatura de su cuerpo. Me agache y con una de mis manos jale su escote hacia abajo dejando la ropa arrugada en su cintura y total libertad en sus pechos.

Estos se movían junto con sus caderas traviesas. Con el vaivén baje mi cabeza y atrape uno de sus montes suaves entre mis dedos. Ella gimió y me complació con su quejido de placer. Metí uno de sus pezones a mi boca y chupe fuertemente.

- ¡Oh, Dios! Inuuu… - sujeto sus manos en mis hombros y echo la cabeza para atrás, por supuesto todo eso sin dejar de mover sus caderas contra mis dedos. Los cuales entraban y salían dentro de ella y ante los choques procuraba que mi palma hiciera unos roces deliciosos contra su clítoris. Sin cerrar los ojos capte en mi memoria su reacción en el justo momento de llegar al orgasmo.

Pero por supuesto, yo no la iba a dejar así nada más… Kagome gimió cuando su orgasmo estaba recién formándose y disimuladamente tome el vibrador del cajón para que cuando finalmente exploto, en mitad del clímax. Le metí el consolador lo más hondo en su vagina, me deleite con su grito orgásmico, como de pronto arqueo todo lo que podía su espalda. Verla tan entregada, ofrecida me gustaba. Pero más que nada, me gustaba verla llegar. Emitía unos sonoros quejidos femeninos que subían mi libido al máximo aparte de que su rostro me mostraba cuan feliz yo la estaba haciendo. Sonreí de medio lado.

Esto iba a ser realmente divertido.

- ¡Awww! Inuyasha… - grito ella al ser la vibración del encendido consolador muy dentro en su vagina, yo seguía sosteniendo la base del aparato pero sin moverlo. Solo dejaba que Kagome se encargara de empalarse a sí misma.

Mi miembro viril ya estaba lo suficientemente duro para ella. Desde hace un par de minutos que ya estaba listo para agarrarla de las caderas y penetrarla. Pero lo que yo quería era que Kagome disfrutara lo mas que pudiera, que se deleitara con el placer para que al final acabar sin aliento y desfallecida.

Empecé el lento vaivén del consolador, sacándolo y volviéndolo a hundir muy dentro de Kagome, observando con excitación sus reacciones, como abría sus piernas, como gemía por que lo hiciera más rápido. Sus ojos estaban dilatados, desorbitados, ella gemía sin control, guiada totalmente por el placer… tal como yo estaba buscando ponerla.

No paso mucho tiempo hasta que ella finalmente acabo expulsando sus jugos en el consolador que seguía vibrando y otorgándole un gran gozo, lo retire de su vagina y quede embelesado con sus pechos, los cuales subían y bajaban debido a su irregular respiración.

Ella emitió un quejido y choque mi mirada contra la de ella. No pude evitar sorprenderme, era exactamente la misma mirada lujuriosa que me había dado en su auto. Aun conservaba esa mirada, por supuesto que eso me puso a mil.

- Inuuu – ronroneo ella siendo seductora, sonrió pícaramente y yo no tenía idea de que tramaba – Cariño, ahora es tu turno…

De un solo movimiento cambiamos de posición… otra vez. Ella estaba sentada a horcadas de mi sobresaliente pene.

- Kagome… - la sostuve de las caderas – me parece que sería mejor que yo estuviera encima tu…

- Calla perrito – y ella sola tomo el condón del cajón, lo abrió y me lo puso mientras yo acaricia sus caderas. Acababa de llamarme "perrito" en la vida real… de verdad lo había hecho. Y de alguna manera esto me calentó hasta lo más hondo; puesto el preservativo me sonrió picara y se sentó sobre mi miembro erecto. Hundiendo mi pene hasta lo más fondo de su interior, por supuesto causándome un gutural gemido. Su interior es lo más precioso que pude sentir, era estrecha, mojada y resbaladiza. Estar dentro de ella era lo mejor.

Ella empezó a cabalgarme furiosamente y olvide completamente que me llamo perrito. Joder con esa palabra enserio. Sus caderas saltaban encima de mi pene, golpeando con brutalidad, ambos gemíamos disfrutando del vaivén, del placer, del fuego.

Es más que obvio que ella le gustaba torturarme, porque más de una vez, apretaba sus paredes vaginales, estrechándose y por ende enviándome descargas de placer al sentirla a mí alrededor. Era tan resbaladiza, con facilidad salía y volvía a entrar en su vulva. Preste atención un momento… su botón estaba desprotegido, con mi pulgar empecé a masajearlo y ella grito.

- ¡Inuuuu! Oh, mi Dios…

- ¿Te gusta así, gatita? – le sonreí mientras observaba como saltaba encima de mi pene, buscando mi leche, queriendo acabar una vez más.

- ¡Siii! Awww, Inu… N-Necesito más duro…

- Eres una pervertida…

- ¿Ah? Yo… no soy… una… ¡Mmm! Per… ¡Oh, Dios mío! – gimió ella y me dio a entender que había acabado por tercera vez. Sonreí otra vez, tan solo un par de embestidas y seria mi turno, pero por supuesto yo no acabaría así, con ella encima mío.

La posicione debajo… otra vez y la tome de las rodillas, hundí mi pene lo más profundo que pude mientras ella todavía gemía por la excitación. Observe como ella tenía que sostenerse de las sabanas, tomándolas en sus puños, gimiendo el diminutivo de mi nombre.

Solté sus rodillas y tome sus hombros, aumente la rapidez de mis embestidas, se sentía tan bien, la mente se me empezó a nublar y mi boca dejo de hacerme caso para empezar a gemir junto con Kagome sin control.

- ¡Ufff, Inu…! Dámelo… si, así… acábate cariño…

- Kag… ¡Oh, sí! Me vengo… – jadee.

- Si, amor… expúlsalo todo… - tal cual como me lo dijo, expulse todo mi semen dentro de ella, su vagina succiono todo mientras inevitablemente yo gemía por la explosión en mi interior. Había sido definitivamente el mejor sexo en toda mi vida.

Ella y yo tratamos de regular nuestra respiración.

- Inu…

- ¿Si?

Ella me abrazo y acerco mi torso a sus pechos, sus pezones estaban duros, erectos y rozaban como dos dagas contra mí. Ella me miro apasionada y se lamio los labios.

- Aun no estoy satisfecha…

- ¿Oh? ¿Y qué puedo hacer para satisfacerte?

- ¿Que te parece si tenemos sexo hasta el amanecer? – sonrió pícaramente ella.

- Mujer insaciable… eres igual a una gata en celo…

Reí y ella gimió al sentir como mi pene empezaba a endurecerse aun dentro suyo. Si ella quería hasta el amanecer… entonces no pararíamos hasta el amanecer.

- Algo mas Inuyasha – sostuvo una enigmática Kagome, ella me miro a los ojos y abrazo mas fuerte mi cuello, por supuesto que me excite al verla morderse el labio inferior – Me encanta cuando eres brutal…

Gemí. Hasta el amanecer, cariño… no pararemos hasta el amanecer.