Dom x Dom

La respiración empezó a fallarme al ver las perlas saladas rodar por su rostro de mejillas rosadas. Si, probablemente mi corazón nunca había conocido tal dolor porque me dolía… me dolía ver su rostro de sufrimiento y arrepentimiento. Podía ver claramente cuan dolida estaba y tuve el impulso poderoso de tomarla en mis brazos para arrullarla, a pesar que el lugar donde nos encontrábamos ameritaba otro tipo de comportamientos ajenos al de la amabilidad.

- Inuyasha – suspiro Kagome.

Con el sonido del violín retumbando en mis oídos, no pude separar mis ojos de los suyos. Cristalinos y vacios. Ella no quiso mirarme por mucho tiempo más y volteo el rostro, yo la sujete del mentón para evitar este suceso por más de unos segundos.

- Kagome… ¿Qué te ocurre?

- Pensé que podría… - dijo ella con la voz hecha un hilillo – Pero pronto me di cuenta que ya no era la misma. Cuando tome el látigo en mis manos me di cuenta que esto no era lo que quería.

Kagome volteo a verme, con las sombras bajo sus ojos dándole un aspecto fantasmagórico, deprimente y triste.

- Con solo pensar en que tú estabas, al otro lado de esta sala, atormentando a Sango, la sangre me hirvió de celos – ella suspiro mecánicamente y separo mi mano derecha de su brazo con tranquilidad, ocasionándome un estremecimiento de incertidumbre.

- Se… Se supone que lo disfrutaríamos Kagome, te juro que pensé que ambos nos divertiríamos como antes de conocernos…

- ¡Pero es diferente!

Ella gruño y agacho la cabeza tratando de reprimir su inminente llanto fuera de control. Solo atine a acercarla a mi pecho y oírla llorar, por suerte el salón esta apabullado del sonido de un violín como ambiente de comodidad y sus suaves gemidos pasaron desapercibidos de los demás.

Con un embrollo en mi cabeza quise desesperadamente tratar de calmarla, jamás había sentido tal debilidad por ver a una mujer llorar más que por mi madre. Pronto me di cuenta que Kagome no era una mujer cualquiera, era la niña de mis ojos, y la razón del porque aun no salgo disparado de esa puerta como solía hacer al ver una mujer lamentarse de confusión o de amor.

Acaricie sus sedosas hebras negras con la palma de mi mano, tratando en vano de encontrar una solución para calmar su dolor y sufrimiento.

- Mientras más pensaba que podría, más dolor sentía en mi pecho… - gimió ella – Podría haberme visto como si lo disfrutaba pero solo estaba siendo mecánica. No me gusto lo que hice… y estoy casi segura de que ese hombre que sintió mis azotes lo pudo sentir.

Kagome emitió un grito ahogado y siguió derramando lágrimas duraderas sobre mi pecho.

- ¿Qué me pasa? Nunca había desestimado mi contacto con el sadomasoquismo. Nunca había sentido tal confusión al hacer lo que debía hacer, nunca tembló mi mano pero solo pensar en…

Ella callo y solo la aferre más a mí.

- En ti. Mi mundo se desmorona – Kagome levanto su vista. Sus ojos estaban tan tristes que un nudo empezó a formarse en mi garganta, no tenia palabras que decirle cuando me tope con sus rosadas mejillas o con su rojiza pupila.

- Quiero… solo quiero… que salgamos de aquí.

La cargué en mis brazos aferrando su delgada cintura en mi torso. Ella apoyo su mejilla en mi hombro con delicadeza, aun a pesar de todo se mostraba tan vulnerable y paciente que mi instinto de protección se negó a separarla de mi lado.

- ¿Inuyasha, pasa algo?

Miroku se acerco a nosotros con un rostro de preocupación y frunció las cejas al verme cargando a Kagome como si esta fuera una princesa.

- Kagome no se encuentra bien, nos iremos temprano, despídeme de Sango… - voltee el rostro hasta que recordé algo importante, con una mirada de dolor incline mi cabeza hacia mi mejor amigo. El pareció entenderme y negó con la cabeza siendo comprensivo.

Solo quería que me disculpara por lo que paso con Sango, entiendo que tan doloroso podría ser ver que tu mujer es azotada por otro hombre aparte tuyo, y es peor si se trata de tu mejor amigo, yo no lo soportaría.

- Inuyasha… - Kagome miro mi rostro convaleciente y sonrió tímidamente – Gracias.

- No – negué yo – Gracias a ti.

