Dom x Dom

- ¿Cuál es tu edad?

- Treinta.

- ¿En serio?

- Muy en serio.

- Entonces… ¿eres un pedófilo?

- ¿Qué? ¡No!

- Lo siento, es que… bueno, tu pareja tiene pinta de tener solo veinte años.

- Tiene treinta.

- ¡¿En serio?! Es muy hermosa.

- Quita esa mirada de tu rostro si no quieres ganarte un golpe.

- ¡Oe! Yo también soy un Dom que participara en los juegos grupales… y francamente estoy muy interesado en tu sumisa.

Sonreí maquiavélicamente y no corregí su error, quería ver en todo su esplendor su rostro de sorpresa al verla entrar totalmente de negro. Si, podía imaginármelo.

Ahora mismo, estaba sentado esperando a que llegara mi gatita que pedía un trago en la barra y también a los demás domadores y sumisos. Ambos habíamos decidido asistir a Desesperation pues estábamos muy confiados uno del otro. Por lo tanto sabíamos que no sucedería nada fuera del otro mundo, lo que me tenía un poco preocupado es que Kagome me había mencionado que su hermana menor Kikyo asistirá a los juegos.

No sé cuál será su reacción al verme con Kagome, podría lanzarse en mí encima y arañarme o podría simplemente ignorarme, de todas maneras me dejara mal parado.

- Ya casi han llegado todos – Kagome que había estado pidiendo u trago en la barra, se acerco a mi mientras el sujeto con quien había estado charlando sonreía como idiota.

Imbécil.

- ¿Vas a cambiarte? – le pregunte.

- SI, me gustaría… - dejo un whisky en la mesita, que había pedido para mí y se acabo el suyo rápidamente – voy al cuarto de las chicas ¿de acuerdo? Te veo luego.

Kagome se despidió con una mano y una sonrisa radiante para dar media vuelta y caminar hacia el cuarto donde se vestían las mujeres, ella llevaba un bolso en el brazo muy mullido donde traía bastantes cosas interesantes que aun no me había mostrado.

- Es un secreto – me había dicho en el auto cuando nos dirigíamos hacia el bar.

- Ella es una gatita muy hermosa – me mordí la lengua cuando escuche al Dom desconocido hablar otra vez – será una grandiosa sumisa.

Repetí en mi interior. Su cara será épica. Su cara será épica. Definitivamente su rostro a l ver a mi chica golpeando hombres será una de total decepción, o al menos eso espero.

- Es verdad. Mi nombre es Hojo.

- Hey… - masculle con desprecio pero el pobre tonto parecía no darse cuenta de que su presencia estaba empezando a cabrearme.

- ¿Cuál es tu nombre?

Francamente no quería decirle mi nombre pero ya que al parecer era algo terco, insistente y estúpido, volvería a preguntármelo, aunque seguramente me vería como un descorteza sí que respondió por educación.

- Inuyasha Taisho.

- He escuchado tu nombre en algún lado.

- Seguramente – susurre.

- Sí, estoy seguro de que en algún lado, seguramente lo recordare en algún momento. Oe, ya nos están llamando ¿vas a cambiarte o algo?

- No.

- Entonces entremos, al parecer los juegos están empezando.

Cuando entramos, no me sorprendí al ver lo que habían preparado pero el sujeto a mi lado estaba bastante impresionado.

El lugar siempre estaba perfectamente diseñado para parecer unas interesantes y bien equipadas mazmorras de tortura. En una esquina, pegado a la pared estaba una red gigantesca de telarañas (que en realidad era sogas) y correas a su alrededor para colgar de cabeza a los sumisos. También había una camilla mullida en medio del lugar con correas para apresar al sumiso que estaría echado con el pecho hacia la cama y la espalda descubierta para los latigazos que los Dom proporcionaríamos a su cuerpo.

A un lado estaban apoyados contra la pared, una encimera de clasificación, donde mostraba los distintos artículos que un Dom podría querer utilizar contra un sumiso.

Por supuesto, un dominador ya venía preparado, trayendo objetos personales que le pertenecían, como yo que traigo una fusa que sueño estampar en la espalda de Kagome, tres puntas y negra como el ébano.

No es como que no había fusas de ese tipo en la clasificadora, era que le tenía bastante cariño a este utensilio en particular.

- Es impresionante – murmuro el chico llamado Hojo, yo le calculo alrededor de veinticinco años o un poco más. Se ve claramente que es la primera vez que viene a Desesperation y esta asombrado por todo lo que lo rodea, gruñí antes sus ojos brillantes de curiosidad. Este sujeto, tengo un muy mal presentimiento acerca de este sujeto.

- Buenas noches, mis estimados – comenzó el dueño del bar, para dar inicio a los juegos grupales, pude ver que de entre las cortinas aparecía mi querida Kagome vestida completamente de negro. Una falda escocesa negra y en tonalidades de gris junto a una camiseta escotada negra como su largo cabello.

