Dom x Dom

Pestañee al verla nuevamente. Ese era el apodo con el que se me conocía en la preparatoria. No iba a negarlo, para esas épocas era un rebelde sin remedio, no recordaba, para esas fechas, a la mitad del alumnado de mi propio salón. Si es que no recordaba al salón completo, puesto que yo era un buscapleitos, adoraba enfrascarme en cualquier pelea callejera con tal de llamar la atención de todo el mundo y los focos se encendieran en mí.

Actualmente pienso que mis propios problemas eran ridículos y la forma en que me exponía ante los demás también era estúpida pero en mis difíciles dieciséis años parecían ser la escapatoria a la realidad más satisfactoria. Suspire al recordar mi anterior sobrenombre, la gente no salía acercarse mucho a mi, era bastante rechazado en los circules comunes mas sin embargo también era algo así como "inalcanzable" por cierta parte del alumnado femenino.

Parecía ser que mi rostro, color de cabello y ojos era atrayente para ciertas féminas, pero debido a mi forma de comportar las alejaba sin siquiera conocerlas. De esta manera, ellas me apodaron Usagi Taisho, por mi color de cabello blanco y ojos como el de un conejo y por mi apellido.

—Ese era mi apodo de preparatoria, ¿cómo es que…?

Kagome solo sonrió ante mi sorpresa. Sus ojos parecían ya no encontrarse tan tristes como antes, como cuando salimos de Desesperation; sino que parecían haber tenido un bello sueño y aun contaba con el sentimiento de resguardo corriendo por su cuerpo. Estaba somnolienta, se notaba, pero parecía que acababa de tener una revelación, a la vez.

Extraño, ¿verdad?

—Si la memoria no me falla, para ese entonces, nos conocimos cuando tropezaste conmigo.

—Te refieres a que… ¿tú eras la chica, la de lentes?

—Si… actualmente uso lentillas pero para ese entonces no podía costearme unas lentillas. Era una empollona, ¿sabías?

Ahora podía recordarlo. Ese momento en que choque con aquella chica, me había movido el piso de una manera exagerada, había hecho que mi corazón palpitase incrédulo dentro de mi pecho, pidiendo a gritos que la conociera, que dejara de perder el tiempo agarrándome a puñetazos limpios con los alumnos de la escuela vecina; y que me encargara de invertir ese tiempo en averiguar qué clase de champú usaba para haberme dejado embrujado por su aroma.

Solamente que yo era terco, terco y estúpido.

Así que ignore lo que mi corazón me pidió a gritos durante meses hasta que la olvide y no la volví a ver.

—Durante esa época —empezó a contar Kagome, para mi sorpresa y mi… arrepentimiento por mi horrible y reprochable pasado—, estábamos teniendo problemas económicos, mi madre ya no podía con todos los gastos y yo necesitaba concentrarme en los estudios y alcanzar los primeros pues- no, yo necesitaba el primer puesto para que me otorgaran una beca para estudiar abogacía con practicas pre profesionales aseguradas en el mejor buffet del país. Llore y patalee mucho para evitar que mi vida familiar y mi vida escolar no se entrecruzaran y de alguna manera logre no relacionarme con muchas personas que pudieran distraerme de mis objetivos. Mi razón para seguir adelante era Kikyo, mi mama y Souta; nadie más. Pero…

Decidí no hablar y seguir escuchándola, inclusive espere a que tomara otra bocanada de aire después de su silencio dramático. Mi chica podía ser una drama queen cuando quería.

—Te conocí, tropezaste conmigo en una curva del pasillo de la preparatoria. No me sorprendí cuando pensaste que era nueva, yo me había asegurado de no dejar regado por ahí información sobre mí para que nadie se me acercara e imposibilitara mis planes. Pero… tú eras increíblemente guapo.

Me sonroje ligeramente al escucharla llamarme apuesto, poco a poco se me inflo el pecho hasta que ella de una picotazo en el centro de mi estomago hiciera que expulsara todo el aire, mientras ella me decía que dejara de inflarme.

—Sabía quien eras tú, todo el mundo hablaba sobre el inalcanzable Usagi Taisho; toda fémina adora ser capaz de quitar la oscuridad en el corazón de un muchacho que le gusta, y tú eras un rebelde sin causa que adoraba pelear y mancharse los puños de sangre. El alumnado femenino te tenía miedo pero a la vez deseaban ser capaces de conocer cuáles eran las razones de tu extraño comportamiento, ellas querían curarte. Pero a la vez tenían miedo, como ya lo dije. Por eso eras inalcanzable.