- ¿Inuyasha? Despierta – me levante con parsimonia del sofá donde me encontraba para hallar a mi hermano Sesshomaru mirándome como si yo fuera una especie de mosquito en extinción. No es que no lo hiciera a menudo, era la típica cara que ponía al verme, nada fuera de lo común, excepto que esta vez traía un despertador azul en la mano. Mirándolo bien, parecía mi despertador.

- ¿Qué paso?

- Pues que te quedaste dormido, tú despertador sonaba en tu habitación como loco y tú estabas aquí, al parecer no lo escuchaste para nada. Hermano, estas a… quince minutos antes de la hora de ingreso. Yo que tu salgo corriendo.

- ¿Qué? – grite. No estaba malditamente preparado para lo que Sesshomaru me dijo, corrí como alma que lleva el diablo hacia mi habitación, ubicada en el segundo piso a cambiarme de ropa, estoy seguro de que volaron algunas prenda, no es como si fuera alguien ordenado.

Me apresure para llegar al comedor donde el desayuno de mi madre me esperaba, servido.

- Come despacio.

- Estoy tarde – respondi a mi madre, llamada Isayoi, probablemente la mejor madre de todo el universo, es buena, paciente, es adorable con los niños, severa, estricta, responsable, solidaria, justa y sobre todo cariñosa. Tiene una sonrisa comprensiva y sabe entenderte y aconsejarte, francamente no sabría como vivir sin mi querida madre.

- Eso no es mi culpa, así que come más despacio.

- Claro – respondí mecánicamente.

Sin acabar mi pan con mermelada escape de mi casa viendo como Sesshomaru subía a su auto para irse a trabajar, vestido siempre formalmente. Me detuve junto a su ventanilla.

- Dame un aventón.

- No.

- ¡Sesshomaru! – escuche desde la casa, era la voz de advertencia que siempre utilizaba mi madre cuando algo no le gustaba. Sonreí, acababa de ganar la partida, mi estúpido hermano solo suspiro y me indico con la cabeza que subiera de una vez. Yo lo hice y partimos hacia mi escuela.

Al llegar baje inmediatamente y me dirigí a la entrada con rapidez, choque con una chica al voltear bruscamente en un pasadizo.

- Ah…

- ¡Ah! – gimió ella al caer al suelo y dejar caer todos sus cuadernos.

- Perdona, te ayudare.

- Por favor… - dijo ella con la voz rota y empezó a recoger algunas hojas en el suelo. Al terminar de ayudarla, ella hizo para atrás su largo cabello azabache y me dejo ver su rostro blanquecino. Era preciosa.

- Gracias… - dije sin pensar. Ahora que me fijaba ¡Yo no tenía que decir gracias!

Ella sonrió – No – negó ella – Gracias a ti.

Abrase a Kagome a mi pecho una vez más antes de dejarla sentada en el asiento del copiloto y embarcarnos a mi departamento. El trayecto fue tan lento que casi parecía doloroso, ella ya había dejado de llorar pero se veía tan ensimismada en sus pensamientos, que casi tenía miedo de romper su burbuja. Realmente no pensé que todo sucedería así, teníamos que divertirnos, que gozarlo, no sufrirlo.

No iba a decir que me agrado tampoco. Pero, nosotros estábamos hechos para esto ¿no?

Así había sido siempre, de esta manera nos conocimos. Así funcionaba lo nuestro.

¿Por qué entonces ninguno estaba feliz?

Kagome, que se encontraba a mi lado en el asiento del copiloto, estaba hecha un ovillo, sus ojos se perdían en la luna de la ventana, junto a las luces de la ciudad que pasaban tan rápido como cometas. Estaba seguro que ella lloraba por su ojo escondido de mí. Tenía tanto miedo de decir algo que la hiriera, algo que yo creería que era correcto pero no lo era.

No quiero verla llorar, no quiero verla sufrir.

¿Qué debo hacer?

- Lo siento, estaba distraído. Caíste por mi culpa.

- Lo comprendo, pero no te preocupes. Me ayudaste aunque pudiste pasar de mí.

No podría pasar de una chica como ella, era simplemente preciosa, con unos ojos tan grandes y color chocolate detrás de aquellas gafas. ¿Quién era ella? ¿Cómo era posible que fuera la primera vez que la viera?

- Disculpa pero, ¿eres nueva aquí?

Ella me miro extrañada.

- Ehm… no, soy de segundo año, del tercer salón del segundo año de la preparatoria. He estado en esta escuela desde mi primer año en secundaria.