Esta vez no llevaba un antifaz como en otras veces, al verme, sonrió y vino en mi dirección.

- Quiero dar empiezo a los juegos antes de que llegue la media noche y puedan divertirse, quiero aclarar que es el aniversario de Desesperation – todos aplaudimos – Gracias… gracias, no quiero atrasarlos más, diviértanse y recuerden… Ante la palabra que diga el sumiso, que el día de hoy será, RED, los dominadores se detendrán de lo que sea que le estén haciendo. Pueden comenzar.

Como era costumbre, el dueño del bar siempre elegía la palabra de alerta, cuando un sumiso se veía muy presionado o afectado, la idea era que cuando el sumiso dijera la palabra de alerta, los dominadores pararíamos de acecharlo o tocarlo. Y se detenía todo.

- ¡Inuyasha!

Miroku apareció y me empezaron a dar arcadas. Aun no olvido ese maldito momento en que los vi teniendo sexo, no es como que me afecte tanto ver a personas tener relaciones coitales, he visto porno y he visto a muchos sujetos tener sexo en los juegos grupales, lo asqueroso era simplemente ver a Miroku teniendo sexo. Eso era lo vomitable.

- ¿Estás bien, cariño? – llego finalmente Kagome a mi lado y empezó a sobar mi espalda al verme arrodillarme y tapar mi boca, simplemente asentí.

Escuche un grito ahogado y voltee a ver a Hojo que señalaba a Kagome como si fuera el demonio mismo en persona, pronto entendí su reacción espontanea y sonreí. Oh, sí, esa era la cara que yo quería ver.

- ¡¿Eres una Dom?!

- ¿Cuál es la sorpresa? – pronuncio mi gatita con el ceño fruncido.

- Tus muñequeras crean de ti una imagen que no es, gatita – dije despacio para luego levantarme con pereza.

- ¡Tu! ¡No me corregiste en ningún momento!

- Era divertido ver tu equivocación – le dije con la sonrisa mas falsa que pude poner. Al parecer se indigno porque dio media vuelta y haciendo a un lado las cortinas, se dirigió hacia la siguiente sala de juegos.

- ¿Oh? – pronuncio Miroku.

- Esa sonrisa fue terrorífica – Kagome siguió sobando mi espalda mientras yo la besaba tranquilamente en la mejilla y le respondía calmadamente.

- Ese sujeto estaba mirándote como si fueras una presa, no iba a quedarme de brazos cruzados.

- No lo sé… me da un poco de pena.

- Kagome… - bese sus labios y tome su mano para guiarla donde Sango ya estaba preparada para ser acechada. Ella miro sin mirar a Sango, me pregunto qué cosas están pasando por su cabeza al verla mirar sin mirar donde la sumisa de Miroku que era tan especial para él, estaba siendo azotada por un sujeto con antifaz negro.

- Tu vas a…

- Escucha, esto forma parte, ¿recuerdas? Vamos a divertirnos… Kikyo debe estar por ahí ¿Por qué no vas a buscarla?

- Si… - pronuncio lentamente pero podía ver en sus ojos que la decisión que tomamos juntos en un principio estaba empezando a disgustarla.

Me imagino que no sería bonito observar o saber que tu novio azotaría a tu mejor amiga por placer.

- Solo… solo… - ella trato de decirme algo, susurro tan bajo que a pesar de no entenderla por los ruidos del entorno, asentí como si supiera de lo que hablaba. Ella se fue y me dejo con las palabras en la boca. Tomando la fusa de nueve puntas en la clasificadora, me acerque a Sango que tenía los ojos vendados.

Miroku estaba frente a ella tomando la mano de su sumisa y mimándola mientras ella permanecía arrodillada y con los brazos encadenados al techo.

Apreté con fuerza la fusa, iba a divertirme, esto es lo que me gusta hacer, esto lo que yo disfruto lograr en mis victimas cuando las ataco, esto es lo que yo busco, no me afecta para nada ver las lágrimas de Sango, no me afecta ver a Miroku con un brillo de celos en los ojos.

Levante la fusa, listo para comenzar el azote y me detuve en el último momento al escuchar mi nombre salir de los labios de Miroku, él le estaba diciendo a Sango de que era yo quien estaba a punto de atacarla, ella pareció reaccionar y se sacudió.

Con los ojos vendados, la espalda magullada, blanca como la leche pero con cicatrices significantes, me di cuenta de que sería imposible para mí lograr tocar a la mujer de mi mejor amigo. A la mejor amiga de mi mujer.

Aun con el utensilio alzado, cerré mis ojos y trate de recordarme a mí mismo de que esto era lo que a mí me gustaba hacer, que esto era lo que yo esperaba de mí, que esto era lo que siempre había hecho, que no existía diferencia alguna con que fuera Sango u otra mujer.

La imagen de Kagome apareció ante mí como un fantasma.

- ¿Inuyasha?

