Dom x Dom
Al día siguiente fue una verdadera odisea levantarnos, lo conveniente era que se cumplía el día como domingo, por lo tanto no había trabajo y aunque me moría por decirle a una adormilada Kagome que no saliéramos de la cama hasta el lunes, sabía que teníamos que comer. Deje a mi pequeña novia aferrarse a las sabanas que ya no contenían mi cuerpo, ella no pareció darse cuenta de este hecho.
Baje las escaleras con pereza mientras tallaba mis ojos, tranquilamente podría calcular que podría ser el mediodía, la verdad no estaba nada sorprendido, todos los domingos me levantaba a esta hora. No sabía como sucedía con Kagome pero un par de horas de más no hacen daño. Llegue a la cocina e inspeccione el lugar a fondo.
El frigorífico estaba repleto, un poco más y reventaba por tanta comida almacena, demore algunos minutos para encontrar la mantequilla. Luego me dirigí a la encimera donde deje los panes, vasos y naranjas.
Prepare el desayuno con tranquilidad y en silencio, advirtiendo en todo momento en el caso hipotético de que mi querida Kagome se levantara. Aun no podía creer que ella se hubiera acostado conmigo. Ella es una muchacha fiera, mi gatita sin control y sin límites. Es bastante apasionada, con decir que terminamos verdaderamente haciéndolo toda la madrugada sin descanso. Estoy vacio.
Reí ante el pensamiento y con la bandeja en mano subí al cuarto. Mientras pasaba las escaleras admire a detalle fotos de la familia de Kagome, parecían muy unidos, ese tipo de familias son lo mejor, no puedo quejarme de la mía. No me llevo tan bien con Sesshomaru pero puedo masticarlo. Adoro a mi madre, y mi padre es mi orgullo sin contar al resto de la familia con quien llevo una agradable relación.
Llegue al cuarto y deje lentamente la bandeja encima del escritorio del cuarto, no me había fijado en el momento en que llegue pero, todo era color rosa. Increíblemente rosa, incuso las sabanas con las que había tapado nuestros cuerpos era color carmín.
Ignorando este hecho (aunque no me lo esperaba) desperté con besitos en su cuello a mi pequeña Kagome. Ella chillo y rio. Ya estaba despierta.
- Buenos días.
- Buenos días, gatita, es hora del desayuno.
- ¿Qué hora es?
- Mediodía.
Ella me golpeo en el brazo ligeramente.
- ¡Mira la hora! Es tu culpa, nunca me había levantado tan tarde.
- Oh, vamos. Es domingo.
- Aun así.
- Te compensare.
Ella sonrió enigmáticamente y se cruzo de brazos, yo alce una ceja.
- ¿Qué me ofreces? – empezó ella.
- Sexo.
Ella rio – Se mas creativo, cariño.
- El sexo no es una mala idea.
- No lo es pero esperaba algo aparte, algo que involucrara salir de la cama.
- Si quieres… podemos tener sexo en la cocina.
Ella volvió a reír y beso mi mejilla.
- Sera en otro momento. Olvide mencionártelo pero esta noche hay una reunión elegante en la casa de Sango.
Yo gemí – No querrás que vayamos ¿o sí?
Ella emitió la carita más dulce e inocente que alguna vez hubiera visto que no pude resistirme. Me las pagaría caro después por convencerme de ir a una estúpida reunión cuando podríamos quedarnos en casa a tener sexo en la ducha. Si, una de mis tantas fantasías. Claro, con dildos incluidos por ahí.
.
- Inuyasha.
- ¿Hm?
- ¿Me ayudas?
Y como si de una película erotica se tratase, ahí estaba la protagonista, mi novia con un vestido negro, dándome la espalda para que subiera el cierre de su vestido elegante, mostrándome su esbelta y blanca espalda. La cual, solo será cuestión de tiempo para que se vuelva roja por las palizas que le proporcionare.
Subí el cierre despacio, rozando mis nudillos con su espalda, sintiendo claramente su estremecimiento de placer. Ella emitió un bajo suspiro y miro directamente a mis ojos con esa llama de pasión prendida y desbordándose.
Al carajo con la maldita fiesta.
Bese sus labios y apoye mi torso con su espalda, aferrándose a mis brazos, ella gimió y rozo su respingado trasero contra la parte de mi anatomía que mas pedía su atención. Feliz por saberme correspondido (porque estábamos tarde a la reunión) metí mano en el escote de su vestido y masajee ambos senos de mi mujer. Por supuesto sin dejar de besarnos, al fin nos separamos y ella se agacho, apoyando ambas manos contra la pared. Excitado por la posición, levante su vestido y baje sus sexis bragas de encaje.
Estaba mojada, y reconsidere el hecho de que debíamos quedarnos en la casa y terminar haciéndolo hasta en el suelo de la sala. Ella, seguía apoyada esperando el movimiento que yo haría. Quería aplazar este momento lo más que pudiera, no quería ir a esa jodida fiesta, tenía un mal presentimiento acerca de eso. Al mirar el fuego en sus ojos, simplemente no pude resistir, la penetre sin compasión luego de desabrocharme los pantalones.
La embestía dejando huella en cada parte de su ser, marcándola como mía, como mi chica. Ella no paraba de gemir mi nombre, y me encantaba como este sonaba pronunciado con tanta excitación por la mujer que yo mas quiero.
Kagome, logrando erguirse un poco acompaño mis embestidas con sus encuentros, fue delicioso, toda ella es deliciosa, es estrecha, pequeña y mojada, lista para cualquier momento en que quiera montarla.