¡Iba en mi año! Y al igual que yo había estado en la misma escuela desde secundaria. ¿Cómo es que nunca había notado un ángel como ella?

- Ah… disculpa, te estoy haciendo una pregunta y aun sigues en el suelo déjame ayudarte – seguidamente extendí mi mano para que ella pudiera apoyarse. Se veía tan frágil mirándome desde su posición. Aun no cabía en mi sorpresa por la información que me había dado, de verdad no creía posible que hubiera pasado de una chica como ella durante varios años estando en la misma escuela.

Ella tomo mi mano y sentí una corriente en toda mi espina dorsal ¿Qué era eso? Ella se levanto rápidamente con todos los documentos que cargaba en la mano libre que tenia.

Ella se veía algo tímida y algo seria… ¿Quién era ella?

¿Y porque me interesa tanto?

Para cuando llegamos a mi departamento, Kagome se había quedado profundamente dormida, apoyada en el cristal de la ventanilla. Con unos terribles ojos rojos y rostro cansino, demacrado. Me sentí tan impotente. Sin poder hacer demasiado, la cargue con cuidado en mis brazos, ella era tan suave y tan ligera, acomode su cabeza sobre mi hombro como una niña.

Mientras subía las escaleras para llegar a mi piso, me puse a pensar.

¿Qué eran esos recuerdos que llegaban a mí como flashes de luces? Eran cosas que me habían pasado en la preparatoria. Cuando mi hermano aun no era gerente y yo entraba en mi época rebelde.

¿Eran importantes? ¿Por qué los recordaba justo ahora?

Mi visión se agudizo al notar la oscuridad de mi apartamento, con la cabeza prendí la luz de la sala. Junto al comedor se hallaba aquel gran ventanal del cual me sentía tan orgulloso, a pesar de estar en tercer piso, se veía lo suficientemente alto para ver las demás casas desde arriba, los grandes edificios con las luces prendidas por fiestas sin medida mostraban un panorama de descontrol y lujuria.

Tal vez a otra persona le hubiera desagradado este hecho, a veces en las noches no se podía dormir debido a que los grandes edificios cercanos tenían fiestas en la piscina de la azotea con el volumen a más no poder.

Caminando a mi habitación, mire de nuevo el edificio Shikon que era el que estaba justo al frente de mi ventana, era terriblemente alto. Incluso tenía una pista de aterrizaje para helicópteros en la cima. Cuando alguien de ese lugar hacia una fiesta era una maravilla. Las luces formaban arcoíris continuos entre las ventanas, algunas veces prendían fuegos artificiales como si fuera un festival. No ocurría todos los días pero se daban seguidamente.

Acosté a Kagome en la cama mientras que admiraba el cambiar de color de su rostro.

Si, ahora mismo Shikon tenía una de esas fiestas.

La ventana de mi habitación acaparaba casi toda mi pared frontal. Las luces se filtraban y chocaban con su bello rostro tranquilo desfigurado por la confusión de hace unas horas.

Tome su mano. ¿Qué debía hacer cuando se levantara? ¿Pedirle perdón? ¿No decir nada?

Esto me está matando.

Mire mi celular, tenía alrededor de veinte mensajes de Miroku y Sango, imagine que el celular de Kagome estaría igual de saturado. Lo deje de lado, este no era el momento.

Kagome empezó a pestañear pasado diez minutos de acostarla, sus ojos seguían vidriosos, me miro y sonrió.

- Se que tal vez no es el momento pero… ¿Ya nos habíamos conocido antes, verdad? ¿Usagi Taisho?

.

.

.

.

N/A: wow, ha pasado muchiiiiiiiiisimo tiempo desde que tengo la historia desactualizada, estoy preparando la continuación de Intercambio pero me está costando seguir la ilación de algunas cosas que deje sueltas.

Con respecto a este fic, no puedo decir que esta pronto a acabar porque aun tengo que aclarar a algunos personas.

Al principio del fic la secretaria de Inuyasha era Ayame, corregiré eso, la secretaria será Kagura. El nuevo personaje ciertamente seguirá siendo Ayame. Muy bien, con respecto a la continuación, ya se esta preparando, tengo algo en mente, y espero que el capitulo 16 llegue entre esta semana. No quiero volver a dejarlo inconcluso tanto tiempo.

Otra cosa, disculpen la terrible tardanza si aun hay alguien que recuerda este fic y lo sigue. Prometo seguir dando todo mi esfuerzo. Gracias por leer 3