Pronuncio Miroku muy bajito, solo para que Sango y yo lo escucháramos. Abrí los ojos y asentí al verlo, su rostro mostraba confianza, confiaba en que yo no sería tan duro como lo habían sido los demás Dom, Miroku estaba recordándome que no solo a mí me gustaba atacar, sino que a mis victimas les gustaba ser atacados. No es como que lo hiciera contra su voluntad.

Sango arqueo la espalda levemente esperando mi azote.

Llego pronto y al momento de que la fusa choco contra su piel, sentí un gran alivio. Ella emitió un ligero gemido de satisfacción que me incito a seguir acechándola.

Ella no estaba en contra, ella lo estaba disfrutando y eso era suficiente para mí.

Pasaron diez minutos y la frente de la mujer de Miroku estaba perlada de sudor, que muy cariñosamente Miroku seco. El la felicito en el oído dándole ligeros besos en la mejilla. Ella sonrió aun con los ojos vendados y probablemente con los brazos entumecidos, ella parecía convencida de haber satisfecho a su amo en su orden.

Si tan solo… si tan solo hubiera sido Kagome a quien atacara.

Solo… solo… no te olvides de mí ¿de acuerdo?

Pude descifrar por fin lo que Kagome quiso decirme en ese momento, yo negué en mi interior, yo sería incapaz de olvidarla por un solo segundo, ella predomina en todos mis pensamientos y anhelos, no puedo vivir una vida donde no pueda verla ahora que está a mi lado.

No quiero ni pienso dejarla ir.

Con Kagome en mis pensamientos, camine sin pensar hacia otra de las tantas salas separadas por cortinas, la próxima que entre tenia los mismos artilugios pero lo diferente era que había hombres sumisos apegados a la pared, siendo torturados por mujeres Dom.

La sala está completa por así decirlo, pero yo no vi a Kagome por ningún lado. Voltee a un costado para notar a una chica de negro que se me hizo muy conocida.

- ¿Ayame? – pronuncie y ella volteo inmediatamente.

- Oh por Dios… ¿Inuyasha? – Ella tenía en la mano una látigo único de cuero que tenía pinta de doler mucho – Dios mío ¿hace cuanto que no te veo?

Ayame se acerco y me abrazo con familiaridad, yo sonreí y envolví su cuerpo en mis brazos con cariño, ella era mi familia, por increíble que sonara eso, era una prima lejana con la que en mi niñez me llevaba muy bien, lo malo era que siempre era muy abusiva y agresiva, tenía cara de loba y siempre terminábamos enrolados en el lodo cuando éramos cachorros.

- Probablemente hace un año.

- ¿En serio? – Dijo ella – Pensé que sería más la verdad, ha pasado tanto tiempo, Inuyasha. La última vez que nos vimos fue en ese bar que se llamaba… ahaha, no recuerdo su nombre.

- Yo tampoco – sonreí con ella y charlamos un rato hasta que recordé que tenía que ver a mi gatita.

- Oe, ¿no conocerás a Kagome Higurashi?

- Claro que la conozco.

- ¿La has visto?

- Para nada, y prefiero no cruzármela.

Fruncí el ceño ante su tono despectivo y agresivo, cuando pregunte… ella solamente gruño y dio media vuelta despidiéndose con su mano derecha.

- Nos vemos luego – le grite un poco confundido por su manera de contestar.

¿No se llevarían bien? En todo caso ¿Qué había causado su enemistad? No puedo imaginarlo, Kagome es divertida, genial y amable. Ayame es algo seria pero no demasiado, es chillona y le gusta gritar y moler a golpes a quien la fastidie. Pero por sobre todo es comprensiva, sabe como son las cosas y sabe aconsejar.

Corrí hacia las siguientes cortinas preguntándome cual era la razón de su molestia, sin cavar mucho en el asunto, avance hasta toparme una imagen que no desaparecerá de mi memoria jamás. Era mi gatita vestida completamente de negro y con un látigo único en malo, preparada para azotar a un varón que colgaba de cabeza del techo.

La mayoría de las féminas estaban a su alrededor, y alguno que otro varón Dom observaban y opinaban a cerca de como mi mujer azotaba a aquel sumiso, me excito más de lo que debería haberme excitado, su rostro extasiado, la comisura de sus labios casi obligándola a sonreír, sus ojos brillosos, su frente perlada por el sudor.

Toda ella, era una belleza.

Mas que causarme celos o alguna reacción, solo me causo admiración, respeto, adoración y amor. Ella podía expresar tanto cariño en sus azotes, ella podía expresar cuanto quería a quien era el acechado. Kagome sabía expresarse muy bien con las maniobras que utilizaba y sus movimientos sensuales y coordinados eran definitivamente una danza que nadie querría perderse jamás.

Tras unos largos minutos en los que me di cuenta, en varios de ellos contuve la respiración, que mi mujer se retiraba cansina lejos de los demás, corrí tras ella y aferre su brazo para notar algo que me dejo anonado.

Ella estaba llorando y me pregunte, porque había dejado que eso sucediera.