Eso tenía sentido, nunca lo había sabido; porque de pronto mitad de la población femenina tenía un ojo echado sobre mí, solo era un maldito muerto de hambre que buscaba la adrenalina dándose de golpes con otro sujeto. No era malo con los demás, eso sí, cuando alguna chica se acercaba para entregarme chocolates en San Valentín los aceptaba, a comparación de muchos otros tipos populares que recibían las cartas o dulces y en la cara de las pobres muchachas lo botaban al tacho de basura.

Esa clase de desgraciado no era.

—Como dije, te conocí, entable conversación contigo y me di cuenta de que eras un tipo de persona que era imposible que me diera miedo. De pronto sentí la misma necesidad que las demás chicas, quería saber que te impulsaba a molerte a golpes con los demás, quería… curar tu corazón. Pensé que después de nuestro encuentro sería más fácil para mi poderme acercar a ti, sin embargo desaparecías después de clases y siempre llegabas con magulladuras y curitas en todas partes de tu cuerpo.

Suspire.

—Era tímida, así que se me hizo imposible volver a hablar contigo, y como no estábamos en el mismo salón ni siquiera podía usar esa excusa para hablarte sobre alguna tarea. Simplemente se me hizo complicado y deje de intentarlo. Pero tengo que felicitarte, fuiste el primer chico que me intereso y no pensé que te tendría en mis brazos alguna vez.

El rostro de Kagome estaba iluminado, estaba radiante de saber que al fin había terminado conmigo; yo solo le sonreí devuelta sin contestarle nada, también me encontraba feliz de saber que la había vuelto a ver. A aquella muchacha de cabellos ébanos y miraba vidriosa. Habían veces que me la encontraba en los pasillos pero siempre volteaba la mirada, haciendo que mi alma palpitara en disconformidad y mi corazón me culpara por no encontrar el amor que me llamaba ahí en frente.

Entonces me pregunte, que hubiera pasado si hubiera sido capaz de hablar con ella, de buscarla; por lo que Kagome me contaba, al parecer no había sido el único que sintió una electricidad al conocerla. El gusto había sido mutuo. En estos momentos ella no estaría con rastros de lágrimas en los ojos, tendría un rostro radiante, a lo mejor hasta ya estaríamos casados y teniendo una pacifica vida marital.

—Debí acercarme a ti…

—El hubiera no existe, Inuyasha; estoy contenta por la forma en que te volví a ver. Tal vez no haya sido de la manera convencional pero a la larga aun te tengo aquí, a mi lado y eso es suficiente para mí.

Kagome se deslizo hacia atrás dándome el espacio suficiente para acomodarme a su lado, ni corto ni perezoso me subí a la cama y abrace su cintura, feliz de encontrarme con su calidez nuevamente. Contento de encontrarme en sus níveos y largos brazos nuevamente, envolviéndome mi cabeza con delicadeza y formando un corazón con los dulces besos que dejaba sobre mi cabello.

Cerró los ojos y deje que me mimara hasta quedar dormidos.

Era la primera noche que pasábamos sin tocarnos, solamente disfrutando de la compañía del otro sin pensar en nada más. Solo dormir.

Antes de finalmente deshacerme en los brazos de Kagome y los de Morfeo, agradecí a quien fuera que guiase mi destino, por ponerme en frente a esta mujer. Por habérmela presentado y haber hecho que corresponda mis sentimientos; por haber hecho que me hiciera feliz al ver solamente su sonrisa.

Cerré totalmente los ojos cuando me di cuenta de que estaba tan relajado acostado entre sus pechos que estaba próximo a quedarme dormido, y no quería desperdiciar la oportunidad.

—Te quiero, Kagome —le susurré, sopesando que a lo mejor estuviera dormida y no me había escuchado, sin embargo sentí un último beso en mi coronilla y como sus frágiles manos acercaban más mi cabeza a su cuerpo.

—Yo también…

Su voz se escuchaba rota, pero deje de preocuparme, solo me aferre a su cintura y dormí plácidamente, como nunca jamás lo había hecho.