Aun con el presentimiento recorriendo mi espalda, embestí por última vez cuando la sentí venirse para salir y acabarme fuera de ella. Agitada, se incorporo y apoyo en mi pecho. Su respiración no acompasada era un delirio para mí, casi una invitación para una segunda ronda más calmada y duradera.
- Es hora de irnos – sonrió ella y salimos del templo cuando nos arreglamos.
Subimos a mi auto y maneje hasta la cabeza de Sango, la cual no estaba muy alejada pero que de todas maneras se diferenciaba, su casa era enorme. Contenía jardín, piscina y una bella vista. Se notaba desde lejos.
Ambos entramos puesto que la puerta estaba abierta para toparnos que no era ninguna fiesta elegante por así decirlo. Tal vez lo fue en un principio, porque ahora estaba en todo su apogeo. Había muchas parejas teniendo sexo público en las esquinas. Las escaleras estaban invadidas de homosexuales y había humo de cigarro por todas partes. Detesto ese olor así que tome la muñeca de Kagome y corrí de allí hacia el patio.
La piscina estaba casi vacía, sin contar al hombre y las dos mujeres que le daban placer. Detrás de los arbustos era peor, el lugar estaba lleno de gemidos y gritos de gozo. Mire a Kagome con reproche.
- Te lo juro – dijo ella – no lo sabía.
- De saber que iba a hacer así, nos hubiéramos quedado en casa, que desperdicio.
Dispuestos a salir de allí, avanzamos un tramo para luego darnos cuenta de que estábamos completamente perdidos
- Maldita sea.
El maldito lugar era inmenso, cualquiera podría perderse allí, sin nada que hacer tuvimos que llamar a Sango… a gritos porque su móvil estaba apagado.
- ¡Sango!
Sentí un jalón de mis pantalones, alguien intentaba desabrochármelos, mire hacia abajo horrorizado al darme cuenta de que era un hombre quien desesperado intentaba quitar el cinturón. No lo pensé mucho y lo patee, se notaba que estaba ebrio, no lo recordaría para mañana. Escuche una risa y le mande una mirada asesina a Kagome.
- Es tu culpa.
- Mía no es. Yo no le dije a ese sujeto que te bajara los pantalones – gruñí mientras ella seguía carcajeándose.
- ¡Voy a matar a Sango! – Grite - ¡Sango!
- ¿Inuyasha? – voltee ante el llamado pues la voz me parecía familiar, mi sorpresa no tuvo limites cuando me di cuenta de que era Koga. El bastardo había asistido y tenía a una sumisa de cabello cobrizo pegada como lapa a su cuello - ¿Buscando como pasar el rato?
- Muérete.
- Te deseo lo mismo perrucho, de todas maneras, ¿Quién es tu acom… Kagome?
- ¿Koga? – dijo ella con lentitud, casi como asimilando la idea, la cara se le transfiguro cuando pareció darse cuenta – ¡Hijo de puta!
Ni siquiera pude reírme por la sorpresa, Kagome se había lanzado directamente a sus pelotas con un rodillazo al estilo futbolista. Me quede sin palabras mientras Koga caía al suelo fuera de combate y la muchacha de cabello cobrizo lo consolaba. La pobre chica estaba muy ebria.
- ¡Eso fue por Kikyo! ¡Te le acercas otra vez y esta vez tendrás solo un testículo!
Emocionado porque mi novia pateara al estúpido, le bese la mejilla con orgullo. Sabia defenderse, esa era otra faceta de ella que me encantaba. Ella era perfecta ante mis ojos, no podía encontrar nada que la degradara. Nada. Ignorando a Koga, seguimos paseando por el lugar, sin fijarnos en muchos detalles pues las parejas desesperadas abundaban en cada esquina. Muy bien, o todos estaban increíblemente alcoholizados o había droga de por medio.
- ¡Sango!
Al fin, la susodicha hizo su aparición. Bueno, más que aparición, Kagome y yo tuvimos que poner ojo de águila al ver una mujer cabalgando un hombre. Esta mujer tenía cabello castaño, sospechosamente parecido al de Sango, la dueña de la casa. La pareja estaban en un mueble. Ella volteo y se confirmo su identidad.
Entonces el hombre se mostro también y tuve un escalofrió. Estoy muy seguro de que mi cara es verde como el pasto.
- Voy a vomitar.
- ¡Inuyasha!
Era suficiente por hoy, soporte ver a desconocidos tener sexo frente a mis narices, lo soporte a pesar de ser un asquiento en todo el sentido de la palara, no soporto nada de eso. Pero ver a Sango y a Miroku en pleno momento era suficiente para perjudicar mis neuronas y quemarlas. Ya era hora de que devolviera el almuerzo. La verdad me había demorado mucho.
- ¿Estas bien, cariño?
- Te dije que era mala idea, que no debíamos venir. La próxima me harás caso.
- Como tu digas, amor pero… ¿estas bien?
- ¡No, no estoy bien! Acabo de ver a… Solo… hay que irnos de aquí… por favor.
- ¿Cuál es la salida, Sango? – pregunto Kagome mientras yo trataba de tranquilizar mi pulso acelerado, odiaba ser tan asquiento para estas cosas.
- De frente, den vuelta en U, izquierda, derecha y salida.
- Gracias.
Alrededor de dos minutos llegamos a la salida.
- Voy a matar a Sango – pronuncio Kagome muy bajito, solo reí irónicamente.
- Ya somos dos.
